TRÍPTICA NACIONAL. GEOGRAFÍA.15. Territorio del Neuquén.

Allá por el año 1925 la firma CABAUT y Compañía Editores publicó una GEOGRAFIA ARGENTINA donde daba cuenta de la existencia de un distrito federal y 14 provincias a las que se sumaban las gobernaciones del norte y del sur.

Las del norte eran Chaco, Formosa, Misiones y de los Andes.

Y las del sur de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

¿Que decían para que aprendieran los niños argentinos sobre lo que se conocía como Gobernación del Neuquèn?

Confina al Norte con la Provincia de Mendoza; al Ese y al Sur con la gobernación del Rìo Negro, y al Oeste con la cordillera de los Andes. Tiene 96.484 kilòmetros cuadrados y 37 mil habitantes.

El terreno es àrido y estèril en la parte oriental por la escacez de agua, pero muy fértil al Sur y al Oeste.

Las principales sierras, derivadas de la cordilelra, son las de Bararncos, Carbòn, Chacul, Zainuco y Roca.

Los rìos son el Colorado y el Negro, formado por el Neuquén y el Limay, y el Aluminè, ademàs de muchìsimos riachuelos y lagos. Hay ricas producciones mineras, hermosas maderas, cereales, viña y bastante ganado: unas 800 mil cabezas.

La capital es Neuquén con más de 2000 habitantes entre los poblados figuran Las Lajas, Ñorquìn, Campana Mahuida, Codihuè, Junìn de los Andes, San Martín de los Andes, Zapala y Chos Malal, antigua capital.


 El material leído que forma parte de la serie La Escuela Moderna que se distribuía desde La Librería del Colegio.








CON LA MEMORIA EN EL LEAR JET

UNO.- 15 de Mayo de 1984. Se produce la tragedia del LEAR JET.

La caída de la nave oficial de la entonces gobernación de Tierra del Fuego, descabezó la flamante administración democrática del entonces titular por la UCR Don Ramón Trejo Noel,

El 11 de de mayo de 1997, el diario EL SUREÑO publicará con la firma de Daniel Puebla un informe de la FFAA sobre como fue la tragedia de  esta nave..

Se hace referencia a una mala relación entre el comandante y copiloto. “el comandante Mario Marconcini era contrafóbico, egocéntrico y con autoestima y que el último período de descanso por treinta días lo había solicitado el 25/11/83, pero que lo interrumpió el 10/12/83. Mientras que el copiloto Rodolfo Pourrian era compulsivo” En un párrafo del documento se expresa que “existía desarmonía en las relaciones de la tripulación”, además que, “no existen antecedentes de agotamiento de la tripulación poir sobrevuelo, pero el copiloto solicitó atención por agotamiento físico y nervioso” en febrero de ese año. El asesor médico R. Cabane opinió que por las personalidades del comandante y copiloto “no eran las más deseables para el pilotaje. Existía además una desarmonía socio-laboral entre los mismos”..

En las conclusiones se agrega: “se transportaba un pasajero que no disponía de asiento”. Como así también “El accidente se produjo por factores operacionales al violarse procedimientos establecidos. Fueron factores contribuyentes a la clase de operaciones que se realizan en el Aeródromo de Ushuaia, el tipo de traslado de personal y las características de la personalidad de la tripulación”.

En el accidente perdieron la vida:

RAMON TREJO NOEL gobernador designado por el presidente Alfonsín.
Su esposa OFELIA OLGA LISA,
ROBERTO CAPANELLA ministro de Gobierno.
FERNANDO DIEGO GARCIA, ministro de Hacienda y Economía.
GUILLERMO MARCILESE, secretario general de la Gobernación.
ERNESTO JULIO LOFFLER, médico, legislador provincial por la Alizanza Agrupación Vecinal – Unión Popular Fueguina.
RICARDO SICA, secretario privado del gobernador.
NORA ORMISTON, delegada de acción social en Río Grande.
PEDRO ALTUNA, delegado zona norte del Instituto Territorial de Vivienda.
CARLOS ALBERTO LISA, asesor de televisión, primo de la esposa del gobernador.
MARIO MARCONCINI, comandante de la nave.
RODOLFO POURRANIN, copiloto.

Solo se recuperaron los cuerpos de Altuna, Lisa y Pourrain..

Sus nombres figuran en diversas arterias de nuestra ciudad. En tanto que la intersección de San Martín y 9 de Julio se levanta un busto al gobernador fallecido, donde año a año se realiza un acto recordatorio.



DOS. .- 30 AÑOS YA!!! ERA UN DÍA FRÍO COMO HOY, PERO GRIS. TERMINO SIENDO NEGRO.

Ayer conversamos con el Doctor Alberto Lekander sobre lo vivido entonces. El domingo después de la hora 10, por LRA 24 Radio Nacional, estaremos relatándoles con él las circunstancias de esa encrucijada.


En ese momento, yo era un joven médico, que ocupaba la entonces única Subsecretaría de Salud, dependiente del Ministerio de Gobierno, Salud y Acción Social del Territorio Nacional. Cargo que me había ofrecido depositando su confianza DON RAMÓN TREJO NOEL, y que me animaron a aceptar, mis amigos el DR ERNESTO LOFFLER (mopof) y el Director del Hospital de Ushuaia DR MIGUEL OLMOS (peronista), ofreciéndome todo su apoyo, colaboración y experiencia!!.

Por esas cosas insondables del destino, justo aquel 15 de mayo, nos desencontramos con el Ministro ROBERTO CAMPANELLA, mi ministro. Con quien además de trabajar codo a codo, y trabar una gran amistad, viajábamos siempre juntos desde y hacia Ushuaia.
Dicho desencuentro hizo que me hallara en el Aeropuerto de Río Grande con la noticia de que el Lear Jet venía retrasado y con la presencia del otro avión de la Gobernación, el Arava que también volvía y con plaza disponible, que todavía hoy, no se que me impulsó a ocuparla.

El resto es historia conocida, nevaba cada vez más intensamente en Ushuaia, el Lear había comunicado que tenía el canal de Beagle a la vista y lo estábamos esperando en la puerta del hangar.
Nunca llegó, nunca llegaron.

Fue una gran pérdida de personas muy valiosas. Los sigo guardando a todos en mi memoria.
Es difícil de resumir, pero digo a todos, porque tengo recuerdos y vivencias de cada uno de ellos.
También tengo deudas de gratitud. SIGAN DESCANSANDO EN PAZ.  Y QUE TIERRA DEL FUEGO NUNCA OLVIDE SU LEGADO.


Tres. Nuevos mitos o El inevitable regreso del ave de fuego.

La tarde en que el pájaro de fuego se perdió nos encontramos por las calles desolados. Sólo nos decíamos “que tremendo”, “que horror”, ¿Adónde, habrá ido? Pavor.

