Mostrando entradas con la etiqueta rastros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rastros. Mostrar todas las entradas

RASTROS EN EL RIO.91 *4 de agosto: Día del Panadero.

A estas tierras donde tanta gente acudió a buscar trabajo, también llegaron muchos a hacer pan, por eso mismo que tanto une el pan y el trabajo.

Juan de la Cruz Franco, es el paraguayo que en el censo de 1895 aparece identificado en su oficio. ¿Dónde tendría su batea y su horno? En cada estancia grande probablemente habría un encargado, el cocinero mismo, o uno de los dos del matrimonio que hacía de mozos. En la Misión amasó Juan Asvini (FOTO) , hasta que después hizo historia don Jorge Eterovic. Ambos descansan su sueño panadero en el panteón de La Candelaria.

Saliendo del nivel doméstico donde no faltaba en la despensa por lo menos una bolsa de harina, fue don Marcos Obregón el que puso en venta su pan en su casa de la calle Fagnano, a pocos metros de los cuarteles, es decir del edificio parroquial que se inauguró con las tropas del ejército a principios de los años cuarenta.

De niño tenía que elegir entre ir a comprar pan a “lo de Parún” o un poco más lejos –pero en un lugar reparado del viento- en “la de San Juan”, que luego fuera “la de Donoso”. Parún tenía sus instalaciones en Piedra buena esquina Perito Moreno, donde hoy está la agencia de remises. San Juan allá cerca de la playa, en ese entrevero de calles que los antiguos nunca podemos memorizar.

En cada casa había una bolsa, generalmente confeccionada con tela y a veces embellecida con los bordados incipientes de alguna niña, con ella había que salir a reclamar el pan francés, que muchos chilenitos seguían llamando marraqueta, o lo que era más para el mate: el pan criollo y los felipes.

De las primeras facturas, allá por los años sesenta, da cuenta alguna mesa de gente de Marina por que el Batallón tenía sus panaderos, que eran de los mejores, hasta que llegó Doña Lolli de la Bolognesa y les mató el punto a todos.

Fue por aquellos días en que comenzó a venderse el pan en las despensas. Es que el pueblo crecía sobre La Vega,  los industriales panaderos salían a competir por la clientela.

Siendo estudiante secundario en más de una oportunidad acudimos por las noches a la panadería que era de Donoso, es que no había llegado el panadero –por eso de que el pan y el vino siempre van juntos- y había que darle una mano a los mellizos.

Mi mamá si que hacía buen pan. Pero cuando se cansaba o cuando mejoraba el que se hacia en las panaderías allí tenía que salir yo, tres veces a la semana, a hacer las compras, reclamando derecho, y si estaba caliente de comerme “los cachos”

El pan formaba parte de la identificación familiar. Y estaba la familia Comepán, el viejo Pan Duro, la vieja Levadura, entre los personajes populares, algunos de los cuales dejaron descendencia.


(Leudado hace 23 años por Oscar Domingo Gutiérrez)

RASTROS EN EL RIO.1991* “De cómo un micrófono indiscreto vino a registrar diálogos múltiples en un encuentro plural, de gente de otros días.”

La mala memoria es un dato ineludible de la realidad.

Quienes en lo cotidiano nos enfrentamos en una real tarea de salvajes por recuperar la memoria colectiva de nuestro pueblo sabemos que esta aflora bajo inconsistencia de los años.

Así escribíamos por 1991 un Rastro que marcaba presencia en los días del aniversario de la ciudad:

El domingo y el miércoles nuestro abordaje fue el mismo, primero con las situaciones domésticas que valoradas en efectos nos pueden reportar al tiempo pruebas únicas de acontecimientos  que a su momento no pudieron ser medidos por la trascendencia que lograron luego, segundo con un grabador que en una cena de viejos pobladores quiso escuchar todo, pero  oculto él,  desarticuló las ocultas inhibiciones del entrevistado y conformó un muy singular documento lingüístico.



-Así con el “Comelaucha”.
-No se salvaba nadie por aquella época.
-A todos le ponían un apodo.
-A Mirko lo conozco mucho, yo le voy a decir...
-Hay que decir que a él lo llamaban el “Comelaucha”.
-Si hoy lo veo no lo conozco.
-Lo conoció a un austriaco grande...
-¿Quién?
-Mariano.. curaba el empacho.
-¡No me acuerdo!
-Cuando tenía que curarse el empacho, ¿a quién veía usted?
-A lo mejor ha llegado donde Bruno, pero no me acuerdo.
-¿Usted cree en el empacho?
-¡Uhn?
-¿Usted cree en el empacho?
-¡El qué!
-El empacho.


