Las puertas en juego.2

Durante 2012 fuimos presentando en Cordón Cuneta, nuestra espacio en el diario El Sureño, imágenes de puertas de nuestro Río Grande. Nos reclamaron algunos que no quisieron persistir en la búsqueda sobre cual era cada una de ellas, dada que nuestra presentación no era exacta, sino referencia. Para ajustarnos a estas demandas, he aquí estas identificaciones.

 Maternidad del Hospital Regional Río Grande.

 Entrada Casa de la Cultura.

 Escuela 2, con los colores de la seguridad.

 Lo que fuera en su momento el Vivero Fénix.

Puerta de emergencia y escalera de seguridad en el Polideportivo Carlos Margalot.

Y aquí la puerta de la librería amiga...¡Eco Libros!

Las puertas en juego


Entrada particular al Banco Nación.

Puertas de seguridad y salida de emergencia del gimnasio de la escuela 1.

Puerta y escalinata de la ex agencia Fiat, propiedad de Ariel Galvarini.

Rejas de protección a la joyería El Trust.

Cinemas dos.

Puerta de la capilla de Nuestra Señora de la Candelaria, construida en 1898 bajo la dirección del padre Juan Bernabé.


Puerta de lo que fuera la administración del Frigorífico CAP.

Puerta del edificio partidario del Partido Social Patagónico, antes hotel Tierra del Fuego de Julio Andrade, poco antes de demolerse el antiguo local.

Antigua puerta de Casa Fuegia, colocada a modo ornamental en su nuevo acceso.


Biblioteca Popular Eduardo Schidth (h)


Comunidad Indígena Rafaela Isthon, antes Correo.

Confitería Federico Ibarra Hotel, pròximo a demolerse.

Templo Iglesia Evangélica Bautista.

Templo Iglesia de los Santos de los Últimos Días (Mormones).

LRA 24 Radio Nacional Río Grande, pronto cumplirá cuarenta años.

Tierra de teatro.

Dirección municipal de turismo, en la pérgola de la plaza.

Casino de Oficiales de la Fuerza de Infantería de Marina Austral.


Concejo deliberante.

Instituto Provincial de Vivienda.

Instituto María Auxiliadora.
Delegación de la Legislatura Provincial.


Club Social Río Grande.


Casa Alberto Ibarra, ex Obras Sanitarias de la Nación.

Iglesia Don Bosco.
Salón Malvinas Argentinas del IPRA.

Portón integrado a mual en Casa Fuegia.



Puerta ex El tío, dentro de poco Cardón..., con su reja de seguridad.














Jesús en su lado oscuro.

Ya le dije que el mundo de los negros es igual al del blanco pero todo al revés. Allá en África es de día cuando aquí es de noche. Del mismo modo Jesucristo blanco murió, pero el nuestro sigue vivo. Es un negro muy pobre y sufrido, cazado por los traficantes y esclavo de los blancos. Se hizo cimarrón y sigue vivo el Jesús negro. Todos saben que fueron los blancos quienes mataron al Jesús blanco.El nuestro es muy pobre, flaco y rotoso, pero nadie pudo matarlo porque andaba confundido entre nosotros, y ahí anda con su tambor y esconde la espada de hierro de donde sale el trueno.
Todos los negros benguelas nos ayudamos, y todos los negros ayudan al Jesùs negro. Es fàcil reconocerlo; es el negro más miserable de la reuniòn y sonrie como dndo las gracias antes de que le den de comer. Siempre esconde la espada de donde sale el rayo, porque nuestro Cristo no quiere mostrarse como hijo de Dios y se presenta como un negro andrajoso nomás.
Cuando aparece un hombre asì en nuestro quilombo o en cualquier otro lo tratamos como a un padre.

Fragmento de Bairestop de Bernardo Kordon. Imágen: Cerámica quinchamalí.

LA ULTIMA HUELGA DE LOS BASUREROS


Y SI A ESTE CUENTO DE BUENOS AIRES LE PONEMOS UNA IMAGEN FUEGUINA?


El hecho se produjo en la mañana del 22 de diciembre. El camión Dodge unidad Nº 207 de la Dirección General de Limpieza se encontraba en plena labor por la calle Arenales. Su equipo de cuatro peones se distribuía a razón de dos hombres por acera. El vehículo estaba detenido en el centro de la calzada y este detalle provocó la protesta de Isidoro Camuso, industrial de 45 años, que conducía su Valiant chapa 597.905 de la ciudad de Buenos Aires.
Isidoro Camuso hizo sonar repetidas veces la bocina para exigir que el camión le cediera el paso. Su conductor asomó la cabeza por la cabina y echó una mirada distraída al irritado automovilista, sin mover una sola pulgada su pesado vehículo. Justamente en ese instante los recolectores transportaban los enormes tachos pertenecientes a los edificios señalados por los números 1856, 1858, 1845 y 1849 de la calle Arenales, que no cuentan con sistemas de incineración de residuos. Si hemos señalado que el conductor detuvo el camión en medio de la calzada, obstruyendo el paso al tráfico y se mostró impasible a los requerimientos del automovilista demorado, debemos por otra parte considerar algunas normas de principios laborales. En medio de la calzada el camión se mantiene a igual distancia de los peones que trabajan en cada acera, detalle de importancia cuando se considera que los tachos de basura son tan pesados como molestos de cargar. Por supuesto, nunca un conductor de camión recolector de basura explica ésta u otras razones a los automovilistas impacientes, limitándose a echarles indiferentes miradas desde una cabina que los eleva unos cuatro metros del suelo. Y no por habitual esta conducta dejó de irritar a Isidoro Camuso. A los toques de bocina agregó varios improperios y puso en marcha su automóvil, resuelto a todo.
Al finalizar el año aumentan la temperatura ambiente y la tensión nerviosa en Buenos Aires. Esto se produce en todos los niveles y en cada individuo. Los peones de limpieza aún no habían recibido el aguinaldo y corría el rumor sindical de que la administración ni siquiera contemplaba la posibilidad de pagárselo ese año. En cuanto al industrial Camuso, proyectaba entrevistarse ese mismo día con varias entidades bancarias para solicitar los créditos que le permitieran pagar los aguinaldos de los obreros que amenazaban ocupar su fábrica. Dominado por tales preocupaciones, probó una maniobra desesperada. Giró al máximo el volante, subió el cordón de la vereda con las dos ruedas laterales y de este modo logró pasar al lado del camión detenido. Pero antes de proseguir la marcha, el industrial Camuso no resistió a la tentación de cantarle algunas verdades al camionero. Asomó la cabeza por la ventanilla y gritó: –¡Basuras! ¡Tendrían que ir adentro del camión! El hombre de la cabina no tenía tiempo de reaccionar ni podía perseguirlo con su pesado camión. Todo estaba bien calculado por el irritado automovilista. Lástima que en ese instante apareció un peón que cargaba un tacho de basura sobre la cabeza. Con un leve y preciso movimiento de brazos, igual al de un basquetbolista, introdujo el repleto recipiente en el Valiant a través del ventanal trasero.
Isidoro Camuso sintió el estrépito del vidrio y de inmediato pensó: lo paga el seguro. Pero al girar la cabeza comprobó algo que escapaba a toda posibilidad de indemnización. El honor no tiene precio y el industrial se vio vejado en el símbolo de su prestigio social. Un tacho de basura desparramado en el flamante tapizado. El hedor de humillación y muerte llenó su coche y le desgarró el corazón. Detuvo el motor y saltó del coche para encarar al culpable. Éste era un hombre joven e impresionantemente musculoso El industrial no se dejó intimidar por este detalle. Lo haría arrestar. Iba a enseñarle a ese animal. Aunque le costara la mañana entera o todo el día. Pero el tipo que le arrojó el tacho de basura se mostró increíblemente astuto. Agrandó los ojos con gestos de inocencia y abrió los brazos para deplorar:
–Perdone, don. Se resbaló el tacho. ¡Qué macana! –Llamó a sus compañeros:
–¡Vengan muchachos, que aquí pasó un accidente! –Camuso se vio rodeado de cuatro gigantes con ojos resueltos y bocas sarcásticas. Sintió tanto pavor como odio. Volvió a meterse en su coche, pero las carcajadas de esos hombres fueron tan insoportables como si le inyectaran un ácido en el cerebro. Retiró el revólver de la guantera y nuevamente salió del coche para encarar a los peones. Disparó al que le había tirado el tacho. Lo vio caer como si resbalara en el suelo y después nada más. Isidoro Camuso fue derribado y pisoteado. Le machacaron la cabeza con un tacho de basura. Después subieron al joven herido en la cabina y arrojaron el cuerpo de Camuso en la caja trasera. El conductor hizo funcionar la paleta prensadora y el camión basurero engulló al industrial Camuso.
La policía fue alertada. Un radio patrulla desembocó a toda velocidad por la avenida Belgrano y persiguió al camión basurero que huía hacia el sur por la calle Combate de los Pozos. A la altura de la avenida Independencia los policías lograron adelantarse al camión. En el cruce de la avenida San Juan el auto patrullero se atravesó para cortarle el paso, pero el camión ni siquiera aminoró su velocidad. Los testigos declararon que, en vez de frenar, el Dodge aceleró para embestir con mayor fuerza al coche policial. De sus planchas retorcidas se retiraron tres cadáveres y un herido grave. El camión siguió corriendo rumbo al sur, y otros patrulleros fueron lanzados en su persecución. Dos coches policiales lograron alcanzar el camión en fuga y abrieron fuego con pistolas y metralletas. Se produjeron cuatro muertos (entre los transeúntes), pero protegido por su estructura de acero el camión prosiguió su carrera. Se extendió entonces el rumor que por razones políticas y sindicales había orden de detener o balear a todos los basureros. Inmediatamente la noticia fue divulgada por una radio uruguaya y todos los camiones recolectores de basura que se encontraban en las calles de Buenos Aires se dirigieron apresuradamente hacia los basurales del sur. Veinte, cincuenta, trescientos camiones basureros llegaron de toda la ciudad. Llenando el ancho de la avenida Alcorta se hicieron fuertes en el estadio del Club Huracán, en los basurales vecinos y alrededor del gasómetro que eleva su mole sombría en el barrio Patricios. Ya los patrulleros no se animaron a acercarse a los camioneros, que se mantenían en formación de combate, con los motores en marcha y dispuestos a embestir con sus poderosos blindajes, mientras una reunión de delegados obreros de la Dirección General de Limpieza declaraba que el gremio fue injustamente baleado, primero por un oligarca y después por la policía, resolviendo en consecuencia la huelga por tiempo indeterminado. Reunidas a su vez las autoridades municipales, se escuchó al Intendente. Guiñando el ojo en dirección a los representantes de la prensa aseguró que lo más inteligente es dejar pasar estos días de fiesta y mientras tanto “que se pudra la huelga”.
Transcurrieron los días de año nuevo, que como es sabido en Buenos Aires se festejan comiendo a rajacincha. En todas las esquinas se levantaron montículos con las sobras de las fiestas. Se ordenó encenderles fuego, pero resultaron fogatas fallidas, que en vez de arder arrojaron un espeso humo rastrero que apestó peor que los residuos. Revelose así la calidad indestructible de la basura de Buenos Aires, como también su curiosa propiedad de aumentar en proporción geométrica. Entonces las alarmadas autoridades municipales corrieron a consultar a las Fuerzas Armadas. El ejército se negó a recoger la basura por estimar que eso era labor exclusiva de los civiles. Además, era del conocimiento público que se preparaba un golpe militar para los próximos meses: no era pues el momento indicado para adelantarse a sacar las tropas a la calle y menos en una tarea tan fatigosa como denigrante. Invitado a bombardear el reducto de basureros facciosos, el Comandante de las Fuerzas Aéreas hizo saber que la espesa humareda que cubría la ciudad imposibilitaba cualquier acción por el aire. En cuanto a los señores oficiales de la Marina de Guerra se encontraban de vacaciones en distintos balnearios y estancias del país.
A falta de fuerzas, las autoridades se vieron obligadas a recurrir a las leyes. Un decreto prohibió arrojar la basura en la puerta de calle, bajo pena de cárcel no redimible por multa. Pocas ocasiones hubo de aplicar esa ley, pues nadie arrojaba la basura frente a su casa, prefiriéndose siempre la puerta del vecino. La promulgación de medidas más rigurosas apenas si provocó una insólita consecuencia comercial: en pocos días se agotaron en los negocios los papeles floreados y las cintas de colores y demás artículos que sirven para envolver regalos. Todo el mundo salía de sus casas con cara de fiesta, cargando paquetes coquetos y canastillos primorosos. Invariablemente el contenido era el mismo: basura (enviada anónimamente o con nombres supuestos a amigos o familiares). En verdad nadie se quedaba con su propia basura, en cambio todos chapaleaban en la basura ajena. Ocurrió pues al revés de lo calculado por el Intendente: no fue la huelga sino la ciudad entera la que comenzó a podrirse. Resolviose entonces enviar a un funcionario a parlamentar con los basureros en huelga. A su vuelta aportó noticias nada tranquilizadoras. Los basureros ya no se consideraban tales. La zona ocupada por los huelguistas relucía de pura limpieza. En vez de ser como antes un basural en medio de la ciudad era una zona aséptica en medio del inmenso basural. Eran tantos los peones de limpieza congregados en ese sector, que la consciente aplicación de su profesión apenas les demandaba una hora al día. El resto del tiempo lo ocupaban en reflexionar.
–¿Quiere decir que ya se encuentran camino del arrepentimiento? –se ilusionó el intendente.
–No lo parecen –respondió apenado el delegado.
–¿Informó a los huelguistas sobre el estado de la ciudad?
–Se mostraron poco sorprendidos. Dicen que ya habían observado en su trabajo que cada día la basura producía más basura, demasiada basura, y solamente basura. Ahora se niegan a recogerla. Dicen que ya es demasiado tarde.
–Nous soummees foutues –exclamó el Secretario de Cultura, y luego de adjudicarse el Gran Premio de Poesía desapareció del Palacio, sumando a tantos males el desamparo espiritual de la comuna.
Después de tanta acumulación las montañas de residuos comenzaron a desmoronarse. Avanzaron por las calles como un aluvión, convirtiendo en basura todo aquello que atrapaban en su marcha, así fuese monumento, semáforo, transeúnte, inspector o cualquier otro objeto municipal. Los pobladores de Buenos Aires prefirieron no salir de sus casas, y si bien esto mereció largas y laudatorias editoriales sobre la recuperación de las sanas tradiciones hogareñas, la verdad es que desde entonces la basura comenzó a crecer tanto en los interiores como en las calles. Ambas corrientes se unían en puertas y ventanas con un siniestro sonido de deglución. Este beso de la basura anticipaba nuevos y crecientes ciclos de reproducción. Se prohibió la impresión de diarios y revistas, por entenderse que el papel impreso constituye siempre la parte más abultada de la basura, sin contar que como ya hemos visto servía de envoltorio y disimulo para el contrabando de residuos. Esta restricción a la libertad de prensa produjo una conmoción internacional y los telegramas de protestas del S.I.P. significaron toneladas de papeles que casi cubrieron el Palacio Municipal.
Fue cuando apareció ese viejo apenas cubierto con una sábana andrajosa. El vagabundo o profeta se empinó en lo alto de esa humeante montaña de basura y señaló hacia el oeste. Nunca se supo lo que dijo (en caso de haber dicho algo), pero entonces se formó una larga fila de retirantes que abandonaban la ciudad. Los encumbrados funcionarios que en señal de protesta se quemaron vivos (a la usanza de los bonzos vietnamitas) no lograron otra cosa que enriquecer con sus cadáveres la variedad de residuos y hedores, pero sin lograr detener con tales gestos el éxodo de los contribuyentes municipales.
Cuando en las afueras de la ciudad la caravana desfilaba frente a las torres radiotelefónicas, escucharon la última información oficial: “En plena etapa de recuperación económica, la población de la capital se ha lanzado alegremente en viaje de merecidas vacaciones...” –La voz del locutor se quebró y finalmente se produjo un penoso silencio en el instante que la basura cubrió totalmente las torres de transmisión. Mareas viscosas confluían para volver a unirse en la vuelta redonda de la serpiente que se devora a sí misma. Sin comienzo ni fin brotaba la materia fundamental de la galaxia y el colibrí: trémula fuerza fosforescente sin pesantez engulló a la caravana de fugitivos y fue borrando el recuerdo de la ciudad. Y una llanura pura y desolada –tal como la soñaron los basureros en huelga– quedó a la espera de una nueva fundación de Buenos Aires.

  
BERNARDO KORDON (1915-2002)
Argentino


Este cuento lo encuentra en:
Cuentos Regionales Argentinos
Ediciones Colihue

ARGENTINA

RÍO GRANDE, TIERRA PÚBLICA Y ESPACIO PÚBLICO: LA PLAZA.




AL CUMPLIR LA PLAZA PRINCIPAL DE NUESTRA CIUDAD 60 AÑOS PROCEDIMOS A DAR LECTURA A UNA CONFERENCIA, DONDE APUNTADOS RELACIONES SOBRE SU ORIGEN. Era el 15 de diciembre de 1997. Después la misma fue el tercer capítulo de nuestro libro TEMPRANO RIO GRANDE.

Como suscribimos la tesis del crecimiento espontáneo de Río Grande en razón del desarrollo de la ganadería en el norte fueguino, hace casi un siglo, encontramos en nuestra mirada al ayer toda una serie de indicios de progreso que -en la mayoría de los casos- fueron productos de la gestión privada.  

De allí tal vez cierta situación de desplanificación que marca características comunes en todo el devenir riograndense.

Una de ellos se relaciona con su organización comunal tardía. Por eso buena parte de lo que ha pasado en nuestro pueblo se explica por las circunstancias de su entorno rural, más que por la trama urbana de los acontecimientos humanos.  

Mientras nuestros cuerpos comienzan a adoptar la forma de la silla en que nos sentamos daremos un detalle introductorio de ciertas circunstancias vividas en la historia fueguina, todo orientado a situarnos en una fecha que es la que hoy nos convoca: la de la inauguración de la Plaza de Río Grande.                      

La tierra y las instituciones

En la primavera de 1893, sin permiso previo, los salesianos instalan su emprendimiento misionero en la zona de los Barrancos Negros. Una inspección de Monseñor Fagnano trae las instalaciones más cerca de la desembocadura del río, en un lugar más alto -de los Tres Chorrillos- a cierta distancia del Puerto Torino, y que hoy se cree próximo al cementerio local. Allí funcionaría La Candelaria en lo que luego de las primeras mensuras del Ingeniero Díaz era el extenso lote XLI. 

Ya por 1895 se instalará linderamente la primera Comisaría, sin edificio propio, lindera a la institución misional. Cuando sobrevenga el incendio del 12 de diciembre de 1896, que casi pone fin a la empresa salesiana en Tierra del Fuego, la policía esperara un tiempo y ni bien comience a levantarse en la margen sur del río la primer estancia de José Menéndez, se mudaran allí para hacerles compañía. Para entonces habrá tomado existencia un decreto que reserva el Lote XLI para uso fiscal, con lo que sus ocupantes misioneros pasan a la condición de intrusos, esto en abril de 1897.

El 1 de julio del mismo año, en pleno invierno, una nueva visita de Fagnano preanuncia el traslado de las instalaciones, o mejor dicho lo que queda de ellas, al Cañadón de la Porotera, a la vista del cabo Domingo, pero siempre de intrusos en el lote XLI. Y remarcamos esta situación de intrusos contrastada con la gran inversión de capital que se sitúa al sur del río, donde José Menéndez es dueño legítimo de esas tierras, adquiridas sobre lo que fue propiedad testamentaria del difunto Julio Popper.

Para el invierno de 1898 se toma conocimiento de la existencia del primer comercio del puerto: Javier Soldani es su dueño, con el tiempo llevara el nombre de EL Cañón. Se ha elegido para su construcción la zona de la costa seca, protegida del viento por una barranca. La policía tendrá motivos para instalarse en sus proximidades, objeto de sí misma mantener el orden, y con ello y el tiempo irá configurándose el pueblo con una sucesión de edificaciones en el  área de la actual calle Elcano.

En la primavera de 1905 se registra la llegada de un hombre que dinamizará la historia que nos reúne: Francisco Bilbao. Viene como socio de José Menéndez que dueño de los establecimientos rurales que rodean a la naciente población quiere monopolizar a la vez el comercio local. Soldani venderá sus mejoras y fondo de comercio a Bilbao, y este dará nacimiento a una laboriosa presencia en el seno de nuestra comunidad.

El desarrollo ganadero trae mucha actividad en la estación estival, dando vida a la zona del puerto de donde se exporta fundamentalmente la lana. Tal vez con las enormes ganancias que se dan en los primeros años de la Gran Guerra, se avizora la posibilidad de una mayor y diversificada inversión de capitales, que dará origen a la instalación del frigorífico en lo que hasta entonces había sido el casco de la Primera Argentina. La estación estival será a partir de este momento un continuo fluir de migraciones golondrinas en la región magallánica, y para algunos ciertas perspectivas de radicación en la zona, donde el acceso a la tierra no está condicionado por oblar precio alguno por su uso inmediato.

Ya han muerto Fagnano y Menéndez cuando visita en 1920 el entonces Gobernador Repetto, en el Vicente Fidel López, transporte de la Armada, el puerto donde crecía como institución de resguardo la Prefectura Nacional. Fuera del área inmediata lindera a esa repartición, donde las construcciones existentes se mantenían solo por la tolerancia que sobre las mismas ejercía la institución marítima de resguardo, se da un amanzanamiento primario sobre lo que hoy seria las avenidas San Martín y Perito Moreno, y se identifican a los ocupantes del área de Elcano. Ya para entonces una radicación en este puerto permitía el acceso a la tierra publica, mediante una presentación ante el Juzgado de Paz, y una verificación del cercado correspondiente del predio a utilizar. Cuidándose de que la apropiación se haga sobre más de un terreno.
Pero por entonces no había mucho presupuesto para cercado en los que arriesgaban a quedarse a vivir en este puerto.

Al año siguiente toma vida la Colonia Agrícola de Río Grande que con la mensura realizada por Varela, y aprobada en 1926 delimitará el damero urbano, y creará espacios de quintas y de chacras en lo poco que quedaba para entonces del lote XLI mermado para entonces por lo que fuera Misión Salesiana, y Segunda Argentina, adquirente final esta última de la casi totalidad de las tierras que en algún momento tuvieron los salesianos.

Es así como el Ministerio del Interior, instruía el 24 de agosto de 1927 en lo siguiente: “Deberán los Gobernadores de los Territorios Nacionales ajustar sus conductas sobre el tema Tierras de los Municipios a las instrucciones del Ministerio de Agricultura.”

Y ya en 1928 una disposición del Gobierno Fueguino, daría origen a la primera Comisión de Fomento. A 35 años de la llegada de los salesianos, A 33 años de la instalación de la policía. A 30 años del primer comercio.  Y siete de la creación de la Colonia Agrícola.

Las instituciones y la tierra

El 24 de abril de 1928 en el Ministerio del Interior se toma razón mediante un decreto por el que se aprueba la resolución del gobierno fueguino del 7 de marzo, y con ello se confirma la integración de la comisión de Fomento de Río Grande.

