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JULIO POPPER, ahora en la historieta.


La figura del rumano llegó a la historiografía isleña por intermedio de Armando Braun Menéndez, este incluyó una monografía en su Pequeña Historia Fueguina, donde se lo lapidó identificándolo como “El dictador Fueguino”.
Tuvieron que pasar varias décadas para recibirse otro enfoque, fue el de  su connacional: Boleslao Lewin, quien publicó ¿Quién fue el conquistador patagónico Julio Popper? Reivindicándolo como un hombre industrioso, un seguidor de un ideario argentino en una comarca donde la disputa con los intereses chilenos eran evidentes.
Pasarían los años en que el Ingeniero de la cosecha del oro sería desvalorizado partiendo de las culpas que pesaban sobre él, por la muerte de nativos; y aunque no era explícito en cada análisis, era visible que un judío no podía tener un rol preminente en la construcción de una mirada sobre la avanzada del progreso en nuestro sur.
Armando Canclini buscaría voces a favor y voces en contra, presentándolo como Quijote del Oro Fueguino.
Ya vendrían los años de posturas críticas sobre toda la primera historia de la isla y Popper quedarías estigmatizado del lado de los malos. Daniel Ares construiría desde las plumas argentinas una novela, en tanto que desde el chileno aparecerá El corazón a Contraluz, de Patricio Manns.


Ya en la última década David Guevara, empresario minero local, debutaría como historiador presentándolo a Popper como Alquimista de El Páramo, en una obra en la que congrega todo lo que sobre él obra como antecedente.


Pero estos comentarios no son más que una referencia previa a la presentación escuela que vamos a hacer de Julio Popper, el último rey de Tierra del Fuego, de los franceses Matz & Chemineau, cuyo libro ilustrado desde la técnica de la historieta llegó a la isla de la mano de Alonso Marchante, como un obsequio de Omar Hirsig, quien tuvo la gentileza de facilitármelo.
Argentina, 1880. Julio Popper era un hombre fuera de lo común. Pronto se ganaría admiradores y amistades sólidas.., así como mucho odio e inquina”


De esta manera los editores tratan de introducir al lector menos versado sobre esta biografía.
Popper –un espíritu aventurero con afán explorador- recorrió el mundo entero. Hablaba todos los idiomas y conocía multitud de oficios antes de decidir que Tierra del Fuego sería su reino. O eso pretendía, al menos.
Podría haber sido un personaje de novela, aunque fue un ser de carne y hueso, injustamente olvidado por la historia.
Sobre estos escritos de Matz, haré una corrección indispensable, entre él y Jemmy Button, se reparte la mayor popularidad de todos los personajes que han dado identidad al ayer fueguino.

¡Ah! Olvidaba de decirles que Popper era judío..





EVOCACIONES*****Julio 24 de 1891. Acusado de imprimir un sello postal sin autorización, Julio Popper produce su descargo..


