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EVOCACIONES** El 17 de Junio de 1949 una comisión de YPF dirigida por el Ingeniero LIZANDRO GUARNIERI, descubre en el anticlinal del RIO CHICO, a una profundidad de    2071,50 metros, una surgencia de hidrocarburos en la locación que se conocerá con en nombre de  TF-1.

El hallazgo divide en un antes y un después la vida del norte fueguino.

Una nueva posibilidad de trabajo se abre en la Tierra del Fuego pastoril, y el país tendrá para su desarrollo un anhelado recurso enegético.

Pero además la gobernación fueguina, mediante un sistema de regalías verá privilegiados sus presupuestos, lográndose de esta manera con el trabajo de unos pocos beneficios para muchos.

Tanto dentro como fuera de nuestra Isla Grande.

Es así como en la proximidad de ésta  efemérides acercamos nuestro saludo a los hombres del petróleo, los de hoy, los de ayer, los de siempre. Los del duro trabajo que sabe de todos los rigores, los del ingenio y la tecnología al servicio de un mejor nivel de vida para nosotros y nuestra posteridad.

17 de Junio: DIA DEL PETROLEO FUEGUINO.

Y recordando aquella fecha de 1949 traemos a la memoria los nombres de Lisandro Guarnieri, Estanislao Leniek, Celestino Olmos, Cándido Nieva, Tito Kees, Ramón Balverdi, Devoto, Trasarto, Casciani, Más, Culitripai, Ruiz, Roberts, Alaniz, Vera, Noivegil, Olivera. Estos hombres junto a un equipo Wilson, dos bombas, tres motores un tractor y dos camiones Tomikiof, herramientas y enseres personales iniciaron la gran aventura.

Lecturas de fin de semana. El periodismo en Tierra del Fuego.

El libro de ARNOLDO CANCLINI con el cual colaboramos junto a Julio Rodríguez se encuentra en formato PDF, y brinda una aproximación al periodismo escrito en nuestro lugar.

Alimentémosnos de ello en estos días en que la labora periodística crece en ponderación pública.

http://www.academiaperiodismo.org.ar/publicaciones/elperiodismoentierradelfuegoimprenta.pdf


Observaciones.2 Popper en Tierra del Fuego.

Luís Sepúlveda, chilerno, escribió un libro ÚLTIMAS NOTICIAS DEL SUR, que ilustró fotográficamente el argentino Daniel Moirdzinski. Obra atractiva que sigue el viaje de ambos por la Patagonia argentino-chilena, mostrando facetas desconocidas hasta para el más experimentado de los viajeros, y dejando –seguramente- material para  otras publicaciones.

Leemos en la página 100: El mundo austral ha sido por desgracia destino de muchos canallas y alucinado que llegaron en pos de una fortuna rápida. Valga citar a Julius Popper, un rumano nacionalizado argentino que, tras conseguir financiamient6o del gobierno para una exploración aurífera en la Tierra del Fuego, armó un miniejército de mercenarios croatas vestidos con uniformes zuavos, y en septiembre de 1886 tomó posesión de la Tierra del Fuego en nombre de la reina Carmen Silva de Rumania. Al gobierno argentino no le gustó la broma, pero se vio impedido de actuar porque Popper se instaló en la parte chilena de la Tierra del Fuego  Se supone que desarrolló un mecanismo para lavar oro de bastante efectividad, pero lo que se sabe con certeza es que el oro encontrado la invirtió en acuñar monedas con su imagen, hoy muy apreciadas por los numismáticos, imprimió sellos postales que jamás sirvieron para franquear una carta, y fue un miserable asesino exterminador de la etnia ona.

Y aquí vienen al caso nuestras observaciones:

Popper no necesitó del financiamiento del estado argentino para financiar su expedición, necesitó autorización, la solicitó y se la dieron, y su marcha casi fue simultánea a la expedición que a fines de aquel año realizó costeando el sector atlántico de la Isla Grande, el oficial de ejército Ramón Lista.

Popper era de origen judío e inicialmente encontró grandes detractores en sectores antisemitas, y en los escribas de la colonización ganadera, entre ellos Armando Braun Menéndez que lo llamó El dictador fueguino, en su libro Pequeña Historia Fueguina. Otros vinieron a sumar su empresa a la cosmovisión del Plan Andinia, en tanto que Boleslao Lewin –el gran biógrafo de Tupac Amarú- rescató su carácter industrialista frente a la ganadería feudal. Y el carácter nacionalizador frente al expansionismo chileno, destacando que fue el primero el llamar al mar de estas latitudes Mar Argentino.

Poper armó sus hombres y les dio uniformes de húsares para enfrentar a los oreros que sin autorización alguna operaban cruzando el límite internacional para aprovechar los placeres auríferos para los cuales él si estaba autorizado.  Inicialmente había hecho con ellos un desembarco espectacular en Punta Arenas, llegando a desfilar sus hombres uniformados el 18 de septiembre, fiesta patria de ese país.

Popper solo extrajo oro en territorio argentino, no se instaló en la parte chilena de la isla, fue resistido por sus conflicto con los pinquineros del vecino país, y objeto de puebladas a su paso por Punta Arenas.