...........

-¿Le gusta tejer?
-¡Si!
-¿Qué le gusta: tejer, coser..!
-¡Oh, cuanto cosí en Punta Arenas! Cosía.. o sea que no, yo aprendí costura, aprendí sola; que tenía mucho trabajo. Y la mamá tenía tinturería, y yo tenía también. Así que yo trabajé mucho...
-Usted sabe que yo me acuerdo, antes cuando se moría alguien uno tenía que vestirse todo de luto, ¿no? Llevaba toda la ropa a la tinturería:¡verde?.. lo teñían y se lo devolvían negro.
-¿Ah no! ¿Yo se teñir! Tiño cualquier prenda y todos contenta. Ahora último, cuando vine aquí –creo que estoy más de un año- ... y le teñí a una señora joven y otra señora un vestón y un abrigo y se fueron encantadas... ¡cómo nuevo!
-¿Usted compra la anilina ya hecha?
-Se compra las anilina. En una vasija grande se pone al agua, se entibia, no hay que ponerla hirviendo porque si se pone hirviendo se mancha. La mamá tenía tintuerería. Aprendió de un viejito que ella trabajó, y aprendió a teñir.
-¿Ella misma aprendió?
-En Punta Arenas, ella sí.
-Tenía un nombre la Tintorería.
-¿Tinturería Francesa!
-¿Y el viejito como se llamaba?
-Lorne. Y después se murió ese viejito apenas arrastraba las patas, los pies.
-Pero se hacia de todo en Punta Arenas.¿Se hacían zapatos también,? ¿No?
-¿Zapatos? ¡Los zapateros, sí!
-Se acuerda de un zapatero de por allá.
-Hoy en día no se hacen zapatos porque llegan y compran los zapatos nomás.¿Sería en los tiempos de antes?
-Claro, en nuestros tiempos.
-Zapateros remendones.
-Zapateros, hay, sí.
-Pero muy pocos.
-Y acá en Río grande, cuando un se quedaba con los zapatos rotos, ¿qué pasaba?
-¿Se los arreglaba alguien?
-No.. Si, claro, cuando tenía zapatos, traía y me los llevaba para arreglarlos. Pero, ¿qué hay zapatería? ¿Zapatero, zapatero!
-Yo me estaba tratando de acordar un zapatero bueno que había en Punta Arenas, que era una griego, y ahora no me acuerdo el nombre. Me hacía unas botas altas, ¡hasta acá! ¿Usted no usaba botas antes?
-No se, yo no me acuerdo.
-La gente usaba botas hasta la rodilla.
-¡Sería el tiempo muy malo antes!
-Y habría barro por todos lados, ¿no?
-Las botas esas se llamaban, puede ser, valdivianas.
-Un alemán también hacía eso.
-¿A sí?
-Si, casado con una iiindia. Y tuvo una hija, y a la hija la puso a la escuela alemana.
-Ahora dígame como era ella, por que me imagino que hija de alemán e hija de india debería ser...
-India, iiindia nativa. La hija también, ¡hija de indios, pués!.
-¿Qué parecía? ¿Más india o más alemana?
-¡No! Parecía a la madre, pero no era completa la madre. ¡Vive! Yo la conocía por mi hermana mayor que siempre la acompañaba. Está viviendo en Puerto Madryn.. Lo conocieron, vino con el marido por que se casó. Pero no me acuerdo el apellido de ella... Piguel. Ella se llama... Folyi Piriguel.
-¿Usa los dos apellidos?
-Nha.
-El se mató porque dijo:¡cuánto trabajar, trabajar..! Y se fue a matar. Se aburrió de trabajar, de hacer zapatos y se mató.
-Había mucha gente que se mataba.
-¡Mucha gente se mataba!
-Estaba aquí ese muchacho Smidth que se mató.
-¡Schmidth!