Trepábamos las barrancas despacio, levantábamos lentamente los pies, caía blanda la nieve que sacudíamos. ¿por qué? ¿Porqué? Crecian gibas en nuestras espaldas.

A M. yo lo había conocido de una manera común y mínimamente como todos los que quedábamos en el Aeropuerto de Río Grande sin vuelo para Ushuaia, le pedí viajar en el Lear. A eso se reduce mi relación personal. Pero como la muerte eleva los hechos más pequeños, le da altura griega, descubrí que había algo distinto, importante con respecto a este viaje. Siempre que voy en avión me pregunto se será con esa gente que no conozco que terminarán mis días, gran parte del trayecto me ensimisman estas cogitaciones, hasta que me invade algo así como una plenitud trágica. La única vez que no me ocupé de ese sensato pánico fue cuando viajé en el Lear. Esa única vez.

Era fama en Ushuaia la experiencia del comandante, la perfección técnica del ave de fuego: miré el sol amarillo y los bosques de noviembre bañados con un amarillo profundo y apagado, busques verdesamarillos, miré el mar desasosegado y miles de líneas de corderitos que lo dividían, miré sobre la espuma blanca de los lomos los reflejos del sol amarillos, lomos blancosamarillos. Tibio atardecer. Pude entonces, avenirme al sentimiento de eternidad mientras estaba en el cielo.

Claro que ésta, mi experiencia, se multiplica y difiere tantas veces como psajeros hubo albergado. Pero todos lo admirábamos mancomunadamente. Y no era una cuestión tecnológica, de esas que se emparentan con la vanidad económica, era una cuestión espiritual. Cuando se lanzaba sobre la pista, nos reconfortaba en un juego de espejos: era cada uno de nosotros desafiando el desarraigo y las helazones, dispuestos a emerger, por eso decíamos “que maravilla”.

Recuerdo ahora la pista con las luces encendidas vista desde los altos de Magallanes, recuerdo su paso breve sobre el suelo de Ushuaia anochecida. Siempre lo mirábamos en silencio. Nos dábamos tiempo para mirarlo.

Y había otra faz. Otro conocimiento. Y era cuando aquel piloto, ya legendario, hendía el aire con los juegos del ave mecánica. Era en los días de fiesta, para el 12 de octubre sobre todo; enhebraba en sus movimientos la bahía, el cielo y la ciudad. Me preguntaba, mirándolo desde mi patio, si esa voluptuosa entrega, si esa participación de un hombre a través de una máquina en todo el ser de la naturaleza le haría trascender su carne (de carne y la de acero), si en algún segundo llegaría a ser parte no ya de sí sino del absoluto, si se reintegraría a esa unidad de la que presumimos provenir. Pensaba que en algún espacio mínimo de tiempo, inimaginable para nosotros, aquella noción podría abrazar al piloto y ese gozo lo perdería, o mejor, lo ganaría. Pero eran días de sol: azul el cielo, muy azul el canal. En ese indescriptible placer estético no podría resignarse o dejarse arrastrar.

La tarde en la que el pájaro de fuego se perdió nos escrutábamos bajo la nieve: en este círculo de hielo nuestras pequeñas figuras, nuestro verdadero tamaño, nuestra pavorosa fragilidad.

Ushuaia recobraba viejos sentimientos: los de su soledad ante los hechos del sur, como cuando dejaban de venir los barcos y se cerraba el camino, en el invierno, cuando Ushuaia resistía por pura obstinación sola, blanca, pura, única, como una pequeña lancha frente a la tormenta en el mar.

Aquella tarde, esa tarde, nevó mucho. Tanto.

Sin embargo hay quien dice que el pájaro de fuego se sustraerá de las penumbras que lo arrojaron al fondo del canal, que desandará desde el universo de los sueños los pasos de su adiós: desde ese tiempo tan lúcido y tan confuso que nos abarca por las noches volverá. Allá en el reino de los sinceramientos, el pájaro reencontrará la esencia de su ser: figura e imagen. Tomarán de la levedad de un patinador solitario el impulso que le dará nuevamente vuelo y se espejará frente a la bahía escarchada.

Otros afirman que durante las tardes de Mayo se oirá su motor queriendo quebrar las barreras de la nieve, incorporando a esa multitud de canoeros a la deriva, de barcos perdidos, de indios caminantes, de obreros extenuados, de presos fugados y arrepentidos que trasponen los estados de la materia en la fuerza de regresar a la hermosa bahía.

Si, el ave mecánica volverá sobre Ushuaia. Buscará un hecho y bajará sobre el pueblo y lo acariciará con sus rumbos de ángulos festoneados, con su estirpe de flecha marcará rumbos y las casas estarán iluminadas por el vapor azul del mar que todo lo esfuma, que a todo convierte en irreal. Serán etéreos entonces los hechos más vigorosos: los amantes en la entrega perderá sus contornos y serán todos de sombras azules, las voces semejarán lejanos tintineos y los niños comerán manzanas azuladas parsimoniosamente. Pero tal vezs ea un mediodía ve invierno visitado por el sutil sol austral que le da brillo antiguo a la ciudad: o quizás espere la incandescencia salmón sobre la nieve, o sea una mañana de verano cuando cada partícula canta a la armonía y estallan los lupinos violeta.

Volverá con la lenga enrojecida por el otoño y por el amanecer. Será un tiempo muy rojo porque vendrá generado desde el músculo rojo y palpitante de los que soñaron con su vuelo y porque es el color del pájaro y también el de la isla.

Invisible pero inevitable, hará sus giros sobre Ushuaia el ave mecánica perdida.

 Escrito por Estela S. Noli.



Miguel Núñez Cortés: Embarcados en el Estrecho de Magallanes

Damos continuidad con este artículo a otro del mismo autor que nos llevó a recordar aquella construcción del Gasoducto General San Martín. www.metrogas.com.ar


 Ya había culminado mi trabajo del estudio de la traza terrestre del gasoducto que uniría el entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego conla Provinciade Santa Cruz. El mismo partiría de las instalaciones de YPF en San Sebastián, llegaría hasta el Cabo Espíritu Santo en Tierra del Fuego y, luego de cruzar el Estrecho de Magallanes, uniría Cabo Vírgenes con las instalaciones de Gas del Estado en El Cóndor. Mientras en los dos tramos terrestres el caño sería de30 pulgadasde diámetro, en la marina, apoyado en el fondo del Estrecho, tendría24 pulgadasy una longitud de aproximadamente37 kilómetros.
Por lo tanto, faltaba aún estudiar el Estrecho de Magallanes, información especialmente necesaria para conocer la totalidad de las variables a las que debería ajustarse una obra de tal envergadura. La ejecución de dichos estudios fue solicitada por Gas del Estado al Servicio de Hidrografía Naval, el cual puso a disposición el buque A.R.A. GOYENA y su tripulación especializada. Propulsado por dos motores diesel de 1170 HP cada uno, gracias a los cuales podía alcanzar una velocidad máxima de 12 nudos, el navío tenía unos58 metrosde eslora y estaba tripulado por 60 hombres.