Buenos Aires, Julio 24 de 1891.
Excelentísimo Señor:
En la denuncia que forma objeto de expediente que antecede, se da cuenta de un hecho que carece de bases verídicas, equivocando el objeto de una marca que he emitido que corresponde a exigencias de mis trabajos mineros, que en realidad es una ficha, como acostumbran emitir casi todos los establecimientos industriales de la República, con la diferencia que la marca mía no representa, como la de otros, valor fiduciario alguno.
Mi establecimiento en Tierra del Fuego se halla a veces incomunicado por períodos mayores de seis meses. Allí los obreros no trabajan asalariados, sino reciben casa, manutención, máquinas y herramientas gratis, y parte del oro que extraen del suelo, oro en polvo, que a la intemperie, en el campo libre, es imposible manejar o, fraccionar, sin pérdidas considerables.
Para evitar ese inconveniente, hice acuñar el oro en la Casa de Moneda de Buenos Aires en forma de medallas, indicando el peso y la ley que representan, como V. E. puede ver por muestra que queda adherida a la presente, y que no representa valor monetario alguno.  Pero como es difícil acuñar medallas por fracciones menores de un gramo, y teniendo muchas veces que satisfacer diferencias en centígramos de oro, tuve que emitir vales en forma de la estampilla, que agrego y que, según la inscripción, representa diez centavos o centígramos, de oro local de Tierra del Fuego, es decir la décima parte de dicha medalla, pudiendo asegurar a V. E. que no existe otra clase de oro local en aquel territorio.
En la denuncia se afirma que la estampilla va inutilizada con un sello que dice “Sandi Point” y también que toda mi correspondencia que sale de San Sebastián lleva está clase de franqueo.
Pues bien, ambas aseveraciones son completamente inexactas: jamás he utilizado estampillas de la manera indicada y cuando, hace cuatro meses, hubo despacho de correo oficial en San Sebastián -era la primera y última vez en el período de seis años, señor ministro-, mi correspondencia ha sido franqueada por este correo solitario, que me proporcionó un perjuicio de algunos miles de pesos, por graves negligencias en su despacho, como puedo comprobarlo ampliamente.
Eso no obstante, me he abstenido de enviar correspondencia con estafeta particular, por donde andaba (aunque sea una sola vez) dicho correo oficial.
Mis mensajeros van por vía terrestre, atravesando el desierto a caballo entre puntos que carecen de otro medio de comunicación, amparándome a este efecto en lo que dicta el artículo 6, inciso 3 y 6 de la Ley de Correos.
Dichos mensajeros, a más del sueldo que les pago reciben, como estímulo para evitar el extravío de la correspondencia, por cada carta que conducen, una marca de diez centígramos, que inutilizan o devuelven al recibir el oro efectivo.
Con este procedimiento, en que me valgo de una marca en forma de estampilla, no me he permitido aún las licencias que se toman los fabricantes norteamericanos de cigarrillos y de medicinas de patente, lo mismo que los establecimientos balnearios europeos, que agregan a sus mercancías o emiten estampillas que representan valor fiduciario, y no he cometido más de lo que acostumbran hacer los fabricantes de perfumería, que ostentan estampillas especiales en sus pomitos o de las personas que adornan su correspondencia con timbres como los que se ven en el N° 940 del periódico “La Nature”, que acompaño. (Anexo al expediente) (19).
Este procedimiento, lejos de perjudicar intereses ajenos responde a una necesidad vital del establecimiento, allana una deficiencia de la gobernación, que, sin hacer efectivos los medios de comunicación que le asigna el presupuesto, fomenta una oficina de correos en Tierra del Fuego, cuyo encargado se halla en Buenos Aires, como asimismo escuela, policía, juzgado y otras reparticiones, cuyos respectivos jefes o se encuentran en la Capital de la República, o no existen!
Ya tuve el honor de elevar al señor Ministro tina exposición, haciendo presente el lamentable estado de la Gobernación y las pocas delicadas tendencias del señor Gobernador; y como la denuncia que motiva la presente, al carecer de bases, sólo tiende a envolverme en tramitaciones judiciaIes enojosas, ruego a V.E. se digne ordenar sea agregado este escrito al referido expediente, resolviendo el señor ministro lo que crea más conveniente.
Es justicia.
Julio Popper”
El precedente informe, de gran valor para precisar la finalidad de la “estampilla”, contenía además, como todas las notas de Popper al Ministro del Interior, alusiones a deficiencias administrativas en Tierra del Fuego y provocaba la consiguiente reacción en los funcionarios aludidos.





EVOCACIONES** El 8 de febrero de 1890 se podía leer en La Nación, el siguiente petitorio:



Señor Juez del Crimen, Félix M. Paz, teniente de navío de la Armada Nacional, y gobernador del territorio de la Tierra del Fuego, constituyendo domiclio legal en la calle Reconquista Nro 195 (estudio del abogado que me patrocina), ante Vuestra Señoría en la forma más arreglada a derecho, comparezco y expongo.

Hace pocas semanas, hallándome en el territorio de mi gobernación, tuve noticia de que uno de los empresarios que explota el lavado de arenas auríferas que se encuentran en dicho territorio, había publicado en esta ciudad, en el número correspondiente al 6 de enero próximo pasado en El Diario, en artículo titulado: Tierra del Fuego. Lasciate ogni speranza voi que entrate, Bahía Slogget, en el cual se me imputaban hechos desdorosos de índole criminosa, ejecutados en mi carácter de gobernador de dicho territorio; y hace tres días que he llegado a esta ciudad con el propósito de conocer en toda su verdad las imputaciones que se me hacen y demandar a su vez ante los tribunales ordinarios la prueba legal de las mismas y en su defecto el castigo condigno del calumniador.




Eran los primeros enfrentamientos entre los fueguinos del norte y los fueguinos del sur.

EVOCACIONES*** El 15 de enero de 1890 aparece una nueva nota en El Diario, de Buenos Aires, donde se describen los enfrentamientos con mineros chilenos.



 La misma se titula Relámpagos, y en ella Julio Popper expresa:

“Comisario para Tierra del Fuego. Se precisa uno que sepa su obligación y que tenga buenas recomendaciones. Sueldo mensual $ m/n 40. Dirigirse…”

Y luego se sucede un diálogo.

