Cuando tomaremos la RESPONSABILIDAD de conservar el Medio Ambiente.( HH noviembre de 2008)

 

Lo usamos como si fuera una fuente inagotable de recursos y eso se enseñaba allá por el 50 y 60 en las escuelas, pero eso no era así?
En Estocolmo, Suecia se empezó el saneamiento del Lago Mälaren en los años 60 y hoy en día se puede uno bañar y pescar salmones.
Pero no hay que remover los sedimentos ya que en ellos hay gran cantidad de metales pesados, como cadmio, mercurio, etc.
Aparte la basura se la quema en muchas comunas para calentar el agua caliente y dar calefacción, la cual va por caños bajo tierra a los dptos. y las casas que están conectadas a la red. Pero esto da también problemas con su humo que sale de las chimeneas. Pero se ahorra divisas en la compra del petróleo.
El petróleo Fueguino no podría aportar en la construcción una planta purificadora de aguas servidas antes de que el PROBLEMA se haga más grande, ya que la ciudad de Río Grande crece?
Pero además esta el problema que todo el tiempo inventamos nuevos productos químicos y los problemas surgen unas décadas después.
Aquí ya se habla algo del problema de las hormonas femeninas, que las mujeres toman para no tener tantos problemas con su salud las cuales pasan por el cuerpo, pasan por las plantas purificadoras y salen al mar.
La fauna marina es afectada y después los consumidores/hombres que pueden quedar esterilizados o producen espermas de mala calidad.
Y en el peor de los casos seremos todos del género femenino.

Caminando con bastón nuevo.

 



Salteño. Había llamado un taxi y mientras escuchaba en la pc un registro de Guillermo Ink, con su espectacularidad en los teclados y una voz que me parecía y no me parecía de Leda Soto. El tema es Río Grande de Alberto Baliño, composición a la que dio el ritmo de chorrillera que junto al kahani son las dos formas que impuso Hugo Giménez Agüero para construir su identidad patagónica. La chorrillera es una suerte de cumbia con percusión, y en mi andar por la casa vistiéndome para salir la iba bailando como cumbia. Y por, su puesto, debía encontrar compañía con lo que iba enseñando a mi bastón nuevo mi temprana locura de ese día. Sonó la bocina del auto y así salimos, el chofer me recordó que hacía mucho que no me venía a buscar, y me preguntó si estaba mejor. Y le había dado mi destino, él pensaba que estaba saliendo para El Roca pero fuimos para otra parte, y mientras tanto se escuchaba una cumbia a un volumen muy alto. Cuando empezamos a conversar le pedí que baje la radio –tal vez no fuera una emisora- ¿tendría cassette? Y él directamente la puso en cero. Entonces yo le conté como ha crecido la vida musical en la ciudad, que venía repentinamente un grupo de Rock católico y hoy peregrinarían los fans para conseguir entrada en La Casa de la Cultura. Agregando que hay músicos locales que integran las Orquesta Municipal Kayen, y los que se desenvuelven como solistas, que han realizado excelentes presentaciones de ritmos tropicales, y otros ritmos. El salteño me dijo que se pasa el día sentado en el taxi de aquí para allá, que cada vez debe andar más para redondear un suelto, y que no le queda tiempo a la noche para salir a divertirse. Pero me señaló que cuando vuelve a su provincia, que cada vez es menos, disfruta del clima festivalero que se respira mañana, tarde y noche. Pero preguntó dónde estacionaba, y había espacio con lo que nos despedimos hasta un encuentro que será próximo porque siempre llamo al mismo número y casi siempre a la misma hora.

