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Conversaciones con Ramón García.10. “Cuanto más me llevas pa’ adelante, más me gusta Río Grande”.

Un día llegamos para interrumpirlo, o para sacarlo de su impaciencia puesto que volvía por primera vez a España, la tierra de la cual había partido décadas antes con un destino americano.

Ramón se sometía a nuestro interrogatorio:

-Y en estos 35 años Ramón, ¿Tuvo oportunidad de conocer prácticamente toda la isla, anduvo mucho por la isla?
-No, no. Poco.
-Poco. ¿Por la zona de Ushuaia anduvo?
-No, por Ushuaia no conozco nada.
-A Ushuaia fue.
-Apenas. Una vez iba tan entusiasmado para allá que no alcancé…Fui, fui pa´ la zona cuando se terminó el asunto con Chile. Fuimos ahí a Almanza a buscar mariscos una vez. ¿Vos no ibas, no? Fue la única vez que fui para ahí.
-Ahora, ¿Cuál es el lugar más lindo, el que le gusta más de Tierra del Fuego?
-¿De Tierra del Fuego? Acá, la calle Perito Moreno. No te voy a decir que me gusta otra parte, porque vivo acá, me gusta esto.
-No, pero está bien. Los que se van a poner contentos son los remiseros.
-Acá la calle Perito Moreno, porque tengo una parada de remises ahí enfrente…a mi me gusta esto. Cuando fui por tierra con Miguel, a Buenos Aires. Que te diga Miguel, yo iba diciendo. “Cuanto más me llevas pa’ adelante, más me gusta Río Grande”. Porque hasta que llegué a la zona de Viedma por allá, no me gustó nada.

-¿Todo muy pelado?
-De ahí para adelante me empezó a gustar. Hasta ahí no. Hasta ahí no me gustó nada. Hasta ahí  me seguía gustando Río Grande. No sé, por la precordillera debe ser distinto, no. Pero por ahí no me gustó nada.
Carmen - ¿A vos que zona te gusta Mingo?
-A mí me gusta la zona de San Pablo. Claro, me gusta como paisaje, porque vivir ahí, en esas condiciones es muy difícil. Como paisaje si, me gusta mucho.
-Como paisaje si, es lindo, si.
-Ahí conocimos la subidita esa, que miras asi pa’ abajo el mar. Es un lindo paisaje ese, eh, ché Mingo: ¿Te recuerdas cuando venías conmigo a la leña’
-Si, me acuerdo de las tranqueras que tenía que abrir.
-Venía él y Juan. Juan iba al lado de la puerta, pero cuando llegaba allá:” Pucha, no me gusta acá, tengo frío, déjenme pasar a mi pal medio” A este lo mandaba pal lado de la puerta, pa’ que tuviera que abrir todas esas tranqueras. Abrir y cerrar después.
-Por eso le preguntaba yo, cuando hablábamos de la madera, si iba a “La Catalana”.
-Si, siempre. Todavía sigo, fui el sábado todavía pero no, el sábado paré de trabajar. Porque lo encontré muy resbaloso el camino, dije no, ahora que me voy a cargar, que estoy por viajar, que me voy a lastimar…
-Ahora: Hoy comenzamos por recordar un invierno malo... El invierno con mucho frío, el del año ’54, ¿No?... ¿Cómo ese hubo otro parecido?
-No, no tanto. Hubo alguno medio bravo. Incluso el del año pasado no fue muy bueno, pero hubo inviernos muy buenos.
-¿Y el de este año?
-Y el de este año está siendo una maravilla de bueno, muy bueno. Como esto, en cualquier parte del norte hace este tiempo, no solamente acá.
-Si, si. Hoy día están peores en otras partes.
-Eso. Acá por la humedad ahora que, pero frío no hace. No van a decir los del campo que tienen un invierno malo. Yo no creo que sea malo este invierno, de cualquier forma se achicó completamente.
-Si, si. ¿Y para las ovejas que tal será?
-Muy bueno, la oveja tiene agua, el pasto descubierto, que puede tomar agua…
-Bueno, espero Ramón que…
-No va a enflaquecer mucho en este invierno…
-…Cuando esté pasando el invierno allá con su gente en Galicia, se acuerde de nosotros un poco y brinde.
-Voy a brindar más que una vez. Incluso voy a ayudarle a hacer vino a mi hermano.
-¿Hacen vino?
-Ah, si, yo voy a hacer vino.
-¿A “pata”?
-¡Qué a “pata”!. Ahora no se hacen más a “pata”.
-Entonces va a tener que traer una botellita de ese vino, para ver si vale la pena. Si es bueno, lo mandamos de vuelta a traer más.
-Si, pero cambia, eh. Cambia totalmente.
-¿Por qué?
-Yo cuando vine traje ese mismo vino que es buenísimo, porque lo hacemos en casa, a pasar el Ecuador más o menos, porque agarra una temperatura tremenda de calor.
-¿En la zona del Ecuador?
Si, entonces, lógicamente se echa…bueno, porque viste…Pero es bueno…Yo sé que tiene por ahí mi señora, pero hace años que tiene whisky guardado por ahí. Yo no tomo hace mucho, cuarenta años está añejando…Pal 6 de diciembre, Mingo, cuarenta años cumplimos de casados. Qué aguante, ¿No? Que aguante ¿No Mingo?
-Eran otros hombres…


Ramón fue a verificar como estaban preparadas las valijas, al volver ya estábamos  de merienda en la soleada cocina de Carmen, el grabador que había quedado prendido registró estertores de una conversación que hemos venido desgranando en varios domingos, en varios domingos después de su muerte.

-Ahora Ramón, dígame: ¿Usted está como cuando vino de España o mejor?
-Yo estoy mejor. ¿Cómo voy a estar como cuando vine de España? Pa’ estar lo mismo ¿Que iba a venir acá?
-¿Y para septiembre, cuando venga de vuelta para la primavera, como va a estar? ¿Como cuando vino de España o mejor?

-Y…creo que mejor.

EN LAS FOTOGRAFÍAS: Bautismo de la sobrina, Isabel Fava Torres. En la primera Carmen y Ramón, los tíos; en la segunda Juan Ramón y Carmen, los primos. Yo andaba de monaguillo.

CONVERSACIONES CON RAMÓN GARCÍA.7. “-Yo ya me considero más argentino que español”.

Recuerdo que cuando encaramos esta serie dominical de rescate de quien fue Ramón García Abal, estábamos apesadumbrados con su muerte, tan reciente.

Pero el trabajo de armonizar sus recuerdos nos han llevado a otros planos de su vida, a momentos inquietantes algunos, otros plenos de optimismo, como cuando planificó volver por fin a España.



-Y ahora estamos recordando todas estas cosas, que supongo que las va a seguir recordando por unos días, porque usted se va de Río Grande.
-Mañana. Si Dios quiere.
-A ver, cuénteme que va a hacer.
-¿Qué voy a hacer? Primero vamos pa’ Buenos Aires.
-¿Qué va a andar haciendo por ahí en Buenos Aires?
-Primero por migraciones, eso va a ser primero, sacar Certificado de ingreso al país, no para mí, para mi señora, yo ya lo tengo. Tiene que sacar la cédula de la Policía Federal, yo ya la tengo.
-Ah, usted parece que está más al día.
-No, yo ya tengo la cédula federal, ya.
-Si, si,… ¿Y? ¿Y después?
-Una vez tenida la cédula hay que solicitar el permiso pa’ salir del país.
-¿Es más complicado que…?
-Si no tienes la cédula esa no te pueden dar…Porque no podes salir si no vas con permiso, sino cuando vienen de vuelta no te dejan entrar, ese es el asunto.
-Ah, entonces quiere volver.
-Ah, como no voy a volver ché.
-¿Y después como va a hacer el viaje a España?
-¿Cómo va a ser? No lo se todavía. Tenemos el pasaje pal 16. De acá de Buenos Aires a Madrid. Según tengo entendido en Madrid tenemos que agarrar un avión más chico a Santiago de Compostela y allá la familia nos espera.
-¿Y usted estuvo, conoce Santiago de Compostela?
-Algo…
-¿De qué pueblo son?
-De la provincia de Coruña.
-De la Coruña, y de donde: ¿De Pontevedra?
-No, de la Coruña. Nosotros somos de Pontevedra. Pero como allá todas las provincias son una al lado de la otra, yo no se si toda Galicia será más grande que Tierra del Fuego, no se cuanto tiene de…
-Habrá que medirlo. Y todo lo que ha andado usted en camión ¿No? Si se hubiera ido en línea recta ya hubiera llegado a España cuantas veces.
-Y, fácil. Mira si me ven los gallegos llegar allá.
-Ahora, sinceramente Ramón, son 35 años en Tierra del Fuego, 35 años en Argentina, sin volver a Galicia. En más de una oportunidad usted debe haber planificado volver ¿No?
-Siempre tuve ganas de volver, pero…
-Pero debe haber habido algún momento en el cual usted pensó: “Debo volver”. Pero…debo volver para siempre a España ¿No?
-No, no, para siempre nunca pensé, no. Siempre pensé darme una vuelta, pero volver…
-Usted ya está comprometido acá.
-No, no, lo que yo tengo lo tengo acá. Allá no tengo nada.
-Además creo que tiene al yerno, ¿No?
-Eh…no solamente al yerno. ¿Y todos estos chicos, todos estos nietos?
-Si, ya es como diez veces abuelo.
-Mira como están mimados por abuelo, mira aquel.
-Además son todos argentinos
-Todos argentinos, yo ya me considero más argentino que español también.
-Ahora cuénteme, ahora que no está escuchando, que no está mirando doña Carmen que es su esposa: ¿Es cierto que este va a ser un viaje de Luna de Miel también?
-Bueno…de tantas veces que lo hemos hecho, una más o una menos…
-Pero también que a todo esto ya están por cumplir 40 años de casados, ¿No?
-Para el 6 de diciembre ché. Cumplimos 40 años de casados.
C-¿Qué se quiere divorciar ahora este también? (la que habló es la esposa)
-Si se va a divorciar, por favor espere a cumplir los 40 años.
-Cómo me voy a divorciar, si cada día está más linda.
-¿Pero son todas lindas así las gallegas o usted se escapó con la mejor?
-Todas lindas, no ché, hay que saber elegir.
-Bueno Ramón, nos vamos a guardar este recuerdo que hicimos con usted, acá de despedida brindando porque se van.
-Si, brindando, pero que voy a brindar si no tengo más. ¡Qué voy a brindar si tengo el vaso vacío!
-Me imagino que cuando venga.
-¿No saldrá esto de acá, no?
-…que cuando venga, ¿Qué puede traer de por allá? ¿Manzanilla, que es lo que toman allá? ¿Qué toman allá en Galicia?
-No se ahora, antes tomaban vino puro. Yo me imagino Mingo, que ahora no voy a conocer nada de allá.
-Y, lógico. Allá debe haber hasta…hasta motoneta debe haber.
-Hay de todo hombre…
-Debe haber toro a pila…
-La plaza de toro debe tener tablero electrónico.
-Yo siempre estuve buscando darme una vuelta, pero quedar allá, no. Por mucho que lo pintan que se vive mejor allá, no.
-Pero ya, aunque no lo crea, debe estar acostumbrado. Además el mundo debe haber cambiado tanto allá…Además que mucha gente que por ahí estaba, ahora no esta más, entonces ya las cosas no son las mismas.
-Y, estarán bien, pero yo acá estoy bien también, asi que…
-Que lo vengan a ver a usted…
-Eso. ¿No es cierto Carmen? ¿Eh?
-Además Carmen va a estar muchos días sin cocinar, salvo que lleve algunas recetas de acá.
-Llevo el mate.
-Yo podía haber ido antes Mingo, pero…Yo sin ella no voy a ninguna parte, viste, yo sin ella no voy a ninguna parte. Ella, mientras que vivió el abuelo no, no se lo podía…
-¿Usted es tan matero como ella?
-No, yo no soy tan matero como ella. Ella toma mate con su sobrina, y por eso la llevo con ella. Voy a comprar como 30 kilos de yerba pa’ llevar.
-¿Pero cuánto tiempo va a estar?
-Ah, no sé, si no nos echan…
-Si, porque por ahí va a salir que se incrementaron las importaciones argentinas por la yerba que se llevaron ustedes, la balanza comercial…
-Mira, nosotros, si todo sale bien, pal 20 de setiembre estamos de vuelta.
-Ya vienen para la primavera.
-¡Hay que sembrar la quinta Mingo! Me extraña…Hay que sembrar lechuga fresca.


Las fotos que publicamos. Su cuñada Maruca -Teodomira- trabajando un día de campo, mientras Ramón controla. El nuevo camión transportando fardos de forraje. Su hijos: Carmen y Juan Ramón, posando junto al colectivo de Aerolineas que conducía el vecino: Benedicto García. Al fondo el taller garaje del suegro Casimiro Torres.



CONVERSACIONES CON RAMON GARCIA.6. Andaba 10 años embarcado antes de venir pa’ la Argentina.

Cuando comenzaba su gestión como intendente Jorge Colazo visitó junto a algunos profesionales en la materia la quinta de Ramón. Observar ese vergel era la motivación inicial para que esta gente supiera orientar a otros vecinos para llegar a tener algo igual. Cuando le preguntaron la fórmula de su trabajo el la simplificó de esta manera: “Primero hay que preparar la tierra. Después hay que prepararse para la siembra. Hay de desmalezar, sacar los yuyos. En esto se trabaja todos los días…¡Y después de cuarenta años tenés lo yo ahora tengo!”


 Esta gente no venía preparada para un trabajo en tan larga escala, y los frutos siguen demorados en Río Grande en materia hortícola, pese a los esfuerzos que se hacen en la materia. La gente no siembra más que en necesidades extremas, y se cuentan con los dedos de la mano los que viven de este tipo de actividad.

Pero el diálogo con Ramón sigue su curso, y ahora vamos a recordar al..

Marinero Ramón.


-¿Y allá en España, antes de venir Ramón, usted trabajaba en algo vinculado con el campo?
-Siempre trabajé vinculado con el campo. Yo me crié en el campo.
-¿O sea que trabajó de chiquito en esto?
-Y no solamente en el campo. Yo había tenido 10 años cuando vine a la Argentina, embarcado. Tengo la libreta y todo, viejo.
-¿O sea que usted se vino antes?
-¿Cómo antes?
-¿10 años de embarcado?
-Andaba 10 años embarcado antes de venir pa’ la Argentina. 10 años andaba embarcado en barcos pesqueros.
-Y alguna anécdota de pescador debe tener, porque también es una vida divertida, ¿No?
-Puf…tengo muchas.

-¿Cómo fue eso que usted salió en un barco y volvió en otro barco?
-Pasó lo siguiente: Nosotros llevábamos pescado, íbamos cargados de pescados, íbamos rumbo para un puerto, a vender. Entonces esa noche de invierno, uno anda sin dormir con el frío. Yo me recuerdo que iba acostado en cubierta…en cubierta del barco, y cerca de nosotros con el mismo rumbo iba un barco grande, con las luces prendidas, venía cerca ya de noche y el patrón de nosotros se arrimó, vos viste que un barco va con mucha velocidad y el que camina menos se arrima a él y corre con la misma velocidad del otro. Porque la misma agua de la hélice de uno lleva al otro, ligero. Entonces yo me quedé dormido. Y en ese mismo tiempo paso por al lado de nosotros cuando me habia quedado dormido. Entonces al arrimarse todo el costado del barco de nosotros contra el otro. En la misma agua lo atrajeron, lo atrajeron contra, al tocar los dos cascos. ¡Qué mierda! Yo sentí el trasco, abrí los ojos asustado, vi. ese tremendo bicho al lado, pegué un tremendo salto como si me pusieran resortes abajo…adentro del mismo barco. Y vamos pal mismo puerto, así que cuando llegó el barco de nosotros yo ya estaba cansado de esperar…incluso…
-Salvó su vida también ahí, eh…
-Si, me podía caer hasta un barco y otro. Eso fue lo que me han dicho. Me podía caer…Entonces cuando llegué al puerto había varios conocidos, que me veían llegar, y este de donde salió.



-Bueno, entonces Ramón, usted  llegó acá el año…
-‘52
-’52, es decir que han pasado 35 años.
-Eso es.

Las fotos:

La primera imagen muestra un aspecto de su quinta que daba fondos con la de su suegra.

Las siguientes son tomadas de su libreta de marinero.


La última lo muestra feliz en el reencuentro con los suyos, tras media vida hecha en Tierra del Fuego.