-No, esto no se hace por aviso en la prensa.
-Pero urge, señor –Hace dos meses que he dejado la Tierra del Fuego en pleno desorden. Allí debe regir la anarquía.

He aquí como cupo el honor a un hermano mío (oh! Lo lamento en el fondo de mi alma) de ser el Adán de los comisarios del departamento de San Sebastián.

Había estado en Buenos Aires y de nuevo me hallaba de paso en el simpático Punta Arenas. Llegaba conmigo los doce gendarmes destinados a la comisaría, que para evitar demoras venían con el vapor correo.

Era invierno. Blancas las calles y blancos los cerros, blancos los campos y blancos los montes, rosa tan solo el rostro de las bellas del pueblo, pero ni blanco ni rosa el ánimo de sus habitantes. Algo extraño, inusitado, se había apoderado de los antes tan pacíficos vecinos. Se notaba un movimiento acelerado, en las esquinas se discutía asuntos importantes, en los despachos se gesticulaba, se oían gritos; se compraban y se vendían armas y caballos a precios exorbitantes y luego de repente, seguían frases de tranquilidad; por momentos el pueblo reanudaba su vida monótona y acompasada…

Popper se preparaba para describir una batalla.


Julio Popper describió en la prensa de Buenos Aires la convivencia entre el poder judicial puntarenense y los negocios que se permitían en ese confín.

Oh no cabía duda! Allí sucedía algo parecido a lo que el genio de un célebre novelista ha concebido y descripto hace años, la futura metrópoli antártica se haya sujeta aun capricho “ del doctor Ox”.

-Usted me la pagará cien veces!- se oía decir a una voz clara y despejada, pero agitada por la ira, mientras que detrás de un mozo que cargaba una capa de guanaco, se cerraba violentamente la puerta de una tienda. Era la voz del honrado, culto y afortunado dueño del almacén.

-Pero cómo es señor Menéndez, que usted, comerciante, después de estar avisado del robo de una capa de señas tan características, forrada como no hay otra en esta ciudad, viene a comprarla por la tercera parte de su valor y a un individuo sospechoso, confinado –preguntaba el juez, que a las ocho de la noche había construido juzgado en la tienda.

Era un caso extraordinario, nuevo en los anales del pueblo.

Poco tiempo después de haber ocurrido esta escena, el señor juez, que a la vez desempeñaba las funciones de boticario en la localidad, me honraba con su visita:

-Traigo una docena de chicha champaña especial y tendré mucho gusto si usted acepta de mi parte.
-Le agradezco mucho señor Venegas, pero no acostumbro a recibir regalos.
-Pero Usted me ofende si no lo toma.
-Le aseguro que no tengo esa intención.
-Entonces le voy a vender cinco bordalesas de vino francés que tengo muy rico, y que usted precisa.
-Las compraré siempre que respondan a las condiciones que Usted cita.

Popper incomodaba en el Estrecho, y seguiría incomodando

Julio Popper da cuenta de su relación en Punta Arenas con el boticario Venegas, sujeto de oscuros designios que a la vez se desempeña como juez de paz.

Al día siguiente se desembarcaban del buque del establecimiento para ser devueltas a la botica, cinco bordalesas cuyo contenido no necesitaba d ela Salvation Army para impedir su consumo, y, ¡Oh fatalidad! Quedaba a bordo una caja que no constaba en el manifiesto y que resultaba contener doce botellas de chicha champaña.

Esto era grave, inaudito, a Popper se la había ofrecido un vino francés de mayor calidad.

-Quiere usted tener la bondad de pasar por un momento?, le voy a leer una sentencia –decía el secretario del juzgado que al verme pasar por la calle abría la ventana y me dirigía la palabra.
-Sentencia del juzgado?
-Si, señor. Ahí está: por fallo de este juzgado se condena a usted al pago de 160 pesos, valor de dos bueyes, en el juicio seguido por el señor Venegas…
-Si jamás tuve noticias de bueyes del señor Venegas. Por qué no me citaron antes de condenarme?
-No lo sé.
-Acaso pretende haberme vendido bueyes?
-Lo ignoro.
-Y el audiatur et altera par4s?
-No lo conozco, creo que no ha venido.
¡Uf¡ era tiempo de seguir viaje.

Popper explicó en la prensa de Buenos Aires los detalles de sus relaciones con  Punta Arenas.