Salteña. Si había tanto lugar para estacionar es porque la dependencia municipal no atendía en toda la semana. Si bien no lo decía pensé que en mucho tendría que ver la realización de un curso sobre prevención del suicidio que colmaba de interesados al gimnasio Miguel Bounicelli. Así que violín en bolsa me enfrenté al sol que en se momento iluminaba y calentaba la vereda. Al llegar a la esquina volví a elegir vereda primaveral siempre con el bastón que me trajera Carina Calisto. Es de fabricación china, pero comprado en Chile. Tiene una inscripción que desconozco lo que dice. Y justo me encontré con Teresita, que presidió el Club de Taichi, hablamos de esa actividad que atrapaba a mi difunta esposa, y a mí me diera vitalidad por 19 años. Pero no se me ocurrió preguntarle sobre que dice el bastón. Para eso ya estaba llegando a una esquina y al otro lado se encontraba una mujer morena con un  bastón blanco. La vi con dificultades para cruzar la calle y es que había un vehículo estacionado para entorpecer las maniobras que a ciegas venía haciendo esta mujer. Me pidió tomar mi brazo, se lo ofrecí y ella simplemente depositó su mano. Con esa levedad fuimos caminando a su destino, una farmacia en Perito Moreno. Melisa, ese es su nombre, me contó que hace diez años que ha salido de su provincia, a disgusto de su mamá, y que se está desenvolviendo caminando por un Río Grande que conoce como la palma de la mano. Aquí hay una mercería me dice. Más allá la rotisería. Sale a hacer los mandados, no se las arregla en un supermercado donde hay que elegir en las góndolas, pero tal vez ya la conozcan y acompañen en la tarea. Ahora las aplicaciones del celular ayudan enormemente en mejor el desenvolvimiento de un ciego en estos últimos tiempos. Yo también tuve algo que decir, parecía que nunca había oído hablar de mí, y yo nunca la había visto, pero le pedí en un momento de disminuyera la velocidad de su marcha porque era un anciano que caminaba con dificultad. Yo pensé que por alguna capacidad desarrolla en ella para ver si ver sabría lo de mi bastón. Me contó que con la gran ayuda de una computadora a terminado estudios de enfermería, y ahora da capacitaciones sobre la atención de personas como ellas, que no son impedidos porque solo carecen de visión, cosa que ella experimentó desde su nacimiento. Y no que es no vidente, es ciega. Le dije que mi destino final era Los Yaganes donde iría a llevar algunos libros para que siga funcionando la biblioteca circulante, le expliqué de qué se trataba y me dijo que tal vez llevara alguno de los que tiene en braille. Nos estábamos pasando de largo en la farmacia, y ella fue la que se dio cuenta, cuando encaró a su destino sabía perfectamente bien las dificultades que le presentaba el acceso al establecimiento, es decir rampas y escalones. Melisa tiene un compañero que trabaja en Córdoba viniendo a verla de tanto en tanto, y una hija de 18 años.

Tucumana. Eran dos mujeres con su exhibidor de publicaciones religiosas paradas sumamente abrigadas en un lado sombrío de la vereda. Me pregunté si alguna de ellas sería también salteña, como mis interlocutores anteriores. La respuesta fue que una de ellas era santigueña y la otra tucumana. Les pregunté si hace mucho están en Río Grande, la primera me dijo tres años, la segunda toda su vida: era la hija de Juan mi compañero en la radio de los primeros años, Juan al que llamábamos Timoteo, y fue operador, locutor y encargado de filial. A Luciana, la hija quinta de Juan y Eva la había visto de pequeña cada vez. Hablamos de cosas relacionadas a su confesión religiosa. De la Tato que terminó por irse con su prédica a El Bolsón, de Nicolai que por odontólogo es el relaciona con los médicos cuando intenta que a uno de sus feligreses le transfundan sangre, de Omar que tiene ahora más de 60 años, pero que cuando que tenía 18 debió hacer el servicio militar y presentó objeciones de conciencia sin efecto positivo, con lo que permaneció más de un año preso. Eran los días de la dictadura. Las miraba a las chicas, con sus despertares y sus atalayas, y trataba de darme cuenta que no eran ciegas como Melisa que parecía mucho más dueñas de la calle que lo que parecían las promotoras de Jehová.

Gutiérrez. Como he puesto nuevamente su función periodística, después de seis años de inactividad por motivos jubilatorios, encontré mi grabador digital pero no el cable que permite sus descargas en la computadora. Esta era la tercera salida en su búsqueda. En la primera me encontré con que ya no estaban más en la calle Rivadavia por proveedores de estos accesorios. Que se habían trasladado a San Martín y Piedra Buena, aunque seguían llevando el nombre de Bernardino González. En la segunda salida me trajeron lo que serviría pero el largo del cable era de un metro, entonces le pedí que me consiguieran algo más apropiado como entrar junto a la máquina en una pequeña mochilita de tela de avión. La chica que me atendía me dijo que volviera a la tarde que ya habrían solucionado el problema. Me preguntó mi nombre, y yo le dí mi apellido, se rió: ella también es de apellido Gutiérrez. Como que la tercera es la vencida estaba en esta primera salida con bastón nuevo volviendo a encontrarme con mi tocaya que había cumplido con su promesa. Una transacción por mil quinientos pesos que me pareció barata, confundido que estamos todos en esta economía aplastante. Gutiérrez es de Curuzú Cuatiá y la trajeron de chiquita, pero sigue manteniendo vínculos con su nacencia. Con eso hablamos de músicos de su lugar, de Abel Larosa Cuevas entre otros, y ella entonó un chamamé. Y yo le conté que una figura importante de la historia reciente de Río Grande, el comandante Robacio –del cual ella había oído hablar- era también de sus pagos. Me alejé del negocio pensando cuanto de ese cablerío llega uno a utilizar en nuestra vida contemporánea. Iba cantando el chamamé que sabía de memoria, de tanto escucharlo por la radio., Evidentemente.

La civilización en la Tierra del Fuego (*) .

 


Una raza antiquísima.

Según refiere W.S.Barclay en la Wintheen Century hay en el extremo sur de América, al otro lado del Estrecho de Magallanes,  una raza antiquísima, la raza de los Onas, últimos restos de los pueblos aborígenes de aquel rincón del mundo.

Raza vigorosa y de elevada estatura, apasionada por todo viril ejercicio de fuerza o agilidad, la raza de los Onas, entre los pueblos los que llamamos salvajes, constituye uno de los ejemplares más interesantes de sencillez y pureza de costumbres, sobrios y severos consigo mismos jamás se ha conseguido que uno de ellos probase una vez sola siquiera por excepción una gota de alcohol o de otro líquido compuesto, su única bebida es el agua pura; su alimento casi exclusivo, la carne de guanaco, carne correosa e insípida, como propósito para aquella raza frugal y fuerte; las mujeres cuidan de la casa y de los niños; los varones pasan el tiempo en práctica de toda clase de juegos atléticos y en el ejercicio de la caza del guanaco, que constituye su ocupación más fructífera.

Su existencia bajo todo concepto constituye un modelo de costumbres patriarcales; los hombres se esfuerzan constantemente en familiarizarse con la vida al aire libre en todas estaciones; se aplican a saber imponerse todo género de privaciones y fatigas, a vestirse con el menor abrigo posible y a ser hábiles en la lucha, la carrera y el manejo del arco. En los primeros años de la juventud todos ellos sufren una serie de rigurosas pruebas, como son prolongados ayunos, difíciles carreras y especialmente el aislamiento absoluto y por largo tiempo en la espesura de los bosques para que se familiaricen con la soledad y aprendan a liberarse por sí mismo de los distintos peligro que puedan asaltarles en la vida, y únicamente a condición de salir victoriosos en todas estas pruebas, se les permite que más tarde puedan tomar mujer y constituir familia.

Llegado a este caso el Ona recorre las distintas tribus en busca de la que ha de ser compañera de su vida; y una vez que encuentra la mujer que lo acepta por esposo vuelve con ella a la casa de sus padres; pero sin que en ningún caso aporte la mujer dote ni objeto alguno a la tribu de su marido, por manera que este ha de amarla forzosamente y siempre por si misma. Tal vez o, mejor decir, tal fue la dichosa existencia de los Onas hasta hace unos diez años; más desde entonces algunos ganaderos ingleses y austríacos establecidos en las vecinas costas de la Patagonia fijaron sus miradas ambiciosas en los extensos pastos que cubrían el suelo de la Tierra del Fuego propiamente dicha y los llegada de los huéspedes “civilizados” señaló el comienzo de las destrucción, o para decirlo más exactamente, del asesinato sistemático de aquella raza tan interesante siempre y tan desgraciada hoy día.

