Lecturas de LA PRENSA.41: ADMINISTRACION DE LOS TERRITORIOS.


1900. Diciembre 31.

Decididamente el conflicto de la Pampa Central va en camino de a eternizarze. El Ministerio del Inrterior o desconoce las consecuencias de la anormal situación en que se encuentra el territorio, o recurre a procedimientos dilatorios para llegar a una solución ajena a la que imponen la equidad, la justicia.

Bastaba un poco de buena voluntad para impedir que tomara cuerpo la divergencia producida entre los funcionarios de la gobernación, pero se dejó la solución al albedrío de los protagonistas y degeneró en conflicto impropio, que ha llegado a comprometer la seriedad de los actos del gobierno nacional.

La situación del territorio no puede ser mas grave, carece de autoridades superiores administrativas, los departamentos no tienen gobierno comunal legalmente constituido, y el servicio policial se hace en forma muy deficiente a causa de la suspensión del personal y de la falta de elementos de la importante repartición.

Ese estado de las cosas perjudica seriamente a los habitanrtes del territorio, cuyos intereses están constantemente amenazados , por que carecen de la garantía oficial, indispensable en regiones extensas y casi despobladas.

Y no solo el territorio de la Pampa es el que marcha a tientas, por la manifiesta incurria del Gobierno Nacional, en el de la Tierra del Fuego, el más lejano de todos, y aue hasta por razones de su posición geográfica debería ser objeto de una especial atención de parte del Poder Ejecutivo, está librada la acción administrativa a funcionarios subalternos, que no pueden realizar iniciativas, por carecer de atribuciones.

El gobernador de este apartado territorio tomó posesión de su cargo, y poco tiempo después delegó el mando en el secretario, para viajar a esta capital en la que se encuentra hace seis meses.

Es natural que la vida en esas regiones ofrezca pocos atractivos, pero no es explicable que los que aceptan esos destinos se sustraigan a las exigencias de su deber, contando con las franquicias y complacencias de los que deben imponer su cumplimiento.

Observaciones del Mensajero.

¡Y claro! ¡Eran territorios nacionales! Simples apéndices del poder central. Su paso a provincias hubiera condicionado otra realidad. Y el ingenio ciudadano pensó que eso se daría luego de 1991 en Tierra del Fuego: funcionarios con poder de decisión para los grandes temas de interés de la provincia, que no serían tributarios de políticas centralistas, muchas veces ajenas al espíritu federal.

Pero si bien ahora no se registran ausencias de seis meses fuera de la provincia para altos funcionarios, si vamos sumando el día a día no nos sorprendería que nuestros representantes no cumplan 180 de asistencia fueguina, en el año calendario.

EL QUINTO PELDAÑO DE LUCINA RAFI


Allá en Córdoba –en Villa Caaaabrera- vive y crece Lucina en compañía de su papá Ezequiel y su mamá Ana Laura Gutiérrez.

Ec estudia arquitectura y ahora trabaja para que funcione a la perfección la más importante fábrica de helados de la capital mediterránea.

La Pitu –así se le llamaba a la mamá cuando chica- también trabajó un tiempo de heladera –aquí en Río Grande- pero ahora estudia Psicomotricidad y ameniza fiestas infantiles de la misma manera que siempre nos alegró la existencia.

En esta fresca familia la no tan pequeña Lucina festejó en su jardín sus cinco años, hubo una torta de chocolate, y una bengala (Suponemos que mucho entrenamiento llevó a que la apagara de un solo envión).

Lucina se alegra en recibir a la gente que la quiere y ya sabe que es muy sencillo y económico llegar hasta su casa en el colectivo, eso me lo dijo a mí. Pero a Marcial, que viene a ser tu tío, le dijo que si quisiera llegar más rápido le convendría el remís, que lo acerca en dos minutos solamente.

Mi pequeña nieta nos pregunta siempre cómo estamos vestidos, puesto que no nos vemos hace tanto tiempo que al menos así tiene una idea más acabada de nuestra apariencia.

Ella tal vez piensa que este abuelito tiene la barba un poco más blanca de la que realmente pinto y yo creo acercándome a su imagen, poder percibir latidos de su corazón.

