Musiqueros. Programa de divulgación de la música popular que condujeran Leda Ivana Soto y Walter Buscemi, a modo de colaborador. Con su inefable humor el Walter hacía imaginar que se transmitía desde FM El Charco.
Mañana se cumplen cuatro décadas del regreso de Argentina a
la democracia. El 30 de agosto de 1983 los comicios generales habían consagrado
en la primera magistratura nacional al radical Raúl Alfonsín. Día de múltiples
definiciones. En lo domestico se elegían autoridades municipales, entre ellas
el Concejo Deliberante del que tuve el honor de formar parte.
Llegamos a ese 10 de diciembre dos peronistas, dos radicales
y un vecinalista.
En la primera bancada me encontraba con el compañero Sergio
Barrientos, hombre de dilatada trayectoria que había sido edil en el período
democrático anterior. Juraron también los alfonsinistas Marta Mondino y Enzo
Filosa, este último era suplente reemplazando a Roberto Campanella que había
desistido de ocupar su banca para integrar el gabinete territorial. El vecinalista
era Osvaldo Pagano, que lideraba la alianza gestada a partir de la llamada
Agrupación Vecinal.
En las fotos podrán encontrarnos a todos. Ya éramos parte de
un Río Grande plural. La concejal nacida en Suecia. Los concejales se repartían
entre el que vino de Italia, el chaqueño y un santacruceño, que fui yo, el que
queda como sobreviviente de aquellos
protagonistas. Pero había un fueguino que juraría como Presidente del
Concejo: Sergio, nacido en Porvenir.
Terminado de conformarse las autoridades deliberativas se
tomaría juramento a un primer fueguino que llegaba a ser elegido intendente de
nuestra ciudad: Esteban Martínez, que sigue ostentando esa situación exclusiva.
Era además el primer peronista.
Estábamos en el Salón de Usos Múltiples del Hotel Los Yaganes.
En el otoño de 1974 me encontré en Buenos
Aires con Don Roberto Wilson. Acostumbraba a viajar allí cada tanto, vivía muy
cerca: en
¡De tanto hablamos y de tanto callamos en
aquella tarde! Yo le mostré el ejemplar de Cabo de Hornos, de Félix Riesling
que venía leyendo despaciosamente en mis ferroviajes. Él lamentó no poseerlo en
su biblioteca pero confiado en su estrella anotó los datos en el borde del
diario con que se flagelaba sus nervios. Yo le confíe que bajo
Después pasamos a la órbita de nuestros
recuerdos, los pocos que pueden tener en común un muchacho de 21 y un hombre de
52.., me dijo que era cierto aquello que se decía del Padre Forgacz , del cual
ambos habíamos sido alumnos, él era Intendente y su maestro padecía la
enfermedad que lo llevaría a la muerte,
cada tardecita pasaba a visitarlo, compartía algunas palabras y entregaba, sin
mayores palabras, una botella de buen vino que escondía entre su formal
vestimenta.. ¿Quién podía sospechar del
funcionario? ¡A él no lo iban a revisar.. y a un moribundo no se le puede negar
un pequeño placer mundano! Fue entonces cuando el momento de llamar al mozo
para que despachara una inesperada botella. Don Roberto me confió su
enfermedad: padecía hidatidosis.
Don Roberto Wilson nació, igual que yo, en Río
Gallegos, eso fue un 3 de marzo de 1922: en esta semana cumpliría 70 años.
Aquella vez en que me pagó un almuerzo de
primera poco podía hacer por él como no sea escucharlo, hoy le devuelvo su
oportuna generosidad con el recuerdo que se merece.
Lo había conocido en
Yo no sabía bien lo que era
Si anduvo por el Británico primero, después en
el Castex conoció el cuchillo que se llevó su quiste hepático. Pero de eso me
enteré mucho más tarde, ya en Río Grande, cuando un problema de salud de mi
madre me devolvió al pueblo y asistía cotidianamente al hospital para
acompañarla. Allí en un pasillo lo encontré conversando con Pancho Mora, que
entonces era el administrador del nosocomio: me preguntó por mamá –en aquel
tiempo todos conocíamos la historia de todos- y me invitó a que pasara por su
oficina.
Cuando lo hice puso de inmediato en mis manos
Sobre
Mi afán siguió por los caminos del ayer.
Wilson estaba siempre cerca para cuando se lo requería. De tanto en tanto mi
colección creció casi por sobre la suya, ya había dejado de ser un estudiante
para ser un educador. Cuando tenía algo nuevo, un recorte, una referencia, una
duda, zarpaba de la radio rumbo a su casa. Cuando él andaba en lo suyo... me
llamaba por teléfono. Fue así que después de una de sus ausencias lo esperé con
el parte de Prefectura sobre la muerte de Garibaldi, objeto en común de nuestro
interés por lo nuestro...
En algún momento se sistematizara el estudio
del ayer y entonces aparecerá para uso de los escolares un conjunto de
referencias en las que Roberto Wilson será además de lo dicho, o pro sobre
ello, el segundo Intendente del pueblo; ese que llegó por
Cuando una enfermedad cruel y extraña lo fue
secando, yo ya no lo pude ver. Andaba por Buenos Aires esperando un
providencial paso adelante en la ciencia que lo mantuviera vivo. Su exposición
seguía en manos de las hijas, de tanto en tanto alguien se propasaba en la
confianza y los libros perdían en el filo de una Gillette las fotos más
preciadas, de tanto en tanto su mundo de papel comenzaba a sentirse solo.
Le obsequiaron con un aparato telefónico que
se activaba con la voz, y él que ya no podía usar sus brazos contestaba mis
saludos a la distancia, y también mi tramposa curiosidad que un día me llevó a
grabarlo. No necesité volver a escucharlo para traerlo a estás páginas de
domingo.
Me contaba entonces que su sobrino, el hijo de
Tito Wilson que tanto mérito hiciera en Gallegos por el deporte de esa ciudad,
estaba en aquel tiempo estudiando sistemas en
En la foto Roberto Wilson bailando con Iris del Carmen Oyarzún, quien sería la mamá de Pamela, una reina de aquel entonces.
Casi todos los días, al pasar barranca abajo
por la calle Fagnano al 700 dos recuerdos asaltan mi memoria: el más profuso en
emociones que se vincula con el 777 de esa calle adonde –al fondo y
arriba-estaba mi casa, y el otro –pródigo de respeto- se dirige a la memoria de
El busto que la recuerda señala que nació el 9
de julio de 1904, y que dejó este mundo el 4 de junio de 1988.
Su menuda presencia en el piano, o el órgano
eléctrico de
El día de Santa Escolástica me crucé con la
hermana directora, aquella que fue mi compañera en la tarea docente cuando
inició su sección secundaria “el colegio de las monjas”; le pregunté si podía
encontrar en
Quedó en ver si se habían salvado de unas
cintas “Geloso” que pasaron a mejor vida. La hermana me contó que Santa
Escolástica no se había compadecido de ella, y que sobre que llovía en su
salida de mediatarde había tropezado y caído en un charco. Y yo le quise
preguntar si siempre escucha por la radio la música clásica, ahora que no la
difundimos tan tarde. Y ella quién sabe si recordó que fui entonces el primer y
único profesor varón y laico que tuvo el “liceo de señoritas” de nuestro
pueblo.
No dudo que habrá preguntas y respuestas,
silencios y aseveraciones, en tantos rincones de este pueblo que se siente
emparentados con
Locutor: Hay muchas fechas que pasan
inadvertidas en el almanaque. Quien sabe por qué, a algunas no les dimos la
real trascendencia que han tenido.
El 3 de marzo de 1978 hemos tenido la suerte,
todos los riograndenses, de gozar por tres décadas prácticamente
ininterrumpidas, de un trabajo constante; el de la religiosa educadora, hermana
Berta Weber.
Llegó un día 3 de marzo, hace ya mucho tiempo,
en 1948, y desde entonces dedicó todos sus esfuerzos, sin tomarse descanso, a
la formación de nuestras niñas, de nuestras jóvenes, en el Colegio María
Auxiliadora.
Es por eso que acercamos los micrófonos de
Radio Nacional para que Usted, hermana Berta, nos cuente hoy algo de aquellos
días un tanto remotos, pero sin duda aún muy vivos en su corazón, de sus
primeras experiencias apostólicas en Río Grande.
Hermana Berta: Es una historia sencilla. Vine
en avión. El aterrizaje fue en CAP, como oficina de control había un ranchito.