En un principio, los colonos nuevos, atentos a evitar la concurrencia en el disfrute de los pastos hacían los guanacos o carneros salvajes a sus carneros “civilizados” se dedicaron a exterminar a aquellos por todos los procedimientos imaginables pero bien pronto encontraron el medio de extender a los hombres con la misma regla adoptada para con las bestias.

Los infelices onas privados con la destrucción de los guanacos de su principal, por no decir único, alimento hubieron de recurrir alguna que otra vez al hurto de carneros para no morirse de hambre y bastó este pretexto a los ganaderos ingleses para decretar el exterminio de los onas, como antes habían decretado la muerte de los guanacos para hacer más fácil y regalonas la vida de sus carneros.

La manera como procedieron en el asunto es tan infame como fue hipócrita en un principio para lograr sus intentos, empezaron los ganaderos por contratar al efecto una pandilla de desalmados, ofreciendo a estos una libra esterlina por cada arco del guerrero ona que presentasen y claro está que ni uno ni otros ignoraban que no es posible arrancar el arco de las manos de un ona sin quitarle antes la vida: pero se dio el caso de que los susodichos aventureros no por humanidad ni altruismo, sino por instinto de explotación y engaño se dedicaron preferentemente a la fabricación y arcos falsificados antes que a la caza de onas armados de arcos, y fue preciso cambiar muy pronto de sistema.

Desde entonces los ganaderos ofrecieron, una libra esterlina, no por cada arco sino por cada cabellera presentada a usanza de lo que hacían los guerreros indios en ciertas tribus (es decir por cada cabellera arrancada junto con el cuero de la cabeza como prueba de la muerte de un enemigo): pero los aprovechados cazadores hallaron también el nuevo medio de engañarles y recurriendo a la crueldad de arrancar a los infelices onas las cabellera en vida y en dos o más períodos distintos con objeto de multiplicar más por este medio las gratificaciones ofrecidas y al cabo fue indispensable que unos y otros se quitasen la máscara estipulando que solo que se pagará un tanto convenido por una cabeza entera.

W.S. Barclay clama contra esas infamias; más el de temer su generosa campaña resulta estéril.

Las Tierra del Fuego país poco poblado y dependiente de un modo más o menos efectivo de la soberanía mancomunada de Chile y la República Argentina se presentan por estas misma razones abusos de todo género que fácilmente lograr la impunidad merced al mutuo recelo con que se miran los dos gobiernos soberanos, y cuando el clamor generoso de los hombres compasivos llegue a sus oídos, si es que algún día llega, es ya muy de temer que sea tarde.

 

Los infelices onas que 1890 eran unos dos mil, apenas actualmente la cuarta parte de esta cifra: un solo monstruo llamado Sam Hesslop se jacta de haber cobrado en menos de cinco años 500 de sus cabezas.

De las tres razas que poblaron en otros tiempos aquel extremo del continente americano, solo quedan en la actualidad escasos vestigios; los Yagbans –habitantes del Cabo de Hornos, de los que dijo Darwin que ocupaban el último peldaño de la humanidad y en cuyo dictamen se incluyeron indebidamente las otras dos razas del archipiélago- han desparecido casi totalmente en menos de treinta años víctimas del alcoholismo y otros vicios que copiaron de los hombres civilizados, los Alccafuis, arrinconados al oeste, en el punto más pobre y apartado, siguen lentamente el mismo camino y apenas llegan al millar, y por fin, los Onas, los nobles Onas cazados como fieras, claman en vano por una mano que los ampare, por una mano generosa que les salve la vida, aunque los reduzca a la condición de los esclavos.

(*) Agradecemos a Antonio Perich que nos envió estas páginas con tan importante testimonio, extractadas el periódico español EL COMERCIO del 10 de septiembre de 1904.

Y también Thomas Exequiel Lara Zalazar quien oficio de secretario en la transcripción de estos escritos.


RIO GRANDE CAUDAL Y CAUCE.04. Otra aproximación en el tiempo.

 


Situándonos en los años 20.

La flamante Comisión de Fomento debe tratar el tema de la contribución por el uso de la tierra y propender a mejorar la calidad de vida. Tienen injerencia sólo en la margen norte, el sur es privado e industrial, frente a él Don Pedro Triviño –un chileno- ha levantado en una punta de arena su casa comercio, y lo más importante su servicio de “boteo” para cruzar el río según la marea.

 

La Misión experimenta la incertidumbre sobre su futuro, ahora que los aborígenes merman en su número y refugiados en la zona boscosa son víctimas de una epidemia de influenza que al decir de los testigos terminan con la existencia de medio millar de ellos. Las religiosas de María Auxiliadora que acompañaron los afanes misioneros desde 1895 dejarán por un lustro la casa de Río Grande, al carecer de objetivos misioneros.

 En medio de estas circunstancias el gobernador fueguino solicita el traslado de la capital territorial a Río Grande. El 8 de julio de 1929, el Ministro del Interior Elpidio González podía leer: “En memorias anteriores elevadas a ese Ministerio, he tenido oportunidad de insinuar el traslado de la capital del Departamento de San Sebastián, con asiento en Río Grande, fundamentándome para ello en las razones siguientes:

 

1ro. De Nacionalidad.

2do. Por la importancia y riqueza del departamento del norte.

3ro. Por su situación geográfica.

4to. Por sus medios de comunicación.

 

“La proximidad de Chile al Dpto. de San Sebastián, ha introducido en éste las costumbres, la modalidad y hasta el idioma chileno, a tal punto que sólo por el concepto exacto de la situación del lugar, puede, un viajero ocasional, tener la seguridad de encontrarse en territorio argentino. Es así que la primera vez que visité ese departamento, pocos días después de asumir el cargo, la única bandera que encontré izada, fue la chilena, en el consulado de dicho país; y recuerdo, así mismo, que un grupo de pobladores que concurrió a saludarme y del cual hice tomar una relación nominal, con especificación de nacionalidad de cada uno, lo componían en su gran mayoría ciudadanos chilenos, siendo los menos, creo que dos, ciudadanos argentinos”.

 

“Mas, las madres en su mayoría, se trasladan a Punta Arenas (Chile) a tener sus hijos, y hasta el año pasado, algunos niños de edad escolar, eran enviados por sus padres al mismo puerto para educarlos. Y digo hasta el año pasado, porque en atención a la gravedad del hecho, la Gobernación creyó de su deber invadiendo tal vez  jurisdicciones ajenas, normalizar tal situación y al efecto gestionó y obtuvo de la Dirección General de Tierras, un lote de terreno, donde poco después por iniciativa y contribución de aquella y con la ayuda de vecinos de Río Grande, levantó un edificio escolar que consultaba las necesidades del momento y el cual fue inaugurado en el mes de noviembre del año pasado”.

 

Los datos censales de este año señalan una población de 350 habitantes, sobre 852 que ocupan el departamento de San Sebastián, ante 2608 que se registran en todo el territorio.

 

PAPELES PERONISTAS.3

 


A menos de un mes de las elecciones del 11 de marzo de 1973 se estaba en clima preelectoral. El FREJULI -Frente Justicialista de Liberación- no había logrado constituirse en Tierra del Fuego. El peronismo hacía frente la contienda que ya estaba encima. Fue entonces que previendose que podrían ser llamados a exponer ante la TV, único medio de masas existente en el ámbito local, se redactó desde la superioridad un ayuda memoria estinado a dar respuestas a un posible interrogatorio periodístico, o construir un monólogo solitario ante cámaras. Transcribimos como parte de esta divulgación que aportamos a nuestros lectores, las dos carillas que orientarían aquel acto.