La entidad que tendrá jurisdicción sobre la mensura aprobada el 29 de noviembre de 1926, por el Ministerio de Agricultura, estará conformada por los principales cinco comerciantes que tiene el puerto: dos españoles (Francisco Bilbao y Manuel Anllo), el belga Eduardo Vanaken (SIC), el  árabe José Raful, y Federico Ibarra, argentino. Con pocas variantes serán estos vecinos los que conducirán los destinos administrativos de la naciente institución comunal durante los próximos años. Su labor se encuentra resumida en las actas de la Comisión que en número de 85 nos llevaran al momento en el cual Río Grande inaugura su primer espacio publico: La plaza que ahora cumple 60  años.

Pero siendo tema de nuestra disertación las características de la distribución del espacio urbano es que resumimos del conjunto documental de lo obrado por la Comisión de Fomento durante casi su primera década:

Acta número 5. l6 de junio de 1930. Se solicita a la Gobernación un plano del ejido de este pueblo y otro en el que figuren las quintas y chacras. En la misma reunión se decide consultar a la Gobernación si la Comisión tiene atribuciones para poner nombres a las calles.

Acta 6. 14 de noviembre de 1930. La ordenanza número 2, que debe ser aprobada por el Gobernador, determina sobre la obligación de los frentistas de construir veredas con “cordón de madera”, ajustándose por la misma disposición el cercado “a las líneas divisorias de cada solar”.

Acta 8. 7 de abril de 1931. Primera licitación pública para el arreglo de calles. Se piensa destinar hasta 4.000 pesos a esta tarea para la que fue seleccionada la oferta presentada por el señor Vitelmo Garay. Se contaba como ingresos 8.840 pesos, del producido por el cobro de patentes en los años 1928 y 29, recientemente girados por la Gobernación. El tema del mejoramiento de las calles y zanjeos será constante en la primera mitad del año, y al llegar la fiesta del 25 de mayo se dispondrá de un presupuesto de $ 100, y todo girará en torno a la escuela pública, dado que no hay plaza. Para el nueve de julio el presupuesto de festejos descenderá a $ 35,50, es período de receso invernal, la concurrencia merma, y hay una ceremonia de “izamiento del pabellón nacional” sin especificarse detalles de lugar. Tal vez haya sido en dependencias policiales.

Acta 30. 22 de abril de 1932. Ante requerimiento verbal de la Compañía Frigorífica Argentina se autoriza el tendido de red telefónica en espacios públicos de la población.

Acta 36. 7 de julio de 1932. El acto del 9 de julio se realizará en la Comisaria local. Confites y chocolatines para los niños asistentes a la ceremonia.

Acta 38: 10 de agosto de 1932. Se solicitan 500 metros de rieles a la estancia José Menéndez para tareas de arreglo de calles durante la temporada de verano.

Acta 44. 20 de febrero de 1933. La presidencia de la Comisión solicita a la Gobernación informe si el “frigorífico local corresponde al ejido del pueblo.

Acta 45. 4 de abril de 1933. Litigio por la construcción de un alambrado en el lote 74 entre José Antunovic y Esteban Rogosich. Se da intervención a la Comisión de Fomento sobre este tema rural.

Por estos años Río Grande vive interdependiente de la economía magallánica, situación que se refleja particularmente en medio de la depresión mundial. Su falta de comunicación con la capital de la Gobernación: Ushuaia, es tal que lleva a las autoridades nacionales a estudiar la supresión de la gobernación fueguina anexando el norte de la isla a la de Santa Cruz, cuyo juez letrado tiene jurisdicción sobre toda la Tierra del Fuego, y proponiendo para la parte sur una dependencia directa del Ministerio de Marina -como se dará a partir de 1943- con destino a la creación de una Base Naval.

Pero volvamos a la Comuna de Río Grande, y el manejo de algunos aspectos ligados a la ocupación de la tierra en el área de su influencia:

Acta 59. 21 de febrero de 1935. Solicitud para alambrar su lote del Sr. Jorge Lombardich. Se le requiere decreto de aprobación de mensura.

Acta 60. 22 de abril de 1935. Conflicto de alambrados entre Lombardich y José Romero.

Acta 61. 7 de mayo de 1935. Conflicto de alambrados entre José Ruzak y la Misión Salesiana.

Acta 69. 10 de abril de 1936. En un plan de obras figura “hacer en la calle por la que se entra al pueblo un terraplén que cruce  que está a la entrada del pueblo.

Acta 76. 11 de noviembre de 1936. Se establece la obligación de solicitar permiso a la Comisión para cercar solares, como también para edificar. Para entonces se registra en reingreso en la vida pública de Francisco Bilbao, quien da nuevos bríos a la gestión municipal.

Acta 77. 18 de febrero de 1937. “El señor Presidente informa respecto a la necesidad de iniciar a la brevedad posible los trabajos correspondientes a la futura plaza principal del pueblo.”. “Considerase a continuación el lugar destinado para la misma y siendo opinión un anime de los presentes que la manzana 44 destinada para este fin además de estar en parte ocupada no reúne las condiciones necesarias y encontrándose la 33 libre de adjudicación y mejor ubicada para el fin que se de destina resuelve dirigir nota a la Oficina de Tierras local, y por su intermedio a quien corresponda solicitando la permuta de la manzana 44 destinada a plaza de este pueblo por la 33, de acuerdo a lo expuesto anteriormente.”

Así se estaba gestando el hecho inaugural que hoy queremos ponderar en la persona de quien era nuevamente presidente de la Comisión de Fomento, Don Francisco Bilbao. 

Como se puede apreciar de este conjunto de referencias en poco o nada tenía  injerencia la autoridad comunal sobre otorgamiento, contralor, cobro de tasas y aranceles, y venta de tierras en la Colonia Agrícola de Río Grande. Sus atribuciones estaban vinculadas a los espacios públicos y los únicos existentes eran entonces las calles, con un estado precario que debemos imaginar, y sobre el cual se volcaban las mayores erogaciones presupuestarias.

Francisco Bilbao, ausente de la gestión comunal en la que fuera presidente inaugural en l928, con mandato hasta el invierno de 1930, asume una nueva responsabilidad comunitaria el 12 de junio de 1936 y es el tema de la plaza una bandera que mantendrá en alto hasta su concreción.

Río Grande 1937.

Un acontecimiento divide al mundo, la Guerra Civil Española, pero si tal vez los residentes locales toman partido por uno y otro de los bandos esta situación no repercute en la vida de relación comunitaria.

El país experimenta una nueva elección presidencial, la que llevara la primera magistratura al Doctor Ortiz, hasta entonces Ministro de Hacienda, pero en los Territorios Nacionales no se vota y todo aquello es una experiencia distante.

El año de la Plaza registra otras inquietudes. Una de ellas fue la visita de una comisión de la Cámara de Diputados de la Nación, que llego el 2 de marzo en el Transporte Patagonia. Se los recibió con vermouth y banquete en el que participaron los principales vecinos de la zona. Los Diputados conocieron las oficinas públicas, obras de Vialidad y estancias próximas, y se compenetraron de las necesidades más urgentes de la población. En su informe final a la cámara los integrantes de esta Excursión Legislativa formularan la urgencia  ante el “Ministro de Hacienda pidiendo el establecimiento de sucursales del Banco de la Nación Argentina en Río Grande, y al Ministro del Interior, rogando la creación de una sala de primeros auxilios en la misma localidad de Tierra del Fuego”. Solicitan a la vez la creación de un internado escolar anexo a la única escuela fiscal. Los diputados que recorrieron 9000 kilómetros por rutas del sur disponían para la empresa un presupuesto de $ 2500, de los que solo gastaron $ 1852, devolviendo el resto.

La Comisión de Fomento decidió rebajar las tasas de servicios.  Por limpieza se paso a cobrar 2 pesos a las casas de comercio que antes pagaban 4, y los particulares y oficinas comerciales solo pagarían uno de los dos  que antes tributaban.

