PRIMEROS NACIMIENTOS REGISTRADOS EN RÍO GRANDE.5.1941



Nos proponermos cubrir con estas referencias la cuarta década del siglo pasado. y lo hacemos de a un año por presentación.

 1941

1.- MERCEDES ANA FINOCCHIO ROBERTS 23 de enero

2.- SEGUNDO PEDRO OLIVA 04 de enero

3.- JUAN GERONIMO ANTONIJEVIC 10 de enero

4.- ANIBAL TRIVIÑO NUÑEZ 18 de febrero

5.- MILTON JOSE ROMERO ROBERTS 17 de febrero

6.- SONIA AURELIA BILIC POPOVIC 27 de febrero

7.- ISABEL IRENE GONZALEZ MUÑOZ 17 de marzo

8.- JUAN ANTONIO BENITEZ OJEDA 21 de marzo

9.- FRANCISCO ALNALDO PACHECO GARCIA 07 de mayo

10.- PAULINA CANDELARIA IMPERIAL GALLARDO 16 de mayo

11.- MARIA ELISA VELASCO CHAMORRO  15 de mayo

12.- EDGARDO PEDRO CHIERASCO CHIERASCO 16 de mayo

13.- BLANCA ROSA ORTIZ VELAZQUEZ 16 de junio

14.- LUIS CARLOS ORTIZ VELAZQUEZ 16 de junio

15.- JUSTO OSCAR FLORES FERNANDEZ 17 de julio

16.- ZULEMA BARRIA 13 de julio

17.- SEGUNDO JOSE BALDOMERO BARRIENTOS  21 de julio

18.- HECTOR VILLARROEL CARDENAS

19.- ORLANDO YAÑEZ CAIBUL 07 de agosto

20.- IRMA DEL CARMEN ROGOLINI 28 de agosto

21.- ALEJANDRINO SOTO 02 de septiembre

22.- JUAN CARCAMO 13 de septiembre

23.- LAURA BARRIA 19 de octubre

24.- MARGARITA JULIA MANSILLA 14 de noviembre

25.- SULEMA DEL CARMEN LODEIRO 15 de noviembre

26.- ELENA ELISA CREMA 15 de noviembre

27.- TOMAS ARSENIO SANCHEZ. 21 de diciembre

 

Cronica en el sur 1972 agosto 16

 


En otras  palabras...



La masacre de Trelew —o los fusilamientos de Trelew—, en la madrugada del 22 de agosto de 1972 en Trelew, Argentina,[2]​ consistió en el asesinato perpetrado por la dictadura militar autodenominada "Revolución Argentina" (1966—1973) de 16 jóvenes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, presos en el penal de Rawson, capturados tras un intento de fuga parcialmente exitoso, durante el cual fue acribillado un guardiacárcel. Los detenidos fueron ametrallados posteriormente por marinos dirigidos por el Capitán de corbeta Luis Emilio Salinas, en la Base Aeronaval Almirante Zar, una dependencia de la Armada Argentina próxima a la ciudad de Trelew, provincia del Chubut, en la Patagonia austral.

El 15 de octubre de 2012, el Tribunal Federal de Comodoro Rivadavia resolvió condenar a prisión perpetua a Emilio Del Real, Luis Sosa y Carlos Marandino como autores de 16 homicidios y tres tentativas, así como declarar a los crímenes cometidos de «lesa humanidad».

Evasión y secuestro del avión

Un BAC 1-11 de Austral, similar al secuestrado por los guerrilleros.
Torre de control.

A mediados de 1972 gobernaba la Argentina una dictadura liderada por el general Alejandro Agustín Lanusse. Desde 1968, varias organizaciones guerrilleras habían surgido para combatir la dictadura y cientos de guerrilleros y militantes habían sido encarcelados. En el Penal de Rawson, ubicado en la Patagonia, estaban detenidos alrededor de doscientos reclusos,[3]​ miembros de las organizaciones armadas Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, que se pusieron de acuerdo para organizar conjuntamente una fuga. La cárcel estaba custodiada por 70 guardiacárceles -de los cuales la mitad estaban armados- y una compañía antiguerrillera de 120 hombres, acampada a tres cuadras. A esas fuerzas se sumaba la base aeronaval ubicada en Trelew, a 20 km, que contaba con dos batallones con un total de 1200 soldados.[3]​ El jefe del operativo era Mario Roberto Santucho, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (ERP), aunque algunas declaraciones —especialmente la de Fernando Vaca Narvaja, de Montoneros, afirman que Marcos Osatinsky (FAR) había comenzado a planificar la fuga antes de que Santucho llegara al penal. Estos dos dirigentes, junto a Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), Roberto Quieto (FAR), Enrique Gorriarán Merlo (ERP) y Domingo Menna (ERP), integraron el Comité de Fuga.

El 15 de agosto, a las 18:05, comenzó la fuga del Penal de Rawson, en la ciudad capital homónima de Chubut. El plan original era que se fugaran 110 detenidos en tres camiones,[4]​ durante el escape Gregorio Valenzuela estaba de guardia desarmado junto a Justino Galarraga y César Montenegro, estos fueron acribillados,[5]​ Gregorio Valenzuela recibió 13 disparos de ametralladora y un tiro de gracia en la cabeza que le dio la esposa del guerrillero Santucho, posteriormente en un tiroteo Marcos Osatinsky, comandante de las FAR, resultó muerto, esto hizo pensar al apoyo externo que la fuga había fracasado y los camiones se retiraron.[6]​ Uno de los errores graves cometidos por los guerrilleros fue no garantizar la comunicación entre los distintos grupos que estaban operando separadamente en la fuga.[]​

Los guerrilleros tomaron la cárcel rápidamente, pero como los camiones se habían retirado no fue posible el traslado masivo hacia el aeropuerto. Solo había un automóvil Ford Falcon que los esperaba, razón por la cual fue abordado por los seis líderes apenas 25 minutos después de iniciada la fuga.

Al llegar al aeropuerto (cuya pista es utilizada hoy en día por el Aeroclub Trelew, mientras que la terminal es un Centro Cultural por la Memoria)] se encontraba en la pista un avión Bac 1-11 de la empresa Austral Líneas Aéreas (matrícula LV-JNS), donde se encontraban tres guerrilleros —entre ellos Víctor Fernández Palmeiro (alias el Gallego, del ERP) y Anita Weissen (FAR)— que debían garantizar el control de la nave. El grupo guerrillero, vistiendo uniforme militar, simuló ser un contingente del Ejército que debía realizar la inspección del avión, pero una vez a bordo, el personal del aeropuerto se dio cuenta de que se trataba de una toma.

La aeronave operaba como el vuelo 811, que había despegado del Aeropuerto General Mosconi de Comodoro Rivadavia, con escalas en Trelew y Bahía Blanca, y rumbo al Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires.[11]​[10]​ Llevaba un total de 96 personas, entre pasajeros y tripulantes. Una vez tomado el avión, el comando de apoyo pidió a los pilotos quedarse en la pista. Allí abordaron los miembros del Comité de Fuga y demoraron el despega en la esperanza de que más evadidos pudieran llegar a tiempo.[12]​

La falta de walkie talkies volvió a conspirar contra la fuga.[]​ A las 19.27, luego de una hora y media de iniciada la fuga, los miembros del Comité de Fuga decidieron despegar, sin saber que otros diecinueve guerrilleros habían conseguido otros tres automóviles para fugarse y estaban a solo cinco minutos del aeropuerto.[4]​ El avión partió así rumbo al vecino país de Chile, gobernado entonces por el socialista Salvador Allende. El aparato llegó primero a Puerto Montt y finalmente a Santiago de Chile, donde los guerrilleros pidieron asilo.[9]​[12]​

El resto de los guerrilleros que quedaron en el penal fuertemente armados, apagaron las luces y pusieron en marcha el plan programado para el caso de que no pudieran fugarse: comunicarse con un juez, hacer pública la situación y garantizar que la rendición no fuera seguida de una masacre.[3]​

Recaptura

]
Antiguo aeropuerto de Trelew, actual Centro Cultural por la Memoria.

Los 19 guerrilleros decidieron tomar la terminal aeroportuaria de Trelew, en la que se encontraban unos pocos pasajeros y personal de las aerolíneas. Al mismo tiempo, un avión de Aerolíneas Argentinas que estaba por aterrizar fue desviado por la torre de control.[12]​ Frustradas sus posibilidades de fuga y luego de dar una conferencia de prensa a cargo de Rubén Pedro Bonnet, se entregaron a los efectivos de la Armada que mantenían rodeada la zona, solicitando y recibiendo públicas garantías para sus vidas en presencia de periodistas y autoridades judiciales. Los hombres también pidieron retornar al penal de Rawson.[12]​

Una patrulla militar bajo las órdenes del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, segundo jefe de la Base Aeronaval Almirante Zar, condujo a los prisioneros recapturados dentro de una unidad de transporte colectivo hacia dicha dependencia militar. Ante la oposición de éstos y el pedido de ser trasladados de regreso nuevamente a la cárcel de Rawson, el capitán Sosa adujo que el nuevo sitio de reclusión era transitorio, pues dentro del penal continuaba el motín y no estaban dadas las condiciones de seguridad.

Al arribar el contingente al nuevo destino de detención, el juez Alejandro Godoy, el director del diario Jornada, el subdirector del diario El Chubut, el director de LU17 Héctor "Pepe" Castro y el abogado Mario Abel Amaya, quienes acompañaban como garantes a los detenidos, no pudieron ingresar con ellos y fueron obligados a retirarse.

El espectacular intento de fuga y el éxito parcial de los seis máximos jefes guerrilleros, que más tarde lograron un salvoconducto para huir desde Chile hacia Cuba, tuvieron al gobierno militar y a la opinión pública en vilo durante tensos días. El sentimiento generalizado era que se tomarían cruentas represalias a manera de escarmiento contra los demás protagonistas de la fuga, en caso de no lograrse la repatriación de los seis jefes guerrilleros evadidos.

