EL BOTERO

Por una invitación del Profesor Santiago Soto disertamos en ja jornada inaugural del Segundo Congreso Provincial del Foklore. Allí, en el Salón Héroes de Malvinas del IPRA elegimos un título extenso 

Dábamos respuesta a un pedido formulado por el Padre Juan Esteban Belza, hace casi 40 años.


En un tiempo de transición entre la infancia y la adolescencia tuve mi primer conocimiento de la palabra “folklore”. Y fue a través de una revista que compraba en el kiosko de Guillermo Lindstrom,  situado en la plazoleta de la Avenida Belgrano, frente mismo al hotel Atlántida.
La publicación se llamaba: Todo es Folklore.
Había otra llamada: Todo es Historia; y yo era comisionado por mi padre para comprarla. Él se paraba en la puerta del hotel, del que era conserje, y veía las revistas que colgaban en alguna de las ventanas del comercio.., a unos treinta metros.
Papá tenía entonces buena vista y así salía yo con los billetitos arrugados en uno de mis últimos pantalones cortos.  Mi padre leía cada artículo y luego brindaba un resumen oral del mismo, casi siempre de sobremesa. Pero un día volví con una revista de título parecido. Mi padre se había equivocado, o yo, y Lindstrom no quiso devolver el importe. Mi padre fue y le dedicó una pieza oratoria de gran valor folklórico y un poco le dedicó la guerra al gringo ese.
Y como yo debía tener también algo de culpa me sentenció: -Vas a leer cada uno a uno  los artículos y después de vas a contar de que se trata.
Y así lo hice anotando en un cuaderno borrador las noticias de la incipiente farándula musical del género, referencias  algunos festivales que se estaban gestando en el interior del país, biografías de apellidos ilustres de la búsqueda de la identidad nativista: los Ábalos, los Abrodos; y otras informaciones que hablaban de tradiciones y cocina criolla.
A mi padre le gustó. Un día cruzó la calle entonces pavimentada solo en media calzada y volvió con las dos revistas del “Todo”, y me entregó a mí la folklórica mientras él se compenetraba de la histórica,  mientras e n el hotel se esperaba que en esos años de recesión económica para el pueblo apareciera de pronto algún viajero.
Con los años las dos revistas fueron creciendo en sus respectivos montoncitos, pero la folklórica dejó de salir, la otra constituye una parte importante de mi biblioteca de consulta, puesto que  aun después de la muerte de su mentor –Félix Luna- se ha seguido publicando.
De la Todo es folklore no sé qué pasó. Tal vez si la salida de mercado hubiera sido inversa hoy yo no estaría identificado como historiador, sino como folklorista o folklorólogo, y fue por eso que cuando Santiago Soto me ofreció la posibilidad de participar en este Segundo Congreso acepté con entusiasmo.
Cierto es que debía ingeniármelas para llegar aquí sin tener que aprender  a bailar el Pericón, ni tener que cantar un Yaraví.  Y pensé que desde la memoria con el ayer podría sustentar una propuesta que  luego –los artistas del medio- podrían traducir en algo que he denominado  “Hacia una coreografía de la nostalgia”.


CUANDO EL PUEBLO ERA CAMPO.
Lejos de aceptar aquella denominación de “vagos y mal entretenidos” con la que han sido identificados los viejos argentinos que sudaban lo suyo en la periferia de la ganadería, y que parecen ser germen del compadrito que con el tiempo fue artífice de una personalidad nacional, he tratado de encontrar en ese sustrato del ayer al hombre de trabajo y sus virtudes.
Y el hombre de trabajo estaba modelado por  el sistema económico imperante.
Par el caso fueguino el proyecto era la oveja. Las vastas comarcas que en otro tiempo eran territorio de vida y caza para los pueblos originarios fueron –despojados estos y sus guanaquerías- el lugar donde la estancia adquiriría las formas del progreso, la oveja su producto de exportación, y junto a ella un conjunto de trabajadores rurales, de los más diversos orígenes, envueltos en situaciones migratorias que en muchos casos –tal vez el primordial fuera la esquila- trabajaban un tiempo aquí para luego poder volver a su lugar y tratar de sobrevivir el resto del año.
El trabajo era una cuestión de temporada. Y el lugar de desempeño era la campaña.
Como puerta de entrada a estos grupos humanos se fue consolidando un pequeño centro urbano, nacido espontáneamente.
Un puerto que recibiera a algunos y despidiera a otros.
Y ese fue Río Grande.
Para septiembre comenzaba a llegar la gente que asistía al momento de la parición del cordero y que sería la mismo que abandonaba el lugar cuando con primeros fríos crudos: digamos en mayo, dejaba a los lanares en sus campos de invernada.
Algo similar ocurría del otro lado del río, donde no existía el pueblo de manera nominal, sino la gran industria fueguina: el Frigorífico: con faenas que durante varios meses traían contingentes calificados o no que aprovechaban el verano duplicando la población estacionada en la zona. El pueblo invernal veía reducida su actividad, tan solo algunas semanas –cuando llegaba el caponero- la silenciosa tarea de los portuarios daba un ingrediente productivo al lugar. Entonces los hombres movilizaban los corderos y las ovejas congelados  que partían con un destino inglés, los embarcaban en un pequeño vapor, y en medio del mar la linga de un gran caponero los esperaba para su destino final, sin que se quebrara la cadena de frío. Eso los hacía a estos hombres medio marineros, sacudiéndose en las aguas cercanas al cabo Domingo, o San Sebastián, subiendo toda nuestra producción para el navío que luego completaba sus bodegas con los embarques de otros lugares de la costa patagónica.
De un lado estaba el pueblo VIP, el frigorífico, que tuvo electricidad ya en los años 20, del otro nosotros que debimos esperar 20 años.
Los aviones aterrizaban allá, había hasta.. ¡una pileta de natación!
Al norte el pueblo era un caserío disperso, con tres grandes almacenes de ramos generales, y con cada casa destinando un espacio para actividades de sustento: la casa del panadero, la del zapatero, la del carpintero.
Como los terrenos otorgados eran inicialmente de 50 por 50 podía haber  cuatro adjudicatarios por manzana, lo que casi hacía innecesario denominar aquellas primeras y barrosas arterias. Por otra parte solo hasta recién entrados los cuarenta el gobierno autorizó a realizar denominaciones.
Ese pueblo que tenía agua cuando llovía, luz de la vela o la lámpara a kerosene, y calefacción de leña caída en el campo o el poco carbón que traían los barcos; dependía del campo y sus actividades estacionales para vivir, por eso afirmamos que nos referiremos a un tiempo CUANDO EL PUEBLO ERA CAMPO.
Pero ambos mundos –la margen norte y la margen sur- debían unirse, no podían estar separados.
Y en todo eso aparecía un personaje que dotó de identidad a nuestro lugar..
EL BOTERO.
Como una reliquia de tiempos que no volverán sobrevive en este nuevo siglo Doña Ariela Saldivia (foto izquierda) , y todavía quedan algunos que cruzaron el río con ella.