Pero pese a todo lo que conversamos por teléfono se está haciendo una imagen diferente de mí. Por ejemplo anoche cuando mis dos perras, cada una a su tiempo, y también el gato llamado Sabat se acercaron para cantarle a la distancia el cumpleaños feliz –cada uno en su idioma-, ella creyó que era yo fabulando la ocurrencia de mis animales domésticos; sin darse cuenta que en esta casa la queremos mucho, mucho, mucho y hacemos cualquier cosa por demostrar la alegría que nos proporciona su existir.

Por eso cuando a la distancia ella suma un año más a su andar por la vida, y es el quinto, la sentimos invadiendo nuestra cotidianidad; y como nos cuesta un poquito hablar de estas cosas, nos soltamos a dejar nuestro sentir por escrito.

Alguien se lo leerá a su momento, mientras que desde aquí soltamos tres potentes besos, esperando que los vientos favorables los lleven a su encuentro.

Dinko entre nuestras cosas.


El año 1991 sobrevino un incendio en esta casa que la destruyó al cincuenta por ciento. Eso se tradujo en la alternativa de optar por demoler lo que se había salvado del fuego, o recuperar los espacios destruidos.

No era algo para resolver de inmediato puesto que pasaría a vivir en la casita de al fondo que Patricia compró a sus ocupantes, los hermanos Rosso, representados por Daniel –el Colo- a quien fue entregando las cuotas de un acuerdo que en los primeros días de la Provincia, hizo el gobierno de Estabillo con los empleados estatales. Mientras tanto se acondiciono la parte de delante de la casa quemada en lo que vino a ser la única parte habitable de la misma –un cuarto en su extensión- y a la vez nuestro Salón de Usos Múltiples.

Al año siguiente, por una iniciativa de Rubén Baliño nació la Primer Feria Provincial del Libro, y por los contactos logrados con la Revista Impactos de Punta Arenas, su staff fue haciéndose conocer en un medio en el cual ya habían sido leídos.

Entonces un día aterrizó Dinko Pavlov Miranda, un austriaco desmesurado que había sido el primer psicólogo radicado en Magallanes, y que apunta en su historial una novela autobiográfica –Atrapado pero con salida- donde contaba sobre los avatares que lo llevaron a pensar que se podían hacer buenos negocios en Porvenir, la prisión que purgó por su ingenuidad, representado sus escritos toda una enseñanza para los que vienen al sur a hacer fortuna.

Porque Dinko era un croata del norte chileno, ese que pintó Skarmeta en sus novelas, y no había sido del todo asimilado a la colectividad sureña donde sus impulsos poético y políticos –siempre fue comunista- se daban de bruces con seducción que su figura demandaba.

En más de una oportunidad lo tuvimos en nuestra casa de pensionista. Fueron numerosos los encuentros culturales que lo atraían a estas playas. Sus ingestas terminaban siempre en sus cantares estertóreos con variados repertorios, desde el Tamo Daleko –que para mí había sido una ancestral canción de cuna, hasta el María del Paraná, que él conoció en su temprana adolescencia en un cine nortino..., en una ya olvidada película argentina.

Entonces Dinko cantaba hasta cansarnos, perdón… hasta cansarse.

En otros momentos más lúcidos todavía reflexionaba sobre la praxis de nuestros pueblos, y también sobre los usos y costumbres. Sobre el alcohol que invadía nuestras bohemias, consolándonos con este dicho: -Piensa oye, en cuantos se habrían quitado la vida, sino no existiera el copete.

La hora, la vida en Dinko parece ser cosa de poco tiempo. La vida que viene, porque la que fue entre los que los conocimos aquí da para una larga saga de recuerdos.

De pronto en el entrevero de sus representaciones apareció él, en ese rincón mentado de mi casa –casi por entonces un campamento- y en diálogo con José Piñero, el actual redactor de Un pueblo chico, en días de sus pininos periodísticos.

Y mi casa los rodea en sus objetos invitándome a un somero inventario.

Un hogar de leños artificiales, que ahora se ha mudado al otro extremo de lo que fuera ese recinto, demandando una renovación en el infrarrojo con caducidad del originario.

Una biblioteca que nos construyera Fredy Gallardo con restos de aglomerado que habían quedado de una de las tantas reformas a la casa. La biblioteca era, y sigue siendo, aunque mudada a espacios interiores de la vivienda, la biblioteca de poesía, y por eso emergen verticales las publicaciones recibidas más recientemente. Sobre ella un conjunto de papeles, sobres y otros aditivos en días en los cuales la comunicación se sostenía aun en la correspondencia postal.

En el esquinero está la máquina de coser Singer, que obsequiara mi padre a mi madre cuando se casó con ella en 1951. Por entonces dada la política de protección a la industria nacional solo se conseguían máquinas nacionales, que a criterio de la costurera que era mamá dejaban mucho que desear. La máquina importada llegó, vaya a saber como desde el Paraguay, por gestión de Guido Bianco, el patrón de la estancia donde mi padre era capataz. La máquina es el legado de Margarita a su primer nieta, la que la podrá pasar a retirar cuando termine su casa fueguina, mientras tanto sirve de apoyo a nuestro ya vetusto televisor de 29 pulgadas.

Sobre el hogar se aprecian una tetera de loza, que es la única que sobrevivió de un regalo de bodas de la familia Vázquez Martínovich, al matrimonio Gutiérrez Martínovich. Tetera sin marca reconocida que por supuesto ha perdido su tapa, pero que muestra una pintura de rosas en su costado que parece embellecerse cada vez más, con el tiempo.

También esta a su lado una torcida rama seca, llamada Pablita. Nos dio la impresión que era una serpiente y su nombre nació de haberla encontrado en una excusión en que trepamos con mis suegros por la vertiente más escarpada del Cabo San Pablo, para descubrir luego que existía un cómodo, aunque prolongado camino, que lleva al faro a los que tienen que asegurar su mantenimiento. Pablita tiene una mirada entre feroz y temblorosa.

Los dos cuadros allí existentes responden a una gentileza del ingeniero Baldasarri. Este señor que fuera gerente de la cooperativa me obsequió el primero de ellos, que se encuentra sobre un costado, mostrando en un panel la primer turbina Solar que funcionara en la Cooperativa. El cuadro principal también estaba en la Gerencia de la Cooperativa, cuando ésta funcionaba sobre la calle Rosales y había llegado a ese lugar por gestión oficiosa de Rodolfo Canalis, cuando fue gerente de la entidad. Puede ser la misma que existió desde los días de Apolinaire en el despacho del Intendente, si no hicieron otra igual para el recinto cooperativo que también usó en su momento Chiquito Martínez. El cuadro resolvía un trabajo expositivo mío en relación al desarrollo de nuestro pueblo y mostraba, producto de la censura militar, un espacio negro en la aerofotografía, sobre el amplio recinto del batallón.

Una muestra de telar indígena comprado en 1994 en APAP, Río Gallegos, y sobre ella una percha de madera de la tienda La Capital.

También se pueden apreciar cuatro zapatillas blancas –dos pares-, calzado de mi hijo Marcial que luego de ser lavadas esperaban volver a ocuparse de su pies bien sea para su andar escolar, o para sus primeras prácticas de kung-fu.

Dinko y José están sentados en sillones de mimbre, que compramos cuando se demolió el Hotel Miramar, uno de ellos estaba atado con alambre. Sillones comprados al camión mimbrero, aquel que llegaba en cada noviembre, luego de recorrer la Patagonia.

Y de por medio y par de puff, obsequios de Ángelica, la señora que nos ayuda en el orden doméstico desde hace tantos años.

Las plantas invaden todo.

Dinko escribe una dedicatoria sobre uno de sus libros. Por aquel tiempo y en afán de desmerecerlo, algunos colegas decían que sus que muchas dedicatoria era literariamente más valiosas que el libro que aludían. Es que a algunos le ha tocado ser así, artífices de una vida que es superior a su obra.

¡Ni todos sus libros juntos podrán decir lo que ha sido Dinko Pavlov Miranda!

Aquellos primeros programas del 73.


En nuestro examen de aquellos días primeros de LRA 24 por el año 1973, encontramos en el mes de Junio una referencia a los recursos informativos de la emisora.