Conversaciones con RAMÓN GARCÍA.5. “Siempre hubo, bosques siempre hubo, pero no era tan control como ahora”.

En tantas cosas trabajó Ramón. Trabajos visibles, trabajos invisibles. Los últimos años enseñoreado en la chacra que en iniciativa compartida con su yerno – Miguel Zapata- levantaron en un campito que otrora fuera de estancia San Luís. Allí estaba la casa de fin de semana, pero también el compromiso de criar los chanchos.



En otro tiempo lo suyo fue el trasporte, siguiendo por una ruta complementaria la atención de la demanda de varias estancias, y de las grandes..

-Así que el trabajo de años fue con las estancias, con las estancias que están en la línea de María Behety.
-La…esa ruta era de nosotros prácticamente. El trabajo más grande que habia acá pa’ todos los camioneros era la leña. No había gas en ese tiempo.

-Claro. ¿De dónde la traía? ¿De “La catalana”?
-Dw “La catalana”, más de la José Menéndez. En ese tiempo el finado Jesús, que decían que era muy malo.

-¿Jesús cuanto?
-Menéndez…a nosotros nos daba un permiso, a mis suegros les daba un permiso pa’ cortar leña ahí. Y le ponía por ejemplo 10 viajes, pa’ cortar 10 viajes. Como nadie controlaba, duraba todo el año…Pero era solo, el hombre era sabedor que no solamente era pa’ consumo, era pa’ vender, pa’ ganarnos unos mangos también. No, no, si sabia. Y no era solamente a mi suegro que le daba el permiso, al “Verde Ojeda” por ejemplo, a don Santiago Ojeda también sacaba leña de ahí todo el tiempo. Don Barría con Mansilla ¿Cómo se llamaba el de Apolo? El viejo Barría.

-¿”Ligerito”?
-El abuelo.

-Si, el abuelo, el abuelo, que le decían “Ligerito”, “Ligerito” Barría…
-Y don, con don Mansilla, que vive acá en la Perito Moreno, arriba. El papá de don ¿Cómo es?...Era socio con don Barría, sacaban leña de ahí también.

-¿Y era leña caída la que sacaban o tenían que ir a…?
-Caída porque la, porque la hacíamos caer nosotros. La Carmen con un hacha, yo con un hacha, el finado mi suegro un hacha. Y cuando don Jesús llegaba a caballo allá por el monte decía: -“ah, esta vez si que me mando  unas cuantas gallegas pa’ Ushuaia detenidas”-

-¿En aquella época no estaba bosques ni IFONA –Institujto Forestal Nacional- controlando eso, ¿No? Además era más libre y  habia  más necesidad.
-Siempre hubo, bosques siempre hubo, pero no era tan control como ahora.

-¿Y después cuando comenzó el gas se le acabó el negocio?
-Y, prácticamente si. No solamente a nosotros, nos daban permiso, pero había otros que iban a, sin permiso, a cortar leña.

-¿Asi que no habia tanta vigilancia?
-No.

-Usted que ha acarreado fardos, fardos, cantidad de fardos, por ejemplo una estancia grande, así como la María Behety. ¿Qué producción de fardos tuvo asi, en el momento mejor en todo este tiempo?
-Mira, yo no te puedo decir cuando estaba la estancia todo en conjunto no te puedo decir. Después si, porque se dividió en el año ’54, San Julio y lo que era El Salvador pertenece a San Julio, Flamenco, después una vez que se dividieron ya…te puedo decir después de eso.


-Después que se dividieron, la estancia sola, por ejemplo.
-La estancia sola, 800, 850 fardos.

-¿Y cuántos viajes son 850 fardos?
-Una punta de días. Incluso tengo una de cuando nuestro Apoliner de contador. Estaba la lana toda ahí, en   la estancia, de repente la vendieron y Apoliner se buscó 5 camiones para la lana de repente…y salió el finado don “Chano” Menéndez y dijo:-“¿Qué hacen esos camiones ahí? ¿Quién les dio el flete? El flete de la lana es exclusivamente de Ramón. Ya que él hace lo malo aquí, que haga lo bueno también”- Se tuvieron que ir, y bajar toda la lana yo.

-¿Y cuál era lo malo que tenia que hacer?
-Era el resto. Porque eso era cuando, eso era para ganar unos pesos. Porque después otros trabajitos se ganaba poco.

-¿Esa era la época cuando todavía se cobraba cuando vendía la lana nada más, no?
-Siempre pagaron. Siempre pagaban. Únicamente que no andaban como ahora, ahora andan más al día. Yo, por ejemplo tengo aguantado mucho tiempo sin cobrar. Incluso a veces se lo pagaba los tubos de gas yo, no a María Behety sino a “Flamenco”, cuando estaba Donny (Mc Leod) ¿Recuerdas?

-Era la costumbre…
-No era la costumbre, sino que no tenia plata, ché. En ese tiempo era como la deuda externa de ahora, pedían plata prestada sobre el Banco de Londres, me parece, pa’ hacer pasturas.

-¿Y cómo le iba? 
-Y después había que pagarlos. Y los intereses le comían. Entonces estaba casi hipotecado todo.





Conversaciones con Ramón García.4 "Acá se ganaba plata, porque se ganaba bien y no había donde gastarla".

El viernes 30 visitamos a Juan Ramón García en su casa paterna, fuimos a desayunar y como ocurre en este tiempo llegamos de noche.


Compañeros en el secundario recordamos muchas cosas, las fotos ayudaron a recuperar esa memoria.

Sobre la mesa se desparramaban álbumes de distintas formas y tamaños. Nos inclinamos hacia aquel que reunía fotos en blanco y negro, fotos de España.

Estábamos andando otras vez sobre la memoria fresca de Ramón.

Al rato llegó un sobrino con su hijo. Ahí nomás la hermana -Carmen- que vive al frente. De pronto las risas ocupaban el despertar. La casa nos abrigaba.

Ramón tenía recuerdos de esa casa, y se los confió en su momento a su nieta Silvana Andrea Zapata García:



En el 61 me fui enfermo a Buenos Aires. Tenía la casa hecha hasta la cadena nada más, las paredes hasta la cadena, y de tanto mirar, y de tanto malos tratos, me enfermé. Me enfermé de los nervios. Estuve un mes con las piernas para arriba para que el estómago se… Tenía el estómago caído, estaba flaco. Estuve cerca de un mes. Pero fui a un curandero y me arregló el estómago. Y ya me compuse enseguida.
Tardé mucho en hacer la casa. Yo tenía hasta los marcos de las puertas y me los robaron, me los arrancaron, me los llevaron. Después trabajé y me pagaban el día, pero eso fue después. Pero eso fue después, con mi suegro. Después que trabajaba un camión yo y un camión él. Primero decía que me pagaba por dos o tres peones, por andar con el camión, pero después los sueldos iban aumentando y a mí se me iba achicando. Hasta que quedamos casi iguales. Una vez se fue a Buenos Aires, con la Carmen y dejó el camión. Tenía unos camiones. Uno se lo dejó a otro y el otro me lo dejaba a mí. Y nos anduvimos peleando los dos. Porque yo soy de la casa y en vez de dejarme a mí al mando, lo dejó a otro. Entonces cuando volvió otra vez a Buenos Aires le dije que le dejé los camiones al otro porque yo así no trabajaba con los camiones, porque yo (no) tenía que ser maltratado por nadie. Si se los dejaba al otro que se lo deje al otro también a otros, viste. Entonces ahí me dijo que me lo iba a dar a trabajar a medias, así que después seguí trabajando con él. Él fue muchas veces a Buenos Aires. No teníamos ratos libres, no nos alcanzaba el tiempo. Cuántas veces dejaba un peón porque me daba lástima; y lo dejaba y agarraba el camión y me iba solo. El abuelo no me dejaba ni siquiera escuchar radio. Ni siquiera podía escuchar los partidos de fútbol. Los domingos iba donde Casiola, a escuchar los partidos de fútbol. Primero iba a lo de Fernández, el gallego, que vivía ahí arriba, y después donde Casiola.
Así que después trabajé el camión a medias, después cuando murió trabajé el otro. Los dos. Pero casi nunca trabajaba con los dos camiones, con uno (o) el otro alcanzaba.
Esta casa la terminé cuando tu madre trabajó acá abajo, en la Ford -Ramón le habla a Silvana de Carmen García Torres- Una vez me dio esta sorpresa. Resulta que tuvieron que disminuir el personal, y ella no estaba, ella no sé cuánto tiempo tenía trabajado ahí. Tuvieron que disminuir el personal y a ella también le tocó, y le tuvieron que pagarle lo que, porque como era menor, una plata se la dejaban en depósito, no sé cómo era el asunto, un porcentaje. Entonces cuando fue que la suspendieron tuvieron que darle todo lo que le estaban pagando menos desde que trabajaba y me llegó acá…  -¿Cuánto necesita para terminar la casa papá? ¿Con esto la termina? –me decía con un atado de billetes, con el que me daba así por las narices. -¿De dónde sacaste eso?- yo me asusté y resulta que era que le habían pagado. Tenía esa plata y otro tanto en un cheque. Así que la mitad hice que la pusiera en el banco a nombre de ella, y con lo otro yo terminé la casa. Vinimos a meternos bajo un techo. Todos los que vinimos, vinimos con la ilusión de hacer su casita propia. Primero hice mis ladrillos, hasta para las divisiones… después pedimos con mi cuñado el cemento que nadie quería porque no era fresco y así pichuleando hice mi casita, de a poco.
La gente era buena toda. Era mejor que ahora porque era de acá, gente conocida, éramos como una familia todos. Podía estar alguien adentro de mi patio que todos lo veían, y lo sacaban corriendo.
En España también, uno dormía con la puerta abierta. Pero en todos lados es igual, en España o acá, hay buenos y hay malos.