¿No había otra forma de cruzar que en bote?
Existía un puente, colgante, pero  llegar al otro lado había que dar un rodeo de 27 kilómetros. Eran años en que el principal medio de locomoción era el caballo, lo que suponía más de media jornada de travesía. El automotor era un privilegio para unos pocos, y el bote era después del caballo el  segundo medio de transporte en importancia.
El trabajo de Ariela se extendió aun en los días en que se estaba construyendo el puente General Mosconi.
Antes que ella, Don Sixto Alderete, (foto derecha) realizaba briosamente las travesías. Él vivía en la periferia del frigorífico, en esa tierra de nadie que se medía en cincuenta metros desde la línea de marea alta. Espacio que era cedido graciosamente y temporariamente por la autoridad marítima, representada por la Prefectura; la que para entonces fiscalizaba el otorgamiento de permisos para trabajar con el bote.
A eso se agregaba que su marinería viajaba sin cargo, estando las embarcaciones de la institución en un permanente dique seco, gracias a las concesiones de los permisionarios.



Un tiempo antes bramó de costa a costa la lanchita de Platillo que había adaptado un motor Chevrolet que arrancaba con profundas aceleradas a riesgo en algunos casos de impedir que el motorista llegara rápidamente hasta la popa, para convertirse en timonel.


La embarcación tenía un espacio cubierto, que protegía del oleaje, y que con caballerosidad era cedido a las damas que emprendían la travesía. Las damas eran madres de familia, mujeres que viajaban al Hospital del Frigorífico para una atención de alta complejidad, por ejemplo rayos X, alguna enfermera, maestras..

Platillo igual tenía sus remos, y dos pares semiocultos, puesto que en más de una oportunidad el motor falló y la correntada –en medio del río- amenazaba con llevárselo al Atlántico.
Estaban los que preferían cruzar en este moderno artefacto, y los que preferían la simplicidad del bote.
En algún momento, entre los cuarenta y los cincuenta llegó a brindarse el servicio por tres botes simultáneamente.
Fue cuando se impusieron las leyes de defensa del obrero, entonces hacer la faena del frigorífico no era una tarea de sol a sol, de lunes a domingo, sino que existía un tiempo libre que ofrecía el fin de semana la posibilidad de despuntar el vicio por el lado del poblado.
Viniendo era más fácil, yendo todo se complicado. La gente solía salir inestable de los bares al copeo y las casas de remolienda, y esa inestabilidad se trasladaba al bote.
Por entonces se registraron lamentables accidentes, y alguien contaba: -Iban al medio del cruce, un borrachito se levantó, tal vez peleando con otro, la embarcación se zarandeó, con el viento, y de pronto hizo vuelta de campana.
Nadie usaba salvavidas y las posibilidades de sobrevivir en nuestras aguas, aun en verano siempre fueron mínimas.


Del lado norte existió por años el hotel de Pedro Triviño, a tal punto que el lugar donde hoy se levanta el Club Náutico se llamó Punta Triviño, nombre que conservó aun después que la petrolera Tenneessee levantar el malecón para facilitar la recepción de materiales en la primera hora de la explotación de hidrocarburos.


Triviño debió desalojar el lugar cuando se impuso como medida de seguridad levantar el caserío lindero a la Prefectura Norte, el lugar fue cedido a Menón un marinero prefecturiano.
Estos negocios de playa siempre brindaban algo para calentar el cuerpo. Es memoria que por aquellos años, en lugar de moneda, se daban por vuelto pequeños vasos de ginebra. Allí se esperaba la llegada del bote del otro lado. El comportamiento era inorgánico, no se hacía fila. El botero, muchas veces con mal genio advertía que ese sería su último viaje, así que algunos tendrían que esperar hasta la próxima marea.
Porque la marea era la que mandaba.
El bote cruzaba cuando el río estaba ancho. La fuerza del mar equilibraba el torrente del curso de agua y en esa calma el botero enfilaba río arriba. A cierta altura de travesía se dejaba arrastrar por el caudal descendente y orientaba con los remos la aproximación a la otra costa.
En la segunda parte de la travesía mejoraba el humor del botero, y en muchos casos ofrecía los remos a algún valiente que se atreviera a llevar a buen término a el pasaje que en algunos casos comprendía una docena de almas.
Un cruce sin grande preocupaciones podía durar media hora.
Si el tiempo venia mano el botero se ponía mañoso, llegando a cobrar una tarifa mayor. Pero en algunos casos era la Prefectura que decía que no, enviando un marinero con la orden, levantando una bandera roja de peligro, o bien con un tiro de fusil por sobre la cabeza de los ocupantes del bote.
No me ha sido posible dar con un testimonio sobre cuanto costaba la tarifa de cruce. Pero si testimonios que dicen que eran inferior por persona a lo que podía cobrar un auto alquiler que llevara al pasajero hasta la Punta Triviño. En el transcurso de la disertación Ema Gallardo de Legunda recordó que por 1969 el cruce salía 5 pesos, con un adicional de 2 en caso de marea alta.
En el frigorífico las distancias eran más costas.
Y allá estaba un personaje memorable Mirko Milósevic.
Empleado primero por la Compañía Frigorífica Argentina, y después por CAP, era él un hombre de siete oficios, y uno de ellos era el de botero.
Yo he cruzado en más de una oportunidad las aguas del Grande de sur a norte en un bote de CAP. Días lindos de verano en que hacíamos nuestro week end en su casa, con Mirko éramos medio parientes, hasta que a cierta hora cruzaba a las mujeres y los niños mientras quedaban allá en su casa, o en el club de empleados, los choferes que nos habían conducido recorriendo los 27 kilómetros.
¡Qué alegría estar cerca de casa evitando todo el traqueteo!  Hay que recordar que entonces no había límite de pasajes en los vehículos, cinturones de seguridad, y se viajaba cubierto por lonas en las camadas; hasta tengo la impresión que todavía no se habían inventado los amortiguadores.
Los choferes esperaban el regreso de Mirko para iniciar las partidas al cacho.
El río cobró sus víctimas. Alguien que por la noche se perdía en La Vega, veía las luces lejanas como cercanas, y terminaba ahogado o congelado en un zanjón.
Pero también la tragedia alcanzó a botes que volcaron con todo su pasaje. Recordado fue el caso del bote de Baldomero Barrientos, que dejó una viuda con varios niños en la indefección, o del español Lijó –algunos dicen que era portugués- que sumó cuatro víctimas a los once que murieron cuando calló el avión de Aerolíneas en 1951.