La provisión de cables estaba dada por una atención del Batallón de Infantería de Marina, eran boletines informativos que recibía por teletipo, y para lo cual se solicitó a Buenos Aires provisión de cintas de impresión.
Se pidieron 10 y al mes llegaron 5, “se carecía de reservas, estimándose en lo sucesivo” que la emisora gestione este material por el área de Suministros.
También para esa fecha se trababa contacto epistolar con SADAIC –BAHIA BLANCA, la SOCIEDAD ARGENTINA DE AUTORES Y COMPOSITORES reclamaba el cumplimiento de la normativa impuesta para el cobro de los derechos de autor de la música difundida. El representante local era Rolando Luffi, pero las instrucciones para la radio llegaba de Buenos Aires con modelos de Ficha de Transmisión escritas con lápiz para permitir que eventualmente fueran rehechas.

Ordenes internas por escrita nos permiten conocer algunos programas grabados en cabecera –BUENOS AIRES-.

PASAPORTE AL FUTURO, lunes a viernes de 10.30 a 11.
TEATRO BREVE, martes a las 22.
NUNCA ES TARDE, lunes a viernes a las 19.30.
ARGENTINA EN EL CANTO, EL VERSO Y LA LEYENDA. Una hora de 19 a 20 los domingos.
El boletín de MENSAJES PARA LA COMUNIDAD se irradiaba a las 10.15, para volver a difundir a las 18.45 de lunes a viernes.
CUIDE SU SALUD, redactado por GLORIA NOVAK, se pasaba a las 11.30 y se repetía a las 16.30.
PERIODICO ORAL DOCENTE Y CONOCIENDO A LA TIERRA DEL FUEGO, eran redactados por SUSANA COBOS DE DOMINGUEZ: el primero difundiéndose martes y viernes a las 11: el segundo todos los días menos los sábados.
Ya a principios del mes de julio, día 3 se señalaba la transmisión tres veces por semana del programa DEPORTES EN EL 640, lunes, jueves y sábados de 20 a 21 horas.
Se incluía también en aquella semana ORACIONES SIGLO XX, microprograma remitido en cinta desde Buenos Aires, como pauta de cierre a las 23.55.
Y también en horario nocturno se emitía otro programa grabado por un sacerdote; POR SOBRE LOS TEJADOS del primer sacerdote patagónico Presbítero Raúl Extraigas.
Las recomendaciones internas al personal de discoteca se apreciaba que al confeccionar el programa SELECCIÓN DE MUSICA ARGENTINA, generalmente de 12.15 a 13 horas, se realizara de la siguiente forma:

UN TEMA DE CONJUNTO FOLKLORICO, UN TEMA DE SOLISTA FOLKLORICO.

UN TEMA DE MUSICA CIUDADANA ORQUESTADO.

SE REPITE UN TEMA CONJUNTO, UN TEMA SOLISTA, UN TEMA DE MUSICA CIUDADANA CANTADO.

El espacio en cuestión se difundiría de lunes a jueves y también los días sábados.

Una mecánica que ayudaba en mucho a la orientación de quienes sin mayor experiencia debían afrontar la tarea de difundir y agradar con la música argentina.

Finalmente identificamos en la foto que precede la presente entrega al operador Daniel José Pisano, a Carlos Brea relator de Deportes en el 640. Gimnasio del colegio Don Bosco para un mach de box que tiene en el ring side al intendente municipal Alberto Vicente Ferrer.

Sacándole punta al fusil.

Maxi Carrasco no parece ser el mejor soldado, pero va a ser lo que tenga que hacer. De estudiante no parece que haya sido tampoco un buen estudiante, le quedaba un lápiz de la suerte con la que en matemáticas siempre sacaba un seis; es decir aprobaba raspando.

Tampoco parece ser un hijo excepcional, no le arregló a la madre ni el cuerito de la canilla, ni la luz del baño; y promete hacerlo en cuando termine la guerra en Malvinas.

Nacho lo escucha y plantea a la vez sus dilemas. Nacho es el nombre real del coprotagonista de la obra. Maxi el autor y director y tal vez actor principal. Nacho se anticipa en el tiempo y tiene sueños de progreso, en la panadería de su padrastro podría implementarse un servicio en el cual, a pedido telefónico, se envíe a domicilio las facturas día a día. ¡Y para el día del cumpleaños del cliente se enviarían gratis! De haberse salvado de la guerra Nacho habría inventado el delivery.

Pero ninguno de los dos va a salvarse.

Han sido hasta hace poco estudiantes, y ahora son baluartes de soberanía en el frío espacio malvinero de 1982, donde en cualquier momento pueden llegar los gurkas.. ¡y violarlos!