Acá nosotros siempre nos entreteníamos. Hacíamos redes nosotros para pescar, para usar nosotros. Pasábamos en el invierno cosiendo. A mí me dolía la espalda siempre ; tejiendo  con una aguja, aguja de tejer. Nosotros hacíamos de todo. El único entretenimiento que había era el cine, donde fuimos pocas veces, hacíamos el  12 de octubre, hacíamos una fiesta. los españoles nos juntábamos y hacíamos desfiles de carrozas, nos disfrazábamos. Hacíamos cosas lindas. No había televisión ni nada, pero acá se ganaba plata, porque se ganaba bien y no había donde gastarla.


*En la foto; españoles de fiesta.

Conversaciones con Ramón García.3 : ¿Te recuerdas cuando apagamos el incendio entre los dos?

“Río Grande era como para agarrar una mochila al hombro y mandarse a mudar, eso fue lo primero que pensé cuando lo ví. Era un desierto”.

Ese concepto que relató para Silvana y para mí, en distintos tiempos y en distinto lugar, marca tal vez la impronta reflexiva de Ramón García Abal sobre lo lejano que estaba en 1952 el paraíso que con los años el sintió construir en nuestro Río Grande


No había mucho. Eran pocas las casas porque también era poca la gente que había. A España tenía ganas de volverme pero a pasear no para quedarme allá. Acá siempre tuve trabajo, bastante y nunca me faltó qué comer, y allá me falto de todo. Después se compuso un poco, pero cuando nosotros vinimos de pan te daban 100 gramos, por día, era la ración, y de aceite te daban no se cuánto hasta los cigarrillos eran racionados, pero el que tenía plata conseguía de todo, pero esas cosas tenían un precio que te daba el gobierno. Igual que venían y te preguntaban por ejemplo cuántas vacas tenías, y si tenías tres, una tenías que entregarla, pero no las llevaban gratis, te las pagaban. Tenías que entregar tantos kilos de papas y te los pagaban pero al precio que estipulaba el gobierno. Es decir por ejemplo que el ayuntamiento tenía que juntar tantas toneladas de papas, entonces ellos decían que Fulano tenía que entregar tantas, hasta completar la cantidad. Y con los porotos y las otras cosas lo mismo, pero te lo pagaban, no es que te lo llevaban. Igual que las vacas, no le dejaban tener todo a uno.

Acá, por ejemplo camioneros, el trabajo grande de los camioneros era la leña. Yo siempre fui camionero, la leña, y mi suegro también. Íbamos a buscar carga al muelle, cuando venían “los Luchos”, traía la mercadería, y nosotros teníamos la casa “Ibarra”, cargábamos la mercadería para casa “Ibarra”. Y después íbamos a la José Menéndez a cortar leña. La cortaba la abuela con un hacha, la tía con un hacha, yo con un hacha, todos con un hacha, mete a derribar árboles. Cargábamos el camioncito y ya teníamos  los clientes. Ya íbamos derecho al patio del cliente que nos encargaba. Antes comprábamos cajones. Claro, cada invierno cada uno tenía su pila en el patio de la casa, porque antes no había gas. El gas, no hace muchos años que hay. Y yo cuando hacía frío, en invierno, me iba a cortar leña con el frío en el patio. Porque primero cortábamos la leña con la rueda del camión. Levantábamos la rueda en el aire, de un lado, lo poníamos en marcha, la rueda daba vueltas, y con una polea pasábamos una sierra y con eso cortábamos la leña, hay en el patio, en tacos. Hasta que fundimos todo, se fundió el diferencial porque al inclinar una rueda en el aire el camión quedaba tumbado y el aceite se corre para el otro lado, todo el engranaje se rompió todo. Y yo después de estar serruchando ahí, en el frío, después me dolía hasta la mandíbula. Hacía frío, bastante, uno se acostumbra. No te podés ir. A la fuerza tenés que acostumbrarte. En España no hacía frío como acá. Apenas conocíamos la nieve. Nieva un poquito, alguna vez, pero se iba la nieve en el día. No como acá, que antes el invierno era más largo que ahora. En abril ya estaba todo blanco, en marzo – abril ya estaba todo blanco, y duraba hasta septiembre, fines de septiembre u octubre. Pero como digo yo, esto era el paraíso, era la isla de las maravillas. Era hermoso. Nunca tuvimos ganas de irnos, siempre tuvimos la idea de quedarnos, y estábamos todos juntos casi, entonces es difícil querer irse.

(Los dos camiones, el rojo y el celeste, cargando leña de la catalana llegan a San Julio.)


Estamos encaminados en sus memoria, recordando las cosas que lo hacían un hombre público: el transporte; y las circunstancias que vivía en privado: con la familia.

Las fiestas las pasábamos como ahora, como siempre. Íbamos a hacer un asado al campo, al bosque. Nos juntábamos varios vecinos, todos en una pila: los Sánchez, doña Jesusa con el marido, a veces Vucasovic, todos juntábamos como si fuera una familia, y otros hacían lo mismo. Allá en España lo festejábamos como cualquier día, allá no se hace nada. El único, es que , por la Navidad chupan uno hasta decir basta, salen a cantar por ahí, puerta por puerta, la juventud, se juntan y hacen una, y la noche de navidad salen a cantar, no me acuerdo qué. Pero nosotros no.

La mamá de Carmen, mi suegra, en España andaba trabajando, ganándose un jornal para mantener a las hijas; tenía las manos todas hechas unas… pedazos, y acá trabajaba en la casa, y regaba la quinta, a veces dos veces al día.

Antes de la llegada de la familia Casimiro tenía almacén cerca del muelle.

A nosotros venirnos a Argentina nos cambió la vida. A nosotros no nos faltó nada nunca acá, ni trabajo, ni qué comer. A mí como mi suegro siempre me mandaba en cara que vivía allá, me tenía mal. Me trataba de inservible, de todo, me decía que el día que me fuera no entraba más, y con eso me amenazaba. Entonces dije yo: -Este cree que me voy a morir de hambre- Vivimos allá una punta de años, y, por lo menos vivimos doce años. Hasta que hice esta casa. De a poquito. Un año un pedacito, otro año otro pedacito, así, de a poquito.  Ramón y sus recuerdos. Como el día aquel que en el muelle del Frigorífico le salva la vida a un hombre:

. En el Frigorífico, me recuerdo que una vez estábamos en el frigorífico y dice el finado Mirko “uno al agua, uno al agua” y se había tirado uno en la punta del muelle en el frigorífico. En puro invierno, en pura escarcha, ché. Vamos todos a mirar la punta del muelle, siempre me recuerdo eso, lo tengo bien grabado, el finado Portolan,  tenía un reumatismo, no podía caminar, y me dice:-”Tirate al agua”- “Tirate vos” le decía yo.

