Don José Rosa Aguilar Chacón “..he tenido la suerte de ser siempre bien visto por mi trabajo”


Con don José, con El Torero, nos sentamos a conversar una mañana. Nos acomodamos en un rincón de la cocina en la casa de su hija Maruja, allá por la calle Patagonia, en Chacra 2. Era la primera vez que hacía una entrevista a un antiguo poblador en esa barriada. Es que Aguilar no tenía casa propia, la vida no se le había prestado para esos logros. Y invierno de 1987 él tomo la iniciativa en las palabras..

-Acá había muchos casos, que a veces a uno lo hacían hablar y coloquear, y después le hacían una nota o algo y después le venía la deuda que tenia que pagarle pues.
-No, en todo caso tendría que pagarle yo, porque usted, va a ser la estrella del espectáculo…Don José Aguilar… ¿Ese es su nombre completo?
- Sí, José Rosa Aguilar Chacón.
-Usted en el mes de octubre va a cumplir 56 años en Tierra del Fuego… ¿Cuántos años tenía cuando llegó?
-No tenía los 16 años cumplidos todavía.
-Era un muchachito entonces.
-Era un mocoso sino, pero yo ya sabía de trabajo y todo eso y llegué allá y tuve suerte y me puse a la par de cualquier hombre grande a trabajar, oiga. Y siempre fui querido de todos los amigos, de los años que estoy no sé que es tener enemigos. Todo ha sido bien eso, he tenido suerte, todos han sido muy buenos amigos he tenido. En todas partes. Trabajé como, a ver…del ’31 hasta el ’35 en Policarpo, pero siempre con buenos amigos, todos son…el capataz, el patrón, todos son, muy bien. Y de ahí todos esos donde he trabajado, todos son buenos amigos…
-Entonces vamos a conversar con la gente de Radio Nacional don José, como buenos amigos y vamos a recordar, a ver si usted nos quiere decir, cuáles fueron los motivos, para que un mocoso como decía usted, de 16 años, decidiera venir a Tierra del Fuego, y de donde venía usted.
-Yo venía de Chile, de la parte de Chiloé, pero usted sabe que en esos años venía poca gente acá, y a veces llegaban muchachos más o menos ya de 20, 25 años que venían…y entonces charlaban esto y lo otro y bueno, yo decía: Pucha, y estos como van allá y yo no puedo ir, si yo soy hombre igual. Y mi finado padre trabajó en el año ’10 me parece por acá, en esta zona, el más antiguo, cuando recién empezaron estos acá y cuando yo le dije: --Papá, yo tengo que ir para Tierra del Fuego, dijo: Hijo, no te vayas porque esto es así o asá, esto y esto…
-¿Le hacía mala propaganda?
-Claro, porque en esos años ya no… ¿Cómo diría?...quedaba la mitad de la gente sin trabajo…”Y allá se sufre”. Y yo le digo: No, no, ¿Y los otros como van y no vuelven y yo no puedo hacer lo mismo? Así que me voy.
-¿Cómo se llamaba su papá?
-Enrique Aguilar.
-¿Y usted sabe en que lugar trabajó él acá en Tierra del Fuego?
-Trabajó acá en la estancia Viamonte, trabajó muchos años…trabajó acá en esa, ahí, mi querido finado padre, ahí en esa. En esos años, ahí, había gente en la estancia Viamonte que, gente que ganaba 25 pesos, de ahí pa’ arriba. Y era la única estancia que recibía cualesquier persona, ellos no les interesaba el rendimiento del trabajo. Lo tenían. Y mi finado padre le pagaban ciento veinte pesos allí, pero él trabajaba por ese sueldo, trabajaba treinta días, no esperaba campana. Desde que aclaraba el día hasta oscurecía. Y ahí ganaba ese sueldo.

-¿Con don Guillermo Bridges estaría?
-Sí. Bueno, después vine a trabajar ahí…
-¿Usted mismo también trabajó ahí?
-Sí.
-¿Y había gente que lo recordaba a su padre?
-Síiii…cuando llegué a trabajar, ahí, yo cuando vine, llegué, fui en la tarde a pedir alojamiento. Entonces vi a un hombre con esa ropa de Chiloé, no sé si usted conoce eso, el tractor por acá, pantalón y jersey todo eso. y buen tamango Estaba trabajando unas correas y todo eso cuando iba llegando, pegó una mirada y dijo que quería, y yo le digo si me dan alojamiento y Fernández dice, bueno, ate su caballo ahí, no, ninguno le va a decir pa’ agarrar su caballo, no, y después le hago un cachito de carne para comer, tenía su casita. Entonces viene el hombre, viene y me saluda, y yo me quedé sorprendido y me dice:-¿Y, mi amigo? Yo le digo quedó allá en la casa. ¿No viene?, porque lo esperaban. Yo le digo no, no. Así que yo nunca creí que era el patrón, en verle la pinta de él porque…yo estoy bien vestido, pero verle la pinta nunca creía. Me dice: Bueno amigo, yo soy muy amigo acá de los patrones y todo eso. No ate el caballo, yo traía un lindo caballo que me había pasado mi tío en Chile. Lárguelo en ese potrero.

Y ahí me ofreció trabajo en seguida, pero no trabajé porque tenía que ir a buscar un caballo que había dejado mi padre por acá, por la…donde justo, donde trabaja “La estrella”, ahí estaba el caballo y ahí quedé trabajando. Me gustó eso ahí, en esos años…
-O sea que la gente era leal, porque hoy vaya a dejar a lo mejor un caballo un tiempo, cuando vuelve no lo encuentra ni en mortadela.
-No, no, no, no. Pero hoy, oiga, mire en esos años, la gente no es como hoy en día. No, en esos años había mucho compañerismo, mucho todo. No es como hoy día que hay un egoísmo en todo. En esos años mire que la gente, usted veía quince, veinte personas de a pie, porque no se podía conseguir caballo, pocos eran los que andaban de a caballo, los veía de a pie, y donde ya corría a nombrar que se iba a recibir un trabajador o dos, se juntaban cincuenta, sesenta personas ahí, hombres, para ver si quien lo cazaba, llegaba el patrón, el administrador, el capataz, miraba. No hay trabajo para ninguno, salían nomas algunos…
- Y eran duros esos viajes, no. Porque de Chiloé habrá salido en barco usted.
-En barco, sí.
-¿Se acuerda el nombre del barco?
-Vine en el Alejandro…Alejandro había un barco que era de los Menéndez, ahí vine. Ahí, con el pasaje, era doscientos con veinte centavos, doscientos pesos con veinte centavos, en esos años.



-¿Era un vapor aquél, no?
-Claro, sí. Pero venía bien seguro. Ese barco dos días y medio a tres, hacia ya de allá de Castro a Punta Arenas y de ahí se cambiaba acá a Tierra del Fuego.
-Por suerte ustedes allá, eran medio marinos allá ¿No? Porque hay que aguantar la travesía.
-Sí, no, pero uno se acostumbra de chico allá. Como le digo, nací en Chiloé y ahí acostumbraba de chico a andar en bote y todo eso, así que uno no…no le hace nada eso.
-No le tenía miedo.
-No.
-Usted me dijo que el primer establecimiento en el cual estuvo trabajando se llamaba “La estrella” y era de un hermano de Esteban Piñero. ¿Cómo fue que llegó a trabajar ahí?
-Bueno, en busca del caballo que dejó mi padre. Me dijeron que ahí estaba, que lo tenía un muchacho que estaba ahí, así que ahí llegué yo. Y ahí trabajé., la primera estancia que trabajé esa. Pero eso fue en el año ’30.
-Mire que habían pasado años también, desde que había estado su padre.
-Sí, ya en esos años como le digo, todo eso. Pero estaba, lo tenía un buen muchacho, un buen amigo. Y como le digo, después trabajé un tiempo y después ya en mayo, o como en abril quedé ya sin trabajo. En ese tiempo andaba, como le digo yo ahí, está un puesto de San Pablo, Puesto García, un matrimonio, un paisano de allá mismo. Estaba ahí, era conocido con el capataz, un tal Guerrero.  Entonces le digo: Este muchacho  quisiera trabajar y le voy a decir que venga a trabajar porque hacen falta dos hombres en Policarpo.


-A todo esto me tiene que contar, porque aquel año treinta fue un año muy duro, con muchas nevadas y a Piñero  no le fue muy bien con su estancia, ¿no?
-Claro, mire, no le digo que de las tres mil ovejas le quedaron ciento cincuenta. Eso fue bravo, ese año. Y después otra nevada grande  también fue en el ’37. En esos años no sé si usted estaba acá…
-No, yo nací el ’53, pero en casa hay fotos de las nevadas del ’55, que también fueron grandes, ¿No?
-Ah, sí, eso fue ayer nomás. Claro, sí…
-Don José: ¿Y cómo fue que le toca ir a trabajar allá, bueno, un poco suerte conseguir trabajo en aquellos años, a Policarpo, un lugar que estaba tan aislado?
-Oiga, pero para mí fue una suerte. Porque ya le digo, en vez toda esa gente que andaba así de pie y todo eso, porque en esos años, en mayo, como el 25 de abril, ya había que arrear caballo, no es como hoy día, si hoy día acá no hay invierno. Y en mayo ya había casi un pie de nieve. Y usted sabe esa gente que uno lo veía de a pie andar, a veces sin zapato ni nada, a veces con los zapatos atados con cáñamo, y a veces tamango.
-¿Qué es un tamango?
-Un tamango es un cuero, que muchos lo hacen sí, que son de guanaco, del garrón del guanaco y vio, de la pata…
-¿O sea como usaban los indios, no?
-Claro.-
-Y andando por Viamonte, usted se habrá encontrado con más de un indio, porque trabajaban en esa estancia, ¿No?
-Sí, si. En esos años había mucha paisanada. Usted sabe cuando yo estaba ahí en Policarpo, a veces solían caer diez, doce, hasta veinte indios con las mujeres, se iban para allá, para Cabo San Diego, y dejaban las mujeres en el rancho. Estaba yo… y ahí, ahí quedaban, pero…buena gente, mientras que usted no moleste, todos estos y…se hacia buenos amigos. Lo único que usted tenía que tener cuidado, si alguno se quería enojar con uno, uno agarrar un hacha, cualesquier cosa y dale sin lástima en la cabeza, cosa que voltearlo, porque entonces era un flor de amigo, lo respetaban como a Dios, le hacían un círculo. Pero si usted se le acobardaba así, no…por ahí lo emboscaban en cualquier lado.
-O sea que no se podía ser sumiso.
-No, no, no, no. Eso sí, ahí si. Si usted veía alguno de ellos que, así, hacer eso. Entonces sí, ese es un buen amigo, respetado. Yo ahí, como digo, siempre tuve suerte. Después cuando me cambiaron fui a la hacienda vacuna. Ahí si recién al año veía a la gente de la estancia, el capataz y…el patrón casi nunca le voy a decir. En el año llegaban ahí recién cuando había que señalar la hacienda. Después lo de la playa, que yo a la cordillera. Eso me arreglaba solo, tenía nueve perros, trabajaba…ese lo llevaba a la cordillera. Y en mayo lo bajaban a la playa.
-Ahora dígame don José: Usted tenía un trabajo muy particular, que desarrolló tanto en “Estrella” como en Policarpo, que era trabajar la madera.
-Claro, sé trabajar a madera. Voltear y labrar. Usted sabe, ¿Se da cuenta de eso?



-        Hablemos primero de las herramientas que usaba, porque muchas de esaas ya ni se usan.
-        - El hacha para voltearlos…-Sí, y después la sierra esa que…
-¿Esa que se tira entre dos personas?
-Sí, esa era la herramienta.
-¿Para hacer las tablas’
-Sí. Para hacer las tablas, tirantes y todo eso. Todos estos…estantes que hay por acá, antiguos, son todos hechos así.
-Claro. Porque inicialmente cuando se puebla Río Grande, y más en esta zona que no había bosques ni nada, se tuvo que traer todo prácticamente de Punta Arenas, pero las estancias que estaban en el campo donde había bosques aprovechaban eso, ¿No?
-Claro, se aprovechaban ahí, si, en esos tiempos había cuadrillas y cuadrillas eso…haciendo justo la madera en invierno se trabajaba, porque es un trabajo que da mucho calor, todo eso.
-Usted debe haber sacado mucha musculatura ahí.
-Puf!, más que musculatura. Usted sabe lo que es hacer eso, a veces pasar el día dele ahí y…
-Vamos a recordar un poco a ver como eran esos días, don José. Por ejemplo vamos a recordar como sería un día suyo ahí en Policarpo. ¿A que hora se levantaba? Por ejemplo año 1931.
-Mire,  allí uno se levantaba a las seis, cinco y media, seis de la mañana. Era el horario, como todavía se acostumbra, sigue eso.
 -¿Y qué es lo primero que hacía?
-Y bueno, lo primero que hacía cuando ya me mandaba a alambrar un cerco, y ahí iba se cinchaba leña de a caballo. Según el tiempo también con una yunta de bueyes. Y hay un cordón, el cerro Policarpo, de ahí se sacaba la leña para abastecer la estancia ahí cerca, pero turbales, pura turba. Y a veces se aprovechaba el invierno cuando estaba escarchado un poco, para el verano, ahí. Todo eso.
-¿Y en aquella época se trabajaba en el bosque todo el año? No había controles como ahora, ¿No?
-No, no, no, no. En ese tiempo no. Yo ya le digo, ahí me tocó un año trabajar en la estancia, después me cambiaron a cuidar la hacienda vacuna.
-Ahora dígame don José, por ejemplo, por día: ¿Cuántos tablones de esos se fabricaban asi a sierra nomás, a serrucho?
Bueno, a veces cincuenta, sesenta, hasta cien piezas de madera se hacían. Tirantes se hacían más, si. En esos años.
-¿Y en aquel entonces esa producción era destinada nada más que a las necesidades que tenían, o se vendía algo también?
-No, no, de vender no, era eso todo para uso de la estancia que se hacia. Para venta no, no habia en esos años, no. Era todo uso de la estancia.
-Un lindo lugar Policarpo, ¿No?
-Lindo, lindo lugar. Usted sabe que ahí muy lindo…ahí, yo como digo me tocaba ese año que estaba en verano…recorría todo ese cordón arriba, turbales de la estancia, pa’ arriba, hasta bahía Tettis. Y esa estancia en esos años tenia como catorce, quince   mil ovejas, daba el rendimiento que da una oveja hoy día.




-Además la dificultad por ser zona de bosque…
-Claro, había ahí. Eran 15, 20 días que uno tenia que andar a pie, cuando venia el rodeo de la señalada, pa’ rejunta de animales, de ovejas, por todos eso cordones. Uno a veces salia a la mañana y llevaba un pedazo de pan,  bueno, con eso pasaba y se alojaba en el cordón, adonde terminaba el…o cerraba la noche, ahí alojaba uno. Y para orientarse usted, donde había un palo ladeado, prendía fuego, y el humo ya sabia que en esa altura estaba. Hay un cordón, doce horas de camino así de a pie y tenía que hacer uno, pero se acostumbra, se acostumbra…
-¿Qué se hacía con toda esa producción, con la lana? Se la sacaba de Policarpo por mar, ¿No?
-Sí, ahí la bahía Policarpo… ¿No conoce usted?
-No, no tengo la suerte de conocer.
-Ahí la Bahía Policarpo es linda, la bahía. Es linda. Claro que de lejos, veo como que no hay nada, angostita, pero por dentro se ensancha. Igual que allá la bahía Tettis. La bahía Tettis usted ve ahí parece que no hay nada, pero llego ahí, una parte un poco más ancho que acá Río Grande, pero dentro se destiende mucho. Puede entrar un barco grande, esconderse ahí, todo eso. Y ahí en Policarpo ha llegado a sacar la lana.
-¿Los barcos de los Menéndez?
-Claro, los Menéndez llevaban todo. Ahí en esos años se esquilaba a tijera.
-No me diga que también fue esquilador.
-Mira ahí practiqué un poco de esquilador a tijera, a veces de muchachón. Porque como no había gente, yo ahí me tocaba embretar, envellonar, hacer los vellones, y la prensa. Y yo…
por ahí me sobraba tiempo pa’ agarrar una tijera y esquilar una oveja.
-Que vida de trabajo, eh. Porque hasta ahora de lo único que hablamos con don José fue de trabajo. Parece que con el trabajo se divertía usted, ¿O había algo para divertirse acá en Río Grande?
-No, en esos años no habia nada, oiga. No se en que año cuando vine acá, pusieron una casa para diversión, pero eso fue como el año ‘34 por ahí.
-¿Dónde estaba esa casa?
-Y, de la Delegación, abajo.
-Donde esta el Banco Nación más o menos.
-Creo que sí, ahí estaba. Ha de ser esa casa.
-Pero deben haber hecho plata también en esa época, porque no esta más la casa, ya se deben de haber ido.
-No, ese, un tal González el hombre. Se echó a perder después, no, lo abandonó y así todo eso…Después sí, ahí el hombre se echó a perder y los hijos no supieron mantenerlo, asi que se perdió todo eso.
-Ahora dígame don José: ¿Se venia a veces a Río Grande?
-Sí, pero uno venia acá, pero no habia nada.
-Simplemente parar en un hotel, a veces traer algo del campo, traer los piños en otro momento.
-Sí, eso si. Los arreos al frigorífico que se hacían, todo eso, nada más ahí. Y a veces cuando había las carretas también. Porque en esos años no había camiones. Pura carreta. Entonces ahí se bajaba al pueblo. Pero acá…Después llego a ver, Van Aken, que estuvo abajo en la playa, con su negocio. Después vino, este, Raful, que estaba al otro lado con don Roque y Raful se vino y se puso un negocito acá y Roque quedo al otro lado, pero chiquito. Después vino este Federico Ibarra que estaba justo ahí donde se quemó la otra vez, esas casas, ahí tenía una mediagüita, que era un gallinero y ahí el hombre puso su bolichito…como, vos esta ahí y su carro acá…




-¿O sea que tenía la cama ahí mismo nomás?
-Claro, si era una cosa…Ese hombre la hora que llegabas ahí, cuando uno se bajaba al pueblo, la hora que llegaba ahí, golpeaba y enseguida él le abría la puerta. Nunca le decía que no. Y tomaba a la par, así con…una o dos copas o más…vendía así.
-¿Era la costumbre de aquel momento, no?
-Claro, si el hombre se estaba haciendo la guita. No era tonto, no. Al poco tiempo después ya no, había que pedir permiso para hablar con él… Mire como es…
-Ahora dígame don José: El río, una dificultad enorme. ¿Botes para cruzarlo, no?
-Mire, en esos años, tiempo de faena había un bote, y casi siempre cuando había, había un paso de Subprefectura  al puente, en el centro ahí. ¿Vio que hay una parte angosta ahí? , bueno, ahí. Tenia que ser conocedor si, y entonces ahí uno se pasaba de a caballo. Y después arriba donde estaba el puente también, del puente ese de fierro que hay, viejo, al ladito, arriba, ahí había otro paso también.
-Claro, se describe incluso que los indios aprovechaban las bajas mareas para cruzar el río a pie, antes de que existiera otra forma de acceso, no
- Claro. Bueno la paisanada, los que estaban del río pa’ allá se aborrecían con estos de  pa’ acá. Así que se combatían entre ellos, así que de ahí pa’ allá y…
-A veces es una suerte, porque a todo esto, yo voy a hacer un pequeño comentario porque el programa lo comenzamos con un pequeño relato de lo que fue la primera Misión Salesiana que existió, y que existió muy cerca de donde están los viejos puentes sobre el Río Grande y hemos tomado para escribir ese relato los testimonios que nos quedan de aquella época, que ocurrieron unos 30 años antes que llegara usted. Pero aparentemente se sabía bien en aquella época lo que habia ocurrido, aunque no se lo había leído nunca, ¡no!
-Claro, mire en esos años, porque esto no, no recuerdo que año lo descubrieron esto ya, cuando llegaron los pobladores, que vino los Menéndez y estaba la estancia, la Primera y la Segunda. Después, según lo que contaba mi finado padre, vino la, La Armonía… ¿Cómo era?
-La Sociedad La armonía.
-Sí. Sara Braun, que vino acá la…la Sara es…y Ruby. Y Sociedad Armonía estaba arriba por ahí, donde está La Herminita, en esos años. Pero eso lo conversa mi finado padre, todo eso…yo cuando vine acá había ya como si fueran…había varias estancias, estaban divididos los lotes. Pero no, pero casi siempre lo tenían las estancias. En esos años cuando trabajó mi finado padre había una…bien pocas estancias. Los tenían del otro lado de Harberton, ¿conoce?...Ushuaia, hasta acá, hasta el Río Fuego. Todo ese lote o esa faja de campo lo tenían ellos, los paisanos.
-Ahora dígame don José: ¿Alguna vez anduvo en Ushuaia en aquella época?
-Mire, allá en el año ’37 estuve en Ushuaia, y ’38. En el año ’37, esa vuelta cuando se empezó la huella, estuve. Y fuimos 76 personas. Y claro, acamparon ahí, donde está la Policía del Lago, ahí estaban acampados. Y claro, en ese tiempo no trabajaba todavía porque trabajaba en la estancia Viamonte y me dijeron venga más tarde, en la señalada, y me dijeron cuando llegué ahí: Están recibiendo gente en tal parte. Y me fui y lo conseguí en el año ’37.
-¿El año ’37 y ’38 trabaja en la construcción del camino?
-Desarrancar los árboles de raíz. En ese tiempo no se veía una máquina, era puro azadones, hachas, y eso nomás.
-¿Y hasta donde llegaron con el camino ustedes?



-Mire, llegamos hasta Rancho Hambre, ¿Cómo es?...detrás de los barcos…¡bha!, que quedamos en la subida de la cordillera. Empezamos de allá…del otro lado…de ahí pasar por Las Cotorras, y de ahí vinimos acá, y por Piedra Barco, y llegamos tres cuadrillas que estábamos trabajando por contrato.
-¿Usted se acuerda el nombre de alguna gente que estaba trabajando con usted en esas cuadrillas?
-Sí, había un tal Pedro Díaz, Luis Oyarzún, y puro apellidos, Cárdenas…éramos 14 en la cuadrilla…
-¿Gente que se quedó después o se fue?
-Se fue, porque ya cuando llegó el invierno ya no hubo más, ahí.
-Ahora dígame don José: ¿Fue difícil trabajar ahí en la zona que se conoce ahora como Paso Garibaldi?
-No, no, no. No era difícil en esos años, porque era voltear los árboles nomás…
-¿No era un trabajo tan complicado?
-No, no, no, no,…lo que si que había que hacer fuerza para dar vuelta los palos y todo eso ahí. Yo ahí, como le digo, caí muy bien con los ingenieros. Ahí estaba trabajando un poco, como tres meses o cuatro. Y entonces, este, el papá o el hermano del Juez Cabezas acá, a lo mejor lo conoció…
-El hermano de don Pepe Cabezas…


-Sí, el mayor, Francisco. Entonces ese hombre se ganaba la vida así, sacando contrato, mandaba gente a cortar leña, rollizos… y todo eso. Así trabajaba, no. Entonces al hombre  le llega un pedido de Buenos Aires, de mil rollizos, una madera especial, porque querían conocer la madera de Tierra del Fuego, a ver como era. Entonces el hombre no se como se orientó y me mandó una carta. Que por favor le viniera  a hacer ese trabajo, un trabajo de una madera especial para mandar a Buenos Aires. Y me pagaba un peso veinte el rollizo, o sea la viga o acá no se como la nombran. Y que por favor se lo haría. Entonces yo le dije al capataz, yo le digo: -Mire compañero, acá está la carta y quisiera ir a hacer a este hombre, porque es buena persona-…y dice: -Bueno, andá-. Así que bajé, fui allá y pase, hable con el Ingeniero y el sobrestante, Otelo, un italiano. Y dice: -¿Por qué se va a ir?- Y empezaron que no, que no me retire, vino el ingeniero, no, no.  Y el Prefecto de policía y vino y ¿Por qué se retira usted? ¿Anda mal con los compañeros, con el capataz? Si anda mal con el capataz usted se hace cargo de la cuadrilla y entonces, todo eso. Yo le digo: -Mire, lo que pasa es esto; acá está, fulano me manda esta carta pa’ hacerle esta trabajo, para, de esta madera especial que tiene que ir a Buenos Aires pa’ conocer la madera de acá, de la zona…- ¿Puede comprobarlo?- dice, y yo le digo: Sí, acá está la carta. Se lo di y entonces dice:- Bueno… ¿Cuánto tiempo?- Yo le digo: -Más o menos un mes diez días, un mes veinte días voy a tardar a lo  mucho. Bueno, vaya y se vuelve otra vez, me dijo.
-Era como si le dieran vacaciones…
-Claro, así que me fui y esa madera se fue a Buenos Aires para ver, y ahí con la primera madera. Después ya vinieron y empezaron…creo que esta madera no daba resultado pa’l norte.
-¿O sea que en aquella época no había casi aserraderos, salvo el que había en Ushuaia, en el presidio, no?
-Claro, esos los cortes en los campos de Bridges en Harberton. Vinieron por Almanza, no…más para acá…Amat, ahí…
-¿Qué tal era Ushuaia por aquella época, comparada con Río Grande?
- Mire, era casi  la misma forma. Era un poco mejor Ushuaia, porque era más familiar, como no habia mucha gente  y todo eso, usted… la poca gente que había la encontraba en la calle y lo saludaban y le decían vuelva por casa, vivo en tal parte…Un pueblo muy familiar, muy bueno.
-¿Había mucha gente chilena?-
-Casi todos chilenos eran. Todo chilenaje. Mire, cuando yo vine acá, acá en la estancia donde estaba había cuatro o cinco muchachos argentinos en la estancia Viamonte. Pablo Herrera, un tal Rodas, otro que le decían el “Cabezón Vega”, estaban ahí. Y de ahí no había más. De ahí todos eran a veces españoles, más austriacos, gringos…
- ¿Por ahí conoció a don Norberto y Alejandrino Vera?
-Sí, los conocí cuando salieron de la Misión.
-Porque eran chiquitos en aquella época, ¿No?
-Claro, eran chicos. Hoy en día están más viejos, bueno, mi amigo Alejandrino, porque éramos muy amigos, falleció, esta nada más que Norberto que son…yo era muy amigo.    - Yo los conocí chiquitos, bueno, al finado padre de ellos también. Eran muy buena gente.
-Para empezar esta bien, no. Todo lo que fuimos recordando. Pero mire que yo le voy a hacer un poco de memoria. Usted hasta ahora me contó que llegó el año ’30 y después llegamos al ’38, nomás. Y estamos en el ’86. Calcule todo los que nos queda por delante.
-Ah. Nos queda mucho todavía para contar.
-¿Así que terminó su trabajo con Cabezas entonces? ¿Y eso se embarcó en Ushuaia, o donde lo embarcaron? ¿En Almanza?
-En Harberton. Sí, justo ahí donde corté la madera. Ahí llegaba el barco.
-¿Qué eran los transportes nacionales?
-Claro, eran barcos grandotes que venían…Así que ahí se llevaban esa madera a Buenos Aires.
-¿Ya estaba construido todo el presidio en Ushuaia, no?
-Sí, ahí…yo estuve a punto de contratarme ahí en el presidio. Ahí tenía todo, conseguía todo. Ya ahí dejé la cédula.
-¿Qué, iba a entrar de guardia cárcel?
-Claro, la carta de ciudadanía, que la tenía ahí, también. Porque había un oficial de policía escribiente y había sido chileno, nacionalizado igual que yo, si. Y el tipo no se daba con ninguno, era huraño completo ahí, ni con los mismos ahí de la policía…
-Los que tenían su jerarquía.
- Sí, le tenían un miedo bárbaro los, la policía, los pacos, esos, tenían, a quien no se cuadraba bien lo mandaban al calabozo. Había sido, no sé, Teniente del Regimiento, después vino y se contrató ahí. Y me dice: Mira, esto es así o asa, esto o lo otro. Eso fue en el invierno, casi cuando ya pasó la temporada y estábamos en Vialidad. Pero cuando vi., oiga, la cosa, esto, como era ahí, en ese tiempo estaba el alcalde de los guardiacárceles, Fayoli, el italiano ese.
-¿Qué tuvo después un problema, que lo acusaron de apremios ilegales o algo así?
-Claro, y ahí veía, oiga, a las tres, las cuatro de la mañana, sacar esos pobres presos, desnudarlos y empezar a castigarlos. Y eran casi todos chilenos, y el chileno usted sabe que… para eso es medio criminal, tipo Pinochet. Así que ellos, la alegría de ellos era azotarlo a esa pobre gente y él contento, muerto de risa él…el alcalde. Y yo digo no…para esto, estar viendo esto. Y después en la mañana, las seis de la mañana, oiga, con esa nieve, esa escarcha, a esa gente la llevaban pa’l monte pasando esos carros ahí, así que…Después me gustó trabajar así…
- Además quería tener la conciencia tranquila, no.
-Claro. Siempre, como digo, me gustó la vida libre y todo eso. Yo, ahí cuando llegué, cuando íbamos a Policarpo o a Ushuaia, toda esa gente que íbamos, cuando llegué a Harberton, ahí estaba mi patrón Guillermo Bridges. Pucha, cuando me dio…entonces ahí ya me había dicho si quería trabajar con él, pero capataz de estancia. Y en ese tiempo, muchacho, yo le digo que no, yo vengo contratado para trabajar acá y bueno…Después vamos a hablar.



