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RASTROS EN EL RIO.91 *4 de agosto: Día del Panadero.

A estas tierras donde tanta gente acudió a buscar trabajo, también llegaron muchos a hacer pan, por eso mismo que tanto une el pan y el trabajo.

Juan de la Cruz Franco, es el paraguayo que en el censo de 1895 aparece identificado en su oficio. ¿Dónde tendría su batea y su horno? En cada estancia grande probablemente habría un encargado, el cocinero mismo, o uno de los dos del matrimonio que hacía de mozos. En la Misión amasó Juan Asvini (FOTO) , hasta que después hizo historia don Jorge Eterovic. Ambos descansan su sueño panadero en el panteón de La Candelaria.

Saliendo del nivel doméstico donde no faltaba en la despensa por lo menos una bolsa de harina, fue don Marcos Obregón el que puso en venta su pan en su casa de la calle Fagnano, a pocos metros de los cuarteles, es decir del edificio parroquial que se inauguró con las tropas del ejército a principios de los años cuarenta.

De niño tenía que elegir entre ir a comprar pan a “lo de Parún” o un poco más lejos –pero en un lugar reparado del viento- en “la de San Juan”, que luego fuera “la de Donoso”. Parún tenía sus instalaciones en Piedra buena esquina Perito Moreno, donde hoy está la agencia de remises. San Juan allá cerca de la playa, en ese entrevero de calles que los antiguos nunca podemos memorizar.

En cada casa había una bolsa, generalmente confeccionada con tela y a veces embellecida con los bordados incipientes de alguna niña, con ella había que salir a reclamar el pan francés, que muchos chilenitos seguían llamando marraqueta, o lo que era más para el mate: el pan criollo y los felipes.

De las primeras facturas, allá por los años sesenta, da cuenta alguna mesa de gente de Marina por que el Batallón tenía sus panaderos, que eran de los mejores, hasta que llegó Doña Lolli de la Bolognesa y les mató el punto a todos.

Fue por aquellos días en que comenzó a venderse el pan en las despensas. Es que el pueblo crecía sobre La Vega,  los industriales panaderos salían a competir por la clientela.

Siendo estudiante secundario en más de una oportunidad acudimos por las noches a la panadería que era de Donoso, es que no había llegado el panadero –por eso de que el pan y el vino siempre van juntos- y había que darle una mano a los mellizos.

Mi mamá si que hacía buen pan. Pero cuando se cansaba o cuando mejoraba el que se hacia en las panaderías allí tenía que salir yo, tres veces a la semana, a hacer las compras, reclamando derecho, y si estaba caliente de comerme “los cachos”

El pan formaba parte de la identificación familiar. Y estaba la familia Comepán, el viejo Pan Duro, la vieja Levadura, entre los personajes populares, algunos de los cuales dejaron descendencia.


(Leudado hace 23 años por Oscar Domingo Gutiérrez)