A menos de un kilómetro donde se dio en dos funciones en una noche esta obra premiada en Buenos Aires, obra de un autor riograndense, ya se levantaba la Carpa de la Dignidad, como un universo consuetudinario en el otoño fueguino. Un conjunto abigarrado de personas, de una edad inferior a la de los veteranos, esperaba que se apagaran las luces dispuestos a apreciar esta versión de la guerra, donde los actores juegan de antihéroes, y desesperan en la soledad y la lejanía.

La primer función demorada dio la sorpresa que hubo que agregar tantas sillas como las que se habían previsto, y que por ello fue difícil apreciar la puesta en escena en un recinto sin escenario de altura, y con numerosas situaciones de cuerpo a tierra –como es evidente en toda guerra defensiva- pero al final casi todos, menos una pareja que se levantó pasados diez minutos de iniciada la primer representación, asistieron hasta el final y entregaron su aplauso.

Tal vez algunas resoluciones audiovisuales, sustentadas en cánticos que no fueron escritos para la obra en cuestión, como la canción de la memoria de León Gieco, suponen una discursividad elemental que pueda ser mejorada; y no nos extraña que esto ocurra así cuando a los dos días nos encontramos con Javier Giménez Filpe que venía de participar en una experiencia fílmica en la zona de Cabo Domingo, donde él e Ignacio Frick actuaron ante el viento y el frío.

Curiosamente después de anunciada la presentación de la obra, que tuvo sus contactos con el Ejército en la instrumentación previa a su participación en nuestra provincia, se conoció otra resolución escénica coincidente: la reconstrucción del Operativo Rosario sobre las barrancas linderas al BIM 5, unidad que recién llegó a la isla el 8 de abril de 1982, y no el 2 de abril cuando el operativo tuvo su punto de concreción por parte de efectivos provenientes de Puerto Belgrano. Los soldados actores, ahora profesionales en eso, lidiaron contra la lluvia de esa noche.

Malvinas sigue ofreciendo en sus disociaciones distintos frentes de expresión. La actual conducción de veteranos no auspicia como la anterior el esclarecimiento de los vejámenes a los que fueron expuestas nuestras tropas, por propios y extraños. Pero aquellos no quisieron estar ausentes y fue así como simultáneamente en esa fecha presentaron ante la Legislatura un proyecto para instrumentar en las escuela el tratamiento didáctico de esta dolorosa temática.

Para todo esto Del Fuego Producciones tomó otros rumbos, con sus ilusiones actorales, con su visión crítica de una etapa oscura avisorada a 28 años de su inicio; con la luminosidad propia de los jóvenes que reinterpretan a otros jóvenes; con sus fusiles atados con alambre en una suerte de utilería no tan distante de las precariedades militares en que quedamos sumidos los argentinos, desde entonces…

El ascenso del hombre.

Terminaba marzo de 1971 cuando de alguna manera me llegó la noticia en Monte Grande que estaría por llegar a Buenos Aires mi primo Toty. Por entonces los empleados públicos comenzaba a acostumbrarse a las vacaciones con pasaje pago, esas que debían tomarse así para alcanzar a tener un mes in extenso de descaso, puesto que si se quedaban en la isla se ajustaban a la antigüedad, y en muchos casos el quedarse representaba sólo dos semanas de vacaciones.

Toty, como otros municipales, se alojaba en el Hotel Roma, sobre la Avenida de Mayo, y traía algunas cosas para mí. Un reloj que había sido del tío Polo y que había arreglado Bernini después de larga espera, algunos pesos que hacían abundar mis recursos que no eran otros que los fondos con los cuales se pensaba en Quinto Año hacer un viaje de egresados, que se frustró por falta de pasajes oficiales, y una cartas… casi un calco una de la otra escrita por mi padre y mi madre, felicitándome de antemano por los 18 años que habría de cumplir.

Mientras almorzábamos en un restaurant de las cercanías mi primo me dijo si no quería acompañarlo a ver a la hermana, en Dique de Los Molinos, y que si era así ya estaba comprando pasajes para dos al días siguiente. Yo ya había rendido libre mi ingreso a periodismo en La Plata, y con el primero de abril tendría lugar en la misma pensión que Ernesto, mi compañero del secundario que se iniciaba así en Odontología. Pero en lo inmediato no tenia otro compromiso: ¡entonces le dije que sí!

