De hoy hacia el ayer: MAS DE DIEZ AÑOS DE LABOR EN GRABADOS Y PINTURAS RUPESTRES


Un accidente automovilístico –“ocurrido hace un mes y dos días en la bajada “La esperanza”, a 150 kilómetros de Río Gallegos- lo trae a nuestra capital. Ocupa, así, unos días en el cuarto Nro. 26 de San Carlos. Aquí los doctores Raúl Matera y Juan Manuel Tato son los encargados de abrir un horizonte de luz. Si bien no observan “nada en particular”, aconsejan, empero, consultas periódicas. Tal lo que inicialmente nos cuenta –el 11 de abril- el padre Manuel Jesús Molina.

(Así anuncia en primera página, para luego dar continuidad en la primera columna de la cuarta, el periódico ENTRE NOSOTROS, que lleva por aclaración BOLETIN DE INTERCOMUNICACION DE LA FAMILIA SALESIANA. Editado en Buenos Aires el mes de junio de 1969)

DE HOY HACIA AYER:

“EN ARGENTINA EXISTIERON LOS UNICORNIOS”

“desahuciado por segunda vez, esta por rotura craneana”, según sentencia santacruceña. Ya recuperado, el 13 del mes último regresa al Colegio Nuestra Señora de Luján, de Río Gallegos (Santa Cruz), para reintegrarse a sus tareas. Las ciencias antropológicas –después del ministerio sacerdotal- constituyen un mundo en cuyos arcanos suele deleitarse (“Llevo ya más de diez años trabajando en grabados y pinturas ruprestes…, dice). Ahora explica en cuarto año comercial (ocho horas semanales) geografía e inglés; pero “llegué a tener hasta 28 horas, como profesor de geografia, historia, inglés, francés y matemáticas”.

“Desahuciado por primera vez”.

Pichi Leufú (pichi: pequeño, y leufú: río en mapuche), zona cercana de Bariloche, es la cuna del P. Molina. El 1° de diciembre de 1904 nace allí Manuel Jesús. Son, en total seis hermanos (“Francisco Ramón trabaja en Rawson”) De la hermana República de Chile, papá: José, y mamá: Encarnación Parra. De la tierra de O’Higgins también los abuelos paternos, los maternos, en cambio, españoles: de Castilla la Vieja.

Nos narra después “un episodio personal interesante”. Era chico –dice- “cuando me desahuciaron por primera vez, por una infección en la garganta, por peste de tos convulsa”. “Mi madre –recuerda cariñosamente- me consagró a la Virgen, rezando ante un gran cuadro de la Dolorosa que teníamos en casa”. Cursa la primaria en el colegio salesiano de Rawson, “llamado antiguamente Nuestra Señora de los Dolores” (“donde nace mi vocación”); la secundaria, en Bahía Blanca; aspirantado, en Viedma; noviciado y filosofado, en Fortín Mercedes; el “trienio que fue quinquenio”, así: 1924, Fortín; 25, Comodoro; 26, Fortín; 27, Viedma y La Piedad, y 28, Bahía; el teologazo en la Crocetta, Turín, “donde me doctoré en teología y me ordené el 3 de junio de 1932”. Su lema sacerdotal: “Transibimus er ignem et acquam et eduxisti nos, Domine, in refrigerium”.

« Me formé al lado del doctor Orsi ».

Quiere saberse cómo nace en él la vocación por las ciencias biológicas. Responde que en 1923 comenzó a trabajar en el museo regional de Fortín Mercedes. “Ese año, el P. Gaudencio Menachino llevó a Fortín al doctor Ricardo Orsi, notable científico italiano, para trabajos de paleontología y biología, principalmente. Fui ayudante del Dr. Orsi. Me formé al lado de esta gran técnico, con quien estuve trabajando el 23, 24 y 25 como taxidermista, entomólogo, en colecciones de plantas, herboristería, en inscripciones de piezas paleontológicas y botánicas…”

Y añade: “Por eso, me especialicé en letra y en dibujo ornamental y lineal. Durante mi permanencia en Europa, en Italia, aprovechaba los ratos libres –estudiados los tratados de teología- para ir como un simple turista a visitar museos; por ejemplo: el egipciano de Turín, y otros de interés para mis estudios arqueológicos…”

Deslizaba una curiosidad –“De las ciencias biológicas, ¿en el cuál se siente más a gusto?-, contesta: “En Santa Cruz, el ambiente me llevó a la antropología”.

Melanesio, D’Agostini, Levene, Imbelloni, Vignati, Groeber…

Otro paseo por el campo antropológico: Levene (quien en su libro de historia argentina de 1949 desconoce la obra del P. Milanesio y toda la labor salesiana), José Imbelloni, Vignati llegan al diálogo traídos de la mano del P. Molina, quien habla con cariño del P. D’Agostini. Y surge después una explicación de índole etimológica: el geólogo Groeber –dice el P. Molina- sostiene que el cerro Payén, en el sur de Mendoza, no es Payén, sino Payún, que significa barba en mapuche”. Sin embargo, en idioma de los indígenas locales, Chiquillame (dialecto del idioma millacallak, hablado por los indígenas del sur de Mendoza) payén significa cobre, “y eso está indicado por los autores viejos de 1600”. “Naturalmente que Grober –que no era un especialista en antropología, sino era un geólogo –no tuvo en sus manos estos datos concretos y analizó todo desde el pnto de vista araucano. Eso, con respecto ala obra del P. Melanesio”.

“La obra del P. Melanesio tiene más errores que palabras”.

Y agrega: “Después la obra de Erice, un historiador bahiense, que escribió un diccionario mapuche araucano argentino, publicado por la Universidad del Sur de Bahía Blanca. Hace la historia de todos los autores que han estudiado los varios idiomas mapuches, y, dentro de esto, habla, también, del P. Melanesio, quien afirma que la obra del P. Melanesio tiene más errores que palabras”.

“Como estaba en el mismo tema de Erice –sigue-,no tuve nada más que controlar el trabajo de Melanesio con el de dicho autor y poner, así, las cosas en su lugar. Est es lo que se consigna en ese libro que usted tiene en sus manos (refiriéndose al Nro° 3 de Anales de la Universidad de la Patagonia “San Juan Bosco”: ciencias antropológicas, tomo I, Nro1 de noviembre de 1967, publicación editada en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut), precisamente el trabajo que escribí sobe “Antiguos pueblos patagónicos y pampeanos a través de las crónicas”. Allí es donde se estudia ese problema, y se sitúan el libo y el estudio del P. Melanesio en el ambiente histórico, se ven las bases falsas de los conceptos peyorativos de Groeber, de Harrington y de Erice.

Más de diez años trabajando en pinturas y grabados rupestres.

-¿Cuál es el trabajo, el hallazgo que estima de más valor y que, además, tanga sabor a primicia, porque aun no se ha publicado?

-Acabo de entregar a la Universidad de Comodoro otro trabajo sobre Tierra del Fuego, titulado “Etnografía de Tierra del Fuego”.

-¿Podría enviarnos también fotos personales y de hallazgos hechos por usted?

-¡Cómo no! Les voy a mandar algunas cosas sobre arqueología y dibujos rupestres, porque últimamente ya llevo como más de diez años, trabajando exclusivamente sobre pinturas y grabados rupestres de Santa Cruz.

-¿Quiénes, cuándo, dónde y cómo hicieron esos grabados y pinturas rupestres?

-Los indígenas, los más antiguos se remontan a diez mil u once mil años atrás, hay otros de menor edad: seis mil años. Acabo de hacer un trabajo de investigación en lago Posadas, en Santa Cruz, precisamente sobre grabados y pintura rupestres.

-¿Qué datan de…?

-Ya había recibido la información de un técnico del museo que había enviado hace diez años atrás, para que investigara en la zona y trajo una serie de fotografías en realidad muy buenas. Después, un alumno nuestro –un estanciero- me envió otra serie de fotografías. Al compararlas y estudiarlas, encontré que había algo que no corría, que no se veía en claro: pero me quedé en la impresión de que unas pinturas de bóvidos eran del tiempo español. Como ya poseía fotografías de escenas de bóvidos, mucho más antiguas, al hacer el estudio, supuse de que lo que se encontraba en el lago Posadas era mucho más reciente. Bien: volví ahora para hacer el estudio completo de lo que había allí, y me encontré con esta novedad: que esos bóvidos que yo había interpretado como del tiempo de los españoles eran netamente del tiempo indígena, y tan antiguos, que los encontré pintados a una altura de cinco metros y medio de altura, en las paredes rocosas, en plena cordillera…

-¿Pintados por…?

-Los indígenas patagónicos.

A esa altura sobreviene una interrupción:

-¿Cómo estás, Bombén? ¡Qué alegría! –dice del P. Molina, a tiempo que abraza al exalumno.

-¿Cuánto tiempo que no lo veía, padre! ¿Usted no cambia nunca!..

-Acabo de tener un accidente, pero me han dejado como nuevo: la Providencia no ha querido que me vaya…

Y, tras un breve diálogo:

-Encantado, padre, felicidades.

-Que sigas progresando.

Un gran lago glaciar

-¿Podría explicarnos cómo podrían pintar a cinco metros y medio de altura?¿Qué altura tenían los patagónicos?

-Significa lo siguiente: que el patagónico no se molestaba a pintar: pintaba a ras del suelo, a medio metro.

-¡Cómo hacía para pintar?¿Qué usaba?¿De qué se valía?¿Cómo eran esas pinturas?

-Para explicar el origen de esas pinturas, no tuve más que mirar la conformación geológica de la región. Antiguamente fue un gran lago glaciar. Los remanentes son esos laguitos que quedan: Posadas, lago Salitroso, lago Pueyrredón. Pero, hubo un momento en que todo eso formó un inmenso lago interstadial. Después, al retirarse, los hielos, las morenas laterales (que son las grandes acumulaciones de piedras, de cascotes, de arcilla, de barro) dejaron acumulados esos sedimentos, que se apoyaron contra ese cerro. Cuando llegaron los indígenas encontraron los sedimentos a la altura de cinco metros, y –parados sobre las morenas- hicieron sus pinturas. Después, al correr el tiempo, cinco mil, seis mil años, esas morenas se fueron degradando, fueron cayendo y la erosión las fue demoliendo, hoy están casi a ese nivel.

-¿Qué altura tenían los patagónicos?

- Entre 1,80 y 2.30 metros de altura.

-Esas pinturas ¿datan de once mil años?

-Esas pinturas datan de un tiempo impreciso, después que se vació el lago. Se podrían pensar en ocho mil años.

“El dato concreto es que en la Argentina existieron los unicornios”

-¿Qué otro detalle interesante acerca de esas pinturas podría darnos?

-Lo más interesante de estas pinturas es esto: el que yo me haya rectificado de un error cometido al analizar las fotografías anteriores, porque yo había creído siempre que esas pinturas eran del tiempo español. Ahora me encontré con que no son de esa época, sino del tiempo indígena viejo. Al principio había interpretado como bóvidos españoles: toros y vacas del tiempo español. Ahora –que he estado allí- y he sacado las fotografía de esas pinturas, me encuentro con que representan animales de los que se llaman unicornios, es decir, que tienen un solo cuerno. Y no hay una sola representación, sino hay cuatro representaciones, con un gran cuervo curvo, que es igual a la pintura que yo había relevado cenca del río Santa Cruz y que tiene una antigüedad de seis, siete mil años antes de Cristo. Ahora resulta que es el mismo animal en cuatro representaciones distintas: el macho representado con cuerno, y la hembra sin él. Es un caso interesante, porque en la paleontología argentina no existe ningún animal unicornio. Cierta vez que el doctor Frenguelli publicó algo sobre un bóvido, se lo negaron todos los paleontólogos argentinos. Cuando yo le mandé la fotografía de ese animal al prehistoriador doctor Osvaldo Menghin, él no la tuvo en cuenta; pero, cuando vio después el esquema sacado por un técnico, dijo: “Ahora tenemos en la mano un argumento para definir que en la Argentina han existido los bóvidos, o, por lo menos, los unicornios, y que Frenguelli tenía razón”. El caso concreto es que en la Argentina existieron los unicornios.

-¿Pertenece a alguna institución científica?¿Han reconocido sus méritos en el área antropológica?¿Se lo ha designado en alguna institución?

-No me interesa eso: sólo me interesa el ejercicio de mi ministerio.

-El ejercicio de su ministerio ¿no podría extenderse también a un área tan interesante como la de los investigadores, en que usted se encuentra como pez en el agua? ¡No podría hacer también allí mucho bien?

-Me interesa en forma tangencial.

-¿En qué revistas antropológicas publica sus artículos?

- En “Acta prehistórica”, cuyo director es el doctor Osvaldo Menghin, y la revista del Salvador, que se llama “Antiquitas” y en anales “Anales”, de Comodoro a la cual le he mandado también algunos trabajos.

“Plagio a la obra del P. Melanesio”

-Tenemos entendido que el general Perón fue plagiario de una obra del P. Domingo Melanesio, cuyos trabajos criticó el doctor José Imbelloni.

-Efectivamente: el folleto del entonces mayor Juan Domingo Perón se intitula “Anotaciones de la toponimia patagónica- 1935”, prologado ecomiásticamente por el doctor José Imbelloni. Es un plagio de la obra del padre Domingo Melanesio llamada “Etimología araucana de 1918”. El comentario respectivo se lo envié al historiador P. Pascual Paesa.

Patagonia

-Conforme usted sabe, por ley 16.964, de 30/9/66, y el respectivo decreto reglamentario 1907, del 21/3/67, el Gobierno dividió al país en “ocho zonas para el desarrollo”. ¿Podría, por favor, delimitar los límites geológicos de la Patagonia (para la citada disposición legal, integrada por las provincias del Chubut y de Santa Cruz y por el territorio nacional de Tierra del Fuego)?

-Los límites geológicos de la Patagonia están dados por el río Atuel, el Salado, el Curacó y el río Colorado. Termina en Tierra del Fuego.

Comahue: “un término aplicado arbitrariamente a una región”.

-La región de desarrollo Comahue –según se sabe, también- abraza las provincias del Río Negro, el Neuquén y La Pampa y quince partidos bonaerenses. ¿Es correcta la grafía de Comahue así llano?¿Cuál es su significado?

-Comahue es un término aplicado arbitrariamente a una región, sin base científica. Pueden darse varios significados: a) Comall-hue = orla del vestido o de una cosa; b) Comu-hué = lugar de recreo; c) Ciomo-hué = observatorio en ranquelche; d) Comé-hue = lugar lindo; e) Comá-hué = lugar de monte, como en Comá-nhelo = lugar de monte, en ranquelche.

Colegio Nuestra Señora de Luján.