El que moría en el bote difícilmente era recuperado, terminaría allá, no sé dónde como alimento de las centollas, eran nuestros desaparecidos..
La Prefectura lo único que podía hacer era por unos días prohibir la recolección de agua en el río, para evitar riesgos de contaminación ante la posibilidad de un cadáver en el río.
Este es el mundo en que se movían nuestros boteros, no siempre dedicados al remo como actividad exclusiva, para algunos el cruce era el principal medio de vida, para otros una tarea accesoria.
Tal si se hubiera inventado la calificación de “servidores públicos” ellos hubieran sido los primeros.
Me parece verlos tremendamente abrigados, en años sin ropas impermeables, sudando y sudando a cada impulso que no ayudaba a cruzar el río, carajeando a diestra y siniestra, y saludando al final con respeto.
La gente llegaba con sus perros, pero las mascotas rara vez subían, existían el dicho “más serio que perro en bote”, pero no tardaban en cruzar atrás de la embarcación. Al llegar al otro lado se acercaban a sus amos, y se sacudían, terminando de mojar a los que ya tenían bastante agua en el cuerpo.
Los boteros tenían una prenda insustituible: las botas de goma.
Así vamos terminando nuestra intervención, pensaba con mirada histórica y folklórica, sobre un personaje de nuestro ayer pueblerino. Quedará a los aristas hacer germinar esta forma de vida y trabajo, cosa en la cual uno siempre está esperanzado. Dibujar el futuro es tarea de los artistas, práctica en la cual el folklore aquilata cada vez más méritos.
Armaremos un cuadro costumbrista, un ballet, inventaremos una danza al ritmo de los remos, bailaremos con botas de goma.
Y buscaremos una pareja para nuestro botero, tal vez la enfermera, tal vez la tía soltera que acompaña a los sobrinos al vacunatorio..
PROMETEMOS VOLVER
Para dibujar otras identidades que no deben perderse, como la del Cantinero, el  Aserrador,  el pocero…
Mientras tanto mi agradecimiento a todos los que hacen posible este encuentro, y a todos los que lo harán crecer.


POST DESRIPTUM.
Luego de la disertación vino la conversación: Ema Recordó a Cachorro y observó que se podría haber preguntado más para tener otros nombres de boteros. Pero la disertación fue un censo. Por otra parte nadie  parecía tener memoria como no ser de los años 60, cuando el cruce debe haberse establecido ni bien el frigorífico comenzó con su dinámica, al filo de los años 20.
Es de señalarse que la prefectura tiene información sobre los boteros, pero en su caso –formal como toda institución militar- aparecen identificados con sus nombres reales, y en muchos casos los vecinos los recuerdan con su sobrenombre.
Nos preguntaron sobre cuál es el ancho del río con mareas altas, y dejamos la respuesta pendiente. Hubo quien nos dijo 400 metros, otro que la distancia superaba los 900 Las modernas técnicas de google nos indicaron 518.
René Almonacid recordó que durante un tiempo como una tarea juvenil, llevaba agua a los boteros desde Obras Sanitarias de la Nación.

De los concurrentes tan solo tres habían cruzado el río en bote alguna vez.

CONGRESO PEDAGÓGICO NACIONAL – 1988 Escribe Gustavo Rolando Coppola.

Cuando llegué el 24 de Febrero de 1986 a Río Grande, ciudad del, en ese momento  Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, ya estaba en marcha el recorrido del segundo Congreso Pedagógico Nacional (CPN) que el presidente Raúl Alfonsín había convocado con el fin de repensar la política educativa nacional.

Si bien la intención era la de permitir la participación popular en todas sus dimensiones, las noticias que de algunos amigos recibíamos del norte, se referían a como los gremios y los partidos populares, y hasta sus propias internas, no permitían un desarrollo normal de las localías.

Según la convocatoria de la Nación se buscaba una participación amplia, crítica, creadora estableciendo como eje  el respeto de todas la opiniones, y buscando la garantía que en su cierre se refleje fielmente las concepciones en las que hay concordancia, los diferentes puntos de vista y el desarrollo y análisis de los problemas locales y regionales de la educación, suponiendo la convocatoria presidencial que el CPN y su desarrollo podría permitir la consolidación de la democracia, el fortalecimiento de la identidad nacional y la superación de las necesidades educativas del presente.

Las mismas se habían inundado de algunas mezquindades que denotaban una inmadurez que los sectores conservadores, a mi criterio, supieron en adelante aprovechar.
Al poco tiempo de llegar a la isla, supe de la convocatoria a la localía Río Grande  del CPN, empezando a asistir a cada sesión de la misma, en virtud de los intereses que me movían en relación a la Educación. Si bien en Río Grande militaba aún en el Ateneo Sergio Karakachoff, mi llegada al CPN fue independiente de la propia UCR, espacio del cual me fui al poco tiempo.
Las reuniones eran de unas treinta personas, asistiendo trabajadores, algunos profesionales, amas de casa, y, a diferencia de las noticias ya citadas,  tenían la riqueza de la discusión limpia, constructiva, sin dejar de citar que muchas veces había que sacar las disquisiciones catárticas que producen las discusiones sobre la Educación.
Cuando se convocó a la asamblea provincial, se produjo una elección, de donde salieron los delegados que participaron en las Asambleas del Territorio del CPN.
Las discusiones en Ushuaia fueron intensas pero muy productivas, saliendo de allí  los delegados a la Asamblea Nacional del CPN:

Por Ushuaia:
·                 la señora Dora Chelaliche (Ushuaia), militante del justicialismo en ese tiempo, y, a mi criterio, mentora de un sistema de bibliotecas escolares, que en formación y organización superó a muchas provincias argentinas.
·                y los señores Daniel Moreno y Francisco Bonvehi, militantes ambos de diferentes expresiones políticas.

Por Río Grande:
·                 la señora Stella Maris Monchietti, docente, directora en ese tiempo de un centro educativo, y una de las responsables, junto a la recordada Diana Cottorruelo, de las asamblea local del CPN,
·                 y los señores Domingo Montes, responsable en ese tiempo de la Biblioteca Popular, y que se había desempeñado como director de Cultura de Río Grande, en una de las gestiones del justicialista Esteban “Chiquito” Martinez,
·                 Carlos María Ratier, docente de una de la escuela de adultos, hombre constructor de procesos culturales y de la historia de Río Grande, 
·                 y el que escribe estas líneas.