Del viaje de aquella noche tengo tremendas impresiones reiterativas: el ambiente esa sofocante, Toty dormía, y afuera la tormenta se manifestaba con baldazos de agua contra las ventanillas, y los truenos brillantes, y los rayos estruendos, todo parecía cambiar dentro de mi cabeza y sentía que ese viaje era un viaje sin retorno. Y lo fue en alguna medida, en la mitad de la noche cumplí 18 años.

Recuerdo una pausa luminosa en Villa General Belgrano, un desayuno con cerveza y un sándwich de miga oscura… La llegada a Villa La Merced –Dique de los Molinos- donde Chamy Roberts, el cuñado de mi primo era jefe de correos. Un lugar para acomodar mis pilchas, muchas preguntas por parte de Lita, la prima que había nacido en Río Grande en 1929, y sus hijas también preguntonas. Un paseo por los alrededores y el paseo por una yegua que representó mi primera experiencia como jinete. A la noche Piky, una de las primas me preguntó que edad tenía. Yo le dije que 18, y ella me preguntó de que signo era. Le dije Aries. Y entonces saltó la pregunta definitiva que desnudó la realidad: ese día estaba cumpliendo años. Hubo reproche a Toty que no sabía nada, a mi que era un quedado, otros me defendieron y también a mi primo, y finalmente Chamy sacó la guitarra y emprendió una suerte de serenata dedicatoria, con rimas simpáticas que lamentablemente no pude aprender, y luego aparecieron las empanadas, y alguien preguntó donde estaba escondida la bota de vino, y todos –incluso las chicas- probaron del chorrito escurridizo, y esa noche no dormimos. Todo termino en alguna media con café con leche, pan criollo y manteca casera mientras el jefe de casa debía partir para abrir la oficina que aun en esos días de marzo tenía mucha actividad en esa villa turística.

En medio de esas lejanías que por un momento dejaron de serlo yo pasé la barrera que despedía la adolescencia, y comencé a ingresar al mundo de los adultos.

Una experiencia que por un tiempo me llenó de temores.

Una etapa de mi existencia en que debí confrontar con la soledad, y salir de ella.

Recuerdo mis 18 años, en su comienzo lejano, como lo hice tantas veces y sobre cuya descripción tal vez tenga registro mis seres más queridos. Mis hijos mayores ya son mayores, Florencia como abogada se abre un espacio en Buenos Aires después de toda una vivencia en la Patagonia Austral, siempre dura y sobre todo para una mujer; mi hijo mayor vive aquí cerca nuestro, y como profesional en kinesiología ha comenzado a ser valorado –fundamentalmente por sus pacientes- y cada vez que lo encuentro y compartimos un plato de comida en alguna mesa del centro de la ciudad me parece que en él me reencuentro con la otra mitad de mi destino (yo que soy la suma de varias mitades); mi hija menor transita su existencia cordobesa que es tiempo de aprendizajes, familia y crecimiento personal. De esta enmarañada vida surgieron a la vez Mía, la hija de Damián y Lucina la hija de Ana Laura, que son como dos claveles del aire en el árbol de mi progenie.

Y luego está mi hijo menor que ahora cumple 18 años.

Marcial ha sido mi compañero en todo este tiempo suyo de elevación, y mío de enmesetamiento.

Hay casos en que estamos muy cerca, pero nos situamos muy lejos: y otros en que no hay separación que no signifique imaginarlo a mi lado.

Mi etapa de padre no termina esta noche; no ha terminado de hecho y derecho con los mayores, pero en alguna medida la circunstancia de libertad y responsabilidad que él comenzará a vivir nos otorga a Patricia y mí una suerte de “libre deuda” que queremos agradecer a la vida, que nos ha dado en su persona un reflejo de nuestro hacer y nuestro querer.

Algo que nos eleva, y nos eleva y nos eleva. Pero por suerte no nos aleja.

Porosidades


El Domingo de Ramos al pasar frente a los ventanales de El Sol, antigua despensa barrial, descubrí tras de rejas el afiche del primer libro de la Editora Cultural Tierra del Fuego; y no me asombró que estuviera tras de rejas puesto que el mismo –trabajo de Silvana Mabel Cecarelli- se titula El Penal Fueguino. Origen del Estado y la Sociedad en la frontera austral Argentina (con mayúscula) (1895-1916).