Debido a esta percepción, en la mañana del 17 de agosto el Partido Justicialista envió un telegrama al Ministro del Interior Arturo Mor Roig (parte de la mesa directiva del Partido Radical) con el siguiente texto: «Reclamamos respeto a los derechos humanos de los presos políticos de la unidad carcelaria Rawson responsabilizándolo por su integridad física amenazada por medidas de represión».

Fusilamiento

La Base Aeronaval Almirante Zar vista desde la Ruta Nacional 3.

Mientras el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse intentaba presionar por todos los medios al presidente constitucional Salvador Allende para que deportara a los fugados en calidad de prisioneros, toda la zona de Rawson y Trelew se hallaba virtualmente ocupada por fuerzas del Ejército Argentino y Gendarmería Nacional Argentina, quienes patrullaban continuamente y hacían prácticamente imposible cualquier nuevo intento de fuga. La propia Base Aeronaval de Trelew mantenía una numerosa dotación de 3000 efectivos de la Armada Argentina. Regía en toda la zona un estado de máxima alerta, todo lo cual hacía impensable reintentar otra operación de evasión.[​

En un clima de absoluto hermetismo y gran tensión, la noche del 21 de agosto permanecieron reunidos en la Casa de Gobierno los miembros de la Junta de Comandantes en Jefe de las tres fuerzas armadas, colaboradores y ministros. No se brindó ninguna información a los periodistas que aguardaban noticias.

A las 03:30 del 22 de agosto, en la Base Aeronaval Almirante Zar, los 19 detenidos fueron sorpresivamente despertados y sacados de sus celdas. Según testimonios de los tres únicos reclusos sobrevivientes, mientras estaban formados y obligados a mirar hacia el piso fueron ametrallados indefensos por una patrulla a cargo del capitán de corbeta Sosa y del teniente Roberto Bravo, falleciendo la mayoría en el acto, y algunos heridos fueron rematados con armas cortas en el piso. Al terminar los disparos, los siete sobrevivientes fueron llevados a la enfermería, pero no se les prestó ningún tipo de asistencia médica. Los únicos tres sobrevivientes fueron trasladados al día siguiente a Puerto Belgrano, donde fueron intervenidos.]​

La versión oficial del suceso indicaba que se había producido un nuevo intento de fuga, con 16 muertos y tres heridos entre los prisioneros, pero sin bajas en las filas de la Marina.

La misma noche del 22, el gobierno sancionó la ley 19 797 que prohibía toda difusión de informaciones sobre organizaciones guerrilleras. En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales ciudades de la Argentina, y numerosas bombas fueron colocadas en dependencias oficiales como protesta por la matanza.

Juan Domingo Perón calificó la masacre como un «asesinato».[15]​

Los fallecidos fueron:

Los heridos, que lograron sobrevivir a la masacre y que dieron testimonio de los hechos, fueron luego asesinados durante el gobierno militar subsiguiente autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983):

El parco comunicado oficial del gobierno al respecto fue brindado a la prensa por el contralmirante Hermes Quijada, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien a los pocos meses, el 30 de abril de 1973, fue asesinado a balazos en el céntrico barrio del Congreso —ciudad de Buenos Aires— por Víctor José Fernández Palmeiro del ERP —alias El Gallego— desde una motocicleta, quien a su vez cayó muerto por los disparos del chofer del militar.

En líneas generales, la explicación del gobierno mencionaba que al realizar el jefe de turno (el capitán Luis Sosa) una recorrida de control en el alojamiento de los presos, mientras éstos se encontraban en un pasillo, fue atacado por la espalda por Mariano Pujadas, quien habría logrado sustraerle su pistola ametralladora. Escudándose en el oficial los presos intentaron evadirse, pero el marino logró liberarse y fue atacado a tiros, resultando herido. En tal circunstancia —y siempre según los dichos del almirante— la guardia contestó el fuego contra los reclusos y se inicia así un intenso tiroteo, con los resultados conocidos: de los 19 reclusos, 16 fueron muertos y 3 heridos graves. Las obvias preguntas al respecto que realizaron los periodistas ante esta inverosímil declaración no fueron respondidas. Inclusive cuando se le preguntó si el capitán Sosa estaba realmente herido, el almirante Quijada respondió: «No puedo contestar. Es secreto de sumario.»

Responsabilidades y consecuencias


El Trelewazo, ocurrido el 11 de octubre de 1972, tuvo como objetivos liberar a los detenidos en el penal de Villa Devoto por la «Operación Vigilante» y justicia por las víctimas de la Masacre.
Grafiti cerca del antiguo aeropuerto.

Las versiones más documentadas de los confusos episodios que derivaron en esta tragedia coinciden en que la decisión de ejecutar a los prisioneros fue tomada por las autoridades de la Armada, sin el consentimiento expreso del gobierno del presidente Lanusse, quien luego no tuvo más alternativa que asumir la responsabilidad por los hechos.

Fue muy elocuente en tal sentido el discurso pronunciado el 5 de septiembre de 1972, a pocos días de la masacre, por el entonces capitán de navío Horacio Mayorga en la misma Base Aeronaval Almirante Zar donde ocurrieron los hechos, y frente a todo el personal de esa dependencia: «No es necesario explicar nada. Debemos dejar de lado estúpidas discusiones que la Armada no tiene que esforzarse en explicar. Lo hecho bien hecho está. Se hizo lo que se tenía que hacer. No hay que disculparse porque no hay culpa. La muerte está en el plan de Dios no para castigo sino para la reflexión de muchos».