-Se había casado con una iiindia. Los padres lo echaron de la casa y entonces se mató.
-Casado era.
-¿Entonces no había gente antes? ¿No había mujeres que se fue a casar con una iiindia!
-Y.. no había mujeres. ¡No había hombres tampoco!, sinó las indias se habrían casado con los indios.
-Antes había indios en Punta Arenas, pero las personas que querían ser ricos les cortaban la cabeza.
-¿Pagaban bien?
-¡Serían esos Menéndez, Campos?
-Así es la historia.
-O sea que se hacían unos buenos pesos.
-Si, si hoy en día ellos son millonarios.
-Después había gente que andaba buscando oro.
-Buenos, ellos buscaban el oro, pué. Y los vendían seguramente, y le pagaban bién...
-Y todos apellidos...¡resonantes!
-Esos han muertos todos.¿Eh!
-Ya pasó mucho tiempo.
-Alonso... Alejandro.. eso está para la historia.
-Eso ya no cuenta el cuento.
-Uno de ellos era pariente de mi suegro, pero él no se llevaba con ellos. ¡Ah! Tenía el sobrenombre: “Picoroco”, por que tenía la nariz así...
-¿De dónde vino su suegro?
-Aquí se le murió un hermano al viejo, que en paz descanse, yo lo conocí –era muy buen mozo- no se parecía nada al resto... El, lo mataron. Uno le avisó que le robaron el hacha del caballo y lo fue a correr, entonces, en vista de eso, llegó un campesino, y le rompio todo acá... Pero si es gente habilosa, ...inteligente, rompe la sában y lo enguelve todo y lo lleva al hospital..¡se salva! Pero yo ya no vivía con él, ¡sino esa iiindia! Y cuando miraba, no miraba de frente, así. Como la Porota, ¡la Porota Triviño miraba así!
-Esa es costumbre de los gringos... Los gringos cuando hablan miran para otro lado. O dan la espalda, los administradores de las estancias dan la espalda.. ¡costumbre de gringos!, esa. No mirar a los ojos. Lo mismo que los chilotes de ojos azules.
-¿Mírenla a la veterana le da a la mandíbula comiendo y hablando?
-Está muerto acá en el cementerio, si. Parece que se llamaba Edmundo, ¡no me acuerdo!
-¿Si?
-¡No!
-Ese marido me tocó malo, ¡malo, malo..! No me daba un paso, me seguía ¡ah!. Era un borracho.
-En esa época todos tomaban.
-Ahí se peleaba con mi hermano.
-¿Pero por qué se peleaban así?
-Empezaban a alegar, y llegaba y pegaba este, y el otro también le aforraba. Pero eran tremendos, nunca dejaban tranquila a la mamá. ¡Y con la pensión? ¡Y nadie pagó nunca la pensión! ¡Vivían de la mamá! La mamá tenía pensionistas, la mamá sufría mucho con ese hombre.
-¡Dónde lo conoció la mamá?
-¿Ah?
-Dónde..
-Acá. Lo llevó fatiga a la casa, y mi hermano:¿te acordás del vecino?¡Que aquí que allá!.. no salió más de la casa. Le dio pensión la mamá, no se como algo así. Y no me daba un aso, salía, atrás... no podía ir yo a comprar con la mamá.¡Uy! que me dá, ¡que arrepentida estoy de haberme casado con ese hombre! Yo estoy separada de verdad.¡Eh! El vive con otra mujer. Hizo una gran cosa, que la mujer vive con él. Acá ha venido, ¡los días y las tardes! Llegaba allá en la casa que yo tenía.. de la puerta me lo echaba:¿qué querés? El vive una cuadra más atrás, una casa muy grande.

