RÍO GRANDE, TIERRA PÚBLICA Y ESPACIO PÚBLICO: LA PLAZA.




AL CUMPLIR LA PLAZA PRINCIPAL DE NUESTRA CIUDAD 60 AÑOS PROCEDIMOS A DAR LECTURA A UNA CONFERENCIA, DONDE APUNTADOS RELACIONES SOBRE SU ORIGEN. Era el 15 de diciembre de 1997. Después la misma fue el tercer capítulo de nuestro libro TEMPRANO RIO GRANDE.

Como suscribimos la tesis del crecimiento espontáneo de Río Grande en razón del desarrollo de la ganadería en el norte fueguino, hace casi un siglo, encontramos en nuestra mirada al ayer toda una serie de indicios de progreso que -en la mayoría de los casos- fueron productos de la gestión privada.  

De allí tal vez cierta situación de desplanificación que marca características comunes en todo el devenir riograndense.

Una de ellos se relaciona con su organización comunal tardía. Por eso buena parte de lo que ha pasado en nuestro pueblo se explica por las circunstancias de su entorno rural, más que por la trama urbana de los acontecimientos humanos.  

Mientras nuestros cuerpos comienzan a adoptar la forma de la silla en que nos sentamos daremos un detalle introductorio de ciertas circunstancias vividas en la historia fueguina, todo orientado a situarnos en una fecha que es la que hoy nos convoca: la de la inauguración de la Plaza de Río Grande.                      

La tierra y las instituciones

En la primavera de 1893, sin permiso previo, los salesianos instalan su emprendimiento misionero en la zona de los Barrancos Negros. Una inspección de Monseñor Fagnano trae las instalaciones más cerca de la desembocadura del río, en un lugar más alto -de los Tres Chorrillos- a cierta distancia del Puerto Torino, y que hoy se cree próximo al cementerio local. Allí funcionaría La Candelaria en lo que luego de las primeras mensuras del Ingeniero Díaz era el extenso lote XLI. 

Ya por 1895 se instalará linderamente la primera Comisaría, sin edificio propio, lindera a la institución misional. Cuando sobrevenga el incendio del 12 de diciembre de 1896, que casi pone fin a la empresa salesiana en Tierra del Fuego, la policía esperara un tiempo y ni bien comience a levantarse en la margen sur del río la primer estancia de José Menéndez, se mudaran allí para hacerles compañía. Para entonces habrá tomado existencia un decreto que reserva el Lote XLI para uso fiscal, con lo que sus ocupantes misioneros pasan a la condición de intrusos, esto en abril de 1897.

El 1 de julio del mismo año, en pleno invierno, una nueva visita de Fagnano preanuncia el traslado de las instalaciones, o mejor dicho lo que queda de ellas, al Cañadón de la Porotera, a la vista del cabo Domingo, pero siempre de intrusos en el lote XLI. Y remarcamos esta situación de intrusos contrastada con la gran inversión de capital que se sitúa al sur del río, donde José Menéndez es dueño legítimo de esas tierras, adquiridas sobre lo que fue propiedad testamentaria del difunto Julio Popper.

Para el invierno de 1898 se toma conocimiento de la existencia del primer comercio del puerto: Javier Soldani es su dueño, con el tiempo llevara el nombre de EL Cañón. Se ha elegido para su construcción la zona de la costa seca, protegida del viento por una barranca. La policía tendrá motivos para instalarse en sus proximidades, objeto de sí misma mantener el orden, y con ello y el tiempo irá configurándose el pueblo con una sucesión de edificaciones en el  área de la actual calle Elcano.

En la primavera de 1905 se registra la llegada de un hombre que dinamizará la historia que nos reúne: Francisco Bilbao. Viene como socio de José Menéndez que dueño de los establecimientos rurales que rodean a la naciente población quiere monopolizar a la vez el comercio local. Soldani venderá sus mejoras y fondo de comercio a Bilbao, y este dará nacimiento a una laboriosa presencia en el seno de nuestra comunidad.

El desarrollo ganadero trae mucha actividad en la estación estival, dando vida a la zona del puerto de donde se exporta fundamentalmente la lana. Tal vez con las enormes ganancias que se dan en los primeros años de la Gran Guerra, se avizora la posibilidad de una mayor y diversificada inversión de capitales, que dará origen a la instalación del frigorífico en lo que hasta entonces había sido el casco de la Primera Argentina. La estación estival será a partir de este momento un continuo fluir de migraciones golondrinas en la región magallánica, y para algunos ciertas perspectivas de radicación en la zona, donde el acceso a la tierra no está condicionado por oblar precio alguno por su uso inmediato.

Ya han muerto Fagnano y Menéndez cuando visita en 1920 el entonces Gobernador Repetto, en el Vicente Fidel López, transporte de la Armada, el puerto donde crecía como institución de resguardo la Prefectura Nacional. Fuera del área inmediata lindera a esa repartición, donde las construcciones existentes se mantenían solo por la tolerancia que sobre las mismas ejercía la institución marítima de resguardo, se da un amanzanamiento primario sobre lo que hoy seria las avenidas San Martín y Perito Moreno, y se identifican a los ocupantes del área de Elcano. Ya para entonces una radicación en este puerto permitía el acceso a la tierra publica, mediante una presentación ante el Juzgado de Paz, y una verificación del cercado correspondiente del predio a utilizar. Cuidándose de que la apropiación se haga sobre más de un terreno.
Pero por entonces no había mucho presupuesto para cercado en los que arriesgaban a quedarse a vivir en este puerto.

Al año siguiente toma vida la Colonia Agrícola de Río Grande que con la mensura realizada por Varela, y aprobada en 1926 delimitará el damero urbano, y creará espacios de quintas y de chacras en lo poco que quedaba para entonces del lote XLI mermado para entonces por lo que fuera Misión Salesiana, y Segunda Argentina, adquirente final esta última de la casi totalidad de las tierras que en algún momento tuvieron los salesianos.

Es así como el Ministerio del Interior, instruía el 24 de agosto de 1927 en lo siguiente: “Deberán los Gobernadores de los Territorios Nacionales ajustar sus conductas sobre el tema Tierras de los Municipios a las instrucciones del Ministerio de Agricultura.”

Y ya en 1928 una disposición del Gobierno Fueguino, daría origen a la primera Comisión de Fomento. A 35 años de la llegada de los salesianos, A 33 años de la instalación de la policía. A 30 años del primer comercio.  Y siete de la creación de la Colonia Agrícola.

Las instituciones y la tierra

El 24 de abril de 1928 en el Ministerio del Interior se toma razón mediante un decreto por el que se aprueba la resolución del gobierno fueguino del 7 de marzo, y con ello se confirma la integración de la comisión de Fomento de Río Grande.

La entidad que tendrá jurisdicción sobre la mensura aprobada el 29 de noviembre de 1926, por el Ministerio de Agricultura, estará conformada por los principales cinco comerciantes que tiene el puerto: dos españoles (Francisco Bilbao y Manuel Anllo), el belga Eduardo Vanaken (SIC), el  árabe José Raful, y Federico Ibarra, argentino. Con pocas variantes serán estos vecinos los que conducirán los destinos administrativos de la naciente institución comunal durante los próximos años. Su labor se encuentra resumida en las actas de la Comisión que en número de 85 nos llevaran al momento en el cual Río Grande inaugura su primer espacio publico: La plaza que ahora cumple 60  años.

Pero siendo tema de nuestra disertación las características de la distribución del espacio urbano es que resumimos del conjunto documental de lo obrado por la Comisión de Fomento durante casi su primera década:

Acta número 5. l6 de junio de 1930. Se solicita a la Gobernación un plano del ejido de este pueblo y otro en el que figuren las quintas y chacras. En la misma reunión se decide consultar a la Gobernación si la Comisión tiene atribuciones para poner nombres a las calles.

Acta 6. 14 de noviembre de 1930. La ordenanza número 2, que debe ser aprobada por el Gobernador, determina sobre la obligación de los frentistas de construir veredas con “cordón de madera”, ajustándose por la misma disposición el cercado “a las líneas divisorias de cada solar”.

