¿Qué sabemos de las algas?. Segunda parte.

Un escrito de Nestor Palmetti.



Nutricionalmente las algas son ricas en proteínas, minerales y vitaminas (A, B, C, E) y, sobre todo, en elementos difíciles de hallar en verduras terrestres, fundamentalmente el yodo, mineral escaso en el suelo y más aún en tierras agotadas por el cultivo intensivo. Excepto algunos pescados, las algas son nuestra mejor fuente natural de yodo orgánico y asimilable. La hormona tiroidea (tiroxina) se produce gracias a la presencia de este mineral y su normal producción estimula el sistema nervioso simpático, incrementando la tasa de oxidación celular y, por ende, el metabolismo corporal (utilización de los macronutrientes).
La carencia de yodo afecta los niveles sanguíneos de tiroxina y, por tanto, el nivel de energía en el organismo, generando: fatiga, piel seca o amarillenta, alta tasa de colesterol, entumecimiento de las extremidades, hormigueos, aumento de peso, falta de memoria, dificultad de concentración, cambios de personalidad, depresión, anemia, menstruación prolongada y dolorosa en las mujeres, etc. En los niños esta carencia genera desarrollo defectuoso a nivel óseo, muscular, mental y nervioso.
Además de yodo, las algas también son ricas en otros minerales claves como magnesio, calcio, potasio, hierro y oligoelementos como cinc, selenio, manganeso, boro, cobalto, cobre, vanadio, etc. Algunas algas llegan a tener un tercio de su peso en sales minerales (el caso de las hiziki), siendo las mejores proveedoras en absoluto, y sobre todo de minerales biológicamente asimilables por el organismo humano. Por ello su exitoso empleo en anemias, osteoporosis y otros estados carenciales.
Además de minerales, las algas son muy ricas en proteínas y principalmente en aminoácidos esenciales (aquellos que el organismo no puede sintetizar y que deben provenir del alimento). Estas proteínas son muy asimilables debido a la presencia de minerales y enzimas que facilitan su absorción. Por ello se aconseja consumirlas junto a cereales, que generalmente tienen carencias de ciertos aminoácidos.
En general, podemos decir que las algas son estimulantes del metabolismo, aumentando el intercambio celular y mejorando la eliminación de toxinas. Dada la gran presencia de antioxidantes (vitaminas y oligoelementos), neutralizan el efecto de los radicales libres, responsables de acelerar el proceso de envejecimiento en los tejidos. También reducen los niveles de azúcar, colesterol y presión sanguínea. En dietas vegetarianas (y también en convencionales), previenen anemias por su contenido en hierro fácilmente asimilable y vitamina B12. Entre otras cosas, esta vitamina es responsable de mantener un adecuado nivel de hierro en sangre y es vital para funciones neuromusculares.
Las algas resultan ideales para dietas de adelgazamiento (además cubren eventuales carencias nutricionales), diabéticos, embarazadas, niños y convalecientes. Pese a ser bajas en grasa, azúcares y calorías, aportan saciedad por su alto contenido en mucílagos, los cuales regularizan la función intestinal y protegen las mucosas digestivas. Los mucílagos son polisacáridos que retienen varias veces su volumen en agua y en los vegetales cumplen la función de reserva hídrica.
Fundamentalmente actúan sobre las mucosas. En el estómago forman una capa viscosa que atenúa las irritaciones. En los intestinos estimulan el peristaltismo. A nivel respiratorio calman la irritación que provoca la tos. El ácido algínico de la algas pardas (kombu, kelp, fucus, cochayuyo) es un mucílago que ejerce un papel protector de la mucosa gástrica, tapizándola y dificultando el reflujo gástrico hacia el esófago; también regula la acidez estomacal y genera sensación de plenitud.
Estudios realizados en distintos países sobre las algas, demuestran propiedades anticancerígenas (sobre todo a nivel de colon y mamas), debido en gran parte a un principio activo: la fucoidina. En Japón se ha comprobado que funciona como un quimioterápico, disminuyendo la virulencia y la progresión de los tumores. En laboratorio ha mostrado una eficiencia de 84% en la eliminación de cáncer intestinal. Si bien no se conoce exactamente su mecanismo de acción, al parecer tiene que ver con la estimulación del sistema inmunológico (kombu y fucus).

Muchas algas tienen un efecto fluidificante de la sangre. Algunos investigadores lo atribuyen a un principio anticoagulante (similar a la heparina), que no solo previene el infarto sino que favorece la eliminación de grasas del círculo sanguíneo, bajando el colesterol malo (LDL) y subiendo el bueno (HDL). En función a esto puede afirmarse que actúan como limpiadoras de la sangre.
Las algas poseen un delicado efecto antibiótico y actúan selectivamente en la flora intestinal (sobre todo en el colon), eliminando las bacterias que producen sustancias cancerígenas. Las algas oscuras (o pardas) tienen el poder de prevenir el ictus, neutralizar el efecto tóxico del consumo de sal refinada y reducir la tasa de colesterol. Para los deportistas, las algas aportan mejoras en la circulación, la oxigenación y la resistencia a la fatiga.
En general, las algas combaten los efectos de las radiaciones (rayos X y radioactividad) y la contaminación con metales pesados (plomo, mercurio, estroncio, cadmio) y sales tóxicas (nitritos, sulfuros). Esto se debe en parte a su riqueza en yodo y  en parte al contenido de alginato de sodio (kelp y cochayuyo), lo cual evita la fijación de aquellos en el organismo y favorece su eliminación (en el intestino se transforman en sales insolubles que se descargan del cuerpo a través de las heces). La experiencia más importante de este efecto quelante, ha sido la del pueblo japonés, tras las explosiones atómicas de la Segunda Guerra Mundial. Incluso las kombu han demostrado la propiedad de eliminar los isótopos radioactivos aún cuando ya estén alojados en la estructura ósea. De allí se justificación da fama como desintoxicantes y depurativas.




