Documental aborda el arte y shamanismo de los pueblos originarios de Tierra de Fuego

Por Adrián González S. agonzalez@laprensaaustral.cl. Para El Magallanes. Domingo 14 de marzo de 2010.
Su visión del mundo y de las fuerzas naturales, junto con la expresión de su arte y la figura del shaman, son algunos de los elementos que aborda la investigación documental realizada por el investigador puntarenense Carlos Vega Cacabelos.

“Arte y shamanismo paleoindio: Los Misterios de Tierra del Fuego, volumen 1” es el nombre del trabajo producido y dirigido por Vega Cacabelos quien además se hizo cargo del guión.

El trabajo audiovisual es patrocinado por el municipio de Porvenir y pretende entregar un contexto histórico atractivo sobre el “Arte y Shamanismo Paleoindio”, para proporcionar una síntesis informativa que motive al espectador a profundizar en el tema de las culturas originarias de Tierra del Fuego y Patagonia.

Agregó que la investigación se realizó a partir de información etno histórica, registros testimoniales y entrevistas al periodista y escritor argentino Oscar Domingo Gutiérrez, al historiador argentino Carlos Baldassarre, junto con el escritor e investigador magallánico Carlos Vega Delgado.

Contexto de la investigación Vega Cacabelos contextualiza la primera etapa de poblamiento en Tierra del Fuego desde el punto de vista histórico y arqueológico de hace más de 10.000 años, cuando la Tierra del Fuego se encontraba unida al continente a través de un valle glacial.

Se muestra a los cazadores recolectores terrestres de Tierra del Fuego como los más fidedignos representantes de la cultura paleoindia en el meridión americano. Además, se postula que el Arte y Shamanismo Paleoindio fue característico en todas las culturas paleolíticas, pero en el caso de Tierra del Fuego se destacan rasgos característicos y únicos que nos demuestran una vez más el alto grado de compenetración que logró el hombre con la naturaleza en este territorio tan inhóspito.

“La idea es que este primer volumen se vaya enriqueciendo con nuevos temas que complementarán una rica colección informativa con temas de interés históricos de Tierra del Fuego”, expresó el investigador.

Segundo volumen

De conseguirse el financiamiento, se espera contar con el segundo volumen de “Los Misterios de Tierra del Fuego” para fines de diciembre, con un tema diferente y atractivo. Esta primera edición fue distribuida a diferentes entidades culturales, encontrándose algunos ejemplares disponibles en el Museo Municipal de Porvenir y en el Museo Regional de Magallanes, entre otros.

La música original es de Lluvia Acida, la locución es de Pedro Barrientos, mientras que Evelin Barrientos Delgado trabajó como asistente de edición.

“¡Oh, si la vida fuera a buscar solo en el hombre la imagen de la fidelidad!”.


“Rompe” formó parte de los episodios más destacados de las historias de Velazquiño. Y también estaba destinado a ser en última instancia el factor dramático de su desaparición.

Este perrito, pequeño y escuálido, un “quiltro” nomás, figuraba en la ficción del viejo con toda la picardía que a él le era propia, y así lo conocíamos como el que orientara con sus ladridos la barca en entre los riscos y la tormenta, el que alcanzaba a la tropilla de caballos de ocho patas, el que escarbaba metros y metros para darle agua fresca al patrón moribundo, como el que terminaba en amores con la perrita de la hija del Gobernador, cuando Velazquiño –pese a ser dueño de las proezas más inverosímiles-sólo recibía de la dama una caída de ojos.

Velazquiño era un chilote venido por mar y olvidado en las costas después de una noche de copas, ni desertor alcanzaba a ser, pero esta circunstancia le daba argumento para contar como luego de descubrir un tesoro, el de Cambiazo, o El Oro de los Incas, la tripulación de la embarcación lo abandonó en la isla, escapando en el rápido navío y con toda su fortuna.