Había dado a conocer el decret6o que creaba una comisaría en San Sebastián, cuyo objeto era, en parte, prevenir la expoliación indebida de las riquezas auríferas del territorio, y publicado a la vez un pliego de condiciones por el que los mineros podían trabajar en pertenencias de la Compañía, la que los proveía de casa, aparatos, medios de transporte y manutención, distribuyéndose el oro obtenido en partes equitativas entre lso obreros y la empresa, y me hallaba de regreso en El Páramo.
-Dónde está el encargado del establecimiento?
-Se ha ido.
-Y el mecánico?
-Se fue-
-Y los trabajadores?
-Todos se han ido; anoche se embarcaron y salieron con rumbo al norte. Llevan de oro 24 kilogramos.

Venía en el vapor chileno Toro y con el mismo bote que me llevara a tierra regresé a bordo, zarpando en seguida en busca del buque. Lo hallamos el mismo día bordeando en Bahía Posesión. Habíamos izado en el trinquete las señales del código, que el buque contestó poniendo proa al viento y a poco rato me hallé a su bordo. Jamás tripulantes y pasajeros de un buque han ofrecido aspecto de más completa estupefacción.

Creo oportuno constatar que el gobierno de Chile tiene constantemente en el Estrecho de Magallanes un buque a vapor cuyo comandante lleva instrucciones de fomentar en lo posible todo lo que tienda a aumentar el conocimiento del territorio y el desarrollo de su población, efectuando exploraciones, estudios hidrográficos y prestando auxilio eficaz a los pobladores de la región. Por repetidas veces, desde mi primera exploración, cuando no había posibilidad de conseguir otros buques, este vapor me había prestado espontáneamente los servicios más inapreciables, con el desinterés e hidalguía que honran tanto al gobierno a que pertenecen, como a los ilustrados e intrépidos oficiales a cuyo mando se halla confiado.


Por un lado registra los intentos del comisario del lugar, el hermano de Popper, por alejar a los que sin autorización buscan oro en el espacio de su concesión, y por otro deja una crónica interesante de lo que era una cabalgata en invierno:

Era el mes de julio, nevaba, un viento furioso arrastraba en el suelo escarchado una corriente de nieve que formaba blancas cumbres en cada zarzal, en cada peñasco y en cada protuberancia arrecida de terreno. Envueltos en grandes ponchos, la caperuzas erguidas en punta y echadas hasta las narices azuladas, se veían las barbas blancas y erizadas por el hálito congelado.

Llevábamos a la rastra los caballos que, flaquísimos y derrengados con las constantes excursiones invernales, movían penosamente sus cascos heridos por las ásperas sinuosidades del terreno endurecido y resbalaban constantemente en la superficie cristalizada de los charcos ocultos bajo la nieve. A cada paso hacíamos alto para deshacer la carga de algún caballo caído, tal vez para jamás levantarse. Las sogas que sujetaban dichas cargas apenas cedían cuando había que atarlas, y ásperas, tensas, herían las manos ya hinchadas por los sabañones, mientras la nieve que se acumulaba en las campanas de las botas, en el cuello, en los bolsillos, se fundía por el calor del cuerpo y penetrando hasta el cutis producía la sensación de quemaduras que luego helaban.

Julio Popper dejó un registro periodístico de lo que era a su tiempo  recorrer la Tierra del Fuego a caballo en la temporada invernal.

Caía la noche y acampar era imposible; las estacas de las carpas no penetraban en el suelo congelado y a larga distancia no se veía ningún arbusto, ninguna mata para encender fuego que en aquellas circunstancias significaba vida. Repentinamente la dirección del viento cambia y llega del norte una llovizna fina, densa, penetrante, que en pocas horas disuelve la nieve y nos deja de noche oscura en medio de varias lagunas de agua.

Empapados y temblando convulsivamente, esperamos en noche larguísima la luz del día y seguimos viaje avivando el cuerpo por movimientos acelerados. Luego la temperatura vuelve a bajar y la ropa mojada, los ponchos, todo se endurece y se transforma en hielo.

Adelantamos por la playa y a lo lejos, en el campo, notamos por él resplandor de la nieve una agrupación que se movía. Luego se distinguen unos treinta caballos y al rato detenemos una masa disforme que envuelta en trapos y restos de ponchos y enlazada en jirones de frazadas de todos géneros se hallaba sentada al caballo sujetando con su base un arma Winchester a la montura.

Son los maniquís fabricados para impresionar por su número a los merodeadores, imponiendo miedo y prudencia.

Julio Popper debió construir espantajos de trapos sobre cabalgaduras para simular ante los intrusos una fuerza de resguardo de su mina superior a los efectivos de los que disponía.

Así logró amilanar a doce chilenos que enviados por  Harry Rotemberg, pretendían operar en el área asignada para su explotación por el gobierno argentino.