Nunca tomó posesión  de la Tierra del Fuego, y menos para quien se menciona. Carmen Sylva era el pseudónimo de la reina de su país, y así bautizaría el río que hoy se llama Chico, y las serranías que se acerca a ella.

Su máquina de lavar oro se la conoció como Cosechadora, y fue oportunamente patentada en Buenos Aires, y usada en El Páramo, el espacio principal de su labor minera.

La producción no fue todo lo espectacular que hubiera deseado, y esto llevará al quiere de la empresa Lavaderos de Oro del Sur, que había formado con capitales privados en Buenos Aires. Entonces buscará otras inversiones: la creación de una Colonia Pastoril, con mano de obra nativa, y una empresa de descubrimiento en la Artátida, para la cual tenía comprado un barco en el momento de su temprana muerte.

Las monedas no llevaban su esfinge, sino una suerte de escudo y su valor. Las estampillas era la forma en la cual se pagaba a quien hacía de correo llevando correspondencia desde El Páramo, hasta la oficina más cercana, donde si era efectivamente franqueada.

Pesa en su contra las muertes producidas en un enfrentamiento con onas, donde tuvo la actitud presuntuosa de simular un enfrentamiento y mostrar los cuerpos de las víctimas. Ramón Lista, quien marchó al mismo tiempo con él recorriendo la costa fueguina, si protagonizó un duro enfrentamiento con los nativos, matando entre 26 y 28 de ellos: este trágico día de 1886 –un 25 de noviembre- si es recordado a modo de reivindicación a nuestros pueblos originarios como Día del Aborigen Fueguino, constituyendo una de las primeras leyes en momentos que llegó la provincialización de este nuestro espacio argentino.

En otro párrafo de ÚLTIMAS NOTICIAS DEL SUR, página 107, Sepúlveda ya está en Tierra del Fuego chilena describiendo el historial pionero de la cinematografía que guarda la capital de la Tierra del Fuego chilena. “Dos días más tarde antes de cruzar el estrecho de Magallanes visitamos el lugar donde Miguelo Littin filmaba Tierra del Fuego, una película en la que fui guionista, y en un descanso en el rodaje; salí a galopar por la llanura con mi amigo el actor cubano Jorge Perugoría, que interpretaba al aventurero Julius Popper en la historia”

Esta película tuve oportunidad de verla más de una vez, y hace años, en la emisión que hizo de la misma el canal de cable local. Un clima fantasioso acompañaba el desarrollo de la escena, y una actriz italiana –Ornella Muti- representaba a la prostituta amante del rumano,

Y pasó que en estos días falleció Miguel Littin, de quien tuve oportunidad de ver hace años, en el cine Select de La Plata su recordada El Chacal de Nahuel Toro, una callada película centrada en la vida de un criminal, cuyo caso había seguido en mi adolescencia por las emisiones de Radio Minería.

Veamos que nos recuerda wikipedia:

Tierra del Fuego es una película de 2000, dirigida por el director chileno Miguel Littín, grabada en Punta Arenas yTierra del Fuego, en la Zona Austral de Chile, y en GaliciaEspaña.3 Se estrenó en el mes de mayo en el Festival de Cannes de Francia,4 y su estreno nacional fue el 6 de julio del mismo año.3
La película está basada en la novela homónima de 1956 del escritor chileno Francisco Coloane, y en las crónicas del ingeniero judeo-rumano Julius Popper, nacionalizado argentino y uno de los principales gestores del genocidio selknam u ona, uno de los pueblos amerindios que habitaron el Archipiélago de Tierra del Fuego.8

La película es protagonizada por reconocidos actores de distintas nacionalidades, y la música fue compuesta por el grupo gallego Milladoiro y por el cantautor chileno Ángel Parra, hijo de Violeta Parra.

Ya al presentar el argumento se dice:
La película se contextualiza a fines del siglo XIX. Julius Popper (1857-1893) toma posesión de la Isla Grande de Tierra del Fuego en nombre de la reina de Rumania Isabel de Wied (apodada Carmen Sylva; 1843-1916). En su misión en búsqueda de oro, amparada bajo el lema «civilización o muerte»,3 es acompañado por aquella naturaleza desconocida por personajes de diversas nacionalidades, tales como Armenia, una bella, prostituta; Spiro, un aventurero italiano; Shaeffer, un alemán fiel a Popper; Novak, un austríaco que ejerce como general del grupo; y Silveira, un gallego intérprete de gaita.9


Ciertas veces en los escritos de los literatos la historia se zarandea hasta adquirir nuevas apariencias. Con el tema Popper ya lo vivió quien leyó su novela El corazón a contraluz.


Aflora, eso sí, como pregunta, si este será el único desliz histórico, o habrán otros ligados a otros puntos del itinerario a los que por falta de pertenencia no podemos identificar.

