**** Mayo 27, de 1913. Crece en LA CANDELARIA una iniciativa científica apuntando al agro.



Lo dicen las crónicas de la Misión de Río Grande.

Lo más notable de este periodo fue el haberse inaugurado, el 27 de mayo de 1913, el "nuevo local del observatorio meteorológico con todos sus instrumentos. "

Por otro lado, se asienta en el Diario de la Misión: "Ya va pelechando la nueva población de Río Grande con unos cincuenta vecinos, entre gente del lugar y empleados. La forman una comisaría la casa de Bilbao y dos casas de los Menéndez, para recibir y despachar objetos de trato o venta. " Mientras tanto la población aborigen estable de la Misión ascendía a 62 indios, según el censo practicado el 26 de febrero de 1913. 

EVOCACIONES**** El 24 de Mayo de 1921 el presidente Hipólito Irigoyen autoriza a la Anónima a realizar los pagos de la administración pública y policía en Tierra del Fuego.





La medida comprendía esencialmente a Río Grande, puesto que en Ushuaia existía banco.

Pero en nuestra localidad faltaban todavía 16 años para que se instalara ese comercio.


Lo que se pretendía con esta medida era que la firma adelantara los pagos y luego cuando llegaran los dineros los recuperara del erario público.

EVOCACIONES*****Mayo 23, de 1949. Cómo se preparaban los festejos del 25 de mayo en el Río Grande de entonces.


El Comisario y Presidente de la Comisión de Festejeos eran los encargados de recaudar fondos, lográndose de la sumatoria del dinero aportado por 57 personas un total de $ 3.970, con los que deberían atenderse los gastos de los festejos.

Las últimas instrucciones dadas por el Teniente Carbone –al frente de la delegación zona norte de la Gobernación Martíma-  surgieron el 23 de mayo, allí se decía que: “Para la ceremonia de izamiento del Pabellón el día 25 de mayo, es obligatoria la concurrencia de todo el personal que presta servicios en la Gobernación Marítima y Delegación Técnica de Obras de Marina. Este personal deberá concentrarse frente a la Contaduría  a las 10.00 horas desde donde adoptarán una formación de cuatro personas de frente, y dirigida por el señor Carlos Faggioli –que en su tiempo siendo alcaide había sido procesado por abusos y torturas a presos de Ushuaia- ahora con tareas protocolares donde se decía que se encaminarían “en la Plaza Guillermo Brown a ocupar el sitio previamente indicado. EL PERSONAL MILITAR concurrirá de Gala, concentrándose también frente a la Contaduría y estará al mando del Cabo presente más antiguo. Formados de cuatro en fondo se dirigirán conjuntamente con el personal Civil a la Plaza ALMIRANTE BROWN. Cubrirá GUARDIA DE HONOR para la izada del pabellón ocho hombres de Policía, armados con mauser y sable bayoneta dirigidos por un oficial armado. PERSONAL DE SUBPREFECTURA: Uniforme de gala. ARRIADO DEL PABELLON. Es obligatoria la concurrencia de todo el personal militar, policial y subprefectura, personal civil a voluntad. Uniforme para ambas ceremonias de los señores jefes y oficiales; DE GALA, Levita con Espada”. 



Ante el fallecimiento de Agustina Cabezas.



Hoy amanecimos con la noticia de su muerte y nos asaltó de inmediato con conjunto de charlas compartidas sobre la familia de su esposa por parte de Luis Donato Castelli mientras estuvo al frente de la dirección de LRA 24.

Y hacia una relación de la vida de su suegra: Catalina Papic, que junto a su esposo Antonio Cabezas trabajó en el Centro de Higiene Materna Infantil de Río Grande, por el año 43, bajo las órdenes del doctor Salvador Serpa.

Internet aloja una extensa relación sobre la familia Cabezas, que invito consultar en este tiempo de domingo, en que se despide a Chupi Castelli.., como también se la conocía, la historia es rica en anecdotarios donde no se ocultan los lados oscuros que afectan a toda existencia de familia y son reflejo de la realidad social de Ushuaia y de su tiempo.


http://catalina.tudorplace.com.ar/familia_cabezas.htm

AQUEL GOBERNADOR DE LA ISLA DE LOS ESTADOS


 D

urante los años 1974 y 1975 tracé aspectos de embrionarios de mi búsqueda del ayer fueguino, uno de ellos consistió en examinar la colección de la revista CARAS y CARETAS existente en la Biblioteca Dardo Roca de la UNLP.
Allí en una edición del 10 de abril de 1909 encontré esta nota que hablaba de un “gobernador” en la citada isla, con el tiempo transcribí ese escrito en una columna que en el periódico EL AUSTRAL recibía el nombre de LOS FUEGUINOS Y SU MUNDO –recortes del pasado, era el 15 de noviembre de 1976 y ya estábamos mascando la historia regional.
Los vericuetos fueguinos, los canales acantilados en que se ve la corteza del mundo fue hecha en tajadas que asoman donde el bosque de fagus deja un claro, la nieve con que los montes parecen soportar inmensa cantidad de azúcar o harina derramada sobre sus cumbres en cuyas faldas las cavernas remedan “bocas por donde bostezan los montes” su majestuosa soledad, peñascos que acechan quillas casi a flor de agua, todo quedó atrás y el barco entrando a Puerto Kuck echó anclas a la voz de ¡fondo! dada por el capitán. Luego, el saludo de ordenanza: tres pitadas. S. E. el gobernador de la isla, Felipe Zucarelli, contesta de tierra con tres tiros y en su falúa no tarda en venir a visitarnos.

El gobernador, así lo proclamaron los oficiales de nuestra armada, y por tal es conocido en toda Tierra del Fuego, aparenta tener unos cincuenta años. Su gobierno dura desde 1903 y es un gobierno modelo, sin escándalos, sin revoluciones, sin la menor protesta, a pesar de la inmensa población que existe en la isla. Nos ha mostrado su último censo:
HABITANTES DE LA ISLA
Hombres……………………. 1
Mujeres……………………... ninguna
Niños………………………... ninguno
Perros……………………….. 5
Es un anacoreta. Recuerda el solitario habitante de la isla Juan Fernández, aquel marinero olvidado, abandonado, que inspiró la preciosa leyenda del Robinson Crusoe. Es un Robinson, con mucho del Enock-Harden de Tensión. Es un Robinson este Zucarelli, en cuya cabaña gimen los otoños fueguinos y rugen las tempestades australes. Una empresa lo dejó allí con provisiones para dos meses, asegurándole que en breve le enviarían más. Esto fue en 1903. Todavía espera.

Cuando regresaba la corbeta “Uruguay” de las Orcadas con rumbo a Buenos Aires, se halló sin carbón para llegar a Ushuaia. La isla de los Estados se presentaba a la vista y fueron a Puerto Kuck en busca de leña. ¿Cuál no sería la sorpresa de la oficialidad al descubrir en tierra a un hombre que no solamente los recibió con toda afabilidad sino que les entregó 60 toneladas de carbón para que siguieran su viaje, obsequiando al comandante con gallinas, pescado y mariscos? El carbón le fue devuelto, y desde entonces no hay buque de la armada que viaje por allí que no se desvíe algunas millas para visitar al gobernador Zucarelli.

Es fácil suponer las penurias que algunas veces pasa. Hace poco, la temporada fue terrible para él, pues se encontró cuatro meses sin galleta, sin azúcar, sin café, sin fideos y sin aceite.
Le preguntamos que comía.
- No comía, bebía… caldo, caldo, y después, otra vez caldo.
- ¿Y ahora?
- Han llegado ustedes lo más oportunamente. Con decirle que no me quedaba más que esta galleta…

Y como nunca pide sino lo que verdaderamente le falta, no tardó en llevarse su pequeña despensa.La soledad, la artista de las veladuras, ha impreso su sello inconfundible en el espíritu de Zucarelli. Mira, con la indecible mirada de los solitarios. Habla… ¡ah! Su lenguaje es extraño. Así hablaba Robinson, así Enock-Hardem. La gramática de los solitarios tiene ausencias de índole universal. Y eso, que Zucarelli habla, porque conversa a todas horas. Con su gran compañero que lo acompaña desde el principio de su gobierno, el más fiel ministro habido y por haber. Con los árboles y los líquenes, con los peñascos y las olas, con el mar, con la noche, con la Cruz del Sur, con la Mosca, con Alfa y Beta del Centauro.
Cada gallina tiene su nombre. Famosas son la catalana, Juanita y Pepita la batarás. Cuando azuza el apetito, llama a una de sus amigas… y se la come. ¡Pérfido! Hace como el que llama a sus conejos: -¡Guisito! ¡Guisito! ¡Vení Guisito! Y que en guiso se los come.