“Seguimos viaje y nos embarcamos en el río Juárez Célman zarpando hacia el sur. Efectuamos una exploración en el Estrecho de Le Maire y en la Bhía Aguirre. Levantamos el croquis hidrográfico del puerto Español en cuyo fondo descubrimos un río bastante caudaloso (aviso a los interesados). Visitamos las islas Nueva y Picton y después de un mes de ausencia desembarcamos de noche oscura en El Páramo y seguimos camino hacia las casas”.

Allí se encontrarían con malas noticias…

Se hallaban en el comedor de El Páramo, siete hombres de vigoroso aspecto cuyas caras tostadas por el sol y cuyas facciones endurecidas, demostraban la costumbre de afrontar los peligros. Eran todos hijos de la costa de Dalmacia y con ligera excepción, hombre que desde muchos años me acompañaban en expediciones en que por repetidas veces habíamos expuesto la vida unos por otros.

El que escribe es Julio Popper, y lo hace luego de los enfrentamientos con intrusos en su establecimiento minero.

Les hablaba y me comprendían, dice:

“…Las penurias y los peligros que habéis atravesado os han ennoblecido el alma y templado el cuerpo! ¡jhabéis sido los primeros en romper el misterio en que se ocultaban estas regiones! ¡Habéis disputado al salvaje una tierra virgen y habéis demostrado ser dignos representantes del hombre civilizado!¡Las miserias des miserias desaparecen y las riquezas se funden, pero firmes e inmutables quedarán los hechos que os elevan, que enorgullece a vuestros padres y honrarán a vuestros hijos, que os hacen dignos del País que os ha servido de cuna y dignos de la tierra que habéis adoptado!¡Mirad aquella bandera que eleva invencible el blanco de la justicia que guía vuestra armas y el azul de los cielos que protegen vuestros pasos!¡Mirad el estandarte que, cual el sol las tinieblas, repele las balas lanzadas por la villanía”

“Los proyectiles de los forajidos jamás pegan de frente, vosotros la espalda no la mostrareis!”

La región comprendida entre río Cullen y el cabo Espíritu Santo se halla constituida por unas tierras elevadas que terminan abruptamente en las barrancas de doscientos pies de altura que bordean el Océano Atlántico.

Así comenzaba Popper su descripción de Arroyo Beta:

Las quebradas que  desde el mar se notan en estas barrancas son las desembocaduras de cañadas que, ramificándose en el interior, corta la alta planicie en distintas direcciones. En la cuarta de estas quebradas, contando desde el cabo hacia el sur, desemboca el arroyo Beta, que por su proximidad a la frontera es el cuartel general de los bandidos que llegan por la vía de Punta Arenas. Por más de diez veces en el curso de los últimos dos años, este arroyo ha sido teatro de escenas tan diversas como extraordinarias, tan dignas del pincel del artista como la pluma del escritor.

En el momento que nos ocupa, cuatro campamentos se hallan fijados en la orilla izquierda del arroyo.

Popper describe el escenario de un combate, de un combate inminente.

En la playa se veían hondas excavaciones en la tierra, en las que algunos hombres se hallaban ocupados en juntar arenas negras.

La descripción es de Julio Popper y habla de la realidad vivida en Arroyo Beta, En las carpas, alrededor de las hogueras y a lo largo del arroyo, unos sesenta individuos armados de Winchester ofrecían el aspecto original de una agrupación de atorrantes, criminales y bandidos de casi todos los países, vestidos de harapos algunos, descalzados otros, no había un solo individuo que ofreciera la más lejana semejanza al otro. Gritaban, reían, gesticulaban, cuando de repente la escena cambia.

El montón de bribones se mueve cual nido agitado de víboras. Se oyen espantosos gritos de: “Alerta. ¡Los cuyanos!” y aparecieron en la orilla opuesta del ar4royo las siluetas de ocho soldados argentinos.

Popper escribió en la prensa de Buenos Aires una relación de sus combates contra los intrusos chilenos en sus arenas auríferas de Arroyo Beta.

Una descarga desordenada de carabinas recibía inmediatamente la aparición inesperada.

-Desplegaos en guerrilla-¡ Al suelo! Fuego! Carguen! –se oía otra vez por entre las detonaciones.

-Ave María!... Misericordia! –de este lado- Calen bayoneta! Avancen! –del otro.

Hsbían cesado las detonaciones; los soldados se apoderaban del campamento, una legión de forajidos, algunos de ellos, aunque heridos, corrían precipitadamente hacia la frontera de Chile y arrodillados en el suelo se veían cuatro hombres con los brazos abiertos en forma de cruz, los ojos salientes, las caras encendidas y temblando todo el cuerpo , implorando perdón con gritos de: Ave María!.