.........................................


-En esa época acá en Río Grande no había gas...
-La pura leña.
-¿Y quién traía la leña?
-Mi hermano iba a buscar leña. Ese sí que era malo, ¡malo, malo!, si iba a buscar leña.
-¿A dónde iba?
-No se que parte sería. Le daba el motor marcha, y arrancaba. No lo dejaba en descanso al motor. Y entonces se rompió el motor.
-¿Qué tenía, un camioncito?
-Tenía un chofer, Vargas, que le decían “La guacha”.
-¿La guacha?
-Mh.. tenía una..¿ja,ja,ja!. Lo tenía de pensionista la mamá.
.-¿Era soltero?
-Soltero.
-Yo no se por que le decían “La guacha”.
-Dos comían a costa de la mama. Y listo que había otro ...otro hermano mayor que también murió. No vería un cinco la mamá.
-¿Y la mamá cocinaba?
-Y después ...cocinaba y un día llorando dijo:¡hijita no puedo! ...la hermana mayor si que era floja.
-La que está en Punta Arenas.
-Floja se levantaba a las doce, la que está en Punta Arenas en el asilo Miraflores, de ancianos. ¡No hacía nada! Yo la ayudaba con el pan a amasar, ella no hacía nada; yo le llegaba a cortar la carne.
-Este hombre, mi marido: no hablo como la Apablaza que le decía Fernández al marido... encontró un viejito y lo mandó a la casa para que le de pensión, ahí estaba borracho tirao, ¿para qué? Comía de lo que yo trabajaba de la pensión.
-¿Quién era el que cortaba la leña?
-Los mismos pensionistas. Ellos cortaban y trozaban la leña por lo que les daba lástima a la mamá y era una forma de pagar la comida. Ese Bruno.. una vez tenia una máquina, que yo cosía, la vendió a una tal Salgado. Y le dije ¡no vendas la máquina por que yo coso la ropa!, la ropa mía, cortaba, que se yo, como modista. No soy modista pero aprendí. Y vendió la máquina, y me quedé sin nada. En la casa que estaba tenía, pero máquina usada, de segunda mano, ellos fueron a la casa yo traje algunas cositas, las sábanas, ollas, después las frasadas ella las mandó con ellas. La casa está allá, casita de material, bonita; no tiene mucha comodidad, tiene nada más que un solo dormitorio, un living comedor y una cocina, nada más. Yo sola le puse el hule, compré el hule y lo coloqué yo sola, había al frente un taxista y le dije: -Por que no levanta la estufa para meter abajo; y le pague cincuenta pesos y puse el hule.
-¿Con tachuelas?
-No, así nomás. Por que con tachuela allá no se usa. Está la casa bien arregladita, bien arreglada, y un tal Olguín había sacado todos los piquetes y hecho fuego, yo lo denuncié y cuando le hice la denuncia la arreglaron todo.
-Sinó iban adentro.
-De afuera. Habían piquetes, un cierre y ese cierre se los iban retirando todo, haciendo “juego” por que son unos flojos unos borrachos y no tienen nada. Así que yo, loca enterada, hice la denuncia enseguida en el juzgado local, y ahí me lo atrincaron.
-Usted seguro que no se acuerda como se hacían los colchones.
-Eso lo hacía la mamá. Le hizo no se cuantos colchones y ...mal agradecidos todavía. Hacía una tira larga así, y después con el cáñamo le quedaban lindos los colchones. Y ese Bruno... yo dormía en una camita, y me sacó la cama y la vendió a un hotel. Le digo: -¿Por qué me vende la cama, la marquesa? La vendió, entonces la mamá sacó otra. ¡Era malo, malo!
-¿Cómo era que se llamaba la mamá?
-¿Ella? ...La cañe.
-¿Por aquella época ustedes tenían agua en cañerías?
-Mh...
-¿Entonces por pozo, no?
-No, del pozo no.
-Cañería, como la de acá.
-La Cañe le decían a la mamá. Candelaria se llamaba.
-¡O sea que no había pozo!
-No se, yo no se nada, por que yo llegué al último, ellos...
-Ya estaba todo hecho..
-Mh..
-Por que era difícil escarbar. Hay lugares en que había pozos de veinte metros.
-¡Hubo muchos carreros en aquella época, gente que andaba..?
-¿Muchos qué?
-En carro...
-¡No...!
-Había ya ..camiones.
-Pasaban cargados de leña.
-Hubo un tren ahí...
-¿Un qué?
-¡Un tren!
-¡Nooo!
-¡No anduvo en trencito?
-¡En Punta Arenas iba a haber tren!
-Había un tren que llevaba los chicos al colegio, a pasear a María Behety, ahí si hay un tren,
-¿A la estancia o al parque?
-Eso ya no existe más.
-Lo levantaron todo.
-Ahora está lindo Punta Arenas.

............................

-¿Escuchaban radio aquí en Río Grande?
-¿Ah?
-Radio..
-¡Siií! Tenía radio Bruno. Tenía cocinero.
-¿Y la mamá no era la que cocinaba?
-La mamá le pelaba papas.. ¡Oh!, cuándo le hacía papas fritas y no estaban bien hechas se las tiraba. Era malo, malo
-¿Y el cocinero, era bueno?
-El cocinero.. un tal fuentes. Ese pura risa nomás.
-Era soltero.
-Casado.
-¿De qué se reiría intonces?
-Casado.., tenía una hija que se llamaba Rosalinda. ¡Ja, ja! Así decía y se ponía carcajadas.. de risa.
-¿Era linda la nena?
-No se, no la conocí.
-Yo si.
-El decía que estaba en Puerto Montt.
-Pero acá andaba soltero.
-Andábamos..
-No se.
-¿Cómo le llamaban a Fuentes?
-Había llegado como siempre a visitar a Bruno; Portolán,  que en paz descanse; Elgueta, que falleció; Aguilante Muñoz, que falleció, y otros muchos más que no recuerdo.
-¿Le gusta recordarse de esa época?
-Eso es lo que recuerdo.
-Pero me está contando cosas que pasaron hace 56 años.
-¿Qué cosa?
-¿Usted tiene buena memoria o se olvida?
-A si, yo tenía un novio. Pero no lo quise. Por que él era cura. Vino a trabajar acá, era arto simpático, harto dije.. y se casó con una mujer de la vida. Nora le llegó a rogar por favor... por que yo no me iba a casar con él. ¡Estaba mala de la cabeza! Y le agradeció cuando la fue a visitar.
-¿Cuándo estaba mal?
-¿Cómo se llamaba ese cura?
-Abraham Muñoz.
-Pero era cura en Chile.
-En Chile, entró a trabajar, se puso de empleado particular, si.
-Sería un hombre muy inteligente,¿no?
-Muy preparado,¿no?
-Preparado, preparado.
-Me había rogado, rogado que se iba a casar conmigo.
-¿Y Nora?
-Era una buena persona. De Punta Arenas, estuvo comiendo dos semanas y no pago nada.
-Buena persona pero no pagaba.
-Y la mujer, ¡dónde la conoció?
-Acá. Le decían la Mimisa. ¿Yo no se? ¡Cuándo vendría al pueblo! Tiene que ser así. Pero esa la echaron de acá, parece,  ah. Era una mujer que estaba pegando enfermedades y tuvieron que echarla. Cuando venía a lo de la señora de Alarcón, una vez lo vi bailando con ella.
-¿Usted no iba a misa?
-Cuando la señora de Alarcón me invitaba, nomás venía.
-Ella era de allá, de sus pagos.
-La conocía a la mamá, mucho; y tenían un hotel –Yadra- en Punta Arenas. Y cuando estaban de mozos le dejaron de herencia.
-Y después se vino para acá, ¿mire que cosa?
-Si.¿Quién?
-Ellos...
-¡Quien dice que vino para acá?
-Ellos..
-¿A si?
-¿Y se compuso no?
-¿Quién era el que tenía el correo para Chile?
-Un tal peña, un tal Tamargo.
-Camargo se fue al norte.
-Hizo plata.
-No se.
-¿Y con Ross no...?
-¿Ah?
-¡Arturo Ross!
-También era correo. Ross el que tenía hotel.
-¡Y aquí las mujeres cuando iban a tener sus hijos en el Frigorífico, que hacían?
-No se, me parece que había un hospital.
-Había pocas mujeres, también.
-En esa época los bailes se hacían con orquesta.
-¿Quiénes eran los músicos?
-Ni me acuerdo.
-Pero eran buenos.
-Creo que tocaban el acordeón.
-¿Se acuerda de las vitrolas esas que habían antes?
-No me acuerdo si era vitrola o era orquesta.
-Había muchos pescadores en el Frigorífico, yo conocía a un viejito que siempre me llevaba centollas, pescados, era muy bueno, de un accidente murió. Parece que acá mismo. No me acuerdo como se llama. Perdí la memoria. Por el nombre me acuerdo de Kopeske, pero no se, no se.
-Era trabajaba en la primera, andaba siempre con plata argentina, no usaba plata argentina el gringo ese.

-¡Silencio en la noche!, que ahora habla el Intendente..

....

-Queridos abuelos, buenas noches.


RASTROS EN EL RÍO 1991*“De cómo con la aparición de la TV, el pueblo ingresó a nuevas formas de comunicación y soledad.”


 Fue casi a fines del año 1965 cuando apareció en la vidriera de Casa Fuegia el primer televisor de Río Grande. Por aquel tiempo ya se habían iniciado los primeros replanteos de obra de lo que sería más adelante el Canal del Onita, y el rumor que desfilaba de casa en casa era que la televisión se había conseguido para Río Grande gracias a que el Gobernador Bilbao era de aquí: si no habría sido otro privilegio de los ushuaienses.

Durante semanas el comienzo de las clases se demoraba para los chicos del Ceferino Namuncurá y las chicas del María Auxiliadora en la vereda de tierra de la ferretería de Stanic y Heredero, y era en esa rueda frente al televisor que los pequeños esgrimían las más arriesgadas conjeturas sobre el funcionamiento de aquel aparato:

-Vos le comprás una pomada importada, se la pasás en el vidrio y se ve en colores.

-¡El canal que más me gusta es el nueve!

-Yo estuve viendo como hacía Titanes en el Ring.

Y por supuesto que en todo aquello los lugareños dábamos crédito a los aciertos y los disparates que los porteños, en minoría de origen marino, hacían sobre el increíble adelanto que nos permitiría ver los programas de Walt Disney todos los días, sin esperar las películas que Wilson y Fernández traían cada tantas semanas.

Hubo que esperar casi dos años. De por medio el canal fue una mole en medio de la pampita que en invierno nos permitía patinar; con el trabajo de la empresa del Ingeniero Canga –ya por entonces mi profesor del secundario- se llegó a la terminación de la obra. Otro de mis profesores, el Maestro Videla, hizo un curso para ser Director del Canal.