-¿Usted había sido pescador?
-Yo me vine al camión, tenía una soga encima del camión, una soga grande. Porque el tipo , fuimos a la punta del muelle y no lo vimos, y flotó como cien más allá, del muelle más abajo. Me vengo corriendo al camión, me agarro la soga, “tirate al agua”, que me voy a tirar, “tirate vos” le decía yo. Pero el que fue entrando despacito y yo fui entrando despacito al agua, y le tiramos la soga asi al agua. El otro a los manotazos la pescó, ché. Y lo sacamos pa’ tierra. Estaba casi muerto, pero igual con los manotazos agarró la soga, vos sabés, con ese frío.

-¿Y quién era?
-Un tal Toledo. Que después murió por acá, por la…lo atropelló Vidal, acá por la Perito Moreno. Murió con el que lo atropelló. ¿Eloy Vidal puede ser?

-Si, si, si.
-Acá, por la Perito Moreno, Vidal trabajaba en el INTA.

-Si, si. ¿Y cómo era que se cayó?
-Se tiró al agua, se tiró pa’ matarse.

-¿Ah, si? ¿Y después se arrepintió?
-El trabajaba en la casa grande en el Frigorífico, y parece que se había “tirado un lance” con alguna de las empleadas, y le falló el tiro, entonces el tipo que…ahora me tiro. Te digo, pasó al lado de nosotros y llegó a la punta del muelle, se sacó el saco, se tiró y dice el finado Mirko “Uno al agua”, dice el pelado Mirko. Vamos corriendo a la punta del muelle, de acá no sale nada…

-Bueno, ¿Asi que estuvo salvando vidas también? Fue medio bombero.
-Asi que…Bombero, ¿Yo?...Tú no sabes una. Otro que bombero, de primera

-A ver que fue lo que hizo
-Yo me fui a echar una carta al correo una vez, cuando venía de vuelta, venia por la calle Piedrabuena… ¿Te recuerdas donde estaba la Clínica San José? Del finado Pacheco…

-Si, si. Donde está el anexo del Villa ahora.
-Bueno, cuando venia por ahí me veo entrar a Lavado corriendo adentro del patio ahí ¿Te recuerdas donde vivía la Juana?

-Al frente…
-La Juana de Oyarzún…se le había prendido la casa. Y Lavado entró ahí corriendo, yo mire pa’ Lavado y agarré y seguí con Lavado para adentro también. Al lado había un pozo de agua, habia una escalera, subía el fuego para el techo, pa’ arriba ya. Ya salía por el techo. Él, subía por la escalera y yo echaba la lata al pozo. Habia dos latas, una para la punta de la soga y la otra en otra punta, asi que subía una y la pasaba a Lavado y bajaba la otra. Los dos apagamos el fuego, sin bomberos ni nada.

-No había bomberos en Río Grande…
-No habia bomberos. Con la misma escalera le dimos a la puerta y entramos adentro.

-¿No habia nadie?
-No habia nadie adentro. El fuego se había iniciado, había estado lavando ropa la señora, ropa sucia ahí, algún pucho que tiró. Y prendió fuego la pared pa’ arriba y salió pa’ arriba, pal techo. Y justo lo agarramos en ese momento. Entre los dos, no se enteró nadie.

-Ahora, Ramón: Habia que tener suerte también ¿No? Porque por más pozo y gente que se diera cuenta, en aquel momento un incendio era fatal.
-Mm!., siempre dijo ché, te recuerdas cuando lo, a veces lo he visto ahí en lo de Puget, le digo: ¿Te recuerdas cuando apagamos el incendio entre los dos?

-Y en ese momento habia que ser materia dispuesta para cualquier cosa ¿No?
-Y…si no lo agarramos en ese momento, porque era una casa de madera…Era pura madera.

-Ahora Ramón, usted menciona el tema del pozo. Por aquel entonces todavía habia muchas casas con pozos ¿No?
-Y, el dueño, el dueño de casa.

-Había que darse maña…
-¿Viste que allá en lo de mi suegro había un pozo igual?

-Y buena agua ahí, ¿No?
-Buena agua, si. Entre lo de doña Jesusa y lo otro, se servían los dos, porque estaba en el límite. También, todo el mundo tenía su pozo. Y, a pesar esto está rodeado de mar, agua dulce. Cualquier día sale agua salada ¿No?


Otro domingo ha pasado, en alguna medida como tantos domingos cordiales que vivimos con él y su gente. Ramón ha muerto.., pero ha dejado vivas en nosotros muchas cosas.

Conversaciones con Ramón García.2. ¡Era un desierto!

A la transcripción que realizamos del diálogo inicial que tuvimos con Ramón, poco antes de volver a España, de donde había salido cuatro décadas antes, agregamos en reportaje existente en El Sureño, realizado por Miguel Elías Vázquez, y ahora una pieza de factura familiar y académica:

Se trata de los condensado por su nieta Silvana Andrea Zapata García, que es también mi ahijada, en su trabajo de fiscalización del Seminario de la Realidad Regional bajo el título Variables y constantes de la adaptación de los inmigrantes a Río Grande, esto cuatro años después de mi conversación.



Soy de España. Mi padre se llamaba Antonio García y mi mamá Balvina Abal, por eso yo llevo los dos apellidos. Éramos siete hermanos: Blas, Jesusa, Severina, Manuel, Pepe, yo y Antonio.

En España hacíamos vida de campo, trabajábamos las tierras, cosechábamos de todo: máiz, papas, cebollas. Algunas tierras eran nuestras y otras teníamos arrendadas, alquiladas. Aparte cuando fui grandecito entre los barcos. Yo ya conocía a la abuela. Nos conocíamos de chicos, cuando pasábamos por al lado, nos guiñábamos el ojo, ella tenía trencitas, bien largas, era linda. Éramos vecinos, bah, no éramos tan vecinos pero donde vivía ella yo tenía a mis abuelos. Yo viví con mis abuelos desde los cuatro años. Como ellos eran grandes y no tenían chicos, entonces me mandaron a mí, para los mandados, estuve como cuatro o cinco años. No me acuerdo pero creo que estuve hasta los doce-trece. Ahí me enfermé y fui al hospital, estuve mucho tiempo en el hospital. Fue en el tiempo de la revolución de España. El hospital estaba lleno de… invadido de soldados. Yo si a alguno le daban de alta o moría ocupaba el lugar de él. Me buscaban las monjitas, me buscaban la cama. Me daban cualquier cantidad de propinas. Yo tenía 14 años. Yo estaba enfermo del brazo, pero como era del brazo estaba de pie y podía, podía hacer algo siempre. Los soldados me tenían como la mascota. Me guardaban los postes para mí, me daban de todo. Yo siempre andaba rondando la puerta porque cuando iba una madre con el hijo a dejarlo en el hospital y lloraba, yo me le acercaba y lo traía para adentro. La madre cuando venía de visita me daba platita a mí, y me traía regalitos. Yo cuando dejaba a ese ya estaba en la puerta a ver si venía otro. Y los enfermos me daban plata a mí también, si ganaba plata ahí adentro que trabajando afuera. Me daban propinas por hacerle la cama, le hacía cualquier servicio que necesitaba. Si cuando venía mi mamá yo le daba plata siempre. Mucha gente me iba a ver, mi mamá, mis hermanas, las vecinas. Estuve bastante tiempo. Me tuvieron que abrir el brazo por ambos lados. Después salí y me iba a ver al tío para que me hiciera las curas porque había estado mucho tiempo en el hospital y sabía hacer curas, pero yo no quería que nadie me tocara el brazo así que me hacía las curas yo solo. Si me lo querían amputar al brazo y yo no los dejé.
A la Marina entré cuando tenía 18 años, tengo todavía la libreta de marino, de los barcos en donde anduve. Cuando me casé con la abuela tenía 24 años ya. Pero anduvimos muchos años antes, se hizo rogar tanto… Cuando nos casamos vivíamos con la mamá de ella. Yo iba de marino y cuando se trabajaba la tierra, trabajaba la tierra. Ella también trabajaba, trabajábamos juntos con la mamá de ella. Entonces trabajaba en un barco que era muy querido, cuando necesitaba pedía permiso y trabajaba a la par de ella. Pedíamos permiso. Porque no es solamente pescar, hay que juntar las redes, subirlas a tierra, hay que tirarlas a secar a la playa, con un carro, y después hay que ir a sacarlas a la tarde. Había mucha pobreza porque era el tiempo de la guerra, y después de la guerra. Cuando fue la guerra de España, la revolución fue cuando estaba, yo estaba en el hospital por eso había tantos milicos. Allá nunca me pasó lo que pasó acá; allá nos paraba la guardia civil, te preguntaban adonde ibas pero nunca me hicieron nada, no como acá que cuando fue la guerra de las Malvinas paraban a todo el mundo, y encima lo maltrataban todavía. Y después anduve embarcado hasta que vine acá.



Acá estaba el papá de Carmen. Antes vino la abuela con la hija, Miruca, vinieron dos años antes, en el 50, y nosotros en el 52. El papá hacía años que estaba acá. Si a la Carmen la dejo de un año y la Miruca nació después que vino él; estuvieron como veinte años o más separados, más de veinte años; se vino solo porque no tenía con qué traer nada. Si el laburo le gustaba poco. En el año 50, el papá trajo a su mujer y la Miruca. Y a nosotros también nos mandó el pasaje de acá; el pasaje con todas las cosas preparadas, con la carta de llamada y todo, para poder entrar en el país. Si yo vine con un contrato para trabajar con él, vine a trabajar con él, comprometiéndose a pagar la carta, a darme comida, casa y trabajo. Y si yo después de dos años quería irme para el pago de vuelta tenía la obligación de mandarme de vuelta.

El viaje fue largo. En barco, ahí nació Juan, a los dos días de salir de España. Mentimos porque si no no nos debajan embarcar… Nos dijeron que eran muchos días en alta mar, que podía morirse, que se yo. Yo le dije que podíamos esperar los papeles, que esperábamos que naciera el chico y después venía un barco, y listo nos veníamos. Bueno esperemos los papeles que después vamos a esperar el barco, pero una vez que tuve los papeles llegó el primer barco y listo, adentro. Si nosotros pensábamos que iba a llegar acá a la Argentina todavía… Y al otro, día debe ser con el balanceo del barco nació, por eso tiene tantos problemas Juan con la nacionalidad.

Tardamos 18 días en llegar de España a la Argentina. Pero 18 días, porque estuvimos 2 días atracados en Lisboa, fue donde nació Juan, atracados en el puerto de Lisboa, y después dos días en Río de Janeiro y dos días en Santos, y después un día en Montevideo. Nosotros nos quedábamos tranquilitos en el barco, tampoco te dejaban salir, tampoco del barco… Llegamos a Buenos Aires y ahí que me encontré con gente conocida de allá de España que nos estaba esperando, fuimos a parar a Gerli , allá donde estaba la hermana de la abuela Baldomina, Dina, y el marido, italiano, se llamaba Francisco. Ahí estuvimos diez días. Nos tuvimos que ir porque el tano estaba enfermo y yo me negué, no quise dar la sangre. Tuvimos que irnos de ahí porque se enojó el tano después por no darle la sangre. Después estuvimos en La Boca, estuvimos casi un mes en Buenos Aires. Y después vinimos embarcados para acá esperando que viniera un barco para el sur. El barco se llamaba José Menéndez, que traía carga para La Anónima, viste que La Anónima tiene por toda la Patagonia. Era un barco a vapor, primero atracamos en Camarones, a dejar carga, después en Puerto Madryn, que por lo menos hay puerto, a no, Camarones está antes que Madryn. Y después estuvimos una semana en Comodoro, una semana completa adentro del barco, y el barco en el mar. Porque la carga la mandaban en chatas para tierra, y como hubo mal tiempo no pudieron descargar en las chatas, que son unas lanchas, que van con la carga a tierra y descargan, y bueno no podían, así que pobre Juan! Cuando llegó acá ya era grande. Un mes tardamos desde Buenos Aires hasta acá. Después de la semana en Comodoro paramos en Puerto Deseado, hay estaba don Juan Muñiz que estaba en La Anónima de Deseado. Era amigo del abuelo. El sabía que veníamos porque era el despachante de los barcos, tenía la planilla de los barcos y de los pasajeros y de la cara, así que estaba en el muelle esperándonos. El papá de Carmen había ido a buscarnos a Buenos Aires, y quiso que le demos una sorpresa a don Juan. Esto fue en el año 52. Salimos de Buenos Aires el 9 de mayo para acá y llegamos en junio. Y de España salimos el 26 de marzo. Después, para completarla perdimos el pasaje para venir en avión de Gallegos para acá. Nos dijeron a una hora y cuando llegamos el avión ya estaba en Río Grande, claro. Había una escarcha de mil diablos, ¡un frío!  ¡una escarcha!  Pero no fue solamente nosotros, todos los que estábamos en el mismo hotel, nos pasó lo mismo, había varios. Había un deshielo de la gran siete. ¡Un barro!. Estaba Benedicto García, el papá del Toto García, estaba de chofer de Aerolíneas, con un ómnibus que tenía Aerolíneas, un micro, iba a buscar a la gente al avión. Todas las vecinas ya sabían que veníamos porque allá había una española, allá en la esquina de San Martín y Piedrabuena, ahí vivían unos españoles vecinos de nosotros de allá de España: Dóbalo que estaba en la policía, y al lado estaba Fernández, que también lo conocía de allá de España. Esa noche cenó Castaño con nosotros también, la noche que llegamos, que era amigo del abuelo del papá de Carmen. Fuimos a vivir a la casa de don Casimiro, mi suegro.

Río Grande era como para agarrar una mochila al hombro y mandarse a mudar, eso fue lo primero que pensé cuando lo vi. Era un desierto.


Con esto volvemos a nuestra conversación con el gallego:

-¿Con qué trabajito usted comenzó haciendo ahí. ¿Con su suegro, no? Para la estancia
-Si, primero con mi suegro.
-¿Qué camión tenía en aquel momento?
-Mira, primero habia el Ford 4. Tenia un Ford 4, que ese modelo, no se que seria, 32 no se cuanto…
-Histórico era, si.
-Pero no se quedaba en  ninguna parte ese camioncito, eh. Arrastraba por los caminos, por el barro, pero no se quedaba nunca.
-¿Y qué tonelaje tenia?
-Era de una tonelada y media. Pero lo poníamos 4, que se yo. Con ese cortábamos la leña en el patio. Levantaba una rueda en el aire, de atrás, y le pasábamos una polea, ponía en marcha y claro, al ponerle en marcha da vuelta la rueda y no…Entonces le pasábamos  una polea y el mandril que teníamos en el patio. Con eso cortábamos la leña ahí en el patio.
-¿Pero eso lo hacían ustedes de cancheros que eran nada más…o lo hacia mucha gente?
-No, no, si había que, había que arreglarse. No lo hacíamos nosotros solos, lo hacían otros. Tenían, me recuerdo que tenían, tenían en los palieres un engranaje, que engranaba en uno, en unos satélites, cuatro engranajes adentro. Cuando nos dimos cuenta ni los palieres, no habia ni un diente ché, eran como los viejos sin dientes.
-¿Y qué pasó con el camioncito ese?
-Ese después se te… ¿Te recuerdas cuando después Tito Ibarra se inició en el comercio? Ese se lo compró a mi suegro. En $25.000
-Pero eso seria por el año  ’50…’50 y tantos.
-Y ’50 y tantos, por el sesenta.
-Por ahí, cuando estaba donde está el hotel Ibarra ahora, ¿No?
-Adonde está el hotel de Ibarra, si…en el año ’60 y algo debió ser.
-¿Y ahí ya le perdieron el rastro al camioncito?
-Ese después lo, Tito se lo vendió a los Soto, que repartían la soda con el. ¿Te acuerdas?
-Si, ahora si, ahora lo ubico mucho mejor. ¿Era ese entonces?
-Claro, que repartía la Soda Soto con el, ese era.
-Y había que ser medio mecánico con esos camiones también ¿No?
- Otra que medio mecánicos. Tenía dos motores, resulta que cuando uno se embromaba uno ya estaba el otro. Tenía un motor que ese, la válvula la tenia a un costado, y adentro estaba trizado el bloque. Entonces se lo llevó a soldar por ahí, a los finado Pinola, seguía perdiendo agua igual. Y mi suegro calentó, lo ves ahí, lo calentó con un soplete, calentó bien el fierro con el estaño, lo soldó con estaño ahí adentro. Lo armó, nos cansamos de trabajar con él, se lo vendió a Tito Ibarra, se lo veía trabajar con Tito, Tito se lo vendió con ese motor todavía. Nunca más perdió nada, fijate vos.
-¿Cuál era el trabajo en las estancias básicamente? ¿Qué era lo que se hacía? Porque se trabajaba todo el año ¿No?
-Bueno, las estancias eran, como, después ya…después ya vinieron otros camioncitos más grandes ya… En ese tiempo se bajaba la lana acá.
-En el puerto…
-Había años que estábamos  como dos, tres meses bajando la lana. Se bajaba la lana de San Julio, de “Flamenco”, de María Behety…
-Si, ¿Antes que se sacara para Ushuaia?
-Claro
-¿Hasta que año fue eso más o menos?
-¿Te recuerdas que hasta allá la punta…de este lado donde…?
-Si, si. Triviño.
-Eso.

Así lo conocí a Ramón, en el aquí para allá del trabajo con las estancias. Llegaba el fin de semana y la familia quería salir de picnic, y Ramón rezongaba: -¡Para que quiero ir al campo si yo estoy en el campo todos los días". La cosa cambiaría al llegar la chacra...




















Conversaciones con RAMÓN GARCÍA.1. “Daba ganas de agarrar la mochila y mandarse a mudar de vuelta”.

El fallecimiento de Ramón nos hizo viajar por nostálgicos caminos. Tal vez en parte sea esa ruta que transitamos con él del pueblo a María Behety, de María Behty a Flamencos, de Flamencos a San Julio…, ruta que siempre que la hemos hechos esta cargada de su recuerdo.

El el algún momento –a sugerencia nuestra- Miguel ElíasVázquez lo entrevistó para la serie de personajes que se pueden consultar en la página de El Sureño. Con el diario ha tenido una relación fundamental, al menos para mí, el permitió que naciera Cordón Cuneta una tarde en que me facilitó una todo de tiempos idos con parte de su familia, y nos pusiéramos a elogiar su quinta.

Porque por algún lado estarán los que lo identifican como transportista, y otros los que lo conocen como agricultor.

Una tarde en que ya estaba todo dispuesto para viajar a su España, tras cuarenta años de ausencia se sentó con nosotros a conversar. El diálogo está intercalado por la opinión y el recuerdo de su esposa: Carmen Torres, y esta primera entrega se alimenta de su optimismo.


-¿Usted llegó acá en el año ’52?
-Si, el año ’52 empezamos nosotros.
-¿Y cómo se decidió a venir para acá? Porque usted estaba en España, y en España estaba bien porque estaba con Franco…
-Si, estaba bien, estaba requetebién… (Risas)
Carmena- resulta que allá no podía comer, por eso tuvo que venir acá…
-Era como llegar al paraíso, salir de allá y entrar acá era como entrar en el paraíso, en ese tiempo, eh, te hacías de cuenta que llegaste al paraíso, porque acá era una hermosura.
-Vamos a acordarnos que para esa época ya habían cambiado un poquito… ¿La guerra española cuando había terminado?
 -El ‘39
-¿El ’39? Habían pasado prácticamente 13 años, pero la situación de España no era fácil, ¿No?
-Estaba todo racionado todavía. El combustible, todo. Hasta los cigarrillos por ración, cada 10 días dos o tres atados te daban.
-Ahora Ramón: ¿qué edad tenía usted durante la guerra española?
-Mire, yo tenía 13 años.
-¿O sea que no participó de la guerra?
-Yo no participé de la guerra, pero la viví igual, como si estuviera participando. Porque yo en ese tiempo, yo estuve mucho tiempo en un hospital, cuando fue el asunto este de…
-Ah, del brazo.
-Entonces yo estuve viviendo en el medio de los soldados. Todo ese tiempo, porque para civiles no había lugar nunca. Los hospitales estaban invadidos de militares.
-¿Usted prácticamente pierde un brazo, no? Se salvó…
-Falta poco y me lo querían…era más fácil serrucharlo por acá que curarlo.
-Ahora… ¿Es cierto que el problema que tuvo fue porque quiso torear una vaca?
-No, ché…no me haga transpirar Mingo…
-Ahora, Carmen…
-Nunca quise torear vacas yo.
-¿No? Entonces ¿qué le pasó?
-Toros, toros, si…la vaca nunca se torea, porque la vaca no cierra los ojos. Siempre embiste con los ojos abiertos, ellas ven bien. El toro si, cierra los ojos, la vaca no...
-¿Pero fue en un momento de toreo que le pasó eso, o no?
-No, no…me caí de un árbol.
-C- Me parece que estaba toreando el bicho ese que, cuando iba a pescar de noche acá a la Misión…ahí si que él toreo…
-Si, me ha pasado cada uno a mi…
-Carmen: ¿Don Casimiro, su papá ya andaba por un tiempo largo por acá, no’ Porque usted vino después. ¿En que año vino?
C- No, mi papá vino el año…
-R-¿’23 no era?
C- No nene. Yo de…
R- El ’29, más o menos.
-El ’29. ¿Andando con los barcos se quedó aquí y después llegaron el resto de la familia, no?
R- La Carmen nació el ’28, en el año ’28. La Miruca el ’30, en ese medio me conoció, la Miruca no habia nacido cuando el vino, y fue después que vino él. Si que del año ’29 más o menos.
-¿Ya eran mujeres grandes cuando se encontraron entonces, con el papá?
R- Claro…ella tenía 24
-¿Cómo fue ese viaje? Año 1952. ¿Fue un viaje muy particular, además no? Entre España y América…
-Y bueno. Preguntale a ella, el Juan nació a bordo del barco.
-Creo que lo va a recordar mejor Carmen que nadie.
C- Si, claro. Yo no me acuerdo nada, no me recuerdo nada ché.
-No, no, pero usted se tiene que acordar. Deben haber embarcado más o menos a fines de marzo ¿No?
-El 26 de marzo.
-El 26 de marzo. ¿Y e qué puerto salieron?
-Vigo…
-De Vigo… ¿En Galicia?
-Y, si, en Galicia.
-Y después comenzaron a navegar hacia el sur y después cuando iban llegando…
C- A Lisboa
R- Y, no, hacia el sur entra a Lisboa el barco, al día siguiente, salimos a la tarde y al otro día a la mañana entraba en Lisboa el barco.
-Bueno, ¿Y qué pasó ahí en Portugal?
C- Nació un portugués.
R- Atracaba en el puerto de Lisboa, el barco.
-O sea que la cigüeña andaba sobrevolando el barco. ¿Cómo se llamaba el barco?
-El Salta. Andaba saltando el barco.
-Y allí entonces nació Juan, que es el nene, el más chico de los hijos.
R- Pero atracaba en el muelle, el barco. Pero nada tiene que ver tierra, porque el barco es un hospital igual como cualquier hospital de tierra, con médicos de delegación española, médico de…argentina, enfermeros, enfermeras, de todo.
-Siempre charlábamos con Juan sobre esta particularidad y sobre como hasta cierto punto no se sabía de que nacionalidad era él ¿No?
R- Bueno, él, hasta el momento creo que sigue siendo portugués. ¿No te enteraste nada?
-No
A Juan le borraron todos los papeles, cuando fue a…¿Colombia es que fue? Se enteró de que al fin él era portugués.
R- No, no, si es portugués…¿Cómo me dieron la Libreta de Enrolamiento Argentina?-Ah, te la darían pero fue una equivocación.
- Inclusive Juan…que no, porque inclusive él hizo el Servicio Militar, y que se yo, y era portugués, en serio.
R- Por otro lado…y le dieron un pasaporte, pero era falso, para viajar a Colombia, como argentino, pero falso.
-Quedó pendiente el trámite ese.
C- Como nació en la ciudad de Salta. En Salta nació…
O- En la ciudad Busca, asi le pusieron. ¿No charlaste vos con Juan de esto?
-No, no.
R- En la ciudad de Busca, en Salta…ay, Dios mío.
-¿O sea que ahora es portugués?
C- No sabe…
R- Yo creo que ahora ya arreglo, ya, me parece que arreglo, ya. Y claro, porque el no tenía más que hacer trámites, nomás.
- Claro, porque toda esa cuestión influía también, el casamiento, los hijos.
-Capaz que es soltero…
- Todo distinto. Claro porque imagináte si te cuestionan a vos la nacionalidad, cierto, en un momento vos fuiste argentino y vas a hacer un trámite para salir del país, y sale diciendo que vos por haber nacido en aguas jurisdiccionales portuguesas, vos portugués, entonces ahí la cosa se complico. Inclusive, no se, parece que ahora tenia que hacerle un juicio…


-Ahora, Ramón: al fin llega hasta Río Grande. ¿En qué barco llegó hasta Río Grande?
R- Yo llegué…¿Llegamos en barco?, no, llegamos en avión. De Río Gallegos acá en avión.
-¿O sea que el avión lo trajo hasta Río Gallegos?
-No, no. De Buenos Aires hasta Río Gallegos en barco, en el vapor Menéndez. Traía carga y pasaje. 28 días ché. 18 de España a Buenos Aires, 28 de Buenos Aires a Río Gallegos.
-Era mucho más larga entonces la travesía patagónica que la travesía interoceánica.
-No, pasa lo siguiente Mingo: era un barco de carga, en varios puertos de la Patagonia, no hay puertos, sino que tenía que desembarcar la mercadería en chatas. En Comodoro, por esa época estuvo una semana, sin poder trabajar, tomar tiempo. Donde atracamos fue en Camarones. No, en Camarones no hay muelle tampoco me parece. En Madryn, en Madryn si estuvimos en puerto. Y en Comodoro no, en Comodoro estuvo una semana, con chatas cargaban la, en las chatas, llevaban la mercadería para tierra. Entonces hubo una semana de tiempo. Después en Deseado, en Deseado en muelle también. En Santa Cruz, también habia que hacer lo mismo, en chatas también. Y por último en Río Gallegos, también…
-Y ahora, Ramón, le quería preguntar, ese vuelo que hizo desde Río Gallegos hasta Río Grande, ¿Usted había volado antes?
-Yo habia volado por el aire alguna vez, pero no en avión…
-¿Y ya sabia que tenia que volar para llegar a la isla?
-Yo no sabía. Pensaba que era una isla que…
-¿Qué se llegaba en bote?
-Eso. Nadie me habia dicho que se venia en avión a la isla.
-¿Asi que no quedó más remedio?
-Pa’ más desgracia que hemos perdido el avión en Gallegos.
-No… ¿Andar tanto?
-Claro, perdimos el avión en Gallegos. Cuando llegamos a la pista, ya el avión habrá estado en río Grande, ya. Pero, no fuimos nosotros solos, eh. Todos esos que pararon en el mismo hotel les pasó lo mismo.
-¿Qué avión era en esa época? ¿Aerolíneas?
-Aerolíneas, si. Un avión de dos motores.
-Un DC 3. Y después ¿Cuánto tiempo tuvo que esperar en Gallegos para llegar acá?
-A los cuatro días, cuatro días. A los cuatro días volvimos a insistir otra vez.
-Bueno. ¿Y cómo se veía Río Grande desde arriba? Desde el avión cuando usted fue llegando.
-Uh, fenómeno…daba ganas de agarrar la mochila y mandarse a mudar de vuelta.
-¿Quién lo estaba esperando cuando llegó? Porque me imagino que todo esto se habrá comunicado.
-Bueno, si, el finado mi suegro venía con nosotros ya desde Buenos Aires.
-Ah, venían juntos.
-Y, claro. Si allá en Deseado estaba, dice mi suegra, vamos a dar una, como dice ella, le vamos a dar una sorpresa a Muñiz.
-¿A Juan Muñiz?
-Si, a Juan Muñiz, es el que hizo los trámites para venir nosotros, siendo gerente acá de La Anónima. Entonces se fue para, estaba en Deseado cuando nosotros vinimos. Le vamos a dar una sorpresa, la sorpresa nos la dio él a nosotros. Ya estaba con un taxi en la punta del muelle esperando, en Deseado. Si conocíamos a la finada señora, nosotros, estaba allá con él.
-O sea que habia una solidaridad entre los españoles. ¿Había  muchos españoles en aquella época acá en Río Grande?
-Mira, bastantes, ché. Los que no hay ahora, en ese tiempo habia. Éramos como ciento y tantos los que estábamos anotados en el Centro Español.
-¿Cuáles eran las familias de aquel momento?
-Y bueno, habia muchísimos, estaban los Fernández de la chacra, ¿Cómo se llamaba?, Severiano Fernández, estaba el Fernández de San Pablo, estaba, hasta don Agustín Vidal se consideraba como español, era argentino pero hijo de españoles, él se consideraba. Pastoriza, Carlos Sánchez, que se yo…Villa, Fernández, el del cine, habia muchos españoles acá, Martínez, los López, que se yo, habia muchos…y López el de La Anónima. Ese fue el que echó a perder todo,Priñero, Piñero,…Segovia… ¿Cómo era? Secretario, presidente, López, de La Anónima, mesa de cuarto, Riera, de La Anónima, y el otro, Segovia, uno que era jefe de ventas, que era…
-¿O sea que toda la gente de los Menéndez era de origen español?
-Y si, casi todos. Y por eso yo seguí, empecé trabajando con los Menéndez y sigo.
-Por ahí se vinculó… ¿Por qué no se formó ese Centro español?
-Porque lo echó a perder López. Si se conocían, llamaba otro que nada tenia que ver, menos a los españoles, entonces ahí…no supimos adonde fue a parar la plata. Todavía no supimos hoy adonde fue a parar la plata…Habia plata, eh.
-Ahora Ramón: ¿Había muchos gallegos ahí?
-Unos cuantos…ah, y el finadito Cuesta también.
C-Hacía siempre de Don Quijote
-Claro, porque ustedes tuvieron su fiesta acá en Río Grande.
-El 12 de octubre, hicimos unas fiestas lindas.
-Hasta desfiles de carrozas ¿no?
-Si, si. Siempre me recuerdo del finado, don ¿Celestino Menéndez era, no? ¿Celestino era? Ese era el gordo, hacia de Sancho Panza.
-¿Y Don quijote quién era?
-Y el Quijote era el finado Cuesta, montando una yegua, el otro con la picana detrás, vestido de Napoleón, que se yo. Los dos, por la avenida, ché. La yegua después que se bajó el Quijote de arriba tuvo cría…Pero era una risa ché, era una risa…
-¿Y usted donde estaba? ¿No estaba disfrazado de nada?
-Yo miraba…
-¿O en alguna carabela?
-Carabelas no habia ché.
-Por ahí el otro día, estábamos viendo unas fotos donde estaba Chiquito Martínez disfrazado… ¿Puede ser?
-Y, puede ser.
C- Juan, y ellos también estaban disfrazados.


-También, si no era para esas fiestas, por ahí andaban.
C- Y la hermana por lo menos estoy segura que está en las fotos. Una foto grande.
-Te digo sinceramente que era más lindo que ahora. Ahora no hay cosas lindas que diviertan a la gente. La gente se divertía con esas cosas.
-Era más familiar, ¿No?
-Mucha más familiar. Y era toda la gente conocida, viste que ahora hay mucha gente que no, no la conocés.
-Ahora Ramón, junto a estas diversiones, habia una oportunidad de trabajar, y usted dijo hace un ratito que habia empezado a trabajar precisamente para el lado de la estancia de los Menéndez. Como lo viene haciendo ¿No?
-Siempre para ellos.
-¿Si? Con los camioncitos.
-Con el finado, don…Jorge Campos. A los abrazos andábamos ché. “Vos sos de nuestra sangre, a vos no te va a sacar nadie de acá”. Falluto de la gran siete…cuando vino este administrador se compró un camión sin decir nada, incluso ya venía con los brazos afuera cuando me veía de lejos, pasaba y me miraba pal otro lado…falluto de mierda, ese era el que me iba a defender, “a vos no te saca nadie de acá, eres de nuestra sangre…”
-¿De qué estancia era él?
-De “Flamenco”…te digo sinceramente que me dolió mucho perder ese trabajo ché.

Miguel Vázquez no entrevistó a Ramón en  setiembre de 2000, y presentó a nuestro amigo en EL SUREÑO, bajo el título: Raíces verdaderas. Entonces dijo..

Ramón García llegó a esta tierra buscando un futuro mejor, dejando su trabajo de agricultor y de pescador en su Pontevedra natal. En Río Grande también se dedicó un tiempo a la pesca, pero luego pasó gran parte de su vida trabajando como transportista para las estancias. No pudo olvidar su gusto por la tierra y to­davía sigue labrando el amplio terreno de su casa en Perito More­no, de donde salen frutos que engalanan la mesa de su familia, de sus amigos y de la gente que sabe de la excelencia de sus produc­tos, que son el resultado de su conocimiento y dedicación a una tierra que ama como propia.


De más está decirlo.., esta historia continúa.