Con el tiempo Popper será censurado por otros combates, los sostenidos con los nativos, y las fotos tomadas con estos muertos.

Julio Popper alude a Julio Verne cuando escribe en El Diario de Buenos Aires una crónica descriptiva de lo que le pasa en Tierra del Fuego bajo el título de EL DOCTOR OX.

-Reclamo 15.000 pesos!
-Yo pido 20.000!
-Yo 30.000 y son muy moderado! ¡A mi me atropellaron, me robaron en Territorio chileno.¡tengo 72 testigos!¡Como chileno exijo una satisfacción completa, contundente!¡Nuestro territorio ha sido violado por fuerzas argentinas!- exclamaba el señor Fuhrmann (ex juez)

Y esto no es más que el comienzo, casi novelado, de las protestas que se dieron en Punta Arenas cuando Popper desalojó a los que intruseaban sus concesiones en el Páramo, mientras que otros pensaban llevar el litigio a un nivel de cancillerías.

En Punta Arenas los merodeadores dispersados por Popper hacían cargos públicos sobre como fueron tratados. Entendiendo, o haciendo entender que estaban entonces en territorio chileno.

-¡A mi me han confiszirt un revólver riquísimo cadó de musiú Andriú, un Winchester y una revólver bull dogg! Me han como se dice ¡by God!, violato mis caballos! –se expresaba el señor Rottemburg (alias capitán Harry) quien tenía el talento de hacerse comprender en cinco idiomas a la vez.

-¡Recamo todo!... ¡Todo…, al mismo Popper inclusive! –se oía una voz que salta por ráfagas de un personaje de cortas talla y de rechoncha figura, que echaba vapor por todos sus escapes.

-¿Y cómo lo conseguiréis, doctor, como lo conseguiréis?

-¡Conseguiréis! ¿Cómo lo conseguiré? ¡Ahí, no tengáis cuidado! ¡Lo conseguiré o no me llamo Venegas… ¡En mi botica aún hay alcohol…! ¡Un depósito…! ¡Abriré el robinete!.


Las masas se hacían valientes en los reclamos frente al Ingeniero Rumano.

La situación de EL PARAMO.



Corría el 8 de enero de 1889,   y Julio Popper daba a conocer su situación de su emprendimiento en la prensa porteña. 

Y es que da detalles de cómo debió armar un ejército de espantapájaros para atemorizar a los que intentaba merodear en los sitios en los que sólo él estaba autorizado para explotar el oro.

El engaño sirvió para despojar a los asediadores de sus caballadas, haciendo una observación que “habrían notado con sorpresa que carecían de piernas, que las armas eran palos de madera, que debajo de los uniformes había, en vez de carne, verdura, y que lo que parecía cabeza no era más que un atado de trapos. ¡Eran espantajos de paja, los maniquíes de El Páramo, el último recurso del establecimiento!


El DIARIO de Buenos Aireada cuenta de sus incursiones en Slogget, siendo el título genérico del artículo: TIERRA DEL FUEGO. LA VIDA EN EL EXTREMO DEL MUNDO HABITADO.

Al hacer una primera referencia a Bahía Slogget la acompaña de la cita latina Lasciate ogni speranza voi ch’entrate, la misma cita del Dante en las puertas del infierno.


Una vegetación exuberante de algas marinas gigantescas, cuyas ramas y ojas gelatinosas flotan a largos trechos en la superficie, y cuyas raíces se hallan a veces a cien metros bajo el nivel de las aguas, señalan la existencia de rocas sumergidas.

En el sudeste de la bahía, un pequeño islote de 200 metros de largo por 40 de ancho, mantiene aún, en medio de las constantes rompientes, su efímera existencia, mientras que al este, sobre un fondo amarillo formado en la playa por altas barrancas de cuarcita, se dibuja negra y fantástica una roca singular de altura de noventa y tantos pies y de forma de un cutter que navega a toda vela –The devils yacht!, exclama el timonel, que efectivamente creía ver un buque de velas negras e inclinadas contra el viento, en tanto que el piloto, sonda en mano, anunciaba diez brazas de agua, fondo de arena.


Estábamos frente a una playa baja de donde se eleva gradualmente una barrera que forma el litoral oeste de la bahía; fondeamos y a poco rato me hallé en el bote acompañado del ingeniero Wagner, con los instrumentos necesarios para darnos cuenta de la hidrografía del lugar que hasta entonces no había sido aun estudiada; terminando este trabajo preliminar, tratamos en vano de abordar la baja playa, siéndonos esto impedido por las grandes oleadas que allí rompían.