En realidad no sé si se hizo acto alguno de inauguración en ese invierno de 1967 cuando nos agolpamos, ya frente a las vidrieras de Casa Menón, o Radiosur, donde tenían la gentileza de sacarnos un parlante para que pudiéramos escuchar los programas de prueba, casi todos de origen francés, y más adelante los dibujitos del Intrépido Volador.

Solo supimos que si bien se hablaba inicialmente del Gobernador Bilbao como gestor de la idea del progreso, en aquel momento con las autoridades constitucionales destituidas, hubo muy pocas menciones para la significación cívica de un medio de esa naturaleza.

Con el tiempo fueron mucho más los que sacrificaron ahorros para tener TV en casa, la vida se restringió, los maridos comenzaron a conocer a las esposas, los niños dejaron sus modismos chilenos por aquellos otros que les inculcaban Biondi o Mareco, las primeras novelas forzaron a la Administración Pública, que por aquel entonces trabajaba de tarde, a cambiar su horario para facilitar la concurrencia.

Las carreras de autos comenzaron a pasar frente al canal para que todos se quedaran en la casa y pudieran verlas, los diarios que de tanto en tanto llegaban a Río Grande partían del stand de Robles en La Anónima para ser leídos en la población, los partidos de fútbol se anunciaban con bombos y platillos aunque fueran de dos semanas atrás, y hasta se transmitió en directo la llegada del hombre a la luna.


Como sería la importancia del medio que hasta asfaltaron la calle Alberdi por donde se llegaba a la casa del Onita, y eso ya es mucho que decir en la barrosa población que ingresaba a la era de las más modernas comunicaciones.

RASTROS EN EL RÍO 1991.

La aparición del diario EL SUREÑO me trajo en Río Grande una interesante oferta laboral. Yo la reduje a lo posible en ese momento: publicar una serie de 72 artículos que años antes habían constituido el prólogo a un importante ciclo radial LOS GAJOS DE LA TIERRA.
No creí que el diario pudiera durar más, nos reímos con GONZÁLEZ y FAYANÁS cada vez que lo recordamos.
Lo que tenía que hacer era escribir una columna dominical.
Con los años la producción de ese año, más una cronología de eventos culturales fue convertida el libro. Hoy ese ejemplar está agotado y en este domingo pensé en que podría volver a publicar algunos de esos escritos, al menos los domingos, por si se mantiene el interés por nuestra mirada de entonces. Perdonen si me vuelvo autorreferencial, pero es por provecho ajeno.., alguien que venga y pregunte por algún tema en particular puede ser remitido a estas columnas que pasan a sí a tener estado público.



“Y fue con un primer censo que encontramos elementos de reflexión sobre la población colonizadora del antiguo Río Grande.”

El 10 de mayo de 1895 se realizó en la República Argentina el Segundo Censo de Población y Vivienda, que en Tierra del Fuego resultó ser el primero aplicado por las autoridades nacionales.

Creemos oportuno traer algunas cifras de aquella experiencia estos Rastros en el río, ya sea al ingresar en la anécdota o bien al sumirnos en la realidad social de aquellos días. El Territorio gobernado entonces por Pedro Godoy sumaba aquel año para el Departamento de San Sebastián un total de 73 habitantes, 17 casas, e inexistencia de familias.

Los datos -que hoy se insiste son reservados- nos sirven para configurar algunas referencias, teniendo en cuenta que no se atendió a censar a la población aborigen que no estaba reducida; aparecen nombres, edades y profesiones de aquel segmento de la isla que hoy es el Departamento de Río Grande.

Si atendemos a las nacionalidades diremos que aparecen 13 argentinos, a los que podemos agregar 6 cuyo lugar de nacimiento resulta Tierra del Fuego, hecho que puede atender a una cuestión de mestizaje o condición aborigen. Al final 19 connacionales sobre 73.

Los austríacos, que luego se llamarían yugoeslavos, llegan a sumar 16, todos hombres.

En realidad la presencia femenina es mínima, llegan a ser 8 las identificadas, cuatro de ellas religiosas más una niña de ocho años, lo que hace suponer que la vida galante estaba reducida a su mínima expresión.

Quince aborígenes son censados como procedentes de San Sebastián, en los informes de Ushuaia, sin saberse si estaban de paso, o los datos se tomaron mediante otro recurso.