Aunque es muy sesgada la descripción de los perfiles de los participantes, se podrá observar que los mismos, ya sea en lo personal, lo profesional y lo político de cada uno de los delegados, mostraba una diversidad que favorecía a una discusión plena, vigorosa, pero absolutamente constructiva.
Cuando observábamos como se iba a constituir la Asamblea Nacional, comenzamos a entender que existía la necesidad de observar, debatir y conocer que pasaba en el resto de las provincias patagónicas, que, por número de delegados, sabíamos que íbamos a ser una minoría casi extrema en la Asamblea Nacional.
Con 7 delegados por cada provincia patagónica (salvo Río Negro que tenía 8), sólo integrándonos pudimos superar el número de la Capital Federal (22) y acercarnos en algo a Buenos Aires (67).
Es así que, un tiempo antes de concretarse la citada asamblea, se organizó una instancia patagónica en San Carlos de Bariloche, donde consensos y disensos fueron abonados con mucho compromiso de cada delegado, y que nos permitió ir con posturas que creímos importantes para la región, diferenciándonos fuertemente en algunos puntos entre los delegados de la patagonia austral con el resto.
Saliéndonos del análisis cuantitativo, es inmedible la superación cualitativa que en la propuesta y en las acciones produjo esta integración de “sólo” 36 delegados.
La llegada a la Asamblea Nacional del segundo CPN que había sido convocado para la semana que iba del 27 de febrero al 6 de marzo de 1988 por ley nacional 23.714, se cargó de sorpresas dado que, de la mayoría de las provincias con mayor cantidad de delegados (Cap.Federal, Bs. As., Córdoba, Santa Fé), llegaban a esta instancia con pocos acuerdos, y demasiados disensos.
La Asamblea trabajaba en siete comisiones, en la escuela fiscal de Embalse, y se discutía siempre con micrófono en mano, dado que las sesiones se grababan en forma permanente, cosa que permitió una gran fidelidad de lo dicho en cada una de ellas, en los documentos que hoy se pueden ver en diferentes sitios de Internet.
Ese avance tecnológico favoreció a un sector muy importante de la Asamblea: la iglesia católica y los representantes de la educación privada.
Grupos de trabajo, coordinados por un famoso conductor de la educación católica, desde un hotel podían escuchar las discusiones de cada comisión, dado que las mismas, para que funcionen en la escuela, se entablaban a través de una onda diferente de fm.
Esta organización hizo que los sectores defensores de la educación pública como tal, se comenzaran a organizar desde diferentes actores que incluían dirigentes políticos, gremiales, sociales, así como personajes devenidos de la investigación educativa, que comenzaron a organizar reuniones que se hacían en los “bungalows” del complejo de hoteles de Embalse, y que comenzaron a concretarse a partir del bloque patagónico.
No fuimos los integrantes de este bloque quienes garantizamos en nosotros mismos una actuación organizada, consensuada, discutida seriamente, sino que justamente la concreción de un bloque fortalecido ya previamente a la Asamblea Nacional, hizo que el Bloque fuera vertebrador de acciones que llevaron a enfrentar a un gran grupo de delegados que traían mandatos muy cerrados, muy firmes, y que respondían a intereses del CONSUDEC (Consejo Superior de la Educación Católica), así como también grupos representantes de los propietarios de las escuelas privadas.
En la comisión 7 éramos cuatro integrantes del bloque sobre 44 delegados. Además del suscrito compartieron este lugar Jorge Stacco por el Chubut, quién después tuvo altos cargos en la Universidad Nacional San Juan Bosco, Antonio Cabrera por el Neuquén, y Jorge Calvo, por Río Negro, quienes tuvimos que afrentar fuertes enfrentamientos, de una interesante y profunda discusión sobre bases epistemológicas e ideológicas que luego se explayaron en el informe final de la misma.
Cada día, era levantarse, estar todo el día en la escuela, parando para almorzar y merendar, y luego de cenar, nos juntábamos en uno de los bungalow, para discutir las estrategias para el día siguiente, lugar donde había representantes del ministerio de Educación de la Nación, del justicialismo, del radicalismo y del partido intransigente, entre otros, y otros conocidos representantes de las teorías educativas progresistas que al momento se vislumbraban en Latinoamérica, algunos de los cuales actuaron después para el menemismo, que en contrario a lo que los sectores populares consideraron en el CPN, consolidaron los preceptos del Consenso de Washington, y la imposición de la estructura neoliberal en la educación de nuestra República, con la sanciòn de la ley Federal de Educación.
El último día en uno de los salones de los hoteles del complejo, se convirtió en la sede de la instancia final de la Asamblea Nacional del 2do. Congreso Pedagógico Nacional.
La discusión fue intensa, permanentemente interrumpida por aplausos, por abucheos, entre otras cosas, producidas por la discusión que se armó con cada tema entre los dos grandes bloques en que terminó conformada la asamblea.
Por un momento pareció que el CPN fracasaba, y si bien se zanjaron las cuestiones más ásperas, en lo personal siento que el fracaso se instaló cuando el presidente Menem mencionaba al CPN para justificar el dictado de la citada ley Federal de Educación y la zaga de normas, acciones y políticas que la sucedieron, que significaron un retraso en la construcción colectiva de la Educación.
Tal vez como anécdota, en la comisión 7 que trataba sobre el gobierno y financiamiento de la educación, se entablaron diversas discusiones que diferenciaban claramente a la educación pública de la privada. La reforma de la Ley Federal produce un concepto que aún hoy sostiene  la ley de Educación Nacional, promovida por el gobierno nacional actual, y que dice que existe una EDUCACIÒN PÚBLICA DE GESTIÓN ESTATAL y una EDUCACIÓN PÚBLICA de GESTIÓN PRIVADA.
Hoy en el tiempo, buscando explicaciones a cada cosa sucedida en la República, es inexplicable que la actual Ley de Educación Nacional siga conteniendo este concepto, que en pocas palabras se traduce en un gran sistema inequitativo y ajeno a los intereses de una República más justa.
Será seguro un camino de las próximas generaciones, repensar la Educación y en ella una escuela no sólo inclusiva por la permanencia de niños y jóvenes en la misma, sino por la calidad de  un proyecto educativo, que la haga comprender como necesaria para comprender la realidad contextual y proyectar críticamente a futuro, así como pensado en la movilidad social que beneficie que todos los sectores de nuestra sociedad.
Releyendo los dictámenes de las diferentes comisiones me quedan muchos interrogantes de cuanto fue tergiversado, y de cuanto fue “ninguneado” en 26 años. Entre ellos es el de observar cuantas preceptos sostenidos por los congresales se cumplieron en la letra pero que aún no se constituyen en una transformación de la realidad social.
Por ejemplo
¿ Sirve de algo asistir a las familias con la obligación que los niños y los jóvenes asistan a la escuela, si la misma no trabaja en un nivel de calidad que forme ciudadanos críticos, que puedan afrontar al mundo desde un proyecto de progreso y de movilidad social? …
Mucho para pensar, mucho para seguir pensando ya casi con 60 años de edad, que tenemos porqué luchar …


 En la imagen: Gustavo aparece en otro de sus roles: el de periodista en LRA 24.

EL RÍO.6. Conflictos. Entre petroleros...

Seguimos trayendo como cada viernes una nota de aquella publicación que tantas satisfacciones nos dio, "EL RÍO, memorias de la zona". Queda para ustedes como material de lectura, análisis y reflexión para el fin de semana. En este caso mostrando que no todo fue armónico en el ayer, sino que existieron conflictos...


La asunción del Presidente Illia llevó en 1963 a un cambio de política en materia de explotación de hidrocarburos, afectando también el statu quo productivo en el norte fueguino donde la actividad estaba concesionada a firmas norteamericanas desde 1958. La anulación de esos contratos en noviembre supuso una serie de acciones administrativas en el propio terreno de las actividades mineras, que con el concurso de personal de YPF que paulatinamente debería hacerse cargo de las tareas.

En el caso de Río Grande hubo una primera acción el 8 de enero de 1964, que motivo la intervención del Juez de Paz Don José Cabezas, porque el escribano Arrufat estaba de vacaciones, atestiguando por escritura pública y a requerimiento del Ingeniero Luis Pelella, que subrogaba por YPF en este trámite al Ingeniero Luis Calliari, y concurría “a mérito de la autorización conferida a su favor por el señor Presidente del Directorio, doctor Facundo R. Suárez”. En ella a las 14 horas de aquel día y en el Campamento de a Ruta Nacional número tres, el Superintendente de distrito Don Morris E. Kittleson, de la firma concesionaria fue informado de lo siguiente:

a) Que la intervención de esta Delegación en el Campamento de Tennessee Argentina S.A. lo es en representación de YPF y a los efectos de dar cumplimiento al Decreto Nro 744/63 con carácter exclusivo.- b) Que (..) a los fines de asegurar el normal desarrollo de las actividades esta delegación procederá a inspeccionar toda la documentación contable y técnica, como así también se le deberá informar previamente a su ejecución, de todas las ordenes e instrucciones, que impartan las Jefaturas de Tennessee Argentina S.A. que puedan tener incidencia sobre el normal desarrollo de las actividades y la producción, como así también las novedades importantes. Que así mismo las consultas que estime necesario formular esta Delegación para el cumplimiento de su cometido se le deberá evacuar en plazos razonables. C) Que a los fines de lo notificado en el punto b) esta Delegación habilitará Libro de Novedades en los lugares de trabajo, donde se dejará constancia por escrito, previamente a su ejecución de todas las ordenes e instrucciones a que se refiere el citado punto b) que impartan los Jefes de la Compañía, como así también de las novedades importantes, y de las consultas que formule la Delegación y de las contestaciones respectivas.