Nos dirigimos luego al oeste y pasando por entre las rocas y por sobre el sargazo agitado, desembarcamos aprovechando uno de aquellos instantes de relativa calma que se interpelan entre cada golpe de marejada.

En tierra nos encontramos frente a una barranca de arcilla, de 350 pies de altura, que impedía el paso por todos lados. Los derrumbes de aquella arcilla mostraban la impresión de las huellas de un perro, y arriba, como a la mitad de la altura, en la barranca, se notaba, cual un nido de águila, un pequeño plano que ostentaba alguna vegetación.

Estábamos en pleno invierno, a principios de agosto de 1888, durante la noche el termómetro había marcado nueve grados bajo cero, y la barranca expuesta al sol presentaba una superficie parecía a la de los palos ensebados con que se acostumbra a obsequiar  al pueblo en días de fiestas populares.


Si ha subido un perro subiremos también, pensaba yo –escribía el Rumano- y cortando con la pala escalones en la arcilla, ascendimos poco a poco, haciendo uso de piés, manos y uñas  hasta llegar al plano mencionado.

Allí crecían cinco hayas, un mirto y algunos pequeños arbustos, y tendido por entre esa vegetación, vimos flaquísimo, con la lengua estirada sobremanera a un perro fueguino recién muerto, y al parecer, de hambre.

Era evidente que si el perro había podido bajar de la altura de la barranca, debía existir un obstáculo mayor que impedía el regreso.

Eso no obstante, seguimos ascendiendo apoyados en los remigntons que, invertidos con sus bayon3etas, nos sevían de alprenstock; en total nueve hombres que para mayor precaución llevaban una larga cuerda atada en la cintura de cada uno.

De este modo habíamos subido ya casi toda la barranca cuando a nueve pies de la orilla, a la altura vertiginosa de 340 pies por encima de las rompiente de la playa, nos vimos pegados a la muralla como murciélagos e imposibilitados de adelantar ni retroceder.

En ese momento, un trozo de barranca que apenas habíamos franqueado se desprende…

Popper sabía poner suspenso a sus relatos….

LA AUTORIDAD:

En las exploraciones que desde hace cuatro años he seguido efectuando en las paredes desconocidas de la TIERRA DEL FUEGO , que hasta entonces solo eran habitadas por indios salvajes, he descubierto y denunciado varios yacimientos de arenas auríferas.

Estas exploraciones las he efectuado con autorización del Superior Gobierno. Los varios establecimientos que he instalado, llevando elementos de población, construyendo casas y haciendo viables regiones hasta allí desiertas, se basan sobre denuncias y poderes legales, y autorizado por decreto del Superior Gobierno de ocupar 2500 hectáreas de terreno en Tierra del Fuego.

Con estos antecedentes he establecido también en la había referida, un lavadero aurífero, confiando su dirección al ingeniero Wagner y dejándole el personal y elementos necesarios a la explotación.

Mientras me hallaba en el establecimiento del Páramo, en el norte de la Tierra del Fuego, aparece y fondea en la Bahía Sloggett, el día 5 de diciembre de 1888, el vapor de la gobernación, Comodoro Py, llevando a su bordo al gobernador interino del territorio.

Este caballero procede sin más preliminares al arresto del señor Wagner, que era el representante de Popper en esa concesión, y de su personal, sin atender ninguna de las justa reclamaciones, violando las leyes vigentes sobre minería y los derechos constitucionales de los pobladores.

“Yo no tengo conocimiento de tal Código de minería, luego dicho Código no existe; a más tengo ordenes superiores de proceder de este modo” Asi se expresaba el digno funcionario.


Al salir de la bahía el buque de la gobernación con sus prisioneros a bordo, se avista bordeando hacia el fondeadero el buque del establecimiento, lugre nacional María López, que venía de EL PARAMO cargado de víveres, instalaciones y nuevo personal para dar mayor ensanche al Lavadero de Slogett.

Los ´peones que se hallaban presos a bordo del buque del gobierno sin saber el motivo de la prisión piden al comandante comunicarse con el MARIA LOPEZ, exponiendo la probabilidad de mi llegada a bordo; pero no reciben contestación alguna y el COMODORO PY sigue su rumbo hasta el punto llamado USHUAIA, situado en el canal de Beagle, en la frontera de Chile, e incomunicado de la Tierra del Fuego argentina por altas montañas intransitables por la eterna nieve  que las cubre, punto que una sabia administración local ha elegido como más a propósito  para capital del territorio.