ARBOLES Y FLORES DE TIERRA DEL FUEGO

¡Tierra del Fuego! Tierra que debe su nombre a las columnas de humo de las fogatas indias que los españoles vieron alzarse a las alturas, desde las naves hispanas… Cuando la nombramos, la imaginación nos hace pensar en un paisaje desolado y blanquísimo, de hielos eternos, mares transparentes y solitarios y montañas donde no crece la hierba más humilde. Pero… ¡qué sorpresa nos llevamos al pisar aquella tierra encantada! La primavera también existe allí. Nuestra imaginación nos ha engañado. Si nos internamos en el territorio, alejándonos de las costas bajas, que baña el Atlántico, encontramos bosques de árboles siempre verdes, parecidos a los de los bosques de Canadá o de Australia. Algunas plantas florecen en pleno invierno, y, como nieva durante casi todo el año, es hermoso ver ese contraste de verdor y blancura.
En las costas atlánticas crecen algas gigantes. Para navegar en pequeñas embarcaciones, es necesario, a veces, asirse de aquellas algas, como si fueran cabos, y empujar la canoa o el bote. Los bosques muestran árboles raros y magníficos. Allí crece la hermosa magnolia que llaman canelo, de corteza aromática. Pero sobre todo, el roble y el coihué tienen en esos lugares su reinado. Los arbustos de las orillas se muestran retorcidos y deformes en su lucha contra los fuertes vientos. Pero, en cambio, en las cercanías de la cordillera de los Andes, los hermosos ejemplares de árboles alcanzan hasta veinte metros de altura, aunque las mismas especies, a más de cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, se empequeñecen hasta formar bosques enanos.
Aquí y allá se ven troncos caídos, que dificultan el paso. El hielo se ha introducido en las grietas de los árboles, y su expansión termina muchas veces por abatirlos. Las turberas ocupan los espacios libres. La naturaleza parece querer reparar los estragos del viento o el frío, y cubre de musgo los troncos o los entrelaza de guirnaldas verdes. Arbustos y plantas nos hacen pensar, por momentos, que nos encontramos en el trópico. Aquí nace el calafate, de cuyo fruto se hace dulce y vino. Allí se ve la hermosa flor de las cascadas, de rojo color, cuyas hojas se parecen a las de las frutillas. Más allá, junto a los verdes helechos y los hongos, se alzan unas hermosas flores blancas con pintas rosadas, semejantes a orquídeas y, entre apios, berros y frutillas silvestres, luce, hermosa, entre todas, la admirable violeta amarilla.





EVOCACIONES* Septiembre 11 de 1769. Poblar Tierra del Fuego.

Francisco de Paula Bucarelli, gobernador de Buenos Aires es instruido por la corona española para emprender el poblamiento efectivo del islario austral.

La medida vendría en resguardo de posibles asentamiento ingleses, avalados en las conductas de los mismos en el archipiélago de Malvinas.

No obstante el interés de las políticas desde San Ildefonso, todas estas ideas de procuración y ayuda tropezarán con la falta de recursos económicos y materiales para solventar empresas necesarias, pero alejada de las capacidad de organización del gobierno periférico de la colonización española en América del Sur.

Trámite que finalmente con se concretará durante la etapa colonial, y que demorará sus intentos hasta la séptima década del período independiente argentino. A más de un siglo de estos deseos.


RASTROS EN EL RÍO 1991.

La aparición del diario EL SUREÑO me trajo en Río Grande una interesante oferta laboral. Yo la reduje a lo posible en ese momento: publicar una serie de 72 artículos que años antes habían constituido el prólogo a un importante ciclo radial LOS GAJOS DE LA TIERRA.
No creí que el diario pudiera durar más, nos reímos con GONZÁLEZ y FAYANÁS cada vez que lo recordamos.
Lo que tenía que hacer era escribir una columna dominical.
Con los años la producción de ese año, más una cronología de eventos culturales fue convertida el libro. Hoy ese ejemplar está agotado y en este domingo pensé en que podría volver a publicar algunos de esos escritos, al menos los domingos, por si se mantiene el interés por nuestra mirada de entonces. Perdonen si me vuelvo autorreferencial, pero es por provecho ajeno.., alguien que venga y pregunte por algún tema en particular puede ser remitido a estas columnas que pasan a sí a tener estado público.



“Y fue con un primer censo que encontramos elementos de reflexión sobre la población colonizadora del antiguo Río Grande.”

El 10 de mayo de 1895 se realizó en la República Argentina el Segundo Censo de Población y Vivienda, que en Tierra del Fuego resultó ser el primero aplicado por las autoridades nacionales.

Creemos oportuno traer algunas cifras de aquella experiencia estos Rastros en el río, ya sea al ingresar en la anécdota o bien al sumirnos en la realidad social de aquellos días. El Territorio gobernado entonces por Pedro Godoy sumaba aquel año para el Departamento de San Sebastián un total de 73 habitantes, 17 casas, e inexistencia de familias.

Los datos -que hoy se insiste son reservados- nos sirven para configurar algunas referencias, teniendo en cuenta que no se atendió a censar a la población aborigen que no estaba reducida; aparecen nombres, edades y profesiones de aquel segmento de la isla que hoy es el Departamento de Río Grande.

