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LOS ONAS, los salesianos, los ganaderos y LA LIBRA ESTERLINA.


 "Valparaíso, mayo 16 de 1895.-Al señor presidente de la Sociedad Explotadora de la Tierra del Fuego, expone:

que el agente de la Sociedad en Punta Arenas, señor Moritz Braun, ha transportado a la isla Dawson más de cien indios que tenían su asiento en el campo ocupado por dicha sociedad en la bahía Inútil prometiendo que el directorio nos ayudaría a los gastos de mantención.
               Los sacerdotes y las hermanas hijas de María Auxiliadora atienden la educación de los niños y de las niñas, mientras otros empleados enseñan el trabajo a los hombres pra hacerlos útiles  a si mismos y a sus familias.
               "Me presento a U.d. para obtener un auxilio para mantebner a estos indios y a cuantos transportaran a la misión, auxillio sea por una vez sola, sea una asignación por el espacio de cuatro años que calculo necesarios hasta que estos infelices se basten a si mimos con su trabajo.
               "No escapará a la penetración de U.d. el beneficio que reportará a la hacienda de la Sociedad sacando a los salvajes de ese punto, y más el crédito de la misma ante el mundo civilizado que alabará los sentimientos humanitarios de la sociedad chilena cuando se vea el salvaje transformado en cristiano y trabajador".
               "Insinuaria al Directorio determinara una cantidad fija por año para con esta concesión poderme presentar a alguna institución de crédito y obtener los recursos que yo crea conveniente para la misión.
               "A lo menos dos veces al año los misioneros recorren el campo aconsejando a los indios que hubiera y llevando a nuestra misión".
               "Llamando los sentimiento humanitarios de los Directores y confiando en su perspicacia en el negocio, espero una favorable resolución de mi pedido.
Mons. José Fagnano".

Y esta sería la respuesta.

El Directorio, en sesión del día siguiente, acordó lo que se expresa en la parte del acta de es sesión que copiamos a la letra y que dice:
               "En seguida se presentó y leyó una solicitud de Mons. Fagnano, superior de la misión de salesianos a los indios de la Tierra del Fuego, que tiene su asiento en la isla Dawson, solicitando de la sociedad un auxilio para la mantención de los indios de la Tierra del Fuego.
               "La junta discutió esta solicitud y opinó unánimemente que, aunque los Reverendos Padres recibían del estado con el objeto de que recogieran y civilizaran a los indios de la Tierra el Fuego, era justo que la Sociedad contribuyese con algo a ese fin, y se acordó que por cada indio que la Sociedad llevase en adelante a la isla Dawson, se daría a los Reverendos Padres una libra esterlina por una sola vez".
No era esto mucho conceder, pues el padre Fagnano había insinuado verbalmente se le dieran tres mil ovejas, que al precio que entonces tenían en Magallanes, equivalía a 30.000 pesos.
               Tal era el estado de las cosas al principio del invierno recién pasado.
               El invierno de 1895 fue excepcionalmente crudo en el territorio de Magallanes, el termómetro bajó con frecuencia a 20 grados bajo cero y no era raro verlo permane­cer tan bajo días enteros.
               En la Tierra del Fuego los indios se vieron acosados por el hambre, puesl tierra natal se negaba a contribuir a su subsistencia. En tan grandes apuros muchas familias fueguinas se dirigieron a las Estancias de la Sociedad Explotadora; unas con el ánimo de robar y otras con el de obtener allí buenamente el abrigo y el sustento que necesitaban. El resultado fue que allá por el mes de Julio el Gerente de la Explotado­ra dió aviso al Gobernador de Magallanes de la existencia de 164 indios en la estancia de la Sociedad, a los cuales los estaba manteniendo con carne de vaca y se les había abrigado en un galpón y pidió auxilio a la autoridad, pues los empleados y los bienes de esa Sociedad no podían estar seguros en presencia de tal número de esos huéspedes. En cumplimiento de su deber, el Gobernador mandó el vaporcito "Huemul" en busca de esos indios y después de muchos trajines ocasiona­dos por el mal tiempo, pudo traerse a Punta Arenas a todos ellos. A fin de atender mejor a su subsistencia y tal vez con el propósito de hacer un ensayo para hacerlos entrar en la vida civilizada y que pasasen luego a ser miembros útiles de la Socie­dad de Punta Arenas, el Gobernador nombró una comisión compuesta de cuatro personas de las más respetables de la colonia para recibir a estos indios, alimentar­los, alojarlos y proporcionarles los medios de aprender algún trabajo remunerativo.

A fines de ese año la sociedad magallánica presenciaría el traslado de 175 aborígenes fueguinos a Punta Arenas, con la intención de ser repartidos entre la población. El tema llegaría a los estrados de la justicia, y allí se denunciaría que se habría pagado una libra esterlina por cabeza de indio.

La imágen corresponde a la Libra Esterlina acuñada en 1883 con la imagen de la Reina Victoria, cotiza actualmente en el mercado argentino en $ 25.500.

EVOCACIONES***Julio 21, de 1887. Llegan los salesianos a Punta Arenas.



Formaban parte de la avanzada misionera destinada por Don Bosco a lo que será la Prefectura Apostólica una espacio comprendidos por dominios ingleses, chilenos y argentinos.

Integran el grupo Antonio Ferreo y Forturnato Griffa, que venían de Uruguay, el Coadjutor José Audisio, junto a monseñor José Fagnano.

Griffa, es acólito, seminarista, y dejará escritas sus impresiones de aquel día.

Al atardecer del 21 de julio de 1887, el vapor Thebem de la Cía Hamburgesa Kosmos anclaba en Punta Arenas, última población del continente americano.

En el cielo flotaban nubarrones cenicientos y la temperatura era muy fría. Las pocas casas que formaban la población, diseminadas por el declive del cerro, estban cubiertas por un blanco manto de nieve y, vistas desde el vapor, presentaban un aspecto fantástico.

Después de los trámites de costumbre con las autoridades marítimas, los pasajeros que veníamos a Punta Arenas, bajamos a tierra. Éramos cuatro salesianos que por primera vez llegábamos a estas frías y apartadas regiones.

¿Qué diferencia entre nuestra llegada a Punta Arenas y la de tantos misioneros que habían desembarcado en otros puertos de América. Muchos de ellos, recibidos casi triunfalmente por las poblaciones que los esperaban con ansia y obsequiados por las autoridades civiles y eclesiásticas, encontraron a su disposición locales ya preparados que le  habías dispuestos la generosa previsión de algunos cooperadores…!

Nosotros por el contrario, llegamos aquí completamente desconocidos; veníamos donde no éramos esperados: por eso que no encontramos una sola persona amiga que nos tendiese la mano para saludarnos.

Apenas, desembarcados, entramos en el primer hotel que encontramos, junto al puerto- Recuerdo el nombre del dueño, Timoteo Gómez, que desempeñaba el cargo de Oficial Civil y cuya esposa despachaba el servicio postal.

Al día siguiente el Padre Ferrero y yo salimos a recorrer la población, que entonces todos llamaban Colonia, por haber sido tiempo atrás una colonia penal, a donde el Gobierno chileno desterraba ciertos elementos peligrosos para la sociedad.

La descripción del padre Griffa, que misionará más tarde en Río Grande, pone al desnudo los inconvenientes que tendrán los salesianos, en esta frontera.


EVOCACIONES. Manuel Señoret Astaburuaga, gobernador de Magallanes, suscribe sus memorias consignando situaciones que se dan del lado argentino de nuestra Isla Grande.

Cada tiempo tuvo sus ideas, cada lugar también....