El señor Olenford, de Ushuaia, lo sorprendió conversando como el grillo de Dickens, con la pava. Zucarelli, apurado por servir un mate al señor Olenford, decía en voz baja: -“Pava, herví pronto y no me hagas calentar!”

¡Cuántos retos habrá dado, cuántos castigos habrá impuesto a la pava, allá en las largas noches heladas de la Isla de los Estados! Pero como el hombre se asimila tan fácilmente al escenario, Zucarelli ha concluido por amar su Barataria. Y allá vuela su vida, prendida al peñón marino que surge en el mar austral, andando a todas horas, abriendo sendas en las que no se marca más que su planta, siempre en camino de las rocas desde las cuales escudriña el horizonte, ávido de ver el barco que viene, anuncio de próximas conversaciones con seres no tan rebeldes como la triste pava silbadora, de las largas veladas de invierno.
La larga nota para lo que era el periodismo tipográfico de entonces era compuesta por Héctor Emilio Chamorro García, veterano de las lides gráficas con el que de tanto en tanto nos encontramos y recordamos la buena vida de la juventud y el trabajo, loca juventud seguro, como la de Felipe Zucarelli.





EVOCACIONES******Mayo 19, de 1949. “Instrucciones Útiles, para los festejos del 25 de mayo en Río Grande.



. La Comisión de Fomento se encargara de adornar la Plaza y demás lugares con banderas, gallardetes, escudos, etc. La instalación de palcos. Cerciorarse con anticipación que la driza colocada en el mástil funcione correctamente y no vaya a haber inconvenientes al izarse el Pabellón, conviene encargar este trabajo al Oficial de Policía, encargado de la Guardia de Honor. El Presidente de la Comisión de Fomento y el Presidente de la Comisión de Festejos, deberán concurrir con la anticipación necesaria al edificio de la Gobernación, para acompañar al Delegado de la Zona Norte, hasta la Plaza; calculándose llegar a la hora señalada para la iniciación de los actos. Al entrar el señor Delegado y comitiva se tocara atención. El personal de la Guardia de Honor presentara  armas y el personal formado hará el saludo de práctica. Una vez que el señor Delgado, Comisión de Festejos, Comisión de Fomento, Autoridades e Invitados especiales, tomen ubicación en el Palco, el Oficial a cargo de la Guardia de Honor se dirigirá al Señor Delegado, solicitando iniciar el acto, a lo que seguidamente se ordenara: Toque de atención con trompa. Izamiento del Pabellón (Presentan armas la Guardia de Honor y demás personal sin armas, saludan) Llegado al tope el Pabellón, se dará un fuerte aplauso. Acabados los aplausos, el trompa nuevamente tocara atención y se tocará por intermedio de una grabación, el Himno Nacional Argentino, que será coreado por los asistentes. Conviene instalar parlantes en la plaza para la ejecución del Himno Nacional. Terminada la ejecución del Himno, se dará un fuerte aplauso y a continuación la persona designada por la Comisión de Festejos, leerá su discurso ante el micrófono instalado en el palco; terminado el mismo, dirá también algunas palabras alusivas el señor Delegado de la Zona Norte. Terminado el discurso, el oficial de la Guardia de Honor, se dirigirá al Señor Delegado, comunicando que ha terminado el acto en la Plaza. Se ha ensayado con éxito la colocación de parlantes y aparato combinado que posee la Subprefectura, para que antes de la llegada del Señor Delegado, Autoridades, etc., se pasen marchas alusivas, que mantengan vivo el entusiasmo de la concurrencia. Seguidamente las personas ubicadas en el Palco Oficial, se dirigirán a pie hasta la Iglesia Parroquial, donde se efectuará el Tedéum. Conviene que todas las personas se unan en esta marcha y formen una o dos columnas compactas hasta llegar a la Iglesia. Cuando se oficie la Misa, convenir de antemano a buscar uniformidad para seguir la ceremonia; que uno de los Padres, en voz baja haga las siguientes indicaciones: “sentarse”, “pararse”, “arrodillarse”, etc. A la puesta del Sol, se procederá al arriado del Pabellón, formando la Guardia de Honor. El Oficial, solicitará permiso para arriar el Pabellón y luego el trompa tocara atención. Se ordenara arriar el Pabellón, rindiéndose los honores de práctica. Una vez que se ordene “descanso”, se darán tres vivas en la persona designada para tal efecto dirá “Viva la Patria”, contestando los presentes “Viva”. Si se efectúan Bailes Populares, antes de dar comienzo al mismo o en el momento que se crea oportuno, ejecutar el Himno Nacional Argentino, para ser coreado por los asistentes. Invitar por intermedio de los programas, a que los vecinos y pueblo en general, embanderen sus edificios. En la práctica se ha observado que es conveniente que la Comisión de Festejos se forme por lo menos con un mes y medio de anticipación, para que puedan efectuar un buen programa de actos y subsanar cualquier dificultad. Solicitar al Regimiento del Ejercito en Río Gallegos por intermedio de la Subprefectura de Río Gallegos, el envío de 21 bombas de estruendo, que pueden ser conducidas por el avión naval”.

La Verdad, el semanario del pueblo  que dirigía Higinio Fernández dedica toda su primera pagina en la edición del 19 de mayo, a la fiesta que se acerca. Un editorial “25 de MAYO”, que luego de la evocación de lo histórico arenga... “­¡Qué nadie falte! Y así habremos contribuido a honrar a estos próceres que nos dieron una Patria libre y soberana!” Se citaba –por el mismo medio- a todos los reservistas de la localidad a presentarse a las 10 del 25 frente al local de la Comisión de Fomento con el objeto de formar la columna que participa de los actos programados con motivo de la fecha patria. Se informá la vez que Federico Ibarra sería el representante de la Comisión de Fomento, y que el Club San Martín adhería a los festejos con un baile popular para el día 24 a la hora 22, “celebrando con ello la magna fecha de nuestra emancipación.” También en la imprenta de El Austral se mandan a imprimir volantes en numero de 500, y otras 500 Invitaciones al Pueblo, por la que se le abonara a la firma $ 53 pesos. La Invitación al Pueblo de Río Grande se daba en los siguientes términos:

“La Comisión de Festejos Patrios del Pueblo de Río Grande, os invita a los actos programados en celebración de la fiesta magna que recuerda un galardón de oro de la Historia Argentina. Al adherirse  a estos actos es un deber moral de todo Argentino y Extranjero que habita en este suelo”;
“ARGENTINO: es vuestro deber de patriota concurrir a todos los actos programados para honrar y hacer honrar a la Patria”.

“EXTRANJERO: el concurrir al acto señalado es el tributo que pagáis a la hospitalidad de esta TIERRA donde bajo el manto tutelar de la enseña azul y blanca, encontrasteis la felicidad anhelada”.

EVOCACIÓN**12 DE MAYO DE 1885. Tierra del Fuego y su primer jefe policial.



La disposición se da antes de cumplirse un año de la sanción de la ley 1532 de Territorios Nacionales, por la que había sido creada esta jurisdicción austral.

Y antes de seis meses de la designación de su primer gobernador, hecho ocurrido el 25 de noviembre de 1884 en la persona de Félix M. Paz. Un marino tucumano.

Ya el 9 de mayo el gobernador había pedido la designación para el cargo de jefe policial de Antonio Romero, un capitán de Infantería de la Armada, situación que se efectiviza con la firma del presidente Roca,  un día como el de hoy en el año 1885.

Pero diversas circunstancias impedirán que asuma el cargo, con lo que al mes siguiente será Luís Botazzi el designado, que a tal fin llegará a la isla para organizar este cuerpo policial  que hoy cumple 131 años.