Se solicita la ampliación del ejido urbano incluyendo en una extensión aproximada de 2700 hectáreas en la margen SE de la ría y en la ribera del mar, abarcando las edificaciones existentes de la Compañía Frigorífica de Argentina y tres casas de comercio, y también 1200 hectáreas hacia el río Chico, sobre la ribera del mar. Situación que será aprobada en 1939.
El Frigorífico desarrolló su tarea entre el 1 de febrero y el 27 de marzo, faenando 217.196 corderos, y 13.404 capones, totalizando 3.263, 25 toneladas. Entre los 10 frigoríficos de la región argentina chilena mantenía un claro liderazgo. Estaba escoltado por el de Río Seco con 2.963 toneladas y el Swift de Río Gallegos, con 2.582, 2.

El 14 de marzo en la Misión se coloca la piedra fundamental de un nuevo edificio que será todo de mampostería, paralelamente se trabaja en la construcción de un edificio parroquial en el puerto. La falta de cemento hace que estas obras se desarrollen esporádicamente.

Por disposición del 4 de septiembre la Policía comienza a expedir Cédula de Identidad a los extranjeros “que en la Dirección de Inmigraciones no registra ingreso, previo levantamiento de una información sumaria donde conste sus medios honestos de vida, conducta y comportamiento durante el tiempo de residencia en el país”.

Ante la necesidad de ejecutar el cobro de la denominada “Contribución Territorial” se conforma el 19 de abril una comisión que integran los vecinos propietarios Manuel Anllo, José Raful y Juan Guerra. Se da respuesta de esta forma a un decreto del 1 de octubre de 1934, sobre la Percepción de Impuesto Territorial por las Comisiones de Fomento de los Territorios Nacionales, que derogando el Decreto del 10 de diciembre de 1914 “establece aplicación de impuestos sobre todos los inmuebles comprendidos en sus ejidos”.

El trabajo de la comisión permitirá conocer edificaciones levantadas en las manzanas 45, 46, 55, 56, 57, 66, 93 Y 97 con el siguiente listado de propietarios: Eduardo Van Aken, Simón Kokic, Miguel Susic, Benita Viuda de García, Federico Ibarra y Cía, Esteban Kovacic, Aurelio Mazziotti, Evangelista Azocar, Jorge Draguisevic, Alejandrino Cárdenas, Amanda Traba de Van Aken, Santiago González, Salomón Bunader, Manuel Anllo, Roque y Raful, Transito Mansilla Cárdenas, Juan Guerra, Juan Ferrando, Francisco Bilbao y Manuel Ardanaz.

Allí se asignaba un valor a la tierra que fluctuaba entre los 250 y los 950, esta ultima propiedad de Bilbao; como así también el valor de las construcciones que iban de los 1.750 pesos de las casas de Draguisevic y Cárdenas a los 22.250 de la propiedad de Amanda de Van Aken levantada en el solar L de la manzana 56.Para todos ellos corresponderán el pago del tributo con fecha límite fijada el 30 de septiembre.

Aeroposta Argentina tiene lindero al frigorífico la terminal sur de sus vuelos patagónicos. Los trimotores Junkers cargan 17 pasajeros y 3 tripulantes y se desplazan por los ventosos cielos del sur a 240 kilómetros por hora. Aquí llegan los lunes a las 10.20 y luego del almuerzo en la casa de administración del frigorífico los tripulantes reembarcan a Gallegos a las 15.45. El pasaje cuesta 530 pesos y permite llevar hasta 15 kilos de equipaje, el costo ida y vuelta resulta a la larga más económico puesto que hay que erogar solamente 950 pesos. El beneficio colateral para este servicio se registra también en el rápido despacho de la correspondencia que hasta hace algunos años salía solamente por vía marítima.

La Memoria Anual referida a la provincia señalara sobre este punto: “El servicio aéreo a Río Grande que partía de Bahía Blanca ha extendido su recorrido hasta esta capital, y dotado su material de vuelo de las características de confort y seguridad que permite la técnica actual de la navegación aérea. No es preciso encarecer los beneficios de todo orden que se derivan de esta rápida comunicación de las más apartadas regiones del país con su centro vital, que los pobladores y el comercio de las zonas que sitúa ha debido comprender y apoyar utilizando en gran escalas sus servicios.” La Patagonia era redimensionada desde 3000 metros  de altura.
Los vuelos y su inmediatez en el transporte han posibilitado perfeccionar algunas iniciativas particulares, entre ellas la siembra de ovas de salmónidos, por parte del Administrador del Frigorífico Don John Goodall. La Salvelinus Ontinalis y el Salmón Salar llegaron en tren de Bariloche a San Antonio Oeste, y de allí siguieron en avión un destino transformador en el Río Grande. La empresa traslado sin costos también en 1937 una gran partida de Truchas Arco Iris y Salmo Fario desde Puerto Mont, y pronto “todos los ríos y arroyos al alcance de automovilista están con truchas de una u otra de estas clases”.

La Comisión de Fomento inicia gestiones para la construcción futura del Cementerio, requiriendo para ello las quintas 6 y 7 del pueblo, libres de adjudicación. Es cuando toma conocimiento que está facultada a cobrar una tasa fiscal por la utilización de los servicios de cementerio, la que será volcada íntegramente a su patrimonio. Por entonces la mayoría de las inhumaciones se realizaban en la Misión Salesiana. La iniciativa se demorara 10 años.

Se adquieren elementos de construcción vial, vagonetas volcadoras con cajón de hierro, y 200 metros de vías a la empresa Schimdt que terminaba tareas para Vialidad Nacional en las obras del acceso al puente sobre el Río Grande y puente sobre el Río Chico. Inversión que alcanza los 248 pesos. Con ellos se espera diligenciar mas efectivamente los trabajos iniciados en 1936 en el denominado “camino de la vega” y la segunda cuadra de la avenida.

“La carretera entre Río Grande y Ushuaia -dirá en su informe de ese año el Ministro del Interior- se encuentra en construcción realizando así su verdadera unidad geográfica”.

Durante el invierno, extremadamente riguroso, surgen dos instituciones destinadas a perdurar: El Club San Martín y la Asociación Rural. En los motivos de la primera es confraternizar entre la juventud y promover las prácticas futbolísticas; en la segunda una respuesta al Decreto del 17 de junio de 1937 sobre Ventas de la Tierra Públicas, que aúna a los intereses encontrados de la última década en lo que fue el reparto de la Tierra Pública fueguina durante la administración radical. Una etapa altamente conflictiva de la vida económica y social del norte fueguino parecía llegar a su fin.

Durante 1937 se registran solo 18 nacimientos, muchas madres salen de la isla a la hora de alumbrar sus vástagos, 13 son las defunciones, entre ellas para la Navidad la de Don Simón Imperial concesionario del servicio de recolección de basura, y sumaron 10 las uniones matrimoniales.

El pueblo y su plaza

El 20 de febrero de 1937 la Comisión de Fomento eleva a la Oficina de Tierras que ejercía don Juan Cabezas, una solicitud que expresa lo siguiente:
“En la reunión celebrada por esta Comisión el día 15 del corriente mes se acordó dirigirnos a Ud. y por su digno intermedio a quien corresponda, solicitando la permuta de la manzana 44 de este pueblo, reservada con destino a plaza, por la número 33, hasta el momento libre de edificación, y con el mismo destino”.

“Fundamos esta permuta, primero, porque es opinión de esta Comisión de Fomento; que la manzana 33 solicitada está, para el fin que se destina, mejor ubicada en relación al futuro desarrollo del pueblo, en que demandaría menos gasto su arreglo ya que es mucho más llana que la reservada, factor de tener muy encuentra por la Comuna cuyos recursos son exiguos, y además porque en el solar D de la manzana 44 se ha construido una casa”.

El 14 de agosto la Comisión de Fomento  resuelve iniciar los trabajos de la plaza en la manzana 33.

¿Cuál fue el destino de la primer manzana destinada a plaza?