La mision de Río Grande, en la parte arjentina de la Tierra del Fuego, fundada últimamente por los salesianos, no responde a propósito alguno civilizador. Es simplemente una estancia de ganadería; pero, aun en el caso que tuviera por objeto propender a la civilizacion de los naturales, ella no podria satisfacer, desde el punto de vista nacional, puesto que se encuentra en territorio estranjero.
Por otra parte, los misioneros salesianos que se cambian de Dawson, territorio chileno, a Río Grande, territorio arjentíno, tienen que predicar a los neófitos indíjenas allí el amor a la patria chilena i acá a la patria arjentina. Esto es inaceptable i se halla en pugna con los sentimientos que despierta la palabra patria.
No hai ejemplo en la historia del mundo de que haya podido civilizarse un pueblo salvaje sin que el pueblo civilizador se mezcle a él para trasmitirle los hábitos de cultura, dominando su resistencia i desconfianza i despertando en él nuevos sentimientos i nuevas ideas.
El pueblo araucano, el mas indómito quizás de la tierra, resistió a la dominación de los incas ántes del descubrimiento de Chile. Llegados los españoles resistió todavía durante tres siglos i medio. Fué necesario que el Gobierno de Chile, en época demasiado reciente para recordarla, fundara numerosos pueblos; cruzara su territorio con telégrafos i ferrocarriles; mezclara el pueblo chileno con él para conseguir dominarlo i civilizarlo.
Igual procedimiento debemos seguir con los onas si no queremos que esta vigorosa sangre se estinga.
Necesitamos hombres de buena voluntad i bastante abnegados que se resuelvan a vivir entre los indíjenas en su propio territorio, para inducirlos poco a poco a abandonar esa vida errante i azarosa que llevan i enseñarlos a construir vivienda que los resguarde de las crueles inclemencias del tiempo de estas rejiones; hombres que con su ejemplo les demuestren cómo con el trabajo i la prevision no se carece de alimento durante todo el año, i que abran a sus intelijencias los horizontes para ellos desconocidos de la civilizacion i de la patria.

De esa manera se llegaría pronto al fin perseguido sin violentar los sentimientos humanitarios, i armonizándolos, por el contrario, con los intereses industriales i de colonizacion que queremos radicar en la grande isla de Tierra del Fuego.
Si se crearan pequeños puestos militares en el territorio indíjena, es indudable, dado el carácter de los indios i los ningunos medios de movilidad de que disponen, que bastarian para mantenerlos tranquilos i se evitarian los robos i matanzas de ganado que canto perjudican a los hacendados i que son el oríjen de la lucha iniciada ya entre bárbaros i civilizados.
Los hacendados no tendrian reparo en imponerse ellos mismos una lijera contribucion de carne en beneficio de los indios, i éstos no tendrian necesidad de acudir al robo de las ovejas para atender a su subsistencia.
El personal da aquellos puestos, al mismo tiempo que estaría encargado de la vijilancia de los naturales i del territorio, serviria de amparo i garantía a las industrias; propenderia a la civilizacion de los onas atrayéndolos e inducíendolos a radicarse en las vecindades con los ausilios de alimento que les ofreceria i que, como se ha visto ántes, proporcionarian los mismos hacendados.
Poco a poco el indio iria comprendiendo las ventajas del trabajo i del cultivo de la tierra, la utilidad de los animales domésticos i la necesidad de establecerse fijamente en un punto.
La ubicacion de estos puestos militares debe ser cuidadosamente estudiada para satisfacer al triple propósito que se persigue: civilizacion de los indios, colonizacion de la isla i proteccion eficaz para el tranquilo desarrollo de sus industrias.
Por lo que se refiere al personal de cada puesto no hai necesidad de que fuera numeroso. Quedaria bien guardado i podria atender a toda emerjencia con solo tres guardianes. No son mas numerosos los individuos que actualmente mantienen los estancieros en los puestos para el cuidado de las ovejas i todavía se hallan separados unos de otros por distancias de 15 o mas kilómetros, habiendo en algunos un solo hombre.
Los guardianes deberian ser casados i residir con sus familias para enseñar con su ejemplo a los indios.
A la cabeza de cada puesto debe colocarse un misionero franciscano, por considerar a los de esta filantrópica órden relijiosa como los mas a propósito para estas tareas de catequizar a los indios i de enseñar a los niños. Por lo demás, 1os franciscanos han demostrado en Arauco su abnegacion i dado pruebas del éxito de sus trabajos.
Escojiendo para la ubicacion de cada puesto una comarca que se preste para trabajos agrícolas, industria de madera u otras, no seria difícil obtener que algunos colonos nacionales se establecieran allí, lo que contribuiria poderosamente a la civilizacion de los indíjenas i a que éstos adquieran prontamente el idioma i los hábitos nacionales. Al cabo de pocos años cada puesto estaría ya trasformado en un pueblo i así insensiblemente la poblacion indíjena se habría mezclado con la blanca.

(Se ha respetado la ortografía vigente en el Chile de entonces, heredadas de las enseñanzas de Sarmiento)


EVOCACIONES* 11 de Junio de 1890. El gobierno chileno cede por veinte años a los salesianos la Isla Dawson, situada en el Estrecho de Magallanes. Es a los fines de recluir en ella a los nativos deportados de Patagonia y Tierra del Fuego.

La misión allí instalada será conocida con el nombre de San Rafael, y se complementará más tarde con la de La Candelaria, situada en Territorio Argentino donde el estado no tuvo políticas de deportación, ni presupuestos siquiera para atender el tema del indio que se quedaba sin tierra con los loteos que ponían el espacio fueguino al servicio de la ganadería.

En la Monografía de Magallanes, del Padre Lorenzo Massa –fundador por otra parte del Club San Lorenzo de Almagro- encontramos una referencia al espíritu de Monseñor Fagnano y la Isla Dawson:

“Quería enseñar a los Indios de la Isla Dawson a trabajar y aprovechar la madera. Colocó dos motores, tendió “vías férreas” de madera con una extensión de tres kilómetros, y arrancó al bosque virgen de “la perla del estrecho”, los tesoros de sus bosques milenarios. Los postes que más tarde sostendrían los cables para el telégrafo que ordenó tender roca en la Patagonia, serán de allí”.

“Estableció un lavadero de lanas en la misma Isla. Un centenar de indias trabajaban guiadas por las Hermanas de María Auxiliadora. Y hacían luego toda suerte de tejidos para si y para vender a favor de la misión. Instaló también curtiembres en Dawson y Río Grande. Y como entonces los frigoríficos estaban en pañales, contrató a un industrial chileno para establecer en Dawson un saladero de carnes. El mismo hizo los estudios técnicos. Desgraciadamente cuando ya tenia construidos los galpones, se le quemaron y la industria pasó a la categoría de anhelo potencial”.


Los salesianos no verían renovada la concesión, y la fatalidad de las enfermedades haría mermar el número de nativos, los que serían a la postre enviados a nuestra Misión de La Candelaria, no superando en mucho en número de 20. 


EL PADRE FORGACS y sus pasos santacruceños.1



En el Río Grande de mi infancia habían dos checos: Ernesto Bares, transportista, y José María Forgacs, sacerdote.
Yo tuve la oportunidad de sus alumnos del Colegio Ceferino Namuncurá cuando él llegó a desempeñarse como Director del mismo.
En más de un momento he escrito sobre las vivencias de ser su alumno. De sus inquietudes deportivas. De su viaje a Italia y el regreso con regalos para todos. De su rápida liturgia. De sus lentos escarceos con los amigos. De su enfermedad, su muerte y sus funelales.
Le tocó desempeñarse como párroco en Río Grande en los conflictivos días en que la Iglesia enfrentaba a Perón.
Y en Ushuaia dejó escrita minuciosas crónicas sobre los conflictos sociales que le tocó vivenciar.

Pero ha llegado a nuestras manos un álbum que refleja su andar santacruceño –por lo que nos parece- de ahí que en nuestro blog iremos publicando diversas fotografías, con la esperanzas de obtener respuestas a esta botella tirada al mar…


Las dos imágenes futbolísticas tal vez puedan ser ubicadas por las construcciones que forman parte de telón de fondo. Véase que la banda de una de las camisetas está prendida sobre una camisa común. En la inferior se podrá apreciar en el extremo izquierdo un niño que lleva una con los colores de San Lorenzo. Todavía son años en que se lucen boinas, y se juega con ellas puestas.

Se decía que para formar una comunicad salesiana se requerían ocho integrantes, pero en este caso son nueve, puede ser que uno de ellos sea una visita importantes que mereció ser eternizada en esta fotografía.


Aquí los niños playeros disfrutan de un especial días patagónico.., ¡será Puerto Deseado!

Habrá nuevas entregas, esperando comentarios...

De hoy hacia el ayer: MAS DE DIEZ AÑOS DE LABOR EN GRABADOS Y PINTURAS RUPESTRES


Un accidente automovilístico –“ocurrido hace un mes y dos días en la bajada “La esperanza”, a 150 kilómetros de Río Gallegos- lo trae a nuestra capital. Ocupa, así, unos días en el cuarto Nro. 26 de San Carlos. Aquí los doctores Raúl Matera y Juan Manuel Tato son los encargados de abrir un horizonte de luz. Si bien no observan “nada en particular”, aconsejan, empero, consultas periódicas. Tal lo que inicialmente nos cuenta –el 11 de abril- el padre Manuel Jesús Molina.