Durante años la policía tenía una conmemoración en enero, respondía al hecho que era Policía de los Territorios Nacionales, y los cuerpos de seguridad distribuían su juego en los diversos Territorios del país. Alguien comenzaba su carrera en Neuquén, podía seguirla en el Chaco y terminarla en Tierra del Fuego, sobre todo en cuadros de oficiales. Una parte del origen de las dotaciones respondía a zonas de reclutamientos que todavía no eran provincia.

Pero en días del gobernador Gregoria Lloret se cambió la fecha a este 12 de mayo, se le dio entonces a la repartición un poco más de antigüedad, pero se apoyó en un hecho fallido puesto que aquel primer jefe fundacional nunca vino a tomar servicio a nuestra isla.  Situación que no es ajena a muchas otras que encuentras en determinaciones tomadas en el norte del país, como hechos liminares destinados a cambiar la vida fueguina.


Todavía queda en el conjunto de la policía algún retirado que se identifica como “Territoriano” recordando que su ingreso se dio en un momento en que todavía no éramos provincia, y alcanzamos a conocer algunos que por haber ingresado antes de 1955, perteneció a la Gobernación Marítima.


EVOCACIONES*****Mayo 9, de 1912. Nace en BERAZATEGUI, Aurelio Muñoz del Val.




Entregado a la vida sacerdotal este argentino se abre paso en una congregación dominada por italianos, los salesianos.

Sus estudios sacerdotales los realizó en Ramos Mejía, finalizándolos en el seminario de Villada y Cabrera, en Córdoba.

En razón de ello llegará a Río Grande en 1949 cuando se inaugura en la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria los estudios Agropecuarios, formando Mayordomos Rurales al tercer año de la enseñanza media.

Este corpulento sacerdote mostró habilidad para dictar todas las materias, era severo y exigente, pero la vez.. sabía enseñar, como lo recuerdan sus alumnos de entonces. Pero su fuerte eran las materias técnicas, poseía títulos docentes en Ciencias Exactas y Aplicadas, y Ciencias Agronómicas.

Se recuerda que por su tamaño debía dormir sentado, y para ello se había acondicionado una suerte de cama-sillón reclinado.

Tenía la rara habilidad de escribir simultáneamente con las dos manos un mismo texto, o escribir en espejo, del centro hacia cada costado.

En días en los cuales el pueblo carecía de representación por estar negadas las formas democráticas el Padre Muñoz llevaba la voz cantante sobre las necesitadas comunitarias, en las reuniones de las fuerzas vivas, y en representación de las cuales exponía ante autoridades superiores en visita.

Se ha dicho que fue el autor de la frase “Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires”.

Estableció buenas relaciones con los petroleros, que se desenvolvían al norte y al sur del establecimiento educativo. Ellos le dieron el gas, y la misión les entregó agua.

Su presencia institucional demostró tener plena inserción en la comunidad cuando el 11 de noviembre de 1962 se celebraron sus bodas de plata sacerdotales.

Era el “gran pedigüeño” a la hora de salir a solicitar aportes a la institución, se almacenaron numerosas anécdotas sobre su comportamiento.

De su empuje nació la primera radio, RADIO MISION SALESIANA, ante cuyos micrófonos tuvo diversos desempeños, hasta transmisiones deportivas proyección de su vocación de radioaficionado.

Pero además por lo suyo cobró vida el Gimnasio,  el Tambo,, el Invernáculo, el Criadero de Aves y la modernización del Galpón de Esquila.

En el 12 de octubre de 1965 es designado Director de la EAS pasando a ser el establecimiento de formación Agrotécnica acercando en el nivel medio hasta un quinto año, pero sin dar títulos por lo que todavía durante su gestión los alumnos debían terminar su secundario en otros puntos del país.  Hasta entonces se había desempeñado como Vicario.

Su espíritu impetuoso se reflejaba cuando llegaba al pueblo conduciendo un Land Rover, forma parte de las anécdotas que una vez atropelló un caballo y lo mató, entonces cura se bajó del vehículo, evaluó los daños, corrió con sus propias manos el cadáver del animal, y siguió su marcha.