Kittleson no se notificará expresando que para ello no tenía instrucciones, atestiguando sobre el acto los señores Osvaldo Battaglia y Luis Loiseau..

Recién el 19 de octubre de 1965 se llegará a un acuerdo con la Tennessee que permitirá que para el 30 de diciembre YPF se haga cargo del área. Mientras tanto en la población crecía la inquietud por que se suponía que la presencia de una empresa del estado restringiría la incorporación de personal extranjero, que era el que hasta ese momento constituía la mayoría de los operarios del sector.






Manuel Berbel: Hasta el próximo recuerdo.

 Mientras estamos esperando la llegada de sus restos desde Mendoza, donde el martes lo dejó la vida, no perdemos la oportunidad de hablar de él, de María Elena, y de sus tres potrillos que tuve la suerte de tener como alumnos.

Hasta que recordé que en el capítulo 23 de mi novela Hasta el próximo recuerdo, el taxista que conduce al protagonista camino al Frigorífico es un joven Manuel Berbel..

***

Era un hombre grande, un hombre de dos pisos, el hombre más grande del pueblo. A los pocos días de entrar a la escuela le dijeron al hijo que había otro mucho más alto, que era policía. El niño lo podía creer:-¡Que lo traigan y los medimos”.
El hombre alto tenía su peso. El taxista, un joven gallego, pensó en los amortiguadores de su auto cuando se le presentaron los cuatro portuarios que debía llevar por la ruta del puente viejo, hasta el frigorífico:
-¡Tendrían que ver como se sientan, para no desequilibrar mi auto!
El hombre alto y otro de sus compañeros, que también era voluminoso pero en corta altura, parecieron incomodarse con ello.
-¡Usté quiere decir que nosotros somos un par de vacunos!.
Manuel no dijo nada, hizo un gesto para que hicieran lo que hicieran, y ellos se sentaron de tal forma que el vehículo, ancho y plano -una verdadera alfombra mágica que había llegado con las franquicias importadoras- debió marchar con la trompa levantada del lado del conductor.
Y el chofer casi iba empinado en sus talones para poder ver el camino.
La huella, el zanjoneo aquel que marcaba el rumbo con que se salía del pueblo para ir para el otro lado.

Cuando pasaron por el cementerio los hombres grandes se pusieron a reír, palmearon la espalda del chofer y se pusieron a su disposición para no incomodar en la travesía que era larga: 27 kilómetros.

***

Pensé que después de leerlo me vendría un lagrimón, ahora que el emprende otra larga travesía, pero el recuerdo me devolvió una sonrisa. Lo imagino viajando en taxi de entonces, camino al más allá, y los viejos que el llevaba los esperan al costado del camino...




EVOCACIONES*** Septiembre 25, de 1894. De salvajes convertidos a artistas..

Escribe desde Puntarenas ,  Maggiorino Borgtello a Don Rúa, sucesor de Don Bosco.

El día 10 de los corrientes fue á la Misión de San Rafael, isla Dawson, para colocar en aquella iglesia, con la debida autorización el Vía Crucis que faltaba. Noté grandes progresos.
Hallé ya construido un hermoso muelle de unos treinta metros de largo y muy fuerte, por lo que al desembarcar no nos hemos de mojar los pies como antes. Desde el muelle una larga y derecha calle conduce á la elegante iglesia, capaz de algunos centenares de personas, con su conveniente coro y ahora su Vía Crucis. Una gran cruz, levantada en medio de la amplia plaza de la iglesia, parece quiera abrazar toda la gran colonia, la que va de día en día aumentando sus edificios para los nuevos civilizados. La iglesia, la casa de los misioneros y de las Hijas de María Auxiliadora, se hallan ya circundadas de hermosos edificios para las escuelas, los talleres y dormitorios de los niños y de las niñas, y hasta para las viudas. Además, la escuela de música, el hospital, la panadería, el matadero, y, poco distante del muelle, se hallan algunos grupos de casas simétricas que forman calles derechas, donde ya habitan varias familias de indígenas. Distante de las casas y á la otra parte del río se halla el cementerio. Los indios acogidos en la colonia son muchos más; y deleita el ver lo bien educados que se muestran. A mi llegada, vinieron muchos á darme la bienvenida, á saludarme y preguntar por los otros Misioneros de Puntarenas, á agasajarme y darme la mano como á un íntimo amigo. Alegra sobremanera el ver á estos indios, tan groseros en la apariencia usar modos tan gentiles y expresar bastante bien sus sentimientos en español, á pesar del poco tiempo que hace que se hallan en la colonia. Dios visiblemente bendice esta Misión, y da grande incremento á las fatigas de los pobres Salesianos.


Al volver á Puntarenas, traje conmigo los niños indios de la escuela de música, que vinieron á alegrar con sus instrumentos las fiestas patrias que se celebraron los días 17, 18, y 19 de los corrientes. Apenas han pasado siete meses desde que tomaron el instrumento y ya lo manejan con grande maestría. Tocaron varios trozos de música religiosa en la iglesia durante las sagradas funciones; y otros durante la distribución de premios á los niños de las escuelas y dieron todos los tres días gran concierto en la plaza que arrancaron entusiastas aplausos y excitaron en todos grande maravilla. ¿Quién habría dicho, tres años hace, cuando estos jóvenes salvajes descendían de los montes que en tan breve tiempo serían tan expertos artistas? Parece un sueño; y no obstante es una realidad tan cierta y segura, que, mientras llena el corazón del Misionero de inexpresable consuelo causa grande admiración á cuantos creían que era imposible la civilización de los salvajes fueguinos.
Estos amados indios de la isla Dawson, en los pocos días que estuvieron entre nosotros, nos edificaron grandemente con su devota compostura en las sagradas funciones. A más de uno de estos habitantes arrancaron lágrimas de consuelo con el angélico recogimiento con que se acercaban á recibir la santa Comunión, y con la precisión con que servían la santa Misa, vestidos de sotana y roquete como tantos monaguillos.
¡Oh amados fueguinos, vuestras oraciones tan bien hechas, son aceptas al trono de Dios, sí, y cada día descienden las divinas misericordias sobre esta vuestra tierra y sobre vuestros infelices hermanos! Pocos días hace, nos entregaron otros nueve indios procedentes del canal Schmid, que irán con vosotros á aumentar la población de la isla Dawson; quiera el Señor conceder esta gracia á todos vuestros hermanos errantes por estas playas.
Antes de que estos valientes músicos volvieran á la isla Dawson, les fotografiamos, y su retrato se le mando, Reverendísimo Señor Don Rúa, para que pueda conocer á estos nuestros amados indios convertidos en artistas. Bendíganos, amado padre, á nosotros, á nuestros salvajes, á nuestros salvajes, á nuestras misiones: encomiéndenos al Señor todos los días en el santo Sacrificio de la Misa, y encomiende en modo especial al que le escribe, que tiene el honor de profesarse su
Devoto y obligadísimo hijo

MAGGIORINO BORGATELLO, Pbro.