Si atendemos a las nacionalidades diremos que aparecen 13 argentinos, a los que podemos agregar 6 cuyo lugar de nacimiento resulta Tierra del Fuego, hecho que puede atender a una cuestión de mestizaje o condición aborigen. Al final 19 connacionales sobre 73.

Los austríacos, que luego se llamarían yugoeslavos, llegan a sumar 16, todos hombres.

En realidad la presencia femenina es mínima, llegan a ser 8 las identificadas, cuatro de ellas religiosas más una niña de ocho años, lo que hace suponer que la vida galante estaba reducida a su mínima expresión.

Quince aborígenes son censados como procedentes de San Sebastián, en los informes de Ushuaia, sin saberse si estaban de paso, o los datos se tomaron mediante otro recurso.

La profesión del lugar y del momento era ser minero, los austríacos continuaban los derroteros y ambiciones de Popper. Seguían en interesante número de policías, en demasía para la población blanca existente lo que lleva a prefigurar en su accionar una presencia dirigida esencialmente a anteponerse a los aborígenes. Los trece policías bajo la jefatura de José Pezzoli, el Comisario censista, eran seis argentinos: dos de Santa Fe, tres de Buenos Aires y un cordobés, el primero, Vicente Castro que por entonces tenía 39 años de edad. Pero además de los argentinos se registran cuatro españoles, y un representante de cada uno de los siguientes países: Portugal, Italia y la República Oriental del Uruguay.
Los militares de aquel censo son cinco, es que se viene desempeñando en la zona la Comisión Demarcadora de Límites, bajo la jefatura de José Castro Sumbland, porteño, secundado por Carlos Backhausen, alemán de 48 años.

La ganadería que apunta a aparecer –todavía no se instalan estancias en la zona- está representada por tres ovejeros: un portugués Samuel Martínez, un inglés Jack Dicks, que en las crónicas de la Misión aparece con el apodo de Chale, y Andrés Beltrán, con ese apellido se lo sindica de nacionalidad escocesa. El único estanciero es un inglés, Normand Wodds de 25 años; años después su apellido aparecía ligado a la firma Waldron. Los Wood tenían su ámbito de acción del lado chileno, Estancia San Martín, donde su nombre aparece ligado a casos de matanzas de indígenas.

Desconocemos el propósito de su inclusión en nuestras estadísticas a no ser que fuera un habitué del medio argentino, porque la metodología no parece haberse basado en una encuesta realizada en un solo día, sino en la observación continua de la autoridad policial.

La Misión era uno de los establecimientos visibles, allí se registró al único sacerdote José Maria Beauvoir, italiano de 44 años; dos coadjutores Juan Ferrando y Antonio Bergese aparecerán como carpinteros, el tercero del oficio es un argentino Miguel Ipeconi.

Las religiosas son Rosa Mosobrio, italiana, Rosa Gutiérrez, chilena, y una joven de 15 años de nacionalidad desconocida: Maria Oyarzo.

Tres jornaleros formaban la fuerza laboral, uno de ellos es francés, en tanto que del lado de la peonada sólo aparece un sanjuanino de 26 años: Gregorio Morales.

El panadero del lugar –vaya a saber si venía con el oficio o lo desempeñó aquí- era un paraguayo Juan de la Cruz Franco. En tanto que en alarde de ciencia y técnica se nos daba la presencia del agrimensor Carlos Glade y del químico Bruno Ansörge.

La única costurera era Candelaria Arpi, chilena, moza sin edad definida, en tanto que otra de las damas de lugar Isabel Chamorro, es la madre de Marcos Chamorro, el más joven de los censados que tenía aquel 10 de mayo de 1895 sólo dos años.

Los más viejos serían Antonio Bergese de la Misión y Luis Botazzi, minero, eran los veteranos de cincuenta años.

No se registran en los datos de este censo apellidos que luego se hayan perpetuado en familias antiguas de la localidad. El hecho demográfico europeo no estaba garantizado aún. Los indígenas, ni siguiera incluidos, Sus mujeres, en el mestizaje forzado o inevitable, fueron pediendo identidad racial y nominativa. El celibato de algunos y el golondrinaje de otros no configuraban un afán de poblamiento que tanto tiempo tardaría en manifestarse.




De Patagonia a Tierra del Fuego El camino del chilote.

REPORT - Argentina, Viaje. La presentación de un escrito mio en Wall Street International Magazine, es compartida con los seguidores meridionales de estos espacios construidos para hacer crecer nuestra identidad sureña.

De Patagonia a Tierra del Fuego

”Y ellos llegaron para ganar un mundo, sabiendo lo mucho que estaban perdiendo”.
La América Meridional muestra tres importantes archipiélagos: en el Atlántico el de Malvinas, en el Pacífico el de Chiloé, y en la conjunción de los dos océanos uno que se configura en torno a la Isla Grande de Tierra del Fuego.
A la hora del poblamiento blanco los tres interactuaron para dar lugar a una economía confluyente con la egemonía británica de esa hora: la ganadería ovina.
De modo particular la Isla Grande de Chiloé fue tributaria de la Patagonia –dividida entre Chile y Argentina- para proporcionar sus excedentes poblacionales que se constituyeron en el sustrato trabajador de la región.
Un tipo mestizo –fusión de antiguos linajes españoles que resistieron a la idependencia y los nativos del lugar, gente de mar- llegó hasta la Tierra del Fuego para incorporarse a las tareas rurales, y luego por extensión –cuando se dio la posibilidad de traer familia- hicieron crecer los pueblos.
Hasta no hace mucho tiempo la población de origen chilote (*) era el núcleo fundamental de la clase obrera. En el caso del norte fueguino –costa atlántica desde donde escribimos- esta situación recién se entró a revertir por los años 70, cuando un conflicto por la posesión de tres islas en el Canal de Beagle casi enfrentó a Chile y Argentina, países que nunca estuvieron en guerra.
Desde Buenos Aires se estimuló el poblamiento del sur con connacionales, mientras que en Chile se experimentaba los efectos de las políticas de Pinochet.
Luego de un conjunto de desplazados políticos y sociales, que se sucedieron al golpe de estado de 1973, ya disminuyó la migración chilena al sur argentino. Migrante se volvía a la vez para la dictadura argentina –concretada en 1976- como sospechoso de un detestable izquierdismo.
Pero los chilotes que habían hecho patria en este sur no volvían a su lugar de origen. Y en ellos y sus hijos comenzó a crecer la mística de lo que fue su epopeya poblacional.
La que hoy podemos enunciar con el siguiente título:
EL CAMINO DEL CHILOTE.
Nuestra población rural es, predominantemente, de origen chileno, y si un lugar fue generoso éste se llama archipiélago de Chiloé. Con anterioridad a ellos la peonada rural era europea, pero al llegar la Gran Guerra partieron gran parte de ellos a cumplir con sus banderas no regresando todos al fin de la contienda. Su lugar fue ocupado por el chilote en gran medida y, en segundo orden, por los hijos de yugoeslavos, muchos de estos últimos iniciando el despoblamiento de Porvenir –sobre el Estrecho de Magallanes- al descender a oficios más humildes que los alcanzados por los padres o, las mujeres, al formar su matrimonio con residentes en el norte fueguino argentino.
Pero nuestras conclusiones abarcarán la vida del obrero rural de origen chileno, fundamentalmente el chilote, y para eso dibujaos el camino que, como una constante, aparece en el relato de tantos que hicieron a nuestro pueblo.
a) Se partía del pueblo natal con cierto agobio económico en un barco que los obligaba a atravesar el Golfo de Penas, con no pocos infortunios marineros, se encontraba en Punta Arenas un nudo distributivo de las oportunidades laborales que en gran medida terminaba alojándolos en el campo argentino. El viaje se hacía con el hacinamiento propio de la tercera clase y/o la bodega.
b) Porvenir los invitaba a llegar hasta las estancias de nuestra zona. A veces se daba algún intento de probar suerte en los grandes establecimientos de la Explotadora. Un vehículo de correo los acercaba hasta el mismo Río Grande, no faltando los casos en que la travesía se hacía de a caballo –con algún animalito prestado por algún paisano- o simplemente caminando, eludiendo en estos casos el paso fronterizo de San Sebastián, para acortar camino, o simplemente –más cuando estábamos entre menores de edad- evitar la presentación de documentos que la policía exigía solamente en el paso. El camino entonces era más al Sur ingresando por el Río Chico. Un poncho era casi todo el equipaje; en cualquier estancia, a la que se llegara de pasajero, había techo y comida.
c) Esto ocurría en septiembre.
d) Muy pocos acudían a un pariente o paisano para que les haga de gestor laboral. Llegar al pueblo significaba casi siempre pagar pensión y no se traía presupuesto para ello. Entonces, la inmediata presentación en las estancias posibilitaba el empleo, y la inmediata manutención por cuenta del empleador. Los administradores de las grandes estancias esperaban primero la llegada de la gente conocida y competente que emplearan en años anteriores; sólo a falta de ellos o por una emergencia de días que a veces resultaba definitiva, el novato conseguía empleo. En las estancias chicas la circunstancia era distinta, los sueldos también y con ello la incertidumbre para algunos que corrieron la suerte de no encontrar el mejor patrón.
e) Así nacía el ayudante de cocina, el campañista, el peón, el ovejero, el ayudante de alambrado, el carnicero, el puestero, el chofer... En el campo se aprendía de todo.
f) Cada mes de mayo –comienzo del invierno austral- representaba la paralización de las actividades rurales hasta que llegara la primavera, entonces se regresaba –ahora con algo más de dinero- por barco hasta Punta Arenas, o cómodamente en un correo terrestre hasta Porvenir. No todos seguían hasta su Chiloé, pelechaban en invierno en Punta Arenas con la fuerte moneda argentina que en muchos casos recién cobraban en bancos de esa plaza y algunos disfrutaban recién, y por algunos días, por todos los sinsabores de la incesante tarea rural antes experimentada. Muy pocos tenían la oportunidad de seguir en la estancia durante el invierno, ese mérito se conseguía con los años. Casi nadie encontraba motivos inmediatos para quedarse en Río Grande, muy pocos se aventuraban al norte argentino, o a la costa. Tal vez aquellos que querían eludir el servicio militar en su país, y esperaban con el tiempo alguna amnistía.
g) Con los años estaba quien se hacía de cierto capitalito y, más que nada, de un empleo seguro; entonces llegaba el momento de volver a Chiloé a buscar mujer y no se demoraba mucho en el trámite. Es que nuestro chilote ya volvía vestido de argentino: bombacha y botas, campera de cuero y pañuelo al cuello y firme del lado del tirador. La paisana debía ser “de un solo pueblo”, casi siempre más joven, a veces una niña y se partía, en muchos casos, con el consentimiento del patrón para recibirla en tareas afines a la cocina, o en desempeños calificados como “el matrimonio” donde se prestaba trabajo en la “casa grande”.
h) Si no era así, la flamante esposa debía quedar en el pueblo, en pensión o en casa de algún conocido que ya se había independizado de las tareas rurales. A veces se la dejaba en Porvenir o en Punta Arenas en igual situación, pero más que nada por que un hijo venía en camino y así nacía en la patria... o bien con una atención médica que acá todavía no se prodigaba.
i) Al crecer los hijos, vivir en el pueblo era ya un imperativo. Algunos se volvían bolicheros, otros se esmeraban en algún oficio: carpintero, mecánico o se empleaban en los caminos, el frigorífico, la esquila, el puerto y el caponero, es decir: asegurarse un fuerte ingreso en cierta época del año y aguantar el resto.
j) La casa era el gran paso. Precaria pero propia, el terreno también lo era. Las grandes extensiones de aquellos días permitían al industrioso generar la quinta y el gallinero, otra fuente de supervivencia. Los que llegaron a tiempo encontraron en el gobernador Ernesto Campos el gran benefactor, el que le dio tierras a todo el mundo. La minga prosperaba a veces, donde también se recibía la ayuda de los paisanos a cambio de una comida en el patio; entre los evangélicos la solidaridad fue mucho más notoria.
k) Los hijos del chilote crecieron argentinos sin abandonar buena parte de las costumbres de su mayores con una dependencia, en muchos aspectos, de esa ecúmene de nuestro desarrollo que fue Punta Arenas, más que el Chiloé de origen. Allá había quedado un tiempo de privaciones, muchos parientes fueron llegando alentados por el feliz destino de esta tierra y los pocos que quedaron pudieron vivir mejor con lo poco que tenían.
l) La gran mayoría de los chilotes que he entrevistado se han naturalizado, reconocen que todo lo que tienen se lo deben esta tierra. No parecen haber tenido conflictos sociales con nadie, pese a que durante muchos años el argentino –el funcionario más que nada- los miró con recelos impuestos desde su norte de origen.
m) Será por eso que muchos de ellos evitan decir que son “chilotes”, calificativo que ha sido utilizado despectivamente por los mismos chilenos y que en tantos casos es fácilmente olvidado por sus hijos. Un buen día de estos, llegado un 20 de Junio, vistiendo el uniforme argentino juraba ante la nueva bandera de la familia. El Trauco y el Caleuche pasaron a ser voces humorísticas, las comidas tradicionales un culto que quedó solamente en manos de las abuelas... Las hijas miraban con buenos ojos a un recién llegado y así, algún colimbita del interior, o algún empleadito porteño, misturaba su indiosincracia con lo que quedaba de una familia de Quinchao.
n) La gran mayoría de nuestros chilotes recuerda lo difícil que era vivir sin agua, luz ni gas; el susto en el terremoto del ’49 que les hizo recordar tragedias propias, la gran nevada del ’54, el surgimiento del petróleo, el bote cruzando el río y los aviones que daban más de un susto, lo rápido que crecieron los hijos y lo difícil que les resultó –por instrucción y privilegios- competir con cierta gente venida “más ahora”, lo absurdos de ciertos odios sembrados durante algunos gobiernos impopulares, o en algunas campañas electorales... y uno que otro encontronazo con la policía cuando ésta quiso participar de una fiesta.
o) Fueron llenando los cementerios de Río Grande, simplemente por que dieron su vida a esta nueva tierra, y casi todos coincidieron que no hizo falta más que trabajo para llegar a ser felices...