Luego de 22 años de servicio, y cuando se lo creía parte indisoluble de la Candelaria fue trasladado a Las Heras, en cuya parroquia terminó su carrera y completó su vida de servicios, dejando el 20 de febrero el cargo en manos del padre Julio Murad.


Un calle de AGP lo recuerda como el PADRE MUÑOZ.

¡Pare el Piño!



La dotación de la radio se vio reforzada con la presencia de una locutora. Ella había prestado una colaboración en los tiempos iniciales pero luego por urgencias laborales de su marido había tenido que emigrar.

Llevaba si sus antecedentes en el medio y en la Capital un contacto ayudó a que ingresara a la dotación de la radio austral en situación de nombrada, todo un tiempo en años de largas amansadoras a través de contratos.

Al llegar a la filial comenzó a tomar servicio y debió experimentar algunos derechos a piso. Por ejemplo debía tomar los mensajes para el hombre de campo que esos días de marcadas incomunicaciones eran abundantes. La señora, que tenía ciertas pretensiones que ya otras mujeres del pueblo habían abandonado, concurría al trabajo muy bien vestida: de falda y taco alto, medias de nylon tramadas, blusa de seda, y sobre todo ello una capa azul en la que ocultaba sus manos.

Tenía alguna resistencia cuando los paisanos se hacían presentes, habitualmente mal trazados, a veces con algunas copas de más y con aromas de cantina o capón.

Ellos le dictaban sus mensajes, y ella llenaba los formularios. Después le pedía que firmen, aunque en muchos casos en analfabetismo imperante en la campaña terminaba por dibujar algo más que un garabato, o la transcripción a infantil cursiva de sus largos nombres y apellido.

La locutora era la encargada de leerlo. Como solía ocurrir en esta radio, y en muchas otras, los que trabajaban en la emisora no solían escuchar lo que salía al aire. Se aprovechaba ese tiempo de descanso, generado por una grabación o la interrupción de otro compañero para afectarse a otros menesteres: tomar mate, leer una revista, tejer, hacerse la manicura, hacer cosas para el otro trabajo.

Un día en una ronda de mates, motivadas vaya saber porque interrupción en el ritmo continuo de tareas, el personal se puso a conversar amablemente en el estudio. Una chica de administración le preguntó cómo se sentía en su tarea. Ella dio sus pareceres, todos positivos, hasta que dijo que había cosas que le llamaban la atención, entre ellos los mensajes.

No podía imaginarse como era un estancia, no tenía vehículo como para salir a ver, imaginaba que vivía muy poca gente, mucho menos que en el pueblo; y hasta le llamaba la atención de entre lo poco que estaba descubriendo una situación muy singular:

-Hay un hombre que trabaja una barbaridad. Un día está llegando a una estancia, otro saliendo de un puesto, en mismo día llegando al frigorífico.
-Cómo es eso querida? Le dijo el operador que era paternalista con todas las mujeres.
-Si –dijo la locutora- se trata de Elpidio. Fíjense, dijo carpeta en mano: Llegól Elpidio de Marina (Marina es una estancia aclaro). Ya salió Elpidio con cuatrocientos animales (este era de otra estancia el mismo día). Manden a Elpidio al Frigorífico. El domingo por por Elpidio.
Sin poder ocultar una sonrisa el flaco de programación le aclaro que no se trataría de Elpidio, sino de “el piño”, y que era “el piño”, el arreo de ovejas, en la voz araucana que se solía usar en el lugar.

La locutora, se avergonzó primero, se enojó luego porque nadie le había advertido, y luego corrigió media carpeta.

Su oído porteño, tal vez potenciado por una sordera que creció en ella con los años, y que ella atribuyó al maldito viento de esta tierra, escuchaba Elpidio donde los usuarios del servicio decían El piño.

Con el tiempo el viento y la sordera precipitarían una derivación médica a la capital, y con las influencias que allí tenía ya no volvió.

Pero el caso no termino ahí. En la radio cuando alguien de pronto se ponía a trabajar más de la cuenta, se le solía decir al compañero : ¡Para Elpìdio! En alusión a la imaginación de aquella que fue locutora de la emisora.