La manzana 44 situada entre las calles todavía innominadas 9 de Julio, Rosales, Espora y San Martín, fueron adjudicadas por ofertas enviadas vía Oficina de Tierras a Buenos Aires, donde se concretaban lentamente la obtención de títulos de propiedad:

Los de esta manzana que no fue plaza encontraron la siguiente resolución en su proceso de enajenación...

Lote A: Juan Manuel Muñiz Piniella, que recibió su título de propiedad cuando el 28 de febrero de 1947 el General Perón firmo el decreto adjudicatorio número 5582.

Lote B: Comprador Nicanor Valdés, que lo recibió por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nro. 9978 del 20 de mayo de 1952.

Lote C: Francisco Máximo Bilbao. Titulo firmado también por Perón –decreto 7269 del 18 de marzo de 1947.

Lote D: Adjudicado por la Ex-Dirección General de Tierras de la Nación a María Soto Legue de Visich, pero que recién pasa a tener titulo de propiedad con la gobernación de Don Ruperto Bilbao .

Lote E: A Waldron y Compañía por titulo 19.1999 firmado por Perón.

Lote F: Eduardo Van Aken Telmas -Título dado por decreto 7271 del 18 de marzo de 1947 con la firma del General Perón.

Lote G: Otorgado por Frondizi el 8 de septiembre de 1958 por decreto 5408 a Ernesto Bares Rield.

Lote H: de Vicente Elisardo Canga; titulo por decreto 26467 del 26 de diciembre de 1951 del superior gobierno de la nación ejercido por Juan Domingo Perón.

El cambio de destino dado por los desniveles del terreno y algunas ocupaciones de hecho realizadas en el predio, condicionó un cambio en la fisonomía urbana futura de Río Grande.

Frente a esa plaza se reservaban terrenos de uso oficial en los que crecerían más tarde el Juzgado, el Banco Nación, la Delegación de Gobierno. Ya entonces Santomé tenía su terreno frente a lo que seria la plaza, y en la otra esquina una propiedad estaba asignada a Miguel Alarcón y Francisco Bilbao (hijo). Más tarde el hotel de Villa cubriría una esquina que revestiría un lugar importante.

La plaza iba a nacer aunque no consolidaría en lo inmediato el verdadero centro cívico de la población.

Y así volvemos al 11 de diciembre, cuando se encuentran finalizadas las tareas de alisado, cerco perimetral, construcción de pozo de agua y levantamiento del mástil.  Ese que será bautizado espontáneamente como “el obelisco” de Río Grande, como clara repercusión del que se inaugurara el año anterior en la capital de la República.

Habrá festejos el Club Social y en el San Martín, instituciones nacidas un año antes, a los que aportara 100 pesos la Comisión de Fomento para los festejos colaterales a la inauguración.

La bendición religiosa estará a cargo del Director de la Misión, Padre Crema. 

Se encontraban al frente de la Comisión de Fomento los vecinos Francisco Bilbao, Francisco Ibarra, Nicolás D’Onofrio y Amadeo Soto.

La plaza cercada permanecerá en esta situación durante dos décadas. En estos años, a salvo de la trashumancia de semovientes, crecerán sus especies arbóreas traídas con especial esmero algunas de ellas de la zona de San Pablo, las vernáculas; y las extranjeras de la ciudad de Punta Arenas.

El singular mástil cuya imagen recuperamos por cesión del material fotográfico por parte del Doctor Jorge Stipicic Bilbao, nieto de Don Francisco, tenía una especial conformación que facilitamos a Roberto Berbel para que con su habilidad de carpintero, él y otros de su oficio, construyeran una replica a ser levantada en nuestra plaza al cumplir esta 60 años.

Hemos tenido en esta instancia numerosas dudas sobre la madera utilizada, las dimensiones correctas, la detalles de su fabricación. Pero nos movemos sobre la historia que se construye sobre el olvido, y no sobre las certezas. Libre del pesar de toda filosofía construimos este momento celebratorio con una emotividad manifiesta.

Hemos escuchado muchas voces disconformes con respecto a las reformas introducidas en la misma durante la reciente gestión municipal. Se ha hablado de respetar un estilo, pero nadie guardaba memoria sobre este “obelisco” que se presentaba en la inauguración, y que se aprecia parcialmente en numerosas fotografías de la época. Nunca hasta ahora con imágenes de su cúspide, tal vez porque en su altura no permitía el desarrollo de la óptica fotográfica de la época una simultaneidad de apreciación del conjunto mástil, bandera y público.

La gran mayoría de los riograndenses crecimos venerando la patria junto al mástil que en 1949 donó YPF. No sabemos si la sustitución del Obelisco de Don Francisco por aquel caño que trajo el progreso generó situaciones de aceptación o rechazo. No hay documentación que atestigüe el cambio, ni memoria de los viejos pobladores que tal vez visitaban muy poco la plaza franqueando uno de sus dos portones situados al centro sobre Espora o Fagnano.

Para entonces Bilbao había dejando su sempiterna presencia en la Comisión de Fomento, y en esa nueva hora los antiguos vecinos eran desplazados por los nuevos en el manejo de la cosa pública. Ahora no integraban la Comisión de Fomento los pobladores del lugar sino los jefes de las reparticiones públicas nacionales que crecían en numero e importancia para dinamizar el desarrollo en aquella primera hora peronista.

En el año 1946 se inaugura el monolito en que una placa recuerda la creación de la Colonia Agrícola de Río Grande, 25 años antes, Ruperto Bilbao al hacer una reseña de lo vivido recuerda la inauguración de la Plaza, “donde no podemos admirar las célebres reuniones de las retretas puebleras.”
Para el tiempo en que se levanta su cerco recibe el nombre y el busto del Almirante Guillermo Brown, el héroe de la Armada, prócer inmigrante de los argentinos.

En tiempos de Néstor Nogar intendente, se adornaron sus calles y diagonales con mosaicos vainilla. Y durante la gestión de Alberto Vicente Ferrer se perfeccionó la iluminación y se la dotó de bancos, como toda plaza que merezca ser llamada.

En tiempos en los cuales el Arquitecto Jorge Casas era Secretario de Obras Públicas de la Comuna, se presentó por la televisión la maqueta de una reestructuración de este espacio verde. Comprendía la construcción de edificios sobre sus cuatro aceras configurando en pleno un centro cívico que le estaba -y le está- faltando a nuestra ciudad. Los gritos en el cielo no tardaron en hacerse sentir, voces de antiguos pobladores –que entonces tenían su peso- dejaron en proyecto en lo que fue, un proyecto ideado por profesionales de la Capital Federal.

Recuerdo que como funcionario de Esteban Martínez nos sentamos un día a tirar líneas sobre un reaprovechamiento de nuestra plaza de estilo italiano -en esto propia del Renacimiento- y así se pensó en un muro que en forma de arco protegiera del viento del oeste, sirviera de soporte a placas y otros testimonios, y albergara un escenario para actividades comunitarias, o simplemente un palco. Ya por entonces acuñábamos la idea que en realidad en Río Grande la función de las plazas las cumplen los gimnasios Y para aquellos días se envidiaba la construcción de la plaza de armas del BIM 5, mérito si no me equivoco del primer capitán Monti.

Las intenciones nos llevaron con Oscar Lassalle y Mirta Ferrari a convocar dominicalmente al izamiento del pabellón nacional, así comenzó a figurar a fines del 87 en la agenda de cuanta personalidad visitaba la comuna su asistencia al izamiento del pabellón nacional. El sol fue siempre generoso con este propósito que intentaba emular a la conducta cívica dominical de los riogalleguenses frente al monumento a Roca; así actuó la Banda, el ballet de Víctor Hugo, cantaron folkloristas, recitaron poetas en una ceremonia efímera y contundente que exigía en algunos pocos la seguida celebración de la Misa, y en casi todos el traguito reparador en la confitería del cine.

Pero no prosperó en mucho tiempo la iniciativa. No fue periódica, fue irregular.

