El Reverendo Georges Pakenham Despard arriba a la Tierra del Fuego y entra en
contacto con los canoeros fueguinos, dando de los mismos una muy buena
impresión.
“Ahora podemos decir, que durante la
permanencia nuestra de cuatro semana entre
los fueguinos, no hubo ninguna brecha en nuestra amistad, y salvo en algunos caso
antes mencionados, ningún caso de falta de honradez. Nos hemos movido entre
ellos, a veces hasta 170 de nosotros, sin miedo ni vacilación. Nos hemos internado
en el bosque solitariamente, o de a dos, acompañados por cuatro o cinco de ellos.
Hemos dejado nuestro bote solo durante horas con sólo "el cocinero" a bordo, y no
hemos tenido ninguna razón de lamentar nuestra confianza. Seria innecesario
decir, que nunca llevamos arma alguna con nosotros a tierra para nuestra defensa. Sus hábitos nos han resultado repulsivos, y su ignorancia nos ha dado mucha pena, aunque intentamos reformarlos, pero no siempre con éxito”.
los fueguinos, no hubo ninguna brecha en nuestra amistad, y salvo en algunos caso
antes mencionados, ningún caso de falta de honradez. Nos hemos movido entre
ellos, a veces hasta 170 de nosotros, sin miedo ni vacilación. Nos hemos internado
en el bosque solitariamente, o de a dos, acompañados por cuatro o cinco de ellos.
Hemos dejado nuestro bote solo durante horas con sólo "el cocinero" a bordo, y no
hemos tenido ninguna razón de lamentar nuestra confianza. Seria innecesario
decir, que nunca llevamos arma alguna con nosotros a tierra para nuestra defensa. Sus hábitos nos han resultado repulsivos, y su ignorancia nos ha dado mucha pena, aunque intentamos reformarlos, pero no siempre con éxito”.
Pareciera que se estuviera por cumplir los
sueños de Allen Gardiner. Es el primero de enero de 1859.