La profesión del lugar y del momento era ser minero, los austríacos continuaban los derroteros y ambiciones de Popper. Seguían en interesante número de policías, en demasía para la población blanca existente lo que lleva a prefigurar en su accionar una presencia dirigida esencialmente a anteponerse a los aborígenes. Los trece policías bajo la jefatura de José Pezzoli, el Comisario censista, eran seis argentinos: dos de Santa Fe, tres de Buenos Aires y un cordobés, el primero, Vicente Castro que por entonces tenía 39 años de edad. Pero además de los argentinos se registran cuatro españoles, y un representante de cada uno de los siguientes países: Portugal, Italia y la República Oriental del Uruguay.
Los militares de aquel censo son cinco, es que se viene desempeñando en la zona la Comisión Demarcadora de Límites, bajo la jefatura de José Castro Sumbland, porteño, secundado por Carlos Backhausen, alemán de 48 años.

La ganadería que apunta a aparecer –todavía no se instalan estancias en la zona- está representada por tres ovejeros: un portugués Samuel Martínez, un inglés Jack Dicks, que en las crónicas de la Misión aparece con el apodo de Chale, y Andrés Beltrán, con ese apellido se lo sindica de nacionalidad escocesa. El único estanciero es un inglés, Normand Wodds de 25 años; años después su apellido aparecía ligado a la firma Waldron. Los Wood tenían su ámbito de acción del lado chileno, Estancia San Martín, donde su nombre aparece ligado a casos de matanzas de indígenas.

Desconocemos el propósito de su inclusión en nuestras estadísticas a no ser que fuera un habitué del medio argentino, porque la metodología no parece haberse basado en una encuesta realizada en un solo día, sino en la observación continua de la autoridad policial.

La Misión era uno de los establecimientos visibles, allí se registró al único sacerdote José Maria Beauvoir, italiano de 44 años; dos coadjutores Juan Ferrando y Antonio Bergese aparecerán como carpinteros, el tercero del oficio es un argentino Miguel Ipeconi.

Las religiosas son Rosa Mosobrio, italiana, Rosa Gutiérrez, chilena, y una joven de 15 años de nacionalidad desconocida: Maria Oyarzo.

Tres jornaleros formaban la fuerza laboral, uno de ellos es francés, en tanto que del lado de la peonada sólo aparece un sanjuanino de 26 años: Gregorio Morales.

El panadero del lugar –vaya a saber si venía con el oficio o lo desempeñó aquí- era un paraguayo Juan de la Cruz Franco. En tanto que en alarde de ciencia y técnica se nos daba la presencia del agrimensor Carlos Glade y del químico Bruno Ansörge.

La única costurera era Candelaria Arpi, chilena, moza sin edad definida, en tanto que otra de las damas de lugar Isabel Chamorro, es la madre de Marcos Chamorro, el más joven de los censados que tenía aquel 10 de mayo de 1895 sólo dos años.

Los más viejos serían Antonio Bergese de la Misión y Luis Botazzi, minero, eran los veteranos de cincuenta años.

No se registran en los datos de este censo apellidos que luego se hayan perpetuado en familias antiguas de la localidad. El hecho demográfico europeo no estaba garantizado aún. Los indígenas, ni siguiera incluidos, Sus mujeres, en el mestizaje forzado o inevitable, fueron pediendo identidad racial y nominativa. El celibato de algunos y el golondrinaje de otros no configuraban un afán de poblamiento que tanto tiempo tardaría en manifestarse.




En el corazón de Danka.

Danka Ivanoff Mellman, la gran referente de las letras de Chile Chico, nos ha incluido en su blog de libros sobre Aisén y Patagonia Chilena, que tiene una puerta de acceso desde nuestro blog entrando a nuestro perfil.

Nos ha puesto en razón a partir de su lectura de nuestro Rastros en el río. Alegró nuestra mañana bonaerense, en un día en que amanecimos hablando de proyectos librescos para el 2011.

"Mingo Gutierrez ha venido desarrollando durante muchos años una fructífera labor en el rescate de la pequeña gran historia de Río Grande y de Tierra del Fuego. Este libro contine esas historias mínimas de personajes casi anónimos para el resto del mundo pero que fueron grandes personajes en la comarca. El libro está escrito con un relato muy agil y ameno y nos va entregando página a página las biografias de esos personajes riograndenses que contribuyeron cada uno a su manera al desarrollo de un lejano lugar.Vamos sabiendo de la rudeza del invierno, del viento implacable, de las construcciones de edificios, de las visitas de políticos y de otros personajes y de como una pequeña aldea se fue transformando en ciudad pujante sin olvidar sus "rastros". vale la pena leer este libro y aún más, vale la pena conocer al autor que es en si mismo todo un personaje lleno de simpatía.
Muchas veces miramos en menos estas pequeñas historias pueblerinas, pero hay autores como Mingo que las hacen trascender y convertirlas en grandes historias.
Recomiendo a mis lectores que consigan el libro y sobre todo si viajan a Río Grande contactarse con Mingo Gutierrez quien desde 1991 escribe columnas sobre la memoria de su pueblo en el diario El Sureño".