En la medicina oriental son conocidas las propiedades de las algas para evitar estancamientos corporales(hinchazones, nódulos, bultos), mejorar el metabolismo corpóreo del agua, estimular el bazo y el páncreas, limpiar el sistema linfático y alcalinizar la sangre. Única precaución sería para los hipertiroideos, en cuyo caso conviene siempre la consulta médica. En estos casos se puede hacer uso de las espirulinas, que son bajas en yodo, al provenir de aguas dulces.

El exterminio de los onas. Escrito de María Andrea Nicoletti.

Profesora en Historia (Universidad Católica Argentina, 1986) y Doctora en Historia de América (Universidad Complutense de Madrid, 1989).Radicada en Neuquén desde 1989. Actualmente, Investigadora Asistente del CONICET con sede en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Comahue, con colaboración externa en el equipo de investigación sobre Historia de la Educación Regional dirigido por la Lic. Mirta Teobaldo.Investigadora de la historia argentina de los siglos XVIII y XIX, en particular la de la Patagonia. Actualmente, como Investigadora Asistente del CONICET (Argentina), trabaja sobre el proyecto "La imagen de la Patagonia y sus habitantes en el ideario salesiano". . Expuso comunicaciones o ponencias en veinte congresos y reuniones científicas.Disertante en veinte cursos de capacitación para docentes de los niveles Medio, Primario e Inicial, sobre Ciencias Sociales. 
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A José Menéndez, me entero por el diario La Nueva España, se le piensa honrar con el nombre de una calle y un monumento en su ciudad natal, Avilés, en Asturias, España. Este señor ha sido el primer eslabón de la familia Menéndez Behety, propietaria de una de las mayores fortunas del cono sur. La historia la escriben los vencedores, se suele decir, y me ha extrañado que entre los descendientes de José Menéndez, haya historiadores fieles a defenderle de manera subjetiva. Los indios onas o selk´nan, como ellos mismos se denominaban, llegaron a tener unos 82 linajes, hasta que fueron aniquilados por los cazadores de indios, entre ellos un tal Alexander Mac Lennan, más conocido como el Chancho (cerdo) Colorado. La historiadora canadiense Anne Chapman, doctora en Antropología por la Universidad de Columbia (Nueva York) y doctora en Antropología por la Universidad de la Sorbona (París) opina que “la célebre matanza de Selk’nam perpetrada en Cabo Domingo por el Chancho Colorado, administrador de las estancias de José Menéndez, dejó un saldo de 400 cadáveres esparcidos e insepultos ( citando a La Patagonia Trágica de J. M. Borrero). Según el libro. “La Guerra de Chile Chico”, de Francisco Campo Ducasse, en una edición de la Universidad de Viña del Mar, Chile, “para el salesiano Maggiorino Borgatello, una de las principales causas de la extinción era la actitud del gobierno argentino que comenzó a vender a los europeos extensísimos campos en la Patagonia, sin pensar que había en estos campos numerosos indios que de tiempo inmemorial los poseían y con toda razón estos se creían verdaderamente sus dueños. Deberían haberles dejado una buena porción de terreno donde pudieran reunirse y poder vivir como habían hecho hasta ahora de la caza y de sus pequeñas industrias. En lugar de eso no pensaron para nada en los indios”. María Andrea Nicoletti, en su trabajo “Los misioneros salesianos y la polémica sobre la extinción de los selk’nam de Tierra del Fuego", publicado por la Universidad Nacional de Comahue, Argentina, afirma que uno de los misioneros, monseñor José Fagnano escribía al ministroAmancio Alcorta acusando a Menéndez de «dar caza a los indios, sea por sus peones que van haciendo excursiones en los bosques, sea por la policía, cuyo inspector vive en la misma estancia del señor Menéndez; y los agentes policiales, distribuidos en los puestos que sirven de ovejeros». En la polémica historiográfica entre los salesianos, opina Lorenzo Massa, también intervino el historiador oficial de las familias Braun, Menéndez y Behety. Así Armando Braun sostuvo, junto a los historiadores de la Academia de la Historia y con algunos salesianos (Entraigas y Massa), un intercambio epistolar con el que buscaba suavizar el buen nombre de sus antepasados y la «honra de los meritorios pioneros» (Revista eclesiástica 1936: 59), justificando la extinción de los selk’nam por una «absoluta inadaptación física a la vida civilizada» (Revista eclesiástica 1937a). Lo cierto es que la estancia (el rancho) de los Menéndez Behety es utilizado ahora por el turismo y se recuerda los generosos aportes presuntamente filantrópicos de José Menéndez a la Escuela de Miranda, el barrio avilesino donde nació, entre otras donaciones. 



María Andrea Nicoletti es profesora en Historia (Universidad Católica Argentina, 1986) y Doctora en Historia de América (Universidad Complutense de Madrid, 1989). Radicada en Neuquén desde 1989. Actualmente es investigadora asistente del CONICET con sede en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Comahue, con colaboración externa en el equipo de investigación sobre Historia de la Educación Regional dirigido por la Licenciada Mirta Teobaldo. Asimismo, es investigadora de la historia argentina de los siglos XVIII y XIX, en particular la de la Patagonia. Actualmente, como Investigadora Asistente del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Argentina), trabaja sobre el proyecto "La imagen de la Patagonia y sus habitantes en el ideario salesiano". Expuso comunicaciones o ponencias en veinte congresos y reuniones científicas. Disertante en veinte cursos de capacitación para docentes de los niveles Medio, Primario e Inicial, sobre Ciencias Sociales.

Nicoletti considera que "El violento distanciamiento entre los salesianos y las familias Menéndez, a causa de la extinción de los selk’nam, ocasionado por las acusaciones de los salesianos que fundaron las misiones, comenzó a tegriversarse en los escritos de la generación sucesiva, tanto de salesianos como de los mismos Braun Menéndez. El centro de la polémica, que avivó las opiniones de Fagnano, de 
AgostiniBeauvoir y Gusinde, puso el acento en la violencia y la muerte injusta e indiscriminada de los selk’nam. Así, los antiguos enemigos se convirtieron en cómplices e hicieron una lectura de la historia que intentaba superar viejos rencores, correr de la escena de la violencia a la familia prestigiosa y ante lo inevitable: la desaparición de los selk’nam, buscar una explicación muy alejada e aquella que con justicia esgrimieron sus protagonistas".
Joaquín Bascopé, escribe en su libro “Tres notas sobre la colonización de la Patagonia Austral": “El 'problema ona' en Tierra del Fuego, acerca de la necesidad de su evacuación ­pacífica o sangrienta ante el avance ganadero. Las denuncias del padre Fagnano a José Menéndez, así como el acalorado debate entre aquél y el gobernador chileno Señoret, respecto a la deportación de los indios a la misión de isla Dawson, fueron algunos de los episodios. Bascopé aconseja para el primer episodio leer la obra de José Manuel Gómez Tabanera “El emigrante asturiano José Menéndez (Miranda de Avilés, 1846-Buenos Aires, 1916), "Rey sin corona" de Patagonia y Tierra del Fuego (Chile / Argentina) y la extinción de los indígenas”, Boletín de Estudios Asturianos, 119, 1986: 937-979, pp. 944-960.
En el blog calbayaheu se publica que “ en la primera decada del siglo XX, Alejandro Mac Lennan fue "un siniestro personaje escocés, colaborador de Jose Menendez, a quien ayudó a fundar sus estancias. Mclennan tenía a su cargo la misión de comandar el exterminio de aborígenes e invitó a una tribu ona, a la que él había estado hostigando, a un banquete para sellar un acuerdo de paz. Durante el banquete, Maclennan sirvió muchas cantidades de vino. Al comprobar que la mayoría de los aborígenes se habían embriagado, en especial los hombres, Maclennan se alejó del lugar y ordenó a sus ayudantes, apostados en las colinas, disparar con armas de fuego contra toda la tribu. Monseñor Fagnano (de la Orden de los Salesianos) también lo confirmó en un escrito señalando que McLennan “ganó en un año, en premios por tan macabro hecho, la suma de 412 esterlinas, lo que quiere decir que en un año habían muerto 412 indios. Esta deplorable hazaña fue festejada con champagne, en medio de una incalificable orgía, por algunos miembros de la compañía que brindaron por la prosperidad de la 'Explotadora' y por la salud del brillante tirador”.

Eduardo Galeano asegura en su blog 'delorigen.com.ar' que "los alambrados de José Menéndez y la introducción de cientos de miles de lanares en la tierra de los onas, a fines del siglo XIX, espantaban los guanacos, 
sustento principal de los selk’nam (por su carne como alimento y sus pieles para sus vestimentas), quienes vieron una alternativa en el ‘guanaco blanco’ –como denominaban a la oveja-, desconociendo que era ‘propiedad privada’". Añade, a continuación, que "pronto, los grandes estancieros se organizaron y comenzó la cacería de los selk’nam. Federico Echeuline, mestizo selk’nam-noruego fallecido en 1980 testificaba “Y así, pa’ no morir de hambre, buscaban los animales de los Menéndez. Por eso los mataba Menéndez”. Los nuevos ‘dueños’ del país selk’nam contrataban ‘cazadores de indios’ profesionales, como  Mc Lennan, Mr. Bond, John Mc. Rae, Kovasich, Albert Niword, Sam Islop, Stewart, Peduzzi, Julius Popper, José Dias".
Luis Garibaldi Honte, mestizo selkn’am-italiano, testificaba, “después de veintiún años de explotar la tierra, trajeron unos pocos indios acá. Pero onas no vinieron más que tres mujeres: la Paula, la Raquel y la Petronila, fueron las únicas que vinieron acá, hombres no vino ninguno”.
El doctor Antonio E. Díaz-Fernández, descendiente del pueblo diaguita-kalchakí afirma que "aún espera la justicia del pueblo selk´nam de la Patagonia Austral por las tropelías de los estancieros Braun Menéndez, con la complicidad y colaboración del Estado. Los gloriosos 100 años de la Sociedad Importadora y Exportadora de la Patagonia aún esconden en sus góndolas las orejas cortadas a los onas, acribillados por sus cazadores a sueldo como el asesino Popper y sus cuadrillas de tiro.
La expansión del latifundio Braun Menéndez en territorio austral significó el fin de la cultura y la lengua del pueblo Selk´nan y otros como los Yámanas y Qawasqar o Alakalufes, todos mal llamados onas.
¿A 100 años del genocidio indígena quién juzgará estos crímenes de lesa humanidad?
¿En el “país de los derechos humanos” será posible aún juzgar a los Braun Menéndez?
¿El Estado Argentino devolverá las tierras usurpadas a los pueblos originarios y concedidas a los grandes latifundistas?
El preámbulo de la constitución reza “invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia” ¿A qué justicia y razón se refiere?"
Por otro lado, Juan I. Irigaray escribíó en Crónicas, suplemento del diario El Mundo, publicado el 6 de enero de 2008, que ante una sublevación de trabajadores que demandaban el pago de los salarios en efectivo, que se efectuaba en especies, así como otras reivindiciones, "la mejor idea del Gobierno del presidente argentino Hipólito Irigoyen ( mandatos 1916-22/1928-30)  fue enviar al X Regimiento del Ejército, que se desplazó al mando del teniente coronel Benigno Varela. Este oficial ordenó la caza y fusilamiento de los huelguistas. Unos 1.500 trabajadores -excepto Soto, que se fugó a caballo a Chile- cayeron muertos bajo las balas de los máuser y fueron enterrados en fosas colectivas y anónimas. Uno de esos osarios aún hoy está dentro de la estancia (cortijo) La Anita, que entonces era propiedad del asturiano José Menéndez. Aquella orgía de sangre saltó a la luz medio siglo más tarde, en 1974, merced al trabajo del historiador 
Osvaldo Bayer, que viajó a través de la estepa austral recolectando datos y finalmente publicó cinco tomos de su obra La Patagonia rebelde y Los vengadores de la Patagonia Trágica.
Realmente no se sabe a ciencia cierta si José Menéndez colaboró cristianemente para que tuvieran lugar  los enterramientos o actuó en complicidad con la política del gobierno argentino. El propio José Menéndez solía invitar en su estancia (rancho) al general 
Julio Argentino Roca, que había propuesto, siendo ministro de Guerra del presidente Hipólito Irigoyen, "una guerra ofensiva contra los indígenas de la Patagonia". Roca con un ejército moderno y bien pertrechado dirigió posteriormente la matanza de miles de indios en la Patagonia. El Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino es considerablemente específico respecto de los resultados de la guerra, y a la opinión que el gobierno argentino tenía sobre los indígenas:
"Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más amplio de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con un gran aparato militar, como lo había hecho la expedición del general Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, como la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas".