Por parte de las organizaciones guerrilleras, existió desde el primer momento el convencimiento de que la matanza fue un hecho planificado y decidido por los máximos exponentes del gobierno, es decir, la Junta Militar. La consigna que inmediatamente adoptaron las fuerzas insurgentes después de conocido el fusilamiento fue: «La sangre derramada no será negociada». En tal sentido, durante los meses siguientes se produjeron gran cantidad de hechos de violencia en venganza por los caídos de Trelew.

Años más tarde, en una versión alternativa comentada por el brigadier general Carlos Rey (integrante de la mencionada Junta) al historiador Robert Potash, el entonces comandante en jefe de la Fuerza Aérea asegura que el lamentable suceso fue «…un atroz accidente motivado por la tensión, el miedo y el exceso de celo en la seguridad».

En tanto en su libro Mi testimonio, el general Lanusse ratificó la versión oficial original, haciendo mención a que el 16 de agosto le había ordenado al general Eduardo Ignacio Betti, comandante de la IX Brigada, que los detenidos fueran trasladados de la base aeronaval a la cárcel de Rawson, «por no tener la base de Trelew instalaciones adecuadas ni personal capacitado para su vigilancia.» Según el propio Lanusse, tal orden no fue cumplida, aseverando que «los trágicos hechos del 22 de agosto ponían en evidencia que mis temores habían sido lamentablemente acertados».

La cadena de mando al tiempo de la masacre y los principales actores involucrados en ella fueron:

  • Teniente general Alejandro Agustín Lanusse - presidente de facto y comandante en jefe del Ejército
  • Almirante Carlos Guido Natal Coda - comandante en jefe de la Armada
  • Brigadier general Carlos Rey - comandante en jefe de la Fuerza Aérea
  • Contralmirante Hermes Quijada - jefe del Estado Mayor Conjunto (asesinado luego en venganza)
  • General de brigada Eduardo Ignacio Betti - jefe del operativo militar en la zona de emergencia
  • Capitán de navío Rubén Norberto Paccagnini - Jefe de la Base Aeronaval Almirante Zar
  • Capitán de fragata Luis Emilio Sosa - A cargo de la fuerza de Infantería de Marina acantonada en la Base Aeronaval al momento de la tragedia
  • Teniente de corbeta Roberto Guillermo Bravo - Oficial superior, presente durante los hechos
  • Arturo Mor Roig - Ministro del Interior (asesinado en 1974 por Montoneros)
  • Jorge V. Quiroga - Juez de la Cámara Especial (asesinado luego en venganza)

No obstante todas las contradicciones y las diferentes versiones de los sucesos, la matanza de Trelew es considerada por estudiosos de la historia argentina de la época, como el hecho inaugural del terrorismo de Estado como metodología sistemática para luchar contra las organizaciones políticas armadas, sin las limitaciones que impone la ley.

2012: fallo de la justicia

El 15 de octubre de 2012 el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia resolvió condenar a prisión perpetua a Emilio Del Real, Luis Sosa y Carlos Marandino como autores de 16 homicidios y tres tentativas. La sentencia se leyó en el centro cultural «José Hernández» de Rawson, donde se desarrolló el juicio desde mayo del mismo año, en una sala en la que había familiares y compañeros de los fusilados, junto a veteranos militantes chubutenses de la solidaridad con los presos políticos.

El Tribunal absolvió a Rubén Paccagnini, para quien se habían pedido dos años de prisión, y a Jorge Bautista, acusado de encubrir los crímenes. También dispuso reiterar el pedido de extradición de Roberto Bravo, con residencia en Estados Unidos, y declarar a los crímenes cometidos como de «lesa humanidad». El fiscal federal de Rawson, Fernando Gelves, manifestó su disconformidad con las dos absoluciones y dijo que las apelaría.[16]​ Asimismo, se dictaminó que los encontrados culpables permanecieran libres hasta que la condena tenga sentencia firme.

El 19 de marzo de 2014 la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal ratificó las condenas a prisión perpetua de Sosa, del Real y Marandino. Anuló, además, las absoluciones de Paccagnini y a Bautista.

A través de una audiencia abierta al público, los jueces Liliana Catucci, Alejandro Slokar y Mariano Borinsky calificaron por unanimidad los fusilamientos como «delitos de lesa humanidad». En el caso de Paccagnini, los camaristas ordenaron además que se le prohíba salir del país. Tanto Paccagnini como Bautista están en libertad porque la sentencia nunca estuvo firme.