Unos días antes de que embarcaran, nos reunimos en Ushuaia con los Inspectores designados por  Gas del Estado. La responsabilidad recayó sobre el ingeniero Hernán Chiterer y  otro profesional universitario, ambos dela Gerenciade Estudios, Proyectos y Obras (GEPO). En esa reunión se les pidió a los citados representantes técnicos que transmitieran al Capitán del A.R.A. Goyena las coordenadas geográficas de inicio y final del recorrido, es decir los puntos terrestres donde ingresaría y emergería la cañería submarina, ya fijados con anterioridad.

Una vez a bordo, a mis dos compañeros les asignaron un camarote debajo de la línea de flotación, junto a la sala de máquinas. Las paredes del mismo, en contacto con la sala de máquinas, vibraban las 24 horas del día. Imposible dormir y difícil alimentarse en un barco que sufría ráfagas de viento que llegaban hasta los 120 km/hora y olas de7 metrosde altura. Lo habitual en esas latitudes oceánicas.
Ubicado el A.R.A. Goyena en el Estrecho de Magallanes, comenzaron los estudios y las prácticas para poder entregarle a Gas del Estado los datos meteorológicos y mareológicos, composición geológica del suelo marino, perfil topográfico del fondo, gráficos de oleaje y corrientes del mar magallánico. En nuestra Base de Operaciones de El Cóndor, diariamente recibíamos noticias (algunas alarmantes, otras alentadoras) que luego se retransmitían a Buenos Aires por el sistema de comunicaciones de micro ondas de Gas del Estado. La tarea duró 15 días, tiempo necesario para poder culminar el programa pactado.

El día del arribo del A.R.A. Goyena a Río Gallegos, fui a esperar a mis jóvenes compañeros al muelle. En sus rostros, demacrados y delgados, se observaban los rastros de dos semanas de gran sacrificio en cumplimiento del trabajo que les fuera asignado; Con todo el material volamos juntos a Buenos Aires. Se empezaba a preparar el Pliego de Bases y Condiciones para la construcción de un desafío histórico para la ingeniería mundial.

Doña Ernestina García de García Borges. La primera mujer educadora de Río Grande.

NUESTRA ENTREVISTA DE HOY: Doña Ernestina García de García Borges. La primera mujer educadora de Río Grande. Por Héctor Van Aken.

La Ciudad Nueva. Año 1. Número 1. 6 de abril de 1973.


Recuerdo que siendo muy niño, incursioné en la primera escuelita de Río Grande y quedaron grabados en mi memoria aquella casita a dos aguas y de dos ambientes donde funcionaba, y la imagen propia del educador Don Telmo Suárez que enseñaba a una concurrencia fundadora de 7 u 8 alumnos, sentados en cajones vacíos de gasolina y con un pizarrón de madera, pintado de negro.

Le sucedió Doña Enriqueta García de García Borges, siendo la primera mujer educadora que tuvo Río Grande. Los dos hicieron historia y sus nombres se mantendrán indelebles a través de las generaciones que pasen por las aulas de la escuela 2, de esta ciudad fueguina y austral.

Del Sr. Suárez no se tuvieron más noticias. De D. Enriqueta si. Hacía mucho que deseábamos verla. Procuraba ubicarla con la colaboración de mi mamá. No nos fue fácil. Un día supimos que pasaba temporadas en compañía de sus hijos: Carlos radicado en Bariloche, y Enrique, en Carmen de Patagones, y que solía viajar a Buenos Aires. Hasta que un día tuvimos la suerte de oír su voz a través del teléfono. Pasé un tiempo hasta que supimos su dirección y el 20 de diciembre anterior, acompañado por mi hijo la visité  en su domicilio de Olivos. ¡Qué sorpresa!: Estaba rodeada del afecto de su señora hermana, de un nieto y otros familiares. Fue un encuentro emotivo. Llevábamos un grabador y sus primeras palabras fueron:

-Llegué a la Tierra del Fuego en 1911. No podía decirte muchas cosas porque estoy muy emocionada de verte. Recuerdo todo aquello con mucho cariño y todos aquellos chicos me parecían hijos míos. Eres el primero que veo personalmente, y ahora, por correspondencia, he recibido noticias de Francisco Santomé y de Francisco (Pachi) Bilbao, entre los chicos que recuerdo porque eran las mayorcitos entonces. Época difícil. Recién llegada, maestra nueva, me encontré que la escuela no existía, para la que me habían nombrado, pero yo me arreglé en una casa que me proporcionó el Sr. Miguel Susic y allí colocamos unos bancos y el pizarrón…, mientras se construía la escuela nueva.

-Doña Enriqueta, ¿Cómo estaba constituida su familia?
-Bueno, yo venía de Ushuaia en compañía de Higinio, mi esposo, que pertenecía al Ministerio de Agricultura y de mis hijos Julio y Carlos.

-¿Conoció al Sr. Suárez?
-Si, lo conocí muy bien… Lo traté durante pocos días porque viajaba a La Pampa, creo.

-¿Cuándo dejó Tierra del Fuego, cuáles fueron sus destinos?
-Después de esa permanencia de cinco años en Río Grande, fue a la isla Martín García. Allí tuve la gran oportunidad de conocer al Presidente de la República, Dr. Hipólito Irigoyen, que me proporcionó mucha ayuda para la escuela. Nos veíamos con mucha frecuencia. Siempre le estuve muy agradecida. Estaba con una hermana, con la que yo me trataba.

Muy interesante lo que me cuenta porque precisamente el Presidente Irigoyen fue quién firmó el decreto de fundación del pueblo de Río Grande el 11 de julio de 1921.

-¿Después de Martín García dónde ejerció?
-Con mucha pena dejé Río Grande cuando me nombraron directora de la Escuela Nro 1 de Martín García. Desde esta isla, y luego de algunos años de servicios patagónicos me trasladaron a Inspección General (seis años) y luego de Inspección General fui designada maestra secretaria en General Roca, donde me jubilé.

--¿Recuerda la cantidad de alumnos, en total, que tenía la Escuela de Río Grande?
-Entre niñas y varones debían ser 34.

-¿Y la de Martín García?
-En la escuela de Martín García teníamos un profesor, un profesor de música y 48 alumnos. Muy linda escuela, muy bien instalada. No nos faltaba nada y siempre contábamos con la ayuda de la población. Me sentí muy cómoda. Tuve chicos muy buenos.

-¿Doña Enriqueta, cuáles fueron sus inquietudes y en que medida las vio convertidas en realidad?
-Y deseaba ver una escuela propia en Río Grande, y como no teníamos recursos recurrimos a los vecinos que fueron muy generosos. Se formó una Comisión-Pro Escuela integrda por tu papá y los señores Bilbao, Scott y Chapresto. Recuerdo también especialmente a Don Alejandro Menéndez que nos visitaba con mucha frecuencia y nos ayudaba muchísimo, de quien no me olvidaré nunca. Nos daba todo lo que necesitábamos… luz, calefacción, carne, que recibíamos a diario, y juegos para niños.

-A poco de naufragar el “Monte Cervantes”, en la bahía de Ushuaia, llegó a la escuela un salvavidas de ese buque y siempre estuve intrigado por saber que Transporte Nacional lo había traído..
-A mí también me tenía intrigada; sabíamos que era del Monte Cervantes, las comunicaciones marítimas con Ushuaia casi no existían. Solamente a caballo se podía ir en seis días, por una huella angostita, y entre las montañas.

Bueno, estamos los dos muy emocionados. Usted fue mi primera maestra y para cualquiera significa mucho, y es motivo de gran emoción. Por eso es muy difícil hilvanar preguntas en tan poo tiempo. Dejamos para otra oportunidad, si Dios quiere, las nuevas que se puedan hacer. La única que me resta pedirle a la Sra. Enriqueta García de García Borges es un saludo para el pueblo fueguino:
-Muchas gracias. Ese saludo lo hice muchas veces y porque, como lo he repetido, les quise muchísimo y me desviví por ellos.

Realmente trabajó con un placer increíble.





Observaciones.3. Allende-Perón-Pinochet

UNA GUERRA ENTRE HERMANOS: CONFLICTO BEAGLE 1978.

Mientras gobernaba Chile Salvador Allende, y la Argentina el general Juan D. Perón crecen con tranco de gigante las relaciones de hermandad y cooperación. En FUERZAS ARMADAS Y PUEBLO UNIDOS POR LA RECUPERACIÓN. La Guerra de Malvinas: ensayo de revisionismo histórico. Escrito de Oscar Abudara Bini y Domingo Dellepiane. En MALVINIZACION Y DESMINTIRIZACION. Un aporte económico y cultural en el marco de la Patria Grande. Página 33. Ediciones Fabro.

En el libro se incurre en un error, puesto que Allende fue derrocado el 11 de septiembre, y recién 12 días después Perón ganas las elecciones por las que sumirá el 12 de octubre de 1973, es decir a un mes y un día del gobierno de Pinochet.

En el interregno Perón opinará sobre el riesgo de acelerar las acciones, y la ecuación de sangre y tiempo que luego trasladará a sus interpretaciones sobre lo que le pide la izquierda de su partido, y lo que admite de la derecha que le es más cercana.

Perón no era presidente en los días de Pinochet Ugarte, militar que saldrá de su aislamiento internacional cuando el mandatario lo reciba al año siguiente en la base de Morón.

En una página del PTS encontramos un referencia reciente a este último encuentro:

El día que se juntaron Pinochet y Perón 

Una leyenda de la izquierda peronista dice que, según Taiana padre, Ministro del General (...), Perón lloró el día que derrocaron a Salvador Allende porque el cambio dramático de la escena política del Cono Sur hacia derrumbar todos sus planes de negociación con el imperialismo. Sea verídica o no, la anécdota muestra un rasgo característico de la izquierda peronista que es el de cubrir o justificar a Perón en sus actos. Algo que repite el kirchnerismo –que se dice heredero de la “jotapé”- cuando se trata de justificar cualquier alianza reaccionaria de su gobierno. Lo cierto es que en mayo de 1974 en la Base Aérea de Morón, el presidente Perón se reunió con el dictador chileno dando su apoyo así a la dictadura proyanqui y genocida que había aplastado a sangre y fuego el proceso revolucionario que obreros y campesinos protagonizaban en Chile. Más tarde, en 1975, el dictador recibirá del gobierno peronista de Isabel la condecoración de la Gran Cruz de la Orden de Mayo al Mérito Militar (el único “merito” militar que tiene Pinochet y las FFAA chilenas es el de haber asesinado a su propio pueblo). En nuestro país bajo el auspicio de Perón y la batuta de su Ministro de Bienestar Social, José López Rega, actuaban impunemente las Tres A como brazo paramilitar de la represión contra la extendida vanguardia obrera y popular que existía en la Argentina pos Cordobazo.
El fallecido Eduardo Luis Duhalde sostuvo que el encuentro de Pinochet y Perón, lejos de ser protocolar, fue uno de los antecedentes que puso en marcha el Plan Cóndor, mediante el cual los regímenes del Cono Sur coordinaban sus acciones en la represión a los movimientos obreros y populares. Como antecedente del Plan Cóndor, el 30 de septiembre de 1974, es asesinado el ex jefe del ejército bajo el gobierno de la Unidad Popular, el General Carlos Prats, exiliado en Argentina luego del golpe pinochetista junto a su mujer, por una bomba colocada en su auto por agentes de la DINA chilena y que contó con colaboración de la CIA, la Triple A y las fuerzas represivas de nuestro país.
Como corolario, queda destacar la contratapa de Página/12 (8/9) de José Pablo Feinmann donde olvida el papel de Perón en la legitimación de Pinochet y carga las tintas del golpismo sobre la errada política guerrillerista del MIR y su denuncia de Allende como “un burgués conciliador”. Pero fue precisamente por ese carácter conciliador que Allende se opuso a la autoorganización y al armamento obrero y popular para enfrentar las intentonas fascistas, entronando a Pinochet en su Gabinete con la ilusión de frenar así el golpe.
En tanto que en RUINAS DIGITALES, aparece otro material de interpretación:
EL ENCUENTRO PERÓN-PINOCHET SOLO BENEFICIO AL GORILA CHILENO
Yace Chile humeante de escombros, sangrando de heridas abiertas aún, cuando pisa suelo de nuestra patria aquél que recibiera la confianza del Presidente Allende y que hoy por donde transita deja sucia la marca de sus botas chapaleadas en sangre de trabajadores. Igual que ese otro general gorila, Aramburu, jefe de la “libertadora” y fusilador de peronistas. Y la comparación se impone en estos momentos cruciales. Es que el fantasma del 55 reaparece ante las distorsiones que sufre el proceso de liberación nacional abierto el 11 de marzo. La suerte del pueblo chileno es la mejor advertencia.
Y justo cuando las Naciones Unidas se dirigen al gobierno chileno exigiendo el cese a la violación de los derechos humanos, justo en ese momento, se acepta la “escala técnica” de Augusto Pinochet y su entrevista con el general Perón. Independientemente de quién haya solicitado la entrevista, de que fuera una simple escala técnica y pase al repudio general del pueblo argentino, el único que ha ganado ha sido el gorilón visitante quien podrá en su país alardear no sólo de haber sido recibido por el más importante país de América Latina, sino que podrá agregar además que en ese país gobierna el presidente elegido con mayor caudal de votos en el continente, líder de un movimiento multitudinario.
Cierto que todas las organizaciones políticas, a excepción de las más reaccionarias, hicieron saber su repudio y que la actitud del mismo general Perón marcó distancias al decir que se mantenían relaciones con un estado “no importando quién esté al frente”. De la misma manera se interpretaba el operativo de seguridad excepcionalmente riguroso y la ausencia total de cualquier ciudadano no involucrado en las reglas de protocolo.
PALABRAS Y REALIDADES