Y es así, en www.surenio.com.ar, Cordón Cuneta sigue trabajando, aunque estemos de vacaciones... Pero tiene además en suraniasaiseninas, una puerta a otras inquietudes, entre ellas una reflexión sobre el tema de los precios del gas en su región, luego de las protestas magallánicas que tomaron tanto vuelo.


EL REGRESO DEL PUNTA DUNGENESS


Todo comenzó a principios de los 80, no quiero tener la precisión de los archivos pero necesito definir situaciones. Se había hecho una costumbre pretender un paso por aguas argentinas para llegar a continente, se hablaba del roll on roll off como una salida esperada: pero mientras tanto…


Apareció como una gran noticia un buque porta-contenedores, me dijeron después que sería similar al Atlantic Conveyor, en un momento en que al capturarse oficiales argentinos en Chile, acusándose de espionaje, Galtieri mandó a cerrar las fronteras y nos dejó aislados, del otro lado.


Apareció también este barco, el Punta Dungeness que se animó con el río, pero el río no lo dejó. Había quedado atrás la operatividad de los Luchos, y el ancla olvidada en el lecho podría ser la del Azopardo que varó en 1902.


Después lo intentó el Desdémona y corrió igual suerte, antes de buscar su naufragio final en San Pablo.Y a mi me quedó esta foto. Emblemática de tantas varaduras que conforman la identidad y el espíritu de los riograndenses.


Un día de 1987, cuando ejercía la Dirección de Cultura de la Municipalidad hice traer de Patagonia a un conjunto de artistas que se subieron al escenario de la Sala Ángela Loij –se ha perdido la costumbre de usar este nombre-, ellos fueron Talal Bestene, Miguel Marún, Eduardo Paillacán, Marcelo Falcón y los protagonistas iniciales de este viaje Celedonio “Chele” Díaz y su esposa María Alen Lloyd.


El problema vino después por que ninguno había hecho reserva de pasajes de regreso, y se acercaban las fiestas y pasajes no había. Algunos salieron no se como, influencia de Talal que además de cantar y pintar era empleado de cargas en Aerolíneas de Esquel, pero no había lugar para todos.


Tres salieron en mi Fiat espacio azul rumbo a comodoro: Maria, Chele y Marcelo.Los dos primeros llevaban un obsequio costero para su tierra cordillerana, la foto ampliada de aquel encuentro con el Punta Dungeness.Ocupó un lugar en la casa y la vida de ambos hasta que en 1989 se mudaron a Neuquén, y el cuadro con ellos.


Pero ellos estaban tomando distancia en su existir, Chele probó suerte en Río Grande pero no se le abrieron todas las puertas; María que trabajaba en el Poder Judicial comenzó a estudiar.Ellos ya no estaban juntos pero en el Barrio Ceferino si estaba mi barco.


En 1992 Diego “Tuni” Castro rehacía su vida en Neuquén con María Allen y se encontraba con el Punta Dungeness.En 1999 hay otro rumbo para el Tuni y el cuadro en el Barrio Ceferino.


Ya para entonces la foto en cuestión había motivado una columna en la revista municipal Tiempo Comunitario, bajo el título de Rastros del río que ríe; lo que inspiraría con el tiempo –cuando saliera El Sureño, es decir en 1991- una columna dominical titulada Rastros en el río. Pero este rastro quiso ser libro y saldría de imprenta el mismo día del corralito.


En medio de esa crisis no había podido dar con la foto en cuestión que se había perdido por los caminos de la vida, y que yo imaginaba en una pared cordillerana, sin tiempo para reclamar copia. Al fin verán en el libro un remedo de la misma, con rasgos del grano grueso que dejó el levantarla del papel periodístico.


Tuni se enteró de mis desventuras cuando por 2005 ya había armado otra historia en Córdoba; y le pidió a María Allen el cuadro aquel. Si ella reclamó pertenencias por haber sido entregado a Chele y a ella alguna otra razón primó, y a sabiendas de esto el cuadro se hizo mediterráneo y más tarde volvió a Neuquén, al barrio Islas Malvinas.


El último viaje a Río Grande de Diego Tuni Castro fue con la sorpresa que el barco volvía a mis manos. Pero creo que va a seguir andando, que volverá a esa cordillera hacia donde salió un día. Pero eso si: ¡voy a hacerlo tapa de un próximo libro!