Hé aquí la nómina de salesianos que trabajan en el Colegio Nuestra Señora de Luján, de Río Gallegos Santa Cruz, fundado en 1885:

Dir: P. José Giori; Pref: P. Víctor Vincent; Párr: P. Miguel Giosa; Cat: P. Juan Luzovec; Cat. El: P. Manuel Espinosa; Cons. El: P. Renato Baez; Confes.: Manuel J. Molina; Porf.:Coad. Marino Francioni, P. Eulalio J. Paris (Curia de Río Gallegos) y el P. Rómulo Rodríguez (Curia de Río Gallegos).

Muchas son las preguntas que deseamos formular, pero más son las diligencias que el P. Molina debe desarrollar en esta capital; por ello, antes de despedirnos, queremos satisfacer nuestra curiosidad:

-¿Podría, por favor decirnos, padre, si, acaso, alguna vez pensó en preparar algún salesiano para que siga sus pasos en sus exploraciones antropológicas?

-(sonrie)- Escribí hace tiempo… Pero, no se dio importancia al asunto.

-¿Sus cargos actuales?

-Profesor del comercial salesiano en Río Gallegos y profesor adjunto de la Universidad de la Patagonia San Juan Bosco.

-¿Es director del Museo de Ciencias Naturales de Santa Cruz?

-Lo fui hasta 1964.

Los habitantes de la Tierra del Fuego en el Jardín de Aclimatación.


Conocida es la relación aquella de los aborígenes fueguinos que eran exhibidos como animales en Europa. La situación ampliamente criticada desde la perspectiva de los derechos humanos no alarmaba a buena parte de los contemporáneos a estos hechos, que veían en ello una interesante recreación y una forma de hacer ciencia.

A tal fin una lectura descriptiva:

Los habitantes de la Tierra del Fuego en el Jardín de Aclimatación.

Por Girad de Bialle.

(Traducido de la “Revue Scientifique de la France el de l’Étrangers” para los “Anales del Ateneo”)

En el número de los pueblos, o bien dicho, de los grupos humanos colocados en los últimos grados de la escala de la civilización, pueden ser contados sin injusticia a su respecto los habitantes del archipiélago situado en el extremo Sud del Continente Americano, entre el estrecho de Magallanes y el temible océano que azota al Cabo de Hornos con sus olas formidables, -o sean los indígenas de la Tierra del Fuego, nombre que e á a aquel archipiélago. Se losa ha llamado Fueguinos porque su patria es designada igualmente con el nombre de Tierra del Fuego por los hispanoamericanos de Chile y del Plata. –Bougainville, en el siglo último, en su bello viaje alrededor del mundo, les llamó Pécheres, “porque, dice, fue esta la primera palabra que pronunciaron al “acercársenos y que sin cesar repetían”. En realidad, estos desgraciados salvajes, cuyo lenguaje no se conoce, y que parecen no haber llegado al estado social caracterizado por la constitución de la tribu, no tienen denominación étnica, y desaparecerán (no pasan del número de 300, según se asegura) sin haber tenido jamás, ni aún en forma más rudimentaria, una existencia nacional. Llamémoslos, pues, fueguinos, cono se hace de ordinario, y pasemos al examen de sus caracteres etnológicos.

Lo que primero llama la atención del observador, en presencia de los fueguinos del Jardín de Aclimatación, en el aspecto sud-americano, -permítasenos la frase.-de su fisonomía general.-Cualquiera que haya considerado con alguna atención los tipos andinos, sean en si mismos o en fotografías, no podrá dejar de reconocer la sorprendente semejanza que hay entre los fueguinos y los Quichuas del Perú o los Aimaras de Bolivia. –Parece, pues, indudable, que los unos y los otos provienen de un tronco común; -pero, mientras que los Quichuas y los Aimarás, colocados en mejores condiciones de desenvolvimiento social, o enérgicamente impulsados adelante por una influencia civilizadora extraña y desconocida, llegaron a a un grado de cultura bastante elevado, los antepasados de los fueguinos permanecieron en su estado casi primitivo. –Expulsados por algún misterioso acontecimiento de la comarca más próspera que debió ser su morada originaria; arrojados sin duda bajo el clima inhospitalario de la triste y estéril Tierra del Fuego por las razas nómadas, belicosas y atrevidas de las Pampas sud-americanas, por los Patagones, por ejemplo, que son todavía hoy sus opresores hereditarios, aquellos infortunados indígenas experimentaron una especie de degeneración, convirtiéndose en los salvajes miserables y abyectos que hemos tenido ocasión de conocer.

En su estado actual y tales como los vemos en el Jardín de Aclimatación, los fueguinos están lejos de figurar con ventaja en la lucha por la existencia. Bajo el punto de vista sociológico, como lo hemos dicho más arriba, no se reúnen en tribus; forman solo algunas pequeñas aglomeraciones de individuos que cazan y pescan juntos, pero que no están unidos por ningún vínculo social. Los once indígenas que han sido exhibidos en París, forman uno de aquellos grupos, y su conductor asegura que el hombre de más edad que los otros que se encuentra entre ellos, no es un jefe y que no se puede saber si las mujeres que hacen parte de la banda, son las esposas de estos o aquellos, o si viven todos en completa promiscuidad. Se ignora igualmente la filiación paterna de los niños o mas o menos edad, que figuran en el grupo. Es el más fuerte, naturalmente, que están sometidas las mujeres, convertidas así en sus esclavas. Son para ellas los trabajos más penosos; llevar las cargas, buscar las conchas de molusco, recoger las bayas y los hongos, mantener al fuego, remar en las piraguas o ir a nado- bajo el frío y la lluvia, a agotar, el agua que se ha acumulado en las mismas (Bougainville, Viaje alrededor del mundo).

Cuando se trató de fotografiar al grupo del Jardín de Aclimatación, los preparativos de la operación y el aspecto del objetivo, les causaron un verdadero terror, que fue difícil disipar. El más aciano de los hombres del grupo, el que ejerce sobre él una especie de autoridad bastante vago no consintió en sentarse sino colocado detrás de las mujeres, con las cuales se hacía así una muralla contra el peligro que sospechaba pedía existir en el aparato fotográfico. En fin, cuando las fueguinas son viejas y el hambre acosa cruelmente a aquellos tristes indígenas, se las mata para comerlas, al paso que se economizan y conservan los perros, porque estos animales sirven para coger las nutrias, y las mujeres viejas no sirven de nada, como lo decía con una ingenuidad feroz, el joven interrogado por M.Low;-“El joven contó en seguida la manera como se procede para matarlas. Se las tiene sobre el humo hasta que estén sofocadas, y describiendo este suplicio, imitaba riendo los gritos de las víctimas o indicaba las partes del cuerpo que se consideraban como las mujeres”. –(Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo.)

Se afirma que una de las mujeres del grupo del Jardín de Aclimatación roía una tibia humana en el momento en que ella y sus compañeros fueron encontrados por la tripulación del buque que los ha transportado a Europa. Malquiera que sea la veracidad de este último detalle, los fueguinos no deben ser considerados como caníbales inveterados. Si ciertos casos de antropofagia se manifiestan ente ellos, es sólo cuando el hambre los acosa demasiado rudamente, y matan a uno de entre ellos para comerlo sino en circunstancias análogas a aquellas en que europeos sitiados o náufragos han sólido hacer otro tanto. En la Tierra del Fuego no pasa nada semejante a esas grandes hecatombes humanas, a esos banquetes espantosamente refinados en que los naturales de las islas de Fidji se regalan con la carne de sus esclavos y de sus prisioneros, preparada de cien modos diversos para halagar su sensualidad, su glotonería; -nada de semejante tampoco a esas expediciones de los Nyam-Nyams y de los Monbutus del centro del África, que, a pesar de poseer numerosos rebaños y campos fértiles y bien cultivados, van a atacar las poblaciones de sus vecinos, vociferando como grito de guerra: “¡Carne! ¡Carne!”.

El fondo de la alimentación de los fueguinos es de los más miserable: el país lúgubre que habitan, húmedo y frío, produce pocos vegetales comestible: cierta yerba amarga cuya flor se asemeja a la de nuestros tulipanes (P.Nyel, cartas edificantes, 1705), la baya de un arbusto enano y un hongo parásito de la haya (Darwin): he ah{i todo lo que una tierra ingrata les ofrece. Bajo aquel clima en que la temperatura varia solamente entre +19 y -1 centígrados, según Darwin, es indispensable sus alimentación más fuerte y sustancial, y es al mar donde los fueguinos van a buscarla. Aquellos indígenas son esencialmente ictiófagos; el pescado hace sus delicias, y cuando lo comen, lo que no le es fácil, puesto que no tienen redes y las líneas de pescar que poseen son lo más rudimentario que puede concebirse, no se toman á menudo el trabajo de hacerlo cocer: lo comen crudo y casi vivo aún. (Wallis).

Pero, para ellos, la buena, la excelente, la maravillosa fortuna llega cuando alguna ballena muerta viene a encallar en la costa; entonces, la banda dichosa que tiene la suerte de hacer este descubrimiento, se arroja sobre aquella masa de carne, la devora, se harta ávidamente de ella, olvidando en ese festín de carne, putrefacta la mayor parte de las veces, las angustias de un hambre que por lo general nunca es aplacado. Sin embargo, los fueguinos, se asegura, tienen la previsión de hacer reservas para los malos tiempos; entierran en la arena grandes pedazos de ballena, y en tiempo de escasez vuelven a buscar aquel alimento desagradable, en estado absoluto de descomposición. Pero no tienen con frecuencia buenas fortunas semejantes, y el alimento cotidiano de aquellos indígenas consiste principalmente en moluscos. Los del Jardín de Aclimatación pasan el tiempo en comer almejas que se los distribuyen con abundancia; las esparcen sobre las cenizas calientes de su hogar, y una vez que se abren, rompen el molusco. Como todos los comederos de mariscos de concha, tienen los diente gastados desde temprana edad, como lo prueban las mandíbulas de los adolescentes y de la joven del grupo que hemos examinado. Cazan también la nutria, la foca, el perro marino, y en las regiones vecinas de la Patagonia, la vicuña o guanaco; pero, a pesar de su destreza en el tiro del arco, la escasez de esos animales no les permite contar mucho con tales cacerías para variar y, sobre todo, fortificar su alimentación.

De los citados mamíferos es que sacan los elementos de sus trajes, muy simples por cierto. Lo mejor vestidos son los que pueden disponer de pieles de guanaco. Este es el caso de los del Jardín de Aclimatación, que se envuelven en sus capas de cuero, poniendo el pelo una vez para dentro y otras para afuera. Pero en la Tierra del Fuego los hay más miserables, que no tienen para cubrirse en aquel país lluvioso y donde nieva con frecuenta, más que una pequeña piel de nutria que se ponen sobre las espaldas y con la que abrigan la parte de su cuerpo más espuesta al lado de donde viene el viento. A pesar de esta lamentable pobreza, los fueguinos tienen el gusto del adorno: -sin hablar de la alegría experimentada por los del Jardín de Aclimatación al adornarse con cintas de color brillante y con bujerías de vidrio dadas por los visitantes, diremos que entre ellos, en su país, ni bien la práctica de picarse y pintarse el cuerpo no está muy desarrollada, sin embargo, goza de bastante estimación la costumbre de embadurnarse de negro, de blanco y de rojo. Se fabrican collares y brazaletes de plumas, de barbas de ballena y de conchas.

En cambio, el arte de la construcción permanece, por decirlo así, ignorado en la Tierra del Fuego. Las habitaciones de los indígenas, a pesar de la rudeza del clima, no son ni siquiera chozas, sino solamente cunas de follage orientadas de modo que la parte menos mal cerrada se halle contra el viento, se encienda el fuego en la abertura, y se amontonan allí mezclados los indígenas, apretándose los unos contra los otros par asentir menos lo efectos del fríos. –Los fueguinos no son, por otra parte, sedentarios; vagan famélicos a lo largo de las costas, buscando sin cesar un lugar rico en pescado o en moluscos que abandonan después de haberlo agotado. En sus migraciones, navegan más que lo que caminan y es rarísimo que osen aventurarse a cruzar el mar inclemente de aquellas regiones, en las pobres embarcaciones de que están provistos. Para tener una idea de ellas, figurémonos unas largas y malas piraguas de corteza de árbol, cuyos pedazos están unidos y como cosidos con juncos, trozos de madera torcidos en semi-círculos hacen las veces de cuadernas y mantienen en lo posible la forma grosera de la embarcación, cuyas junturas están calafateadas con musgo y arcilla. En el medio de la piragua, sobre un lecho de guijarros y de arena húmeda, arde el fuego, que cada banda fueguina se guarda bien de nunca dejar apagar y que transporte cuidadosamente con ella o que alimenta, como lo hace la del Jardín de Aclimatación, en un gran tronco que lentamente se consume.

No puede decirse que esos salvajes ignoren el arte de hacer fuego, pero en su patria brumosa y fría, la extinción del hogar es una verdadera calamidad, pues la dificultad de volver a encenderlo es grande a causa de no mostrarse frecuentemente madera no mojada, ni hojas secas.

El gran viajero Cook cuenta que los fueguinos emplean para producir el fuego, el método de percusión, en vez del de frotamiento, que es el usado por los salvajes de los climas cálidos. Golpean dos piedras sobre un montón un montón de musgo seco o sobre una pulgada de plumas muy finas que guardan para este fin y que les sirven, así, de yesca. Es, según parece, más bien a frecuencia de las hogueras encendidas así por los indígenas a lo largo de las costas de su archipiélago, que a la existencia de volcanes, a lo que se debe que aquella comarca haya sido llamada Tierra del Fuego por los primeros navegantes que la visitaron.

El mobiliario de los fueguinos no es más perfecto que su traje; se compone de algunas canastas ligeramente tejidas de juncos, que sirven para llevar a sus conchas y sus hongos; de vasos de corteza cosida como sus piraguas y de sus armas y útiles. En materia de armas, poseen hondas, así como arcos bastante cortos y de una considerable curvatura, de los que se sirven con mucha destreza; sus flechas, conservadas en sacos de piel de foca, están provistas de puntas de vidrio de botellas que obtienen de los marineros europeos y que arreglan hábilmente por medio de pequeños golpes y de numerosos recortes, según un procedimiento más o menos análogo al que los arqueólogos que se ocupan de las épocas pre-históricas llaman “solutréen”. Este arte de la talla del vidrio en punta de flecha parece no ser reciente entre los fueguinos; no es, en verdad, más que la aplicación a una materia nueva de un procedimiento empleado para labrar la obsidiana, que es una especie de vidrio natural producido por la acción volcánica, aún en actividad en Tierra del Fuego. Es igualmente con puntas de vidrio o de obsidiana, con lo que arman ciertos pedazos cortos de madera con un puño, y que casi pueden llamarse puñales. Como el hombre cuaternario, el fueguino emplea siempre los huesos de los animales en la fabricación de instrumentos; es así que tienen cuchillos de hueso que nos hacen el efecto de raspaderas para la preparación de los cueros, y arpones de dos o tres metros, cuyas largas y barbadas puntas son también de hueso.

A pesar de su salvajismo y de la posesión de un cierto número de armas, aquellos indígenas pasan por seres de una gran mansedumbre; si libran algún combate entre ellos, es bien raramente y entre dos bandas que usurpen su territorio respectivo. Los del Jardín de Aclimatación son muy dóciles y no causan ningún trabajo por indisciplina. Hablan poco y en un tono muy dulce y muy bajo, sin mover casi los labios, pues las palabras son apenas articuladas en la laringe y en la parte posterior de la boca. Su inclinación a la imitación ha sido señalada por todos los viajeros y nosotros hemos podido observarla en el Jardín de Aclimatación: no lejos del recinto donde los fueguinos estaban acampados, se encuentra el gran estanque de los cisnes y de los patos; un cisne de los llamados trompetas se puso a lanzar gritos que parecían un toque de clarín, sin que nosotros diésemos al hecho ninguna importancia, cuando de repente el mismo sonido se dejó oír a nuestro lado: era uno de los indígenas, que tranquilamente, sin moverse, sin salir de su posición acurrucada, se entretenía en imitar al cisne.

Un detalle característico de su estado de inferioridad es su manera de beber. En vez de llevar el vaso lleno de agua a sus labios y hacer pasar el líquido por la garganta, se inclinan sobre el cubo y aspiran lamiendo el contenido. Hemos visto a una de las mujeres madres, del grupo del Jardín de Aclimatación, conservan en la boca el agua así absorbida, y, para hacer beber a su hijo echársela en la de éste.

El espectáculo que no han ofrecido estos indígenas es, pues de los más instructivos. La población parisiense ha podido estudiar directamente, al natural, al hombre primitivo, y hacerse así una idea de lo que fueron los primeros pasos de la humanidad (1). –pues como hemos dicho más arriba y como lo habíamos ya escrito anteriormente (Los ueblos del África y de la América, pág. 134), “pocos pueblos nos representan mejor que los fueguinos lo que debieron ser los hombres cuaternarios”.

(1) Mr. Abel Hovelacque acaban justamente de dar a luz un libro en el que, siguiendo el método inaugurado por Sir John Lubbock, trata de reconstruir el estado del hombre primitivo antiguo, por medio de los datos suministrados por el estudio del “hombre primitivo contemporáneo”.

Aunque no podamos adherirnos a ciertas teorías de M. Hovelacque, que no parecen tener un carácter demasiado absoluto, no por eso dejaremos de recomendar ese libro (Les debuts de l’humanité), que contiene, respecto de lo que queda de salvajes verdaderamente salvajes en nuestro globo, detalles de los más interesantes, y noticias tan completas como es posible darlas.

LRA 24: “El director requería también la provisión de un arma de fuego”.


Seguimos remontando nuestros recuerdos hacia la Radio Nacional que fue en 1973.
Eran años en los cuales la violencia crecida en el país llevaba a tener preocupaciones también el Tranquilo Río Grande.
“El director requería también la provisión de un arma de fuego”.
En razón de las dimensiones de los vidrios de ventanas y ventanal de acceso al edificio y como medida de prevención, se solicita la instalación de rejas, en su defecto el nombrar guardianes o serenos para custodia.
El director requería también la provisión de un arma de fuego, porque la reglamentación así lo preveía en la persona del titular de la filial.
Estaba entonces mal iluminado el acceso, y la emisora carecía de timbre. Si se recomendaba en horario nocturno cerrar con llave, no se conseguía que quien requiriera a tal hora el servicio de la radio alertara a los operadores y locutores que se encontraban desarrollando su tarea en la planta alta.
El Director Pérez consideraba insuficiente la carga de antiflama representada por un matafuegos de 10 litros en la planta baja, y consideraba la adquisición de cuatro más en la planta alta, que era completamente cerrada, sin aberturas y salidas, y con el sistema de calefacción -al que no se veía funcionar bien- bajo la única escalera de acceso. De allí que suponía de prevención necesaria la existencia de matafuegos en cada estudio, control y pasillo.
El personal trabajaba de parado. Se contaba solo con ocho sillas y cinco sillones giratorios. Manifestaba sobre el particular el señor Héctor Castro, de la firma SADE OBRELMEC SRL, licitataria de la construcción del edificio de la radio, que eso debía ser así. Para las urgencias del momento se consideraban necesarias 10 sillas más.
Se cuenta que ya en ese momento Ángel Eduardo Acosta comenzó a realizar gestiones oficiosas para lograr sentarse sobre un alto sillón de operador, sueño que alcanzó a concretar mucho tiempo después antes de lograr su bien merecida jubilación. Para junio de 1973 el sillón de operadores existente debió ver reemplazada por la firma TRAMEC, sus ruedas metálicas por ruedas de goma, para no dañar de esta forma el piso del control central.
Faltaban máquinas de escribir, y se solicitaban seis, mesas para máquina, y se reclama la provisión de tres ceniceros de pié, para distribuir en el Hall de entrada, primer y segundo descanso de la escalera. En la planta alta estaba prohibido fumar…
La radio no contaba con un “grabador portable con micrófono –cassette o similar- de gran utilidad para entrevistas, dinamizando de esta forma nuestro servicio informativo”.

Los pingüinos del señor Popper o Popper y los pingüinos.

El cine es un espacio en el cual se mezcla la realidad y la fantasía. Así es como se estrena en el escenario mundial la realización festiva que en la persona de Jim Carrey tiene por objeto recrear un clásico infantil.

Se dice que: El Sr. Popper (Carrey) es un agente inmobiliario que sin esperarlo recibe una particular herencia: al fallecer, su padre le deja como legado un grupo de seis desordenados pingüinos. Las ambiciones iniciales de Popper se trastocan con la llegada de los inesperados visitantes, que interrumpen el que puede llegar a ser su mejor negocio”.

El clásico en cuestión ya había entrado en nuestro conocimiento en los escritos de Boleslao Lewin, bajo el título Quién fue el conquistador patagónico Julio Popper; donde se decía:

“Los Atwater (los autores) nos presentan a un Popper pintor de brocha gorda, cuyo nombre de pila –prudentemente- nunca mencionan, como tampoco precisan el lugar donde se desarrolla la acción. Destacan, en cambio, que se tratan de relatos sobre el Polo Sur”

“Eso era –dicen los autores- lo que más lamentaba nuestro buen amigo Popper, no haber contemplado jamás aquellas extensiones de hielo y nieve. ¡Cuánto más hubiese preferido ser hombre de ciencia en lugar de pintor de brocha gorda en Aguamansa, y haberse sumado a alguna de las grandes expediciones polares! Pero precisamente porque no podía ir, constantemente estaba pensando en ello”

Julio Popper dejo inconclusa una expedición Antártica para la cual había comprado un vapor llamado Explorador.

“Pero el relato del apologista de Popper dice sobre el autor de la novela: “Iba a ver las películas sobre las regiones australes del globo. Su entusiasmo llegó a tanto que se animó a escribir al comandante de una nave exploradora de la región antártica. Este en vez de contestarle la carta, como obsequio, le envió un pingüino”.

Las aventuras subsiguientes a tal envío no son de interés para nosotros. Pero si el detalle de que se le ofreció al pintor de brocha gorda Popper la oportunidad de visitar no el Polo sur sino el Polo Norte.

La síntesis de la comedia con Carrey como protagonista dice:

“Mr. Popper vive en una tranquila y pequeña ciudad americana llamada Stillwater. Allí nunca pasa nada. Quizá por eso se ha convertido en un soñador y en un especialista en temas del Ártico y de la Antártida, incluso podría decir el nombre de todos sus exploradores y qué fueron a hacer a los polos. Un día conversa, gracias a un programa de radio, con el almirante Drake sobre su expedición a la Antártida, y éste le dice que pronto recibirá una sorpresa… Lo que nadie podía suponer es que el almirante iba a enviar una caja con ¡un pingüino de la mismísima Antártida! La vida de nuestro protagonista cambiará radicalmente, y la aburrida vida en Stillwater se transformará en una fantástica y permanente aventura llena de pingüinos.

Y después viene una referencia a los autores de la novela:

“Richard Atwater (1892-1948) nació en Chicago y fue profesor de griego en la universidad, donde conoció a su alumna Florence (1896-1979), que en 1921 se convertía en su esposa. Con Los Pingüinos de Mr. Popper (1938) alcanzaron el éxito, tras inspirarse Richard en imágenes grabadas de la primera expedición a la Antártida, realizada por el almirante Byrd. Ya iniciada la escritura del libro, él cayó muy enfermo antes de terminarlo, y tuvo que ser Florence quien, a partir de 1934, lo revisara y diese fin”.

Y ahora, vayan comprando pochoclo…

ELEGÍA PARA LOS MUERTOS CIVILES DE USHUAIA(*)

La grandeza de los crímenes, horrendos oscurece la vergüenza. Machiavello.

No soy humano ni libre sino cuando reconozco la humanidad y libertad de todos los hombres que me rodean. Bakunin.

La especular bahía de Ushuaia

Sufre la áspera sorna de los presos;

Cada mirar tiene uñas de sarcasmo

Y cruje la tersura de seda de su espejo.

Miran

Tras paredes hurañas de piedra ríspida,

Cuyos filos laceran

Hasta el pensamiento de evadirse.

Cárcel:

Laboratorio de rabias

Taller de fastidios…

Cárcel;

Domus devastationis

De libertad y el sexo…

Flavos, terrosos, lívidos,

Rostros canijos y rugosos,

Cada cual es una cariátide

En ese templo de ignominia humana.

Están allí, lo mismo que fantasmas rapados.

Infligidos por leyes y cadenas

Viviendo pesadillas

Que se inmunizan con su propio crimen.

Son el oro negro,

El encaje macabro,

Deuna curiosa caja de conversión;

Pues dan valor a la protervia en curso

Con el signo moral que los retiene..

Ilotas isleños,

Anexionan otra sombra a su sombra

Y dialogan mordaces de los temas más puros,

Como los faunos de los viejos mitos

Que hablaban con sus falos.

El Monte Olivia vela

-Centinela máximo-

La labor de los esbirros,

Que conocen el jiu-jitsu del odio

Y descoyuntan piernas con una mueca

Y descoyuntan almas con un oprobio.

Espectros prontuariados,

Todos saben que asusta

La visión patética de su fatum

Por eso gustan en las playas solas

-¡Ellos, peleles de hombres!-

La amistad de pechera blanca de los pinguinos…

Yo he visto el carnaval de su tragedia.

Su diapasón escrofuloso

Y la gracia de su cólera

Cuando piruetean en el sesgo

De la mirada oblicua de los guardias.

Trémulos en el umbral del polo,

La vida es sólo un barco que se tumba

En la carne que es tumba

Sobre el hielo que es tumba.

Y siguen así,

Empachados de grima,

Haciendo cosquillas a los pies del continente

-Cíclope dormido en el colchó de dos océanos…

-Aquí estamos

Atraillados en celdas,

Chaguados por los códigos,

Vestidos con franjas de banderas

Que riman horizontes ilusorios.

Estamos como una troupe gibosa

Con la joroba moral de la condena.

La gente al vernos

Tranca su espíritu…

Y cuando más alarga,

Por el ventanuco de sus ojos,

Una escudilla de piedad.

Canalla:

No queremos el pan amargo de su lástima

Por que nos atosiga y nos enferma;

Ni queremos tampoco

Los perdones de nadie

¡Porque es nuestro el privilegio

De perdonarnos indefinidamente!

Somos la percha que usa la ley

Para colgar el miserable andrajo

De la justicia..

Ese andrajo de listas rojas

Que es un pijama trágico.

¡Ah si pudiéramos llorar!

Llorar en su confort mundano…

-Igual que paquetes de carne

Se nos estiva sobre el hielo austral.

Esto es una morgue de vivos

No la alacena conciencias deterioradas

Como creen los graciosos

Que llamaron Tierra del Fuego

Al escarchado bordeland.

Hombres inútiles,

Sub-hombres,

…..(hombres)…

Entre paréntesis de escarnio,

Arrastramos una soledad engrillada

Por sendas sinuosas

Que se escaparán en nuestra vejez

Con recuerdos que ya ni serán recuerdos.

Somos los obreros

De este terror infame que es el silencio;

Este silencio astuto.

Opaco pandemónium de ingnominias

Que labramos con iras aplastadas

Por que la férula nos hace

Más que serviles

Ser viles…

Quieren galvanizar nuestro escarmiento,

Hcer fuerza motriz de nuestra rabia…

¡Cuánto mejor sería

Si hubiese cadenas de rosas,

Cerrojos de cera,

Ventanas de tul!

-Gacha la cabeza,

Al hombro el hacha,

Hemos abolido la bravura.

El violento ademán que tala al árbol

Es nuestra única caricia.

¡Ah si pudiéramos acariciar a los guardianes!...

Estamos forzados

A la dulzura abominable.

A puntuar con sangre la desolación,

A alimentar en secreto nuestra rebeldía,

A mascullar en la tregua del verano

La invectiva que inventamos en invierno.

¡Ah si se lograra adormecer como un fakir

La sierpe de los remordimientos!

¿Cuándo libertaremos el deseo

De la cárcel pero que la quimera?

Hay penas que no vencen:

Penas de pena que aniquilan hasta

La dicha supletoria de evadirse en sueños.

Vivimos más allá del consuelo;

El consuelo es una bobería

Para temples ingenuos,

De esos que buscan todavía

El trébol idiota

Del Bien, la Verdad y la Belleza.

¡Ah si nos trituraran las cabezas

Las flechas de los meridianos

Que apuntan al Polo Sur!

-Vinimos por amor a la plata

-Esa gran prostituta-

O vinimos por amor al amor

-Ese gran proxeneta.

-La ganzúa y el puñal

Nos engendró en el tugurio.

Somos los desheredados del delito..

¡Cómo alcanzar el abolengo

Del soplete eléctrico

Y la pistola silenciosa!

-La vida es un tapete.
Puse mi ficha… y cuando

Copé la banca me copó un grillete…

(Con la misma navaja

Me estoy confeccionando

Una lápida en forma de baraja).

-Yo disloqué la libertad un día.

Fue un “accidente de trabajo”. Había

Un cielo azul de bandera desteñida…

Patriotas de efemérides… Discursos..

¡Mi bomba lo supera todavía!

-¡Recluído siempre en la pasión de otrora,

La brecha de luz que secciona mi celga

Es como una puñalada

Que dividió su corazón su corazón de sombras!

-Yo he gastado la dicha como un traje.

No le pondré jamás ningún remiendo…

¡Vea lo que se viene!

…Ningún remiendo de remordimiento.

-La mía fue una estafa:

Simulacros, remilgos, alborotos…

¡Una opresión de risa en mi garganta,

Una opresión de dedos en la suya!

-Aquí festejamos

El infortunio del fracaso propio

Y el éxito ajeno

Como un abordaje a la oportunidad.

-¿Castigo?

¿Quién puede castigar a quién?

Nada; exorcisar tan sólo

Los fatídicos demonios

Del instinto y la ilusión.

-Ahora nuestra gloria está

-Ya que nada tenemos que perder-

En arriesgar el riesgo de la muerte,

Mientras simulamos acatar

Con melindes irónicos

La timidez intrépida de los guardias…

-Ahora todo consiste

En sacarle virutas al tiempo:

Ya haciendo brocatos en los tórax

Con la aguja de fuego de los tatuajes,

Ya mirando la estampa de la infancia

Que es la única bonita en nuestra noche,

Ya rascando el espíritu con lágrimas

Para aplacar la sarna del recuerdo.

Y callan

(casi roen cuando hablan)

Y cierran los ojos

(Casi liman cuando miran).

Ya no malgastan su dolor; execran.

Han apagado todo su ardimiento

Y ventan las cenizas;

Pero quedan brazas de ironía

Tapadas en su melancolía…

Y se doblegan al poder huraño

Que censura con befas los impulsos

Y censura con órdenes los pies.

Después…

Estiran su aburrimiento

En largas miradas,

Chupan lejanos efectos

En hondos suspiros;

Y tornan

-Sibaritas de zurdas impotencias-

A rosear su maldición.

-¡Adiós!- farfullan.

Ahora nuestra misión es tiritar…

Piedras ríspidas, grisáceas

-Dolores y fastidios condensados-

Paredones abruptos que laceran

Hasta el pensamiento de evadirse…

Las bayonetas forman ahora

Rejas de signos de admiración,

Cuyos puntos son las bocas

Abiertas de estupor.

Acodado en la montaña

El sol mira al penal indiferentemente,

La noche es un eclipse en pleno día,

Y la bahía de Ushuaia

Un espejo que se ofusca de repente.

Cómo siluetas mágicas

Se recortan las sombras de los muertos civiles:

Requechos de carácter

Añicos de pasión.

Se oye una carcajada coruscante

Que ilumina de sornas el paisaje.

Los enterados vivos

Siembran entonces en el alma ajena

Las voces inauditas,

Las voces que difunden

-Antenas solitarias-

En las ondas de angustias del silencio.

Y acontece un momento de memento…

La barbas se reclinan…

Y en el adusto altar de cada pecho

Gime el adusto altar de cada pecho

Gime el Sangrante Corazón del Crimen

Que llevan como torvo escapulario.

(*) En 1943, cuando Álvaro Yunque escribió los dos tomos de sus Petas sociales de la Argentina), incluyó al cordobés que tan singular trascendencia tendría en las letras nacionales, con sus novelas con títulos de siete letras.

La actividad judicial de Juan Filloy, y la persistencia de su origanlidad en una vida que transcurrió durante tres siglos se perfilá con pasión en el escrito arriba incluido, hablando de una Tierra del Fuego carcelaria que no conoció pero que sintió, ideológicamente.

Cuentos de Malanoche(*): Mi bandera...

1.- El pueblo de Malanoche vio flamear la bandera nacional donde no había flameado ninguna otra. No había historias épicas que contar, como en la capital del territorio, donde se aseguraba de la llegada de los insignes marinos había terminado con el flameado de pabellón del imperio por la enseña que lleva los colores del cielo.

Aquí, con el viento imperante.., ¿quién se atrevía a andar lidiando con un mástil y su colorida enseña? Era como un freno más para los que ofrecía el caminar en la estepa.

Así que la primera bandera que flameo por esta zona terminó clavada al mástil improvisado y no bajó del mismo hasta que se hizo hilchas.

Se calcula que por entonces, subiéndose a la salida del sol y arreándose a ponerse, una bandera duraba en primavera tres semanas, en verano cuatro, en otoño e invierno seis.

No había mucho presupuesto para banderas y en algunos casos te las enviaban sin el sol, lo que no era una bandera para reparticiones públicas, con lo que se buscaba quien bordara el astro rey con hilos dorados que a la postre resultaban más resistentes que el pabellón en su conjunto.

Hubo un tiempo, casi una década, que esto lo resolvió la señora de Mañuquito, cuando el Mañuquito caía preso, primero pro infracciones al Código Rural, después por violar los Edictos Policiales, no recuperaba la libertad hasta tanto la señora, que se había hecho bordadora en el Sagrada Familia de Punta Arenas, no terminara por volver de guerra alguna insignia celeste y blanca.

Pero era una situación dramática que afectaba el más puro patriotismo de los funcionarios públicos.

Cuando llegaba una visita importante lo principal era lucir la bandera, que por otra parte se sabía no se debía, ni lavar, ni planchar, ni almidonar…

Un día un Ministro alertado de esta situación llegó con una hermosa bandera, que muchos dijeron que era de seda, y su izamiento frente al edificio escolar hizo de aquella visita un momento inolvidable. Claro que al mes de la bandera de seda no quedaba nada.

La situación se regularizó cuando la isla tuvo control naval, y los marinos se ocuparon de vestir nuestros mástiles con la bandera de Belgrano, y más aun, de hacer proliferar nuestra nacionalidad por medio de los embanderamientos masivos.

2.-Pero habría otra bandera que aparecía entorpeciendo el brillo y función de la bicolor, era la bicolor del país hermano con el que compartimos la mitad de esta isla grande… Su tricolor brillaba con su estrella solitaria con cada delegación deportiva. Los visitantes entraban a la cancha con nuestra bandera y nosotros con la de ellos, y el problema es que siempre aparecían con una más grande que la nuestra. A veces se conseguía evitar el ridículo, consiguiendo a préstamo de la unidad militar una de gran tamaña que tenían para los días de fiesta. Pero en muchos casos lo que en unos era una banderita, en otros era un banderín.

Además, sin presentarse nunca herida por el viento, la tricolor flameaba los 365 días del año a escasos cincuenta metros de los cuarteles, donde funcionaba el consulado del país hermano. En más de una foto antigua, relacionada con ceremonias en la plaza de armas, se ve a nuestros bizarros efectivos, símbolos de la nacionalidad, con la tricolor por sobre su formación.

Además en la intersección de las calles principales, la del Dugongo y la del Libertador, estaba la Asociación de Socorros Mutuos del vecino país, pintada con los colores de la tricolor. Mientras que por el otro cruce la construcción principal era la concesionaria Chévrolet, también roja, azul y blanco. Esta circunstancia hería la mirada de muchos patriotas de entonces.

Pero hubo un año en que la relación entre los dos países llegaron al momento más ríspido, por desacuerdos en la división fina del islario sur, y entonces Malanoche vio llegar tropas y más tropas, y todo se preparó para la guerra.

Como el horno no estaba para bollos ya durante las carreras de agosto y los festejos de septiembre los tricolores habían medido el uso de sus emblemas, y ahora muchos repartían escarapelas nacionales para estimular el patriotismo, forzando incluso el uso por parte de los extranjeros.

El predio de la escuela fiscal fue ocupado por efectivos navales y con ello debía terminar el ciclo escolar anticipadamente, era fines de noviembre. Ya se levantaba en la canchita un hospital de campaña, y el techo se pintaba con una enorme cruz…

La escuela se llenaba de preguntas. Entre ellas los chicos del último grado, que se iban a quedar sin su fiesta de despedida. Hubo intervenciones indirectas, la más importante fue la del intendente que era presidente de la Cooperadora, y se dispuso que al día siguiente, a las 11 –hora fueguina- sería la ceremonia.

Los chicos pensaban que venía la guerra y ya no se verían nunca más, su actitud era compungida, había preguntas que quedaban sin respuesta, como la formulada por esa madre que quería saber a que año iría su hija si nos invadían los chilenos, si a primero del secundario o a octavo básico.

El Salón Cincuentenario de la vieja escuela estaba engalanado como nunca, con los colores patrios, en la primera fila brillaban los uniformes de gala y de fajina de las autoridades navales que ya ocupaban el 80% de las instalaciones. Asistieron al fervoroso canto del Himno Nacional al que sumaron sus voces marciales, entregaron uno a uno los boletines donde todos promocionaron; entre ellos el Pelado que atravesaba dada su despreocupación habitual por el estudio el tercer año sin ser promovido.

Y cómo se creyó importante generar un espacio de distensión, se le encargó al pelado- que estaba por cumplir sus dulces 16 años, y que era el abuelo de la división, que protagonizaba un skech.

Y así se lo vio desfilar canturreando una tonadita indefinida ante las autoridades presentes, con su guardapolvo desprendido y lleno de inscripciones, con la camisa cuadrillé abrochada en el cuello, los bolsillos del pantalón sacados para afuera, y hasta un pedazo de camisa saliendo por la bragueta. Se había puesto un pañuelo atado en cuatro puntas en la cabeza, y en la mano llevaba una botella.

Algunos rieron, otros callaron, muchos se miraron entre si, mientras el Pelado canturreaba y canturreaba para ir a detenerse frente a la directora del establecimiento que estaba junto al más engalanado de los marinos, y allí bamboleándose les dijo:

-¡Viva mi banderita tricolor!

Si alguno pensó en reaccionar no pudo hacerlo, el monologista acompañó su gesto con la presentación en forma de garra de su mano derecha, esa que según recuerdan algunos tenía seis dedos, y según otros siete.

El tiempo se hizo tremendamente lento, podría haber pasado cualquier cosa, pese a que el Pelado era nada más que un niño. Hasta que nuestro actor replicó.

-Mi banderita tricolor: ¡Tinto, clarete y blanco!

Hubo suspiros de alivio, el Pelado sacó de sus bolsillos un par de copas y sirvió a los presentes vino espumante, después vinieron otros con otros vinos similares, que pueden hacer sido Nebiolo, Barbera o Gamba di Pernicce. Parte de las bebidas preparadas para le cena baile que quedaba definitivamente suspendida.

El Pelado ya se había perdido entre la concurrencia, una maestra que al día siguiente escaparía al norte en un vuelo que venía con refuerzos, o insultaba y no pudo dar con él.


(*) Cuentos de Malanoche es una experiencia que durante 2011 llevamos adelante en LRA 24 en el programa Matinal puesta a punto. Llevamos leidos 33 relatos, y este es un de los que espera con el número 63.

La alborada: 1949

En todos los años vividos en la Tierra del Fuego, y ya casi llega al cuarto de siglo entre el campo y el poblado, Francisca nunca vio tanto alboroto. Y cuando dice esa palabra, en realidad piensa: alegría. El pueblo tiene sus cosas buenas, hay tranquilidad, familiaridad, trabajo y el dinero consiguiente, pero no deja de agobiar en muchos casos ese letargo del que tanto le cuesta salir, esa sensación que la lleva a extrañar su ciudad de origen, a sentirse sin estar tan lejos en el borde mismo del mundo.

Hay años en que un carnaval se organiza mejor que otro, entonces los jóvenes y los no tan jóvenes –categoría en la que Francisca se incluye- caminan por las madrugadas con un brillo singular en los ojos. Pero lo cotidiano en materia de alboroto/alegría no existe para esta gente de trabajo que constituye la población de Río Grande, Francisca se atrevería a decir que esto ocurre sólo una vez al año cuando llegan al pueblo los esquiladores, sobre todos los de esta última comparsa de yugoslavos. Llegan hasta la casa Raful con sus cabalgaduras y sus pilcheros, traen las ropas percudidas del trabajo con la oveja, y por ello ni quieren ingresar al recinto comercial, pero reclaman para sí varias cajas de cerveza. Un par de dependientes los salen a saludar a la vereda, y al poco rato vuelven con los pedidos, los clientes aprueban o desaprueban, y finalmente –en un trámite que dura algo mas de una hora, y otra vuelta de cajones de cerveza- terminan partiendo con su ropa nueva envuelta en papel madera. Pero no irán tan lejos: en la otra esquina los esperan en el Hotel de Guerra, alguien llevó la noticia y ya les han hecho un lugar. En el patio se sacarán las viejas ropas impregnadas en lanolina, luego pasarán a sacarse el grueso de esa grasitud en las palanganas que desfilarán constantemente, y se recubrirán con la ropa nueva, cambiando en el trámite alguna indumentaria con otros compañeros de trabajo, mas allá de lo exigente que pudieron estar en la selección hecha en la vereda del Almacén de Ramos Generales. Alguien llevará al centro de la calle, que pocos saben se llama ahora 9 de julio, toda esa ropa que al primer fósforo comienza a arder lentamente, y los trabajadores golondrina vuelven a la calle, inician una ronda por distintos bares, a una vuelta por cabeza en cada local, sabiendo que al lugar donde definitivamente quieren ir no le abrirán antes de la noche por mas plata que traigan. Al día siguiente, llegado el barco –de este o del otro lado- partirán y con ellos desaparecerá el alboroto/alegría por el resto del año.

El Hotel Argentino ha dejado de recibir a la gente de campo, a algunos de los clientes más conspicuos se les hace un lugar, en las dependencias familiares. Es que de pronto la llegada de toda esta gente, los del petróleo, ha superado las posibilidades hoteleras de la población y la situación continuará así hasta tanto no termine la construcción de su propio campamento. Los primeros en llegar visitaron los tres hoteles –Comercio, Progreso y Argentino- y también algunas pensiones; no notaron mayores ventajas de confort y cordialidad en un lugar con respecto a otro.., pero si tenían que hacer una elección esta la dieron por el nombre; era raro llamarse Argentino en un lugar donde la mayoría de la población era extranjera. Y por ello ahora esta gente de YPF va y viene a toda hora del día. Son en su mayoría jóvenes que llevan una corta pero intensa experiencia de trabajo en la Patagonia central, tutean con facilidad a todo el mundo –aquí donde nadie deja de llamar de Don- y se instalan en la cocina antes que en el comedor haciendo funcionar continuamente esta hasta ahora secreta dependencia del hotel, al ritmo de lo que ellos han impuesto en llamar “minutas”. Siempre hay alguien de YPF que se impone sobre toda rutina, porque la chica encargada se olvidó de colocar la toalla, porque esta carne congelada sabe extrañamente mejor que la fresca que se cocina en la perforación, porque se sale y se deja un mensaje para el compañero que ya debería haber venido a buscarlo. Francisca esta contenta de esta dinámica, su hermana –la soltera- también, debe coser de continuo la ruda ropa de trabajo que los operarios quieren reponer. En la planilla del hotel figuran los datos de todos cuantos han ido pasando, algunos al principio se dijeron casados, pero en nuevas visitas se fingieron solteros y hasta se sacaron la sortija luciendo desde entonces en sus manos curtidos en un pálido anillo de piel, imposible de disimular. Esta situación a Francisca la inquieta. Pero pronto se olvida, porque hay que hacer las cuentas y con esta realidad petrolera en aletargado negocio de ayer marcha viento en popa. Y así da gusto pasar el invierno.

Aclaración:
Cuándo con Néstor Ortíz nos tocó elaborar una publicación sobre los Cincuenta años del petróleo fueguino encontré este prólogo, que ahora -en un nuevo 17 de junio. dí a lectura de los amigos.