Las cordiales relaciones entre José Menéndez y Julio Argentino Roca, cuando fue elegido presidente de la Argentina, están reflejadas por Armando Braun Menéndez en su Pequeña Historia Magallánica:
"Con el fin de evitarle al General Roca una vuelta al Belgrano en la fría madrugada, el conocido hombre de negocios don Jose Menéndez lo invitó a alojar en su casa particular. Este hogar de Punta Arenas siempre tuvo la puerta abierta para los huéspedes argentinos; no podía faltar pues el Presidente de los Argentinos. La mansión situada frente a la plaza y a pocos pasos de la gobernación, tenía la particularidad de ser el primer edificio construido en Punta Arenas con otro material que no fuese madera. Por aquel entonces no podían fabricarse ladrillos en la localidad. Pero don José Menéndez no se detenía ante inconvenientes de esta naturaleza; ordenó traerlos de Montevideo (Uruguay); y así fue hecho " .


REFERENCIAS

FUENTES DOCUMENTALES

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s/f Caja 200a. «Escrito del Padre Pedro Giacomini "El final de la torre de Babel"».
s/f Caja 200b. «Informe sobre los indios onas atribuido al padre Manuel Molina acerca de un informe del Inspector de Tierras y Colonias Sr. Calcagnini».
s/f Caja 200c. «Informe sobre los indios onas atribuido al padre Manuel Molina acerca del informe del Inspector de Tierras y Colonias Sr. Calcagnini». .
s/f Caja 300. «Crónica de la casa de Punta Arenas».
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1900 Caja 24.4. «Diario de la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria».
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1963b Caja 201.2 (2)b. «Carta de R. Entraigas a M. Molina», 13/09/1963.
ARCHIVO HISTÓRICO DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA, BUENOS AIRES (AHHMA)
1896 «Crónica de la misión de Nuestra Señora de la Candelaria».
ARCHIVO HISTÓRICO DE LAS MISIONES SALESIANAS DE LA PATAGONIA NORTE, BAHÍA BLANCA (AHMSPN) 1890 «Rasgos etnográficos de los indígenas de la Patagonia. Imperiosa necesidad de educarlos». Escrito inédito de Domenico Milanesio.
ARCHIVO HISTÓRICO DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO (AHMREC) 1887 Caja 383. Dirección de Culto, leg. 6, 7 de marzo de 1887.
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (AGN)
1897 Ministerio del Interior, exp. 2920, leg. 417.
1912 Memorias del Ministerio del Interior, exp. 11.362.

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1895 Boletines de febrero y noviembre de 1895.
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www.rancho-latino.blogspot.com

Recorriendo Estancia Inés.


Íbamos para San Pablo cuando el viento nos invitó a buscar otro camino.


La estancia de los descendientes de Pache Bilbao.


Nos llamó la atención la cónica construcción de un ahumadero.

 

En tanto que en el suelo, según el rítmo de nuestro andar, tropezamos con este caño de ventilación.


Es el que aireaba el sótano donde se guardan las provisiones para el invierno.




Por allí el pescado seco nos hizo recordar una graciosa canción.



En la casa nos recibió el cuidador, su señora y su hija.


Vimos como en la cocina coexistían viejas y nuevas tecnologías, y las pilas se recargaban para el momento de escuchar los mensajes, en la radio.



Camino a la costa, un alto acantilado, la sombra de la tierra negra donde crecerán las melgas de papa.




En tanto que el camino, en trámite de regreso, nos mostraba el tiempo y sus efectos, bajo este puente. Y al costado este rudimentario rodillo, con el cual se fue compactando alguna vieja huella.



Era el año 1999.

Como el curanto.



Federico Guifford emigró de su Río Grande Natal por 1969. Lo hizo por una mejor oferta de trabajo petrolero y el destino fue Nueva Zelandia.

Cuando años después regresó con su esposa para finiquitar la venta de su propiedad a la Cooperativa Eléctrica, conversamos acerca de su vida.  Y al hablar de su primer migración laboral recordó que en Oceanía había una comida similar al “curanto” que saboreábamos entre chilones en el viejo Río Grande.

Esa modalidad gastronómica se conoce con el nombre de Hangi.



“Es una comida muy tradicional y que viene de una antigua receta. Este Hangi es un plato que se hace a base de carne y de vegetales. Estos alimentos se hacen bajo tierra metidos en unas cestas que curiosamente se introducen en las rocas calientes. Es una forma curiosa de hacer y es la forma en que se hacía antes”.

En Wikipedia leemos: “Los turistas se quedan sorprendidos de su sabor ya que tiene el sabor tradicional y muy sabroso. Además la forma que tienen tradicionalmente de hacer este plato es muy curiosa. Es un plato que como digo es una receta muy antigua y viene de la cultura Maorí. Además de la carne de diferentes tipos y los vegetales también se usan otros ingredientes como la patata”.

La información complementaria  señala “En muchos hoteles de Nueva Zelanda te sirven este plato y desde luego gusta mucho ya que el sabor es intenso y te lo suelen servir con una música típica Maorí. Si les gusta los platos tradicionales y que son muy populares en un país como Nueva Zelanda el Hangi es un plato muy bueno. Ya saben otro de los platos que no se deben perder cuando viajen a las islas. Además hoy todavía se sigue haciendo de la manera tradicional”.

El curanto que del archipiélago de Chiloé se enriquece con el aporte de mariscos, aunque por la zona cordillerana comunidades mapuches y campesinas suelen hacerlo con fiambres, verduras, y carnes”



La receta del otro lado del océano más grande de la tierra se resume en estos términos:

Preparar un hāngi implica cavar un pozo en el suelo, calentar rocas volcánicas en él con ayuda de un buen fuego, poner cestas de comida sobre las piedras, y cubrir todo con tierra durante varias horas antes de abrir o levantar el hāngi”.

En las costas del Perú existe otro sistema de cocción con piedras denominado Pachamanca.

El curanto en Río Grande.

De un tiempo a esta parte el Club Q.R.U tiene su oferta dominical de cocina chilena, pudiéndose comer el curanto a la olla, comida abundante y sustanciosa.





Las imágenes del caso fueron facilitadas por la curiosa fotógrafa María Cristina Bargiela.





CONVERSACIONES CON RAMÓN.9. ‘No solamente llegué a la Argen­tina, sino que llegué al paraíso’

Recobramos, en este domingo especial, el diálogo con el gran amigo Ramón García Abal.

-¿Y qué pasó cuando andaba buscando róbalo?
Carmen, su esposa-Cuando andaba pescando, que apareció un bicho y el…un pingüino y él creyó que era un monstruo.
-Eso no es para hablar hoy, es para hablar entre nosotros.

-Cuéntelo, si es entre nosotros.
-Esperando que subiera la marea, no. Siempre pescábamos cuando subía la marea, entonces quedamos ahí con él, mi suegro estaba sentado en el bote y   yo me voy mirando la playa. Allá en España cuando había temporal o eso, salían cosas en la playa.
-¿Qué cosas salían?
-Maderas, y eso. Me veo un bulto allá en la playa, me voy corriendo, muy tranquilito mirando a ver que era. Cuando iba unos 20 metros más o menos, el bulto ese levantó la cabeza, miró pa’ mi así, ¡Me cacho en la miércole! Te digo sinceramente, pague la vuelta pa’ atrás. Creí que era una fiera.
-¿Y qué era?
-Era un lobo marino, una foca, un lobo marino que estaba durmiendo, cuando sintió que estaba llegando levantó la cabeza a mirar.. ¡Mi madre del cielo! Dije a mi suegro. Una fiera. Vamos a mirar, se viene, otra que, una pisada acá, otra allá…
-Lejos…
-Qué se yo. Este sí que batió el record de los metros llanos….
-Ah, ¿Pero eran las pisadas suyas?
-Claro, y mirando pa’ atrás todavía si venía y me agarraba. ¡La miércoles ché! Ese si que me batió el récord. Una pisada acá, otra allá, lejos.




El diario El Sureño encomendó en un momento la realización de entrevistas a antiguos pobladores, las que estuvieron a cargo de Miguel Vázquez. Con una dinámica diaria realizaba las entrevistas, las desgrababa prolijamente y las publicaba en las páginas 2 y 3 de este medio periodístico.

En razón de ello es de fácil consulta en la web lo que Ramón le contó a Miguel:


¿Hasta qué edad vivió en Pontevedra?
Estuve allí hasta los 28 años en que me vine a la Argentina.
¿Qué trabajos hizo allí?
Yo de los 18 a los 28 años estuve como marino en barcos pes­queros.
¿Había podido estudiar?
Fui a la escuela, pero apenas para poder hacer una letra, yo nací en el campo y de chico -7 ó 8 años- ya andaba agarrado al arado que era de los tirados por bueyes, esa zona es agrícola, aparte que está el puerto ahí cerquita y cuando uno ya es grande­cito se embarca, trabaja a la noche y cuando llega de día va a trabajar la tierra, duerme un poco después del mediodía y a la tarde de nuevo al campo, todos teníamos que trabajar, eramos 8 hermanos, teníamos unas parcelas y también trabajábamos en otros campos, cuando nos salía una changa también íbamos, era todo tra­bajo a pulmón, no como ahora que es todo máquina.
¿Le gustaba la pesca?
Sí, a casi todos cuando son grandes les gusta, yo conocí España casi más por mar que por tierra, uno iba a vender a todos los puertos.
¿Cómo se decide venir a la Argentina?
Acá en Río Grande estaba mi suegro, Casimiro Torres, él vi­vía aquí en calle San Martín, yo me había casado en España con Carmen, y ya tenía a mi hija de 4 años -ahora es la señora de Miguel Zapata- y en el viaje de España, en el barco, nació el va­rón, pensábamos llegar a la Argentina pero nació antes, quizás apurado por el movimiento del barco, mi suegro estaba en la Ar­gentina del año 30 y él andaba en los Luchos, esos barcos que traían toda la mercadería, 12 años anduvo de fogonero creo, y después se quedó acá y por allá cerca de la SubPrefectura, tenía un barcito medio hotelcito, a medias con una chilena, y la gente del puerto se la pasaba allí, luego sacó el terreno acá, el go­bierno lo daba cedido en venta, yo también compré acá y con mucho sacrificio pude construir esta casa, cuando juntaba un pesito lo invertía acá.
Cuando llegó a la Argentina, ¿vino directamente para acá?
De Buenos Aires a Río Gallegos vinimos en un barco de los Menéndez, ellos traían mercadería a los negocios que tenían en toda la patagonia y el barco traía mercadería y pasaje, el barco se llamaba José Menéndez, eso fue en el año 1952, y de Gallegos acá vinimos en avión, recuerdo que todos los que estábamos en el hotel perdimos al avión porque nos dieron la hora cambiada y sa­lió antes, de Buenos Aires acá tardamos 28 días en llegar, de España a Buenos Aires tardamos 18 días, porque paramos 2 días en Lisboa, 2 días en Río de Janeiro, 2 días en Santos, 1 día en Mon­tevideo, con todo eso demoramos 18 días y de Buenos Aires acá 28 días.
¿A pesar de eso venía con muchas expectativas?
Uno miraba para atrás para ver si venía Franco todavía, es­tábamos mal allá, tanto fue que recuerdo la primera carta que le mandé a mi padre, allí le decía: ‘no solamente llegué a la Argen­tina, sino que llegué al paraíso’, allá era una miseria, había mucho hambre, no sabe lo que era para conseguir pan, era tremen­do, uno sufrió mucho allá, bastante, y acá estaba todo regalado, el clima no me interesaba, me interesaba que acá había qué comer.
¿Qué trabajo hizo cuando llegó?
Mi suegro, en sociedad con dos yugoslavos, tenían un bote y una red, íbamos a pescar al río Chico, pero en ese tiempo no era como ahora, uno lanzaba y ya se llenaba el bote, se pescaba mucho róbalo, teníamos una mesa y los cuchillos bien afilados y nos íbamos al chorrillo al lado de la Misión, poníamos la mesa y meta limpiar los róbalos, estábamos baqueanos ya con eso, pasábamos el cuchillo por la panza, por el lado de la espina hasta la cola, otro cuchillazo por el otro lado de la espina, un machetazo a la cola, tirar la espina y listo, ahí los lavábamos bien, los salábamos y después se secaban y se vendían como el bacalao, hasta los mandábamos a Buenos Aires, luego fue escaseando el asunto…