Hoy vemos pugnar a la actual administración comunal por hacer crecer estos hábitos pero en un nuevo sitio: La Plaza de las Américas situada más en lo que ahora sería el centro geográfico de nuestro crecido Río Grande, pero disociada de la imagen tradicional de una plaza renacentista, como es la Almirante Brown.

La plaza ha sido objeto de diversas mitologías: una dice que circula bajo su superficie agua salada del mar, impidiendo el desarrollo de sus árboles dado que al profundizarse sus raíces estas se secan. Otra señala que el trazado de sus calles es una copia de la bandera británica.

La pérgola actual, como incorporación más reciente, suele vérsela como una versión multicolor del “Kiosco” existente en la vecina Punta Arenas.

Allí se han congregado actividades, artísticas, recreativas y de protesta social y política.  El estado de indefensión de los espacios públicos, en estos nuevos días de intranquilidad, ha hecho víctima reciente a la figura del Almirante Brown, sus farolas, sus bancos, y parte del continuo esmero que los floricultores municipales dan para su embellecimiento continuo.

Pero la historia que nunca se detiene a de alumbrar tal vez un nuevo tiempo, donde las razones de urbanidad sigan ganando para el uso de nuestra gente este espacio público que lentamente hace 60 años fue pensado como corazón de nuestro pueblo.

Tal vez entonces se encuentre otro momento para rescatar algunos nombres del olvido, para describir las circunstancias del progreso, para asumir valores permanente, mas allá de los ritos y compromisos del civismo y de la Patria. Más allá del verde mutismo de la naturaleza cambiante según los meses del año....

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La alborada: 1949 Escribe Oscar Domingo Gutiérrez




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En todos los años vividos en la Tierra del Fuego, y ya casi llega al cuarto de siglo entre el campo y el poblado, Francisca nunca vio tanto alboroto. Y cuando dice esa palabra, en realidad piensa: alegría. El pueblo tiene sus cosas buenas, hay tranquilidad, familiaridad, trabajo y el dinero consiguiente, pero no deja de agobiar en muchos casos ese letargo del que tanto le cuesta salir, esa sensación que la lleva a extrañar su ciudad de origen, a sentirse sin estar tan lejos en el borde mismo del mundo.

Hay años en que un carnaval se organiza mejor que otro, entonces los jóvenes y los no tan jóvenes –categoría en la que Francisca se incluye- caminan por las madrugadas con un brillo singular en los ojos. Pero lo cotidiano en materia de alboroto/alegría no existe para esta gente de trabajo que constituye la población de Río Grande, Francisca se atrevería a decir que esto ocurre sólo una vez al año cuando llegan al pueblo los esquiladores, sobre todos los de esta última comparsa de yugoslavos. Llegan hasta la casa Raful con sus cabalgaduras y sus pilcheros, traen las ropas percudidas del trabajo con la oveja, y por ello ni quieren ingresar al recinto comercial, pero reclaman para sí varias cajas de cerveza. Un par de dependientes los salen a saludar a la vereda, y al poco rato vuelven con los pedidos, los clientes aprueban o desaprueban, y finalmente –en un trámite que dura algo mas de una hora, y otra vuelta de cajones de cerveza- terminan partiendo con su ropa nueva envuelta en papel madera. Pero no irán tan lejos: en la otra esquina los esperan en el Hotel de Guerra, alguien llevó la noticia y ya les han hecho un lugar. En el patio se sacarán las viejas ropas impregnadas en lanolina,  luego pasarán a sacarse el grueso de esa grasitud en las palanganas que desfilarán constantemente, y se recubrirán con la ropa nueva, cambiando en el trámite alguna indumentaria con otros compañeros de trabajo, mas allá de lo exigente que pudieron estar en la selección hecha en la vereda del Almacén de Ramos Generales. Alguien llevará al centro de la calle, que pocos saben se llama ahora 9 de julio, toda esa ropa que al primer fósforo comienza a arder lentamente, y los trabajadores golondrina vuelven a la calle, inician una ronda por distintos bares, a una vuelta por cabeza en cada local, sabiendo que al lugar donde definitivamente quieren ir no le abrirán antes de la noche por mas plata que traigan. Al día siguiente, llegado el barco –de este o del otro lado- partirán y con ellos desaparecerá el alboroto/alegría por el resto del año.

El Hotel Argentino ha dejado de recibir a la gente de campo, a algunos de los clientes más conspicuos se les hace un lugar, en las dependencias familiares. Es que de pronto la llegada de toda esta gente, los del petróleo, ha superado las posibilidades hoteleras de la población y la situación continuará así hasta tanto no termine la construcción de su propio campamento. Los primeros en llegar visitaron los tres hoteles –Comercio, Progreso y Argentino- y también algunas pensiones; no notaron mayores ventajas de confort y cordialidad en un lugar con respecto a otro.., pero si tenían que hacer una elección esta la dieron por el nombre; era raro llamarse Argentino en un lugar donde la mayoría de la población era extranjera. Y por ello ahora esta gente de YPF va y viene a toda hora del día. Son en su mayoría jóvenes que llevan una corta pero intensa experiencia de trabajo en la Patagonia central, tutean con facilidad a todo el mundo –aquí donde nadie deja de llamar de Don- y se instalan en la cocina antes que en el comedor haciendo funcionar continuamente esta hasta ahora secreta dependencia del hotel, al ritmo de lo que ellos han impuesto en llamar “minutas”. Siempre hay alguien de YPF que se impone sobre toda rutina, porque la chica encargada se olvidó de colocar la toalla, porque esta carne congelada sabe extrañamente mejor que la fresca que se cocina en la perforación, porque se sale y se deja un mensaje para el compañero que ya debería haber venido a buscarlo. Francisca esta contenta de esta dinámica, su hermana –la soltera- también, debe coser de continuo la ruda ropa de trabajo que los operarios quieren reponer. En la planilla del hotel figuran los datos de todos cuantos han ido pasando, algunos al principio se dijeron casados, pero en nuevas visitas se fingieron solteros y hasta se sacaron la sortija luciendo desde entonces en sus manos curtidos en un pálido anillo de piel, imposible de disimular. Esta situación a Francisca la inquieta.  Pero pronto se olvida, porque hay que hacer las cuentas y con esta realidad petrolera en aletargado negocio de ayer marcha viento en popa. Y así da gusto pasar el invierno.


                                                                  2

Don Estanislao Leniek es un hombre, mas que disciplinado, disciplinante. Y por ello se lo encuentra casi siempre introvertido y enojado. No encuentra en su entorno gente que le responda, ni entre los subordinados, ni entre los propios jefes; a los unos manda, a los otros sugiere, pero habitualmente se equivoca: entonces los operarios sugeridos obra con mayor determinación que cuando son mandados,  y los jefes acatan con silencio las observaciones que aunque puedan aparecer fuera de tiempo, lugar y protocolo, van de la marcha de las urgencias del trabajo.

Pero Leniek como el soldado de maratón se acerca a Río Grande para traer la noticia de la batalla ganada, y a ratos en medio de los barquinazos de la chata sonríe, y a ratos murmura. El ingeniero tendría que haber estado allí, y no noviando en el pueblo. Pero en el fondo el ya sabe para que están los Ingenieros, y para que está la gente del pozo, ni uno sin otro, aunque los subordinados opinen lo contrario. Al pasar por la Misión quiere ordenar a su chofer que ingrese a ella, allí desde un teléfono se podría dar la buena nueva, pero Estanislao piensa que es una noticia demasiado importante para darla a conocer por medio de uno de esos artefactos que nunca lo hicieron sentir seguro de que en realidad lo estuvieran escuchando en el otro extremo.