2022: juicio en Estados Unidos

[editar]

En 2022, familiares de las personas asesinadas en la Masacre de Trelew demandaron civilmente a Bravo en los Estados Unidos, por su participación en los crímenes. Bravo era oficial de logística de la Armada, razón por la cual era quien estaba a cargo de los presos, y según el informe oficial de la Marina, fue quien ordenó abrir las celdas para sacar a los presos, instantes antes de la masacre. Fue uno de los militares que dispararon y mataron a los detenidos. Inmediatamente después de los hechos, la dictadura lo envió a Estados Unidos, donde se radicó y vivió desde entonces. La justicia argentina reclamó la extradición de Bravo en 2009, por crímenes de lesa humanidad, pero en Estados Unidos el trámite ha demorado más de una década. Debido a esa demora, familiares de la víctima iniciaron en los Estados Unidos una demanda civil contra Bravo, que se inició el 27 de junio de 2022.[17]​[18]​[19]​

El juicio civil tramitó mediante un proceso oral, en el cual el 2 de julio de 2022, Bravo fue encontrado culpable por un jurado de ciudadanos, siendo condenado a pagar una indemnización de poco más de 24 millones de dólares estadounidenses a familiares de las víctimas. La sentencia se funda en virtud de la Alien Tort Statute y, aunque no tiene como resultado pena privativa de libertad —debido a que se trató de un proceso civil—, la querella afirmó que, luego de la constatación de la participación de Bravo en la masacre, su intención era obtener la extradición de Bravo a la Argentina sin nuevas dilaciones por parte de Estados Unidos.[20]​[21]​

Monumento recordatorio

Recordando este hecho se levantó en 2014 un monumento ubicado en la entrada de la Base Almirante Zar que consiste de una columna horizontal que tiene escrito «En esta unidad de la Armada Argentina, el 22 de agosto de 1972 se cometió la Masacre de Trelew. También fue utilizada como centro clandestino de detención de la última dictadura cívico-militar»; de allí nacen tres columnas verticales, cada una con las palabras Justicia, Memoria, Verdad.[

El documental "Trelew: la fuga que fue masacre" (2004), dirigido por Mariana Arruti, incluye la cronología de los hechos, filmaciones de época y posteriores en el lugar de los hechos y múltiples entrevistas a guerrilleros sobrevivientes, testigos y guardias carcelarios.








INFORMATIVO FUEGUINO. Una calle lllamada Perón en el fin del mundo.

Perón y una calle para la polemica

1968 11 28 CRONICA EN EL SUR

En otras palabras..https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/la-increible-hazana-del-piloto-que-hace-60-anos-volo-solo-a-las-islas-malvinas-planto-bandera-y-nid21012024/

El 8 de septiembre de 1964, Miguel Lawler Fitzgerald completó la hazaña de su vida: aterrizó su avión monomotor Cessna 185 en las Islas Malvinas, plantó una bandera argentina y dejó una proclama reivindicando la soberanía nacional. Otros pilotos que lo habían intentado antes, fracasaron. Lo consiguió, casualmente, el día de su cumpleaños número 38. Voló solo, sentado sobre un tanque de combustible, con un bote inflable atado a su cuerpo.

“Mi viejo decía que nunca trabajó en su vida, que tuvo la suerte de que le pagaran por hacer lo que más le gustaba, que era volar”, dice su hijo, Christian Fitzgerald (53).

El 8 de septiembre de 1964, Miguel Lawler Fitzgerald aterrizó su avión monomotor Cessna 185 en las Islas Malvinas
El 8 de septiembre de 1964, Miguel Lawler Fitzgerald aterrizó su avión monomotor Cessna 185 en las Islas Malvinas

La hazaña: el primer viaje a Malvinas

La idea de volar a las islas siempre aparecía en las conversaciones entre pilotos, como un sueño compartido. En 1952, dos aviadores lo intentaron. Fitzgerald conocía su historia, sabía que llegaron a sobrevolar las islas pero no lograron descender por las fuertes corrientes de viento. Sin embargo, lo que más lo atormentaba fue enterarse de que, cuando regresaron a Comodoro Rivadavia, luego de siete horas de vuelo, los pilotos fueron sancionados: les quitaron su licencia y les prohibieron volar por un año.

Hubo un hecho preciso que empujó a Fitzgerald a la aventura: en septiembre de 1964, los diarios anunciaron que Naciones Unidas trataría en una sesión especial la descolonización de territorios en América Latina. Fitzgerald, que luego confesaría que venía rumiando la idea durante más una década, pensó que era el momento perfecto para hacer su acto de reivindicación.

No era un piloto improvisado: en 1962 estableció su primer récord personal al volar solo desde Nueva York hasta Buenos Aires sin escalas a bordo de un monomotor Cessna 210 (260 HP). En ese entonces, ni siquiera las grandes aerolíneas con sus imponentes flotas lograban hacer semejante trayecto sin detenerse.

Fitzgerald reacondicionó su pequeño avión, cambió los asientos por tanques de combustible, y lo bautizó “The spirit of Mariano Moreno”. Antes de despegar, tomó una precaución extra: en la cabina de la nave colocó un timer que sonaba cada 10 minutos para despertarlo por si se quedaba dormido. Voló 48 horas ininterrumpidas con el computador colgado a su cuello (instrumento de vuelo hoy obsoleto) y concretó su aventura.

Fitzgerald voló solo desde Nueva York hasta Buenos Aires sin escalas a bordo de un monomotor Cessna 210 (260 HP). En la imagen se observa el computador colgado a su cuello.
Fitzgerald voló solo desde Nueva York hasta Buenos Aires sin escalas a bordo de un monomotor Cessna 210 (260 HP). En la imagen se observa el computador colgado a su cuello.
Para lograr su hazaña reemplazó los asientos por tanques extras de combustible.
Para lograr su hazaña reemplazó los asientos por tanques extras de combustible.

Al Cessna que lo llevó a Malvinas lo bautizó “Luis Vernet” en honor al primer comandante político de las islas, previo a la invasión inglesa. Despegó el 6 de septiembre 1964 desde el aeródromo de Monte Grande rumbo a Trelew. Allí se reabasteció de combustible para llegar a Puerto Madryn, donde pasó la noche. Al día siguiente avanzó por Comodoro Rivadavia rumbo al sur, pero a la altura de Caleta Olivia el motor comenzó a fallar. Debió aterrizar “de emergencia” en Pico Trucando para solucionar un problema con las bujías. Una vez resuelto, siguió hasta Río Gallegos. Recién entonces comenzaría el verdadero desafío: atravesar más de 550 kilómetros de un mar de aguas frías y turbulentas para descender en las islas.

Para lograrlo, agregó dos tanques de combustible extra. Eso le daría una autonomía de 12 horas de vuelo. En Gallegos, con la complicidad del comandante y gerente de Austral Ignacio Fernández, consiguió toda la información técnica y meteorológica necesaria para llegar a las Islas. También coordinó con un operador de radio una frecuencia por la que Fitzgerald iría avisando su posición. En los registros, el destino de vuelo que declaró fue Ushuaia.

En la mañana del 8 de septiembre, el Cessna “Luis Vernet” despegó rumbo a las Islas Malvinas. Fitzgerald volaba a 8000 pies (2500 metros), debajo un interminable manto azul de agua helada. Su única compañía era la radio AM del avión donde sonaban tangos: Mi Buenos Aires Querido y otros clásicos. De acuerdo a su plan de vuelo, llegaría destino al mediodía. Después de tres horas y quince minutos, hizo contacto visual con las islas. Eran cientos de islas e islotes que formaban el archipiélago. Cuando se preparaba para aterrizar, una densa capa de nubes le impidió ver el suelo. Como sabía que estaba cerca de un cerro de 600 metros de altura, recobró altura y decidió esperar hasta encontrar un claro. Por radio avisó “a continente” que había encontrado lo que buscaba y que estaba cruzando el estrecho San Carlos, el canal que separa a las islas Soledad y Gran Malvina. Pasados unos minutos, la capa de nubes se abrió y pudo identificar Puerto Stanley (Puerto Argentino), en el noreste de la Isla Soledad.

Fitzgerald realizó dos virajes sobre el pueblo antes de aterrizar su avión en una pista precaria que se utilizaba para carreras de caballos. Antes de descender volvió a hacer contacto por radio, para avisar que había llegado a destino. Luego, sin apagar el motor, Fitzgerald bajó del avión con una bandera argentina, que era la que usaban en su casa para celebrar en las fechas patrias, y la colgó de un alambrado que encontró a pocos metros de la nave.

Fitzgerald despegó en el Cessna “Luis Vernet” rumbo a las Islas Malvinas.
Fitzgerald despegó en el Cessna “Luis Vernet” rumbo a las Islas Malvinas.

Un grupo de kelpers (nombre que pusieron los británicos a los malvinenses, derivado de un algo común en la región llamada “kelp”) que había visto al avión sobrevolar sus casas, se acercaron a Fitzgerald. Pensaron que estaba perdido o necesitaba ayuda. El argentino los saludó y les dio un papel. “Entréguenle esto a su gobernador”, les dijo.

“Al representante del gobierno ocupante de inglés Islas Malvinas. Yo, Miguel L. Fitzgerald, ciudadano argentino, único, necesario y suficiente título que exhibo en cumplimiento de una misión que está en el ánimo de veintidós millones de argentinos, llego al Territorio Malvínico para comunicarle la irrevocable determinación de quienes como yo han dispuesto poner término a la tercera invasión inglesa a territorio argentino...”, comenzaba el texto de su proclama.

Concretada la entrega de la carta, Fitzgerald subió a su avión y despegó nuevamente rumbo a Río Gallegos. Mientras tanto, en la Argentina, el diario Crónica imprimía los ejemplares con la noticia: “MALVINAS, HOY FUERON OCUPADAS”. Ese día, no se habló de otra cosa.

Titular del diario Crónica sobre la hazaña de Fitzgerald y el recibimiento del piloto en la redacción junto a Héctor Ricardo García
Titular del diario Crónica sobre la hazaña de Fitzgerald y el recibimiento del piloto en la redacción junto a Héctor Ricardo García

-Christian, ¿cómo se enteró la prensa de la llegada de su padre a Malvinas?