Fabulador nato, se lo conocía simplemente por la letanía con la cual el finado Pizarro lo reprendía en su decir aragonés: -“Velazquiño, Velazquiño.¡Mientes! ¡Tu, como los mozos vagos de mi tierra.!”

Y el chilote se excusaba argumentando que todo era verdad:-“En el fondo del lago Khami existe una gran loza que sólo se mueve con los terremotos, los de Chile, los del Perú, los del Nipón, todos repercuten allí. Y cuando la piedra sel fondo se mueve comienza a entrar agua del Pacífico, y la isla comienza a hundirse...”

Sus cuentos, que nunca consideraba como tales, alegraban a los parroquianos del Bar Colo-Colo donde paraba cuando bajaba del campo, generalmente después de una temporada como puestero, trabajo para el cual tenía una particular predisposición, quien sabe porqué en toda la soledad podía alimentar más su creatividad mermada por los años.

.”El Fañano no se puede navegar así nomás. Cuando alguien se cae al agua hay como un remolino que lo mete pa’dentro y no sale nunca. Tiene una comunicación con el Estrecho de Magallanes, no la del río, ...del río” –y allí le falla la memoria- “sino otra subterránea por la que entraban en la Segunda Guerra Mundial –aquí terminaba de vaciar el trago- los submarinos alemanes...”

Cuando Velazquiño se pasaba de copas y se aletargaba con su lengua y su memoria, era “Rompe” el que comenzaba a tironearlo de las bombachas, para que en el fondo del patio, donde tenía preparado su catre, durmiera volando en vaya a saber que sueños.

Guardaba el viejo una particular simpatía y lo recuerdo bien en casa una vez que lo invitó mi padre, pagándole con un cordero bien regado la diversión extraordinaria de su imaginación. Papá logró dormir sentado –en esa época andaba por los dos trabajos-mientras yo le pedía que no se vaya y que siguiera contando historias de naufragios, de aparecidos, de animales fantásticos, o donde había tesoros ocultos.

En los últimos años de su vida había cambiado su erudición geográfica y su memoria descriptiva de la naturaleza por una conducta macabra, en cada una de sus referencias. Hablaba entonces de las costumbres caníbales de los indios, para fastidio y discusión de algunos mestizos que rondaban los boliches de aquel entonces; hablaba de crímenes de toda suerte donde el cuchillo de algún paisano segmentaba las tripas de algún infeliz o describía como alguna muchachita desesperada sacaba de su vientre el hijo que no quería.

Y como la charla no agradaba a toda la gente, poco a poco se lo fue raleando hasta que por dos años no salió del puesto.

En un mes de septiembre cuando arreando un piño El Rubio Alvarez lo pasa a ver, Ramón Velásquez había encontrado un tétrico final, aún me parece recordar la cara del hombre cuando contaba el hallazgo: “Eran los huesitos peladitos nomás, y de la calavera los pelos pegados y un líquido que le salía de ande tendría los sesos lo que le quedaba al hombre...Velazquiño” –y con un dedo de la misma mano que sujetaba la copa le requería al cantinero que la llene nuevamente. Se había muerto en invierno y el “Rompe” se lo fue comiendo porque encerrado en el puesto no tenía otra cosa para alimentarse. ¡Gordo y lindo esta el quiltro, lustroso de carne humana. Nunca lo vi así!”

Era una historia para que realmente la contara el finado, él le habría dado las motivaciones para dejar callado a más de uno, para luego imaginar muchas otras historias.

La policía hizo lo suyo, un médico –no me acuerdo cual aunque no había muchos- ayudó en el inventario óseo y así en una pequeña caja fueron a sepultar tan poco en su humanidad, sin un rezo, ni una cruz.

Cuando “Rompe” cayó sobre esta tierra que tapaba los despojos de su amo, muerto de pena, sin querer tomar otro alimento después de haber consumido la carne del viejo, el esqueleto del perro permaneció largo tiempo sobre la ignota tumba, hasta que las gaviotas dejaron de respetarlo y el viento terminó con el trabajo de conducir la historia de Velazquiño hasta el olvido.