Y de esa manera siguió adelante por aquel camino de tan azaroso tránsito rumbo al puerto, tratando de esquivar la mayor cantidad posible de baches, de cráteres. Hasta ahora no había acuerdo sobre la distancia a la cual se había emplazado el TF-1, algunos decían que estaba a 25 kilómetros saliendo desde el Banco Nación, otros decían que la distancia era de 30. Leniek parecía creer que el viaje de ida ira mas largo que el de vuelta, por la sencilla razón de que los conductores –en el entusiasmo por llegar al poblado- no esquivaban todas las dificultades que presentaba aquella ruta casi natural como lo hacían cuando partían rumbo al lugar de perforación. Y así llegó a la casa de los padres de la novia donde cenaba el ingeniero tocando estruendosamente la afónica bocina desde media cuadra antes por lo que a la luz de su vehículo pudo apreciar la figura de Guarnieri que, sin mayor abrigo que el que se disponía en el interior de la vivienda,  salió a su encuentro: “Ingeniero, Ingeniero tenemos petróleo en Tierra del Fuego”; y el ingeniero lo miró un poco sin saber que hacer. En un primer momento había pensado que toda esa urgencia podía estar ligada a un accidente, pero ahora las pruebas elocuentes dadas por ese hombre manchado íntegramente en su indumentaria de trabajo con los fluidos de la inyección  la hablaban de una realidad feliz: “¡El pozo está surgiendo!”.

La cena en casa de los Santomé quedó suspendida. Lisandro Guarnieri partió de inmediato junto a Estanislao Leniek para verificar los logros de aquel día memorable, pero antes pasaron por el Hotel. El Polaco no era de los habituales clientes, venía de tanto en tanto mas a comer que a alojarse –era un hombre fundamentalmente de campamento- pero el Ingeniero procuró que se lo vistiera con otra ropa. Para eso la costurera de la casa de dio a probar un par de mamelucos que terminó aquella tarde, y que debía entregar a quienes lo encargaron al día siguiente. Leniek se probó uno que creía de su talle mientras que de la cocina salían dos poderosos tazones de café para elevar la temperatura de los viajeros al Río Chico, mientras la chata continuaba en marcha. La noticia comenzó a desparramarse como un murmullo entre los parroquianos al momento en que la gente del pozo salía otra vez a la huella.

Había una extraña alegría, un alboroto incontenible, en el espíritu de todos los que se informaban de lo sucedido. Fue entonces cuando Francisca tomó la ropa impregnada de Leniek, las llevó al patio y pretendió prenderles fuego. No sabía bien que opinaría el capataz de semejante fin para sus pertenencias, pero el overol del descubridor de petróleo no ardió como ella lo imaginaba. Recapacitó y buscó en los bolsillos si había algo que se podía preservar, y no encontró nada. Entonces tomó algo de kerosene de la lámpara y ya segura atravesó la noche una vez mas hasta el centro del patio.


                                                       3

El descubrimiento del 17 de junio de 1949 equiparó las posibilidades de desarrollo entre la Tierra del Fuego chilena y argentina. En el vecino país desde 1943 la Corporación de Fomento formalizó contratos con la United Geophisical Cº, con lo que ingenieros norteamericanos iniciaron sistemáticamente las tareas de exploración que llevaron al surgimiento de petróleo el 29 de diciembre de 1945 en Springhill. Los informes inmediatos hablaban de un petróleo parafínico, liviano, peso específico 0,79 a 82, libre de azufre. Aquella primera perforación exitosa a 2.258 metros  en la entraña fueguina.

La región magallánica había registrado presencia petrolera ya en 1911, pero tales hallazgos en la zona continental no alumbraron de inmediato un desarrollo equivalente al logrado en la argentina Comodoro Rivadavia, cuatro años antes. A todo esto contribuyó una serie de situaciones propias del aventurerismo que cundía en estas regiones australes, llevando el descrédito sobre las posibilidades de este recurso. Fue cuando la Compañía Patagónica Consolidada anunció el descubrimiento en condiciones de explotación de una pozo en la zona de Leña Dura, al sur de Punta Arenas, movilizando el interés de los inversionistas que se sintieron maravillados por la posibilidad de obtener entre dos mil y tres mil barriles diarios, lo que de inmediato motivó la venta de varios miles de acciones de la firma. Pero todo no pasó de ser un fraude, el Ingeniero mentor de esta trama había hecho traer petróleo en barco, fabricó un depósito y mediante un sistema de tuberías procedió a su bombeo. El Ingeniero y su ayudante partieron prestos rumbo a Río Gallegos, pero la colaboración de las autoridades argentinas los devolvió a Magallanes donde se inició un proceso que no permitió la recuperación del dinero invertido, y llevó el descrédito a la actividad.

Pero los hallazgos definitivos en medio de la Segunda Guerra Mundial que tanta orfandad de recursos mostró en nuestros países periféricos, alumbró otra realidad: crecía en torno a la zona de Manantiales un área de explotación, y ya no eran tantos los jóvenes del vecino país que llegaban al territorio argentino buscando trabajo, y hasta se daba cierto estudiado retorno de los inmigrantes que llevaban sus años aquí y que veían el mayor progreso del otro lado del alambre.

El tema era motivo de conversación frecuente en los cenáculos públicos del Río Grande pastoril que arrastraba una existencia informal desde hacía medio siglo. Nacido como puerto para la gran producción ovina de las estancias de José Menéndez, ampliado su potencial comercial con el funcionamiento en 1917 de un frigorífico en la margen sur del río, la población fueguina poco sabía de la presencia del Estado como factor de desarrollo. La Policía, el Juzgado, la Receptoría de Rentas de Aduana, la Ayudantía Marítima eran organismos de control, mas no de fomento; aunque residía en el espíritu de las autoridades nacionales y navales que desde 1943 habían dado a la Tierra del Fuego el rango de  Gobernación Marítima, la urgencia de dinamizar el progreso mediante un acelerado plan de obras públicas, y la explotación de los recursos naturales.

Algo similar a lo que ocurriera en la Patagonia central con la conformación de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia.

De esa forma Río Grande había visto llegar a la Comisión de Minerales Sólidos y Combustibles, interesados en el aprovechamiento del carbón y la turba; y por fin –por que no se podía esperar mas- la de los primeros hombres de Yacimientos Petrolíferos Fiscales.



                                                                 4  


Ni Lisandro Guarnieri, ni Estanislao Leniek miraron el cuentakilómetros en el viaje que emprendieron aquella noche rumbo al Río Chico donde se había producido la irrupción del TF-1 en la historia fueguina. Pero nos animamos a pensar que la distancia se acortó sin medir el tamaño de los baches, y arriesgando la resistencia de la suspensión de la chatita.

En el trayecto la noche les fue mostrando las débiles luces del Campamento inaugurado sobre tierras que les cediera en uso la Armada Nacional, una Misión Salesiana totalmente dormida en esos días en que las vacaciones invernales los tenía sin los alumnos de su novísimo proyecto de Escuela Agropecuaria, un cabo Domingo ominoso a la derecha del camino en su tramo más pantanoso, y el puente sobre el Río Chico, raro rasgo de modernidad –con su estructura de cemento- que los colocó a la altura del pozo emergente.

Allí el ingeniero pudo determinar que se trataba de gas.

El 22 de junio el Dr. Horacio A Díaz, desde su condición de geólogo, produciría un parte semanal de las actividades desarrolladas del 13 al 18 de junio, donde se registra que la profundidad alcanzada fue de 2071,50 metros  en el momento que se dio por terminada la perforación. “Pozo cerrado. No se pudo efectuar mediciones de caudal de gas por falta de un tubo Pitot”.  Para el día 21, teniendo el pozo las siguientes presiones: Entre columnas 150 atmósferas, Boca pozo 150, se procedió a medir el caudal; pero como los valores resultaron algo inferiores a los obtenidos en las mediciones del día 7 de junio se repitió la operación el 22...”

 Había llegado el momento de pasar de la euforia a la calculada medida de las posibilidades de explotación de aquel descubrimiento; pocos imaginaban entonces que el mismo pozo diez años después traería al cercano pueblo la bendición del gas natural, un pueblo con bosques de leña cada vez más lejana, y carbón navegado. Pocos sabrían a fines de siglo la plena continuidad productiva de aquel sitio.