-Aunque mi padre era una persona muy reservada y mantuvo su plan con total hermetismo, solo sabían mi madre, mi abuela y un par de personas más, antes de viajar él se contactó con la prensa. Estaba el antecedente de los que habían ido antes y les habían suspendido la licencia... y para él volar era su fuente de ingresos, el único recurso que tenía para alimentar a su familia, así que no podía darse el lujo de perder la licencia. También pensó en la posibilidad de que los ingleses lo detuvieran o negasen que él hubiese llegado a destino. Entonces mi padre primero fue al diario La Razón, pero no le dieron importancia. De ahí fue a ver al dueño del diario Crónica, Héctor Ricardo García. Cuando García escuchó a mi padre, le gustó tanto la idea que ofreció alquilarle el avión y pagar el combustible. Además, le propuso contratar a un fotógrafo para que lo acompañase. Pero mi padre se negó porque el viaje implicaba ciertos riesgos y, con los combustibles de combustible extra, ya no quedaba lugar en la cabina. Él quería que su llegada a Malvinas se imprimiese en los diarios, que fuera noticia, para evitar consecuencias desagradables. Por precaución.

Miguel Fitzgerald junto a su hijo Christian
Miguel Fitzgerald junto a su hijo Christian

-Y lo logró: llegó a Malvinas, dejó la bandera y la proclama.

-Sí, coincidió con la fecha de su cumpleaños número 38. García había enviado un periodista a Río Gallegos para que le avisara cuando mi viejo llegase a Malvinas. Le advirtió que si llegaba el 8 de septiembre la noticia podía ser tapa, pero que el 9 no lo podía garantizar porque había un partido de fútbol importante...

-¿Qué sucedió cuando su padre aterrizó en Río Gallegos?

-Hubo revuelo. Antes de partir rumbo a Buenos Aires, la Fuerza Aérea le abrió un sumario. Hizo una primera parada en Bahía Blanca, donde pasó la noche, y luego hizo escala en Azul. Ahí tuvo el primer reconocimiento: le entregaron una corona de flores en nombre del Partido Radical, pero mi padre no la aceptó. Dijo que su causa era “nacional” y continuó el viaje a Capital.

-¿Cómo fue la llegada a la ciudad de Buenos Aires?

-Había una multitud esperándolo en Aeroparque. “El hombre de Malvinas”, decían los medios. Cuando bajó, se abrazó con Ciro Comi, que fue quien le prestó el avión para la travesía. Le dijo: “Todo bien, viejo. ¡Salvados los veintidós mil dólares!”. Se refería al precio del Cessna. Lo llevaron en andas hasta un jeep rojo y lo pasearon por la ciudad: la avenida Figueroa Alcorta, Retiro, Plaza de Mayo... todos lo vitoreaban. La caravana terminó en la sede del diario Crónica. En la redacción lo esperaba toda su familia. Fue un suceso importante.

“Desde 1833 hasta mi vuelo, hubo todo un largo siglo donde solo hubo escritos diplomáticos, seguramente muy bien redactados, pero que no condujeron a nada. Lo mío fue algo concreto, por eso se destaca. Yo, en cierta manera he encendido la mecha, ahora les toca a ustedes seguir avivando ese fuego para que no se extinga...La cuestión de Malvinas no es un problema económico, pues un millón de ovejas no nos afecta; es un problema de dignidad y no podemos quedarnos de brazos cruzados cuando se nos quita una parte de territorio ”, dijo Miguel Fitzgerald en una entrevista el 30 de septiembre de 1964.

-Finalmente, ¿lo sancionaron?

-No, tuvo tanta repercusión y aceptación popular que solo fue apercibido. Días después, el presidente Arturo Illia lo invitó a una audiencia.

En Rio Gallegos, Fitzgerald firmó autógrafos a los vecinos que se le acercaron para expresarle su admiración por la hazaña.
En Rio Gallegos, Fitzgerald firmó autógrafos a los vecinos que se le acercaron para expresarle su admiración por la hazaña.

-¿Cuáles fueron las repercusiones del vuelo?

-Mi padre siempre dijo que logró lo que quería, que su vuelo coincidiera con la fecha en la que la ONU trataba el tema de Malvinas y tuviera difusión en los medios. A partir de ese hecho, Londres decidió establecer en las islas un contingente permanente de Royal Marines. Y hasta ese momento los malvinenses no sabían que existía un reclamo argentino sobre las islas.

Luego del aquel vuelo histórico, Fitzgerald fue invitado a dar charlas por todo el país. En su casa recibió centenares de cartas felicitándolo por su valentía. Si hasta el autor de La Marcha de Malvinas le obsequió una partitura original con la dedicatoria: “Al señor Miguel Fitzgerald, primer abanderado de Las Malvinas. Cordialmente, el autor José Tieri, 12/6/1966″.

Tras su merecido momento de fama, Miguel Fitzgerald retomó su antiguo trabajo: traslado de pasajeros y flete de aeronaves desde los Estados Unidos.

Recibimiento de Fitzgerald en Buenos Aires
Recibimiento de Fitzgerald en Buenos Aires

Quién era Miguel Fitzgerald

Miguel Fitzgerald nació el 8 de septiembre de 1926. Era el menor de dos hijos de un matrimonio de irlandeses que había llegado al país a principios del siglo pasado. Parte de su infancia vivió en Guaminí, localidad ubicada al oeste de la provincia de Buenos Aires. Luego, cuando su padre falleció, entró como pupilo al colegio San Cirano, en Buenos Aires. Finalmente, su madre se mudó a la Capital Federal y Miguel terminó el secundario en la Escuela Técnica Otto Krause, donde se recibió de técnico mecánico.