En las fotografías, su imagen antes de venirse de España, La quinta en invierno. Su suegro, Casimiro Torres, y sus hijas Teodomira y Cármen, esposa de Ramón.







TRIPTICA NACIONAL.LENGUA.19.El español del futuro, más simple y moderno

Dijo Andrés Oppenheimer, que una de las sorpresas agradables con las que se encontré durante una visita a España  es lo que está ocurriendo en el campo de la modernización del idioma español para hacerlo más fácil de leer y escribir.

La Real Academia Española (RAE), que, desde 1713, regula la lengua española, evalúa seriamente eliminar antes de fin de año los acentos de las palabras "éste", "ése" y "sólo". En este momento, esas palabras llevan acento cuando se les emplea en ciertos casos y no en otros, lo cual es un verdadero dolor de cabeza para muchos.
Además, en un futuro próximo la RAE podría adoptar oficialmente las versiones fonéticas de palabras inglesas como marketing , parking y sex appeal .
El Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE, que es una especie de diccionario no oficial de términos usados frecuentemente y que están siendo considerados para ser admitidos en el diccionario oficial de la RAE, ya ha aceptado "marquetin", "parquin" y "sexapil".
Los 46 jueces de la Academia, que incluyen a escritores prominentes como Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez Reverte, se reúnen regularmente para discutir si incorporan en el diccionario oficial -el Diccionario de la Lengua Española- las palabras admitidas en el diccionario de dudas. Entre las que ya han pasado del diccionario de dudas al diccionario oficial están "espónsor" y "cederrón".
En una entrevista realizada en la señorial sede de la RAE, donde cada miembro de la academia tiene un perchero con su nombre para colgar su sombrero, paraguas y bastón, el director de la Academia, Víctor García de la Concha (foto), me dijo que la globalización está haciendo cambiar rápidamente todos los idiomas. Las lenguas que no avancen al ritmo de la realidad posiblemente desaparezcan, agregó.

"Las palabras viajan mucho más rápido hoy, por Internet y por los viajes -dijo García de la Concha-. Para sobrevivir, una lengua debe ser usada por un gran número de personas, tener un idioma unitario y estar actualizada con la tecnología."
La tendencia a simplificar la lengua española no es nueva. La Academia ya ha eliminado acentos de verbos muchos años atrás. Pero ahora pretende eliminar las tildes de palabras usadas mucho más frecuentemente cuando éstas no sean indispensables para marcar la tonicidad.
Además, la Academia está a punto de publicar sus primeras reglas gramaticales comunes para todos los países hispanohablantes, en un esfuerzo conjunto con 22 academias nacionales de la lengua.
"Se están neutralizando bastante las diferencias", dijo García de la Concha, refiriéndose al español usado en diversos países. "Más del 90 por ciento del léxico es común de España con América latina."
Los críticos de la Academia dicen que, en muchos aspectos, la RAE sigue siendo una institución troglodita, que mantiene términos racistas y discriminatorios hacia las mujeres.

Su diccionario oficial aún incluye la palabra "judiada", definida como "acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de los judíos". Y mientras define la palabra "zorro" positivamente, como "hombre muy taimado y astuto", describe el femenino "zorra" entre otras cosas como "prostituta". 

¿Qué sabemos de las algas?

Un escrito de Néstor Palmetti. 

Las algas son vegetales que crecen en agua, tanto dulce como salada. En el océano constituyen el principal componente del plancton marino. Tuvieron mucho que ver con el origen de la vida en el ámbito marino, pues fueron los primeros organismos en realizar fotosíntesis clorofílica. Van desde los microscópicos organismos unicelulares (como las espirulinas) hasta las gigantescas kelp (el ser vivo más largo del planeta).
Si bien las algas mantienen un sistema de organización primitivo, realizan fotosíntesis como cualquier vegetal verde y tienen capacidad de sintetizar proteínas, carbohidratos, lípidos, clorofila, ácidos nucleicos, vitaminas, minerales y pigmentos. En las cápsulas espaciales se las utiliza para regenerar el oxígeno y, luego de secadas, se las emplea como alimento para los astronautas.
Aún no se ha tomado conciencia respecto al rol que pueden jugar las algas en la problemática del hambre en el mundo, pues son una fuente espontánea e inagotable de nutrientes que se desarrolla sin costo alguno en los dos tercios de la superficie del planeta cubierta por agua. Una razón más para detener la salvaje contaminación de los mares, de los cuales podríamos sobrevivir en un futuro cercano. Además, las mismas algas se están revelando, en experiencias de gran escala, como magníficas depuradoras de las aguas contaminadas con residuos de la actividad industrial (fosfatos, nitritos, anhídrido carbónico, etc.). Las algas también pueden cultivarse con gran rendimiento en pequeñas extensiones de tierra. Un caso es la espirulina que, comparativamente, brinda más nutrientes y de mejor calidad por unidad de superficie con respecto, por ejemplo, a la tan alabada soja.
Las algas están presentes desde hace milenios en la tradición culinaria de Oriente y de culturas ancestrales americanas y africanas. Si bien en ciertas poblaciones cumplen un rol nutricional importante (en Hawai se consumen más de 70 especies distintas), hay millones de occidentales que prácticamente las desconocen. En Argentina son consideradas como un exótico ingrediente de la culinaria oriental, pese a que nuestro litoral atlántico es un gran productor, tanto cuantitativo como cualitativo (kelp, wakame, agar-agar, cochayuyo, etc.).
Lamentablemente, casi toda la producción nacional se exporta y hay escasa difusión de sus benéficos efectos.
Objetivamente debemos considerar a las algas como excelentes integradores naturales para combatir el empobrecimiento causado por los procesos de refinación industrial de nuestros alimentos. Su ventaja es la gran concentración de nutrientes y la alta asimilación orgánica de los mismos. Como dice el Dr. Muramoto, “es un tipo de comida en el cual uno puede confiar”. Al inicio puede que no atraigan por su particular sabor, pero una vez que se las comienza a utilizar, es difícil prescindir de ellas. Luego de ingerirlas, se tiene la sensación de haber consumido algo verdaderamente nutritivo.