(*) El término chilote, que empleamos para identificar a la población llegada del archipiélago de Chiloé, no es plenamente aceptado. En el mismo Chile es objeto de denigración, y en Argentina es utilizada de la misma manera, englobando a los nacidos en esas islas como los chilenos en su conjunto. Así aparece un verbo: chilotear. Descalificación dirigida a los habitantes de Chiloé ejercida desde otros lugares de Chile, y desde Argentina englobando a todos los chilenos. Durante un tiempo ellos mismos negaba su identidad nominal, hablaban de que en realidad se llamarían chiloenses, o formaban asociaciones bajo el pomposo nombre de “Hijos de Chiloé”, pero chilotes nunca. Caso del Centro Social de Hijos de Chiloé fundado el 25 de julio de 1943 en Porvenir – Tierra del Fuego chilena. Al decir del Profesor Mario Palma Godoy la chilotización penetra en las familias de ese origen, y los hijos se convierte a veces –como para eludir discriminaciones- en los mayores chiloteadores.
Publicado: Martes, 13 Agosto 2013
Autor: Mingo Gutierrez

La reconstrucción, un film de Juan Taratuto.



Mientras esperamos el momento de poder verla aquí la película filmada en 2012 sobre escenario fueguinos congrega una seria de críticas que creemos importante agrupar, para conocimiento de nuestros lectores, en momentos en que la han visto mucha más gente de la que suele ver cine en nuestra isla.

Lo antecede esta sinopsis, sobre el contenido de la obra:

En La reconstrucción Eduardo es un obsesivo y eficiente trabajador en la industria del petróleo, desconectado de cualquier tipo de emoción. Parece haber archivado su historia en uno de los cuartos de la casa que habita en Río Grande. Su solitaria rutina se ve alterada cuando es convocado a trasladarse hasta Ushuaia por unos pocos días. El viaje y el reencuentro con un viejo amigo y su familia lo ponen a prueba y hacen que algo en él se ponga en movimiento permitiéndole reconstruir su pasado, su presente y quizá su futuro.




Y así viene lo que se dice de ella:

01.- escribiendocine.com

Juan Taratuto y Diego Peretti vuelven a trabajar juntos en esta nueva producción que, sorpresivamente, no es una comedia. En La reconstrucción (2013) el director parece dar un giro hacia un estilo diferente, más cercano al drama. Su alejamiento de las convenciones del género cómico es auspicioso, si bien todavía parece estar en la búsqueda de su propia voz narrativa en esta nueva faceta.

02.- genteBA.com.ar
“La Reconstrucción superó los 50 mil espectadores”.
A días de su estreno, "La Reconstrucción", la nueva película de Juan Taratuto, con las actuaciones de Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero, llegó a los 53 mil espectadores.
Luego de éxitos como; "Un novio para mi mujer" (2008); "¿Quién dice que es fácil?" (2007); "No sos vos, soy yo" (2004),  "La Reconstrucción", dirigida por Juan Taratuto y protagonizada por Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero llegó a los 53 mil espectadores con 42 copias en todo el país.

"La Reconstrucción", la nueva película de Juan Taratuto protagonizada por Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero , es una producción de Concreto Films, Cinear y Telefe.

Concreto Films es una productora creada en 2009 por Juan Taratuto y Dolores Llosas. ¨La Reconstrucción¨, es el puntapié inicial en la producción de largometrajes que augura una prolifera actividad con proyectos ya confirmados

03.- clarin.com

Si bien La reconstrucción marcó un cambio de rumbo en el registro cinematográfico del director Juan Taratuto, para Claudia Fontán también fue un desafío pasar de la comedia al drama: lejos de sus graciosas “chicas” de televisión, en la película estrenada la semana pasada transita con naturalidad por lo dramático, con más silencios que palabras, con emociones profundas matizadas por el dolor. En la historia filmada en la Patagonia, Andrea es la esposa de Mario (Alfredo Casero, en la foto), matrimonio que cobija a Eduardo (Diego Peretti) en su viaje interior por su propia reconstrucción . Para Fontán, de gran trabajo en el filme, “es una buena coincidencia estar en una tira familiar haciendo un disparate y, al mismo tiempo, mostrar otra faceta”.

04.- lacapitalmdp.com

"La reconstrucción es una película para buscarse y reconocerse"