*Òscar Domingo Gutiérrez, fragmento del segundo tomo de su obra Rastros en el río. Publiado en la revista de la XXXI Exposición y Feria Ganadera Comercial, Industrial y Artesanal de Tierra del Fuego. Foto "El guanaco volador".

Siempre hubo remedio para todo...


¡Lo que no hubo es curación!
Al menos en todos los casos.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la prensa porteña publicitaba esta solución para los inconvenientes del tabaquismo.
Tal vez no se lo vinculaba directamente con el cáncer, y se apuntaba sobre sus disfuncionalidades.
O vaya saber que.
A veces lo que es bueno en un tiempo y lugar, no lo es bueno en otro.
Lo cierto en estos días que crecen las fobias antitabaco, respiramos hondo, y recordamos la fragancia de los cigarros de nuestros mayores, la experiencia con los propios, y aquel atrevido tango que cantábamos a los seis años, para alegría de nuestros mayores: Fumando espero.
Y hacemos memoria a la vez con la figura del que espera y desespera, el padre en la antesala del parto, y todos los cigarrillos que parecían poco.
Es probable que alguno de nuestros mayores nos de algunas noticias del producto ofrecido.

Una mujer barriendo los escombros...

El último terremoto en Chile me urgió en la necesidad de consignar informaciones o sentimientos, en este espacio que los siente cercanos a los “tricolores”.
Pero la pérdida de Rubén me incluyó en la vorágine de ese otro dolor tan próximo, que los días fueron pasando.

El día de la mujer, don tanta reivindicación necesaria (eso de reivindicación se emparenta con la venganza), y cierta tilinguería prescindible, me reencarriló en el tema.

Es que recordé aquellas reflexiones de Ernesto Sábato, incluidas en su libro Antes del fin:

“En un archivo donde colecciono papeles, recortes que me ayudan a vivir, tengo una fotografía del terremoto que destruyó hace años Concepción de Chile, una pobre india, que ha recompuesto precariamente su ranchito hecho de chapas de zinc y de cartones, está barriendo con una vieja escoba ese pedazo de tierra apisonada delante de su casucha. ¡Y uno se hace preguntas teológicas! ¡Cuánto más demostrativa es la imagen de la pobre indiecita que sigue barriendo su casa y cuidando a sus hijos!”

La reflexión cae de madura, aunque su casa se venga abajo siempre habrá un hombre que piense en el mundo, y aunque el mundo se derrumbe, siempre habrá una mujer que piense en su casa.

No creo que en estas cosas se necesiten cambios tan profundos. Sobrevivimos con esas entregas.

En la foto aparezco con Danka Ivanoff Wellman, escritora de Chile Chico, sobre el Lago Buenos Aires, ella esta mostrando su libro Caleta Toltén y su Isla de los Muertos. Estamos en la casa de la cultura, una vivienda céntrica que se comunica desde su planta alta con el barco que navegara en ese lago su familia.

Estos días de un temblor que no se manifestó en este lugar de la Patagonia hubo preocupación por el destino de los hijos que se encuentran fuera de Aysén.

Danka escribirá en su blog, con el que nos encontramos conectados, una serie de recuerdos, que la vinculan con viejos temblores.

Yo recuerdo no vivido en la familia sobre el destino de la prima Nedy, que estudiaba magisterio en Ancud. Durante meses nada se supo de ella, puesto que la curiosidad periodística de Chile solo llegaba hasta Puerto Montt.