Los días de mar tranquilo son tan escasos en la Bahía Sloggett como los buques que la frecuentan, y esta rara coincidencia ocurría mientras que salía el COMODRO PY y entraba el MARIA LOPEZ. Fondeado el buque, manda bote a tierra y encuentra a cuatro hombres que al ver la suerte que les esperaba en el Py se habían refugiado en los bosques.

El capitán, informado de lo sucedido, se dispone a desembarca la carga más necesaria para los hombres que pensaba dejar, con la intención de regresar luego al Páramo e informarse  de lo sucedido; pero en tanto que se efectuaba la descarga, los peones que se encuentran sin director, desnaturalizados  por el hecho que acaba de perpetrarse y que coincidía con los ya alarmantes del Páramo y Punta Arenas, se apoderaran de las bebidas y confraternizando con los marineros, arman una de aquellas bacanales  que tan sólo son posibles cuando peones y marineros se encuentran por primera vez sin superior y sin autoridad.

El drama es presentado bajo el título UN NAUFRAGIO, ONCE AHOGADOS

MIENTRAS TANTO EL VIENTO QUE VENIA DE TIERRA vira al sudeste, la marejada empieza a pronunciarse y el capitán, que desde algún tiempo hacia señales llamando a sus tripulantes, nota aterrorizado lo que sucede en tierra; hace esfuerzos soberhumanos pero inútiles, para izar él solo el ancla, hasta que por fin ve llegar el bote con sus tripulantes, todos ebrios.

“Al ancla” ¡Icen foque!, exclama, pero lso marineros se le ríen en la cara.

No iré al Páramo para que me lleven preso con Popper, gritaba uno. ¿Al bote salvavidas! Gritaba el otro.

En tanto las olas rompían por encima de la proa, el ancla garreaba y de nuevo el capitán se hallaba solo con un marinero tendido sobre cubierta por el golpe de marejada. No quedándole más recurso, baja, revólver en mano, al bote, y en ese momento el timonel tira el remo de gobierno, el bote pasa por debajo de la quilla del buque y desaparece para siempre el capitán y todos los tripulantes…

El buque abandonado rompe la cadena que lo sujeta al ancla, toma dirección hacia la playa, y llevado por una poderosa rompiente, conservando la rapidez vertiginosa que le ha impreso la ola, encalla lejos del agua, a inmediaciones del río sin nombre antes mencionado.

Horas después, Jack Marshall, el marino que había quedado sobre cubierta, despierta de su sueño letárgico hallándose a bordo, el buque intacto y en seco a 20 varas de distancia de la línea de playa.

Pocos días más tarde vuelve el buque del gobierno trayendo a bordo a las autoridades de Ushuaia. Estos funcionarios proceden a apoderarse d elos papeles del buque, abren y se enteran de la correspondencias particular que he dirigido a Wagner –su representante-, toman posesión de varios documentos particulares, también se apoderan de las provisiones, del cronómetro, de los materiales y hasta de los accesorios del buque y obligan a los peones que reciben mis salarios, a trabajar sacando oro para el señor gobernador.

Esto sucedió en el mes de septiembre de 1888. Hoy a principios de enero de 1890, los documentos sacados del buque no me han sido aun devueltos; el oro extraído por Wagner, las provisiones, los materiales, todo ha desaparecido.

Popper titula a este capítulo de su relato: Aves de rapiña.

Julio Popper dio cuenta sobre los incidentes del naufragio del MARIA LOPEZ en SLOGGET que la Prefectura Marítima no había recibido información alguna del hecho, aunque este barco ostentaba la bandera nacional; “en Alemania la familia del infortunado capitán Knaak espera aún recibir noticias de él–dirá al publicar estos acontecimientos en EL DIARIO DE BUENOS AIRES- y en bahía Slogget ase siguen lavando oro con los utensilios de Popper por cuenta de Paz y a cargo de su pariente el señor Colombra”.


“Para dar más realce a la obra, traajan allí como peones los mismos forajidos que han saqueado e incendiado los establecimientos de Carmen Sylva y río Cullen, y contra quienes el mismo gobernador ha expedido orden de arresto estando en el Páramo; mientras a pocos pasos vese inmóvil aún en las arenas, con su alta arboladura en perfecta perpendicularidad, pero con las vergas de gavia caída en forma de horca, el MARIA LOPEZ, testigo mudo de escenas que tan sólo ocurren en el extremo austral del mundo habitado”. 

La imagen que acompaña la presente entrega es un dibujo de Blas Alfredo Castagna que ilustró FURIA DEL ORO EN EL PÁRAMO de Camilo Guait, Ediciones Toqui.