-Christian, ¿cómo nace la pasión de su padre por los aviones?

-Él siempre contaba que cuando tenía tres años, una tía que vivía en los Estados Unidos le envió de regalo un trajecito de aviador que tenía un par de alas bordadas. Lo usaba todo el tiempo y no se lo quería sacar nunca. Desde ese momento, lo supo. Jugaba con modelos de avioncitos y decía que un día él iba a aprender a volarlos. A los 16 aprendió a volar aeroplanos.

-Y luego conoció a tu madre, Palmira Rodríguez

-Sí, fue en una fiesta de egresados. Tuvieron cuatro hijos: Gustavo, el mayor, Diego, Carlos, que falleció, y yo, que soy el más chico.

Miguel Fitzgerald el día de su boda con Palmira Rodríguez
Miguel Fitzgerald el día de su boda con Palmira Rodríguez

-Los pilotos deben tomar decisiones de vida o muerte en cuestión de segundos manteniendo la calma, parecen personas serias, imperturbables, ¿cómo era su padre?

-Mi padre por lo general tomaba las decisiones solo y luego comunicaba lo que iba a hacer. Era bastante reservado. Pero si le dabas el tiempo y le tenías la paciencia, empezaba a contar sus anécdotas y no paraba más... ¡Era tan grande la que sentía por volar! Sumó 21.000 horas de vuelo.

Regreso a Malvinas como piloto Crónica

Años después del viaje a Malvinas, Miguel Fitzgerald fue contratado por Crónica como piloto oficial del diario. Le dieron un Cessna LV-ILU, modelo U206, con el que llevaba a periodistas y fotógrafos a realizar todo tipo de coberturas. Cubrió inundaciones, accidentes, carreras, partidos de fútbol, la muerte del “Che” Guevara... pero tal vez la nota más significativa para él fue su regreso a las Islas Malvinas.

-¿Cuándo regresó su padre a Malvinas?

-En noviembre de 1968. Crónica ya tenía un avión más grande, un Aerocomander, que es un avión de dos motores, y García le dijo a mi padre que quería que lo llevase a Malvinas para cubrir la noticia de un grupo de diplomáticos británicos que viajaría a las Islas. La expedición estaba encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores, Lord Chalfont.

-Habían pasado cuatro años, ¿cómo fue la experiencia?

-Salieron de Aeroparque rumbo a Río Gallegos, y desde ahí volaron a Malvinas. Instalaron tanques de combustible en el interior de la aeronave para asegurar el abastecimiento para el regreso. Viajaron mi padre, García y el periodista Carlos Nava. Cuando sobrevolaron las islas descubrieron que habían puesto barricadas sobre la pista de cuadreras. Evidentemente, sabían que alguien podía visitarlos. Comenzaron a sonar unas sirenas y dos helicópteros de la Marina Británica obligaron a mi padre a aterrizar.

Miguel Fitzgerald y Héctor Ricardo García rumbo a las Islas Malvinas, fue la segunda vez que el piloto logró la hazaña
Miguel Fitzgerald y Héctor Ricardo García rumbo a las Islas Malvinas, fue la segunda vez que el piloto logró la hazaña

-Un desenlace muy distinto al del primer vuelo.

-Sí. Fue todo un poco accidentando, pero no hubo heridos. Cuando aterrizaron, apareció una dotación de 60 hombres armados que rodearon la aeronave y los llevaron detenidos. García explicó que había ido como periodista para entrevistar a Lord Chalfont y pidió hablar con él, pero no logró su propósito. Le confiscaron la máquina de escribir, la cámara de fotos y otros documentos. Al día siguiente los embarcaron en el Endurance, el buque patrullero antártico de la Marina de Guerra británica y los mandaron de regreso a la Argentina. Luego les devolvieron las pertenencias. Al avión lo desarmaron y lo enviaron de regreso a través de Montevideo. Mi padre solía bromear diciendo que la única vez que estuvo preso fue bajo las órdenes de Su Majestad la Reina de Inglaterra.

Titular del diario Crónica del vuelo a Malvinas
Titular del diario Crónica del vuelo a Malvinas
Durante un tiempo Fitzgerald fue el piloto del avión particular de García
Durante un tiempo Fitzgerald fue el piloto del avión particular de García

Miguel Lawler Fitzgerald trabajó un tiempo más para Héctor Ricardo García. En los últimos años, fue piloto de su avión particular. Falleció el 25 de noviembre de 2010, a los 84 años.

“Fue un gran padre, un laburante que hizo todo lo que estuvo a su alcance para que sus hijos vivieran mejor. Siempre decía que en la vida había que tener ‘rumbo y fe’: rumbo para saber hacia dónde dirigirse y fe para poder alcanzarlo”, dice su hijo Christian.

Actualmente, el pequeño avión Cessna 185, en el que Miguel Fitzgerald logró llegar a las Islas, pende del techo del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
Actualmente, el pequeño avión Cessna 185, en el que Miguel Fitzgerald logró llegar a las Islas, pende del techo del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur.