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En el corazón de Danka.

Danka Ivanoff Mellman, la gran referente de las letras de Chile Chico, nos ha incluido en su blog de libros sobre Aisén y Patagonia Chilena, que tiene una puerta de acceso desde nuestro blog entrando a nuestro perfil.

Nos ha puesto en razón a partir de su lectura de nuestro Rastros en el río. Alegró nuestra mañana bonaerense, en un día en que amanecimos hablando de proyectos librescos para el 2011.

"Mingo Gutierrez ha venido desarrollando durante muchos años una fructífera labor en el rescate de la pequeña gran historia de Río Grande y de Tierra del Fuego. Este libro contine esas historias mínimas de personajes casi anónimos para el resto del mundo pero que fueron grandes personajes en la comarca. El libro está escrito con un relato muy agil y ameno y nos va entregando página a página las biografias de esos personajes riograndenses que contribuyeron cada uno a su manera al desarrollo de un lejano lugar.Vamos sabiendo de la rudeza del invierno, del viento implacable, de las construcciones de edificios, de las visitas de políticos y de otros personajes y de como una pequeña aldea se fue transformando en ciudad pujante sin olvidar sus "rastros". vale la pena leer este libro y aún más, vale la pena conocer al autor que es en si mismo todo un personaje lleno de simpatía.
Muchas veces miramos en menos estas pequeñas historias pueblerinas, pero hay autores como Mingo que las hacen trascender y convertirlas en grandes historias.
Recomiendo a mis lectores que consigan el libro y sobre todo si viajan a Río Grande contactarse con Mingo Gutierrez quien desde 1991 escribe columnas sobre la memoria de su pueblo en el diario El Sureño".

Y es así, en www.surenio.com.ar, Cordón Cuneta sigue trabajando, aunque estemos de vacaciones... Pero tiene además en suraniasaiseninas, una puerta a otras inquietudes, entre ellas una reflexión sobre el tema de los precios del gas en su región, luego de las protestas magallánicas que tomaron tanto vuelo.


Una mujer barriendo los escombros...

El último terremoto en Chile me urgió en la necesidad de consignar informaciones o sentimientos, en este espacio que los siente cercanos a los “tricolores”.
Pero la pérdida de Rubén me incluyó en la vorágine de ese otro dolor tan próximo, que los días fueron pasando.

El día de la mujer, don tanta reivindicación necesaria (eso de reivindicación se emparenta con la venganza), y cierta tilinguería prescindible, me reencarriló en el tema.

Es que recordé aquellas reflexiones de Ernesto Sábato, incluidas en su libro Antes del fin:

“En un archivo donde colecciono papeles, recortes que me ayudan a vivir, tengo una fotografía del terremoto que destruyó hace años Concepción de Chile, una pobre india, que ha recompuesto precariamente su ranchito hecho de chapas de zinc y de cartones, está barriendo con una vieja escoba ese pedazo de tierra apisonada delante de su casucha. ¡Y uno se hace preguntas teológicas! ¡Cuánto más demostrativa es la imagen de la pobre indiecita que sigue barriendo su casa y cuidando a sus hijos!”

La reflexión cae de madura, aunque su casa se venga abajo siempre habrá un hombre que piense en el mundo, y aunque el mundo se derrumbe, siempre habrá una mujer que piense en su casa.

No creo que en estas cosas se necesiten cambios tan profundos. Sobrevivimos con esas entregas.

En la foto aparezco con Danka Ivanoff Wellman, escritora de Chile Chico, sobre el Lago Buenos Aires, ella esta mostrando su libro Caleta Toltén y su Isla de los Muertos. Estamos en la casa de la cultura, una vivienda céntrica que se comunica desde su planta alta con el barco que navegara en ese lago su familia.

Estos días de un temblor que no se manifestó en este lugar de la Patagonia hubo preocupación por el destino de los hijos que se encuentran fuera de Aysén.

Danka escribirá en su blog, con el que nos encontramos conectados, una serie de recuerdos, que la vinculan con viejos temblores.

Yo recuerdo no vivido en la familia sobre el destino de la prima Nedy, que estudiaba magisterio en Ancud. Durante meses nada se supo de ella, puesto que la curiosidad periodística de Chile solo llegaba hasta Puerto Montt.

Y Danka, mucho más niña, estaba allí, en Llanquihue, y esta última remezón le devolvió estos recuerdos:

Este terremoto me ha traido a la memoria, otro, el de 1960 que me toco vivir a los catorce años y cuyo recuerdo paso a relatar.Tenía yo 14 años y me encontraba estudiando la secundaria en el Colegio Inmaculada Concepción de Puerto Montt.
Era alumna interna y las salidas estaban condicionadas según el buen comportamiento y en ese fin de semana del 21 de mayo de 1960 yo estaba castigada sin salida, por el terrible delito de haber tocado la “polka del chancho” en el piano de mi sala.
La disciplina era rigurosa, y ese delito significo no poder salir ese fin de semana. Junto conmigo, tal vez por un delito mayor, como no haberse servido toda la comida del día viernes, que por cierto era bastante mala, una compañera de un curso superior también recibió el castigo.
Éramos dos las condenadas y la condena debía cumplirse en el pabellón del dormitorio que ocupábamos, el Pabellón San Luís, una construcción de más de cien años del que solo podíamos salir a la hora de las comidas.
El 21 de mayo lo pasamos sin pena ni gloria mientras nuestras compañeras pudieron ir al desfile y muchas ir a sus hogares distantes a pocos kilómetros de Puerto Montt.
En la mañana del día 22 de mayo, nos despertamos con un fuerte temblor que nos paralizó de pánico. Inmediatamente nos levantamos y fuimos llevadas a la Santa Misa, oficiada en el Colegio San Francisco Javier, que quedaba al frente de nuestro colegio, algo es algo, y por lo menos recuperamos la libertad por un rato. Al ir a comulgar el curita, bastante viejo, me saltó y no me dio la comunión, eso intranquilizó mi conciencia de joven adolescente y sentí que Dios me castigaba por tocar música profana.
Volvimos al colegio y luego del almuerzo, conseguimos con la portera, llamada Sarita, que nos dejara arrancarnos un ratito, una horita nada más.
Salimos por la lavandería que quedaba en el piso bajo de nuestro pabellón, las monjitas mientras tanto rezaban.
No teníamos dinero para ir a ninguna parte y nuestro gran paseo fue ir al cementerio y allí nos pilló el terremoto, espantoso.
Nosotras andábamos de uniforme, ya que las reglas del colegio eran que si no se salía el fin de semana no se abrían los roperos en que guardábamos la ropa de civil.
En el cementerio, al producirse el terremoto, la gente rezaba y nos pedía que rezáramos por ese final de mundo.
Mi conciencia estaba negra como la noche oscura, ese era el castigo por tocar la famosa polka. Perdí la noción del tiempo y a mi compañera, en el intertanto del fenómeno perdí mis zapatos.
Caminé mucho y como a las ocho de la tarde, unos oficiales de la Fuerza Aérea me encontraron a la salida de la ciudad vagando, según yo, en busca del aeropuerto para venirme a mi amado Chile Chico, pero como mi noción geográfica era muy mala, me dirigí al norte y no al sur, en donde estaba la pista de aterrizaje.
Mientras tanto, mi querido hermano Boris, alumno del Colegio San Javier se encontraba en el cine y salió corriendo a buscarme, al llegar al colegio las monjitas solo le mostraron el pabellón San Luís que yacía derrumbado totalmente y se suponía que yo estaba ahí debajo de todos esos escombros.
Mi hermano mandó un mensaje urgente a través de Radio Corporación, diciendo que yo estaba desaparecida, fue el único mensaje que recibieron mis padres y familiares.
Ya de regreso al colegio debí dormir en el patio bajo la inclemente lluvia que es habitual en Puerto Montt, allí nos reunimos varias alumnas internas que tenían apoderados pero no podían quedarse en sus casas.
Ahí comenzamos a organizarnos para ver modo de conseguir un avión que trajera a Aysén a los muchos alumnos que estudiábamos en Puerto Montt y Ancud. Pasaron 11 días y supimos que nuestros padres habían conseguido un avión para que nos trajeran y lo devolvían con un cargamento de harina comprado en Argentina, en ese tiempo esas compras se hacían sin mayores dificultades.
Fue así que viajamos día a día al nuevo aeropuerto de Tepual que se estaba construyendo pero tenía la pista habilitada.
Allí vi los primeros aviones grandes en mi vida, eran los Globber Master, que abrían su “boca” y desde ahí salían tractores y cargamentos de cosas que se mandaron desde Estados Unidos.
Luego de varios viajes y de muchos sustos, ya que las réplicas eran a cada rato y los incendios eran numerosos, pudimos salir de Puerto Montt y en tres horas y media de viaje llegar a Chile Chico.
Al llegar, desde la ventanilla vi la tristeza reflejada en los rostros de mis padres, mientras todos los demás abrazaban con inmensa alegría a sus hijos, ellos abrazaban con pena a mi hermano.
Yo fui la última en bajar del avión pues me daba vergüenza mi estado, venía con un ojo morado, perdí dos dientes con los costalazos que me di contra los nichos en el cementerio y además venía con un abrigo de una compañera casi 20 cm. más alta que yo y con un par de zapatos Nº 38 cuando yo calzaba el 36.
Mi hermano no se cansaba de decir que yo venía ahí, pero mis padres creían que era en una urna.
Me ayudó el agente de LAN a descender del avión y ahí todo fue risa y llanto.
Al otro día de llegada nos visitaron unos amigos de mis padres y yo comencé a relatar mi experiencia y cuando quise pararme no lo pude hacer, estuve dos meses con parálisis, sin poder caminar.
El médico del pueblo, con esa sabiduría que solo tienen los médicos de pueblo, le sugirió a mis padres me llevaran al colegio de vuelta, cosa que costó mucho ya que las monjitas no querían recibirme, porque al fin y al cabo resultaba una molestia, pero lo hicieron y mis compañeras de internado se portaron fantástico conmigo y me llevaban y traían en silla de mano, era imposible conseguir una silla de ruedas.
Dormíamos en lo que había sido el gimnasio del colegio y al mes de estar ahí , una noche me desperté sobresaltada y vi el gimnasio envuelto en llamas y grité despavorida y en el acto me levanté y corrí hacia al patio.
Así terminó una dolorosa parálisis.
Gracias a Dios el incendio no era en el colegio si no que una casa vecina y las llamas se reflejaban por las altas y angostas ventanas del gimnasio.
Perdí el año en el colegio pero gané una tremenda experiencia y supe de la solidaridad y del afecto.
No le temo a los temblores, me ha tocado vivir otros de menor magnitud y me quedo bajo un dintel sin mayor alarde, pero ese terremoto dicen que fue el más grande del mundo y no me explico cómo sobrevivimos si fue de una magnitud de 11.5 ª de Mercali, casi cataclismo.
Hoy veo con pena lo que ha pasado en mi país, un país marcado por las tragedias sísmicas y volcánicas, pero estoy segura que los chilenos saldrán adelante como lo han hecho siempre. Me llama la atención eso sí, la fragilidad de las obras civiles ,si se supone que en este país las reglas de construcción son muy rigurosas, me da la idea de que alguien hizo el negocio con el fierro y el cemento y eso se vio en el día de hoy, ya que obras recién entregadas se vinieron abajo.

DANKA IVANOFF WELLMANN, en conflicto con un sector del clero, por la publicación de un libro.

Hace algunos años pasamos de Los Antiguos a Chile Chico y conocimos a la historiadora del lugar.

Tenía a su haber un libro que reseñaba lo que se conoció como LA GUERRA DE CHILE CHICO, en tiempos de colonización y de avasallamiento de derechos de los pobladores por parte de los que venían potenciados por sus relaciones en el norte de su país.

Conseguimos otros dos ejemplares suyos: el de la Isla de los Muertos, y una biografía sobre Esteban Lucas Bridges un personaje en común para aiseninos y fueguinos.

Saboreamos sus mates y conocimos detalles de la vida en ese lugar el cual se encuentra mucho más ligado a Argentina, y espaciadamente con el resto de Chile por las aguas del lago Carrera que nosotros llamamos Buenos Aires.

Después seguimos con atención su producción intelectual, con ecos que han llevado a que escribiera en la revista Todo es Historia, y frecuentemente en su blog:
www.suraniasaiseninas.blogspot.com.

Y es en este espacio donde la hemos encontrado preocupada por un conflicto, nacido de una segunda edición del libro sobre Lucas.

Ella le puso un título, y nosotros nos solidarizamos con su intranquilidad, republicandolo:

UN LIBRO, UNA POLEMICA.
En enero de este año tuve el agrado de presentar una nueva edición, en formato de lujo de mi libro Lucas Bridges. El Señor del Baker, que fuera editado por la empresa HidroAysén.

Ellos me contactaron y llegamos a un acuerdo satisfactorio para ambas partes y cedí mis derechos para hacer una edición limitada de 500 ejemplares de dicho libro que por lo demás quedó precioso.

La ceremonia se realizó en la Biblioteca Regional con una alta concurrencia de público, todos invitados por la empresa.

Bastó este simple hecho para que de pronto me convirtiera en la mala de la película, una mujer que por dinero vendía su conciencia y de ahí en más, he tenido que soportar varias malas palabras y acciones como por ejemplo la siguiente: teníamos un amigo que padecía de un cáncer terminal al cual acompañamos en sus últimos momentos. El era muy creyente y necesitaba imperiosamente la ayuda de un pastor. El día de su cumpleaños Nº 82 vinieron sus hijos y acordamos ir todos a misa a pedir por él. Fuimos y como yo era la más allegada a la iglesia, me acerqué al párroco para pedirle que por favor hiciera una oración por nuestro amigo que estaba de cumpleaños y viviendo sus últimos días. Como respuesta me dijo lo siguiente:
¡Estoy muy enojado con usted, usted se vendió a una transnacional!.
Al decirle que no era el momento ni el lugar para hablar del tema, sencillamente me hizo una amenaza
¡yo la voy a atacar por todos los medios!,
le volví a recordar que estábamos en la Iglesia, a los pies de la Cruz y me retiré a mi asiento. Una vez comenzada la misa las palabras se hicieron más hirientes por lo que debí retirarme del templo. Esta actitud me dolió ya que yo soy una mujer creyente y mi intención era acompañar a nuestro amigo. A todo esto no hubo ni una sola palabra de aliento a nuestro amigo, ni una sola oración por él. Luego de esto ,han venido otros ataques personales de diferente personas, ahora se critica mis libros y se les tilda “de una mirada de la derecha de la historia” y yo me pregunto ¿Qué habría `pasado si calladamente yo hubiere aceptado un negocio con alguien vinculado al narcotráfico? Seguro que muchos habrían corrido a adquirir este libro que como les digo está precioso. Hice un negocio, limpio, transparente, de cara a todo el mundo, no me oculté para hacerlo ni pedí que no llevara el logo de la empresa financista. En todo momento, en esta transacción hubo respeto de ambas partes y no puedo negar que la empresa, sabiendo en todo momento cual es mi postura, no me exigió nada, no me pidió que hablara a favor de ellos, lisa y llanamente editaron un libro y este fue dirigido a un mercado distinto al que yo usualmente tengo.
Siempre he dicho que soy aisenina fundamentalista en lo referente a nuestra región y tengo la ventaja de ser una estudiosa de su historia y de lo que en ella acontece.

De pronto, esta pequeña comunidad que tiene menos habitantes que cualquier barrio santiaguino, está dividió entre los buenos y los malos, los buenos son los que están contra la construcción de las represas y los malos los que están a favor. Ambos bandos no se toleran, unos hablan de represas y los otros de mega centrales hidroeléctricas y mientras se enfrascan en una pelea sin sentido, en la región suceden cosas de las que nadie habla. Por ejemplo de la propiedad de la tierra.

Puedo asegurar que más del 50% de los campos ya no pertenecen a los aiseninos, pertenecen ahora a inversionistas extranjeros o foráneos. Así por ejemplo en el sur de Aysén hay un inversionista con más de 70.000 hectáreas compradas, en la ribera norte del lago, las Islas Panichine, llenas de historias. pertenecen hora a un ciudadano extranjero, el valle de El león tiene apenas tres familias de las originales familias pobladoras, el resto pertenece a extranjeros o ciudadanos con recursos de Santiago, el ventisquero Montt está siendo explotado por una compañía que está empeñada en vender en el extranjero las puras aguas de ese ventisquero, la estancia La maroma, conocida estancia de la ribera norte pertenece a otro inversionista foráneo y así suma y sigue y todos los nuevos dueños no han venido a seguir una tradición, sino que a hacer nuevos emprendimientos turísticos, muy diferentes a nuestra cultura y en donde por supuestos, por sus altos precios, a los aiseninos les está vedado el derecho a entrar a ellos.

Me parece aberrante encontrarme en los campos con letreros que dicen Propiedad privada, No pasar, Prohibido el paso etc. etc., siendo que antiguamente cada rincón de nuestra región, aún perteneciendo a distintos pobladores, eran un poco de cada uno de nosotros.
Ahora todo el mundo da recetas de cómo generar energía limpia y no contaminante, pero nadie dice que la energía, cualquiera sea su fuente debe ser transportada por torres de alta tensión y que dada nuestra particular topografía es imposible pensar que se pueda llevar en forma subterránea. Yo no soy experta en materia energética y es por eso que no me pronuncio tajantemente a favor ni en contra de este proyecto, lo que sí puedo decir como estudiosa de la historia y documentos que avalan mis dichos, que durante el gobierno de Salvador Allende, el proyecto estrella de su gobierno para la entonces provincia de Aysén, era hacer una central hidroeléctrica en el Baker que inundaría 30.000 hectáreas, solo en el Baker y que en esa fecha no hubo opositores a ese proyecto que no se llevó a cabo porque en BID no prestó los recursos para hacerlo. Me dirán que ese proyecto era del Estado, si, era del Estado y prontamente sería vendido más tarde o más temprano a los privados, como se privatizaron en los gobiernos de la concertación las empresas sanitarias, las empresas generadoras de energía, las concesiones viales, porque el Estado lisa y llanamente no puede hacerse cargo de todo..

Aunque yo no soy experta en el tema, creo que en mi país falta una política energética seria y responsable y falta además un sistema de protección al medio ambiente que sea eficaz y no ir arreglando los problemas sobre la marcha. Después de construida la carretera austral a muchos se les abrió el apetito por Aysén, eso no me molesta, este territorio tiene 110.000 km. cuadrados y aquí cabe mucha gente, pero seamos honestos, nuestra cultura, nuestra forma de vida ha cambiado y ya no podemos hablar de la cultura aisenina, esa que nos identificaba y que estaba relacionada con el campo. Hoy la cultura está intervenida, hay muchas y variadas corrientes y bien venidas sean, pero no por ello podemos calificar de vendida a una persona que piensa diferente. Soy una persona tolerante en todos los aspectos, tolerante en lo político, en lo religioso, en lo cultural, en la diversidad y me gustaría encontrar el mismo respeto que yo tengo hacia los otros hacía mi persona. He entregado a mi región siete libros que contienen su historia, una tarea difícil dado el lugar en que vivo y jamás he dejado fuera de mis libros , de mis ensayos o artículos a personajes que piensan diferente a como yo pienso.
Se dice que la construcción de las represas o mega centrales ahuyentaran al turismo, no sé si será tan así, basta mirar el Discovery Chanel para ver el interés que despiertan las megas obras.
Por último decirles a los lectores de este blog que una de mis características es trabajar calladamente en mis proyectos, así lo he hecho para escribir mis siete libros y así lo sigo haciendo. Ahora estoy tratando de reunir a un grupo de investigadores aiseninos para hacer una importante investigación y he sido invitada a participar en otro proyecto colectivo que me atrae mucho y que dice relación con el poblamiento y también estoy trabajando en un proyecto personal muy interesante de rescate de nuestra historia. Hasta ahora he escrito de la zona sur de Aysén, pero ha llegado el momento de ampliar los horizontes.
En lo que estoy plenamente de acuerdo, sin ninguna restricción en mi postura es en la Nacionalización de las aguas. Encuentro una locura que las aguas de mi país no sean de los chilenos y me adhiero a toda campaña que luche para que las aguas vuelvan a ser nuestras.
He querido contar todo esto porque como aisenina, hija de esta tierra, me siento ofendida por quienes por el solo hecho de haber un realizado un negocio, que no tuvo ninguna truculencia, me tilden poco menos que traidora de mi Patria.
Felizmente conozco mi región (aunque me falta un poco de la zona norte), conozco su génesis, su historia y su cultura y no puedo aceptar que personas que muchas veces ni siquiera son de Aysén, se dediquen a criticar a una persona que ha vivido todas las etapas de mi tierra y ha entregado muchos años de su vida a difundir la historia regional.