(Así anuncia en primera página, para luego dar continuidad en la primera columna de la cuarta, el periódico ENTRE NOSOTROS, que lleva por aclaración BOLETIN DE INTERCOMUNICACION DE LA FAMILIA SALESIANA. Editado en Buenos Aires el mes de junio de 1969)

DE HOY HACIA AYER:

“EN ARGENTINA EXISTIERON LOS UNICORNIOS”

“desahuciado por segunda vez, esta por rotura craneana”, según sentencia santacruceña. Ya recuperado, el 13 del mes último regresa al Colegio Nuestra Señora de Luján, de Río Gallegos (Santa Cruz), para reintegrarse a sus tareas. Las ciencias antropológicas –después del ministerio sacerdotal- constituyen un mundo en cuyos arcanos suele deleitarse (“Llevo ya más de diez años trabajando en grabados y pinturas ruprestes…, dice). Ahora explica en cuarto año comercial (ocho horas semanales) geografía e inglés; pero “llegué a tener hasta 28 horas, como profesor de geografia, historia, inglés, francés y matemáticas”.

“Desahuciado por primera vez”.

Pichi Leufú (pichi: pequeño, y leufú: río en mapuche), zona cercana de Bariloche, es la cuna del P. Molina. El 1° de diciembre de 1904 nace allí Manuel Jesús. Son, en total seis hermanos (“Francisco Ramón trabaja en Rawson”) De la hermana República de Chile, papá: José, y mamá: Encarnación Parra. De la tierra de O’Higgins también los abuelos paternos, los maternos, en cambio, españoles: de Castilla la Vieja.

Nos narra después “un episodio personal interesante”. Era chico –dice- “cuando me desahuciaron por primera vez, por una infección en la garganta, por peste de tos convulsa”. “Mi madre –recuerda cariñosamente- me consagró a la Virgen, rezando ante un gran cuadro de la Dolorosa que teníamos en casa”. Cursa la primaria en el colegio salesiano de Rawson, “llamado antiguamente Nuestra Señora de los Dolores” (“donde nace mi vocación”); la secundaria, en Bahía Blanca; aspirantado, en Viedma; noviciado y filosofado, en Fortín Mercedes; el “trienio que fue quinquenio”, así: 1924, Fortín; 25, Comodoro; 26, Fortín; 27, Viedma y La Piedad, y 28, Bahía; el teologazo en la Crocetta, Turín, “donde me doctoré en teología y me ordené el 3 de junio de 1932”. Su lema sacerdotal: “Transibimus er ignem et acquam et eduxisti nos, Domine, in refrigerium”.

« Me formé al lado del doctor Orsi ».

Quiere saberse cómo nace en él la vocación por las ciencias biológicas. Responde que en 1923 comenzó a trabajar en el museo regional de Fortín Mercedes. “Ese año, el P. Gaudencio Menachino llevó a Fortín al doctor Ricardo Orsi, notable científico italiano, para trabajos de paleontología y biología, principalmente. Fui ayudante del Dr. Orsi. Me formé al lado de esta gran técnico, con quien estuve trabajando el 23, 24 y 25 como taxidermista, entomólogo, en colecciones de plantas, herboristería, en inscripciones de piezas paleontológicas y botánicas…”

Y añade: “Por eso, me especialicé en letra y en dibujo ornamental y lineal. Durante mi permanencia en Europa, en Italia, aprovechaba los ratos libres –estudiados los tratados de teología- para ir como un simple turista a visitar museos; por ejemplo: el egipciano de Turín, y otros de interés para mis estudios arqueológicos…”

Deslizaba una curiosidad –“De las ciencias biológicas, ¿en el cuál se siente más a gusto?-, contesta: “En Santa Cruz, el ambiente me llevó a la antropología”.

Melanesio, D’Agostini, Levene, Imbelloni, Vignati, Groeber…

Otro paseo por el campo antropológico: Levene (quien en su libro de historia argentina de 1949 desconoce la obra del P. Milanesio y toda la labor salesiana), José Imbelloni, Vignati llegan al diálogo traídos de la mano del P. Molina, quien habla con cariño del P. D’Agostini. Y surge después una explicación de índole etimológica: el geólogo Groeber –dice el P. Molina- sostiene que el cerro Payén, en el sur de Mendoza, no es Payén, sino Payún, que significa barba en mapuche”. Sin embargo, en idioma de los indígenas locales, Chiquillame (dialecto del idioma millacallak, hablado por los indígenas del sur de Mendoza) payén significa cobre, “y eso está indicado por los autores viejos de 1600”. “Naturalmente que Grober –que no era un especialista en antropología, sino era un geólogo –no tuvo en sus manos estos datos concretos y analizó todo desde el pnto de vista araucano. Eso, con respecto ala obra del P. Melanesio”.

“La obra del P. Melanesio tiene más errores que palabras”.

Y agrega: “Después la obra de Erice, un historiador bahiense, que escribió un diccionario mapuche araucano argentino, publicado por la Universidad del Sur de Bahía Blanca. Hace la historia de todos los autores que han estudiado los varios idiomas mapuches, y, dentro de esto, habla, también, del P. Melanesio, quien afirma que la obra del P. Melanesio tiene más errores que palabras”.

“Como estaba en el mismo tema de Erice –sigue-,no tuve nada más que controlar el trabajo de Melanesio con el de dicho autor y poner, así, las cosas en su lugar. Est es lo que se consigna en ese libro que usted tiene en sus manos (refiriéndose al Nro° 3 de Anales de la Universidad de la Patagonia “San Juan Bosco”: ciencias antropológicas, tomo I, Nro1 de noviembre de 1967, publicación editada en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut), precisamente el trabajo que escribí sobe “Antiguos pueblos patagónicos y pampeanos a través de las crónicas”. Allí es donde se estudia ese problema, y se sitúan el libo y el estudio del P. Melanesio en el ambiente histórico, se ven las bases falsas de los conceptos peyorativos de Groeber, de Harrington y de Erice.

Más de diez años trabajando en pinturas y grabados rupestres.

-¿Cuál es el trabajo, el hallazgo que estima de más valor y que, además, tanga sabor a primicia, porque aun no se ha publicado?

-Acabo de entregar a la Universidad de Comodoro otro trabajo sobre Tierra del Fuego, titulado “Etnografía de Tierra del Fuego”.

-¿Podría enviarnos también fotos personales y de hallazgos hechos por usted?

-¡Cómo no! Les voy a mandar algunas cosas sobre arqueología y dibujos rupestres, porque últimamente ya llevo como más de diez años, trabajando exclusivamente sobre pinturas y grabados rupestres de Santa Cruz.

-¿Quiénes, cuándo, dónde y cómo hicieron esos grabados y pinturas rupestres?

-Los indígenas, los más antiguos se remontan a diez mil u once mil años atrás, hay otros de menor edad: seis mil años. Acabo de hacer un trabajo de investigación en lago Posadas, en Santa Cruz, precisamente sobre grabados y pintura rupestres.

-¿Qué datan de…?

-Ya había recibido la información de un técnico del museo que había enviado hace diez años atrás, para que investigara en la zona y trajo una serie de fotografías en realidad muy buenas. Después, un alumno nuestro –un estanciero- me envió otra serie de fotografías. Al compararlas y estudiarlas, encontré que había algo que no corría, que no se veía en claro: pero me quedé en la impresión de que unas pinturas de bóvidos eran del tiempo español. Como ya poseía fotografías de escenas de bóvidos, mucho más antiguas, al hacer el estudio, supuse de que lo que se encontraba en el lago Posadas era mucho más reciente. Bien: volví ahora para hacer el estudio completo de lo que había allí, y me encontré con esta novedad: que esos bóvidos que yo había interpretado como del tiempo de los españoles eran netamente del tiempo indígena, y tan antiguos, que los encontré pintados a una altura de cinco metros y medio de altura, en las paredes rocosas, en plena cordillera…

-¿Pintados por…?

-Los indígenas patagónicos.

A esa altura sobreviene una interrupción:

-¿Cómo estás, Bombén? ¡Qué alegría! –dice del P. Molina, a tiempo que abraza al exalumno.

-¿Cuánto tiempo que no lo veía, padre! ¿Usted no cambia nunca!..

-Acabo de tener un accidente, pero me han dejado como nuevo: la Providencia no ha querido que me vaya…

Y, tras un breve diálogo:

-Encantado, padre, felicidades.

-Que sigas progresando.

Un gran lago glaciar

-¿Podría explicarnos cómo podrían pintar a cinco metros y medio de altura?¿Qué altura tenían los patagónicos?

-Significa lo siguiente: que el patagónico no se molestaba a pintar: pintaba a ras del suelo, a medio metro.

-¡Cómo hacía para pintar?¿Qué usaba?¿De qué se valía?¿Cómo eran esas pinturas?

-Para explicar el origen de esas pinturas, no tuve más que mirar la conformación geológica de la región. Antiguamente fue un gran lago glaciar. Los remanentes son esos laguitos que quedan: Posadas, lago Salitroso, lago Pueyrredón. Pero, hubo un momento en que todo eso formó un inmenso lago interstadial. Después, al retirarse, los hielos, las morenas laterales (que son las grandes acumulaciones de piedras, de cascotes, de arcilla, de barro) dejaron acumulados esos sedimentos, que se apoyaron contra ese cerro. Cuando llegaron los indígenas encontraron los sedimentos a la altura de cinco metros, y –parados sobre las morenas- hicieron sus pinturas. Después, al correr el tiempo, cinco mil, seis mil años, esas morenas se fueron degradando, fueron cayendo y la erosión las fue demoliendo, hoy están casi a ese nivel.

-¿Qué altura tenían los patagónicos?

- Entre 1,80 y 2.30 metros de altura.

-Esas pinturas ¿datan de once mil años?

-Esas pinturas datan de un tiempo impreciso, después que se vació el lago. Se podrían pensar en ocho mil años.

“El dato concreto es que en la Argentina existieron los unicornios”

-¿Qué otro detalle interesante acerca de esas pinturas podría darnos?

-Lo más interesante de estas pinturas es esto: el que yo me haya rectificado de un error cometido al analizar las fotografías anteriores, porque yo había creído siempre que esas pinturas eran del tiempo español. Ahora me encontré con que no son de esa época, sino del tiempo indígena viejo. Al principio había interpretado como bóvidos españoles: toros y vacas del tiempo español. Ahora –que he estado allí- y he sacado las fotografía de esas pinturas, me encuentro con que representan animales de los que se llaman unicornios, es decir, que tienen un solo cuerno. Y no hay una sola representación, sino hay cuatro representaciones, con un gran cuervo curvo, que es igual a la pintura que yo había relevado cenca del río Santa Cruz y que tiene una antigüedad de seis, siete mil años antes de Cristo. Ahora resulta que es el mismo animal en cuatro representaciones distintas: el macho representado con cuerno, y la hembra sin él. Es un caso interesante, porque en la paleontología argentina no existe ningún animal unicornio. Cierta vez que el doctor Frenguelli publicó algo sobre un bóvido, se lo negaron todos los paleontólogos argentinos. Cuando yo le mandé la fotografía de ese animal al prehistoriador doctor Osvaldo Menghin, él no la tuvo en cuenta; pero, cuando vio después el esquema sacado por un técnico, dijo: “Ahora tenemos en la mano un argumento para definir que en la Argentina han existido los bóvidos, o, por lo menos, los unicornios, y que Frenguelli tenía razón”. El caso concreto es que en la Argentina existieron los unicornios.

-¿Pertenece a alguna institución científica?¿Han reconocido sus méritos en el área antropológica?¿Se lo ha designado en alguna institución?

-No me interesa eso: sólo me interesa el ejercicio de mi ministerio.

-El ejercicio de su ministerio ¿no podría extenderse también a un área tan interesante como la de los investigadores, en que usted se encuentra como pez en el agua? ¡No podría hacer también allí mucho bien?

-Me interesa en forma tangencial.

-¿En qué revistas antropológicas publica sus artículos?

- En “Acta prehistórica”, cuyo director es el doctor Osvaldo Menghin, y la revista del Salvador, que se llama “Antiquitas” y en anales “Anales”, de Comodoro a la cual le he mandado también algunos trabajos.

“Plagio a la obra del P. Melanesio”

-Tenemos entendido que el general Perón fue plagiario de una obra del P. Domingo Melanesio, cuyos trabajos criticó el doctor José Imbelloni.

-Efectivamente: el folleto del entonces mayor Juan Domingo Perón se intitula “Anotaciones de la toponimia patagónica- 1935”, prologado ecomiásticamente por el doctor José Imbelloni. Es un plagio de la obra del padre Domingo Melanesio llamada “Etimología araucana de 1918”. El comentario respectivo se lo envié al historiador P. Pascual Paesa.

Patagonia

-Conforme usted sabe, por ley 16.964, de 30/9/66, y el respectivo decreto reglamentario 1907, del 21/3/67, el Gobierno dividió al país en “ocho zonas para el desarrollo”. ¿Podría, por favor, delimitar los límites geológicos de la Patagonia (para la citada disposición legal, integrada por las provincias del Chubut y de Santa Cruz y por el territorio nacional de Tierra del Fuego)?

-Los límites geológicos de la Patagonia están dados por el río Atuel, el Salado, el Curacó y el río Colorado. Termina en Tierra del Fuego.

Comahue: “un término aplicado arbitrariamente a una región”.

-La región de desarrollo Comahue –según se sabe, también- abraza las provincias del Río Negro, el Neuquén y La Pampa y quince partidos bonaerenses. ¿Es correcta la grafía de Comahue así llano?¿Cuál es su significado?

-Comahue es un término aplicado arbitrariamente a una región, sin base científica. Pueden darse varios significados: a) Comall-hue = orla del vestido o de una cosa; b) Comu-hué = lugar de recreo; c) Ciomo-hué = observatorio en ranquelche; d) Comé-hue = lugar lindo; e) Comá-hué = lugar de monte, como en Comá-nhelo = lugar de monte, en ranquelche.

Colegio Nuestra Señora de Luján.

Hé aquí la nómina de salesianos que trabajan en el Colegio Nuestra Señora de Luján, de Río Gallegos Santa Cruz, fundado en 1885:

Dir: P. José Giori; Pref: P. Víctor Vincent; Párr: P. Miguel Giosa; Cat: P. Juan Luzovec; Cat. El: P. Manuel Espinosa; Cons. El: P. Renato Baez; Confes.: Manuel J. Molina; Porf.:Coad. Marino Francioni, P. Eulalio J. Paris (Curia de Río Gallegos) y el P. Rómulo Rodríguez (Curia de Río Gallegos).

Muchas son las preguntas que deseamos formular, pero más son las diligencias que el P. Molina debe desarrollar en esta capital; por ello, antes de despedirnos, queremos satisfacer nuestra curiosidad:

-¿Podría, por favor decirnos, padre, si, acaso, alguna vez pensó en preparar algún salesiano para que siga sus pasos en sus exploraciones antropológicas?

-(sonrie)- Escribí hace tiempo… Pero, no se dio importancia al asunto.

-¿Sus cargos actuales?

-Profesor del comercial salesiano en Río Gallegos y profesor adjunto de la Universidad de la Patagonia San Juan Bosco.

-¿Es director del Museo de Ciencias Naturales de Santa Cruz?

-Lo fui hasta 1964.

Primer invierno salesiano en el norte fueguino.

Sabido es que cada 11 de noviembre se recuerda el día de la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria en Río Grande.

Este 2009 suman los 116 años de aquella instalación a la vera de los Barrancos Negros, lugar cercano a nuestro gran río y de donde emigraría posteriormente a la zona de los Tres manantiales –en las proximidades del actual cementerio de la ciudad- con un alojamiento final en las cercanías del Cabo Domingo, Cañadón de la Porotera.

Pero antes de la proeza recordada una hubo una frustración, y esa aparece consignada en una carta que dirigiera José Beauivoir, que sería el primer director de La Candelaria, al sucesor de Don Bosco: Don Rúa.

Del Río Grande de la Tierra del Fuego, 14 de diciembre de 1893.

Deo gratias, Deiparoeque Virgini Maria nostroe Auxiliatrici!
Finalmente, después de innumerables sacrificios, después de casi siete largos meses pasados peor que los hebreos en el desierto, llegamos al sitio designado de nuestro muy amado Prefecto apostólico D. José Fagnano para implementar la nueva Misión Salesiana de N. S. de la Candelaria.
Si quisiera describir en sus pormenores la larga serie de peripecias que sin interrupción se sucedieron en este largo tiempo, haciéndonos sufrir Dios sabe cuanto, no concluiría tan pronto. El infierno, previniendo tal vez el inmenso bien que la nueva Misión habrá de hacer á las desgraciadas almas de estos pobres salvajes que van errando en estas islas fueguinas, empleó todos sus perversos recursos en contra nuestra, suscitando espantosas y tremendas tempestades é impetuosas, formidables é innecesarias borrascas. Pero ¡Bendito sea Dios! Que siempre triunfa del enemigo infernal. La fuerza, el ánimo y la constancia que jamás perdimos en medio de tantas pruebas son ciertísimos indicios de su continua asistencia.

Primera tentativa fallida.

El día 9 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el vapor Amadeo estaba cargado de ciento cincuenta toneladas de materiales para la nueva Misión, además de seis buenos caballos y de otros animales indispensables para las excursiones y el mantenimiento de la misma Misión. Entramos D. Bernabé y yo, con tres socios, tres jóvenes y cuatro obreros asalariados y partimos á la vuelta del Cabo Peña.
Transportados por un fuerte viento, en pocos días nos encontramos en la barra del Río Grande. Primeramente yo y después D. Bernabé descendimos á explorar la barra, el canal, la boca del río, el puerto Golondrina, pero no fue posible entrar con el vapor y echar ancla. El viento era tan violento y contrario y las aguas de tal modo borrascosas, que faltó muy poco para que más de una vez fuéramos envueltos por las olas. Nos refugiamos en el Amadeo, el cual, después de mil maniobras, volvió la proa contra nuestra voluntad, y nos condujo atrás casi la mitad del camino ya andado.
Puede imaginarse, amadísimo Padre, nuestra desolación en aquel momento! Después de tantos gastos hechos por esta embarcación, deber volver atrás sin haber podido hacer nada, deber volver las espaldas á aquel sitio tan suspirado, del cual habíamos ideado tan bellos proyectos para el bien de los pobres salvajes; fue una prueba demasiado dolorosa para nuestro corazón. Entramos en la Bahía San Sebastián y desembarcamos junto al arroyuelo Gama, donde nos detuvimos esperando que nos viniera en auxilio otro barco. Con el vapor Amadeo que volvía á Puntarenas, mandamos á Don Bernabé, para que refiriera cuanto nos había acontecido y solicitara el envío de algún recurso.

Estación provisional.

Entretanto para precavernos de la intemperie, allí sobre aquella esterilísima playa, á pocos metros de distancia del sitio donde llegan las altas mareas y á cerca de doscientos de la laguna formada por el arroyuelo Gama, con otros dos menores, fabricamos sobre la arena dos cabañuelas, una para nosotros y otra para las bestias; junto á la primera construimos también una habitacioncita, que nos sirviese de depósito para las cosas más delicadas, é hiciera también las veces de capilla.
Toda esta construcción siendo de leño verdaderamente nos reparaba poco de los vientos, que casi continuamente soplaban con gran furia, y de la lluvia y de la nieve y de la menuda arena que levantada por el viento formaba nubes y era sacudida contra nuestra pobre cabaña. No obstante todo esto debimos tener paciencia y esperar cuatro largos meses, calculando las semanas y los días que necesitaba D. Bernabé para llegar á Puntarenas, hablar con D. Fagnano, preparar una nueva embarcación y correr en nuestra ayuda. En este tiempo expedí también varias cartas a Puntarenas por medio de minadores que á aquí vienen y vuelven por tierra; pero no tuve contestación ni vimos venir á nuestro encuentro nave alguna. Entretanto los víveres escaseaban para nosotros y para las bestias, las cuales, además de disminuir por haber debido matar algunas para nuestro mantenimiento, enflaquecían de un modo visible. No teníamos perros para la caza del guanaco, las balas de carabina no nos servían más que para los pájaros, de los que tuvimos la fortuna de cazar siempre muchos. En ocasiones se unían a nosotros los empleados de la Comisaría del Filared (Sociedad de exploradores), muchas veces llegaban minadores, tal vez nos hallabamos más de veinte, y con toda esta gente era necesario dividir familiarmente la comida preparada. Esto lo hacíamos de todo corazón y muy contentos: pero de otra parte no sabíamos como hubieramos podido ir adelante por mucho tiempo. Decidí por lo tanto ir yo mismo á Puntarenas por tierra. Era ya á fines de setiembre. Tomé prestado caballos del Encargado del Páramo, y con esos me trasladé a la hacienda de los Sres. Montes y Wales, cerca de la punta Anegada en el Estrecho de Magallanes, y pasado éste, en cuatro días llegué á Puntarenas.

Otra atrevida prueba llevada felizmente á cabo.


Aquí no hallé ningún barco que quisiera hacerse á la vela en una estación tan mala; por esto D. Bernabé no había podido traernos socorro alguno. Pero yo que sabía el estado mísero en que había dejado á nuestros pobres hermanos y obreros, no pude tranquilizarme. Por más que todos en Puntarenas quisieran persuadirme, tomé nuestra goleta María Auxiliadora, alquilé otra llamada King Fischer, las cargué de víveres, tablas y caballos, y encomendándome á las oraciones de los queridos hermanos y niños, in nomine Domini me puse en viaje el 27 de octubre.
A pesar de empeorar la estación y de los fuertes vientos que continuamente se desencadenan en contra nuestra, nuestras dos pobres goletas, guiadas ciertamente de María Santísima, pudieron resistir varias borrascas, huir multitud de escollos y llegar felizmente á la Bahía de San Sebastián, donde éramos esperados como ángeles salvadores. Allí nos unimos á nuestros hermanos y obreros, cargamos todo lo que nos fue posible y después seguimos á la vuelta del Río Grande. Queríamos absolutamente llevar á cabo la empresa que nos había confiado la obediencia.

LA CANDELARIA 1910.5




Esta nueva imagen del Santuario que se construyera en lo alto del Cabo Domigo acompaña la evocación del relato de LA CANDELARIA correspondiente al año 1910.

Ignorándose el autor de la misma se concatena con la célebre imagen tomada por el Padre Alberto De Agostini, y que fuera la motivación inicial del relato de aquel libro que publiqué hace mas de 20 años. ¿Será una situación anterior a la que presentamos? Tal vez, si se tiene en cuenta que no es visible torre alguna.

LA CANDELARIA 1894.3


El padre Juan Ticó, director del Museo Monseñor Fagnano, de la antigua Misión de Nuestra Señora de la Candelaria, reconstruyó -en una maqueta- la imágen de la goleta María Auxiliadora.

La nave de origen chilote que sirviera la a fundación de la casa misional, y que durante muchos años sería vínculo entre los distintos establecimientos nacidos de la inspiración del Prefecto Apostólico de la Patagonia Meridional.

Ocurrió en la caleta donde con los años se intentó construir el puerto de Río Grande







Si no hubiera sido por el famoso decreto del 11 de julio, 1921 se recordaría en Río Grande -simplemente- como el año del naufragio del Piedrabuena.
El incidente ocurrió en aguas de Caleta La Misión, y sólo guarda parangón de conmoción para la capital del departamento de San Sebastián en el naufragio del Glen Cairn, catorce años en Cabo San Pablo.
El “Piedrabuena” se perdió bajo las aguas fueguinas cuando llevaba veinte años de trabajo para la gobernación.
Antes había recibido otro nombre: “Cañonera Paraná”
Así sirvió a la Armada Nacional desde 1874, dos años después de ser botada en Inglaterra. Era en su momento más trágico, un barco de cincuenta años…
Muchos fueron los momentos de gloria antes de su mutación nominal, pero hubo uno que la encuentra hermanada profundamente al historial en la bahía de Oshovia, cuando el Comodoro Lasserre izaba por primera vez en esa tierra argentina, el pabellón nacional…
En 1899, adquirida una nueva Cañonera por los aprestos militares con Chile, la Paraná fue convertida en transporte de carga. Su destino podría haber sido un largo peregrinar por la costa atlántica patagónica, pero al fin debió atender exclusivamente a la gobernación fueguina urgida de distancias.
El Piedrabuena fue el fruto de otra improvisación, a tal punto que en La Nación del 7 de junio de 1902 encontramos una referencia crítica a su funcionamiento: “… es viejo pero aun está muy utilizable, porque el casco se conserva fuerte y las máquinas en regular estado. Pues bien, a fuerza de mal trato y poco cuidado han hecho de él una ruina flotante, se le sacaron refuerzos vitales a título de despejar bodegas, se hechó abajo la cámara de oficiales para agrandar otros departamentos, no se pinta, ni se reconoce los tubos de la maquinaria, ni siquiera se le lava, porque en los depósitos de abordo no hay elementos para hacerlo, más aun, escasean las mismas materias grasas que necesita la máquina. Últimamente el Ministerio del Interior tuvo que darle anclas porque hasta eso le faltaba”.
“Abordo hay un guarda máquina de la escuadra, que no puede hacer otra cosa que ver y lamentar cómo se está destruyendo todo el material”.
“Y como si esto no bastara la fama del barco en los puertos argentinos y chilenos es desastrosa. En Punta Arenas se llamaba “buque pirata” porque es público y notorio que no paga sus deudas y ha estado, más de una vez a punto de ser embargado”.
Esto era en los principios de su adscripción a la gobernación,… imagínese cómo estaría casi veinte años después.
Soportó dos naufragios, en Brenock en 1907, en 1908 en Punta Loyola, de ambos fue reflotado y reparado con diversa prolijidad.
Así se navegaba aquel entonces en nuestro sur.
Mientras… el Piedrabuena balizó, transportó carne, presos -carne de presidio, caudales para los bancos de Ushuaia y Río Gallegos, estoicos pasajeros…
El Museo Monseñor Fagnano de la Misión de la Candelaria guarda reliquias del barco hundido y durante algún tiempo la mayor parte de la vajilla de la Escuela llevaba el sello de ese navío.
Pero antes de seguir, volvamos al año 1921, mes de abril… día 28, cuando el padre Zanchetta señalaba en el cuaderno de las crónicas que “el barco se está deshaciendo lastimosamente flotando por la playa algo de todo, cargas, equipaje, restos del buque…”
¿Qué había pasado?
Dos días antes comandada por el Capitán de Navío Máximo Kock dejaba -solamente- en la caleta una radiografía para el anciano Sikora, hermano coadjutor que moría por aquellos días y cuya tumba se encuentra en el extremo norte del viejo cementerio. El Piedrabuena traía provisiones, pero el mal tiempo llevó a la determinación de zarpar hacia Gallegos e intentar a la vuelta el operativo de atraque y descarga. El barco de 3,38 metros de calado no necesitaba de puertos en la Caleta…
Todos se salvan, pero el Piedrabuena se va a pique cuando choca contra una roca. Al percance se une la incertidumbre de alojamiento para los náufragos. Con los salesianos quedaría una señora con dos hijitas y un hijo, un señor José A. Martínez Rodríguez con su sobrino Fabián Martínez Díaz; Dos oficiales: el segundo Teniente de Fragata Pablo Astorga, el Contador Enrique Olguín. Los demás fueron llevados en autos de Jarrín y Van Aken hacia el puerto, que así se llamaba entonces a nuestro pueblo.
La tripulación acampó como pudo en las inmediaciones. Eran entre 65 y 70 hombres acomodándose de cualquier manera para dormir. El auxilio se demoró y cuando finalmente llega el buque Makinlay -nave con nombre de naúfrago – ya no tenía nada que hacer el preso de Ushuaia que sabía el oficio de buzo.
Los curitas se asustaron por la forma en que se había incrementado el carneo de animales, como bajaba el stock de harina a las puertas del invierno. Pero la situación resultaba alentadora cuando el primero de mayo -día de San José- hicieron la comunión dos hijos de náufragos, o cuando sacando optimismo de donde sólo había desesperación se festejó el cumpleaños de Ramiro -comandante del Vapor Ona- que había llegado con más buzos para emprender lo imposible: el rescate del barco hundido.
José Fadul consiguió salvar algo de lo que el barco transportaba, llevándolo en carretas hasta su comercio portuario.
Van Aken dejó inutilizado su vehículo en una de las tantas travesías que debió realizar en esos días de emergencia.
Y fue así como casi un mes después la marinería dio brillo al festejo de la fiesta patria cuando el 25 de mayo –previo reparto de tarjeta entre las autoridades riograndenses- se convocó a las diez y media al Te Deum que celebró el Padre Cencio.
A la saida de la iglesia histórica, la dotación del Piedrabuena formó para cantar el himno Nacional. El comandante hizo una alocución alusiva “en la que mostró su patriotismo y su gran corazón de marino -se lee en los cuadernos de La Candelaria- en el rancho hubo regalos para todo el mundo, vino, fruta, dos capones de más, con mate… y todo el día libre”.
Kock debió asistir también -junto con la señora del Prefecto Doña Nidia de Sosa- al padrinazgo bautismal de Héctor Jorge Van Aken Traba, hijo del comerciante tan próspero como servicial.
Los marineros permanecieron un mes más hasta que se teminó de rescatar entre las astillas del naufragio depositadas en la costa todo lo que pudiera ser útil y así partieron del frío paisaje invernal las carpas que fueron improvisando refugio para los hombres del Capitán Kock.
¿Cuál fue la responsabilidad de este marino sobre la tragedia?
El hermano Juan Asvini contribuyó a su absolución durante el juicio de responsabilidades que se le siguió. “El panadero” indicó que en un balizamiento realizado por otro transporte naval, el Vicente Fidel López, no se detectó la roca fatídica ubicada en el centro de la caleta. El comandante en agradecimiento por el testimonio esclarecedor el regaló al salesiano un cuadro de la última cena que se muestra en un lugar preferencial en el museo de la institución.
Cuando visites la vieja escuela verás en su patio -erecta- la enorme viga de uno de los mástiles del navío zozobrado. Y si lo haces en una de estas tardes de sol, subiendo hasta lo alto del Cabo Domingo, podrás ver a unos cien metros de la costa -en la zona de la caleta- la proa del navío, cuando las mareas son de 0.50 metros; pero cuando estas alcanzan el metro emergen sus dos anclas y restos del palo mayor, entre cabrestantes y algas, entre crespón de barro… También -al volver la pleamar- verás como se estrellan las olas del océano en la roca gordiana, transformada en lápida del barco centenario.

Tercera entrega






Después que la visita de Juan Pablo II posibilitara la reconstrucción de la monumental cruz de Cabo Froward, quiero relatarles la historia de nuestro mayor monumento, ese que emerge tras la sólida sombra del Cabo Domingo cuando el avión se aproxima; esa señal blanca que en la ruta polvorienta da testimonio de la fe misionera de los salesianos.
¡De cruces estamos hablando!, para que sepas cómo nació esa devoción que se enseñorea en lo alto del barranco de “La Candelaria”, guardando a su abrigo lo poco material que va quedando del Padre José Forgacz, de los amigos de la casa De Grenada y Crema, y de los coadjutores Juan Asvini, Jorge Etorovich y Faustino Minici.
¿Lo has visto?
Su nombre está estampado en la carcomida madera del parque de la gruta: FAUSTINO MINICI, dice, por sus manos paso esta historia.
Así como durante el XXXII Congreso Eucarístico Internacional Buenos Aires se levantó para presidir las manifestaciones de la fe, la gran Cruz de Palermo; en ocasión de reunirse en Magallanes -bajo la inspiración de Monseñor Pedro Giacomini- el Congreso Eucarístico Nacional de Chile, allá por 1946, otra cruz se emplazó en la Plaza Bulnes, frente al Santuario de María Auxiliadora… hasta que al sur de la Península de Bruswik se construyera -reemplazando a la erigida en 1913 en hierro galvanizado- un monumento de cemento armado, cruz de piedra, sólidos cimientos y fronteras para ofrecer resistencia a los vientos bajo la cruz del sur.
Cabo Froward, que en lengua inglesa significa indócil… porfiado…
Esas eran las cualidades del hermano Faustino, una más que otra: porfiado… y su tarea de constructor, lo garantizaba en varios emprendimientos edilicios en la Candelaria: a él se debe la construcción del edificio de mampostería que vino a sustituir los informes caseros que el tiempo y las urgencias de la Misión fueron construyendo durante medio siglo; a él también los cimientos, el diseño y las paredes de la casa del pueblo, esa a la cual después Colombo terminó, restándole altura al segundo piso.
Todo parque Minici fue apartando materiales para el proyecto de erigir en lo alto del cerro un monumento póstumo a la fe salesiana que reclamaba un santuario definitivo para los restos de la Hermana Rosso, el Padre Crema y el veterano Sikora, ausentes en la necrópolis del otro lado del Chorrillo.
El hermano constructor se desempeñó con anterioridad en la Misión San Rafael de Isla Dawson, hasta que un replanteo de la política chilena para con el aborigen llevó en 1912 al cierre de esa casa y al traslado de casi una treintena de nativos a las costas atlánticas de la Candelaria. Por algún tiempo se lo reclamó para hacer baldosones en Punta Arenas, pero siempre volvió a nosotros, porque aquí estaba su último destino.
La obra del Mausoleo de la Misión que recordaría el centenario del nacimiento del padre fundador: Monseñor Fagnano, estaba en marcha, cuando el 11 de marzo se bendijo el actual cementerio del pueblo. Del otro se exhumarían al tiempo -eso es lo que se pensaba- los restos venerables de los salesianos muertos y se les daría cabida en lo alto, bajo la cruz.
Ese era el tipo de casa que Minici nunca había construido y yo sabía que sería su última morada.
En una hoja de dibujo, de esas que enviaban las Escuelas Latinoamericanas a sus alumnos por correspondencia, Juan Colombo colaboró realizando el diseño del proyecto: dos metros de fundamentos, dos de bóveda, seis de cruz, ocho metros sobre la tierra, doce espacios para nichos que resultaron mínimos porque Faustino los realizó de acuerdo a su exigua estatura… se pensó también en un recinto para altar, que nunca fue habilitado.
Eso fue la pequeña gran empresa, émula de la de Froward que resaba con caracteres latinos a la furia de los vientos: “El dominabitur a Mari, usque ad mare… et usque ad ultimos términu terrarum”. “Y dominará de un mar a otro mar… y hasta los últimos confines de la tierra”, voz del salmo XXX, versículo ocho.
¿Qué frase habrá pensado Minici para su cruz?
¿Cuántas veces él y Gallardo, que hizo tanto por su tumba, habrá subido el cerro siguiendo la línea del vía crucis, con los materiales para concluir la obra?
Los trabajos en el Gólgota terminaron poco antes de la Semana Santa de 1947.
El siete de abril Minici no concurrió a la meditación, llamó la atención porque siempre era el primero.
Bessone -otro coadjutor- fue quien lo encontró en su cuarto, el que estaba ubicado en una pequeña casita a la izquierda de la capilla histórica, allí donde todavía emerge una planta de ruibarbo y los restos de la ensoquetadura. Estaba caído de la cama y sin habla.
El doctor Guillot aconsejó no moverlo de su chiribitil, la fiebre era alta y el invierno se calaba entre los resquicios de la madera.
Cuando los días corrieron –mientras Colombo preparaba la caja mortuaria- se le trasladó a la casa nueva y grande que naciera a su impulso, hasta que el 18 de abril -entregado al señor su Dios- se abriera paso para inaugurar el monumento de la cruz.
Por los faldeos del parque Faustino Minici corrí siendo niño, jugando a las escondidas tras los misterios gozosos y dolorosos, respirando profundamente el aroma de las flores del verano y las hojas secas del otoño, saboreando ya no de tan chico… un asado en su reparo, lamentando la muerte de las garzas con la llegada del invierno en esa danza inmóvil que las arrojo en los senderos sombríos, a cada paso. Y siempre… después de la gruta… esa cruz que miraba con veneración, aun sin saber su historia.

LA CANDELARIA - Segunda parte -










-¿Qué es eso? ¿Un barrilete?
-Algo más… es el sueño del Ícaro.
Y el Ícaro se llamaba Marino, de San Marino y sus alas se vertebraban en varillas de lenga y el sol quedaba muy alto para frenar su vuelo.
Eso sí, el primer artefacto construido para volar en la Tierra del Fuego, se deslizó plácidamente entre las dos canchas de fútbol. Tomó altura. Tensó la cuerda. El hombre desde lo alto sintió la fuerza del viento y al motor de su corazón… ensordecidamente.
Después ocurrió lo que tenía que pasar.
Los aviadores de Aerolíneas cumplían con la formalidad de volar en forma rasante las instalaciones de la Misión. Se facilitaba de esta forma la visión del lugar histórico para los pocos pasajeros que se animaban a llegar a la Isla Grande. Entonces se arrojaba sobre la escuela el diario de Buenos Aires que era muy bien recibido por la comunidad, casi tanto como el cambucho de caramelos destinado a los internos.
El acontecimiento era festejado toda vez que una dotación de voladores llegaba hasta la Escuela Aerotécnica, donde Marino Francioni se desempeñaba como coadjutor, maestro y jefe del Museo “Monseñor Fagnano”.

Y un día -con su particular buen humor- les señaló que si a él le daban medios, bien podría arrojar el diario como lo hacían ellos… con su propio avión.
Esa fue la gestación del X-1.
El nacimiento se produjo meses más tarde y la matriz fue la capilla antigua –hoy monumento histórico nacional- que por aquel entonces era simplemente un depósito de forraje.
Francioni construyó primero un barrilete en forma de avión biplano de un metro y medio de largo por otro tanto de envergadura. Tirándolo desde adelante con un trozo de hilo sisal fue ajustando las condiciones de vuelo.
Las medidas se multiplicaron por siete y ese fue el tamaño de la nave definitiva.
La tarea llevó su tiempo y el maestro aeronauta contaba con el entusiasmo de sus alumnos de primero y segundo grado. Ellos -con los planos desplegados en el suelo del depósito- fueron forrando la estructura sobre el varillaje de lenga prolijamente abulonado. Estas piezas metálicas fueron la contribución de Federico Romero, el vecino de Estancia Violeta que tenía hijos en el establecimiento.
La cabina sería para cuatro pasajeros. Cuatro suicidas, si los hubiera.
También se hicieron los cálculos para colocarle motor, con alambre se movían timones y emperajes… y al fin en el programa de actos del día de San José figuró el anuncio del primer vuelo.

Pero antes el X-1 mereció un hangar –galpón hasta entonces- y la bolsa de rayas rojas y blancas marcando la dirección del viento, como un estandarte a la intrepidez del Ícaro Marino y su propio volar.

Así fue advertida la presencia por los pilos de Aerolíneas que, luego de tirar el diario, con toda curiosidad se dirigieron de inmediato a la Misión -sin siquiera llamar por teléfono previamente- y allí… sin guardar saludo, corrieron a conocer el aeroplano.
Aquel día se hicieron las pruebas de elevación. Tiraron de la soga -entre otros- los padres José Giori y Miguel Bounicelli y por si faltaran recursos espirituales para que todo saliera bien… Monseñor Raspanti.

El barrilete volaba cautivo de sus remolcadores, a seis o siete metros de la tierra.

Después de esta presentación en sociedad, Marino fue invitado a pilotear un DC-3 durante sus evoluciones zonales. Al tiempo recibió como obsequio por la dotación de estación un libro de aeromodelismo que aun se conserva en la biblioteca escolar.

Las fiestas de San José, un regalo para el padre Giori, contaron con la evolución rectilínea de X-1 y con el gesto altivo de Francioni que prendido a las dos palancas del comando -bien abiertas a su costado para evitar golpes fatales en una probable caída- arrojó el diario sobre la concurrencia.
Un diario viejo que anunciaba un nuevo tiempo.
El X-1 tenía motor de un caballo de fuerza, se llamaba Hitler y era un magnífico percherón, hasta que fatalmente, la soga se cortó precipitando al intrépido piloto a tierra. Se dijo luego que fue por obra de San José que resultó milagrosamente ileso.
La santa porfía permitió que el planeador se armara nuevamente y dieran esta vez nuevas proporciones. Era el producto de los estudios aerodinámicos que con el libro obsequio en mano, Francioni fue corrigiendo:… ocho metros de ala,… siete y medio de largo.
Hitler quedó de lado y la tracción, la realizó en su vuelo más exitoso con el auto de Don Estaban Martínez.
Esta vez, carreteó, decoló, voló y aterrizó,… y cuando Pinola le colocara motor podría hacer su vuelo, al fin, para cuatro pasajeros.
Francioni parecía dueño del viento.
Y el viento lo traicionó.
Una tarde mientras trabajaba en el proyecto de su nuevo prototipo, el X-2 -un monoplano de motor con cabina para dos personas- un superior mandó a sacar la nave del hangar y fue colocada como un atractivo más de la labor de la escuela frente a la capilla que ya comenzaba a ser museo.
Se anunciaba la visita de autoridades que podrían ponderar muy bien su existencia.
¡Vanidad de vanidades!
El viento que cambió al norte, descoyuntó su frágil esqueleto y el X-1 -descuartizado violentamente- se azotó sobre el ripio del camino.
Marino lo vio todo desde su aula del piso superior de la escuela.
Las clases se suspendieron sin orden alguna. Los alumnos de primero y segundo que ayudaron con más entusiasmo en la tarea de construirlo, fueron los primeros en llegar al sitio del siniestro.
Y en las lágrimas de algunos ojos se reflejaron los recuerdos del gigantesco barrilete… rozando la cruz de la capilla, raspando el arco de una de las canchas de fútbol,… tirando el diario de Buenos Aires,… y un cambucho de los más ricos caramelos que comieran en su vida.

