La provincialización. Según el entonces concejal Alberto Ibarra.
En el territorio de la memoria.
No participé de lo que ahora resultan las grandes alegrías de la inauguración de la Provincia.
Recuerdo que atravesaba un tiempo de justificada desesperanza por las cosas que se venían dando en el mundo. Al menos en mi mundo perceptible.
Por razones más privadas que públicas había dejado la función pública en el ámbito municipal en el año 1988, donde tenía a cargo la Dirección de Cultura. Se sumaban mis replanteos matrimoniales y también la muerte de mi madre para sentir que otras cosas también eran más importantes, más importantes que el trabajar políticamente. Ya no volvería a hacerlo, al menos –como se diría ahora- militantemente.
Desde afuera el universo era estremecedor. El radicalismo, que había mezquinado la provincialización, caía estrepitosamente y un Menem –denostado vergonzosamente- por los medios oficiales- se imponía electoralmente y debía asumir de manera temprana, ante la impotencia alfonsinista. Ese mismo año caería el muro de Berlín y las miserias del sistema bipolar serían conmovidas por otra idea miserable, la del fin de la historia. El menemismo dibujaría políticas económicas increibles. Los que teníamos alguna ideología cercana a lo popular nos sentíamos burlados por la realidad.
En la isla si bien el radicalismo encontró en el gobernador Ferro una figura de marcada lucidez –llegó como los viejos funcionarios después de una derrota electoral, un castigado- los otros nombres que se ligaron a la administración territorial dejaron un rastro de baba lamentable. El mismo Martín Torres, que resultó un adalid de esta causa provincial, llegado al gobierno fueguino, como delegado del que ya comenzaba a ser el innombrable, no atinaba a dar respuestas a la sociedad demandante; y entre sus contratiempos se demoraba –como nunca nadie lo había hecho- en pagar los sueldos del sector público (y eso no se lo pudieron perdonar los que al decir del General Perón tienen por más sensible aquella víscera que llamamos bolsillo).
El proyecto 19640 la estabilidad, y apuntalar el progreso de la isla, de manera insustitubible, ya había demostrado que tendría que durar: era el soporte de una mano de obra y de un orden fabril que –aunque resultara oneroso para el país- conservaba la tranquilidad del electorado..., y ellos en su conjunto eran los votantes LOS QUE SOSTENIAN PROYECTOS Y AMBICIONES DE LOS PARTIDOS EN CIERNES.
En ciernes digo, al asalto, de todas las posibilidades que daría una nueva provincia: muchos cargos para mucha gente, presupuestos crecientes, primeros lugares en el podio de los éxitos individuales y sectoriales.
Pero la era una herramienta sucia. Los negociados en torno a ella dibujaron el universo de la PATRIA GALPONERA, que con el sistema de reintegros y sobrefacturaciones fortalecía inversiones que solo existían en la zona fantasma de la zona aduanera especial. Las justicia de Bahía Blanca inició una demanda contra nombres tales como Koner, Salgado, Delconte, y algunos otros referentes locales. El pueblo podía brindar con vino Paponi, que se traía de Río Negro para tirarlo a las cloacas, ya lo pagarían los reembozos...¡Y con ganancias! El Tuni recuerda que su primer trabajo fueguino fue destapar las botellas y derramar ese vino.
En medio de la vergüenza aduanera el llamado el llamado a Constituyente dio la sorpresa de un voto mayoritario por la fuerza política local, y de ese sector vendría quien pasaría a ser la Presidanta de la Convención, curiosamente una despachante de Aduana.
Yo estabas trabajando como toda le gente, en un día más, cuando vi a Doña Elena en ese gesto, fura de protocolo, en que se festejaba la Constitución que se respondía “al pueblo” que allí la tenía, por si querían jurarla, y la juraron los concurrente “a libro cerrado”, como tantas acciones legislativas que nos condenarían en el tiempo.
La escuché por radio, la mire por televisión.
Tengo la impresión que el acontecimiento no movilizaba a un nivel popular. Por entonces todo lo que merecía aplausas iba acompañados de una caravana, y esa manifestación falta en mi memoria.
Solo pensé que en poco tiempo se juraría la Constitución en tantos ámbitos. Pasaría mucho tiempo hasta que una noche soñara que en un enorme gimnasio todos los ingresantes del Megapase, juraban sobre una primera edición de esa Carta Marga.
Me desperté agitado.
En el año 1984, en el pasaje Dardo Rocha, en una Semana de la Patagonia, fui invitado a disertar, como soporte a una explicación estelar de Martín Torres sobre la demorada provincialización fueguina; mi charla se denominó Tierra del Fuego, Territorio del Olvido.
Ahora que me acuerdo estribo, sin ninguna documentación al la vista, este pequeño análisis bajo el título En el territorio de la memoria.
El primero de junio es un día político, que merece recuerdos... polìticos.
No me hablen del guanaco, la lenga y o la nieve que vendemos al país, o al mundo.
Post scriptum:
En los día de tránsito entre la sansión en Diputados y la convocatoria constituyente pensé sobre el fututro de la convención. En razón de ellos llamé a una conferencia en la Biblioteca Eduardo Schmidt (h), bajo el tema Río Grande, capital de los fueguinos. La concurrencia fue interesante, el diálogo también. Había gente que quería la capital aquí. Pero en el debate posterior el tema no se trató. Tierra del Fuego fue la única provincia que no confrontó proyectos de capital en el conjunto de las provincializaciones del país federal.
Invitado por el Partido Socialista Popular una tarde de sábado asistí a su local de la calle Bilbao para exponer sobre políticas culturales. Querían tener ideas que se podrían volcar a su proyecto constitucional, mi presentación llevó el título de El rico veneno.
La primera exposición fue publicada algo después por Edgardo Welsh, en una revista que duró un par de números.
La segunda, releída ahora, se mantiene vigente.. pero nunca fue publicada.
Están también para recordar los chistes que se hicieron en el marco de la Convención, pero eso los dejaremos para...¡Para las bolas de plata!
La provincia de Lola, Segundo y Margarita
“En este día de nuestra provincia recordemos la memoria y el sacrificio de quienes nos precedieron, fortaleciendo el compromiso con la vida, la familia y la educación de nuestros hijos”.
El Chino es un veterano de Malvinas, jubilado de Defensa Civil municipal y graduado en periodismo.
De pronto me pareció que sus dichos eran estimulantes para volcarme a mi blog, y pro eso le pregunté:
-¿Podrías darme tres nombres, por favor?
-Lola, Segundo y Margarita. Fue la respuesta.
-¿Cual Margarita?
-Maldonado.
Seis horas después me sentaba a escribir. Ya para entonces había escaneado tres imágenes que vuelco aquí para Uds. Junto a una pequeña evocación.
La inútil.

Lola vivió buena parte de su tiempo en la cabecera del lago Khami, lago que para ella nunca fue Fagnano. Khami era palabra que tenia sentido, a Fagnano no había tenido la oportunidad de conocerlo, falleció en 1916 y para entonces ella era un mujer hecha, pero no hay testimonio de un encuentro.
¿Cuál habrá sido la familia de Lola?
Se consigna un compañero selknam, Anik. Con el tiempo vendrá un a escritora magallánica, docente parvularia, a escribir un libro didáctico donde ella y el son los personajes conductores del relato: “Aprendiendo de nuestro pasado indígena: la etnia selknam” de María Angélica Andrade. Lola nunca se imagino que esos contactos con Anne Chapman la convertiría en una de las fueguinas más famosos, por sus cantos inolvidados, por su condición de chamán. Digámoslos como se decías antes, en tiempos en que estaba viva: bruja. Con las distancia que condicionaba esta discriminación.
Murió en el Hospital Regional de Río Grande, y el médico que la atendía –el Doctor Jorge Saúl Ferra, le sacó una foto poco antes de morir, en su cama de internación; foto que prometió acercármela si la encontraba, por que la tenía bien guardada, pero también le vino la muerte…
Lola develó secretos bien guardados y por eso se la recuerda.
Sus manos eran tan toscas como las maderas de la vivienda donde posó un día para un fotógrafo curioso. Con esas manos vivió y sobrevivió muchos años en el corazón de la isla.
Su apellido, Kiepja, en realidad era su nombre nativo, significaba inútil. ¿Inútil para qué? ¿Inutil para quién?
El sordo

¡Quién se acuerda del segundo apellido de Segundo? Nació en un tiempo en que era usual, por la influencia chilena el usar tanto el del padre como el de la madre. El padre fue el ausente, dejó su semilla y partió hacia el olvido. La madre Perpetua Kailjen, falleció a temprana edad de su hijo, asilados ambos en
Lo poco de escuela que tenía lo consiguió entre los salesianos.
Después vino un largo tiempo de trabajo, de cárcel, de trabajo.
Sus últimos años fueron de asilo, de reconocimiento,, de impaciencia.
Se esmeraban por su presentación, y él se cuidaba en todo.
Pero con el tiempo quería una cosa por sobre todas: poder oír. Los huesos del oído se le habían desgastados y no había forma de encontrar reparación alguna, ni con cirugías, ni con prótesis.
A Segundo lo venían a buscar y él pensaba que era para curarlo.
Pero era para mostrarlo.
Mano de piedra.

Margarita creció como todos sus hermanos en la casa paterna, al cuatrocientos de la calle Moyano. Por su madre, Herminia, la identidad selknam la ligaba más a la tierra fueguina de su nacimiento.
En aquella manzana, sobre el barrio
Con los años 90 creció la identidad del origen entre los descendientes onas, y hoy por hoy Margarita ejerce su rol de instructora en Cultura de
Pero hubo un momento diferente para ellas. Fue cuando debatía en la legislatura provincial la restitución a la comunidad indígena de las tierras de la antigua reserva. Titín, uno de los legisladores mopofistas, que había comprometido su voto con los demandantes se dio vuelta a la hora de la votación. Entonces Margarita salvó las distancias que los separaban y en todo el recinto se escuchó la bofetada, y la palabra traidor.Debe constar en actas.
Titín era uno de los chicos de aquella manzana.
Una provincia traidora, una provincia sorda, una provincia inútil. ¿Nuestra provincia?
Una provincia memoriosa, una provincia incomprendida, una provincia valiente. ¿Nuestra provincia? Un lugar o un tiempo diferente en el cual vivir… Un tiempo o lugares diferentes donde morir. ¿Vivir para qué? ¿Vivir para quién? Una provincia con muchas preguntas y demoradas respuestas.
26 de abril de 1990, aquella sesion que dio vida a la Provincia