LOS ANTIGUOS POBLADORES Y SU RELACIÓN CON EL MEDIO.5(*)

 


 

La Colonia Agrícola de Río grande creada como muchas otras en el país por un decreto del presidente Yrigoyen, no tenía un proyecto en particular, pero lo fue teniendo con el tiempo.

El conjunto de chacras debía atender a la subsistencia de la población, y lo cumplió en parte: varias fueron recibidas por hacendados que allí hacían engordar los animales que llegaban desmejorados de sus establecimientos, en días el que el ganado llegaba en pie, en lentos y enormes piños, el nombre sureño con que se identificó pronto a las majadas. Cuando los animales alimentados en la periferia pueblerina mejoraban su condición pasaba al matadero y a las carnicerías donde se vendían los capones  enteros, o por medios y cuartos.., no había necesidad de balanza.

Muy pocas chacras desarrollaron la siembra de forrajes, es recordada la del vasco Ardanaz, aunque hay más elogios para una quinta, de menor extensión, la de James Sterlin, de donde salía buena parte del forraje que se consumía en la hotelería de entonces. Stirlin era un caso singular, hijo de familia británica, estaba unido a una nativa ona, con la cual no tuvo descendencia.


Otras quintas apuntaron en el tiempo al desarrollo de la huerta, de la cría de aves de corral, de algún ganado en engorde, atendiendo a las familias propietaria que solían ser numerosas, y la producción lechera. En este tramo de nuestra descripción resulta inevitable recordar a los Vicic, los Velásquez y destacar que la leche no era para todos, ya sea por su precio, o porque la oferta era escasa y se privilegiaba clientes fijos, que podían pagar por anticipado.

Pero toda esta actividad de granja, que debía prosperar en el cinturón productivo de Río Grande tenía su reflejo en múltiples espacios domésticos.

Ahora vamos a seguir simplificando historias en ese terreno, que tal vez haya sido para algunos de los que nos escuchan: ¡nuestro terreno!

 

¿Esta historia continuará?

                                

(*) Recuperamos en el tiempo esta conferenciada dada el viernes 18 de noviembre de 2011, en el hotel atlántida, como parte de la CELEBRACION DE LA OBRA DE SAN VICENTE DE PAUL EN RIO GRANDE


En materia de imágenes le pedimos ayuda a la IA, y recuperamos este gesto laborioso de Zdinka Mimica Chechuk -Coca- Bilbao, que fuera tomada en el jardín de su casa cuando se aproximaba a los cien años de vida.

La IA ha conceptualizado este momento que ella dibujó.


Con la pala, ella cultiva la tierra con movimientos suaves y precisos, preparando el suelo para plantar nuevas semillas. Su rostro está iluminado por el sol matutino, y gotas de sudor perlan su frente. A su alrededor, las hileras de verduras y flores crecen saludables y vigorosas, testimonio de su dedicación y cuidado.


En su mirada, se refleja una conexión profunda con la naturaleza y un sentido de logro al trabajar la tierra. La mujer parece estar en su elemento, disfrutando del ritmo tranquilo y satisfactorio del trabajo en la huerta.

 

 

 

HOJAS DE VIDA. Braulio Maldonado. ¡Gente laboriosa se necesita en el planeta tierra!

Lo visitamos en su lugar de trabajo hacía ya 32 años.

Primero había sido para Berlín, después para Raful, y finalmente como puesto 21 de Estancia San Julio.

Formaba parte de inventario del establecimiento y aquella mañana al acercarnos en el Niva se iba sintiendo cada vez más fuerte el ruido de una motosierra. Raúl Bolonia se había acercado del casco con la intención de ir cortándole en tacos la leña que le serviría para cuando llegara el invierno.

Más tarde llegó, tenía un par de horas para atendernos y después volvería a trabajar: -¡Tenemos miles de años para descansar, para que vamos a descansar ahora!

La noticia tardó en llegarme algo más de un año, un paisano llegó a colocar un mensaje a la radio, y conversaba y conversaba, no se quería ir, entonces recordó que quien quería conocerme era el hombre que había construido mi cuna.