TRIPTICA NACIONAL.GEOGRAFIA.20 NUESTRA GEOGRAFIA

La República Argentina en su extensión es el segundo país mas  grande de Sudamérica luego de Brasil y el octavo en extensión de la Tierra.
Limita con Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay.
Su geografía es muy variada, encontrándose mayormente llanuras en el este, serranías en el centro y montañas en el oeste.
El país se encuentra atravesado, en su extremo occidental, de sur a norte por la Cordillera de los Andes, que marca el límite con Chile.
La cumbre más alta de la Argentina (y también de América) es el Aconcagua, de 6.962 metros sobre el nivel del mar.
Según el Instituto Geográfico Militar de la República Argentina, la superficie continental americana es de 2.791.810 km². De aquí se desprenden: 2.780.400 km² correspondientes a la Capital Federal (Ciudad de Buenos Aires), 23 provincias.  El resto está constituido por los 11.410 km² de las Islas Malvinas.
A su vez, la superficie continental antártica comprende 969.464 km². De estos, unos 965.597 km² corresponden a la Antártida Argentina (territorio reclamado), incluida como departamento de la provincia de Tierra del Fuego.
Además esta superficie incluye a las Islas Shetland del Sur y las Islas Orcadas del Sur. Los 3.867 km² restantes están formados por las Islas Georgias del Sur (3.560 km²) y las Islas Sandwich del Sur (307 km²) que forman parte del departamento de las Islas del Atlántico Sur de la provincia de Tierra del Fuego.
Estos dos últimos archipiélagos más las Islas Malvinas se encuentran bajo dominio británico pero también son reclamados por la República Argentina.
La superficie total ascendería así a los 3.761.274 km².
Aún así, en esta no están incluidas: la franja oceánica argentina de 200 millas náuticas correspondientes al Mar Argentino, ni las aguas del Río de la Plata; por otra parte ante la pretensión del Reino Unido de extender su área marítima (a partir de territorios ocupados por Inglaterra a Argentina o reivindicados por Argentina) a 350 millas náuticas (aprox. 564 km) desde la línea costera de bajamar, Argentina realiza reivindicaciones de extensión marítima que se sobreponen a las del Reino Unido, especialmente en las Islas del Atlántico Sur y la zona antártica.




Mónica Alvarado y el arte de quien camina por su tierra.


El Museo Fueguino de Arte nos muestra en estos días el trabajo de la plástica ushuaiense Mónica Alvarado.


De lunes  a viernes de 9 a 19, sábados y feriados de 13 a 19.


Llamamos la atención primero con una serie de secuencias verticales.







Esto de aquí es su cartografía del límite.


Y vamos a pasar luego a otra serie, de presencias horizontales, que desafían al pie de los concurrentes.



Sus motivos son conjunción del hombre y la naturaleza, pueden ser exhibidos en un recinto convencional, pero podrían quedar también expuestos en un recodo del camino.



La poesía no alcanza para conquistar el mundo, pero sirve para defendernos en las situaciones que nos oprimen.


  El último sábado encontramos en la Feria del Libro el espacio para recordar la Fundación Poética Río grande, hecho ocurrido 25 años atrás.

Ofició de presentador Julio José Leite, coordinador del encuentro, quien recordó la significación de aquel acontecimiento: Un pueblo fundado por sus poetas, su participación inicial, su deserción.

La foto que nos remitiera Maby nos muestra a los cuatro -Patricia, yo, Julio, y Fredy, con toda la alegría que despertaban los recuerdos.


De una casa azul fueron saliendo las cosas atesoradas, algunas olvidadas, los afiches, las cartillas serían obsequiadas entre los concurrentes de los cuales hubo una sola -Graciela Cosgaya- que había estado en la casa de la Cultura el 15 de septiembre de 1989.


Se reflexionó sobre la importancia de vivir en la poesía.


Un un momento nos tocó mostrar la máscara del poder, era el capítulo más dramático de la fundación, pero -pardójicamente- fue el que hizo reir a la concurrencia u en alquel entonces ocupaba más de media sala Ángela Loij


En el desarrollo de la recordación cada uno de los fundadores trajo vivencia, leyó poemas, y Fredy trajo el poemario teatral El Secreeto -publicado en el segundo aniversario de la fundación- al que presentó con su oxidada vetustez.

Como no puede ser de otra farma: Patricia, Fredy y yo, ya estamos preparando la celebración de los 50 años.

EL RÍO.5. Usos y costumbres. Las zapatillas de Río Grande

Un escrito de   Raúl F. Sanz.

Quizá como signo de transición de una época a otra marcaron toda la década de los 90 en las que las hubo de todos los tipos, diseños, marcas, con aire, con gel, con clavijas anatómicas y hasta destelladoras.

Como epitafio para la industria argentina las  hubo de origen USA, Francia, Malasia, Rumania, Colombia, Portugal. Calidades excelentes y de las otras que quedaban hablando a las primeras posturas (pero no sabés lo baratas que estaban, ¡regaladas!)

Esta opulencia que nos tocó movilizó incluso las oxidadas neuronas de los burócratas que reglamentaron los dos pares para los gimnasios, uno para llegar y otro para usar el piso del gimnasio (quizá fue un trauma psicológico de la niñez, que dejara alguna madre, de esas que en otras décadas eran insistentes con los patines de franela en los hogares).

Lo único que no cambió fue la simplicidad y ternura de las primeras boyeritos, a decir de las abuelas, que marcaban una importante etapa para el bebé.

Luego ha venido el famoso para único tipo crisis, los pegamentos, pinturas, tinturas, cordones nuevos y etcéteras, para que tiren un tiempo más (junto con esa vocación de caminantes que nos ha surgido a todos últimamente).

Las nuevas, las que quiero que nos lleven al futuro, que sean bien hechas y duraderas, no tan innecesariamente sofisticadas, que sean Industria Argentina, o aun mejor: Mercosur.



                                                                                                


LA PALABRA ARREMETE.2. Río Grande 1989. Semana del Escritor y Fundación Poética de Río Grande.

En aquel Río Grande de los 80, ciudad en trance de embarcarse en el proyecto de provincialización, los escritores estaban escindimos en cuento a sus objetivos y propósitos.

Por un lado estaba Leonor María Piñero que propagandizaba su quehacer y el de su gente en el periódico La Ciudad Nueva y por LRA 24 en el programa Cono de Tinta Sur. Parecía ser un sector más conservador en la cultura.