Hay distintos tipos de algas y se las divide en azules (hay quienes a éstas las consideran bacterias), rosadas, pardas, doradas y verdes. Las rosadas se desarrollan a grandes profundidades, destacándose entre las más conocidas a las hiziki y las nori. De algunos ejemplares de este grupo se obtiene el agar-agar, utilizado como gelificante. Entre las pardas podemos citar a las kombu, las kelp, las fucus y las cochayuyo. Las diatomeas forman parte de las algas doradas y su característica es que la paredes celulares están formadas por estructuras silíceas en lugar de celulosa. Por último, entre las verdes se destacan las excelsas espirtulinas de agua dulce. 

HISTORIAS DEL VIENTO.11: La chimenea.

Era nuestro tiempo de catequesis cuando el padre Zink advirtió que si bien, para todo el mundo, estábamos preparándonos para la primera comunión, antes nos teníamos que preparar para la penitencia.
¿Penitencia sería que nos pararan en un rincón con un bonete cónico y mirando hacia la pared, preferiblemente un esquinero?
¿O en una situación más cruel que permanezcamos arrodillados sobre granos de maíz?
¿O que se nos deje sin recreo en la escuela, y en la casa sin el postre?
¿O que tengamos que caminar para escarnio de todos cubierto con largas y fantasmales túnicas, con una vela en la mano, y golpeándonos con la otra el pecho?
Entonces seríamos penitentes, como aquellas montañas que en Cuyo se llaman así porque, según me dijeron, parecen aquellos arrepentidos de la vela escalando las alturas.
¡Es increíble lo que puede pensar un niño en ciertas condiciones de adoctrinamiento?
¡Es increíble que todos los chicos hayamos pensado prácticamente lo mismo?
Pero el Padre vino a advertirnos que la penitencia era la confesión, que significaba un diálogo con el sacerdote que escuchando nuestros pecados, y nuestro serio arrepentimiento, prescribiría un castigo, una sumatoria de oraciones, tras lo cual habríamos limpiado la chimenea.
En el colegio ya no había chimeneas en uso, algunas quedaban de la época de la leña y el carbón pero el pueblo estaba inaugurando desde hacía unos pocos años el sistema de gas natural por redes, y dentro de las chimeneas pasaba un caño de ventilación por donde se aireaban los calentadores a velas permitiendo que las emanaciones no afectaran nuestra salud y fueron liberadas a los altos y fuertes vientos del sur.
Alguno dijo: Padre, ¿cómo es eso? ¡Ya no se usan más las chimeneas!
El cura dijo que tendríamos que caminar media cuadra, y entramos de sopetón en casa de la costurera que tenía su taller tan cerca, y que poseía además una chimenea que alimentaba con leña. La mujer estaba nerviosa, no se terminaba de acostumbrar a las informalidades de este cura que todavía no era visto como el cura gaucho, simplemente porque en la ciudad no tenía caballo.
Se dieron las explicaciones del caso, y ella asintió a facilitar su hogar para el experimento. Seríamos una docena de chicos en una casa a la que no conocíamos, el hijo de la costurera, él algo mayor que nosotros y estaba de pupilo en la misión. La madre cerró la puerta que daba al cuarto de este joven, para que no entráramos a curiosear, y dijo que alguno tendría que ir al fondo romper algunos esqueletos de cinzano allí amontonados, y con esa madera se haría el experimento. La chimenea de la casa estaba destinada a momentos ceremoniales, íntimos o solemnes, y para eso se había conseguido una madera roja –la habían comprado en un barco- pero la otra estaría bien, para el experimento.
Muy pocos de nosotros sabíamos hacer arder una fogata, pero el cura era práctico y resuelto. Mientras desarrollaba su tarea hablaba del aire que permitía la oxigenación de la llama, hasta que el recinto se comenzó a llenar de humo. La dueña de casa corrió a abrir una ventana, ventana que no se habría hacía un buen tiempo, y con el tirón se desprendió parte de la masilla seca de alguno de los vidrios.
Ya no escuchábamos lo que el cura nos decía, nosotros también no alejábamos de la humazón y al rato estábamos a fuera, con el cura que nos arreaba otra vez al colegio, explicándonos  nuevamente el cuadro sacramental de la penitencia “y la necesidad de tener la chimenea limpia” si queríamos mantener nuestro fuego interior.
En resumen, si no estábamos ventilados de todo pecado no podríamos recibir al cristo sacramentado.
Cuando  falleció el Padre Zink, hace una década, el doctor Bitsch me pidió que escribiera algo sobre él y yo recordé las virtudes de su primera confesión. ¡Cómo también recordé sus cálculos mentales!
Pero ahora viene al caso un episodio menor que ocurrió unos años después.
El cine local exhibía la cinta de Walt Disney llamada Mary Poppins. Y fue por ello que algo después nos pusimos a conversar sobre lo visto –por entonces se jugaba a representar lo que se venía en el cine- y con ello apareció la Canción del deshollinador.
Alguien recordó la metáfora de “limpiar la chimenea”, y pensamos a la vez que el Padre Zink podría darnos un sermón sobre este tramo de la obra cinematográfica.
Así nos pusimos de acuerdo que si el día estaba al lindo, el sábado siguiente podríamos ir a la Misión, el nuevo destino del cura, donde lo sorprenderíamos con un ¡Viva River!, y tal vez nos dejara andar  en uno de sus caballos.
El viernes la se puso linda la primavera, y el sábado arrancamos un puñado de adolescentes para allá. Íbamos la mayor parte en bicicleta y el viento imponía condiciones a la marcha.
Cuando nos fuimos acercando, un buen tiempo adelante en el camino, tiempo que no podíamos calcular porque entonces nadie tenía reloj; vimos al cura arreglando un alambrado, como se tratara de entretenerse sabiendo de nuestro viaje.
¡Qué momento tan alegre!
Fuimos hasta la cocina donde pidió que se nos preparara cascarrilla, sacamos nuestro equipaje de comida. Preparada por nuestras madres en una cantidad que hubiera permitido sobrevivir varios días. Y nos dimos a hablar de cosas pueriles. ¡El cura no se acordaba bien de cada uno de nosotros! De allí que todos éramos Gauchito, Gauchín, Amigazo, Campeón.
Pero en un momento  cuando bendijo la merienda –al término de la ingesta- se puso serio y nos preguntó: -¿Cuánto hace que no limpian la chimenea!

