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DE INAUGURACIONES e inauguradores.


Una lectura sobre la publicación del diario La Nación que nos remonta al nacimiento del Museo Territorial, con la ponderación de entonces -situación que hoy por hoy sigue vigente- de presentarlo como el más austral.

Y las circunstancias donde el inaugurador es más importante que lo inaugurado.

La actual presentación viene acompañada de una invitación a visitar un posteo

anterior http://mensajerodelrio.blogspot.com.ar/2015/05/18-de-mayo-de-1979-se-inaugura-el-museo.html

Para quien tenga flojera en el hacerlo le colocamos aquí en comentario que sobre el particular insertara Hernán Genovese, donde se hace referencia al mentado impulsor de esta iniciativa:

Qué interesantes documentos ... Sumo a tu informe algunos pasajes de una entrevista que Oscar Zanola concediera oportunamente para la publicación del libro “Tierra del Fuego. Una Biografía del Fin del Mundo” (la entrevista se titula “Oscar Zanola. Director del Museo del Fin del Mundo”):

“Me escapé por una ventana y me fui a caminar el mundo. Nací en Rama Caída, San Rafael, Mendoza, en 1943. A los 14 años, mi rebeldía me llevó a irme de mi casa porque mi madre había fallecido y con mi padre no tenía buen trato”.

Luego de pasar por varias ciudades, Zanora llegó a La Pampa: “(...) allí mi cuñado, que tenía mi patria potestad, decidió que me incorporara en la Infantería de Marina”.

“Llegué muy joven a Tierra del Fuego. Tenía 16 años. Pasé casi un año en lo que era la Compañía de Disciplina. Recuerdo que bajé en tierra fueguina y vi la montaña – que está asociada a parte de mi niñez, a donde yo nací – y dije: ‘este es mi lugar’.

De Infantería me trasladaron a Prefectura Naval. Estuve en la Isla Gable, en el Destacamento Mackinlay, como custodio de todo el tránsito de la navegación, para hacer avistajes. Tenía diecisiete años. Soy el único que estuve un año y tres meses solo en esa isla. Luego entré a trabajar por primera vez en el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Durante este tiempo, organicé el grupo de exploradores fueguinos. Cada grupo tenía un nombre indígena de Tierra del Fuego: estaba el grupo selk’nam, el grupo haush y el grupo yámana. El trabajo de los exploradores era juntar material para formar un museo. Íbamos a cavar distintos sitios arqueológicos; mientras tanto, yo compraba libros con mi sueldo. Llegué a tener 350 libros, que fueron el primer capital del museo, porque quería que tuviese una biblioteca.

Así nació la “Asociación pro conocimiento y conservación del patrimonio histórico-cultural de Tierra del Fuego” y empezamos a luchar por tener este edificio, que hoy guarda el tesoro de los fueguinos. Yo quedé al frente del Museo del Fin del Mundo, donde ahora uno puede leer en su biblioteca, ver una película en el idioma en que a uno le interese o comprar un libro” (Iparraguirre, Silvia; Von der Fecht, Florian; Manela, Sergio; Soria, Guillermo: “Tierra del Fuego. Una Biografía del Fin del Mundo”, Editorial El Ateneo, 1º Edición, 2000).


Un abrazo Mingo!
Hernán (Bs. As.).-