Pero había otras manifestaciones en un momento de letargo de la SADE que también lideró en su hora Leonor María, y era de destacarse las actividades del Castor Literanio –que llevaba ese nombre por ser el del recinto de sus reuniones, un comercio situado en Lasserre casi Fagnano- así el referente perdurable fue Julio Leite.

Julio, con la publicación de su poemario Cruda Poesía Fueguina había generado un disenso con los sectores cercanos a Leonor que se persignaban cada vez que Leite enviaba a los Menéndez “a la misma mierda” (en el poeta que con tanto énfasis recitaba: Don Barrientos)

En ese cuadro de situación se da la realización de una Semana del Escritor, por parte de Radio Nacional. De la cual exponemos su programa.


 Resumiendo: el 13 de Junio, comienza en el Salón de Usos Múltiples del Hotel Los Yaganes, la Semana del Escritor, organizada por LRA 24 a través de los programas Cono de Tinta Sur y Radio Revista de Cultura. La convocatoria se hará en un recinto sin calefacción. En el transcurso del encuentro se presentó Deambulatorio Existencial, poemario de José Reniu Eiris, Tinta Sur de Leonor María Piñero, En el Margen de Laura Vera, En esta ciudad se escribe una novela de Anahí Lazzaroni, Antología de cuentos y Poesías de Tierra del Fuego de la Asociación Gente de Letras de Ushuaia, Permanencia de Patria Liliana Cajal, El extranjero y el hechizo de la ciudad de la bahía, una antología que reúne a varios autores en torno a la temática de Ushuaia. Y fuera de programa Fredy Gallardo con su poemario Las esquirlas del polen. Además hay disertaciones, audiovisuales, paneles, recitales y conciertos..




Pero hubo otra situación para la polémica. Fue cuando en el Concejo Deliberante se propuso cambiar la fecha aniversario del pueblo, del 11 de julio al 11 de noviembre, día de llegada de los salesianos.

La Fundación Poética partió de la base que ni en una ni en otra fecha hubo acto de fundación efectiva, y que por lo tanto eso se podía remediar con un gran recurso: el de la poesía.


  
Eso es lo que estaremos recordando en esta nueva feria del libro, el sábado 20, a la hora 21 y 30, en la 20ma Feria Provincial del Libro, en el Centro Cultural Yaganes.


LA PALABRA ARREMETE.1. La Feria del Libro y la Fundación Poética.

Estos escritos tendrían que haber comenzado antes. Pero anoche, cuando pasaba a comprar helado, recibí de la vendedora que me atendía el detonador indispensable. La TV mostraba un informativo donde se anunciaba el inminente comienzo de la 20ma feria, y de su lema: “La palabra es fundacional”, por el aniversario de la Fundación Poética. Y la chica dijo:
-¡Fundación poética! ¿Qué loco no?
Y yo, el comprador de helado era el protagonista de esa locura era uno de los locos que hace 25 años había dado vida a la puesta en escena que en la Casa de la Cultura, en la noche del 15 de septiembre de 1989 –poco antes de que den las diez- procedió a fundar poéticamente este pueblo.
Los otros fueron Fredy Gallardo y Patricia Cajal, que vendría a ser mi esposa.
La chica del helado no sabía que el hermano del dueño de le heladería fue el gran motor de la realizar de la Feria Provincial: Rubén Baliño.
Regresaba como contador a su pueblo, traía a su esposa –Claudia Maranzana- y además de su guitarra quería emprender otros proyectos. Uno de ellos realizar una feria, como la que se había dado por los años 70, en tiempos territoriales.

En esos días, en esos días el patrocinio fue de la SADE, donde emergía por un lado el nombre de Leonor María Piñero, y por otro el de un joven dinámico: Jorge Del Biaggio.
Las ferias provinciales fueron dos, se dieron en el ámbito del Salón de Usos Múltiples del Hotel Los Yaganes, y ganaron algunas presencias nacionales: Eduardo Guidiño Kieffer, Diego Angelino…
Por suerte entre nuestros amigos en Facebook lo tenemos a Jorge que se atreverá a multiplicar recuerdos.
Para esta otra hora, la provincial, Baliño vendría a ser el nuevo Del Biaggio; y por el frente nos colocaron a Leonor como presidenta, con todos sus quilates, y a mí, que traía un libro a mi haber, la Fundación Poética, mi trabajo periodístico de siempre, la docencia, y un pasar por la Dirección de Cultura de la Municipalidad.
En la gestión territorial respaldó las iniciativas doña Elena Rubio de Mingorance, secretaria de Finazas de Alberto Vicente Ferrer, el tío de Rubén, y punto de contacto con Elsa Tessier de Tortorelli la Directora de Cultura en Ushuaia.
En el nuevo tiempo no había grandes respaldos oficiales. Estaba Julián Baeza, el concejal del que Baliño era asesor, y su mamá Doris Pomponio, también concejal. Julian y Doris operaban como una suerte de interbloque cultural el aquel primer concejo que funcionó con un período de cuatro años.
El escenario de la primera feria fue también el Salón de Usos Múltiples. Allí en un tiempo anterior habíamos ensayado un Encuentro de Escritores, con el respaldo de un programa radial que hacía en LRA 24. Varias jornadas en un recinto sin calefacción, y en estación fría.
Los tiempos que vendrían serían mejores, ¡y de los otros! Pero la Feria no se ha perdido, y la Fundación.., tal vez arremeta con la palabra este sábado a la 21.30 donde podremos conversar sobre eso, esto y aquello con todos los que concurran.

Mientras tantos, la causa de mis desvelos, el recuerdo de aquellas locuras y las que se sucedieron en el tiempo –con demasiada cordura- alimentan una columna que en nuestro MENSAJERO DEL RÍO, promete continuar…

El Cristo de la hermandad...


La salida norte de Río Grande muestra como una dominante de su paisaje costero la figura de un Cristo, de 18 metros de alto, construido en lenga. Tal vez no todos se detengan a persignarse ante él, pero si existe consenso de dar ayuda al viajero. En unl ugar cercano a la rotonda donde se encuentra perdió la vida el recordado José Zink, el Cura Gaucho, en un accidente automovilístico. Pero este Cristo no mira hacia se lugar.


De la primer imagen tomada un extraordinario día de calor, extraordinario para el verano fueguino, pasamos a esta otra toma nocturna. Se produce un delito, un robo, y todo lo sustraído se encuentra al pie del mismo. Sabido es que las Escrituras hacen mención que Jesús muere entre dos ladrones, pero solo uno se arrepintió, parte de esa conducta habrá tenido el anónimo delincuente que dejó su ofrenda.


Luís Sissara fue el artesano que llegó del litoral con su habilidad, su compromiso y su fe. Su proyecto de levantar Cristos de la Hermandad viene de lejos y se ha desarrollado en diversos pueblos. La idea nada tiene que ver con la célebre competencia automovilística de "La Hermandad", aunque se haya difundido esta versión en algunos círculos menos informados sobre lo religioso, más informados sobre lo tuerca.


El Cristo tiene que aclimatarse, lo han levantado en las proximidades de una barriada con buen poder adquisitivo. Pero el  invierno se ha ensañado con él, sin la menor compasión. Santiago José Politano ha sido testigo de esos momentos en que el sol con alcanza a deshielarlo.


