En medio de sus múltiples actividades, entre las que figuran las del corazón, tiene su tiempo para la creación culinaria.
Y así como el amor parece consolidarse por el estómago, el apetito se acrecienta por los ojos.
Dejamos todo librado a la imaginación de nuestros espectadores, y lamentamos no estar cerca de estas realizaciones de un verdadero “Cachorro de Hecatónquiro”.
Cancato:

Centollitas:

Mariscal magallánico: