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La caja no habla.. Apunte para una historia de las comunicaciones.


Lola vivía con los hermanos Barrientos, uno de los cuales era su hombre.
Un día los Finocchieto abrieron una picada no autorizada, y allá fueron los tres instalándose en un rancho.
Llevaron todo lo que tenían en el sitio anterior, y Lola reclamó porque no quería cambiar de hogar.
Entre las cosas formaron parte de la mudanza estaba el wincharge, con su molino, sus acumuladores y el receptor radial.
El tiempo no alcanzó para bajar del camión todo lo que llevaron, e instalarlo.
Al día siguiente los hombres salieron a hacer su trabajo y Lola quedó en su nuevo hogar, sintiéndose sola.
Al atardecer regresaron los Barrientos y vieron a la india tejer una cesta afuera del rancho, sin devolver ninguna palabra a los recién venidos.
El gesto era raro porque Lola era muy hospitalaria.
La respuesta comenzó a aparecer cuando entraron a la casa y vieron sobre la mesa la radio y un hacha clavada sobre la misma partiendo en dos al aparato.
Barrientos, el marido, salió y la llamó a Lola con un gesto del dedo índice de la mano izquierda, en la otra el hachero había perdido ese dedo. Ella se levantó lentamente, parecía estar apesadumbrada.
Entonces recibió la pregunta: -¿Qué pasó aquí?
-Caja de madera no hablaba.- dijo la india que ese día se había sentido sola.

La muerte de dos fueguinas.

Octubre 9, de 1887. En el MUSEO DE LA PLATA, se registrará bajo el número  1866 el cuerpo de Tafa o Elltyalma, mujer nativa cauescar- alakaluf del Estrecho de Magallanes, falleció en el Museo el 9 de octubre de 1887. De acuerdo con el informe se conservaría el cerebro, el cuero cabelludo, la máscara sacada después de su muerte.


Era una de las tantos nativos que fueron llevados a esa institución y que eran mantenidos en situación de servidumbre por el Perito Moreno.

El Colectivo Guías que se ha ocupado de eliminar la exhibición de restos humanos en ese museo, y de restituir restos a las comunidades de origen ha expresado:

Muerte de Tafà, aborigen alacaluf, en el Museo de La Plata. "Eulltyalma", mujer Alacaluf, fue llevada a Buenos Aires como prisionera junto con la familia del cacique Inacayal desde Teka, Chubut. Prisioneros en la isla Martín García, son trasladados al MLP, por intervención de su fundador y director F. P. Moreno, donde mueren y son expuestos como trofeos de guerra.
De "Eulltyalma" se conserva además de su esqueleto y el cráneo rotulados con el (Nº 1866), el cerebro (Nº 5437), el cuero cabelludo (Nº 5446), la mascarilla mortuoria (Nº 5441) y el molde de su mano izquierda (Nº 5442).
En la única fotografía que se conserva de su estadía en el Museo, publicada por Milcíades Alejo Vignati, en su "Iconografía aborigen" en 1942, se la ve obligada a posar semi desnuda, en un intento de dar un aspecto primitivo a su imagen. La fotografía, según Masotta, "(…) se constituye en parte del proceso identitario del Occidente burgués, es decir, como una especie de identikit colectivo que puede mostrar la diversidad del mundo y en el cual es posible señalar: este soy yo, este no soy yo.".

Sus restos ingresan a las colecciones inmediatamente después de su muerte y de la disección de su cuerpo. Los muy pocos datos sobre ella los aporta el preparador del MLP, E. Beaufils, que a pedido de Ten Kate la describe: "Reservada, triste y rencorosa. Su rostro, preferentemente triste, cambiaba difícilmente. Taciturna, dormía casi todo el día. Habitualmente indiferente y predispuesta a la discusión. Astuta, muy activa, muy trabajadora (…) Tejía en telar para las colecciones etnográficas" (Ten Kate, 1906, Traducción de los autores*)”.
En Buenos Aires se conserva una escultura de su cabeza, la que fue realizada por Edgardo José Rocca, que la conoció cuando esculpió los tigres diente de sable que adornan el ingreso al museo platense.

Octubre 9, de 1966. En el HOSPITAL REGIONAL DE RÍO GRANDE, “Nuestra Señora de La Candelaria”, muere Lola Kiepja. Última chamán selknam, vecina de la cabecera del Lago Khami o Fagnano. Sus restos se encuentran en el cementerio de nuestra localdiad, una calle lleva su nombre.
Su deceso aparece registrado a la hora 9 y 30 de aquel día, sin registrarse causa y a una edad presuntiva de 86. Años. El primer registro de su existencia la muestra con el nombre de Yapia, y se da el el bautismo del niño Luís Héctor –de tres meses de edad- en campos de la estancia San Pablo de José Montes. Es el 23 de febrero de 1812. Por entonces es su esposo Anik,  que morirá el 14 de octubre de 191º7, luego de haber recibió aguas del socorro. Ya para entonces este residía en Río Fuego, lugar donde se instaló la misión volante del padre Juan Zennone.
Anik y Lola, la bella Lola retratada por 1910 por Carlos Gallardo, ha sido recuperada didácticamente por María Angélica Andrade, en su obra Aprendiendo de nuetro pasado indígena: la etnia selknam.
Pereo la gran trascendencia la logró cuando poco antes de morir fue visitada por Anne Chapman, ante su requisitoria cantó piezas ceremoniales del mundo espiritual de su gente; labor que luego la investigadora franco norteamericana publicó en un álbum discofráfico trascendente.
Lola tuvo muchos hijos, con diversas parejas, los que lamentablemente fallecieron. En un momento formó parte del Clan Oray, hasta que la desaparición de este blanco que se dedicaba a la ganadería en el espacio de la reserva, llevó a sus mujeres a ser confinadas en La Misión.
Pero Lola no fue proclive a acerptar las creencias de los curas, y en algún momento frecuentó la Iglesia Evangélica, aceptando la cordialidad de practicantes de ese culto, no así sus creencia.
Hay un conjunto de fueguinos que la reivindican como antepasados, son descendientes de una hermana. Es el tronco de las Oray.
Sus cánticos han sido fuente de inspiración en numerosas obras artísticas. Las fotografías que de ella tomara Chapman resultan piezas emblemáticas de la identidad selknam.
Curiosamente en la zona del lago, a seis años justos de su muerte, se fundó Tolhuin, población que socava en la identidad de los hombres y mujeres que vivieorn e ese lugar, antes de la llegada del hombre blanco.
Nota: La fotografía de la escultura la debemos a Bernardo Veksler.