Yo era la única pasajera, y el señor Fadul me condujo al pueblo. Las hermanas
vivían provisoriamente en
L: Muchos de estos acontecimientos quizá
desconocidos para los actuales pobladores de Río Grande, deben de haber
significado –en su momento- un paso enorme para los viejos vecinos de nuestra
ciudad. Pero antes que todo esto aconteciera, hacía ya mucho tiempo que la
hermana Berta había dejado su Alemania natal. ¿Podía decirnos en que otros
lugares de nuestro continente, de nuestro país, ofrendó su trabajo antes de
llegar a Río Grande?
HB: Primero, en las Islas Malvinas; luego, en
Punta Arenas, y también seis años en San Julián.
L:¿Cuántos años estuvo en
HB: Once años.
L: Vale decir que ha repartido buena parte de
su misión como religiosa y educadora entre nuestra Tierra del Fuego, con sus
treinta años de residencia, y también en las Islas Malvinas, por que once años
es un período bastante largo. ¿Cuál era su labor en las Malvinas?
HB: Daba clases de catecismo y labores.
L: ¿Existía alguna otra institución religiosa,
algún otro colegio?
HB: Únicamente nuestro Colegio. Éramos cinco
hermanas, y teníamos escuela primaria.
L: ¿Recuerda el nombre de aquellas Hermanas’
HB: Era directora la hermana María Ussher, que
permaneció treinta y tres años; también la hermana Maria Rodas que quizás
alguna persona de Río grande la recuerde, ya que ella trabajó en
L: Entonces, cuando usted llegó a Río Grande,
HB: Atendíamos también a niños.
L: ¿Cuál es su ocupación actual, hermana
Berta, luego de tantos años de responsabilidades y entrega?
HB: Doy clases de inglés a las alumnas de
sexto y séptimo grado, enseño dactilografía, y realizo cualquier otro trabajo
que se me ofrece en
L: ¿Cuál ha sido su mayor satisfacción en
estos treinta años de permanencia entre nosotros?
HB: El maravilloso crecimiento de estas
apartadas poblaciones –que es visible en sus adelantos materiales; pero dudo
que han crecido en su acervo espiritual-, y el haber sido instrumento en las
manos de Dios misericordioso y de nuestra Auxiliadora para que sus nombres y su
acción salvadora llegaran al rincón más austral de esta hermosa patria, para la
salvación de las almas.
L: Es el propósito que la ha mantenido atada a
nuestra tierra por treinta años. Y el pasado 3 de marzo marcó sólo un hito en
el calendario de una labor que se multiplica todos los días. Una labor que
nació en 1948 para nosotros, los fueguinos, y que se ha continuado en beneficio
de niños y niñas de la comunidad toda. Ese trabajo sumamente expansivo que
significa educar, transmitir la verdad de Cristo ha estado en las manos de la
hermana Berta Weber por un tiempo sumamente prolongado en nuestra Tierra del
Fuego. Hermana Berta.¡Muchísimas gracias
por sus treinta años de trabajo entre nosotros!
H.B: ¡Río Grande se lo merece!
LA FOTO nos muestra a la hermana Berta ante el armonio, en una ceremonia en la capilla de la Candelaria en Río Grande.
La hermana falleció en Buenos Aires el 4 de junio de 1988.
Para caminar sobre la memoria de los orígenes del Cine en Rio Grande incluimos en esta publicación copia de un envío realizado desde la "capital del petróleo" por la firma de Roque González, allí Manuel Arias recibe películas para ser proyectadas en nuestra localidad existiendo una solicitud de envío posterior a Río Gallegos, de donde podemos concluir que los fueguinos nos adelantabamos en los estrenos con respecto a los santacruceños. Se remiten programas, afiches y carbones para el funcionamiento de los proyectores.
Este que Esteban Gómez había encabezado un
motín y la nave ya retornaba a España sin que lo supiera el almirante.
Ante la incertidumbre sobre el destino de la
embarcación, Magallanes requirió de los servicios del astrólogo de la
expedición: Andrés de San Martín, quien predijo luego de consultar las
estrellas “que la nave había huido a España llevando a su capitán encadenado”.
Dando por ciertos estos datos Magallanes
consideró que la expedición debía seguir adelante con la San Antonio.
El creía que lo dicho por el Astrólogo era
cierto, y era cierto en verdad. Se labraron las actas respectivas, y se incluyó
en la bitácora los dichos de San Martín, cosa que era entonces aceptada como
verdad –el vaticinio de un astrólogo oficial- por las fórmulas de
navegación, en la muy católica España de
la conquista y la inquisición.