Acta 8. 7 de abril de 1931. Primera licitación pública para el arreglo de calles. Se piensa destinar hasta 4.000 pesos a esta tarea para la que fue seleccionada la oferta presentada por el señor Vitelmo Garay. Se contaba como ingresos 8.840 pesos, del producido por el cobro de patentes en los años 1928 y 29, recientemente girados por la Gobernación. El tema del mejoramiento de las calles y zanjeos será constante en la primera mitad del año, y al llegar la fiesta del 25 de mayo se dispondrá de un presupuesto de $ 100, y todo girará en torno a la escuela pública, dado que no hay plaza. Para el nueve de julio el presupuesto de festejos descenderá a $ 35,50, es período de receso invernal, la concurrencia merma, y hay una ceremonia de “izamiento del pabellón nacional” sin especificarse detalles de lugar. Tal vez haya sido en dependencias policiales.

Acta 30. 22 de abril de 1932. Ante requerimiento verbal de la Compañía Frigorífica Argentina se autoriza el tendido de red telefónica en espacios públicos de la población.

Acta 36. 7 de julio de 1932. El acto del 9 de julio se realizará en la Comisaria local. Confites y chocolatines para los niños asistentes a la ceremonia.

Acta 38: 10 de agosto de 1932. Se solicitan 500 metros de rieles a la estancia José Menéndez para tareas de arreglo de calles durante la temporada de verano.

Acta 44. 20 de febrero de 1933. La presidencia de la Comisión solicita a la Gobernación informe si el “frigorífico local corresponde al ejido del pueblo.

Acta 45. 4 de abril de 1933. Litigio por la construcción de un alambrado en el lote 74 entre José Antunovic y Esteban Rogosich. Se da intervención a la Comisión de Fomento sobre este tema rural.

Por estos años Río Grande vive interdependiente de la economía magallánica, situación que se refleja particularmente en medio de la depresión mundial. Su falta de comunicación con la capital de la Gobernación: Ushuaia, es tal que lleva a las autoridades nacionales a estudiar la supresión de la gobernación fueguina anexando el norte de la isla a la de Santa Cruz, cuyo juez letrado tiene jurisdicción sobre toda la Tierra del Fuego, y proponiendo para la parte sur una dependencia directa del Ministerio de Marina -como se dará a partir de 1943- con destino a la creación de una Base Naval.

Pero volvamos a la Comuna de Río Grande, y el manejo de algunos aspectos ligados a la ocupación de la tierra en el área de su influencia:

Acta 59. 21 de febrero de 1935. Solicitud para alambrar su lote del Sr. Jorge Lombardich. Se le requiere decreto de aprobación de mensura.

Acta 60. 22 de abril de 1935. Conflicto de alambrados entre Lombardich y José Romero.

Acta 61. 7 de mayo de 1935. Conflicto de alambrados entre José Ruzak y la Misión Salesiana.

Acta 69. 10 de abril de 1936. En un plan de obras figura “hacer en la calle por la que se entra al pueblo un terraplén que cruce  que está a la entrada del pueblo.

Acta 76. 11 de noviembre de 1936. Se establece la obligación de solicitar permiso a la Comisión para cercar solares, como también para edificar. Para entonces se registra en reingreso en la vida pública de Francisco Bilbao, quien da nuevos bríos a la gestión municipal.

Acta 77. 18 de febrero de 1937. “El señor Presidente informa respecto a la necesidad de iniciar a la brevedad posible los trabajos correspondientes a la futura plaza principal del pueblo.”. “Considerase a continuación el lugar destinado para la misma y siendo opinión un anime de los presentes que la manzana 44 destinada para este fin además de estar en parte ocupada no reúne las condiciones necesarias y encontrándose la 33 libre de adjudicación y mejor ubicada para el fin que se de destina resuelve dirigir nota a la Oficina de Tierras local, y por su intermedio a quien corresponda solicitando la permuta de la manzana 44 destinada a plaza de este pueblo por la 33, de acuerdo a lo expuesto anteriormente.”

Así se estaba gestando el hecho inaugural que hoy queremos ponderar en la persona de quien era nuevamente presidente de la Comisión de Fomento, Don Francisco Bilbao. 

Como se puede apreciar de este conjunto de referencias en poco o nada tenía  injerencia la autoridad comunal sobre otorgamiento, contralor, cobro de tasas y aranceles, y venta de tierras en la Colonia Agrícola de Río Grande. Sus atribuciones estaban vinculadas a los espacios públicos y los únicos existentes eran entonces las calles, con un estado precario que debemos imaginar, y sobre el cual se volcaban las mayores erogaciones presupuestarias.

Francisco Bilbao, ausente de la gestión comunal en la que fuera presidente inaugural en l928, con mandato hasta el invierno de 1930, asume una nueva responsabilidad comunitaria el 12 de junio de 1936 y es el tema de la plaza una bandera que mantendrá en alto hasta su concreción.

Río Grande 1937.

Un acontecimiento divide al mundo, la Guerra Civil Española, pero si tal vez los residentes locales toman partido por uno y otro de los bandos esta situación no repercute en la vida de relación comunitaria.

El país experimenta una nueva elección presidencial, la que llevara la primera magistratura al Doctor Ortiz, hasta entonces Ministro de Hacienda, pero en los Territorios Nacionales no se vota y todo aquello es una experiencia distante.

El año de la Plaza registra otras inquietudes. Una de ellas fue la visita de una comisión de la Cámara de Diputados de la Nación, que llego el 2 de marzo en el Transporte Patagonia. Se los recibió con vermouth y banquete en el que participaron los principales vecinos de la zona. Los Diputados conocieron las oficinas públicas, obras de Vialidad y estancias próximas, y se compenetraron de las necesidades más urgentes de la población. En su informe final a la cámara los integrantes de esta Excursión Legislativa formularan la urgencia  ante el “Ministro de Hacienda pidiendo el establecimiento de sucursales del Banco de la Nación Argentina en Río Grande, y al Ministro del Interior, rogando la creación de una sala de primeros auxilios en la misma localidad de Tierra del Fuego”. Solicitan a la vez la creación de un internado escolar anexo a la única escuela fiscal. Los diputados que recorrieron 9000 kilómetros por rutas del sur disponían para la empresa un presupuesto de $ 2500, de los que solo gastaron $ 1852, devolviendo el resto.

La Comisión de Fomento decidió rebajar las tasas de servicios.  Por limpieza se paso a cobrar 2 pesos a las casas de comercio que antes pagaban 4, y los particulares y oficinas comerciales solo pagarían uno de los dos  que antes tributaban.

Se solicita la ampliación del ejido urbano incluyendo en una extensión aproximada de 2700 hectáreas en la margen SE de la ría y en la ribera del mar, abarcando las edificaciones existentes de la Compañía Frigorífica de Argentina y tres casas de comercio, y también 1200 hectáreas hacia el río Chico, sobre la ribera del mar. Situación que será aprobada en 1939.
El Frigorífico desarrolló su tarea entre el 1 de febrero y el 27 de marzo, faenando 217.196 corderos, y 13.404 capones, totalizando 3.263, 25 toneladas. Entre los 10 frigoríficos de la región argentina chilena mantenía un claro liderazgo. Estaba escoltado por el de Río Seco con 2.963 toneladas y el Swift de Río Gallegos, con 2.582, 2.

El 14 de marzo en la Misión se coloca la piedra fundamental de un nuevo edificio que será todo de mampostería, paralelamente se trabaja en la construcción de un edificio parroquial en el puerto. La falta de cemento hace que estas obras se desarrollen esporádicamente.

Por disposición del 4 de septiembre la Policía comienza a expedir Cédula de Identidad a los extranjeros “que en la Dirección de Inmigraciones no registra ingreso, previo levantamiento de una información sumaria donde conste sus medios honestos de vida, conducta y comportamiento durante el tiempo de residencia en el país”.