Hubo unos días primeros en el la Comunidad Indígena Rafael Isthon facilitó el espacio para su construcción. Entonces fue objeto de devociones como las que se perfilan en los carteles que lo acompañan. De esos días tenía buena memoria Condorito Andrade, que cubrió periodìsticamente lo que se iba viviendo, para LRA 24, y nos ayudó a recordar.


Fue hace 25 años: Fundación Poética de Río Grande.



El recorte periodístico corresponde a la revista TEMAS Y FOTOS que dirigiera el escritor Eduardo Belgrano Rawson.

Este sábado, a las  21.30, en el Centro Cultural Yaganes, y en el marco de la 20ma Edición del la Feria de Libro -que lleva el lema de  "La palabra es fundacional", los protagonistas de aquel hecho tendrán la oportunidad de conversar sobre la experiencia.

Están todos formalmente invitados.

Isabel: Blanca rosa viva.

A veces la gente me pregunta donde puede conseguir algunos viejos escritos míos. Uno de ellos son las semblanzas de Lugareños, que en parte publicamos en El Sureño, y luego seguimos espaciadamente en EL RÍO. En algunas circunstancias podemos satisfacer a los curiosos, en otras no es tan fácil. 

Lugareños hablaba de la gente que transitaba en nuestras calles.., caminando. Eso es lo que hizo Isabel Ferraldo, en su último retorno. Y así lo reflejamos en el número tres de Memorias de la zona.




Ella decidió pasar la Semana Santa entre nosotros. Y fue por ello que se la vio en la Parroquia San Juan Bosco siguiendo las celebraciones del padre Felisísimo, un cura del cual le llamó la atención por lo verborrágico y gesticulante. Difería evidentemente de las prácticas de su infancia, esas que seguía ella en familia –tan apegados a la presencia de Dios- como que es hija de un hombre que tuvo sus votos religiosos hasta que pidió del Papa las dispensas que lo habilitaran para contraer matrimonio.

Isabel es hija de Juan Ferrando, aquel que fuera “el baqueano de Fagnano”, y que hace 80 años dejara su vida como coadjutor en la Misión de La Candelaria para unirse en matrimonio con Leticia Esperanza, una joven alacalufe criada entre los salesianos de Isla Dawson hasta que el cierre de esa casa la trajo a tierra argentina.

Leticia es un particular recuerdo de mi infancia, acodada cerca de la estufa de la cocina de Doña Dolly –la esposa de Juan Ferrando hijo- con un cigarrillo negro entre sus dedos frotándose pulgar e índice hasta hacerse sacar pequeñas partículas oscuras. -¡Lo ves muchacho, Dios nos hizo de barro! Y yo, maravillado, experimentaba en mis propias manos, mucho más callejeadas que trajinadas las suyas en tareas de cocina, sentándome en el faldeo del fondo del patio, amasando un dedo con otro, y comprobando que la verdad bíblica podía ser demostrada físicamente. Tal vez ella no supiera bien quien era yo, yo que sabía su condición de india, de india ajena y propia en alguna medida de esta tierra. Pero Doña Leticia me volvía a ver, y me repetía en sus dedos el gesto que me había maravillado, y yo sonreía devolviéndole eso que era para mí una forma de saludo; y que no tardé en darme cuenta que no era más que una evidencia de mi mugre.

Isabel Ferrando ha venido a recorrer el sur hasta dar en Semana Santa con la Tierra del Fuego. Una mañana, antes de partir hacia a Ushuaia para visitar la tumba de su sobrino Eugenio, ese que desarmó la casa de sus mayores rearmándola en un barrio llamado Los Fueguinos, como una antigua flor fue dejando caer ante mí los pétalos de sus recuerdos, algunos vivaces, húmedos aún; otros mustios... descoloridos.

Había hecho escala en Madryn, donde descansan los restos de su hermana Ana María, los de su madre –fallecida en casa de los Sozzani-, y finalmente su esposo: Pablo. Los Sozzani han sido él y ella, por casi 60, y un niño que se perdió al nacer del cual no ha querido hablar aunque ha repetido sentida una fecha, el 5 de octubre, recordando aquel 1949. Tampoco ha querido hablar de la hermana –Ángela- víctima de un terrible hecho pasional que conmovió a la aldea que era nuestro pueblo en la primavera de 1938. Hizo la cuenta si, que de tantas visitas póstumas se estaba quedando sin tiempo para pasar por Río Gallegos y visitar su tumba.

Con su tapado bordó, y cubriendo prolijamente la cabeza, anduvo sus días de regreso recorriendo lo que ha quedado de su Río Grande, preguntando –aquí y allá- sobre tal casa que en otro momento aparecía imponente tras los cercos de piquetes, pero que ahora parecía escondérsele, preguntando por nombres vivos de gente muerta, poniéndose al día con las buenas y las malas noticias. Y después estaba la plaza, su inmenso mar, que fue recorriendo como un ritual después de cada almuerzo, para ir a recalar algo más tarde a casa de Pichona, a quien ha ayudado a recuperar el aliento de vivir.

En medio de la conversación me di cuenta que le estaba faltando tiempo para seguir en la búsqueda de si misma, entre nosotros, pero que le estaba apurando la vida para partir, como que con todo lo que se lleva en esta oportunidad estaba cumpliendo un ritual fundamental para sellar su existencia.

Isabel Ferrando, más allá de la porfiada buscadora de tumbas en el cementerio local –dos veces fue tras la de su hermano Juan- ha sido por esta Semana Santa la niña que en María Behety escuchaba a su padre, postreramente jardinero, recordara la epopeya misionera en la que participara con Fagnano desde 1889. Singular jardinero de un pequeño fragmento de una tierra que enormemente había sido suya, hasta que con su firma permitió que los salesianos la vendieran a los Menéndez, para los cuales cultivaba afanosamente rosales silvestres. Su padre, y su madre que hablaba menos, protagonistas de toda una aventura en soledad, allá donde quedó como un testimonio el río llamado Leticia. Ferrando, el viejo, relatando al Padre Entraigas todos los pormenores de lo vivido, como para que sobre ese hilo conductor construyera un libro memorable del tiempo pionero.



Isabel Ferrando, al fin, novia en su tiempo sonriéndole a la vida a Pablo en distintos destinos policiales. Me ha mostrado de ese tiempo una foto de los dos, mientras se detenía a observar el mar embravecido, mostrándose por la ventana de la posada, como no había estado en todas estas jornadas de caminatas.

En este andar de otoño pasó en su momento por la esquina vacía de Elcano y Belgrano donde estuvo su casa, buscando vestigios de un rosal que hace más de 60 años –tal vez para sus quince- le regaló Don Francisco Bilbao: -Estas rosas que son tan bellas como tú, seguirán vivas mientras tu vivas –dicen que le dijo, y ahora no ha podido encontrarla.

En parte le ha creído a su sobrino, Tico, que dice que el rosal de su casa de Caleta Olivia es hijo de un gajo de aquel otro; en parte me ha creído que una tarde, cuando veíamos que el patio se desmantelaba en vistas a una previsible enajenación, partimos pala en mano y obtuvimos junto a algunos ruibarbos, un rosal blanco, bello, vivo, en uno de los rincones de mi patio.