Nos miramos entre nosotros, no atinamos una respuesta inmediata, estábamos en el secundario y ya no existía la misa semanal, ni el control dominical de la asistencia al culto. Fue entonces que uno más encarado que yo comenzó a contarle la película, y la duda que nos había asaltado, sobre la chimenea que había que mantener limpia y la tarea del deshollinador al que se lo veía sucio pero alegre cantando y bailando en las terrazas de Londres.



El cura nos llenó de preguntas porque no había visto la película, no había escuchado el tema por la radio como le afirmamos se podría hacer, porque ese tema y otro de nombre extensísimo era los éxitos del momento.
Le hablamos de la señora que volaba con su paraguas, de los chicos con padres que no se preocupaban mucho por ellos, las cosas que nos fuimos acordando desordenadamente. Era la primera vez que participábamos, sin saberlo, en un cine debate.
El cura suspiró un par de veces y entonces dijo: -¡Gauchitos miren la hora! Van a tener que pensar en volver, tendrán viento a favor en este caso, pero no se enloquezcan pedaleando. Y con respecto a lo que me dicen, de la película y la canción, a mí me parece que está claro. El deshollinador es un tipo de suerte, y esa suerte se traslada al que le dé su mano. Yo por ser cura soy como el deshollinador, el que les limpia la chimenea, solo con la chimenea limpia se puede recibir al Señor, que es la mayor suerte que puede tener un cristiano. Así que gracias por venir a darme esta mano, pero recuerden: -Si no tienen a este cura cerca habrá otro, que los ayude a oxigenar el fuego de sus vidas.
Si no lo dijo así, lo dijo parecido.
Todos quedamos como en silencio. El cura nos pidió que dejáramos lo que no habíamos comido, sería para muchos chicos pupilos, con padres en Patagonia, que tomarían lo que nos sobraba como un gran regalo.
Esa era al fin una buena penitencia, o no.., porque era dar solamente aquello que nos había sobrado.
Al rato ya subíamos a nuestras bicis, el viento no dejó escuchar algunos gritos provocadores hacia el cura, como los que al alejarse le dijeron: ¡Viva Boca!
Pero el viento si nos trajo la alegre voz de aquel maestro, que nunca había visto la película de Disney, pero que sin embargo, agitando su boina, nos decía –como la otra canción de la cual en ningún momento habíamos hablado:

-¡Supercalifragilistico –espialidoso!



EVOCACIONES ****Enriqueta Gastelumendi nació el 15 de julio de 1913 en la estancia Viamonte. Departamento de San Sebastián.

Fue una talladora artesanal considerada uno de los mayores exponentes de la cultura de la región, y una de los últimos descendientes directos del pueblo Selknam, mestiza, hija de madre selknam y padre vasco. 


Ella era la menor de cinco hermanos, sus padres fueron María Felisa Cusanchi y Ramón Gastelumendi. En aquellos años, la población de Onas –o Selknam– había disminuido drásticamente; de cuatro mil nativos que habían en 1880, solo quedaron unos quinientos en 1905, amparados por las misiones salesianas y la misión de Bridges en las estancias Harberton y Viamonte. 

Cuando Enriqueta cumplió cinco años, se trasladaron a la estancia Harberton, y más adelante a la estancia Moat, donde fallece su padre, con quien tenía una excelente relación. La nativa de la Isla con Jesús Varela tuvieron nueve hijos: Jesusa, Isabel, Esther, Dionisia, Ángela y los que fallecieron: Enriqueta, Celestino, Jesús y Amanda. 

En segundas nupcias estuvo casada con José Santín. La escultora autodidacta comenzó a tallar figuras de animales de la zona, en madera de lenga y ella utilizaba las herramientas mínimas indispensables. Tenía un don especial, porque no había cursado la escuela. 

Más tarde, cuando el director de Cultura Ego Nicolás Pereda fue hasta la Cabecera del Lago Fagnano la invitó para que enseñara su arte en la capital fueguina. Así fue que en 1973 se trasladó a Ushuaia. 



La mayor parte de sus tallados se llevaron los turistas que visitaron Ushuaia, desde todos los países. Los turistas veían sus obras, a través de la ventana de su casa, en la céntrica calle San Martí y Rivadavia. 


También las autoridades les encargaban algunas obras, cuando tenían que entregar algún presente a personalidades que llegaban a Ushuaia. 

Doña Enriqueta falleció a los 91 años en 2004.