Los Yaganes de Río Grande*


No siempre quienes viven en un pueblo saben a ciencia cierta lo que pasa en sus hoteles.

Los hoteles son espacios intermedios entre el estar y el no estar. Tienen un poco de cosas del aquí, y muchas de todas partes; y en ese sentido Los Yaganes no pudo haber sido diferente.

Nació a principios d e los años 60 como una inversión de la firma GRANDES HOTELES DEL SUR, vinculada en lo empresarial al LLAO-LLAO de aquellos días; y atendiendo a la demanda de servicios que planteaba en la zona el desarrollo petrolero en manos de los norteamericanos, y el circulante en dólares que crecían en una espiral que no parecía detenerse en aquel humilde pueblito que hasta entonces solo sabía de la prosperidad de la lana y los corderos.

Trato de recordar como fue creciendo en aquella esquina distante del pueblo, y no logro formarme imágenes en mi memoria donde siempre esta ya terminado, inaugurado. Creo que un día de primavera en que hicimos con la escuela un largo paseo por la playa, y retomamos el camino a las aulas por lo que entonces se llamaba la subida de los Ferrando apareció como una realidad. Pero enfrente estaba el Hospital, enorme, en construcción desde siempre.., y por sus laberintos todavía abiertos nos metimos tratando llenando los bolsillos de nuestros guardapolvos grises con los clavos dorados con que se fijaba el techo de tejas.

Viviendo en el centro en mas de una oportunidad debía ir al Correo, pero no hacía mi paso por Belgrano –inhóspita por el viento- sinó que elegía Piedra Buena y aveces de regreso –años en los que no había mucho apuro- bajaba la barranca por lo que se llamaba el Barrio Chileno y hacía mi largo recorrido por la playa reingresando al centro a la altura de la Plaza.

Si en esa esquina de Ameghino y Belgrano se iba a levantar un hotel importante, no parecía que debía ser importante para mí.

¿Cuál es nuestra relación de gente de Río Grande con el Hotel Los Yaganes?

Puedo sumar una corta luna de miel, y eso era un trámite de muchos. La mejor noche en el mejor hotel. Un amanecer donde el sol se levantaba encendido desde el mar, un silencio interior que resulta ser una forma de confort en todo tiempo y lugar cuando de hotelería se trata.

Pero vamos un poco mas atrás en el tiempo, en mi tiempo.

Mi padre, sereno de los barcos, pasó a recibir una oferta de cubrir los francos del sereno del hotel lo que lo llevaba a estar una o dos veces a la semana fuera de casa por las noches. Papá cambiaba también su indumentaria. Ya no salía de fajina como para su otro oficio de sereno sinó que comenzaba a lucir las pocas prendas que se tenían guardadas para los días de fiesta. Y mi madre que se alegraba por lo que llamaba un trabajo decente.

Lo primero que supe del hotel fue en conversaciones de sobremesa con Papá, que había incorporado el mundo de Los Yaganes al de nuestras conversaciones cotidianas. Estabamos al tanto –mi padre era lo que se decía entonces respetuosamente MUY NOVELERO- estábamos al tanto de lo que pasaba en el JET-SET de Río Grande.

Un JET-SET muy particular, dada por la concurrencia nocturna de los que de día se ganaban mayormente el pan acarreando mercaderías para el comercio, el aserradero o la estancia –en algunos casos familiar- y que hasta entonces –conocidos por lo mismo por mi padre- no habían sido objeto de atención alguna.

Pero en el Hotel todo el mundo parecía ser diferente. Muchos se volvían ocurrentes y prodigaban habilidades singulares en el juego del bowling, donde el alcohol no parecía entorpecer la dinámica y capacidad de los competidores.

Porque Los Yaganes tendría sus comodidades para el viajero, pero para el residente tenía eso que era –como diríamos hoy- del primero mundo; y que en aquel entonces parecía una cosa de películas: el bowling.

Allí los jóvenes burgueses de Río Grande desarrollaban su capacidad volteadora, aunque en algunos casos no dejaba de asombrar que creciera en mucho la pericia de los mismos empleados del hotel, a los que se sabía nadie imponía límite ni tiempo para quedarse jugando muy de madrugada, cuándo ya el resto de la clientela se retiraba para emprender al días siguiente las obligaciones comunes a cada uno.

Si papá pensaba echarse un sueñito, estaba perdido, los empleados se divertían el resto de la noche, con bolos chicos o grandes, según los casos.

A ese mundo ingresé años mas tarde, cuando tenía unos 15 años. El hotel ya no era mas de empresarios privados, lo había comprado la gobernación, y las pistas de bowling no estaban en buen estado: la cuatro tenía una suerte de canaleta en el medio por el cual se conducía la bola hacia un strike inevitable.

La Gobernación, en tiempos de Campos, tenía el proyecto de levantar un hotel de turismo en la intersección de ELCANO y SAN MARTIN, pero la abundancia de la hora petrolera era tal que no justificaba la existencia de otro hotel similar, de allí que se destinara parte de aquel dinero a la construcción del primer pavimento sobre nuestras calles.

Pero para este otro tiempo que recuerdo el boom petrolero había decrecido, YPF venía ha hacerse cargo de la explotación del área, y sus formulas campamentilies de vida –distintas a la de los texanos del tiempo anterior- los recluyeron allá camino a la Misión, y por esto, y otras crisis ya no había tanto dinero en el pueblo.

Como el negocio dejó de serlo, ¡o política argentina estatizamos el problema!, y así la Gobernación comenzó a tener también su hotel de igual manera que era propietario del Albatros de Ushuaia, y las tres hosterías en distintos tramos de la ruta tres.

La Gobernación ya no alojaba sus funcionarios en la Casa del Gobernador, situada en la primera cuadra de San Martín, ni en el Casino de Oficiales del BIM5 afectado a tales protocolos en años en los que mandaban eran siempre marinos. Las autoridades tenían su lugar en Los Yaganes y eso daba un clima de control que los que saben, marcó un tiempo de menor entretenimiento para los concurrentes que al momento en que llegaban los gringos con sus dólares, su jerigonza y sus sombreros.

Un día ahora si entré por primera vez al Hotel, nos llevaron de todas las escuelas para ver a un pingüino emperador que había aparecido en la playa. Una turista, una gringa colorada de anorak que se encontraba muy excitada por eso, trataba de explicarle a nuestra maestra las características de este habitante del ecotono antártico trasladado vaya a saberse en que témpano hasta nuestras costas. Nos hicieron entrar por una puerta pequeña situada sobre la calle Ameghino, cercana a un extractor de aire de destilaba la grasa de la cocina por una pared que ya nadie limpiaba, seguimos por una suerte de laberinto e ingresamos a un pequeño patio donde el pingüino comía y cagaba sin cesar. Al salir alguien insinuó que podíamos conocer el resto del hotel, pero no nos estaba permitido.

La discriminación nos debe haber molestado de alguna manera, y algo mas tarde, en el desordenado regreso, la maestra –cuyo marido trabajaba también el hotel y había hecho el contacto- nos dijo con cierta ingenuidad: -Un pingüino emperador debe alojarse en el mejor hotel de la ciudad. A lo que “Cototo” Cheuquel, cuya mamá limpiaba en el hotel Magallanes, agregó: -Por eso en el Magallanes, solo podemos tener pingüinos magallánicos.

Cosa que todos dimos por cierta, dado que era muy común que en nuestros patio, y fundamentalmente en los hoteles y pensiones, algunos de los clientes alguno de estos animalitos de la playa –lugar de continuas visitas- y los mismos se aquerenciaban entre las gallinas.

Aquella vez, y dado que nos iban a dejar entrar, dimos la vuelta por el frente del Hotel. Desde la bajada de Los Yaganes, el hotel había cambiado la referencia a la arteria que antes aludía a los Ferrando que eran medio alacalufes, la esquina parecía la proa de un barco.. incluso con su barandilla.

En la esquina estaba en restaurant donde se contaba hubo un percance arquitectónico en vísperas de la inauguración: se produjo una rajadura en la loza del techo. Temerosos de un derrumbe, y más que nada del deslucimiento del salón, se consiguió un caño de gasoducto y se lo colocó en el centro cortado en prolija medida: hasta el día de hoy sostiene revestido una loza que siempre parecía difícil de construirse en aquel Río Grande tan descreído de toda forma de mampostería, tan fiel a la chapa y la madera.

El hotel por otra parte, sobre la avenida Belgrano tenía dos puertas sólidas de madera pintadas de blanco, y contrariamente a las reformas edilicias que les trajo el tiempo nada permitía, porque además abundaban los cortinados, saber los que pasaba adentro.

Los turistas solían olvidarse cosas, o aligeraban deliberadamente su equipaje. Así papá llegaba casi siempre con una nueva novela policial, e incluso un día con un libro muy difícil HAMBLET, de un autor de nombre más difícil todavía, estaba escrito como para ser representado en el teatro. Algunos libros estaban escritos en inglés, y papá pensaba con ellos cuando llegara a la secundaria podía hacer progresar mayormente mis conocimientos de idiomas. Con el tiempo había en casa mas libros en idioma extranjeros que en castellano.

Un día papá trajo algo que parecía de otro mundo, el mismo Melrose Tea que se consumía en casa pero en saquitos; tratamos de averiguar como se consumía.., se abrió y era mas molido que el habitual, fue todo un tema colarlo. No imaginábamos que todo pasaba por sumergirlo.

Hace poco recordábamos en Ushuaia estas contingencias con José Salomón, que por aquellos años era un flamante abogado que buscaba clientela por Río Grande, bueno Salomón buscaba también divertirse y toda la entretención en este pueblo no pasaba por Los Yaganes, sinó por otros espacios de luces rojas. Josecito se ríe al recordar como lo retaba mi padre según la hora y la forma en que regresaba al hotel.

No se si por curiosidad o algún otro preconcepto promediando los 60 nos llamó la atención el deambular cotidiano de Angela, la india, rumbo al Hotel. Pensamos en algún momento en que había conseguido algún trabajo de lavandería, aunque se decía que el establecimiento estaba dotado de maquiraria automatizada. La india pasaba rapidito después de almuerzo, recorriendo para ello medio pueblo, y era devuelta en taxi antes de la cena. De tanto en tanto solía caminar mas por la playa que por el centro con una mujer extraña, delgada y atractiva. Era el tiempo inicial de los trabajos etnográficos de Anne Chapman, la que tuvo en Los Yaganes su casa cada vez que ha venido por aquí.

Para mis años de estudiante secundario las puertas de Los Yaganes fueron un umbral entreabierto que no ofrecía mayores restricciones. La primera vez por un baile que organizaron los de cuarto para juntar dinero para obsequiar a los de quinto. Y estaban en el baile –con discos- los de quinto y los de cuarto y algunos de tercero. Para el baile había un pequeño recinto más hacia la esquina donde existía incluso una puertita de vaivén como esas que se veían en las películas del oeste. Yo y mi timidez me hicieron planchar toda la tarde, estos bailes eran un tanto vespertinos, así que terminé por el lado del bowling sin atreverme a jugar (tal vez porque andaba escaso de divisas). Había en todo aquel lugar ciertas hermosas extravagancias: las chicas pedían cubitos de hielo para enfriar el té –las chicas no tomaban otra cosa mas que té- y yo acepté una sugerencia de un compañero de banco ya medio mareado que me hizo pedir menta con hielo granizado. Era la primera vez que veía hielo, artificial.

Con los años, cuando la movilidad social me niveló con otros sectores comunitarios, pude obtener vivencias menos ingenuas que la mía sobre la vida interior del hotel, y la confirmación por propia voz de un hecho que había escandalizado los silencios en los comentarios de aquellos días –charlas de peluquería si se quiera- la historia de los que habían encontrado desnudos por los pasillos.

El otro tema que circulaba como rumor era que en este hotel era el único y primer lugar de la Tierra del Fuego donde se habían visto cucarachas.

Por 1971 llegaron de Chile los Maida. En unas vacaciones conocí fundamentalmente al hijo mayor y comenzamos a hablar de política. En el lugar más bacán las ideas más populares. Era el mejor espacio para pasar desapercibido si se quería cambiar el mundo. Junto a nosotros mesa de por medio, los oficiales de marina que concurrían con uniforme de gala tenían otras preocupaciones, pero nosotros seguíamos con nuestras utopías confiados que teníamos todas las de ganar. Allí nos intercambiábamos libros los que veníamos de Córdoba, Buenos Aires o La Plata. Allí aveces informalmente se escuchaban ya de madrugada algunas canciones de esas que no se oían en las radios de Río Gallegos.

En una de esas tertulias le presté a Victor Donoso el libro de Z, de Vasilis Vasilicos.

Pero esa era una parte del mundo. Había otros, como Saquito Mansilla, que trabajaba en el hotel que comenzaban a vivir para la pesca, y su universo era el de los viajeros a los que se llevaba en taxi a los distintos pozos que el Río Grande ofrecía como diversión sin igual. Por las tardes, acompañados de Lincomán o Fava volvían los turistas al hotel con las mejores truchas del día, las que pasaban a la cocina para ser preparadas al exclusivo gusto del cliente.

Ya estaba a cargo de la administración el Automóvil Club Argentino. El hotel se amplía, se eliminan las ya deterioradas canchas de bowling, y crece al fondo el Salón de Usos Múltiples como primer gimnasio cultural de Río Grande. Allí se hicieron las primeras ferias del libro , recitales artísticos, y más de una fiesta. El hecho que retuviera la administración de este lugar la Gobernación, y luego la Intendencia, llevó a este espacio a un continuo deterioro. Al tiempo el techo se filtraba, la alfombra se podría, y la calefacción se volvía ineficiente.

Un año realizamos allí, iniciativa de Radio Nacional una Semana del Escritor donde nadie debía sacarse gorros, camperas y guantes. Fu entonces cuando recordé que en aquella esquina, la del hotel, estaba hacía muchos años la baliza de enfilamiento para los barcos que entraban al río, y que allí –justo donde ahora estaba el SUM- se había ahorcado una mujer. Fue una historia electrizante a la que me ha sido imposible de reconstruir de la misma forma que la dije aquella noche ante las dos docenas de intelectuales que compartían el encuentro: la ginebra ya no es la misma.

Ese frío fue muy similar al que recibí hace algunos meses al ingresar por última vez a los Yaganes. Lo comentamos aquí: la Dirección de Turismo en Río Grande no tenía calefacción, era una forma de promocionar la temporada invernal. Pero otro frío debía empezar a correr para los que trabajaban en Los Yaganes, algunos desde hace muchos años.

El frío del cierre.

En tiempos de vacas gordas fui Director de Cultura de la Municipalidad de Río Grande, teníamos presencias artísticas y culturales a las que debíamos acompañar por elemental cortesía. Conocimos entonces la mesa fría de su amplio comedor, el surtido de sus vinos, pagados queridos vecinos por todos Ustedes.

Pero era tal las posibilidades de hacer cosas, que hasta ya nos cansamos un poco en eso de tener que estar todos los días comiendo afuera, en Los Yaganes. ¡De pelandruzcos que hemos sido, simplemente!

En más de una oportunidad, haciendo tiempo en mis circunstancias de anfitrión, pasé frente al cuadrito donde aparecía, cerca de la conserjería la fecha de habilitación inicial del Hotel, y nunca pensé en registrarla.

Un día hablamos de eso porque justo era el aniversario con el Comisario Allen, que solía instalarse a ciertas horas del día en la pequeña confitería desde la que tenía visión de la calle. Allen concurría por su café con leche y sus tostados que sustituía a todo un almuerzo, circunstancia que es propia de muchos hombres solos en nuestro pueblo.

Pero volvamos a la fecha de habilitación. La necesitaba para incorporarla a este comentario y por ello me acerqué al hotel. Pero ya no pude ingresar, están haciendo un inventario en que por supuesto faltarán estos recuerdos míos, los suyos, los de tantos...

31 de agosto de 2000.


*Por facebook estallaron comentarios, cuando Alejandra Menéndez Aldé publicó una foto de aquel hotel sobre el que se levanta ahora un Centro Cultural y un Museo de Arte. Y entonces recordé estas páginas escritas en un momento en que una desición gubernamental dispuso su cierre.

Vecinos inquietos por el metanol

Un grupo de ciudadanos nativos y radicados en Río Grande, se dirigieron al Presidente de la República Argentina, Dr. Raúl Alfonsín, el Ministro del Interior, al Ministro de Defensa, al Presidente del Senado y al Presidente de la Cámara de Diputados a fin de ponerlos en conocimiento de la inquietud surgida a raíz de la próxima instalación de la empresa Petroquímica Austral S.A., para la elaboración de metanol, a partir de gas natural.

Los pobladores de Río Grande como habitantes de esta isla expresan que ven en este proyecto la posibilidad de un desarrollo económico más sólido que el hasta ahora obtenido por la aplicación de la ley 19.640, ya que trata la explotación de un recurso natural no renovable del Territorio: EL GAS NATURAL.

Agregan , que a pesar de que la misma no creará en una primera etapa nuevas fuentes de trabajo regional, ya que su personal estará integrado por técnicos especializados, posibilitará posteriormente la instalación de plantas satélites para elaborar productos derivados del metanol, transformándose entonces si, en una fuente segura de trabajo y fomentando la radicación de familias en forma definitiva.

Se menciona alguno de los aspectos positivos que derivarán de la concreción del mencionado proyecto, destacando también su preocupación originada por el lugar elegido para la localización de la industria.

Cabe recordar que los terrenos donde se instalará la planta se encuentran a 1 km. De la escuela Agrotécnica Salesiana, única escuela Ovino-Técnica del país, a 3 km. Del Campamento YPF, y a 7 Km del límite norte del ejido urbano de Río Grande.

Este grupo de vecinos de Río Grande entiende que el área próxima a la futura planta tiene una gran importancia histórica, arqueológica, educativa, recreacional, económica y estratégica.

Se deja en claro, que la preocupación va dirigida exclusivamente a la localización de la industria, descontándose el total apoyo a la concreción del proyecto, en cuanto se constituirá en un motor de desarrollo regional y nacional.

Solamente se solicita se realicen los estudios e investigaciones tendientes a determinar con certeza se los temores que acosan a los pobladores de Río Grande tiene razón fundada de existir o no.

Cuarto Poder Lunes 18 de junio de 1984. Año 1. Número 7.

Serenatas

Por los años 70, no recuerdo si antes o después de la tensión con Chile hubo una ocurrencia de fin de año: los alumnos de los quintos salían a saludar a los profesores.

Para eso ideaban cantitos alusivos en los que se destacaban las cualidades de los educadores, y también algunas de sus falencias.

Moderadores de esta actividad fueron siempre Emma Susana Cobos, la profe de Geografía, y Enzo Oliver Magaldi, el de Química y Merceología.

Llegaban con cierto sigilo a la vivienda de los profesora y proferían cánticos para que se les abriera la puerta. Los alumnos que sumaban en algunos casos algo más que 40 a veces no conseguían entrar todos en la vivienda, pero igual se las ingeniaban para compartir alguna comida y un brindis.

Y con no poca inquietud se mal dormía esperando la llegada de esos pillos, aunque en muchos casos había un menú y algo refrescante para que pudieran seguir la travesía.

Los jóvenes trataban que la experiencia durara varios días, y en la sala de profesores se compartían con los que aun no habían sido visitados los pormenores de eso que ellos llamaban “asalto”.

En el transporte se utilizaban vehículos particulares los que eran manejados por los que ya tenían carnet, un hermano, pariente o allegado, dentro de los que no faltaban los novios.

La salida siempre era entre semana, por lo que no era posible una conexión de esta salida con otras recreaciones nocturnas.

Generalmente se daba después del viaje de egresados, que todavía seguía engañándonos como un “viaje de estudios”, experiencia que acentuaba la camaradería entre los inminentes egresados.

Son recuerdos de mi paso por la docencia en el Instituto Don Bosco, único secundario del pueblo.

En los últimos años he tenido noticias de la proliferación de esta práctica a otros colegios, donde ya no parece necesaria la presencia de adultos para acompañar a los adolescentes.

Estuve a punto de disponer de alguna grabación de las murgas que desde hace algunas noches pasan por mi barrio, donde hay varios docentes de enseñanza media, y armar un texto evocativo de esta práctica, como muestra de la latencia de algunas tradiciones entre las distintas generaciones de jóvenes riograndenses.

Pero después de lo que pasó: !Qué se puede decir!

Celebraciones!


El viernes 29 de octubre, en razón de la finalización de mi rehabilitación tras cuatro meses cargando con mi fractura de pelvis, los amigos de Marcial decidieron homenajearme mediante una choripaneada intramuros de nuestra residencia.

Yo dejé en sus manos los pormenores de la organización de tamaño festejo, mientras por otro lado seguía los detalles de la inhumación de Néstor Kirchner, una situación que resultó angustiante entre otras cosas dada la ineficacia generalizada de los periodistas porteños. Gente que repetía y repetía los mismos parlamentos, con los mismos equívocos.

Yo suelo apartarme de las situaciones luctuosas que puestas en manos de los hacedores de la televisión son casi siempre deprimentes; pero en este caso –dado los lazos con el extinto mandatario- creí ncesario no eludir.

Pero no pude seguir más como espectador y llegué justo para ayudar a Agustín Banegas en la tarea de hacer el fuego.

La noche estaba fresca, pero no tanto. Las brazas nacieron lentamente y hubo cierta llovizna. Los chorizos comenzaron a llorar y cierta humareda nos hizo lagrimear.

El asador pidió su combustible y así me llegó un vaso colmado de whiskey irlandés.

Ya estábamos en clima.

Luz, dudando que fuera efectivo nuestro trabajo, se puso a cocinar unas pizzas caseras, la primera de las cuales llegó con el primer chorizo.

Whiskey con chori no es una combinación ajena a mi memoria. Pero con pizza me pareció un rasgo menemista.

Para entonces me había olvidado de lo que estaba viendo por televisión antes de partir hacia el fondo.

Yo cerca del fuego, y con las tripas calientes, me sentía en el paraíso.

Los muchachos, y después Patricia salieron emponchados, o cubiertos con mantas.

Los chorizos y yo nos cocinamos al unísono.

Tendrán que imaginarse por todo lo que brindé aquella noche!

Massera y sus amigos!!

Ha partido de este mundo el Almirante Cero. Aquel referente que desde la Armada brindó su cuota de sange durante el Proceso. Tierra del Fuego, ínsula naval, tenía gobernantes que lo miraban con veneración. Y el periódico oficial de entonces, que no era más que uno, registraba el 14 de septiembre de 1977 así, su visita.

Quedaron reflejados algunos conceptos de sus dichos en ese momento, conrcunscriptos a un ascéptico protocolo:

El número 6 del Semanario de la Actividad Territorial, tenía también una página central fotográfica en que se se veía la actividad del visitante. Fotos casi tornasoladas por las técnicas de la época donde se lo ve saludando a las autoridades locales, en su mayoría uniformadas. Visitando los barrios que se construían en Ushuaia, dialogando con periodistas -algunos de reconocida calvicie- y la alegría de las damas que concurrieron a los agazajos.

Masera pasaría a fines de agosto del año siguiente nuevamente por Tierra del Fuego -ya lo había hecho también para el Día de la Armada. Se lo consideraba uno de los alcones del Proceso, no así de la acción militar con Chile, situación que después del mundial parecía inminente, y antes de la cual fue relevado del cargo para ser reemplazado por el Almirante Lambruschini.

Un bonus track de fotos ayuda a visutalizar contactos y actividades.



Con el tiempo encendería la mecha partidaria, tratando de formar un partido, el de la Democracia Social. ¿Quién se acuerda de sus gestores locales? No faltaba mucho `para que Guillermo Patricio Kelly en su revista Quorum inaugurara una serie de denuncias en su contra vinculándolo a las desapariciones de personas. La Esma como campo de exterminio, tal vez, haya sido su más siniestra invención, en este sentido.

Condenas, prisión, indultos, cenilidad y enfermedad, internaciones, fue limitando la posibilidad de juzgarlo en todas sus incumbencias.

Y si las fotos las ponen ustedes?

Hace más de diez años entregamos a Jorge Rossi un conjunto de fotos y epígrafes bajo el título Nuestro Ayer, En una caja de zapatos. Las mismas se sumaron al enfoque de Alfio Baldovín y dio vida a un libro sobre Río Grande que ha tenido varias ediciones, que yo sepa.

Encontré aquellos escritos, y por otro lado están las fotos. En los últimos tiempos son muchos los que se han valido de las imágenes que he publciado para hacer lo suyo.

Y se me ocurrió una idea: ¿Qué pasa si a los amigos del blog les pido ue me envíen su foto acorde al epígrafe, o adaptada a la época de cada uno.

No he tenido mucha suerte a la hora de buscar respuestas, pero un viejo sentimieto docente me lleva a no bajar los brazos. Respuetas al cordoncuneta@homail.com


1.- A poco de nacer, aquí o algo más lejos, terminabas con tu cuerpo desnudo sobre un quillango de pieles de guanaco.

2.- Tu vida no era entonces muy diferente a la de otros niños, los de los pueblos originarios de este norte fueguino, que también mostraban su desnudez entre las pieles obtenidas como producto de la caza.

3.- Pero tu destino, y el de ellos, no se encontraría en comenzar a crecer en una casa ambulante, construida con los elementos inmediatos de la naturaleza.

4.- Ellos se veían compelidos a abandonar su indumentaria tradicional, vestirse como europeo, y en buena medida si en lo externo o en lo interno debía darse ese cambio la responsabilidad se la entregó a los padres salesianos.

5.- Tu mundo estaría condicionado por otra forma de vida económica: la producción ovina, que comenzó con la parcelización de los campos y la distribución racional de múltiples tareas según los meses del año.

6.- Algunas de esas estancias nacieron orientadas a formar con el tiempo pequeños pueblitos.

7.- Y las hubo también con construcciones realmente señoriales, que asombraban al hombre itinerante que las descubria en los llanos y los bosques fueguinos.

8.- Pero de por medio había un Río Grande que dividía la tierra, y no era fácil atravezarlo.

9.- Los ganaderos asociacios para construir la primer industria –un frigorífico- levantaron este puerte por la vado mas angosto, y cobraron peaje durante años hasta que se recuperó la inversión.

10.- Pero si alguien quería salir del frigorífico hacia el otro lado, el recorrido era sumamente extenso, y como del otro lado estaba naciendo un pueblo –con algunos lugares propios de entretenimiento- la figura del bote y el botero se incorporó a la fisonomía humana de la atlántica Tierra del Fuego argentina.

11.- Por el verano, y durante meses, el frigorífico concentraba los “piños” –arreos ovinos- que les esperaba un fatal destino de faenamiento.

12.- Hombres llegados de la región magallánica, u otros trabajadores venidos aún de más lejos, terminaban por colmar las cámaras frigoríficas de donde saldría la producción hacia los más calificados y exigentes mercados europeos.

13,- Agregando a esto que la lana, el otro insumo ovino, pasaba por otra tarea de faena: la esquila. Y que sus fardos, en mayor o menor cantidad, se iban acercando a los distintos muelles del Río Grande –los había en el norte y el sur- para buscar un lavado, hilado y procesamiento mucho mas allá de nuestras fronteras.

14.- Pero todo no estaba excento de dificultades. El río con sus pleamares y bajamares no constituía un puerto operable para barcos de gran calado, y los que lo hacía en buena parte de las maniobras trabajaban con su quilla en seco sobre el fondo arenoso.

15.- También en tiempos en que las guerras fueron postergando los recursos, se encontraron alternativas que con la industrialización nacional se fueron superando; tal el caso de esta pequeña locomotora que unía la gran estancia José Menéndez con el Frigorífico, y que hoy tiene por destino la Ciudad de los Niños en Gonnet.

16.- El Río Grande del sur era distinto. La casa de administración como una verdadera mansión victoriana, el personal que allí trabajaba vistiendo con elegancia.

17.- El norte, inicialmente, un simple caserío creciendo inarmónicamente amparado de los vientos dominantes por una barranca que se presentaba como estribación extrema de la meseta patagónica. ¡Y la estación de radio como una forma ultramoderna de vincularlos con el mundo!

18.- Pero el ir y venir de la gente, llegando para trabajar, y lléndose con algunos pesos, fue consolidando algunos servicios: los mas importantes en esa primera hora fueron de hotelería.

19.- Al tiempo que lo tuvo “El Pelado Guerra” el compromiso del dueño era dar alojamiento y comida por el mismo precio al cliente y a su cabalgadura.

20.- Aunque no pasó mucho tiempo que por la misma esquina los primeros automovilistas del pueblo lucían la potencia de sus máquinas, cuando ya los postes de alumbrado nos daban cuenta de otra iniciativa privada: la de Pinola y Martínez, derivando electricidad a la población desde su taller mecánico.

21.- Treinta años después del advenimiento de la ganadería, en el pueblo que era puerto para esa actividad, casi no habían niños, y para ellos la escuela se desarrollaba en medio de una situación itinerante.

22.- Hasta que los vecinos sumaron esfuerzos para hacer lo que no hacía el Estado, y así el primer establecimiento escolar creció mirando el río, y aun hoy sirve de recinto a la Intendencia local.

23.- Cuando promediando los años 30 llegó de Patagonia para cumplir funciones de Juez de Paz, el inglés Milton Roberts, trabajó con su familia y consiguió el favor de los ganaderos que aportaron lo suyo para que también la casa de la justicia de Río Grande existiera sin esperar contribución estatal.

24.- La Plaza fue otra conquista demorada en la conformación urbana, llegó a fines de 1936, cuando la Comisión de Fomento tenía ocho años de existencia. La Comisión estaba integrada por vecinos que desempeñaban su tarea ad-honorem, y todos se pusieron de acuerdo en la el recinto debía estar cercado, para evitar el daño de los animales sobre las especies vegetales incorporadas. ¡Y así pasaron 20 años!

25.- En tanto, luego del 43, un cambio en la política nacional fortaleció la presencia del Estado Nacional, resaltando los valores cívicos, y compromentiendo a todos los sectores de la población –gringos y criollos- en las manifestaciones de argentinización.

26.- La obra pública reció con presupuestos abundantes en esos días de la Gobernación Marítima. El pueblo mostraba sus contrastes: edificios públicos de mampostería, y el resto subsistente de los tiempos pastoriles: chato, gris, y polvoriento.

27.- Pero mas allá de los puentes los caminos eran toda una aventura, un riesgo a la hora de traer al puerto una producción que se diversificaba, como el caso de la madera.

28.- Aunque lo más indispensable era el acopio de leña, para afrontar con un nivel mínimo de confort y seguridad los largos meses de invierno.

29.- Las calles de Río Grande constituían un disperso damero, con patios enormes en razón de las casas construidas, y donde había espacio para la huerta y el corrar. Donde se organizaban estrategias para pasar el invierno.

30.- Aunque en la estación fría siempre surgía la posibilidad de algún entretenimiento importado, como es el caso del patinaje, que comprometía tanto a los adultos como a los niños.

31.- La política fue un hecho tardío aquí donde por ser Territorio Nacional no se podía votar, y cuando se dio inicialmente fue de firme adehesión al oficialismo. Aquí vemos a una multitud dirigiendose a la inauguración de la primera Unidad Básica.

32.- Claro que el pueblo se caracterizó durante décadas por un alto porcentaje de masculinidad, y de allí que en las formas de vida social predominaran aquellas que apuntaban a la brega individual. Tal el caso del deporte, del fútbol, que inicialmente nació en casa casa comercial; como en la presente imagen que muestra al equipo de Casa Ibarra.

33.- Pero después llegaron los Clubes, destinados a buscar los mejor competitivamente. Y esta viene a ser una de las primeras escuadras de la institución que se convertiría en decana del deporte local: el San Martín, con su primitiva camiseta.

34.- El gran atractivo del fúbol era salir a buscar otros rivales. Ushuaia era un destino casi imposible por la falta de caminos y la cordillera. Porvenir, en Chile, el lugar más cercano. ¡Y siempre se buscaba por temporada el partido y la revancha!

35.- Los Carnavales movilizaban a la población. Se estaba en plena época de esquila y de faena en el frigorífico, y los Clubes organizaban regularmente cinco bailes con orquesta. Los fondos salían de la venta de votos por parte de las candidatas a reina, la que mas recaudaba se quedaba con todos los aplausos, y la institución agradecida. Se pagaban los gastos y lo que sobraba se entregaba al hospital.

36.- Un día de sol expulsaba a todo el mundo de las pequeñas casas, se juntaban los vecinos con las mejores galas, y se degustaba la “carne de la zona”, que no había otra.

37.- Si hasta para las fiestas tradicionales, antes que se inaugurara el cine, los espacios elegidos para las danzas nativas eran los patios de las reparticiones públicas. Aquí los criollos bailan en el predio de Vialidad Nacional.

38.- Mientras que en el campo, lugar de mayor desamparo femenino, algunos de los pocos argentinos que trabajaban en la sección Despedida, muestras sus habilidades malambistas.

39.- A principios de los años 30 por iniciativa del administrador del frigorífico, John Goodall, se inició la siembra de truchas. La pesca fue un motivo mas de entretenimiento entre los riograndenses de entonces, más cuando no existían límite para la captura. El niño Muñiz muestra una pieza de de 5 kg.

40.- Pero con el tiempo todo comenzó a reglamentarse, aun en los casos de las denominadas Fiestas de la Trucha. Cuya acción depredadora fue limitada por legislaciones mas conservacionistas.

41.- Pero estamos en una isla. El fueguino muchas veces lo olvida, pero el mar lo recuerda. Como cuando viene a morir sobre nuestras costas un descomunal cachalote que nos lleva a pensar todo lo que servía alimentariamente a los nativos que nos precedieron.

42.- Los productos del mar, aun los que hoy resultan mas caros, estaban al alcance de la capacidad recolectora de un niño que con un gancho se llegara hasta la playa. Después en algún boliche se juntaban capturas y alegrías, esperando mejor suerte aún en los resultados de la próxima marea.

43.- Del viejo Río Grande quedan pocas imágenes de interiores en nuestras cajas de zapatos, tal vez por la inexistencias del Flash. De allí que la interioridad religiosa también debía ganar espacios públicos para ser registrada. Una procesión por los 50 nos muestra como crecen las construcciones de material sólido, al fondo incluso la torre de agua, y en un primer plano un cartel naval que seguramente dice: prohibido pisar el cesped.

44.- Porque la iglesia católica asentada inicialmente en la Misión tardó un tiempo en trasladarse a la población, y su recinto fue utilizado como cuartel por el ejercito cuando intentó aclimatarse a la zona durante 1942. Fue en ese patio donde aquella muchachada compartía con algunos valientes locales las primeras prácticas del baloncesto.

45.- Era el Río Grande al aire libre. Con festivales de box que se improvisaban cuando ante el valor local se le presentaba alguien que podía hacerle sombra: un marinero de barco, un trabajador golondrina... ¡Y quien duda que atrás de todo esto no corrieran algunas apuestas!

46.- Pero si lo que corrían eran los brindis, todo podía conducir a un desacato a la autoridad por parte de quien se creyera con ánimo de seguir festejando.

47.- Aunque en estos casos la superioridad numérica de las fuerzas del orden terminaban por reducir a los revoltosos, y si no estábamos ante un caso de marcada reincidencia, se lo conducía a espacios mas sombrios y tranquilos de donde saldría apaciguado no mucho tiempo después.

48.- Es raro verlo así, desolado. La mayoría de la gente se desenvolvía en relación a la zona rural. Casi no circulaban vehículos, y la gente parecía vivir un eterno domingo. Aunque el Banco Nacion inaugurado en 1942 brindaba a ese centro una fisonomía impropia de nuestra llanura.

49.- El 17 de octubre de 1947 en un antiguo galpón dejado por el Ejército se inaugura el primer Hospital de Salud Pública, dado que hasta entonces solo se contaba con un Centro Materno Infantil, o los servicios del médico del frigorífico que atendia prioritariamente a los empleados del establecimiento y la zona rural. El médico-director de esta foto es el Dr.Osvaldo Guillot.

50.- Después hubo que esperar mas de quince años para que creciera el Hospital definitivo, el de mampostería, con una lentitud a la que ahora no estamos acostumbrados en materia de logros comunitarios.

51.- Pero en el invierno del 49, junto al Río Chico se dio la primer surgencia de hidrocarburos y Río Grande debió prepararse para dejar de ser la aldea pastoril y asumir características de villa minera.

52.- El esplendor economico se tradujo en la realización de algunos derroches impensados en otros días: las carreras de autos.

53.- Manteniéndose durante décadas la realización de este tipo de competencias en circuito urbano, dónde era válido paralizar todo tipo de actividades porque las competencias –aquí en parte en asfalto y en parte en río- alegraban a los vecinos que las miraban desde la vereda, o desde la misma ventana de su casa.

54.- Con la explotación del petróleo en manos de compañías norteamericanas, y la declaración de zona franca para Tierra del Fuego, comenzamos a ver junto a nuestras humildes casas casas de chapa y madera, los gigantescos automóviles que marcaban realmente el poder adquisitivo de los riograndenses.

55.-Cada Almacén de Ramos Generales, enriqueció sus secciones de bazar con los insumos importados que se podían adquirir a precios en otro tiempo insospechados.

56.- La Marina para entonces, era la institución de resguardo en un tiempo en que la situación bélica con Chile amenazaba siempre con estallar. Claro que esta guardia de los años 50 nos muestra cuan lejos podíamos estar de una concreta hipótesis de conflicto.

57.- Después de los años 60 el pueblo creció sobre sus límites naturales, y a la hora de ganar nuevas tierras para el poblamiento se avanzó sobre La Vega. Hubo que fabricar las calles, y la tarea que no ha sido fácil se prolonga hasta nuestros días.

68.- Pero hay que tener en cuenta que las barreras acuáticas que nos separan del mundo comenzaron a desdibujarse a partir de 1935, con los primeros vuelos que aterrizaban entonces en la margen sur, junto al frigorífico. La partida y la llegada de los viajeros confundían en idénticas alegrías a los que llegaban y a los que recibían a aquellas formidables aeronaves de Aeroposta Argentina.

69.- En tanto que año a año, arraigados a desarraigados, los riograndeses acentuamos nuestra movilidad para las fiestas de fin de año : oportunidad de encontrarnos con los seres queridos. Dejando tal vez un poco mas despoblada nuestra ciudad para el turista que pasa a conocerla, y al que con entera confianza –igual que en otro tiempo dejábamos nuestras puertas sin cerrar- le facilitamos nuestra caja de zapatos llena de imágenes y recuerdos.