Y Danka, mucho más niña, estaba allí, en Llanquihue, y esta última remezón le devolvió estos recuerdos:

Este terremoto me ha traido a la memoria, otro, el de 1960 que me toco vivir a los catorce años y cuyo recuerdo paso a relatar.Tenía yo 14 años y me encontraba estudiando la secundaria en el Colegio Inmaculada Concepción de Puerto Montt.
Era alumna interna y las salidas estaban condicionadas según el buen comportamiento y en ese fin de semana del 21 de mayo de 1960 yo estaba castigada sin salida, por el terrible delito de haber tocado la “polka del chancho” en el piano de mi sala.
La disciplina era rigurosa, y ese delito significo no poder salir ese fin de semana. Junto conmigo, tal vez por un delito mayor, como no haberse servido toda la comida del día viernes, que por cierto era bastante mala, una compañera de un curso superior también recibió el castigo.
Éramos dos las condenadas y la condena debía cumplirse en el pabellón del dormitorio que ocupábamos, el Pabellón San Luís, una construcción de más de cien años del que solo podíamos salir a la hora de las comidas.
El 21 de mayo lo pasamos sin pena ni gloria mientras nuestras compañeras pudieron ir al desfile y muchas ir a sus hogares distantes a pocos kilómetros de Puerto Montt.
En la mañana del día 22 de mayo, nos despertamos con un fuerte temblor que nos paralizó de pánico. Inmediatamente nos levantamos y fuimos llevadas a la Santa Misa, oficiada en el Colegio San Francisco Javier, que quedaba al frente de nuestro colegio, algo es algo, y por lo menos recuperamos la libertad por un rato. Al ir a comulgar el curita, bastante viejo, me saltó y no me dio la comunión, eso intranquilizó mi conciencia de joven adolescente y sentí que Dios me castigaba por tocar música profana.
Volvimos al colegio y luego del almuerzo, conseguimos con la portera, llamada Sarita, que nos dejara arrancarnos un ratito, una horita nada más.
Salimos por la lavandería que quedaba en el piso bajo de nuestro pabellón, las monjitas mientras tanto rezaban.
No teníamos dinero para ir a ninguna parte y nuestro gran paseo fue ir al cementerio y allí nos pilló el terremoto, espantoso.
Nosotras andábamos de uniforme, ya que las reglas del colegio eran que si no se salía el fin de semana no se abrían los roperos en que guardábamos la ropa de civil.
En el cementerio, al producirse el terremoto, la gente rezaba y nos pedía que rezáramos por ese final de mundo.
Mi conciencia estaba negra como la noche oscura, ese era el castigo por tocar la famosa polka. Perdí la noción del tiempo y a mi compañera, en el intertanto del fenómeno perdí mis zapatos.
Caminé mucho y como a las ocho de la tarde, unos oficiales de la Fuerza Aérea me encontraron a la salida de la ciudad vagando, según yo, en busca del aeropuerto para venirme a mi amado Chile Chico, pero como mi noción geográfica era muy mala, me dirigí al norte y no al sur, en donde estaba la pista de aterrizaje.
Mientras tanto, mi querido hermano Boris, alumno del Colegio San Javier se encontraba en el cine y salió corriendo a buscarme, al llegar al colegio las monjitas solo le mostraron el pabellón San Luís que yacía derrumbado totalmente y se suponía que yo estaba ahí debajo de todos esos escombros.
Mi hermano mandó un mensaje urgente a través de Radio Corporación, diciendo que yo estaba desaparecida, fue el único mensaje que recibieron mis padres y familiares.
Ya de regreso al colegio debí dormir en el patio bajo la inclemente lluvia que es habitual en Puerto Montt, allí nos reunimos varias alumnas internas que tenían apoderados pero no podían quedarse en sus casas.
Ahí comenzamos a organizarnos para ver modo de conseguir un avión que trajera a Aysén a los muchos alumnos que estudiábamos en Puerto Montt y Ancud. Pasaron 11 días y supimos que nuestros padres habían conseguido un avión para que nos trajeran y lo devolvían con un cargamento de harina comprado en Argentina, en ese tiempo esas compras se hacían sin mayores dificultades.
Fue así que viajamos día a día al nuevo aeropuerto de Tepual que se estaba construyendo pero tenía la pista habilitada.
Allí vi los primeros aviones grandes en mi vida, eran los Globber Master, que abrían su “boca” y desde ahí salían tractores y cargamentos de cosas que se mandaron desde Estados Unidos.
Luego de varios viajes y de muchos sustos, ya que las réplicas eran a cada rato y los incendios eran numerosos, pudimos salir de Puerto Montt y en tres horas y media de viaje llegar a Chile Chico.
Al llegar, desde la ventanilla vi la tristeza reflejada en los rostros de mis padres, mientras todos los demás abrazaban con inmensa alegría a sus hijos, ellos abrazaban con pena a mi hermano.
Yo fui la última en bajar del avión pues me daba vergüenza mi estado, venía con un ojo morado, perdí dos dientes con los costalazos que me di contra los nichos en el cementerio y además venía con un abrigo de una compañera casi 20 cm. más alta que yo y con un par de zapatos Nº 38 cuando yo calzaba el 36.
Mi hermano no se cansaba de decir que yo venía ahí, pero mis padres creían que era en una urna.
Me ayudó el agente de LAN a descender del avión y ahí todo fue risa y llanto.
Al otro día de llegada nos visitaron unos amigos de mis padres y yo comencé a relatar mi experiencia y cuando quise pararme no lo pude hacer, estuve dos meses con parálisis, sin poder caminar.
El médico del pueblo, con esa sabiduría que solo tienen los médicos de pueblo, le sugirió a mis padres me llevaran al colegio de vuelta, cosa que costó mucho ya que las monjitas no querían recibirme, porque al fin y al cabo resultaba una molestia, pero lo hicieron y mis compañeras de internado se portaron fantástico conmigo y me llevaban y traían en silla de mano, era imposible conseguir una silla de ruedas.
Dormíamos en lo que había sido el gimnasio del colegio y al mes de estar ahí , una noche me desperté sobresaltada y vi el gimnasio envuelto en llamas y grité despavorida y en el acto me levanté y corrí hacia al patio.
Así terminó una dolorosa parálisis.
Gracias a Dios el incendio no era en el colegio si no que una casa vecina y las llamas se reflejaban por las altas y angostas ventanas del gimnasio.
Perdí el año en el colegio pero gané una tremenda experiencia y supe de la solidaridad y del afecto.
No le temo a los temblores, me ha tocado vivir otros de menor magnitud y me quedo bajo un dintel sin mayor alarde, pero ese terremoto dicen que fue el más grande del mundo y no me explico cómo sobrevivimos si fue de una magnitud de 11.5 ª de Mercali, casi cataclismo.
Hoy veo con pena lo que ha pasado en mi país, un país marcado por las tragedias sísmicas y volcánicas, pero estoy segura que los chilenos saldrán adelante como lo han hecho siempre. Me llama la atención eso sí, la fragilidad de las obras civiles ,si se supone que en este país las reglas de construcción son muy rigurosas, me da la idea de que alguien hizo el negocio con el fierro y el cemento y eso se vio en el día de hoy, ya que obras recién entregadas se vinieron abajo.

Otro capítulo pendiente era la música.


En la foto recuperando la juventud de esos días de la radio naciente se presentan dos de las primeras voces de LRA 24: Rubén Ramírez y Silvia Fatori; si bien ambos no permanecieron mucho tiempo en la radio, el primero para dedicarse a la industria gráfica y la segunda mudándose para un futuro desempeño en Radio Nacional Esquel, su contribución perdura en el recuerdo de los que vieron nacer la radiofonía fueguina.Memorias, que junto a los documentados papeles, consolidan nuestra historia.


El momento de dar inicio a las actividades en LRA 24 suscitó una compleja tarea administrativa, y resoluciones que no salían de inmediato, aunque –es de señalarse- se sabían propias de toda circunstancia de ingreso a la administración pública.Para el 2 de junio se manifestaba en un informe sobre sueldos impagos, la situación que englobaba a todo el personal de estudios.

La deuda de haberes correspondía al período marzo a mayo, cuando no se había recibido órdenes de pago sumando en días los más antiguos de la flamante dotación 74 días –Ángel Acosta y Susana Domínguez- y la incorporación más tardía, Fabián Benítez, que lo hizo después de la inauguración el 30 de abril: 32 días.

Habrá pronta autorización telegráfica para efectuar los pagos de los primeros sueldos, anunciándose que de futuro se pagarán a razón de 30 días.Por entonces se gestionaba una zona insalubre…, del 120%, el planteo lo había realizado de conjunto todo el personal de la Secretaría de Comunicaciones en la visita del Coronel Desimoni, que había dejado el cargo con la asunción del gobierno peronista.

Otro capítulo pendiente era el de la música.

Atestiguan los primeros empleados de Radio Nacional que se traía discos de la casa, y que la gente prestaba.., que desde la confitería Roca se sustraían momentáneamente los que estaban de moda, y que llegaban a 51 los que envió el Servicio Oficial para la contingencia de la inauguración.

Todos estos discos eran de LRA 1, y la cabecera no tardó en reclamarlos. Para el 6 de junio se daba la devolución en la que se advertía agregado un disco con lápiz de carbón en el listado mecanografiado, disco que nunca se había encontrado.

Los remitos hacen referencia al Sello Grabador y su número de identificación, no así intérprete y nombre del LP, lo que nos impide por este conducto saber a ciencia cierta cual era la música de la que se disponía en el momento inaugural.

El director de LRA 24 contaba ya con una existencia en disco producto de la donación de la empresa SADE, pero a cuarenta días de la inauguración -cuando volvían a Buenos Aires los discos que hicieron debutar a la radio- el Sr. Pérez informaba sobre algunos aspectos del diligenciamiento del trámite:“La gran cantidad de tareas a cumplir, motivado por contarse con una dotación de personal nuevo, una reducida discoteca –algo menos de mil discos-, una ínfima cantidad de programas grabados en cinta, probablemente demorados por no arribar aviones por condiciones meteorológicas desfavorables, han hecho imposible cumplimentar la devolución con anterioridad, por lo que se apreciará considerar la demora incurrida”.

La advertencia que pesaría sobre Pérez, un severo apercibimiento si no devolvía los 51 discos lo llevó a concretar finalmente el trámite de envío.

Por entonces, y desde el 11 de mayo (de 1973), se encontraba impuesto para el orden interno un Libro de Parte Diario de incidentes del servicio.Estaba confeccionado por el locutor y en él se consignaban todas la novedades del turno:

Entrada y salida de personal.

Interrupción de transmisión y motivos.

Medidas adoptadas en ausencia del titular de la filial.

Presencia de personas para grabar y pasar programas.

Cadenas tomadas con especificación detallada.Falta de programas, discos o grabaciones.

Recepción de informativos.

“Toda persona, sin excepción debía apersonarse al tomar servicio o haber finalizado la jornada al locutor a cargo del Parte Diario a fin de registrar la entrada o salida, igual procedimiento al retirarse o regresar del refrigerio, almuerzo o cena, o por cualquier razón autorizada por esta Jefatura”.

La cocina de Jano.

Mi sobrino postizo, el periodista regional Alejandro Damián Vega Cacabelos, me ha sorprendido una vez más con su cuota de aliento y alegría.
En medio de sus múltiples actividades, entre las que figuran las del corazón, tiene su tiempo para la creación culinaria.
Y así como el amor parece consolidarse por el estómago, el apetito se acrecienta por los ojos.

Dejamos todo librado a la imaginación de nuestros espectadores, y lamentamos no estar cerca de estas realizaciones de un verdadero “Cachorro de Hecatónquiro”.

Cancato:

Centollitas:

Mariscal magallánico:

RUBEN BALIÑO, y el canto con amigos.


Los que llegamos la sala de sepelios de la cooperativa cuando terminaba el responso del Padre Felicísimo Vicente, compartimos la última media hora de su velatorio.

Ya un par de horas antes José Schipani, el encargado de esa servicio, nos dio cuenta de cómo había marchado todo, a nosotros que habíamos dado nuestro doloroso presente la tarde anterior, luego que la familia asistiera al par de hora que quisieron tomarse solos con el féretro llegado de Buenos Aires en vuelo de Aerolíneas.

Por eso nos encontramos con el ataúd tapado su poncho pompa, su sombrero, algunas fotos de la su vida en familia –muy singular esa que los mostraba vestidos a la antigua e impresa en sepia, y las rosas amarillas que el nombrara en esa canción que hace más de tres décadas identificara aperturas y cierres en el canal de televisión local.

Los amigos tenían buenos recuerdos y Lucía, por ella y su hermana había escrito que en homenaje al padre habría a la noche vino, y estaría su guitarra a disposición de quien quisiera tocar.
“Bebe vino, largo tiempo vivirán bajo la tierra, sin mujer, sin guitarra y sin amigos. “Bebe vino!”. En una clara adición al ideario de Horacio Guarany.

Pero en la última media hora antes de salir a la inhumación se sumaban las angustias, yo al lado de Julián Baeza recibía elogios de la guitarreada, de lo mucho que había tocado Pancho Pacheco –ese que mostramos en la foto en el quincho de su casa con Rubén- y lo sentido que había sido el momento en que Lucía, la hija mayor de Baliño cantó un tema de su padre con el respaldo de Leda Soto.

De Lucía sabía algunas incursiones recientes en el mundo del rock, pero este era otro abrazo. Mariana, la hermanita menor, se mostraba solícita preguntando a todos si alguien necesita algo, algo que no era más a esa hora que un vaso de agua…

Y de pronto entre a mirar los rostros: la mamá de Cecilia Aguilar, la señora de Degratti, Carmen, Adán, parecían estrechar filas cerca del féretro aquellos padres que había tenido el duro infortunio de perder un hijo; se lo comenté a Julián y el me habló de los dos hijos perdidos, del que se fue el prolongada enfermedad, y de la hija de inesperada muerte cuando ya se pensaba que se recibiría de abogada. Había un acuerdo tácito de compartir dolores.

Doris, la mamá de Rubén hacía cuenta del dolor de las amigas, y del de la gente común pensando que como iba a ser de otra manera si el gordo no sabía decir que no y siempre tenía unos pesos para ayudar a alguien, o para comprar lo que viniera al caso se le ofreciera.

Julián me habló de la certeza de hacer un homenaje radial a Rubén por la radio, Leda ya había hecho suya la mañana de domingo con un hermoso reportaje; en el decía que le tocó vivir en el colegio Don Bosco con un grupo de profesores que le enseñaron a amar este lugar; el finado ya había dado respuesta a mis duda sobre que podría haberle enseñado yo, manifestada en entrega anterior.

Baeza tomó la manija anterior a la mí y conducimos al amigo hasta el vehículo que lo conduciría en su último viaje.

Después se acercó a charlar Ramón Caicheo Mensing, que hizo memoria como un día con Raúl (Pérez, el extinto intendente de Tolhuin) le fueron a alegrar un cumpleaños solitario en su adolescencia. Y otros, más o menos conocidos, recuperaron esa vivencia de Baliño, como cantor de entre casa.

El recuerdo podría terminar aquí pero le pedimos a Leda que pudiera rememorar ese momento, y lo hizo en esos términos, escribiendo

EN LA SIGUIENTE MADRUGADA

Si... no es inusual ,pero en otras partes del mundo hay ceremonias muy coloridas para despedir a los que se marchan de este mundo terrenal, sin ir mas lejos en el noroeste de nuestro país también se despide con alegría a los muertos,.son formas de pensar. Tal vez para que esa alma pueda dirigirse a destino bien, sabiendo que sus afectos aceptan su partida .. yo celebro tanto la vida como la muerte, aunque es inevitable expresar el dolor a través de sollozos, llanto o unas lágrimas. Los recuerdos lindos que se han vivido con quien se va... ese afecto que ha crecido durante determinado tiempo , afianza los afectos; y en el momento del final uno es consciente, que nunca mas podrá abrazar, besar, charlar ver otra vez a esa persona ...; pero después uno tiene que pensar que su etapa en este mundo terrenal ha concluido y surge otro plano , que es el espiritual, donde aquellos que recordamos se encuentran, un lugar desconocido aún para nosotros pero que esta pendiente esa visita,s e podría decir suspendida ..; y al pensar de esta manera cuando uno respeta a estas personas que se van , también en rueda de amigos expresa como le gustaría que los despidan .. y los verdaderos amigos generalmente tratan de cumplir con esos deseos ...

Pero cantar en un velorio es anormal para algunos, se cae en el límite, que se le falta el respeto a la familia , al muerto ... pero si ambas partes han estado de acuerdo previamente y los amigos también lo están , surge lo que aconteció hace unos días cuando fui a despedir a mi amigo Rubén ... Un artista que se ha entregado a su público quiere que lo despidan bien, que no lloren , que lo recuerden bien con una sonrisa , que se escuche buena música o que le canten sus colegas ...

Mi experiencia particular, me dice que en el momento que empecé a homenajearlo con sus canciones se armo una complicidad entre él y yo .. estábamos los dos nada más , era una energía extraña , mágica , sentía algo muy especial , era como acompañarlo a vivir esa otra etapa que es un misterio que develaremos cuando nos toque la partida ... al finalizar abrí los ojos y todos estaban como transportados en la poesía de Karukinká y Mi pequeña isla austral ... canciones que se han escuchado pero nunca interpretados como esa noche; porque cada frase nos hacía recorrer la vida de Ruben, en mi caso desde su adolescencia con Los Carperos, Don Bosco Cinco, como profesional, esposo padre, colega de la musica, compañero de escenarios...

Comenzar a cantarle fue fácil, y todos se empezaron a animar a recordar que canción le gustaba o le gustaría escuchar.., fue mágica esa hora y cargada de muchísima emotividad . pero el momento más impactante cuan Lu su hija mayor , espontáneamente se acerco y me manifestó que le gustaría cantar pero no sabia la letra de las canciones, como yo. Entonces en ese segundo de complicidad nos animamos a leer la letra de Karukinká y Lucía pudo cantarle a su papá ,que era otro de los grandes deseos de Ruben, una lucha silenciosa que había iniciado hace mucho tiempo: que una de sus hijas se incline hacia la música como para que su obra tenga continuidad...

Pero al margen de todo esto ... nos tomamos la mano con Lu y esa magia invadió el lugar y creo que Rubén ahí, quedó tranquilo y feliz partió ..., en el lugar solo existían las lagrimas del silencio ... Después más amigos siguieron con su regalo musical y yo... me acerque a Doris ,su mami , y nos abrazamos , y todo siguio igual pero con un sentimiento especial de que Rubén ya descansaba en paz. Me fui saludando amigos a fumar un cigarrillo afuera y ahí , me di cuenta donde había cantado .. pero tanta fue mi entrega que nunca me di cuenta ... he derramado lagrimas en esa sala por amigos que se fueron , pero esa noche yo también sentí cierta liberación y me siento una transgresora de ciertas tradiciones ...

No tengo nada más para agregar , solo que si otro amigo me lo pide, con gusto cantaré para él o ella .. las despedidas así ... son menos dolorosas.

Leda debió partir a las dos de la madrugada para realizar en LRA 24 el programa nocturno Los habitantes de la noche, donde el tiempo comenzó a tener otro largo, y otro ancho.