Era el primer anuncio –poco visible- de la presentación del libro del cual Carlos Baldassarre me había dicho se haría en el Museo de la Ciudad, casi de inmediato a su presentación ushuaiense. Pero indudablemente la puja de siempre –municipio vs. Gobernación- puede haber llevado al escenario elegido: el de la más antigua entidad cultural de nuestra ciudad, la Biblioteca Popular Eduardo Schdmit (h).

Algo más tarde recibí la llamada de R. Andrés Toledo, fue una de las tantas que recibía por mi cumpleaños pero la de él daba cuenta que me estaba buscando desde hacía tres días y que se había visto entorpecida porque su celular había quedado inutilizado por una mojadura en Vinciguerra. Tenía un regalo para mí y me preguntaba si no andaría por allí. Almorzábamos tarde y llegó a gimnasio salesiano poco después del strip-tease del que todos hablaban y conseguí localizarlo en el stand de la legislatura. Roberto tenía un regalo: el libro de Cecarelli que todavía no se consigue en nuestra ciudad.

¡Gran regalo el tuyo Toledo! Siempre me gustó concurrir a la presentación de un libro con el libro leído y El Penal Fueguino se constituyó en mi lectura de esta semana.

Podemos decir en su favor que es una obra de rápida lectura, que los primeros capítulos 130 condensan las habituales referencias al tiempo y al espacio que son propias de los trabajos de maestría, y donde además se da cuenta de la bibliografía esencial de consulta. El libro experimenta un cambio con el cuarto capítulo –los conflictos de poderes- donde asoma la profundización temática lograda por la autora en sus consultas –esencialmente- al Archivo General de la Nación- y donde emergen con relaciones documentadas las interferencias recíprocas entre los mandamases de la gobernación y la cárcel y la aparición de un término –superintendencia- que nunca fue fácil de implementar en el ámbito fueguino.

El quinto capítulo –Presidio y Sociedad- es el más entretenido para nuestra curiosidad sobre el ayer, donde se concatenan multiplicidad de registros históricos, y se dan algunas primicias. Entonces uno se queda con las ganas de otro libro que abarque un tiempo más amplio del que encontró su límite en la asunción del primer gobierno radical. Pero también se queda con las reflexiones finales:"...fueron varis las cuestiones que truvieron que afrontar los que decidieron radicarse en Ushuaia. Si bien por un lado resolvían el problema laboral al trasladarse hasta el extremo sur, las dificultades y limitaciones eran tants que la población se conformaba con sobrevivir con los mínimos requisitos que un Estado necesitaba par fundionar. Mínima educación, mínima higiene, mínima comunicación, resignándose a ser solamente una célula de este Estado penitenciario en el confín del territorio".

Fuera de los apéndices documentales y anexos, están las conclusiones, que por tratarse de un trabajo de investigación creímos oportuno leer primero, y así terminamos por leerlas dos veces. Situación que aconsejamos como método de abordaje a esta obra por encima de las palabras preliminares.

Ya en su presentación primera la autora reivindica de Lila Caimari, en alguna medida madrina de este libro, la que en su obra Apenas un delincuente –ensayos que llevan nombre de una película trascendente- dijo: “Como el “muro” entre Ushuaia y el “norte” era tan espeso, el muro entre la prisión y Ushuaia se volvió excepcionalmente poroso”. Relación que cuando yo la leí en ella me llevó a pensar en la querida canción de Horacio Guarany que cuenta “Estamos prisionero carcelero, yo de estos toscos barrotes, tu de miedo…”


El libro nos remonta aquel tiempo en que faltos de presencia del estado argentino en el espacio austral, la escepción la daba en el sur fueguino, la ciudad prisión.


Ya para el martes brillaban en Río Grande otros afiches invitándonos a la presentación, entre ellos un segundo en El Sol, esta vez libre de barrotes. Allí me llamó la atención que la tipografía mayor no es para la obra, ni para la autora, sino para la editora: y entonces recordé el verso aquel de Anahí Lazaroni: “Los homenajes halagan más a los que los dan, que a los que los reciben”.

Porosidades de una iniciativa que pretende ser comienzo, pero que es, más allá de todo propósito… continuidad.