LA CANDELARIA de Óscar Domingo Gutiérrez

Arde la Tierra del Fuego
candela de antiguas llamas.
refugio osado del indio
que sucumba en la fogata,
Candelaria de los dioses nuevos
que forjó otra raza,
tumba sin hilos de sombra,
Misión que siguió a la caza.









Cumplir años como escritor es una tarea que se ejerce desde el libro. Y en mi caso son estas páginas impresas hace 20 años en la ya desaparecida Artes Gráficas Don Bosco, de Río Grande. Con Diego Domingo Montero en el diseño, y José Pepe Guichamán en la impresión. Con una indagación previa a las Crónicas de la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria, de donde fue saliendo la materia para estos relatos.


En estos días de aniversario serán como lo fueron en 1988 propuestas retrospectivas la que nos acompañarán en las próximas jornadas


* * *





Con la pistola de soldador a la que los muchachos llamaban “la lámpara de Aladino”, el padre Aurelio Muñoz del Val puso al rojo la cabeza del único cilindro del motor que activaría el móvil de Radio Misión Salesiana.
Luján Muñiz Walter, ni bien vio rojo el émbolo, inició el bombeo y con ello en pocos instantes se pudo salir al aire, a once kilómetros de los estudios centrales.
El día anterior se ensayó con el equipo de radioaficionado del flaco y no había salid mal la experiencia. Pero ahora Jesús María Canales -l jefe de teléfonos- se ofreció para que mediante la extensión de un cable hasta la central, la señal viajara hasta La Candelaria, donde la radio del pueblo había comenzado sus transmisiones cuatro años antes.
La Central estaba allí cerca de la cancha, en la zona del puerto.
En esa oportunidad se había incorporado al equipo de la broadcasting un joven técnico de correos: Juan Manuel Lucio, el que tendría la responsabilidad de acompañar con su comentario la fatigosa tarea del relator de fútbol, que era además comentarista de automovislismo y de cuanta actividad se presentara en el festivo Río Grande de 1966.
El pueblo festejaba el día de Don Bosco -su santo patrono- y el padre Forgacz, párroco y presidente de la Asociación de Fútbol Amateurs organizó un certamen, que por vez primera reunió en una confrontación a las cuatro localidades fueguinas: Ushuaia, Porvenir, Cerro Sombrero y nosotros… así, sin fronteras.
El padre José tenía en su haber no sólo ser el promotor de las mejores jornadas del balompié local, sino que otros ámbitos había facilitado la integración mediante el deporte: en 1944 estando en San Julián, organizó el Territorial de Santa Cruz, tupiéndole el triunfo a los locales; en 1960 programó el Campeonato de Ushuaia, del que participaron además de los capitalinos Río Grande y Porvenir, con victoria ushuaiense; en 1964 el Triangular de Río Grande en homenaje al párroco porvenireño Mario Zavataro, donde ganó escuadra… Y ahora este cuadrangular que según dijo Leonor María Piñero –periodista “deportiva en su periódico El Austral: “hablan mucho a favor de la personalidad de este sacerdote que jamás permaneció inactivo en los medios en que le tocó actuar”.
Y junto al espectáculo deportivo el milagro de las comunicaciones con la presencia de Radio Misión en el campo de juego del Club San Martín -seguida en el relato de ese rosario que trabajaba en Tennesse- atando a todos lo hogares y a los vehículos que cerraban el recuadro del estadio a la frecuencia de 1450 kh, en el extremo del dial.
Fue en 1962 en el día de la aparición de la Santísima Virgen de Lourdes -es decir el 11 de febrero- cuando salió al éter con carácter experimental pero con un éxito sorprendente Radio Misión Salesiana. Las crónicas escritas por el padre superior reflejan la emoción de ese momento: “desde el pueblo, desde el Batallón y desde Ushuaia dieron informes sorprendentes tanto de la intensidad como de la calidad: ¡Gloria a Dios, autor de todo bien!, ¡Gloria a su Purísima Madre!, que quiso reservarse este día para darnos este consuelo y esta santa alegría; ¡Gloria a nuestro santo padre Don Bosco!, que puso en sus hijos estas inquietudes de ansias de apostolado…”

El trabajo de montaje estuvo precedido por no pocas dificultades. El 9 de febrero se necesitaron tres caños más para la antena de la Broadcasting, esa misma noche se había estrenado con éxito el nuevo transmisor de aficionados de 500w. Todas estas tareas fueron encomendadas casi exclusivamente a los estudiantes de teología Mereu y Calzado, que sacrificando sus merecidas vacaciones – y aún muchas horas de expansión durante el año escolar- construyeron e instalaron la estación de un kilowatz.
Mil penurias quedaron en el camino: falta de energía eléctrica, reparación y construcción total del transformador de poder y modulación, como las dignas de recuerdo. Y tras ellos la mirada severa de los que mientras el gran acontecimiento ocurría, debían rodear en el segundo Cabo, clasificar los corderos y preparar la guía de campaña.
La presencia del conjunto folklórico “Los Chilicotes”, unos días antes, había impulsado a los subdiáconos a estrenar la radio con ellos, pero no dieron los recursos técnicos… con lo que la emisión inaugural fue más que humilde.
De allí en más Radio Misión fue la presencia amena y sincera de 13 a 15 horas -todos los días- completando los entretenimientos que provenían de las emisoras de Gallegos y Punta Arenas.
Pero volvamos a 1966… porque ese verano -en tiempos en que pocos sabían de veraneos en el norte- la pasión del fútbol había alcanzado su punto más alto, con la clasificación de Río Grande ante la selección de Sombrero en un tres a cero y la final con Ushuaia que marcaba rivalidades presentes en tantos pero tantos aspectos.
Es así como en ese domingo 30 de enero, el Fiat Topolino verde -que ajustadamente guardaba en su camada el equipamiento de exteriores- llevó a la cancha en su cabina las dispares anatomías de Muñiz y Muñoz, dispuestos a transmitir el clásico fueguino.
La escuadra riograndense formó en esa oportunidad con Jesús Medina en el arco, y las figuras de Washington Salinas, el Cabezón Bernabé Hernández, Sombra Almonacid, Cacho e´Toro Barrientos, el Negro Albornoz, Chaipa Barrientos, el Negro Escobar; Pirulo García y el Sordo Juan Andrés, como suplentes.
El árbitro del encuentro fue el Sr. Guillermo Pompatín Villagrán –referee de la Asociación de Árbitros de Chile- que vino acompañando a la delegación de Cerro Sombrero, siendo jueces de línea el Gringo Clausen y Barría.
Un público alborotado y alborozado constituía la barra brava a la que dio ánimos el relato de Juan José Degratti:
“Faltan dos minutos para la finalización del partido… el encuentro sigue cero a cero. Ushuaia y Río Grande no han conseguido quebrar la paridad.
El balón se encuentra en poder de la gente de Río Grande… Albornoz para Escobar -¡negro para el negro!- Escobar eludiendo a un contrario ingresa en el área chica del equipo de Ushuaia… ¡viene el disparo!... de zurda… y contiene la pelota Paz,… se cuelga de ella, al vuelo, el arquero visitante.
¡Paz pierde la pelota!... ¡peligra el arco visitante!... se acerca al balón Luchín… cae el arquero… confusión en el área… Luchín… la pelota… ¡Goooooooooooool!
¡Gol de Río Grande!... ¡Río Grande uno… Ushuaia cero!
Los acontecimientos se aceleraron. La hinchada sacudía latas con piedras -de las tantas que constituían el pedrero del San Martín- agregando bulla a sus festejos.
Es que un dedo travieso había atacado desde atrás al Zurdo Paz, cuadno había alzado vuelo el balón… y la sorpresa llevó a que lo soltara.
Fue por eso que sin saber nadie el por qué, el arquero ofendido lo corrió al “Chaipa” hasta que éste encontró refugio bajo las sotanas del Padre Muñoz, que esgrimió en su defensa… “la lámpara de Aladino”.