Mensajero del Rio

PATRICIA CAJAL SE VA POR LAS RAMAS (Reportaje de entrecasa)

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-¿Cómo descubriste las genealogías? Fue por un test vocacional. Me hicieron una pregunta y yo respondí que era referente al vino, ¡jajaja! y...
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En casa de Sofía

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Fue al cumplirse una semana de la desaparición de Sofía que fuimos recibidos en su casa. Lo escrito en ese momento fue leído y difundido rad...
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EN NOMBRE DE ELLAS (y de ellos)

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Como lector de la revista LA MUJER DE VIDA, me resultó gratamente estimulante el tierno relato de Laura Kopouchian, donde detallaba escalona...
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¡QUE NADIE SE ATREVA A TOCAR A MI VIEJA! (Escrito de Fresia Aguilar, con música de Pappo Napolitano)

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En la mañana del último 19 de noviembre amaneció Morena, vino del vientre de Romina Monte para posar en brazos de la bisabuela Chila. En vín...
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Cuántas industrias caseras se podía fomentar en vez de apoyar fábricas!!!

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Revisando la documentación obrante en el Archivo General de la Nación, encontré tras la carátula de un expediente relacionado con el goberna...
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Río Grande y su gente pequeña...

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Mi primer contacto con el río fue cruzarlo en lancha. Y la lancha, que era de “Platillo”, era una embarcación a la que se había adaptado un ...
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Me estoy preparando...

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Para ensayar esta nueva forma de comunicación. Durante buena parte de la vida me ocupé de la historia del norte fueguino. En alguna medida l...
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Mingo Gutiérrez
Río Grande, Tierra del Fuego, Argentina
Reflexiones 2024. Mis padres -Oscar y Margarita- vivían en Estancia Laura donde mi padre era el encargado, al tiempo que yo me disponía a nacer. Ellos -cada tanto- cruzaban clandestinamente el límite llegando hasta estancia Vicuña donde tenían amigos. Hasta allí llegaban a caballo llevaban algunos encargos que les habían hecho en el gran esteblecimiento chileno, y a la vez retiraban lo que podían haber conseguido del otro lado. Había que cruzar un río y la cosa era peligrosa. Cuando entraba a escarchar se llevaron más de un susto. Tal vez fue un solo susto pero contado de maneras diferentes. En la estancias les asignaban un cuarto y allí pasaban al menos una noche, lo que representaba "al decir de mi madre" una suerte de luna de miel. Tanto años años después vine a pensar ni en una de esas noches le habrán escrito a la cigueña pidiendo que le trajeran a su hijito.
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