¡Mi cuna! Celeste, siempre bien pintada, esmero de mi padre, que no se pudo traer cuando encaramos el regreso a Tierra del Fuego. Mi cuna.., que por otra parte ya me había quedado chica y solo era el receptáculo para que desde allí, tras los barrotes, observaran Pancho Mono y Marilú. El primero usaba una camiseta del Colo Colo, y era de paño marrón, la segunda era rubia, de paño lency,  tenía colores argentinos y bajo su amplia pollera podía encerrar el camisón de mi madre.

La cuna quedó para el nieto de una tía que constituía la primera escala en el relevo generacional de muchas cosas dispersas en las distintas casas de la familia, pero antes de darle ese destino se le sacaron las rueditas metálicas, esféricas de bronce y acero. Las que por muchos años permanecieron en los cajones de la Singer.

Era hora de la merienda, y mientras hablábamos y hablábamos, preparara para acompañar el café con leche seis huevos fritos por persona.

A la mesa se sumó el capataz, después de desensillarle el caballo al puestero, poniendo en evidencia que el que mandaba no era el jefe, sino el que había enseñado la mayor parte de lo que sabía al muchachito.

Los caballos eran propiedad del establecimiento, con anterioridad Braulio había conseguido sumar 18 cabalgaduras a su patrimonio, pero en una urgencia para adelantar la tarea de terminar la casa para la familia en el pueblo terminó vendiéndoselo en lote a Elías Tomas.

-¡Gente laboriosa se necesita en el planeta tierra!

Esa misión es la que se había impuesto desde su llegada de Chile el 28 de septiembre de 1941.

Unos días nomás se alojó de pensionista en casa de Filomena Chacón, la Torera, allí lo fueron a buscar para sumarse a una esquila de ojos, más tarde trabajó con bueyes.

Allí llegado peludeando esperando el momento en que se iniciaran las actividades del campo y de ese tiempo conservaba memoria sobre, Néstor Mansilla, con quien no era ni pariente ni paisano, Julio Cesar, Juan Guerrero, los nombres de los que se fueron quedando. Entre ellos Coyuya Soto, el tío de la Leda, recordando también a la Leda misma a la que de pequeña había tenido en sus brazos.

Había nacido en Tenaún, el 8 de junio de 1932, el día de San Cipiriano y se sentía contagiado de la tradición de ese hombre dedicado a los “artes” pero sobre el cual algún antecedente posó para que se lo sacara del santoral católico. No obstante ello Braulio le prendía velas el día de su cumpleaños como una manda indispensable.

Su puesto estaba ordenados, la cama tenía frazadas y quillango, sábanas y almohadas como para armar comodidades para un pasajero.

Ordenadamente, pero vaya a saber bajo qué criterio, se veían publicaciones de las más diversas.

Y daba pruebas de haberlas leído a todas.

Contaba detalles de la batallas de Ardenas, del desembarco de Normandía, y cuando le pregunté donde había aprendido todo eso me señaló que todo se lo debía a la radio, donde siguió la transmisión radial de todo lo que iba pasando.

Tenía una forma de hablar española, tal vez remedo de los locutores de las ondas cortas, y hacía continuas invocaciones a Jeová, como si estuviera en un reciente proceso de conversión.

Entonces comenzó a tomarme exámen: Qué si sabía el porqué nuestro país se llamaba Argentina.

Que quienes habían sido los grandes tokis araucanos. Explicándole al toque lo que yo sabía de Caupolicán, Lautaro, Galvanino. Hizo silencio mientras el viento comenzaba a arreciar como pidiéndome que me fuera. –¿Pero usted no sabe nada de Michimalongo?  Me interpeló mencionando mi título: -¡Profesor!

Y allí comenzó a dar cuentas de ese ancestral prócer trasandino. Era la primera vez que sabía de él.

Ahora que he venido a recordarlo me apoyo en internet para volver a escucharlo, todo lo que he estado leyendo ya lo sabía por él, en sus mínimos detalles, y pensé cuanto habría disfrutado si  habría llegado a conocer estas modernas tecnologías.