Pero había un operador de esos que en a veces no entienden los chistes, por más que se los explicaban. Él ante una situación similar –compañero flojo trabajando más de la cuenta- solía decir: ¡Pará el piño!.


Cuando llegó el siguiente invierno y comenzó su ciclo invernal el doctor de sanidad animal, escuchando al operador usar siempre esa muletilla, la adoptó: y solía decir al aire en determinados casos: ¡Paren el piño!, que vamos a escuchar a Rafael Rossi con la rancha: ¿Negrita, querés café?

EL PADRE JUAN ESTEBAN BELZA, y el recuerdo de su buen humor.



Eran los años 70 cuanto irrumpió su figura en el escenario fueguino con tres libros que fueron cimientos de la historiografía local, los denominados EN LA ISLA DEL FUEGO, identificados con el subtítulo de ENCUENTROS, COLONIZACIÓN y POBLAMIENTO.

Todo acompañaba a una revista señera: KARUKINKÁ, que casi nadie llegó a pagar alguna vez porque era su obsequio constante en cuanta circunstancia lo unían a la gente del lugar, en sus visitas.

Traía para ello su procedencia del INSTITUTO SALESIANO DE ARTES GRAFICAS, y un don de gente que le permitía desarrollar –relaciones públicas mediantes- Congresos de Historia que el bien decía se podrían haber desarrollado en Buenos Aires, pero que era importante que se realizaran en el sur, como una forma de construir identidad fueguina.

El padre, que era un particular orador, acompañaba sus más serias presentaciones con algún chiste que par su público resultaba inolvidable. Una vez Me dijo, algo así: Capaz que no entendieron lo que quise decir pero del chiste no se van a olvidar, y lo contarán en su casa, o en el trabajo. ¡Y la próxima vez vendrán más, aunque sea por el chiste!

Las actividades del padre Belza superaban el promedio de cuarenta concurrentes que hoy acostumbran poblar las actividades que se desarrollan en el presentes, en actividades afines a las que el gestó.

Pero además decía que nuestro espíritu fueguino gustaba del humor, del buen reír y que era indispensable construir una historia local cargada de ese optimismo, porque la frialdad del dato no justificaba sepultar nuestro temperamento.

Quien daba respuesta en ese sentido era el comisario retirado Anibal Allen, que en más de un momento aportaba desde hechos verídicos relaciones más risueñas que las del cura.

Allen se apoyaba en relaciones en las que había sido protagonista, y en muchos casos, sacadas del expediente policial.

Belza solía decir a veces que lo suyo había sido escuchado en algún congreso, o fue comentario de sobremesa en algún curato, advirtiendo en todo caso que no eran secretos de confesionario.

Recordarlo a él en este momento, y también a Allen, me lleva a pensar que una historia que se construya sobre la lágrima tendrá menos posibilidades de sobrevivir que otra que crezca desde la alegría. La alegría que debe ser el motor de todas las actividades humanas, más allá de nuestras limitaciones y desaciertos.

Allen preparó una conferencia sobre anécdotas y sonrisas de la cual tengo un registro grabado en su primera versión en el Club YPF, y una segunda en la Semana del Escritor de 1989. Un relato que merecería llegar al papel.



EVOCACIONES*Mayo 3 de 1885. Un matrimonio frustra una experiencia misionera en Ushuaia.

Se trata del casamiento de  Tomás Armstrong con la señorita Martín, que se encontraba con la familia Lawrence para colaborar con la crianza de sus hijos.

Había llegado el 4 de febrero de 1884 con el compromiso de mantenerse soltero por dos años. Era un hombre de 1,83 de estatura, al decir de Lucas Bridges, y de brazos fuertes. “Con su llegada la vida en Ushuaia, cambió para mal nuestro”, dirá en El último confín de la tierra.

Tenía un buen trato con los niños y se adentraba en el conocimiento del idioma yagán.

La señorita Martín habría participado en tareas de costura en la escuela de los indiecitos y de allí se habría profundizado la relación con el maestro.

La boda debe haber sido la primera  celebrada en Ushuaia entre blancos y a la misma concurrieron  el prefecto Virasoro y Calvo y el gobernador Paz, entre otros.

