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Pagando las cuentas..



Mi padre reunió en vida, al menos en su última residencia en Río Grande, toda la documentación personal y de la casa en tres biblioratos.

Por fuera de ella y en varias cajas de zapatos –yo con el tiempo acomodé todo en cajas de archivo- los papeles que no tenían ya más vigencia, pero que convenía guardar: entre ellos la sucesión de recibos por pagos de servicios.

Toda esta documentación generada en un hogar de Río Grande entre los años 60 y 70 me ha sido de particular importancia para analizar algunas situaciones que se vivían por entonces.

Pero cuando yo creía que todo estaba bajo control apareció dentro de un libro, en el nuevo ordenamiento que está haciendo mi hijo Marcial de nuestra biblioteca, en conjunto de recibos por el servicio de la Usina, en días en que esta se encontraba administrada por Don Esteban Martínez Martos.

Es uno de estos el que ilustra la presente entrega.

De entrada pude ver fechas y referencias inmediatas, el nombre de mi madre; Margarita de Gutiérrez y el dueño de la empresa con el sello adicional de la Municipalidad.

Son en total seis recibos sobre pagos trimestrales, los cuatro primeros por $ 105, y los dos últimos por $ 178, 75.

El pago inicial correspondía al trimestre de enero a marzo de 1965, y el último está sobre la fecha de pago de todos ellos (que sumarían $588,75), el 4 de julio de 1966.

Al parecer correspondería a tributos de alumbrado público, puesto que se consigna el frente del terreno (de 12,50 metros), dándose valor de referencia en $ 2,30 el metro.

El solar en cuestión, que aparece identificado con letra verde por mi padre como Solar Mare- es el situado en la manzana 78, 8 ½ sobre la calle 25 de mayo S/N.

Hasta esos días, en que mi madre se alejaría a Buenos Aires, para ser operada de bocio (por entonces no existía la palabra derivación) teníamos nuestra casa en Fagnano 777, solar donde existía una mejora que se había comprado a Caruso Roberts, firmando luego mi madre –en un  momento en que papá estaba enfermo- un compromiso de pago mensual que se había podido pagar en tiempo y forma. Se había alejado la posibilidad de hacernos dueños de ese lugar, y entonces se buscó un sitio donde llevar nuestra casa.

En una gestión realizada en la oficina de Tierras, al frente de la cual se encontraba Niní Cobián se obtuvo el solar de 25 de mayo, a la vez que mi tía Francisca Martínovich de Vásquez obtenía otro en Obligado 519.

El cambio de gobierno trajo otro funcionario menos indulgente que Niní, y con ello al salir con la casa a la rastra –de esto tengo hecha una referencia más romántica- aparecimos en este domicilio donde hoy está mi casa.

No voy a entrar en mayores detalles pero si advertirles que la gran mayoría de las historias ligadas a la propiedad de la tierra en nuestro pueblo tienen interesantes coloridos.

El terreno sobre el cual se pagaban tributos seguía estando en los sueños de mamá, de que algún día se podía construir algo allí.


En algún momento la conmovió saber que en el mismo se había hecho una entrega de juguetes, un día de los Reyes Magos.