Ante la necesidad de ejecutar el cobro de la denominada “Contribución Territorial” se conforma el 19 de abril una comisión que integran los vecinos propietarios Manuel Anllo, José Raful y Juan Guerra. Se da respuesta de esta forma a un decreto del 1 de octubre de 1934, sobre la Percepción de Impuesto Territorial por las Comisiones de Fomento de los Territorios Nacionales, que derogando el Decreto del 10 de diciembre de 1914 “establece aplicación de impuestos sobre todos los inmuebles comprendidos en sus ejidos”.

El trabajo de la comisión permitirá conocer edificaciones levantadas en las manzanas 45, 46, 55, 56, 57, 66, 93 Y 97 con el siguiente listado de propietarios: Eduardo Van Aken, Simón Kokic, Miguel Susic, Benita Viuda de García, Federico Ibarra y Cía, Esteban Kovacic, Aurelio Mazziotti, Evangelista Azocar, Jorge Draguisevic, Alejandrino Cárdenas, Amanda Traba de Van Aken, Santiago González, Salomón Bunader, Manuel Anllo, Roque y Raful, Transito Mansilla Cárdenas, Juan Guerra, Juan Ferrando, Francisco Bilbao y Manuel Ardanaz.

Allí se asignaba un valor a la tierra que fluctuaba entre los 250 y los 950, esta ultima propiedad de Bilbao; como así también el valor de las construcciones que iban de los 1.750 pesos de las casas de Draguisevic y Cárdenas a los 22.250 de la propiedad de Amanda de Van Aken levantada en el solar L de la manzana 56.Para todos ellos corresponderán el pago del tributo con fecha límite fijada el 30 de septiembre.

Aeroposta Argentina tiene lindero al frigorífico la terminal sur de sus vuelos patagónicos. Los trimotores Junkers cargan 17 pasajeros y 3 tripulantes y se desplazan por los ventosos cielos del sur a 240 kilómetros por hora. Aquí llegan los lunes a las 10.20 y luego del almuerzo en la casa de administración del frigorífico los tripulantes reembarcan a Gallegos a las 15.45. El pasaje cuesta 530 pesos y permite llevar hasta 15 kilos de equipaje, el costo ida y vuelta resulta a la larga más económico puesto que hay que erogar solamente 950 pesos. El beneficio colateral para este servicio se registra también en el rápido despacho de la correspondencia que hasta hace algunos años salía solamente por vía marítima.

La Memoria Anual referida a la provincia señalara sobre este punto: “El servicio aéreo a Río Grande que partía de Bahía Blanca ha extendido su recorrido hasta esta capital, y dotado su material de vuelo de las características de confort y seguridad que permite la técnica actual de la navegación aérea. No es preciso encarecer los beneficios de todo orden que se derivan de esta rápida comunicación de las más apartadas regiones del país con su centro vital, que los pobladores y el comercio de las zonas que sitúa ha debido comprender y apoyar utilizando en gran escalas sus servicios.” La Patagonia era redimensionada desde 3000 metros  de altura.
Los vuelos y su inmediatez en el transporte han posibilitado perfeccionar algunas iniciativas particulares, entre ellas la siembra de ovas de salmónidos, por parte del Administrador del Frigorífico Don John Goodall. La Salvelinus Ontinalis y el Salmón Salar llegaron en tren de Bariloche a San Antonio Oeste, y de allí siguieron en avión un destino transformador en el Río Grande. La empresa traslado sin costos también en 1937 una gran partida de Truchas Arco Iris y Salmo Fario desde Puerto Mont, y pronto “todos los ríos y arroyos al alcance de automovilista están con truchas de una u otra de estas clases”.

La Comisión de Fomento inicia gestiones para la construcción futura del Cementerio, requiriendo para ello las quintas 6 y 7 del pueblo, libres de adjudicación. Es cuando toma conocimiento que está facultada a cobrar una tasa fiscal por la utilización de los servicios de cementerio, la que será volcada íntegramente a su patrimonio. Por entonces la mayoría de las inhumaciones se realizaban en la Misión Salesiana. La iniciativa se demorara 10 años.

Se adquieren elementos de construcción vial, vagonetas volcadoras con cajón de hierro, y 200 metros de vías a la empresa Schimdt que terminaba tareas para Vialidad Nacional en las obras del acceso al puente sobre el Río Grande y puente sobre el Río Chico. Inversión que alcanza los 248 pesos. Con ellos se espera diligenciar mas efectivamente los trabajos iniciados en 1936 en el denominado “camino de la vega” y la segunda cuadra de la avenida.

“La carretera entre Río Grande y Ushuaia -dirá en su informe de ese año el Ministro del Interior- se encuentra en construcción realizando así su verdadera unidad geográfica”.

Durante el invierno, extremadamente riguroso, surgen dos instituciones destinadas a perdurar: El Club San Martín y la Asociación Rural. En los motivos de la primera es confraternizar entre la juventud y promover las prácticas futbolísticas; en la segunda una respuesta al Decreto del 17 de junio de 1937 sobre Ventas de la Tierra Públicas, que aúna a los intereses encontrados de la última década en lo que fue el reparto de la Tierra Pública fueguina durante la administración radical. Una etapa altamente conflictiva de la vida económica y social del norte fueguino parecía llegar a su fin.

Durante 1937 se registran solo 18 nacimientos, muchas madres salen de la isla a la hora de alumbrar sus vástagos, 13 son las defunciones, entre ellas para la Navidad la de Don Simón Imperial concesionario del servicio de recolección de basura, y sumaron 10 las uniones matrimoniales.

El pueblo y su plaza

El 20 de febrero de 1937 la Comisión de Fomento eleva a la Oficina de Tierras que ejercía don Juan Cabezas, una solicitud que expresa lo siguiente:
“En la reunión celebrada por esta Comisión el día 15 del corriente mes se acordó dirigirnos a Ud. y por su digno intermedio a quien corresponda, solicitando la permuta de la manzana 44 de este pueblo, reservada con destino a plaza, por la número 33, hasta el momento libre de edificación, y con el mismo destino”.

“Fundamos esta permuta, primero, porque es opinión de esta Comisión de Fomento; que la manzana 33 solicitada está, para el fin que se destina, mejor ubicada en relación al futuro desarrollo del pueblo, en que demandaría menos gasto su arreglo ya que es mucho más llana que la reservada, factor de tener muy encuentra por la Comuna cuyos recursos son exiguos, y además porque en el solar D de la manzana 44 se ha construido una casa”.

El 14 de agosto la Comisión de Fomento  resuelve iniciar los trabajos de la plaza en la manzana 33.

¿Cuál fue el destino de la primer manzana destinada a plaza?

La manzana 44 situada entre las calles todavía innominadas 9 de Julio, Rosales, Espora y San Martín, fueron adjudicadas por ofertas enviadas vía Oficina de Tierras a Buenos Aires, donde se concretaban lentamente la obtención de títulos de propiedad:

Los de esta manzana que no fue plaza encontraron la siguiente resolución en su proceso de enajenación...

Lote A: Juan Manuel Muñiz Piniella, que recibió su título de propiedad cuando el 28 de febrero de 1947 el General Perón firmo el decreto adjudicatorio número 5582.

Lote B: Comprador Nicanor Valdés, que lo recibió por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nro. 9978 del 20 de mayo de 1952.

Lote C: Francisco Máximo Bilbao. Titulo firmado también por Perón –decreto 7269 del 18 de marzo de 1947.

Lote D: Adjudicado por la Ex-Dirección General de Tierras de la Nación a María Soto Legue de Visich, pero que recién pasa a tener titulo de propiedad con la gobernación de Don Ruperto Bilbao .

Lote E: A Waldron y Compañía por titulo 19.1999 firmado por Perón.

Lote F: Eduardo Van Aken Telmas -Título dado por decreto 7271 del 18 de marzo de 1947 con la firma del General Perón.

Lote G: Otorgado por Frondizi el 8 de septiembre de 1958 por decreto 5408 a Ernesto Bares Rield.

Lote H: de Vicente Elisardo Canga; titulo por decreto 26467 del 26 de diciembre de 1951 del superior gobierno de la nación ejercido por Juan Domingo Perón.

El cambio de destino dado por los desniveles del terreno y algunas ocupaciones de hecho realizadas en el predio, condicionó un cambio en la fisonomía urbana futura de Río Grande.

Frente a esa plaza se reservaban terrenos de uso oficial en los que crecerían más tarde el Juzgado, el Banco Nación, la Delegación de Gobierno. Ya entonces Santomé tenía su terreno frente a lo que seria la plaza, y en la otra esquina una propiedad estaba asignada a Miguel Alarcón y Francisco Bilbao (hijo). Más tarde el hotel de Villa cubriría una esquina que revestiría un lugar importante.

La plaza iba a nacer aunque no consolidaría en lo inmediato el verdadero centro cívico de la población.

Y así volvemos al 11 de diciembre, cuando se encuentran finalizadas las tareas de alisado, cerco perimetral, construcción de pozo de agua y levantamiento del mástil.  Ese que será bautizado espontáneamente como “el obelisco” de Río Grande, como clara repercusión del que se inaugurara el año anterior en la capital de la República.

Habrá festejos el Club Social y en el San Martín, instituciones nacidas un año antes, a los que aportara 100 pesos la Comisión de Fomento para los festejos colaterales a la inauguración.

La bendición religiosa estará a cargo del Director de la Misión, Padre Crema. 

Se encontraban al frente de la Comisión de Fomento los vecinos Francisco Bilbao, Francisco Ibarra, Nicolás D’Onofrio y Amadeo Soto.

La plaza cercada permanecerá en esta situación durante dos décadas. En estos años, a salvo de la trashumancia de semovientes, crecerán sus especies arbóreas traídas con especial esmero algunas de ellas de la zona de San Pablo, las vernáculas; y las extranjeras de la ciudad de Punta Arenas.

El singular mástil cuya imagen recuperamos por cesión del material fotográfico por parte del Doctor Jorge Stipicic Bilbao, nieto de Don Francisco, tenía una especial conformación que facilitamos a Roberto Berbel para que con su habilidad de carpintero, él y otros de su oficio, construyeran una replica a ser levantada en nuestra plaza al cumplir esta 60 años.

Hemos tenido en esta instancia numerosas dudas sobre la madera utilizada, las dimensiones correctas, la detalles de su fabricación. Pero nos movemos sobre la historia que se construye sobre el olvido, y no sobre las certezas. Libre del pesar de toda filosofía construimos este momento celebratorio con una emotividad manifiesta.

Hemos escuchado muchas voces disconformes con respecto a las reformas introducidas en la misma durante la reciente gestión municipal. Se ha hablado de respetar un estilo, pero nadie guardaba memoria sobre este “obelisco” que se presentaba en la inauguración, y que se aprecia parcialmente en numerosas fotografías de la época. Nunca hasta ahora con imágenes de su cúspide, tal vez porque en su altura no permitía el desarrollo de la óptica fotográfica de la época una simultaneidad de apreciación del conjunto mástil, bandera y público.

La gran mayoría de los riograndenses crecimos venerando la patria junto al mástil que en 1949 donó YPF. No sabemos si la sustitución del Obelisco de Don Francisco por aquel caño que trajo el progreso generó situaciones de aceptación o rechazo. No hay documentación que atestigüe el cambio, ni memoria de los viejos pobladores que tal vez visitaban muy poco la plaza franqueando uno de sus dos portones situados al centro sobre Espora o Fagnano.

Para entonces Bilbao había dejando su sempiterna presencia en la Comisión de Fomento, y en esa nueva hora los antiguos vecinos eran desplazados por los nuevos en el manejo de la cosa pública. Ahora no integraban la Comisión de Fomento los pobladores del lugar sino los jefes de las reparticiones públicas nacionales que crecían en numero e importancia para dinamizar el desarrollo en aquella primera hora peronista.

En el año 1946 se inaugura el monolito en que una placa recuerda la creación de la Colonia Agrícola de Río Grande, 25 años antes, Ruperto Bilbao al hacer una reseña de lo vivido recuerda la inauguración de la Plaza, “donde no podemos admirar las célebres reuniones de las retretas puebleras.”
Para el tiempo en que se levanta su cerco recibe el nombre y el busto del Almirante Guillermo Brown, el héroe de la Armada, prócer inmigrante de los argentinos.

En tiempos de Néstor Nogar intendente, se adornaron sus calles y diagonales con mosaicos vainilla. Y durante la gestión de Alberto Vicente Ferrer se perfeccionó la iluminación y se la dotó de bancos, como toda plaza que merezca ser llamada.

En tiempos en los cuales el Arquitecto Jorge Casas era Secretario de Obras Públicas de la Comuna, se presentó por la televisión la maqueta de una reestructuración de este espacio verde. Comprendía la construcción de edificios sobre sus cuatro aceras configurando en pleno un centro cívico que le estaba -y le está- faltando a nuestra ciudad. Los gritos en el cielo no tardaron en hacerse sentir, voces de antiguos pobladores –que entonces tenían su peso- dejaron en proyecto en lo que fue, un proyecto ideado por profesionales de la Capital Federal.

Recuerdo que como funcionario de Esteban Martínez nos sentamos un día a tirar líneas sobre un reaprovechamiento de nuestra plaza de estilo italiano -en esto propia del Renacimiento- y así se pensó en un muro que en forma de arco protegiera del viento del oeste, sirviera de soporte a placas y otros testimonios, y albergara un escenario para actividades comunitarias, o simplemente un palco. Ya por entonces acuñábamos la idea que en realidad en Río Grande la función de las plazas las cumplen los gimnasios Y para aquellos días se envidiaba la construcción de la plaza de armas del BIM 5, mérito si no me equivoco del primer capitán Monti.

Las intenciones nos llevaron con Oscar Lassalle y Mirta Ferrari a convocar dominicalmente al izamiento del pabellón nacional, así comenzó a figurar a fines del 87 en la agenda de cuanta personalidad visitaba la comuna su asistencia al izamiento del pabellón nacional. El sol fue siempre generoso con este propósito que intentaba emular a la conducta cívica dominical de los riogalleguenses frente al monumento a Roca; así actuó la Banda, el ballet de Víctor Hugo, cantaron folkloristas, recitaron poetas en una ceremonia efímera y contundente que exigía en algunos pocos la seguida celebración de la Misa, y en casi todos el traguito reparador en la confitería del cine.

Pero no prosperó en mucho tiempo la iniciativa. No fue periódica, fue irregular.

Hoy vemos pugnar a la actual administración comunal por hacer crecer estos hábitos pero en un nuevo sitio: La Plaza de las Américas situada más en lo que ahora sería el centro geográfico de nuestro crecido Río Grande, pero disociada de la imagen tradicional de una plaza renacentista, como es la Almirante Brown.

La plaza ha sido objeto de diversas mitologías: una dice que circula bajo su superficie agua salada del mar, impidiendo el desarrollo de sus árboles dado que al profundizarse sus raíces estas se secan. Otra señala que el trazado de sus calles es una copia de la bandera británica.

La pérgola actual, como incorporación más reciente, suele vérsela como una versión multicolor del “Kiosco” existente en la vecina Punta Arenas.

Allí se han congregado actividades, artísticas, recreativas y de protesta social y política.  El estado de indefensión de los espacios públicos, en estos nuevos días de intranquilidad, ha hecho víctima reciente a la figura del Almirante Brown, sus farolas, sus bancos, y parte del continuo esmero que los floricultores municipales dan para su embellecimiento continuo.

Pero la historia que nunca se detiene a de alumbrar tal vez un nuevo tiempo, donde las razones de urbanidad sigan ganando para el uso de nuestra gente este espacio público que lentamente hace 60 años fue pensado como corazón de nuestro pueblo.

Tal vez entonces se encuentre otro momento para rescatar algunos nombres del olvido, para describir las circunstancias del progreso, para asumir valores permanente, mas allá de los ritos y compromisos del civismo y de la Patria. Más allá del verde mutismo de la naturaleza cambiante según los meses del año....

(

La alborada: 1949 Escribe Oscar Domingo Gutiérrez




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En todos los años vividos en la Tierra del Fuego, y ya casi llega al cuarto de siglo entre el campo y el poblado, Francisca nunca vio tanto alboroto. Y cuando dice esa palabra, en realidad piensa: alegría. El pueblo tiene sus cosas buenas, hay tranquilidad, familiaridad, trabajo y el dinero consiguiente, pero no deja de agobiar en muchos casos ese letargo del que tanto le cuesta salir, esa sensación que la lleva a extrañar su ciudad de origen, a sentirse sin estar tan lejos en el borde mismo del mundo.

Hay años en que un carnaval se organiza mejor que otro, entonces los jóvenes y los no tan jóvenes –categoría en la que Francisca se incluye- caminan por las madrugadas con un brillo singular en los ojos. Pero lo cotidiano en materia de alboroto/alegría no existe para esta gente de trabajo que constituye la población de Río Grande, Francisca se atrevería a decir que esto ocurre sólo una vez al año cuando llegan al pueblo los esquiladores, sobre todos los de esta última comparsa de yugoslavos. Llegan hasta la casa Raful con sus cabalgaduras y sus pilcheros, traen las ropas percudidas del trabajo con la oveja, y por ello ni quieren ingresar al recinto comercial, pero reclaman para sí varias cajas de cerveza. Un par de dependientes los salen a saludar a la vereda, y al poco rato vuelven con los pedidos, los clientes aprueban o desaprueban, y finalmente –en un trámite que dura algo mas de una hora, y otra vuelta de cajones de cerveza- terminan partiendo con su ropa nueva envuelta en papel madera. Pero no irán tan lejos: en la otra esquina los esperan en el Hotel de Guerra, alguien llevó la noticia y ya les han hecho un lugar. En el patio se sacarán las viejas ropas impregnadas en lanolina,  luego pasarán a sacarse el grueso de esa grasitud en las palanganas que desfilarán constantemente, y se recubrirán con la ropa nueva, cambiando en el trámite alguna indumentaria con otros compañeros de trabajo, mas allá de lo exigente que pudieron estar en la selección hecha en la vereda del Almacén de Ramos Generales. Alguien llevará al centro de la calle, que pocos saben se llama ahora 9 de julio, toda esa ropa que al primer fósforo comienza a arder lentamente, y los trabajadores golondrina vuelven a la calle, inician una ronda por distintos bares, a una vuelta por cabeza en cada local, sabiendo que al lugar donde definitivamente quieren ir no le abrirán antes de la noche por mas plata que traigan. Al día siguiente, llegado el barco –de este o del otro lado- partirán y con ellos desaparecerá el alboroto/alegría por el resto del año.

El Hotel Argentino ha dejado de recibir a la gente de campo, a algunos de los clientes más conspicuos se les hace un lugar, en las dependencias familiares. Es que de pronto la llegada de toda esta gente, los del petróleo, ha superado las posibilidades hoteleras de la población y la situación continuará así hasta tanto no termine la construcción de su propio campamento. Los primeros en llegar visitaron los tres hoteles –Comercio, Progreso y Argentino- y también algunas pensiones; no notaron mayores ventajas de confort y cordialidad en un lugar con respecto a otro.., pero si tenían que hacer una elección esta la dieron por el nombre; era raro llamarse Argentino en un lugar donde la mayoría de la población era extranjera. Y por ello ahora esta gente de YPF va y viene a toda hora del día. Son en su mayoría jóvenes que llevan una corta pero intensa experiencia de trabajo en la Patagonia central, tutean con facilidad a todo el mundo –aquí donde nadie deja de llamar de Don- y se instalan en la cocina antes que en el comedor haciendo funcionar continuamente esta hasta ahora secreta dependencia del hotel, al ritmo de lo que ellos han impuesto en llamar “minutas”. Siempre hay alguien de YPF que se impone sobre toda rutina, porque la chica encargada se olvidó de colocar la toalla, porque esta carne congelada sabe extrañamente mejor que la fresca que se cocina en la perforación, porque se sale y se deja un mensaje para el compañero que ya debería haber venido a buscarlo. Francisca esta contenta de esta dinámica, su hermana –la soltera- también, debe coser de continuo la ruda ropa de trabajo que los operarios quieren reponer. En la planilla del hotel figuran los datos de todos cuantos han ido pasando, algunos al principio se dijeron casados, pero en nuevas visitas se fingieron solteros y hasta se sacaron la sortija luciendo desde entonces en sus manos curtidos en un pálido anillo de piel, imposible de disimular. Esta situación a Francisca la inquieta.  Pero pronto se olvida, porque hay que hacer las cuentas y con esta realidad petrolera en aletargado negocio de ayer marcha viento en popa. Y así da gusto pasar el invierno.


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Don Estanislao Leniek es un hombre, mas que disciplinado, disciplinante. Y por ello se lo encuentra casi siempre introvertido y enojado. No encuentra en su entorno gente que le responda, ni entre los subordinados, ni entre los propios jefes; a los unos manda, a los otros sugiere, pero habitualmente se equivoca: entonces los operarios sugeridos obra con mayor determinación que cuando son mandados,  y los jefes acatan con silencio las observaciones que aunque puedan aparecer fuera de tiempo, lugar y protocolo, van de la marcha de las urgencias del trabajo.

Pero Leniek como el soldado de maratón se acerca a Río Grande para traer la noticia de la batalla ganada, y a ratos en medio de los barquinazos de la chata sonríe, y a ratos murmura. El ingeniero tendría que haber estado allí, y no noviando en el pueblo. Pero en el fondo el ya sabe para que están los Ingenieros, y para que está la gente del pozo, ni uno sin otro, aunque los subordinados opinen lo contrario. Al pasar por la Misión quiere ordenar a su chofer que ingrese a ella, allí desde un teléfono se podría dar la buena nueva, pero Estanislao piensa que es una noticia demasiado importante para darla a conocer por medio de uno de esos artefactos que nunca lo hicieron sentir seguro de que en realidad lo estuvieran escuchando en el otro extremo.

Y de esa manera siguió adelante por aquel camino de tan azaroso tránsito rumbo al puerto, tratando de esquivar la mayor cantidad posible de baches, de cráteres. Hasta ahora no había acuerdo sobre la distancia a la cual se había emplazado el TF-1, algunos decían que estaba a 25 kilómetros saliendo desde el Banco Nación, otros decían que la distancia era de 30. Leniek parecía creer que el viaje de ida ira mas largo que el de vuelta, por la sencilla razón de que los conductores –en el entusiasmo por llegar al poblado- no esquivaban todas las dificultades que presentaba aquella ruta casi natural como lo hacían cuando partían rumbo al lugar de perforación. Y así llegó a la casa de los padres de la novia donde cenaba el ingeniero tocando estruendosamente la afónica bocina desde media cuadra antes por lo que a la luz de su vehículo pudo apreciar la figura de Guarnieri que, sin mayor abrigo que el que se disponía en el interior de la vivienda,  salió a su encuentro: “Ingeniero, Ingeniero tenemos petróleo en Tierra del Fuego”; y el ingeniero lo miró un poco sin saber que hacer. En un primer momento había pensado que toda esa urgencia podía estar ligada a un accidente, pero ahora las pruebas elocuentes dadas por ese hombre manchado íntegramente en su indumentaria de trabajo con los fluidos de la inyección  la hablaban de una realidad feliz: “¡El pozo está surgiendo!”.

La cena en casa de los Santomé quedó suspendida. Lisandro Guarnieri partió de inmediato junto a Estanislao Leniek para verificar los logros de aquel día memorable, pero antes pasaron por el Hotel. El Polaco no era de los habituales clientes, venía de tanto en tanto mas a comer que a alojarse –era un hombre fundamentalmente de campamento- pero el Ingeniero procuró que se lo vistiera con otra ropa. Para eso la costurera de la casa de dio a probar un par de mamelucos que terminó aquella tarde, y que debía entregar a quienes lo encargaron al día siguiente. Leniek se probó uno que creía de su talle mientras que de la cocina salían dos poderosos tazones de café para elevar la temperatura de los viajeros al Río Chico, mientras la chata continuaba en marcha. La noticia comenzó a desparramarse como un murmullo entre los parroquianos al momento en que la gente del pozo salía otra vez a la huella.

Había una extraña alegría, un alboroto incontenible, en el espíritu de todos los que se informaban de lo sucedido. Fue entonces cuando Francisca tomó la ropa impregnada de Leniek, las llevó al patio y pretendió prenderles fuego. No sabía bien que opinaría el capataz de semejante fin para sus pertenencias, pero el overol del descubridor de petróleo no ardió como ella lo imaginaba. Recapacitó y buscó en los bolsillos si había algo que se podía preservar, y no encontró nada. Entonces tomó algo de kerosene de la lámpara y ya segura atravesó la noche una vez mas hasta el centro del patio.


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El descubrimiento del 17 de junio de 1949 equiparó las posibilidades de desarrollo entre la Tierra del Fuego chilena y argentina. En el vecino país desde 1943 la Corporación de Fomento formalizó contratos con la United Geophisical Cº, con lo que ingenieros norteamericanos iniciaron sistemáticamente las tareas de exploración que llevaron al surgimiento de petróleo el 29 de diciembre de 1945 en Springhill. Los informes inmediatos hablaban de un petróleo parafínico, liviano, peso específico 0,79 a 82, libre de azufre. Aquella primera perforación exitosa a 2.258 metros  en la entraña fueguina.

La región magallánica había registrado presencia petrolera ya en 1911, pero tales hallazgos en la zona continental no alumbraron de inmediato un desarrollo equivalente al logrado en la argentina Comodoro Rivadavia, cuatro años antes. A todo esto contribuyó una serie de situaciones propias del aventurerismo que cundía en estas regiones australes, llevando el descrédito sobre las posibilidades de este recurso. Fue cuando la Compañía Patagónica Consolidada anunció el descubrimiento en condiciones de explotación de una pozo en la zona de Leña Dura, al sur de Punta Arenas, movilizando el interés de los inversionistas que se sintieron maravillados por la posibilidad de obtener entre dos mil y tres mil barriles diarios, lo que de inmediato motivó la venta de varios miles de acciones de la firma. Pero todo no pasó de ser un fraude, el Ingeniero mentor de esta trama había hecho traer petróleo en barco, fabricó un depósito y mediante un sistema de tuberías procedió a su bombeo. El Ingeniero y su ayudante partieron prestos rumbo a Río Gallegos, pero la colaboración de las autoridades argentinas los devolvió a Magallanes donde se inició un proceso que no permitió la recuperación del dinero invertido, y llevó el descrédito a la actividad.

Pero los hallazgos definitivos en medio de la Segunda Guerra Mundial que tanta orfandad de recursos mostró en nuestros países periféricos, alumbró otra realidad: crecía en torno a la zona de Manantiales un área de explotación, y ya no eran tantos los jóvenes del vecino país que llegaban al territorio argentino buscando trabajo, y hasta se daba cierto estudiado retorno de los inmigrantes que llevaban sus años aquí y que veían el mayor progreso del otro lado del alambre.

El tema era motivo de conversación frecuente en los cenáculos públicos del Río Grande pastoril que arrastraba una existencia informal desde hacía medio siglo. Nacido como puerto para la gran producción ovina de las estancias de José Menéndez, ampliado su potencial comercial con el funcionamiento en 1917 de un frigorífico en la margen sur del río, la población fueguina poco sabía de la presencia del Estado como factor de desarrollo. La Policía, el Juzgado, la Receptoría de Rentas de Aduana, la Ayudantía Marítima eran organismos de control, mas no de fomento; aunque residía en el espíritu de las autoridades nacionales y navales que desde 1943 habían dado a la Tierra del Fuego el rango de  Gobernación Marítima, la urgencia de dinamizar el progreso mediante un acelerado plan de obras públicas, y la explotación de los recursos naturales.

Algo similar a lo que ocurriera en la Patagonia central con la conformación de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia.

De esa forma Río Grande había visto llegar a la Comisión de Minerales Sólidos y Combustibles, interesados en el aprovechamiento del carbón y la turba; y por fin –por que no se podía esperar mas- la de los primeros hombres de Yacimientos Petrolíferos Fiscales.



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Ni Lisandro Guarnieri, ni Estanislao Leniek miraron el cuentakilómetros en el viaje que emprendieron aquella noche rumbo al Río Chico donde se había producido la irrupción del TF-1 en la historia fueguina. Pero nos animamos a pensar que la distancia se acortó sin medir el tamaño de los baches, y arriesgando la resistencia de la suspensión de la chatita.

En el trayecto la noche les fue mostrando las débiles luces del Campamento inaugurado sobre tierras que les cediera en uso la Armada Nacional, una Misión Salesiana totalmente dormida en esos días en que las vacaciones invernales los tenía sin los alumnos de su novísimo proyecto de Escuela Agropecuaria, un cabo Domingo ominoso a la derecha del camino en su tramo más pantanoso, y el puente sobre el Río Chico, raro rasgo de modernidad –con su estructura de cemento- que los colocó a la altura del pozo emergente.

Allí el ingeniero pudo determinar que se trataba de gas.

El 22 de junio el Dr. Horacio A Díaz, desde su condición de geólogo, produciría un parte semanal de las actividades desarrolladas del 13 al 18 de junio, donde se registra que la profundidad alcanzada fue de 2071,50 metros  en el momento que se dio por terminada la perforación. “Pozo cerrado. No se pudo efectuar mediciones de caudal de gas por falta de un tubo Pitot”.  Para el día 21, teniendo el pozo las siguientes presiones: Entre columnas 150 atmósferas, Boca pozo 150, se procedió a medir el caudal; pero como los valores resultaron algo inferiores a los obtenidos en las mediciones del día 7 de junio se repitió la operación el 22...”

 Había llegado el momento de pasar de la euforia a la calculada medida de las posibilidades de explotación de aquel descubrimiento; pocos imaginaban entonces que el mismo pozo diez años después traería al cercano pueblo la bendición del gas natural, un pueblo con bosques de leña cada vez más lejana, y carbón navegado. Pocos sabrían a fines de siglo la plena continuidad productiva de aquel sitio.

Ha muerto el padre Juan Ticó.




Hoy desperté recordándolo. Había tenido noticias de su delicado estado de salud cuando Daniel Lizardo, que lo acompañaba unas horas en el Hospital de Río Grande me alertó sobre su estado. Por Cordón Cuneta hicimos del hecho una noticia para que se acercaran los que lo querían y valoraban, y recibieran de él su bendición. La situación se complicó: Terapia intensiva, ACV..
Con sus 93 años no podía vivir más.
Nos habíamos conocido en el verano de 1982 camino a la Antártida. Él era párroco en Ushuaia, y yo un periodista afortunado por la experiencia. En bahía Paraiso celebró misa a bordo del ARA Buen Suceso, fue la última vez ue oficié de monaguillo.
Juan Ticó fue un hombre que confió en mí.
De el hablamos con Miguel Vázquez en una cena, el pasado viernes, ahora tengo para trascribir un diálogo entre Miguel, y el sacerdote...



Reportaje realizado en octubre de 2000


salesiano de corazón

Juan Ticó es un Sacerdote de la Misión Salesiana de Río Grande, que lleva más de 51 años dando la Santa Misa. Se desempe­ña como Director del Museo Monseñor Fagnano del que es artífice en casi su totalidad. Maestro, taxidermista, historiador, museólogo, pintor, son algunas de las actividades que lo definen, de­nominaciones con las que no se siente muy cómodo porque dice que él lo hace de afición. El Padre Ticó es un salesiano que reivin­dica a los antiguos dueños de esta tierra -los aborígenes- y se emociona al hablar de ellos.




¿Usted vivió su infancia en Puerto Santa Cruz?
Estuve en Puerto Santa Cruz hasta los 13 años en que me vi­nieron ganas de hacerme salesiano, entonces me fui a estudiar a Punta Arenas en el año 1933, en aquel tiempo no había secundario en ninguna parte, Punta Arenas tenía 30.000 habitantes, por eso conocí a muchos misioneros, a muchos indios también.
¿Cómo es que siendo tan chico decidió ser salesiano?
Estudié en un colegio salesiano, el primer inferior lo hice en la Escuela Provincial, nosotros eramos siete hermanos -4 varo­nes y 3 mujeres- y nos mandaron al Colegio Salesiano de Santa Cruz y empezó a gustarme la carrera de salesiano, me gustaba es­tar con los chicos, y en Punta Arenas estudié en el Colegio Don Bosco, había otro chico de Puerto Santa Cruz, otros de Gallegos, había otros que habían venido de Polonia, entonces se llamaba Aspirantado -porque eramos aspirantes a ser salesianos- allí es­tuve tres años, después de eso ya viene la Vestición, que es cuando nos ponemos la sotana, yo tenía 15 años cuando me puse la sotana, eso fue en Río Gallegos, justo venía el Primer Obispo, que fue Monseñor Esaldi, que era Obispo de Viedma y la Diócesis llegaba desde Viedma hasta Ushuaia y la Antártida, él fue el que me puso la sotana, siempre se nombraba un padrino y una madrina, mi padrino fue el célebre Gobernador Gregores y la madrina la señora, después me fui a Fortín Mercedes para hacer lo que noso­tros llamábamos el Noviciado que es un año, y después de eso hice el Normal para estudiar de maestro, y una vez que me recibí de maestro volví para dar clases, al principio en Río Gallegos, des­pués estuve en Deseado, después estuve en San Julián, en Santa Cruz, y después ya me fui a estudiar a Córdoba los últimos 4 años la Teología que le llamamos, me ordené y vine a cantar la primera misa en Puerto Santa Cruz.
¿A dónde lo mandan después?
A San Julián, estuve en San Julián en dos períodos, en Des­eado estuve también, en Santa Cruz estuve de director, en Ushuaia estuve seis años de director y párroco.
¿Cuándo tiene su primer contacto con Tierra del Fuego?
La primera vez que vine a Tierra del Fuego fue en 1934, pero llegué a Porvenir, no pude venir a Río Grande, cuando estaba en Punta Arenas cruzamos con un barco que se llamaba El Patagonia, pasamos dos meses de vacaciones en el colegio salesiano de Porve­nir, y a Río Grande vine por primera vez en 1952, sólo que vine para predicar, lo que nosotros llamamos ejercicios espirituales, después ya en Fortín Mercedes me dediqué a embalsamar y todas esa cosas, allí había un Museo y allí había un Padre que embalsamaba muy bien y un día le dije que me gustaría aprender, me habían mandado a barrer el Museo, pero el Museo siempre me gustó, apren­dí a embalsamar y estando en Deseado el director de acá me estaba haciendo los trámites con el Inspector para que me viniera acá sin que yo supiera, yo quería venir, mi padre tenía la estancia El Baile en Santa Cruz, cerca de Piedrabuena, tenía siete leguas de campo, y desde chico iba al campo y me gustaba esa vida, por eso quería venir acá, me mandaron para empezar a embalsamar ani­males para el Museo que recién estaba comenzando y he realizado toda la colección de animales que hay acá, menos el tatú carreta que me lo mandaron embalsamado, el oso hormiguero era de un cir­co, se murió en Ushuaia y me lo trajeron acá.
¿De qué año hablamos cuando se viene a quedar a Río Grande?
De 1974, estuve hasta el 77, en el 78 me mandaron de direc­tor y párroco a Ushuaia, lo primero que hice fue cambiarle el nombre al colegio que se llamaba San Benito, muchos creían que no había colegio salesiano por el nombre, entonces yo dije hay que cambiarle el nombre, primero averigüe porqué le habían puesto San Benito, un barco de los Pérez Companc que habían comprado en Nor­teamérica llevaba ese nombre, y la inspectora estaba con el Padre que había fundado el colegio y no tenían nombre todavía y le pre­guntó qué nombre le iban a poner y no sabían y la Inspectora del Gobierno mira por la ventana y vio el barco en el muelle y dije­ron que así le iban a poner, no es un motivo válido, averigüé si le podía cambiar el nombre y me dijeron que sí y le puse Don Bos­co, me pasé allí las dos guerras, con Chile y la de Malvinas, luego de seis años me mandan a San Julián nuevamente donde estoy 4 años y luego nuevamente a Río Grande, porque querían hacer cre­cer el Museo y desde el año 1989 estoy acá.
El Museo tiene un gran aporte suyo.
Todos trabajamos acá, esto se hizo con el personal de la escuela, yo me dediqué más que nada a organizar, hice excursiones a Policarpo, lo hice durante 3 años, la primera fue en el año 75, íbamos a caballo cuando no iba nadie, un año paré en la estancia de Policarpo, lo único que había eran cuatro chilenos, al año siguiente volví y les pregunté si había ido alguien y me dijeron: ‘no, usted fue el último’, en todo el año no había ido nadie, de aquí iba el Dr. Bicht para la sanidad de los perros y yo iba con él, y fui juntando todo ese material que hay en el Museo, todo lo que hay de indios.
¿Se está perdiendo esto de la taxidermia en el país?
Sí se está perdiendo, había en Buenos Aires un Instituto Superior de Taxidermia, yo era muy amigo del que lo hizo -Gallar­do- pero él se enfermó y quedó el ayudante pero luego se perdió, ahora hay taxidermistas en los Museos, pero gente que se dedique no hay, yo puse un muchacho que está trabajando en la escuela y está aprendiendo, le gusta mucho, y él le está enseñando a los chicos, hay que ser un poco artista para hacerlo para poder dar las formas reales, la técnica es fácil, se le hace un tajo al animal, yo lo hago en la parte de arriba, no en la parte del pe­cho como dicen los libros, porque allí es más difícil de tapar, se le saca todo el cuerpo, se deja nada más que el cráneo, los huesos de las patas y de las alas, hay que limpiar bien el cuero y sacar toda la carne, si queda algo se pudre y pierde las plu­mas, se hace un armazón con cinco alambres, uno atraviesa toda la cabeza y sale por la cola, a ese se le hace una vueltita en el medio, dos alambres vienen de las patas y se unen en ese lugar y dos alambres de las alas, con esos alambres se hace el armazón, tiene que ser alambre dulce para darle la forma, se deja el cráneo pero hay que sacarle los sesos, la lengua, los ojos, luego que está hecho el armazón hay que ir rellenándolo con yeso, con algodón y se unta con una pomada a base de arsénico que es muy venenosa.
¿Cuánto tiempo lleva embalsamar un animal?
Por ejemplo una gaviota que tiene la piel bastante gruesa puede llevar una semana aproximadamente, porque después que está terminada hay que vendarla para que las plumas se vayan asentan­do, se vaya secando y no se deforme.
El Museo también cambió de nombre.
El Museo se llama Monseñor Fagnano, yo le cambié el nombre, cuando llegué se llamaba Museo al Padre Bueno, porque los indios a Fagnano le llamaban el Padre Bueno, y cuando venían turistas me preguntaban ‘¿quién es el Padre Bueno, es usted?’, ‘que voy a ser yo’ les decía, entonces dije le vamos a poner directamente el nom­bre de Museo Monseñor Fagnano, y acá no le pedí permiso a nadie.
También le gusta pintar.
No soy pintor, soy aficionado a la pintura, me gusta pintar paisajes, pero reales, no me gusta el paisaje moderno, el dibujo tipo cubismo, eso no me gusta, pinto en óleo, acuarela, antes pintaba tempera, ahora pinto poco, el último lo pinté en 1995, y no lo hago porque no tengo tiempo.
¿Se ha encariñado con Río Grande?
Sí, me encariñé con Río Grande, soy de Santa Cruz, pero me encariñé de Río Grande, cuando me mandaron a San Julián añoraba volver, de todos modos cuando me cambian de un colegio a otro yo trabajo como si no hubiera pasado nada y me encariño con ese lu­gar. Yo conocí Río Grande cuando tenía 3.000 habitantes, más del 90% eran chilenos, se conocían todos, si había una fiesta venía todo el pueblo, luego vino mucha gente del norte, muchos de ellos muy religiosos y gente muy afecta a la obra de Don Bosco, pero cambió mucho el ambiente, yo a la gente le digo que la Tierra del Fuego es muy acogedora, un ambiente muy sano todavía comparado con las grandes ciudades -aunque ya hay droga también acá-, les digo que sigamos manteniendo esto y que siga siendo un centro de atracción turística, que sigamos dando el mensaje de gente buena, los indios eran gente buena, los hicieron malos porque los persi­guieron y los mataron, ellos eran gente buenísima, acá venían indios trayendo náufragos para que en la Misión les dieran mantas y abrigos, el indio era bueno...




Ficha personal

El Padre Juan Ticó nació el 20 de octubre 1919 en Puerto Santa Cruz, en lo que en su momento era la Gobernación de Santa Cruz.
Su sueño es poder traer a sus compañeros de Ordenación que sobreviven para la inauguración del Templo de María Auxiliadora que se va a realizar el próximo 11 de noviembre de este año, inauguración que contará con la presencia del Nuncio Apostólico, obispos y sacerdotes.

Una crónica narrativa de Alicia Lazzaroni: Sofía.

Dicen que dicen que dicen.

Así fue siempre en estas poblaciones isleñas de los confines de la Argentina, Ushuaia y Río Grande, a las que para llegar por vía terrestre es necesario incursionar en otro país y sortear las aguas agitadas del estrecho de Magallanes. Sucede desde que eran pueblos perdidos en el último de los territorios nacionales; también ocurre ahor

a, espacios cosmopolitas que reciben no sólo turistas o pescadores de linaje sino también la basura de los cruceros internacionales a la Antártida y Malvinas.
Decir para conjurar la lejanía, la falta de parientes, la tenacidad del viento y el enriquecimiento del vecino.
Dicen que dicen que dicen.
Dicen que desapareció una niña de cuatro años en un camping de árboles raquíticos y retorcidos. Que tiene el pelo y los ojos oscuros. Que se la tragó un agujero negro o un pozo disimulado entre los ñires porque de Tierra del Fuego no es sencillo partir en el anonimato. Dicen que la niña fueguina nunca llegó al camping, que el padre la mató por descuido, que la madre calla, que la niña está enterrada bajo la loza de un nuevo piso que la familia mandó colocar en su casa de Río Grande, que el video y las fotografías obtenidas en la estación de servicio el último día que fue vista son parte de una cortada compartida. Dicen que la raptaron en venganza contra su padre por una deuda. Que se la llevó un hombre con un Gol gris y un perro bóxer. Que la secuestró su padre biológico. Que cruzó de incógnito la frontera y está en Chile. Que la vieron en Salta, en Rosario y en Cura Brochero. Que la capturó el cuidador del camping, un hombre de campo, casi un gaucho, apático, con rasgos psicopáticos. Dicen que, como no se puede desaparecer sin más de un camping vacío, a la vera de una ruta poco transitada y mucho menos de una isla, Sofía nunca existió.
Dicen que dicen que dicen.
Ya tengo todo dispuesto, dijo Mariela, si Rodolfo gana las elecciones, yo me voy a ocupar de Sofía; que lean las 15.000 fojas del expediente de nuevo, que relean, que indaguen, que revisen, que pregunten, es imposible que Sofía haya desaparecido en un segundo sin que nadie sepa nada.
Cuando la gente llega por tierra al sector argentino de Tierra del Fuego le dan la bienvenida nuestros tres representantes: un viento endemoniado, la burocracia de los trámites fronterizos y la carita de Sofía camuflada con una peluca plástica color fucsia, tal vez para recordarnos que es una nena y las nenas hacen esas cosas, disfrazarse de Barbies y también desaparecer como por encanto. El visitante ignora que si en los recibimientos se trata de mostrar las más pulidas virtudes, aquí será agasajado sólo con los defectos. Es para que se acostumbre de entrada y no vaya a creer que el fin del mundo es la tierra maravillosa que anunciaba el caballero don Pigafetta en 1520 y siguen repitiendo los operadores turísticos.
Viento, burocracia y Sofía, lo peor que tenemos. El primero nos llegó de regalo, la segunda es un vestigio de nuestra historia moderna (presidio de reincidentes, base naval y gobernación) y de la última desconocemos el paradero. ¿Y qué hay? A cuánta gente le perdimos el rumbo en esta isla de confinados antiguos y actuales donde la costumbre mas añeja es ir y venir. A lo mejor Sofía se cansó del clima, como le pasa a los que viven durante décadas en el lugar, se hartó del mal tiempo, los días nublados y el frio, decidió que era hora de conocer el mundo, tomo sus petates y se subió a un camión mosquito, esos que traen filas de autos al amparo de la ley 19.640 para vender más caros que en Buenos Aires y luego vuelven vacíos, remontando sus armazones inservibles por la ruta 3.
¿Pero pueden las niñas de cuatro años cansarse del clima? Claro que pueden, si pueden esfumarse de un momento a otro, convertirse en aire, enquistarnos esta culpa, de-sa-pa-re-cer.
No queremos saber nada con Sofía, dicen los habitantes de Ushuaia y Río Grande, no pensamos ir a las marchas, no somos estúpidos. Fueron los padres, no nos van a engañar.
-Acá hay algo raro- dice Susana- viste que la gente no quiere participar. No hay caso, no quiere.
Es cierto. Las marchas son lastimosas, sólo congregan diez o quince personas, seguramente de la familia, los allegados, algún ingenuo de por ahí. Casi ni la prensa aparece. Nadie quiere ser sorprendido en su buena fe, andar mendigando. Tal vez por eso, o vaya a saber por qué, el padre de Sofía o el que dicen que no es el padre- aunque la nena es su vivo retrato- sino el hermano del verdadero progenitor que está preso, cada tanto sale de gira por el país para tratar de convencer a las multitudes. La empleada del almacén me dijo un día:
-¿A que no sabes con quién me encontré en Buenos Aires? Con el padre de Sofía. Estaba encadenado en Plaza de Mayo pidiendo por la aparición de su hija.
La madre también viaja, pero con otro estilo. Un pret a porter hilvanado por el dolor y más credibilidad le permiten codearse con funcionarios y enviados de la paz. Pero Sofía no aparece. Todas las pistas se fueron desvaneciendo como polvo. Lo peor de todo es que tampoco se va. No quiere irse de la isla donde nació, de las imágenes amarillentas de las lunetas de los autos, del anverso de las facturas de los servicios locales, de las conversaciones cotidianas y de la conciencia de la gente que sistemáticamente falta a las manifestaciones por su pronta aparición.
¡Ay, Sofía!

(Esta narartiva presentada en su parte 1, ¡continuará!)

Julia Pérez, rescatada.

No se porqué obstinación de la tecnología la imagen de su prima Julia no puede entrar en mi blog. En ella se la ve posando al trasluz de una ventana que comparte características con lo que dimos en llamar La Casa de los Triviño.
Pero si esa imagen no calza esta sí. Y en ella está Julia, como figura de 1935, en una vereda de la calle Angamos, en la vecina Punta Arenas.
La vereda es tierra alisada, la calle está delimitada de la calzada, también de ripio, por un pequeño torrente de agua que corres y se estanca según la urgencia de su caudal.
Por esa misma línea de agua está el poste de la electricidad.
La calle Angamos es la que históricamente conducía al hospital magallánico y su entono de casas son de chapa y madera. El zing vertical. Las chimeneas que hacían prevención de los riesgos de incendios que podían despertar las combustiones de carbón sobre las ventilaciones de hojalata. Cosa que después de fue perdiendo cuando llegó el gas y las instalaciones se fueron adaptando a artefactos menos intensos.
Hay dos tipos de cercos, ambos de piquetes, el alto está descuidado, el bajo tiene penachos artesanales. Hay un asomo de alambre de púa que evidencia conflictos entre vecinos.
Sería verano porque Julia está en blusa, y su larga pollera debería continuarse en elegancia con unos zapatos que el fotógrafo no tuvo la precaución de incluir.
La joven mujer hace un delicado cuidad de cabello y ha de ser soltera, sino no sería posible que se mostrara en la calle con la cabeza descubierta.
El paisaje urbano sería similar en algunos rincones de Río Grande, si agregábamos a la postal algunos perros y gallinas sueltos.