Esta boda, que representaba un cambio en la relación contractual ente el maestro y la congregación anglicana condicionaría el alejamiento de la pareja.

Junto a esta primicia romántica en Ushuaia  aparecerán en el mismo tiempo, uniones entre  indias y prefecturianos.


La familia en el mundo del trabajo.




Crecí en un hogar donde el que salía a trabajar era mi padre, mientras mi madre realizaba las tareas del hogar y la economía doméstica.

Papá estaba al frente de una bodega de venta de vinos al granel, y mami tenía en su pasado tareas de costurera y despachante en un almacén de menestras.

Onofre, mi abuelo paterno tenía un fundo, pero Oscar –mi padre- fue de los hijos que se buscó otro futuro: siguió siendo agricultor, desempeñándose como ovejero, jornalero, portuario. En el primer tiempo de mi infancia trabajaba con camisa blanca y corbata, lo que significaba orgullo y esmero para mi madre, después la vida lo puso en caminos de oficios en los que la ropa se rompía entonces mi madre zurcía y zurcía. En un momento mejor él fue conserje de hotel, luego sereno, siendo sus últimos desempeños los de encargado de depósito en la construcción del Aeropuerto y algo después en corralones de madera. Tuvo entre tanto un par de pasos por hoteles.

Mamá soñaba con tener un kiosko, pero en algún momento llegó a tener una pensión, en los tristes días de la anulación de los contratos petroleros, y cuando mi padre fue conserje ella hacía los desayunos.

Matilde, la abuela materna, vivió en poblado, no en fundo, y fue criando con la ayuda de sus hermanas los nueve hijos.

Mateo el abuelo materno fue buscador de oro, empedrador, y sembró una hijuela. Murió tempranamente y dejó a Dominga con nueve hijos; el sustento se logró con un almacén donde la abuela –que no sabía leer y escribir- demostró gran habilidad para manejar los números. Cada hijo ayudaba en lo que podía y mi madre encontró sus capacidades de costurera y repostera.

Yolanda, mi primera esposa, fue docente toda la vida. Su padre, Eugenio, hizo toda una carrera de policía y cuando lo conocí –ya tenía 70 años- iba diariamente en moto a cuidar de una obra; él había sido también albañil y traía de la infancia prácticas de agriculturas que se reflejaban en su casa. La abuela Pinocha se jubiló como portera de escuela.

Patricia, mi segunda esposa, trabajó la mayor parte de su vida como administrativa hospitalaria. Pero antes fue obrera metalúrgica, cuidó niños, trabajó en la UOM, el BAUEN HOTEL y la Universidad de Belgrano. Pese a ser poeta nunca tuvo sueldos de cultura o educación.

Luís, el padre de Patricia, fue microbiólogo; su padre en Tucumán tal vez se dedicó a la compra y venta de ganado. Alicia la esposa, y segunda suegra mía, trabajó en fábricas mientras fue soltera. Ya a los once años había sido entregada a la familia para servirla y aprender. Su padre fue cosechero, tarea que contemplaba Spiridión con Irene en los momentos de mayor demanda. Con los años al llegar de provincias hizo trabajos de carpintero.

Yo he sido docente y periodista, estudié para esto último. Docente a nivel medio y terciario, periodista fundamentalmente –fuera de otros devaneos- en Radio Nacional; con los años orienté mis prácticas a la historia del lugar.., y también tuve un pequeño paso por la política.

Me hice escritor y con ello debí comerciar mis obras.

Mi hija mayor se ha desempeñado como abogada empresarial, mi hijo mayor es kinesiólogo y trabaja por el bienestar y contra el dolor en sus pacientes, mi hija menor es psicomotricista y busca la rehabilitación en niños y no tan niños, mi hijo menor se prepara como artista.

Veo que nuestros mayores ejercieron oficios urgidos por las necesidades del momento. Y ya en la nueva generación hay desempeños profesionales que no se pueden dar sin un aprendizaje específico.


La foto marca un encuentro: yo como estudiante visito a mi padre en el Corralón de Cimatef. Mi padre aunque pasado en años no alcanzó a jubilarse falleciendo a los 67 años.