-Pero era joven. ¿Qué tendría? ¿Unos 26, 27 años?
-Claro, Pero oiga yo, he tenido la suerte de ser siempre bien visto por mi trabajo. Porque yo fui uno de ellos, que no le aflojé la soga, me gustó trabajar, cumplí con mi trabajo y todo eso. Y fui…y trabajé en pocas partes acá en esta zona. Ahora con  mi patrón Puget en el ’54.
-Pero faltan unos cuantos años para que nos cuente. ¿Se quedó con Bridges? En Harberton
-No, no, no, no. No le acepté. Voy a trabajar a Vialidad ahora. Yo…en Vialidad…Bueno podría estar vivo como muerto, pero podría estar bien ahí, porque ahí me daban cuadrilla para trabajar y todo eso, para todos esos trabajos, alcantarillas y todo eso, ahí. Pero, no…
-Si. Don Norberto Vera me contaba hace poco que estuvo trabajando también en esas cuadrillas, abriendo caminos para lo que seria Yehuin ahora, no.
-Si. También estuvo ellos ahí. Ellos…son compañeros de trabajo, como le digo. Y son más amigos que hasta la fecha he tenido, y tengo, los únicos acá.
- ¿Lo conoció a Garibaldi trabajando en Vialidad?
-Si. A Garibaldi si lo conocí. Ese era sobrestante, en Vialidad, claro.
-¿El antes había sido policía?
-Policía, si.
-¿Qué tal se llevaba la gente con la Policía?
-Bien, en esos años acá la clase eran todos gallegos y austriacos, la policía. No es como hoy día, no. En ese tiempo no había ningún control caso. Mire que yo…me vine a controlar cuando, después…yo creo cuando empecé a trabajar acá, en el Ministerio de Marina, antes de eso me parece que no. Pero en esos años me parece que…llegaba acá cuando ya le, si le veían lisito así como ahora, no. Tenia que andar la daga esta acá y el revólver. Entonces si, de lejos lo…lo respetaban, saludo y si bien o mal ya había un bolichito o dos acá y pasemos a tomar la copa y todo eso. Pero si lo veían así nomás, no, no, no…
-¿O sea que había que andar prevenido?
-Claro, si, lo único malo…pero si usted andaba bien, que nunca decía nada de lo que vea, que siga nomás.
-¿O sea que la gente se trataba bien por ahí?
-Bien…
-¿Era adepta la gente en aquella época a colocar sobrenombre, por ejemplo como picardía?
-Claro…Yo allá en Policarpo, cuando empecé a cuidar la hacienda, no ve que ahí me pusieron “El torero”…
-¿Por qué le pusieron eso?
-Sabe porque…yo, como cuidaba la hacienda y usaba un sombrero grande, un sombrero grandote de esos que había, un torero, lo usaba yo…
-Si, de esos que le decían el compra bueyes
-Claro, y un ponchito acá…Y claro ahí, un tal Naira fue, que andaba de correo. Ese me bautizó…Y después hoy día nadie me conoce casi por nombre y apellido…
-Yo le voy a contar. Porque yo lo anduve buscando estos días porque se cambió de barrio y cuando preguntaba por usted, bueno, preguntar en Chacra II es bastante difícil, bastante difícil es llegar a ubicar casas y manzanas, pero preguntar acá por la gente, por el sobrenombre, no es como en la parte vieja del pueblo, donde la gente se ubica todavía por el sobrenombre… ¿Pero nunca daba motivo para enojarse, para una pelea, no?
-No, mire, no. De los años acá nunca fui un tipo de pelea. Nunca me gustó. No fui un tipo de cargar armas ni de los años que tengo acá no he tenido enemigos, como muchos dicen enemigos, no. Donde he llegado siempre buenos amigos. En todos lados donde he llegado he sido respetado y hasta la fecha tengo la dicha y la suerte de eso, de ser respetado. Ahí, en todos lados. Trabajé en Policarpo, tres años…buenos amigos. Donde trabaje con buenos amigos, siempre fui respetado. Y cando fuimos a Ushuaia, 176 compañeros de trabajo, usted sabe como me apreciaban y querían toda esa gente…Ahora estoy como quince o 16 años a cargo de la estancia de Puget, pero hasta la fecha ninguno me ha faltado el respeto.




-Dígame don José. Yo estaba recordando, uno siempre tiene relación de las cosas ¿Ve? Cuando usted me habla de Policarpo y la gente se imagina ese lugar tan inaccesible, donde nos ha de estar escuchando Arturo Santana seguro en este momento, la zona de los barcos hundidos, que difícil era llegar por ahí, de todas maneras.
-Si, mira, ahí en el puesto Donata, hoy día ya debe haber desaparecido…
-¿Por qué se llamaba Donata?
-El nombre puesto por el nombre de la mujer, yo creo de Bilbao, una hija, bueno. Ahí se veía el barco todavía. Y un poco  más acá había una goleta y estaba con la bandera chilena porque esto antes…ahí era… era un barco chileno, casi todo Chile era esto. Ahí cuando llegué, estaba. Me llamo la atención. Y ahí, como ya le digo en esa parte, ahí se veía el barco naufragado. Pero como le digo, ya hoy en día ha desaparecido todo.
-Incluso con el tiempo hubo algunas expediciones de rescate. Algunos de esos barcos se los hizo navegar de vuelta, no.
-Si pero eso ya estaban todo…ahí en ese roquerio no…Después sacaron muchos yo creo de esos. Incluso ahí, la gente va a buscar que hay como un tesoro, cosas de servicio, plata, oro, que se yo que se enterraba ahí en esa parte…
-Si hubiera algo así usted se hubiera enterado antes, ya no estaría aquí…
-Claro…Usted sabe que yo ahí, en mayo, cuando ya se iba a largar la hacienda, todos esos campos de invierno, entonces se junta todo y se pone ahí, entre Policarpo y la estancia en el río ese. Me toco venir a cuidar las ovejas ahí, y entonces el capataz me dice entre hoy y mañana va a caer un muchacho de la Inés, y por las dudas ahí si viene y grita, que le conteste, por el paso, porque es muy peligroso, es bajo ahí. Era anchísimo el río pero bajo, le daba hasta el garrón del caballo, el agua, nada más. Pero muy peligrosos a veces se hacen unos pozos, y una noche linda, tenia un perro viejo y salí afuera porque ya estaba la marea baja y tenia que ir a repuntar, bajar todos los animales abajo a la orilla del mar, para pasar al otro lado, porque esos eran como guanacos. Llegaban, no respetaban res, acostumbrados los animales. Asi que tenia que estar toda la hora  de marea baja cuidando ovejas y cacho pa’ arriba. Y bueno, cuando llegué al rancho, usted sabe que siento unos gritos, cerca. Bueno, yo le contesté, lárguese un poco más arriba compañero, un poco más arriba está el paso. Bueno, por un rato no me contestó y al rato vuelve a gritar otra vez, tres veces. Y Yo le contesté las tres veces, pero no llegó. Y yo digo estos como no…y al otro día vine a cambiar caballo en ese puesto, y porque hay un arenal ahí, vio, y había un viento y un voladero de arena, entonces yo venia ahí, jodiendo como usted, muchacho joven, usted sabe que venia jodiendo con los caballos y todo eso, cuando de repente el caballo me pega la gambeta que ya le anduvo trayendo malísimo. Yo, porque se asusta, volví, habían cinco o seis hombres, pero estaban todos todavía sin deshacerse,  todavía con unas botas largas, todos en fila, parejitos. Y eran de los que habían naufragado y los habían enterrado ahí en la arena, y cuando había una voladero de arena, viento así, se descubrían pero después quedaban más o menos un metro y medio abajo, cuando venia otra vez de vuelta…



-Vaya a saber desde cuando estaban ahí…
-Desde que se naufragó el barco ese…Y eso era lo que gritaban en la noche…
-¿Qué le parece a usted? Hay que haberlo vivido ¿No?
-Claro…
-Ahora dígame don José. Usted nos contó hace un momento que estuvo trabajando para la Gobernación Marítima ¿No?
-Si, yo acá trabajé en el Ministerio de Marina.
-¿Eso por los años ’40?
-Si, acá. No, fue en el año ’49, parece. Cuando tomo el gobierno el amigo Perón, porque recién ahí se empezó a abrir trabajo acá y a agrandar Río Grande.
-Recién comenzó a haber trabajo en la ciudad, porque hasta ese momento había trabajo en el campo nomás.
-En el campo nomás. Y recién ahí se empezó. De ahí trabajábamos 600 o 700 personas más o menos. Todo esto acá, pero mucho trabajo. Y ahí se comenzó a agrandar Río Grande. Porque sabe que uno es chileno, claro, cuando vio todas estas probabilidades, sinvergüenza un poco el chileno, no, sabe que empezó, ¡bah!, que le daban facilidades, no, a llevar madera y hacer sus casitas, todo eso. Entonces había como 50 muchachos argentinos, más o menos acá de todos esos que habían. Y empezaron ahí, y entonces, pucha, y nosotros porque no podemos hacer lo mismo. Y empezaron a construir casas. Todo acá. Que muchos de esos que tienen casa de material acá, siempre, el que sabe vivir, vive nomás, no. Algunos se sacaban bolsilladas de cemento, cualesquier cosa, usaban unos abrigos grandotes, yo…
-Daba para todo eso…
-Claro, si ahí muchos hicieron eso que se empezó a agrandar, todo eso. Como…porque yo en esos años, yo no creía que este iba a ser un pueblo tan grande como es. Si habí como 20 o 25 casas nomás. No alcanzaban las que habia acá, pedir boleta y todo eso yo, ahí, como digo, porque pasé en todas las ramas. Entré de medio oficial carpintero, después trabajé en…
-¿En que obras trabajó, asi nos ubicamos algunos que no vivimos en esa época?
-Mire, en estas casillas que hay acá al lado del hospital.
-¿Las que están frente al correo?
-Si. Ahí, todo eso ahí. Yo trabajé en todas partes. Trabajé en Gobernación abajo, en Subprefectura, acá en el Batallón. Todo eso me mandaban a trabajar ahí. Porque como le digo ahí, yo, con la gente, los capataces me apreciaban mucho. Yo entré medio oficial carpintero, después el capataz de cañista dijo:- No, vení conmigo a trabajar, vamos a trabajar con los albañiles, electricistas, todo eso.- Y después, cuando ya me conocieron bien, me nombraron de sereno. De sereno estuve mucho tiempo ahí, cuidando. Acá abajo en la fábrica de ladrillos que había.
-¿Dónde estaba la fábrica?
-Del Hospital abajo. Ahí, en esa, ahí estaba.
-¿Dónde están las casas de YPF ahora, no?
-No se si ahí, ahora. Usted baja del Hospital así, de este lado estaban las…
-Frente a la casa de Ferrando.
-Eso es, por ahí. Asi que esta mi amigo Fayoli, que nos ha hecho muy amigos. Que me conocía de Ushuaia y acá y todo eso. Y él me decía:-Mira, tienes tantos amigos. Pone un camión, lleva cemento, cal y madera, hacete una casa o dos. Y yo le digo: No, esas cosas no. Yo tengo mi rancho ahí, pero todo hecho por uno, su propio esfuerzo no cosas ajenas. Yo le digo:- Mire don Fayole, no quiero andar con dolores de cabeza después, siempre vuá ser pobre. No, no me gustan esas cosas.
-¿Y Fallero ya se había venido para acá?
-Claro, el hizo todo eso que tiene ahí, el la Quelín como se llama.
-La confitería Libertad.
-Sí, si. Así que yo como le digo, si hubiese sido otro, hubiera tenido una o dos casas de material con todo eso, pero no. Pero usted sabe después esta gente como corría y todo eso para conseguir las boletas para comprobar, porque cuando le derrotaron a Perón ya vino el control de todo. Así que ahí, muchos lo pasaron  malísimo.
-Pero para todo esto usted ya se había vuelto al campo con Puget.
-Claro…no, después de eso. Porque ahí como  le digo, me quedé ahí porque yo ya era padre de familia, de 5 hijos, así que bueno.
-¿Usted forma su familia aquellos años que comienza a trabajar acá en Río Grande con el Ministerio de Marina?
-Si, ahí. Entonces fuimos a la Delegación, nos mandó el sobrestante. Yo, como le digo, ya no tenia mucha necesidad, porque tenia una pensión, ya me ha…acomodado, vivía bien y todo eso. Pero dice no, vayan allá. Y fuimos a la Delegación. Dice bueno, el delegado dice bueno, siendo así usted  donde quiere trabajar. Uno decía Obras Sanitarias, YPF, adonde usted quería, el delegado lo mandaba a trabajar. Y en esos años se ganaba mucha plata en Mar y Playa. Y como poco interés tenía yo así en ese…trabajar y después tenia tiempo libre…venía un barco y después ya se quedaba. Yo le pedí de Mar y Playa. Trabajé de Mar y Playa  ahí con…ahí una vuelta el  mismo de Subprefectura me dice bueno, porque habïa mucha gente de esos chorros no, que se fijan por cualesquier cosa. Una vuelta trajeron, ¡bah!, que vinimos yo también me tocó venir en un camión, nos trajeron toda Subprefectura ahí, y sabe lo que traía, una botella de vino no se, y otro como cuatro o cinco papas de esas que estaban ahí tiradas. Y entonces me llama el superior y me dice: Mire usted, puede hacerse cargo de la gente que trabaja en el puerto. Y cuando ve algo, de allá mismo habla pa’ acá.-
Así que no acepté tampoco porque como le digo en ese tiempo ya…me iba a esquilar fuera, porque igual… fui esquilador, y ahí se ganaba buena plata…Así que…Y en el ’54, ahí como jugando, estaba Puget cargando sus camiones ahí, donde esta Waldron, como es, no, de Antuno, esa casa ahí. Y ahí justo estaba mi amigo Vera, de chofer andaba. Y me dice: anda paseando- Y yo le digo: No, ando buscando trabajo. Dice: Mira acá le falta la, un carretero y no encuentra. Hablale. Yo digo: Bueno. Y justo llega Puget  y dice: -¡Ah, caray!, ¿qué pasa don Norberto? Dice: Este hombre anda buscando trabajo.- ¿Es carretero? Y él redice si. Y bueno –dice- vamos a ver más tarde entonces. Entonces llega Requela, porque Rakela era en esos años el que cortaba el queso ahí con Puget, Rakela…
-Stipe.
-Si. Entonces llegó Rakela y Norberto le dice, y entonces le dice: Llama a Puget . Y le dice y que le dijiste, no que…ah, y porque no le dijiste enseguida nomás. Iba llegando a la casa y llegó Rakela. Dice: Bueno, mañana vamos pa’ arriba. Y ahí me vine a trabajar con él. Lo que si que ahí empecé a trabajar con ellos, vine a cortar leña. Cuando venia barco ellos lo llevaban y me traían.
-¿Mucho tiempo estuvo con Puget, no?
-Y, hasta la fecha. Desde…del ’54 hasta la fecha de ahora estoy ahí. La parte que más he durado ahí.
-¿Trabajando en “La Catalana”?
-En “La Catalana”. En la estancia Viamonte también trabajé como catorce años consecutivos, después iba a esquilar nomás. Después como le digo. Pero ahora estoy aguantando más es con Puget. Ahora quiero irme ahí. Ellos no quieren que vaya pa’ trabajar nada más que para vigilar y darle orden a la gente, lo que tienen que hacer y todo eso.
-Bueno, creo que acá repasamos don José buena parte de su itinerario en Tierra del Fuego. ¿Hubo tiempos duros, no?
-Si. No en esos años como le digo. Pero ya en, a lo mejor en otra vuelta podemos hacer con más claridad, asi uno se espeja un poco más, de todo, ser un poco mejor la charla, ¿No cierto?
-Porque si bien hubo tiempos duros, también hubo tiempos felices…
-Ah, si. No, yo no…de eso no…no estoy desconforme con mi suerte. Claro que ahí, como le digo hay unos inviernos duros, bravos, que no se saben que eran, pero…mas felices de todo.
-Bueno, es importante poder hacer ese balance. Que las cosas fueron más felices que…
-Claro, si. Claro que nunca, como digo, nunca fui un tipo perdido. Me gustaba a veces hacer mi farrita como todo hombre, no. Pero perdido en la vida, no. Ni me ha gustado nunca poner la plata acá en la mano y que venga un viento y te lo lleve todo.
-Mas bien vale cerrarla un poco.
-Claro, si.





EL CACIQUE COPELLO Un escrito de Juan Muñiz



Don Juan Muñiz (foto) vivió en Río Grande desempeñándose como empleado de La Anónima. Paralelamente nuestro pueblo fue el espacio fecundo donde él desarrolló su condición periodística, primero escribiendo con seudónimo en La Verdad, después oficiando de corresponsal de Argentina Austral, la revista de la firma para la cual trabajó toda su vida.


Este “Episodio fueguino”, nos pone al tanto de sus búsquedas, su visión del mundo, y su capacidad de rescate de la memoria regional.
Copello, que sería Capello, respondería en familia al nombre de Sekriot y sus restos han sido repatriados después de un largo tiempo en que fueron conservados en el Museo de La Plata.


La isla grande de Tierra del Fuego fue ganada para la civilización tras muchos sacrificios. No queda la menor duda de que los Salesianos fueron, en su parte norte, el puntal civilizador, que no obstante los peligros que representaba estar rodeado de aborígenes y los reveses sufridos, siguieron adelante con su apostolado y continúan trabajando. Ya no civilizan a los indios pues que fueron desapareciendo; ahora están empeñados en modelar al hombre de campo del mañana, en el mismo escenario que otrora convertían aborígenes al cristianismo.
Nos han enseñado que el alcohol, traído por el blanco, fue la causa de que esta raza fuerte haya ido desapareciendo casi hasta extinguirse. Pero también sabemos que el blanco ha pagado con sangre su ideal de ganarlos para la civilización. Naturalmente que han reñido dos fuerzas: una, la civilizada, en pos de un ideal; otra, celosa de sus dominios, rebelde. Antagonistas en fin.
En ese clima de peligro ocurrió hace años el sangriento episodio que vamos a relatar.
Fecha: 4 de setiembre de 1894. Escenario: Tierra del Fuego, playa entre los cabos San Pablo y Medio. Protagonistas: Personal de la subcomisión  sur de la demarcación de límites con Chile y el cacique Copello con otros indios onas.
Se disponía a regresar la comisión del sur, compuesta por los capataces Jacobo San Martín y Juan Ducca, acompañados por el minero Miguel Cacica y un peón llamado Flores, teniendo intención de recorrer la línea de las “pirámides” con objeto de plantar nuevamente las que en gran número habían caído o habían sido volteadas. El resto de la comisión, los peones Figueroa y Agüero, habían quedado a tres leguas del lugar, en un paraje con suficiente pasto y agua para la caballada y mulares que llevaban. Despreocupados del medio en que actuaban, solamente poseía la sub-comisión una escopeta, un revólver prestado por el administrador del Páramo, una carabina “Winchester” de Cacich y otra “Remington” de la Comisaría de Policía de Filaret.
 A primeras horas del día 4 sorprendió a los peones la carrera desenfrenada de un caballo montado en pelo, sin freno, por Cacica. Más muerto que vivo por el susto se unió a sus dos compañeros  y caminando todo el día, arreando las mulas y caballos llegaron a la Misión Salesiana de Río Grande. Y allí contó al P. José el sangriento episodio que le había tocado vivir en esa mañana y del que se evadió por milagro.
El cacique Copello con otros indios habían venido a visitarlos en su campamento, y San Martín, al parecer sin la más mínima desconfianza, llegó hasta el punto de convidarle a dormir en su propia carpa y, ¡el colmo de la imprudencia!, prestarle la escopeta “para que fuese a cazar pájaros…” Así habían entrado en relaciones aparentemente amistosas, yendo y viniendo los indios a todas horas al campamento, regalándoles y cambiándoles cuchillos y otras chucherías por arcos y flechas. Ese día, estando los expedicionarios sentados alrededor del fuego desayunando y rodeados de mucha indiada, San Martín les mostró muestras de oro y les hizo comprender que si tenían algo de esto podrían comprar y proporcionarse todo lo que les gustaba, cuando, repentinamente, suena un grito salvaje y son acometidos y volteados cada uno por tres o cuatro indios que sigilosamente se habían colocado a sus espaldas. En medio de la salvaje gritería, a la par que el sol teñía con rojos tonos el horizonte, también la tierra recibía la generosa sangre de los inmolados… ¡Allí quedaron acribillados a puñaladas los servidores de la comisión de límites San Martín, Flores y, unos diez pasos separado de sus compañeros, Ducca. Muertos todos…! Únicamente Cacica pudo librarse de aquellos salvajes que ya lo habían agarrado y a punto de ultimarlo; saltó sobre un caballo en pelo y emprendió la huída, no sin recibir un fuerte golpe de “macana”. Todo el campamento, armas y caballos quedaron en manos de los onas… ¡Era el botín!
Y llegan los tres hombres a la Misión Salesiana pidiendo socorro al P. José. Al P. José…que escribe: “Llegaron esta mañana- 5 de setiembre de 1894- a las 7 a. m. pidiendo socorro de gente y de armas; pero, que podía hacer yo que tengo solo a 7 muchachos y estoy presentemente rodeado como de 50 indios a quienes alimento, a unos más de 20 días.. ¡Qué podía hacer yo, digo, que me encuentro como asediado, como sin poderme mover! Sugeríle mandase a la Comisaría de Filaret en San Sebastián y pidiese allí al señor comisario de policía el socorro que con todo mi pesar no podía darle.” Y el P. José M. Beauvoir, rodeado de indios, valiente en su ministerio, musita una plegaria por aquellas vidas perdidas por el odio salvaje.
Parte el grupo a pedir socorro. El minero Cacica lleva la mala nueva a las autoridades y una carta:”San Martín, el empleado de la comisión de límites, fue ayer acometido por el indio Copello y compañeros en su misma carpa al lado del fuego, y según parece muerto con sus mismas armas junto con otros dos. Más no pudiendo yo como desearía prestarles este servicio por el momento, pues somos tan solo ocho nosotros y tengo en la fecha como 50 indios  acampados acá desde quince días y de los cuales no puedo descuidarme. Asi que ruego a Ud. como juez del punto y comisario, a tomar las medidas convenientes y mandar la fuerza mayor que pueda y perseguir a esos malhechores, que según se dicen son varios ya los crímenes que este Copello había cometido…”
El indio Copello tenía fama de sanguinario, de los más peligrosos, a quien se le atribuían muchos crímenes. Ahora era más temible con las armas de fuego secuestradas a sus últimas víctimas, y se decía que sabía manejarlas como un cristiano…Habitaba generalmente con su tribu en el fondo de la bahía Thetis, soliendo frecuentar y visitar la Sub-perfectura de aquella parte.
Ante la triste noticia, el comisario interino don Honorio Ponte, juez de paz del distrito, organiza la expedición que aunque no sea para vengar a las víctimas por lo menos es necesario tratar de salvar los restos de los infortunados y darles sepultura. ¡Pero si tiene solamente 4 agentes y uno de ellos es el cocinero…!
El aquel tiempo el lector sabe que existía en Tierra del Fuego la fiebre del oro…Varios mineros esperaban que la playa se “compusiera” para lavar sus arenas. El administrador del “Páramo”-empresa privada- toma la iniciativa y logra reunir buen número de trabajadores, dispuestos a terminar si era necesario con aquella tribu pendenciera. Son elegidos los que tenían más experiencia del lugar, entre ellos cuatro que varias veces habían estado en el lugar de la masacre y que también conocían de vista al cacique o capitanejo Copello. Entre ellos, tal vez el mejor conocedor, lo era el capataz de la estancia “Río Cullen”, Nicolás Peters, que ya había tomado parte  como baqueano en la  expedición de Díaz (Comisión de límites). Se buscan caballos y el día 9 parten los expedicionarios. El grupo estaba formado por: Comisario H. Ponte, dos agentes,, un particular, José Díaz,, Bruno Ansorge,
administrador del “Páramo”, el Dr. L. Dryander, también del personal del “Páramo”, Nicolás Peters capataz dee la “Río Cullen”, y los mineros Angel Aravena, Pascual Torres, Antonio Rey, Pedro Muñoz y Miguel Fabris. La expedición llenó su misión con abnegación y buena voluntad. En el mismo lugar del crimen descansan los infortunados cuerpos…
Tiempo después, el 10 de octubre, llega a Buenos Aires la infausta noticia: “Señor Perito Moreno Dr. Norberto Quirno Costa. Tengo el sentimiento de remitir a Vuestra Excelencia el oficio que he recibido de Tierra del Fuego del Reparador de Instrumentos de la Comisión, dando cuenta del asesinato de los capataces Jacobo San Martín y Juan Ducca, cometido por los indios del cacique Copello el 4 de setiembre en la playa del Cabo Medio, y de las medidas tomadas para perseguir a los criminales…” Este informe pudo llegar  a manos del Cónsul argentino en Punta Arenas quien lo envió a destino. La parte norte de Tierra del Fuego, olvidada hasta para el tráfico marítimo, no tenía comunicación con el resto de la República.
Las andanzas del indio Copello tuvieron su fin en Puerto Harberton poco tiempo después del episodio que revivimos. El 15 de enero de 1895 fue muerto por desobedecer la orden de prisión e intentar la fuga al interior del bosque. Y, justamente, es el mismo juez de paz, don Honorio Ponte, quien levanta el acta que firman varios vecinos de Ushuaia.

N. del A..- Datos obtenidos de archivos de la época.


Puerto Deseado,, mayo de 1952.

EVOCACIONES ***Marzo 6, de 1792. Nace Luis María Vernet.

Quien a la postre resultaría ser el Comandante Político Militar de las Islas Malvinas, nació en el seno de una familia de origen francés portestante que se había radicado en la ciudad nortealemana de Hamburgo.


A los nueve años fue enviado a Estados Unidos, donde comenzó a trabajar en una firma alemana, donde demostró inteligencia y una capacidad especial en la actividad comercial.
Llegó a Buenos Aires en el año 1819, donde comenzó a desarrollar actividades comerciales. Al tiempo  se asoció a Jorge Pacheco a quien el gobierno de Buenos Aires otorgó la concesión para él aprovechamiento del ganado vacuno y el de los lobos marinos de la Isla Soledad. Vernet se trasladó hacia la isla donde comenzó con el desarrollo del lugar, llevó caballos y lanares, rehabilitó varios edificios que se encontraban abandonados y semidestruidos. No sólo realizó una tarea colonizadora del lugar sino que también emprendió investigaciones científicas para el mejor conocimiento de las islas. Los estudios incluían, un estudio de los lugares para futuras colonizaciones y posibles producciones en ese lugar, en esto colaboró activamente su joven esposa.
El 10 de junio de 1829 fue nombrado Primer Comandante Político Militar en las Islas Malvinas. Bajo el pabellón argentino, se comprometió a hacer cumplir la legislación argentina, cuidar sus costas y los reglamentos de pesca vigentes. Construyó un fuerte y se proveyó de algunos cañones para la defensa del lugar.
Luis Vernet trasladó a la isla a su familia, comenzando por su esposa María Sáez, rioplatense nacida en Montevideo, con la que tuvo en las islas una hija Malvina Vernet y Sáez.
Ejerció el cargo de comandante político y militar aplicándose a la tarea de hacer cumplir los reglamentos sobre pesca de anfibios, que realizada de forma indiscriminada por parte de los loberos y balleneros extranjeros, constituía un grave problema. El pago por derecho de anclaje fue sistemáticamente eludido por los balleneros y los cazadores clandestinos de guarás, especialmente ingleses y estadounidenses.
En agosto de 1831, tras un incidente con tres pesqueros estadounidenses, Vernet se retiró a Buenos Aires, donde arribó con la goleta Harriet con el fin de someter el caso al fallo del Tribunal de Presas.En dicha ocasión, el cónsul norteamericano en Buenos Aires desconoció el derecho argentino a reglamentar la pesca en las Malvinas. A fines de ese año, personal de la corbeta de guerra USS Lexington, de la Armada de los Estados Unidos, incursionó en Puerto Soledad al mando del capitán militar Silas Duncan y cometió hechos gravísimos: se saquearon los bienes y las propiedades, se destruyeron las instalaciones de artillería y los principales pobladores fueron conducidos prisioneros ilegalmente a Montevideo, en lo que fue un desigual acto de guerra.
La acción cometida por Duncan causó conmoción en Buenos Aires. En junio de 1832, el encargado de negocios norteamericano,Francis Baylies, siguiendo instrucciones de su gobierno, exigió la desautorización de Vernet, la devolución de los bienes incautados por él, y el pago de una indemnización. A su vez, puso en duda la legitimidad de los títulos de soberanía argentina. Ante tales circunstancias, el gobernador Juan Manuel de Rosas lo declaró “persona no grata” y le extendió los pasaportes correspondientes.

El 2 de enero de 1833, después del incidente Lexington, Vernet marchó en demanda de ayuda a la ciudad de Buenos Aires, le sucedió como gobernador designado Mestivier y luego, cuando era ya gobernador interino el capitán Pinedo, las naves de su majestad invadieron el territorio argentino. La invasión inglesa quedó a cargo del capitán militar John James Onslow, quien al mando de la fragata Clío se lanzó al ataque de Puerto Soledad. Vernet nunca fue repuesto en su cargo ni volvió a las islas, aunque intentará negociaciones con los ingleses para recuperar derechos e inversiones. Falleció en 1871, sus restos reposan en el cementerio de la Recoleta..

SOBRE LOS ORIGENES DEL HOSPITAL DE RIO GRANDE


 Muchos logros del pasado riograndense no están marcados por un hecho inaugural, de esos que actualmente están dado por presencias de autoridades, descubrimientos de placas, discursos ad hoc.

Todo comenzaba a funcionar cuando ya estaba en condiciones de hacerlo.

De allí que en el tiempo desaparezcan datos precisos para festejar, y para marcar a partir de acontecimientos protocolares un punto de partida.

El Hospital de Río Grande gira en torno a esta circunstancia.

Ya en algún momento hemos dicho que las instalaciones del Frigorífico no constituían un hospital en sí, eran un servicio médico propio del establecimiento fabril que disponía de un profesional para servicio de los trabajadores y empleados y –por convenio- con los trabajadores de las estancias. Cuando se debía atender a alguien que escapara a ese sector el servicio se facturaba. Hemos mostrado las liquidaciones que por accidentes atendidos se les requirió a Vialidad Nacional.

En el testamento de José Menéndez había quedado explícito su deseo de un Hospital para Río Grande, pero esta clausula no se cumplió.

No era Salud Pública, era salud privada. La Salud Pública comenzó con el Centro de Higiene Materno Infantil y la presencia del doctor Salvador Serpa, médico de Salud Pública- atendiendo a embarazadas y niños en casa alquilada a Francisco Bilbao.

Esta función se jerarquizará cuando en los antiguos cuarteles del ejército se habilite un pabellón con destino a Hospital, donde prestará servicios como médico el Doctor Barabino, quien procederá a inaugurar las instalaciones el 17 de octubre de 1947, en tiempos justicialistas, y con un Ministerio de Salud Pública ejercido a nivel nacional por el doctor Ramón Castillo.

Muchos vecinos dicen que ese era el Hospital del Batallón y se confunden, era de Salud Pública, el Batallón de Infantería de Marina Nro 5, llegará recién en 1951 y si bien prestará profesionales no  será la atención de la población civil un ámbito de su incumbencia.

La construcción del Hospital Rural fue un episodio prolongado, obra realizada por administración Obras Públicas de Nacional. Cuando comience a habilitarse será por el efectivo trabajo en zona de Roberto Campanella.

¿Pero hay una fecha para consignar?

Colocamos estas referencias de tipo administrativo para apoyarnos en ellas como punto de partida de este importante logro para la comunidad:

Y para ello vamos a los Boletines ministeriales.

      Designase nuevo interventor en el Hospital Rural de Río Grande, Tierra del Fuego. Resolución Nº 1.220. Agosto 16 de 1962. visto que por Resolución Nº 748, del 29 de Junio de 1962, se declaró intervenido el Hospital Rural de Río Grande, Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur; y Considerando que por dicha Resolución se designó interventora a la Doctora Elba Aurelia Villafañe Bombal (Legajo Nº 21907) a quien es necesario reintegrar a sus funciones; por ello, el Ministro de Asistencia Social y Salud Pública resuelve: Artículo 1º.- Desígnase a partir del 3 de agosto de 1962, a cargo de la intervención del Hospital Rural en Río Grande T…, al doctor Carlos Alfredo Pacheco (clase 1930, DM Buenos Aires, MI 4.239.840, CI 2.545.964, Policía Federal) por las razones expuestas en los considerandos de la presente. Art. 4. De forma.   Padilla.

Y una tercera resolución concatenada a la anterior.

Habilitación parcial del Hospital Rural en Río Grande, Tierra del Fuego. Resolución Nº 1016. Septiembre 24 de 1963. visto el presente expediente Nº 21.715/63 mediante el cual -y conforme a instrucciones que en sus oportunidades le fueran impartidas- la Dirección de Abastecimiento, Producción y Conservación, con intervención de personal técnico de su dependencia, ha formulado el estudio y nómina de elementos necesarios para concretar la habilitación parcial del Hospital Rural de Río Grande (Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur); que el citado proyecto -según constancia de fojas 237- y con la previa adecuación de algunas cantidades de elementos y la inclusión de otros, ha merecido la aprobación de la Dirección de Organización y Administración Hospitalaria; y Considerando: que habiendo sido ya regulados los renglones observados y agregados los sugeridos por el citado organismo, corresponde autorizar la realización de la operación proyectada; por ello, y en uso de facultades que les son propias, el Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública resuelve:

      Artículo 1º.- Apruébese el proyecto presentado por la Dirección de Abastecimiento, Producción y Conservación para llevar a cabo la habilitación parcial del Hospital Rural de Río Grande (Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur) y que por el presente acto se autoriza.

      Artículo 2º.- Apruébense las nóminas obrante en fojas 215 a 234 y de 241 a 242, que forman parte integrante de la presente y que contiene el detalle completo de los elementos que deben ser emitidos al servicio, a cuya habitación se refiere la presente. Tales bienes, que en conjunto han sido valorizados en la cantidad de un millón seiscientos setenta y dos mil quinientos cuarenta y dos pesos, con setenta y ocho centavos moneda nacional (1.672.542,78 m/n) serán hechos llegar a destino por intermedio de la Dirección de Abastecimiento, Producción y Conservación previa intervención de la Dirección General de Administración.

      Artículo 3º.- Regístrese; publíquese en el Boletín del día; pase sucesivamente a la Dirección de organización y Administración Hospitalaria y Dirección General de Administración a los fines de la intervención que les compete; y siga a la Dirección de Abastecimiento, Producción y Conservación a los fines de cumplimentar lo ordenado en el Artículo 2º, cumplido, archívese (permanente), Rodríguez Castells.

En la foto: Patricia Cajal y el cartel que lleva el nombre del establecimiento.



Anilinas, tinturas, zurcidos invisibles….


 Sentía su olor y eran todas iguales. Hice la prueba más de una vez. En casa se usaban las de color azul marino, las negras, y en algunos casos las verdes. Las primeras invariablemente servían para devolverles el color a los vaqueros descoloridos, no eran tiempos en los cuales se preciara el hecho de usar el jean desgastado, la segunda estaba ligada a los lutos, la tercera a algunas cortinas, esa duras cortinas de cretona o “cotelé”. En otras casas tal vez fuera diferente, en la de mi infancia esas eran las que se usaban.

Nuestro proveedor, como en tantas otras cosas, era la Tienda Buenos Aires. Por entonces comerciante y cliente se entendían si se estaba pidiendo anilina azul para un pantalón de mezclilla, o se hablaba de los mismos con marcas antiguas ya fuera del mercado: Pecos Bill, Far West, Wichita…

Cuando se trataba de los lutos se recibían algunos sobre en compensación, aunque todavía circulaban las antiguas cajas metálicas en el tiempo de mi infancia poco a poco el plástico comenzó a tomar su lugar incluyendo en su impreso la forma de utilizarla.., en el antiguo diseño se suponía que quien la compraba sabía cómo usarla. El luto en muchos casos pasaba por la oferta de quienes sabían hacerlo en gran escala. Los parientes del difunto, según su proximidad tenían un período de luto y luego uno de medio luto; este nunca era inferior a seis meses, en cada una de las instancias. En casos de relación padres-hijos, esposa-esposo, hermano-hermana la exigencia era mayor para la mujer; el hombre podía vestir sobriamente y conservar negra la corbata y la cinta en la solapa. Los niños también eran enlutados. La coloración en la indumentaria venía acompañadas de restricciones en usos y costumbres: no se escuchaba música, por ende radio, no se concurría a fiestas, se suspendían casamientos y compromisos. Algunas lavanderas recibían ropa para hacer lutos. Recuerdo aun pr 1967 a mi vecina, doña Rosario Pacheco, haciendo lutos en el patio hirviendo para ello un fuentón con anilina sobre una parrilla alimentada con maderas… Cada tanto había que revolver. Se tenía hasta los pañuelos de bolsillo y se hacía la tarea en exteriores puesto que la emanación era muy fuerte para hacerla en esa escala en los pequeños espacios domésticos en los que nos desenvolvíamos.
En algunos casos cuando en aquellos años se producía un robo de ropa, generalmente se llevaban toda la cordelada que se había dejado en la noche secándose en el patio, la investigación policial se orientaba en tratar de saber quién había estado comprando anilina.

Otro uso se daba cuando se conseguía con algunos conscriptos del batallón las afamadas camisetas navales, y los rifles largos con doble refuerzo en los fundillos. Se acostumbrada a darle otro color, para disimular su origen; azules, grises, pardos.
La moda hippie llamó al teñido de remeras mediante el atado de las misas con hilos, atado fuerte, su inmersión en la tintura y su posterior desatado dejando ver una curiosa telaraña.


El cuidado del calzado exigía un trato regular de limpieza y lustrado. Pero cada tanto, cuando aparecía cierta degradación en el color inicial se recurría a tinturas que debían aplicarse luego de una eliminación prolija de toda forma de betún.
Podía ser que se encarara esta tarea a un zapatero.. Pero los “remendones” era a la vez “remolones”, así que había que aprender a hacer las cosas cada uno por su cuenta, aunque no faltaba alguien entre conocidos y familiares que era muy habilidoso en hacer este tipo de trabajos, con lo cual recibía encargos múltiples que se extendían a carteras, portafolios, cinturones y otros variados artículos de cueros.
Al pasar hace unos días frente a la casa de Doña Chila, vi como una señora que la acompaña estaba en el jardín dedicada a teñir sus botitas color marrón. Era sábado a la mañana, mañana de sol, tiempo de carnaval.., por la ventana abierta se escuchaba la música fuerte, tal vez no del todo del gusto de la patrona. Imaginé que se estaba preparando para salir esa noche de baile, y esa impresión despertó estos comentarios.
Debía haberla fotografiado pero a falta de este testimonio directo incorporo esta imagen donde se aprecia la tarea de restauración de un buen entintado sobre unas botas un tanto maltrechas.

En algún momento, en un pueblo con mucho barro, era fundamental el cuidado del calzado.

Y la tercera referencia la dio el recuerdo del zurcido invisible. De niño pertenecí a una generación de destrozones que además correspondió a un tiempo en el que se comenzaron a dejar de usar los pantalones cortos. Los que antes se rompían las rodillas ahora rompían los pantalones. Para estos después de cada lavado, en su pantalón de fajina, tenía que darse el zurcido, y más adelante otras soluciones mágicas que aliviaron la tarea del ama de casa: los cueritos tipo pitucones, y el mendafacil, que era un parche que se colocaba por el interior de la rotura, aplicable con el calor de un planchado. Este “Mendafacil” venía en algunos casos con dibujos florales, porque también las niñas terminaban destrozando vestidos con algún alambre.
Pero cuando la rotura era mayor, y en una prenda de vestir.. ¡que problema! Un problema que solo lo podía solucionar quien hiciera zurcido invisible. El mismo pasaba por reconstruir el tejido roto, muchas veces en un fino casimir, tomando hebras de otras partes de la indumentaria. Mi madre que de eso sabía lograba hacerse de unos pesos extras, y tenía algunos clientes fijos, un tal Yure por ejemplo.., que comentaba mi madre solía andar saltando algunos cercos, supongo de ciertos gallineros. Con los años el oficio desapareció, las pocas que lo conocían era porque lo habían aprendido en algún internado en condición de pupilas. Había quien llevaba al María Auxiliadora las prendas rotas y las recuperaba como nuevas, siempre te salía más barato que comprar nuevas. Cuando vivíamos frente a ese establecimiento muchas veces mi madre recibía algún regaño de la hermana María, que le decía que con el invisible le estaba sacando trabajo a sus niñas. Y mi madre la enfrentaba preguntándole: -¿Cuánto de  lo que cobrar va a manos de las pobres chicas”.
Hace unos 25 años celebraba dos cosas: un traje nuevo y mi primer PC. En el trasporte de la CPU, tomando un taxi me hice un siete en el pantalón.., y la doble alegría descendió a menos de la mitad.
Pronto me dijeron que podía recurrir al zurcido invisible, fue al colegio y las hermanas se miraron entre sí sin saber de qué estaba hablando. Doña Carmen me dijo que no le daba la vista, y hubo otra experta que estaba derivada en Buenos Aires. Mi madre ya había muerto hacía casi un lustro. Hice un llamado por Radio Nacional, pero nadie apareció. Entonces apareció el recuerdo que en Ushuaia estaba Lucinda Otero que nos podía dar el dato, y se lo preguntamos por teléfono. Primero se rió, después me dijo que se lo enviara por Los Carlos, pero que no la apremiara porque tenía que coser para dos o tres casamientos inminentes. Allá fue mi pantalón, y de allá volvió. Estos días fui a verlo y luce como el primer día, el primer día en que volvió de Ushuaia. Por un lado –el exterior- pareciera que nada le pasó…, por el interior hay un parche negro y las evidencias de cómo fue entretejiendo fibras.



El presente relato recupera esmeros de otros días por mantener la buena apariencia de las personas, en prácticas que en algunos casos se han perdido y en otras se han modificado por nuevas pautas sociales.
No es común encontrar en nuestro Río Grande gente que escriba sobre estos menesteres de la cotidianidad, a no ser Betty Vera, que lo ha hecho sobre sus recuerdos de infancia en el norte del país. Es que nuestras escritoras locales suelen ser más románticas, más aguerridas, más filosóficas que un zurcido invisible, una tintura de zapatos, o una anilina.



NUESTRA HISTORIA RECIENTE – Marzo de 2007



Marzo 1.- Productos locales concursan para estar en las sucursales de La Anónima.

Evacúan varias familias de un edificio de Chacra 2, fue por incendio en Pioneros Fueguinos 262.

Molestias por estado de edificios educativos, entre ellos el Polivalente.

 Marzo 4. Dìa del ovejero, ganador  Grifffins de Estancia Los Flamencos.

En la primera fecha del enduro triunfo de Gabriel Pérez.

Pese al mal tiempo se realizó el desfile del Carnaval. Resultó ganadora la comparsa Amancay –quien ganó también en la mejor batucada-y la Tinku Jatun Mayu en comparsas folklóricas. La Murga Los babosos de fuego se llevaron el primer premio a Ushuaia. En carrozas libres triunfó Blancanieves en el bosque; en la municipal Tribu de la alegría del departamento de la tercera edad, y en disfrazados Danza de la mariposa de Punta Arenas.

Marzo 5.- Cóccaro en el Hospital, intenta establecer un diálogo directo con los estatales en huelga.

Marzo 8.- En el Día de la Mujer se lanza el programa Amiga, y se realizan homenajes a Eva Perón y Elena Rubio de Mingorance.

En el basket local nace el club El Sureño.

Marzo 10. En la inauguración de la Rural no hubo lugar en el palco para los secretarios municipales, cargaron tintas con protocolo de gobierno. En el discurso de la Asociación Rural el  problema fueron los perros cimarrones

Marzo 11.- En el Céntro Terapéutico Educativo hay reclamos por que no se les reconocen los servicios al personal por parte de la Junta de Calificación y Disciplina.

Con un acto en la escuela 8 se inicia el ciclo lectivo en la Provincia.

Marzo 12. Se inicia el ciclo lectivo con la inauguración del edificio de la escuela Antàrtida Argentina.

El MRG firmó carta de intención con el SUTEF por terrenos en Chacra XI.

La banda de Rock Dos minutos actuaron en el Gimnasio de la UOM.

Marzo 13.- César Ramayo fue condenado a cinco años de prisión por tentativa de homicidio.

Se conforma la Cámara de Pescadores Artesanales, con apoyo municipal.

Marzo 14.- Desde la escuela de San Sebastián se reclama transporte para el personal.

Incautan 100 kilos de truchas en campos de María Behety.

Marzo 15.-Fallece José Ruperto Alvarado.

Marzo 16.- Se inaugura el nuevo gimnasio de la Margen Sur, fue por convenio con la cooperativa y trabajo municipal.

Marzo 17.- Nora Cortinas Presidente de Madres de Plaza de Mayo línea Fundadora, concurre a Río Grande en el marco de la Semana de la Verdad, la memoria y la justicia.

Aparecieron en el comercio billetes falsos de cien pesos.

Se inaugura el gimnasio de la Margen Sur.

Marzo 18.- Quejas de los ambientalistas por que se siguen otorgando permisos para extraer áridos de la costa, zona de reserva de aves playeras.

Marzo 19. Radio nacional intimo al intendente Martin a cumplir con la Ley 26.015 y explicar con que autorización construyo el paseo de los artesanos. Tal y como lo habíamos hace mas de un mes la municipalidad usurpo el terreno que rodea los estudios de Radio nacional donde se construyo el denominado Paseo de los Artesanos, asi se lo hace saber el responsable de la Unidad de Negocios de Radio Nacional en capital federal al intendente Jorge Martin pero además el municipio tampoco cumplió con los términos de la Ley 26.015 que obliga a entubar la linea Hexafilar y abrieron una calle a menos de 175 mts exigidos hasta la antena de la emisora perjudicando la transmisión de esta. Rio Grande- A traves de dos notas emitidas desde el Sistema Nacional de Medios Públicos Unidad de Negocios de Radio Nacional Buenos Aires, por el Abogado Carlos Gustavo Guerra, gerente de asuntos legales, se le notifica al Intendente Jorge Martin que no hay ninguna autorización para hacer uso del terreno donde se construyo el Paseo de los Artesanos y por ende se lo intima a presentar toda la documentación obrante y todos los antecedentes. Pero además también le notifica que estan violando la ley 26.015 respecto de la construcción del centro recreativo al rededor de la antena de la emisora en el Barrio AGP, ya que no se entubo la linea hexafilar y se abrieron calles a menos de los 175 metros permitidos, con lo perjudicara la emisión de la radio, razon esta por la que lo intiman a dar cumplimiento a la misma.
Martín visita en chacra XI a la primer ocupante Mirna Godoy.

Colazo oficializó su candidatura a Intendente, anunciando que lo hará en un frente formado por el Partido Para La Victoria.

El Rotary Club Isla Grande festeja sus Cinco Años en Río Grande.

Violento enfentamiento entre familias del Barro Perón.

Estado de alarma por el estado de la planta elevadora de líquidos cloacales.

Marzo 21.- La pobreza en la provincia es del 7,6%.

Marzo 22.- Acuerdo entre Argentina y Chile para estudiar y controlar la cuenca compartida del Río Grande.

Marzo 23.- Juan Sasturain diserta sobre Germán Oesterheld y El Eternauta.

Marzo 24.- Es encontrado muerto Apolonio Benìtez. Hay sospechas sobre la agresión de un hijo adolescente, estaba postrado en silla de ruedas. Rn mayo de 2009 su hijo será sobreseído.

Asalto a mano armada por 160 pesos, fue en Piedra Buena al 800, apuntaron en la cabeza a una empleada con una pistola.

Marzo 24. Se sortean 180 lotes de Chacra II.

Marzo 25.- Roban en ollas Essen por 7 mil pesos.

Marzo 26.- Juan Luca –empleado de Canal 13- es atropellado por Margarita Oyarzún Viuda de Pacheco quedando en estado reservado.

El abogado Juan Ladereche anuncia que será candidato a gobernador por un frente en el que irá también Jorge Colazo.

Reinauguran el gimnasio Jorge Muriel.

Marzo 27.- Poniendo fin a múltiples conjeturas se termina por afirmar que el Presidente Kirchner no vendra a TDF el dos de abril.

Los textiles levantan paro luego de recibir un incremento de sueldo y la zona en un 100%.

Marzo 28.- Carlos Gonzalo Sagastume es elegido para integrar el STJ.

María Lucila Colombo, presidente del Consejo Nacional de la Mujer, acude a Río Grande para el cierre de las actividades del mes de la mujer programadas por Susana Donatti.

Marzo 29.- El Municipio de Río Grande otorga medalla a ex combatientes a 25 años de la gesta de Malvinas.

Marzo 31. Queda en evidencia que la falta de participación del BIM 5 en la conmemoración del 2 de abril està originada en la denuncia de un Veterano sobre el Capitán Bianchi –actual comandante- en un estaqueamiento y malos tratos durante el conflicto.


FUE HACE JUSTO UN AÑO – Marzo de 2016.1



Marzo 1. En el día de apertura de sesiones, paro de estatales provinciales.

Taxistas piden aumento y tarifa nocturna.

Marzo 2. En una cantera de la margen sur encuentran un ancla de doce metros.

Paro de SUTEF con numerosos piquetes en las escuelas.

S exigirá en las escuelas el mapa de la Argentina bicontinental, Ley Calchaquí.

Marzo 3. Un joven de 23 años trepa a la antena de LRA 24.

Se reactiva la obra de la planta del Tropezón.

Marzo 4. Son cremados en Mar del Plata los restos de Juan Carlos Mora estudiante fueguino desaparecido en La Plata en diciembre de 1976. Posteriormente su madre, Elsa Vera de Mora, depositó sus cenizas en el Parque de la Memoria de esa ciudad,  junto a los restos del padre de “El chino”.

En Gobernador Paz y Thorne un camión se estrella contra una carnicería, lo conducía José Bahamonde Barría.

Pablo Zapico es detenido en Monte Aymond al huir por una denuncia de violación.

Eber Matías Nievas se quita la vida, dejando carta aclaratoria a la familia.

Marzo 6. Agazajo del diputado Martín Pérez a unas 300 mujeres.

 En la 42 edición de la fiesta del ovejero el ganador fue Bernardo Ojeda, del establecimiento San Francisco, Chile.

 Marzo 7. Melella invitó a sus colaboradores a adherir al Fondo Solidario.

La concejal Duré que estuvo ausente en Río Grande cuando se trató el tema de la propia autonomía municipal, terminó participando en Ushuaia de los pronunciamientos del gobierno de aquella ciudad sobre el mismo tema.

Se inicia en el CCYAGANES una semana conmemorativa de la mujer, con actividades artísticas y literarias.

Marzo 8. Lalcec inauguró sede en María Auxiliadora 952.

Marzo 9. Luego de haberse reunido la Cámara de Comercio con el Concejo señalándose su compromiso con respladar la autonomía municipal, los representantes comerciales publicarán una solicitada desmintiéndolo.

El municipio cerca en Cabo Domingo el hábitat de pingüinos con el fin de impedir el contacto de los curiosos.

Marzo 10. Ocho años de cárcel  para Rodrigo Collao acusado por abuso sexual de una menor de once años.

Hay prórroga con Agrotécnica hasta que se defina pliego licitatorio.

Marzo 11. Falta de mérito para el profesor de Música acusado de abusos en un jardín de infantes.

Un camión de YPF permanece por dos días mostrando los procesos productivos de la firma.

Mientras en Ushuaia hay conversaciones entre gremialistas y gabinete, la gobernadora recorre el Yacimiento Río Fuego de la firma YSUR.

Marzo 12. La revista de la Rural publica Frigorífico CAP, entre la memoria y el olvido, escrito pro Ana Berbel Smolcic.

Comienza la 37 edición de la Exposición Rural. Presencia del presidente de la SRA.

Marzo 13. Asamblea docente y retención de servicios en la EAS:
Tal como informamos por escrito a todas las familias de nuestros estudiantes, hoy se concretó una asamblea de docentes quienes, ante la falta de pago de los haberes de febrero, decidieron llevar adelante una medida de retención de servicios hasta percibir sus sueldos.
Si bien el Expediente de pago del Aporte Estatal correspondiente a enero se encuentra en Tesorería de Gobierno y sabemos que existe el compromiso y la voluntad de las Autoridades Provinciales de hacerlo efectivo a la brevedad, reconocemos que, debido al conflicto de los gremios estatales, la Casa de Gobierno y todo trámite o gestión institucional, estuvieron y están paralizados en estos días.
De todos modos se debe poner una vez más de manifiesto que la desidia, el maltrato, el daño y los perjuicios que ocasionaron arbitrariamente a esta Institución Educativa los titulares de la anterior gestión provincial, hacen que hoy nos encontremos en la situación planteada.
Dios quiera que las malas experiencias ayuden a un mejor presente y futuro en una Escuela que recibe del Estado Provincial únicamente el aporte para el pago de salarios de la planta docente y lleva adelante una tarea permanentemente centrada en la Educación Agrotécnica, con toda la complejidad que ésto significa.
Aguardamos esperanzados una pronta solución a este problema que nos pesa y mucho, para retomar las actividades con normalidad, agradeciendo a las autoridades que, a sabiendas de estas novedades, están tratando de ayudarnos.
Estaremos en comunicación por esta red social y otros medios para hacerles conocer las novedades que ocurran.
Les agradecemos la comprensión y el acompañamiento a todos y pedimos disculpas a todas las familias.
Prof. Graciela Pesce. Directora de Obra y Representante Legal EAS

Gobierno anuncia una inversión de 380 millones de pesos con fondos de Nación.

La Guanaca realizó su primera presentación en Yaganes.

Marzo 14. Se inicia en CANTO DEL VIENTO la semana de la mujer emprendedora.

Robo y daños en el cementerio, rompieron computadoras, se llevaron reloj de asistencia.

El concejal Nogar impulsa una solución para la laguna seca, pasa por un alambrado a la misma y un convenio con estancia María Behety (ver plano).


Crear futuro TDF insiste en la necesidad de abril la ruta 3 por la Margen Sur.