Interrogado por el suplemento Nuevas Letras del diario El Sureño volqué –vía internet- una serie de reflexiones que luego se incorporaron a las crónicas elaboradas para la edición del 9 de septiembre. Como luego todo el tema fue motivo de diversas convesaciones, creo dar respuesta a un conjunto de lectores si publico aquí lo dichos in extenso, aprovechando el dominio que tengo sobre este espacio en el cual al menos yo, no experimento limitaciones de ningún tipo.
En
Tierra del Fuego es muy difícil ser escritor y vivir de ello. Como es difícil
ser deportista y vivir de ello. Se puede ser Profesor de Educación Física, o de
Lengua, y llegar a jubilarse bien y temprano. Pero el escritor o el deportista
no deben pensar en un retiro similar. El Estado niega colaboración
institucional a los escritores, la prueba es el demorado Fondo Editorial. Un
escritor requiere de inspiración, y lectores. Y lamentable entre la clase
política no abundan estos últimos El deporte por otro parte casi no se
desenvuelve sin el estímulo de estado. Tal vez por eso los escritores locales
hemos ganado muy pocos campeonatos como visitantes. Pero uno sabe que lo
importante no es el llegar, sino el camino que se recorre: de otra manera sería
importante la muerte, y no la vida. Y escribir es como la vida.
A
excepción del teatro el libro sigue siendo el medio más apropiado para contener
y difundir la obra de un escritor. En el plano fueguino los creadores locales
publican en ediciones de autor, y cuando en algunos casos se llega a una editorial
-del norte- este es de aquellas a las que hay que pagarles la edición, y con
ello de hacen "el armado" y cierta "difusión y
distribución" limitada en tiempo y lugar. El acceso de los lectores
locales a la producción de sus escritores está condicionado -en la gran mayoría
de los casos- al conocimiento previo del autor, antes que de su obra. No hay
editoriales locales que se ocupen de los escritores locales, la más importante
atiende preferentemente la reedición de autores muertos -en ningún caso fueguinos-
o la promoción de un solo autor -como el caso de Carlos Vairo- en el mercado
ushuaiense pensado en función del turista.
¿Conocen
algún docente que se ocupe de hacer trabajar a sus alumnos con autores
fueguinos? Son escasos, pero los que lo son se caracterizan por pertenecer a
aquella categoría de maestros que consiguen que el alumno se interese en la
materia. En términos generales el docente no participa de la "vida
cultura" de la comunidad. Las nuevas carreras aparecen en muchos casos sin
la menor existencia de bibliografías. El docente en todos los niveles no es un
consumidor de la producción cultural local, y sí un promotor del
"fotocopiado" de fragmentos ajenos, los que dan pie a estupendos
negocios que no incluye a autores, y/o editores.
Por
otra parte los llamados escritores fueguinos podrán en cierto momento
agruparse, asociarse y hasta incluso agremiarse, pero no llega a
"amigarse". ¿Qué escritor pude decir que ha leído la producción de
sus contemporáneos? ¿Los clásicos de la isla? Muy pocos pueden nombrar
correctamente un título de un libro de otro autor, y menos decir de recitar un
poema que no sea de su propia autoría.
Falta
además el ejercicio de una crítica certera. A veces en ciertos ámbitos
oficiales se declaran de interés obras que nunca se leyeron. No existe un
periodismo cultural formado que respete la acción de los creadores. Se describe
el hecho social de la presentación de un libro, pero nunca se analiza su
contenido. Pocos señalan si una obra es buena, o es mala. El periodismo cultural
se maneja dentro del contexto con el primer marco de referencia, finalmente
puede apreciarse si "hubo un problema de audio o iluminación", o si
el vino y los sandwichitos de la presentación fueron convincentes.
Las
crónicas de un espectáculo casi siempre termina con una foto de las autoridades
concurrentes, y los primeros tramos del mismo. Después el periodista cultural
se retira, y no emergen de su tarea crítica y comentario alguno, ni propios ni
ajenos.
Finalmente
se crea la imagen que todo está muy bien, y nadie habla mal del otro para que
nadie hable mal de uno. Se puede llegar así fácilmente a la consagración de un
bodrio.
El periodista cultural tendría que
estar al menos a la altura del periodista deportivo, que asiste a la jornada
plena, que interroga a los distintos actos del hecho, que apunta en cada
caso el dirigente, al dirigido, y al espectador.
Aunque
más mercantilizado, marca un camino y reconoce metas. La mercantilización en sí
no es mala, al fin de cuenta si pretendemos vivir de una actividad tenemos
que pensar en que la misma de una ganancia. En el plano cultural pasamos
del sosten estatal, a la marginalidad de cierta bohemia que -en muchos casos-
no prescinde de las subvenciones para salir adelante con sus proyectos. La cultura
entre nosotros todavía no capitaliza, y la generada con perfiles propios
no alcanza multitudes.
No
obstante ello es de tener en cuenta. Muchos escritores locales suman la
venta de 500 o 700 libros en su mercado inmediato, y no hay autor -tal vez el
del Código Da Vinci- que sumen al mismo tiempo una venta tan importante. El
problema también es si el escritor quiere serlo para aquí y nada más que
para aquí, o si pretende proyectarse fuera de nuestro ámbito
Y el correo que no se manifestó a los pocos
días:
Excelente nota "Sobre el escritor, la
cultura y el medio fueguino", en el nº 38 de Río... Es el horizonte que
siempre busqué mientras estuve como presidente de la SADE y aún conservo.
Es cierto, seguimos esperando el demorado
Fondo Editorial, pero aquí quiero aclarar que en dos oportunidades elevamos,
desde la SADE, el reclamo acompañado de firmas que sostenían dicho reclamo. Al
parecer las euforias de reclamos ahora no son las mismas por parte de
instituciones, agrupaciones, círculos, o como quieran llamarlo. No hay
constancia en apurar la puesta en vigencia de dicho fondo.
Aunque me pregunto quien se haría cargo de la
evaluación de las obras de los llamados escritores fueguinos que no llegan
siquiera a "amigarse"
He tenido la oportunidad de mantener una
continuidad en la presencia en las escuelas y una relación con el docente. Es
común aceptar la presencia del escritor y sobre todo aquel que tiene
inclinación a lo regional, pero simplemente para cumplir una curricula en la
que se sienten obligados a desarrollar. Podemos, sin embargo, destacar a unos
pocos docentes que mantuvieron una continuidad en los encuentros, pero tambien
debemos tener el cuenta el nulo aporte estatal para, al menos, cubrir la parte
logística, que tiene que afrontar el escritor (llamese traslado, aporte de
material, un incentivo monetario para estimular la constancia)
Con respecto a la difusión de las obras.
Observamos que en pequeña escala se editan obras en las imprentas con muy bajo
nivel de edición. Se pone mucho esfuerzo en vano. Ahora bien, las obras
editadas no tienen ninguna critica literaria, por tanto se distribuyen como una
obra pasajera, superflua, sin ser valorada o rechazada. Si esperamos del Estado
tanto municipal o Provincial la colaboración, podemos llegar a sorprendernos
cuando resuelven desembolsar dinero para una supuesta edición de un libro que
en mucho de los casos es una partida desperdiciada.
Sabemos que hay lectores en nuestro medio y de
muy buen nivel. Cómo logramos que se acerquen a las obras de los fueguinos?
Quizás haga falta un trabajo de marketing de alguna agencia publicitaria, pero
el trabajo de difusión es costoso. Sería quizás resorte estatal hacer la
propaganda plena y con efectividad en la venta de los ejemplares.
Creo, por último, que la única forma de lograr
algunas ventajas es con la firme propuesta a aglutinarse, asociarse, nuclearse,
más allá de las ideologías y las diferencias, con el propósito, en el tiempo,
de ser escuchados y ganar un espacio donde seamos respetados.
Miguel Ángel Pinto
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