El Secretario de Prensa y el canciller gorilas hicieron declaraciones a la prensa (Pinochet solo habló para decir que vino a la Argentina respondiendo a la invitación de Perón), tomando a los periodistas y al pueblo argentino por un conjunto de imbéciles incapaces de pensar. Así, señalaron que “el toque de queda lo pide la gente para su seguridad”, que “por lo menos el 70 % y en algunos casos el 90 % del pueblo apoya a la Junta” y al ser preguntados sobre cómo se había sabido de ese apoyo, contestaron que “no se ha realizado un plebiscito en razón de la existencia de padrones viciados”.
Seguramente también allá tienen un brujo asesorando al gobierno, cosa que les permite adivinar que “nadie quiere elecciones en Chile”.
Pero donde realmente se pasaron de la medida es ai aseverar que en ese país “no existen presos políticos”. Como antes aquí, durante la dictadura y como se está empezando a hacer ahora, niegan que haya presos políticos remitiéndose a que los detenidos están encuadrados dentro del Código Penal.
“LA CONJURA MARXISTA”

El canciller Huerta atribuyó la mala imagen del gobierno gorila de su país, a la conjura de la prensa mundial “instrumentada por el marxismo”. De donde nos venimos a enterar que, por ejemplo, La Prensa, La Nación, La Razón, Noticias, Clarín, La Opinión, Crónica, son diarios marxistas. (Atención Margaride).
Si esa “gran prensa” internacional, como el New York Times, Le Monde y aún L’Observatore Romano, se hacen eco de las denuncias sobre los crímenes gorilas, és porque estos son de tal magnitud y de tal manera indiscriminados, que no pueden ser pasados por alto.
En Chile hoy día la represión llega no sólo a quienes apoyaron a Salvador Allende, sino que incluso militantes y dirigentes democratacristianos son perseguidos. El ex-senador Rafael Moreno, de la DC, por insinuar la defensa de asentamientos campesinos fue detenido y deportado en el plazo de 48 horas, siendo notorio que el Cardenal Silva Enríquez condenó públicamente los excesos de la Junta, lo que valió para que uno de los milicos declarara que los obispos también eran instrumentos del marxismo.
La tortura como método de interrogatorio se ha convertido en sistema general, habiendo los gorilas no solo asimilado la experiencia de sus pares del Brasil, sino que han inventado nuevas exquisiteces, como un aparato mecánico para las violaciones que produce efectos desgarrantes cuya utilización denunciaron dirigentes religiosos.
Al mismo tiempo, se han restituido empresas expropiadas a los monopolios y se han restablecido las “buenas relaciones” con el imperialismo, rebajando drásticamente el nivel de vida del pueblo a límites tales que el hambre es ya un mal nacional. Un obrero tiene un sueldo máximo de 18.000 escudos (el sueldo promedio es de treinta mil), un kilo de pan vale 300 escudos, uno de arroz 410, la docena de huevos 430. Téngase presente que un sueldo de diez y ocho mil escudos son 600 escudos por día y que la desocupación crece diariamente, a niveles nunca conocidos antes.
EL PUEBLO ARGENTINO REPUDIO A PINOCHET

Si la “técnica” produjo entrevistas y condecoraciones, la tradición popular y latinoamericanista argentina no dejó de manifestarse. Además de ser designado Pinochet “persona no grata” por la Ciudad de Buenos Aires y producirse una larga serie de declaraciones a todos los niveles, se realizaron actos y movilizaciones. Frente al Congreso y en el radio céntrico, miles de manifestantes, encabezados por las Juventudes Políticas Argentinas, por la FULNBA y por otras agrupaciones (al igual que en otras ciudades) hicieron conocer no sólo su repudio a la delegación gorila, sino también su profunda fe en que finalmente el pueblo chileno habrá de triunfar.
Porque pese a las amenazas, las torturas, la prisión y las masacres, en Chile las fuerzas populares se reorganizan, analizan críticamente su anterior estrategia y están dando ya los pasos que paulatinamente harán crecer el desarrollo de la guerra popular contra sus opresores.
Ese pueblo sojuzgado pero no vencido, ese pueblo que sabrá sacarse de encima a los gorilas usurpadores y vendepatrias, sabe que pese a todas las “escalas técnicas” y las condecoraciones en mala hora otorgadas, tiene la solidaridad viva y militante de su hermano, el pueblo argentino.


El diario de la tendencia también reflejó aquel incómodo encuentro. Ya hacía dos semanas que se habían dado los incidentes de la Plaza de Mayo que marcaron el gran desencuentro del proyecto nacional.

En la HISTORIA GENERAL DE LAS RELACIONES EXTERIORES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA, Carlos  Escudé dice;

Otro tema de la agenda con Chile que generó intensas polémicas dentro de la Argentina fue la actitud del gobierno de Lastiri hacia los asilados chilenos en la embajada argentina en Santiago y los refugiados que llegaban a Buenos Aires. El encargado de negocios argentino, Alberto del Carril, directamente se desinteresó de la suerte de los asilados chilenos, delegando esta tarea en el secretario de embajada, Félix Córdoba Moyano. Pero el último, junto con otros dos diplomáticos de la embajada, Albino Gómez y el cónsul general Sainz Ballesteros, debieron retornar a Buenos Aires por disposición de las autoridades de la Cancillería. El hecho motivó el pedido de informes al Palacio San Martín de un grupo de parlamentarios encabezados por el diputado de UDELPA-Alianza Popular Revolucionaria (APR), Héctor Sandler. En dicho pedido, los legisladores se preguntaban si no era precisamente la actitud de estos tres diplomáticos de otorgar asilo a los chilenos perseguidos por el régimen de Pinochet lo que habría motivado su regreso a la capital argentina.  
   
 En la edición de Clarín del 30 de septiembre de 1973 apareció una solicitada firmada por numerosas personalidades del medio académico y literario, tales como, entre muchos otros, José María Aricó, Luis Aznar, Gregorio Klimovsky, Ernesto Sábato, Rodolfo Puiggrós, Reyna Pastor de Togneri, Pablo Sigal, Gregorio Selser, David Viñas y Rodolfo Walsh, quienes solicitaron al gobierno de Lastiri:     a) que hiciera efectivo el traslado a la Argentina de los asilados en la Embajada argentina en Chile; 
    b) que promoviera acciones para garantizar vida y seguridad de los ciudadanos argentinos presos en territorio trasandino; 
    c) que actuara ante los organismos internacionales para asegurar que el régimen militar chileno respetara la plena vigencia de los derechos humanos; 
    d) que levantara las restricciones del gobierno argentino que limitaban el goce de derechos a los exiliados políticos que estaban en y que llegaran a territorio argentino, extendiendo a todos sin distinción el derecho de asilo y garantizando a todos la residencia legal; y 
   
 e) que estructurara una política inmigratoria amplia, consecuente con la mejor tradición argentina.  
   
 Por su parte, los exiliados chilenos solicitaron a Perón su intervención personal para resolver el problema.  No obstante, el primer resultado concreto no provino ni del líder justicialista ni del gobierno de Lastiri sino de la Justicia. El 17 de octubre de 1973, el juez federal, Miguel Inchausti, hizo lugar al recurso de amparo interpuesto por 112 asilados chilenos alojados en el Hotel Internacional de Ezeiza, ordenando su libertad inmediata. Asimismo, Inchausti cuestionó al jefe de la Policía Federal, general Miguel A. Iñíguez, por privación ilegítima de la libertad. Pero este fallo judicial no fue obedecido por las autoridades de la Dirección de Migraciones, que haciendo caso omiso de lo dispuesto por el juez Inchausti, dieron un plazo de 24 horas a los asilados chilenos para abandonar el país.  
    A las dificultades de los asilados chilenos en la Argentina se sumaron las de sus compatriotas en la embajada argentina en Santiago, situación que motivó las investigaciones en la capital chilena de legisladores argentinos como el diputado por la APR, Héctor Sandler. El último denunció que de las 374 personas refugiadas en la embajada, 278 tenían el salvoconducto acordado con la Junta Militar chilena, pero no podían salir de Chile por la falta de autorización del gobierno argentino. Frente a estas acusaciones, el ministro del Interior Llambí negó que durante septiembre de 1973 se hubiera registrado algún caso de detención.  
    Entre los exiliados chilenos que llegaron a la Argentina huyendo del régimen de Pinochet se encontró el general Carlos Prats, quien contó con la protección de Perón y del ministro Gelbard, quienes no pudieron evitar que un año después fuera asesinado por un comando de la agencia de inteligencia chilena DINA, en coordinación con la Triple A y gente de la Policía Federal vinculada a López Rega..
    Durante la gestión de Perón, el problema de los residentes argentinos en Chile perseguidos por el régimen militar continuó siendo un serio problema, pero no tanto a nivel de gobiernos, pues Perón procuró un bajo perfil en todo tema que obstaculizase el acercamiento con el régimen del general Pinochet. Más bien el conflicto estalló entre los sectores de izquierda, la opinión pública y los legisladores argentinos y el régimen pinochetista. Los primeros repudiaron abiertamente la violación de la dictadura chilena a los derechos humanos de los residentes argentinos en Santiago, quienes eran detenidos e incluso fusilados sin juicio previo.  (En comunicaciones vía facebook recordábamos que por esos días en la Tierra del Fuego la Infantería de Marina fue apostada a lo largo del límite para impedir el paso de quienes escapaban del horror, recordando que en Porvenir hubo fusilados sin juicio previo)


 
    A pesar del rechazo expresado por los sectores anteriormente mencionados, en mayo de 1974 tuvo lugar un encuentro entre Perón y Pinochet en el aeropuerto de Morón. Este encuentro cumbre fue públicamente repudiado por manifestaciones organizadas por distintos sectores de la clase política argentina en diversos puntos del país, lo que provocó que el encuentro se hiciera en el marco de estrictas medidas de seguridad. Asimismo, varios legisladores presentaron proyectos en rechazo a la visita del dictador chileno.  Más allá de estas polémicas derivaciones internas, el resultado más importante del encuentro Perón-Pinochet fue la firma de una declaración conjunta sobre los derechos soberanos de ambos países en el continente antártico, acompañada de tres convenios sobre transporte marítimo, terrestre y cooperación científico-tecnológica bilateral, suscriptos por los cancilleres argentino y chileno, Alberto Juan Vignes y almirante Ismael Huerta Díaz. El documento referente a la Antártida enfatizaba el mutuo propósito de promover el desarrollo de una política armónica en el continente blanco, de conformidad con los términos del Tratado Antártico del 1º de diciembre de 1959 y de salvaguardar los respectivos intereses en el Polo Sur, especialmente en lo referente a la exploración y eventual explotación de los recursos naturales dentro de la zona establecida por el Tratado.  (las negritas son nuestras)


Agregamos esta fuente, de carácter oficial y ministerial como son estos escritos, para dar en alguna manera continuidad a lo intercambiado con Miguel Ángel Pintos vía facebook.



De todo esto se han cumplido cuarenta años..., y las omisiones son de tal naturaleza que ni fiera se menciona el día exacto.



Conversaciones con Ramón García.2. ¡Era un desierto!

A la transcripción que realizamos del diálogo inicial que tuvimos con Ramón, poco antes de volver a España, de donde había salido cuatro décadas antes, agregamos en reportaje existente en El Sureño, realizado por Miguel Elías Vázquez, y ahora una pieza de factura familiar y académica:

Se trata de los condensado por su nieta Silvana Andrea Zapata García, que es también mi ahijada, en su trabajo de fiscalización del Seminario de la Realidad Regional bajo el título Variables y constantes de la adaptación de los inmigrantes a Río Grande, esto cuatro años después de mi conversación.



Soy de España. Mi padre se llamaba Antonio García y mi mamá Balvina Abal, por eso yo llevo los dos apellidos. Éramos siete hermanos: Blas, Jesusa, Severina, Manuel, Pepe, yo y Antonio.

En España hacíamos vida de campo, trabajábamos las tierras, cosechábamos de todo: máiz, papas, cebollas. Algunas tierras eran nuestras y otras teníamos arrendadas, alquiladas. Aparte cuando fui grandecito entre los barcos. Yo ya conocía a la abuela. Nos conocíamos de chicos, cuando pasábamos por al lado, nos guiñábamos el ojo, ella tenía trencitas, bien largas, era linda. Éramos vecinos, bah, no éramos tan vecinos pero donde vivía ella yo tenía a mis abuelos. Yo viví con mis abuelos desde los cuatro años. Como ellos eran grandes y no tenían chicos, entonces me mandaron a mí, para los mandados, estuve como cuatro o cinco años. No me acuerdo pero creo que estuve hasta los doce-trece. Ahí me enfermé y fui al hospital, estuve mucho tiempo en el hospital. Fue en el tiempo de la revolución de España. El hospital estaba lleno de… invadido de soldados. Yo si a alguno le daban de alta o moría ocupaba el lugar de él. Me buscaban las monjitas, me buscaban la cama. Me daban cualquier cantidad de propinas. Yo tenía 14 años. Yo estaba enfermo del brazo, pero como era del brazo estaba de pie y podía, podía hacer algo siempre. Los soldados me tenían como la mascota. Me guardaban los postes para mí, me daban de todo. Yo siempre andaba rondando la puerta porque cuando iba una madre con el hijo a dejarlo en el hospital y lloraba, yo me le acercaba y lo traía para adentro. La madre cuando venía de visita me daba platita a mí, y me traía regalitos. Yo cuando dejaba a ese ya estaba en la puerta a ver si venía otro. Y los enfermos me daban plata a mí también, si ganaba plata ahí adentro que trabajando afuera. Me daban propinas por hacerle la cama, le hacía cualquier servicio que necesitaba. Si cuando venía mi mamá yo le daba plata siempre. Mucha gente me iba a ver, mi mamá, mis hermanas, las vecinas. Estuve bastante tiempo. Me tuvieron que abrir el brazo por ambos lados. Después salí y me iba a ver al tío para que me hiciera las curas porque había estado mucho tiempo en el hospital y sabía hacer curas, pero yo no quería que nadie me tocara el brazo así que me hacía las curas yo solo. Si me lo querían amputar al brazo y yo no los dejé.
A la Marina entré cuando tenía 18 años, tengo todavía la libreta de marino, de los barcos en donde anduve. Cuando me casé con la abuela tenía 24 años ya. Pero anduvimos muchos años antes, se hizo rogar tanto… Cuando nos casamos vivíamos con la mamá de ella. Yo iba de marino y cuando se trabajaba la tierra, trabajaba la tierra. Ella también trabajaba, trabajábamos juntos con la mamá de ella. Entonces trabajaba en un barco que era muy querido, cuando necesitaba pedía permiso y trabajaba a la par de ella. Pedíamos permiso. Porque no es solamente pescar, hay que juntar las redes, subirlas a tierra, hay que tirarlas a secar a la playa, con un carro, y después hay que ir a sacarlas a la tarde. Había mucha pobreza porque era el tiempo de la guerra, y después de la guerra. Cuando fue la guerra de España, la revolución fue cuando estaba, yo estaba en el hospital por eso había tantos milicos. Allá nunca me pasó lo que pasó acá; allá nos paraba la guardia civil, te preguntaban adonde ibas pero nunca me hicieron nada, no como acá que cuando fue la guerra de las Malvinas paraban a todo el mundo, y encima lo maltrataban todavía. Y después anduve embarcado hasta que vine acá.



Acá estaba el papá de Carmen. Antes vino la abuela con la hija, Miruca, vinieron dos años antes, en el 50, y nosotros en el 52. El papá hacía años que estaba acá. Si a la Carmen la dejo de un año y la Miruca nació después que vino él; estuvieron como veinte años o más separados, más de veinte años; se vino solo porque no tenía con qué traer nada. Si el laburo le gustaba poco. En el año 50, el papá trajo a su mujer y la Miruca. Y a nosotros también nos mandó el pasaje de acá; el pasaje con todas las cosas preparadas, con la carta de llamada y todo, para poder entrar en el país. Si yo vine con un contrato para trabajar con él, vine a trabajar con él, comprometiéndose a pagar la carta, a darme comida, casa y trabajo. Y si yo después de dos años quería irme para el pago de vuelta tenía la obligación de mandarme de vuelta.

El viaje fue largo. En barco, ahí nació Juan, a los dos días de salir de España. Mentimos porque si no no nos debajan embarcar… Nos dijeron que eran muchos días en alta mar, que podía morirse, que se yo. Yo le dije que podíamos esperar los papeles, que esperábamos que naciera el chico y después venía un barco, y listo nos veníamos. Bueno esperemos los papeles que después vamos a esperar el barco, pero una vez que tuve los papeles llegó el primer barco y listo, adentro. Si nosotros pensábamos que iba a llegar acá a la Argentina todavía… Y al otro, día debe ser con el balanceo del barco nació, por eso tiene tantos problemas Juan con la nacionalidad.

Tardamos 18 días en llegar de España a la Argentina. Pero 18 días, porque estuvimos 2 días atracados en Lisboa, fue donde nació Juan, atracados en el puerto de Lisboa, y después dos días en Río de Janeiro y dos días en Santos, y después un día en Montevideo. Nosotros nos quedábamos tranquilitos en el barco, tampoco te dejaban salir, tampoco del barco… Llegamos a Buenos Aires y ahí que me encontré con gente conocida de allá de España que nos estaba esperando, fuimos a parar a Gerli , allá donde estaba la hermana de la abuela Baldomina, Dina, y el marido, italiano, se llamaba Francisco. Ahí estuvimos diez días. Nos tuvimos que ir porque el tano estaba enfermo y yo me negué, no quise dar la sangre. Tuvimos que irnos de ahí porque se enojó el tano después por no darle la sangre. Después estuvimos en La Boca, estuvimos casi un mes en Buenos Aires. Y después vinimos embarcados para acá esperando que viniera un barco para el sur. El barco se llamaba José Menéndez, que traía carga para La Anónima, viste que La Anónima tiene por toda la Patagonia. Era un barco a vapor, primero atracamos en Camarones, a dejar carga, después en Puerto Madryn, que por lo menos hay puerto, a no, Camarones está antes que Madryn. Y después estuvimos una semana en Comodoro, una semana completa adentro del barco, y el barco en el mar. Porque la carga la mandaban en chatas para tierra, y como hubo mal tiempo no pudieron descargar en las chatas, que son unas lanchas, que van con la carga a tierra y descargan, y bueno no podían, así que pobre Juan! Cuando llegó acá ya era grande. Un mes tardamos desde Buenos Aires hasta acá. Después de la semana en Comodoro paramos en Puerto Deseado, hay estaba don Juan Muñiz que estaba en La Anónima de Deseado. Era amigo del abuelo. El sabía que veníamos porque era el despachante de los barcos, tenía la planilla de los barcos y de los pasajeros y de la cara, así que estaba en el muelle esperándonos. El papá de Carmen había ido a buscarnos a Buenos Aires, y quiso que le demos una sorpresa a don Juan. Esto fue en el año 52. Salimos de Buenos Aires el 9 de mayo para acá y llegamos en junio. Y de España salimos el 26 de marzo. Después, para completarla perdimos el pasaje para venir en avión de Gallegos para acá. Nos dijeron a una hora y cuando llegamos el avión ya estaba en Río Grande, claro. Había una escarcha de mil diablos, ¡un frío!  ¡una escarcha!  Pero no fue solamente nosotros, todos los que estábamos en el mismo hotel, nos pasó lo mismo, había varios. Había un deshielo de la gran siete. ¡Un barro!. Estaba Benedicto García, el papá del Toto García, estaba de chofer de Aerolíneas, con un ómnibus que tenía Aerolíneas, un micro, iba a buscar a la gente al avión. Todas las vecinas ya sabían que veníamos porque allá había una española, allá en la esquina de San Martín y Piedrabuena, ahí vivían unos españoles vecinos de nosotros de allá de España: Dóbalo que estaba en la policía, y al lado estaba Fernández, que también lo conocía de allá de España. Esa noche cenó Castaño con nosotros también, la noche que llegamos, que era amigo del abuelo del papá de Carmen. Fuimos a vivir a la casa de don Casimiro, mi suegro.

Río Grande era como para agarrar una mochila al hombro y mandarse a mudar, eso fue lo primero que pensé cuando lo vi. Era un desierto.


Con esto volvemos a nuestra conversación con el gallego:

-¿Con qué trabajito usted comenzó haciendo ahí. ¿Con su suegro, no? Para la estancia
-Si, primero con mi suegro.
-¿Qué camión tenía en aquel momento?
-Mira, primero habia el Ford 4. Tenia un Ford 4, que ese modelo, no se que seria, 32 no se cuanto…
-Histórico era, si.
-Pero no se quedaba en  ninguna parte ese camioncito, eh. Arrastraba por los caminos, por el barro, pero no se quedaba nunca.
-¿Y qué tonelaje tenia?
-Era de una tonelada y media. Pero lo poníamos 4, que se yo. Con ese cortábamos la leña en el patio. Levantaba una rueda en el aire, de atrás, y le pasábamos una polea, ponía en marcha y claro, al ponerle en marcha da vuelta la rueda y no…Entonces le pasábamos  una polea y el mandril que teníamos en el patio. Con eso cortábamos la leña ahí en el patio.
-¿Pero eso lo hacían ustedes de cancheros que eran nada más…o lo hacia mucha gente?
-No, no, si había que, había que arreglarse. No lo hacíamos nosotros solos, lo hacían otros. Tenían, me recuerdo que tenían, tenían en los palieres un engranaje, que engranaba en uno, en unos satélites, cuatro engranajes adentro. Cuando nos dimos cuenta ni los palieres, no habia ni un diente ché, eran como los viejos sin dientes.
-¿Y qué pasó con el camioncito ese?
-Ese después se te… ¿Te recuerdas cuando después Tito Ibarra se inició en el comercio? Ese se lo compró a mi suegro. En $25.000
-Pero eso seria por el año  ’50…’50 y tantos.
-Y ’50 y tantos, por el sesenta.
-Por ahí, cuando estaba donde está el hotel Ibarra ahora, ¿No?
-Adonde está el hotel de Ibarra, si…en el año ’60 y algo debió ser.
-¿Y ahí ya le perdieron el rastro al camioncito?
-Ese después lo, Tito se lo vendió a los Soto, que repartían la soda con el. ¿Te acuerdas?
-Si, ahora si, ahora lo ubico mucho mejor. ¿Era ese entonces?
-Claro, que repartía la Soda Soto con el, ese era.
-Y había que ser medio mecánico con esos camiones también ¿No?
- Otra que medio mecánicos. Tenía dos motores, resulta que cuando uno se embromaba uno ya estaba el otro. Tenía un motor que ese, la válvula la tenia a un costado, y adentro estaba trizado el bloque. Entonces se lo llevó a soldar por ahí, a los finado Pinola, seguía perdiendo agua igual. Y mi suegro calentó, lo ves ahí, lo calentó con un soplete, calentó bien el fierro con el estaño, lo soldó con estaño ahí adentro. Lo armó, nos cansamos de trabajar con él, se lo vendió a Tito Ibarra, se lo veía trabajar con Tito, Tito se lo vendió con ese motor todavía. Nunca más perdió nada, fijate vos.
-¿Cuál era el trabajo en las estancias básicamente? ¿Qué era lo que se hacía? Porque se trabajaba todo el año ¿No?
-Bueno, las estancias eran, como, después ya…después ya vinieron otros camioncitos más grandes ya… En ese tiempo se bajaba la lana acá.
-En el puerto…
-Había años que estábamos  como dos, tres meses bajando la lana. Se bajaba la lana de San Julio, de “Flamenco”, de María Behety…
-Si, ¿Antes que se sacara para Ushuaia?
-Claro
-¿Hasta que año fue eso más o menos?
-¿Te recuerdas que hasta allá la punta…de este lado donde…?
-Si, si. Triviño.
-Eso.

Así lo conocí a Ramón, en el aquí para allá del trabajo con las estancias. Llegaba el fin de semana y la familia quería salir de picnic, y Ramón rezongaba: -¡Para que quiero ir al campo si yo estoy en el campo todos los días". La cosa cambiaría al llegar la chacra...




















TRÍPTICA NACIONAL.LENGUA.16. La educación de los niños.

Dijo Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”

La lectura es importante para el desarrollo intelectual de la persona, pues desarrolla como ninguna otra actividad la imaginación y la creatividad, además de ser una incomparable fuente de cultura que aumenta la capacidad de memoria y de concentración.
La lectura en los niños beneficia particularmente su rendimiento escolar, ya que a un niño que posee éste hábito le es más fácil y natural tomar un libro para estudiar o investigar que a aquel que no está acostumbrado a ellos.
La lectura despierta en los niños una enorme curiosidad que es fundamental para su aprendizaje, además ayuda al niño a cometer menos errores ortográficos en sus trabajos.
Un niño que lee se distingue de los demás por la facilidad que tiene para expresarse. La lectura le da seguridad y por lo tanto se eleva su autoestima.
Una vez que se ejercita la lectura periódicamente, ésta pasa a ser parte de la vida del individuo en forma natural y se convierte en un hábito que, una vez experimentado, difícilmente se puede dejar.
Dejar a los niños elegir el libro que les es más atractivo fomenta en ellos un interés por acercarse a la lectura. Pero lo que definitivamente más acerca a un niño a los libros son sus propios padres. El hijo de padres lectores por lo general se convierte en un buen lector.
Para ello, es necesario que tu hijo te vea, siempre que sea posible, con un libro en la mano. Los niños sentirán más interés por leer un libro si ven que este hábito está presente en su entorno. Piensa que a los niños les encanta imitar. Que es su forma de aprender. Si ellos notan que a sus padres les gusta leer y que tratan los libros con cuidado y respeto, ellos probablemente, harán lo mismo.
Saber leer es un privilegio, tener el hábito de la lectura es, además, una bendición. Quien quiere superarse personal y profesionalmente debe hacer de la lectura constante su mejor aliado.