Juan Taratuto espera que el público se identifique "con todo lo que propone la historia". El filme es protagonizado por Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero y fue rodado en Ushuaia.
El cineasta Juan Taratuto, quien dirigió la película recién estrenada "La reconstrucción", aseguró que se trata de un filme "para buscarse y reconocerse", y espera que el público se identifique "con todo lo que propone la historia".
"La gente va al cine a buscarse, reconocerse e identificarse y esta es una película que lo permite, lo plantea y lo propone", afirmó el director en diálogo con la agencia DyN, y sostuvo que, como sus filmes anteriores, este transita "el tema del amor, porque es una historia de relaciones humanas".
Taratuto se manifestó "ilusionado" en tener una buena respuesta" de asistencia y agregó que "más allá de la cantidad de gente que vea la película" espera que la producción "encuentre su público".
"La reconstrucción", de Taratuto, es protagonizada por Diego Peretti, Claudia Fontán y Alfredo Casero, y fue filmada en varias locaciones de la ciudad de Ushuaia.
- ¿Cómo se gestó la película?
- Esta película nació de la sensación que uno quiere transmitir que, aunque no aparecen como ideas aún acabadas o concretas, ya que sólo aparecen imágenes y situaciones, es una sensación, y mi trabajo es lograr que esa sensación esté en el guión y en la película.
- ¿Cuándo surgió la idea de "La reconstrucción"?
- Fue en 2005, pero me puse a trabajar una primera versión del guión en 2008, después hice "Ciega a citas", publicidad y lo dejé un poco de lado en 2009. Al año siguiente lo reescribí para filmarlo en 2012, bueno, en el medio, otra versión del guión y producción.
- ¿Es su primer drama en cine?
- Habla un poco de lo mismo que las otras películas, en el sentido que es una historia de relaciones humanas, una historia de lo cotidiano con respuestas más alegres o más tristes, pero la comedia es un género maravilloso. La idea fue profundizar en los personajes, me divertí filmando y esta fue una experiencia muy interesante.
- ¿En qué lugar de su carrera ubica este filme?
- Esta película es la consecuencia lógica de las otras, mi primer filme lo hice hace diez años en los que han pasado muchas cosas y las fui reflejando, fui evolucionando y las películas me han acompañando.
- ¿Cómo se construyó el personaje de Peretti?
- El rigor gestual es mérito de Diego, porque yo tenía en mi cabeza un personaje distinto, más irascible, explosivo y contestatario. Diego, quien colaboró con el guión, me planteó otro tipo de personaje que en principio fue raro, pero después entendí que era lo mejor para la película.
- ¿Qué expectativas tiene para este filme?
- Confío mucho en la película y estoy ilusionado porque la gente va al cine a buscarse, reconocerse e identificarse, y esta película lo permite, lo plantea y lo propone, y más allá de la cantidad de gente que la vea espero que encuentre su público y que se identifique con todo lo que propone la historia.
Aislamiento
Por otro lado, Taratuto destacó "la sensación de aislamiento que viven los personajes" del filme "La reconstrucción", ya que se rodó íntegramente en la ciudad de Ushuaia.
Taratuto, autor del guión y director de "La reconstrucción", "No sos vos, soy yo" y "Un novio para mi mujer", comentó a DyN que en esa ciudad del sur del país "uno puede aislarse seis semanas y olvidarse del mundo".
"Es la sensación de estar una semana sin meter la mano en el bolsillo para pagar algo", dijo el director, y explicó que "es porque estás del hotel al rodaje y volver, es una atmósfera muy especial".
Asimismo, Taratuto manifestó que "es la pérdida de contacto con toda la cotidianeidad, todo apunta a la concentración, es una burbuja donde 25 o 30 personas laburan en un proyecto, es muy seductora una situación así".

05.- cinesargentinos.com.ar

 

Lo que hay que señalar a priori de este estreno es que puede perturbar un poco en lo sentimental. Si el espectador es de lágrima fácil seguramente va a llorar, pero eso no es lo mas remarcable si nos referimos a lo que el film puede producir porque de hecho es lo de menos. La reconstrucción nos llevará hacia una sensación desoladora por un lento camino y si bien nos va avisando desde el principio no hay nada que se pueda hacer para evitarlo.
Las buenas películas causan eso, y el último trabajo de Juan Taratuto no se queda atrás en su filmografía a pesar de haber cambiado de género.
El realizador se la jugó al salir de su cómodo (y exitoso) lugar como generador de comedias para encarar una historia difícil en lo narrativo. Cambió los desopilantes monólogos de sus verborrágicos personajes por silencios prolongados en espacios contemplativos.
También hay que señalar que cuesta un poco adaptarse al ritmo del film, incluso en los primeros minutos uno puede llegar a pensar que se está aburriendo, pero ni bien el espectador se mete de lleno en la historia es imposible no engancharse con el personaje de Peretti y su reconstrucción personal.
Taratuto fue muy inteligente al elegir la Patagonia para rodar. El salir de las grandes ciudades y espacios que estamos acostumbrados a ver le imprimen identidad a la película y complementa a la perfección lo que se quiere transmitir: tristeza y abandono para luego llegar a la esperanza.
Al protagonista principal lo acompaña una excelente Claudia Fontán, cuyo personaje dan ganas de abrazar y consolar. Las mejores escenas de la película suceden cuando ella está en la pantalla. Sin dudas debe ser uno de los mejores papeles que interpretó.
Alfredo Casero vuelve a demostrar una vez más que también puede laburar en dramas y sus momentos complementan muy bien para darle forma y consolidación a un elenco bien asistido por las actrices que hacen de sus hijas.

La película es dura y eso no puede negarse, no es para decir “Andá a verla porque vas a pasar un buen rato” porque nos alejaríamos de la realidad a no ser que por “buen rato” nos estemos refiriendo a buen cine. Si ese es el caso, no hay que dudar en ir a ver La reconstrucción para admirar como una película puede desatar varias sensaciones. Crítica de Matías Lértora



06.- clavenoticias.com.ar

“Una película oscura y melancólica”.

Eduardo es un hombre huraño, taciturno, que se abandono como si la vida no le importara. Trabaja en una planta petrolífera del sur de nuestro país. Se tomara sus vacaciones yendo, no de muy buena gana, a ayudar a Mario, un antiguo amigo, con su negocio de merchandising en Ushuaia mientras es internado para, aparentemente, hacerse unos estudios. Cuando Eduardo llegue se encontrara con Mario, la mujer y las dos hijas adolescentes. Una circunstancia inesperada le hará comenzar a replantearse para que fue allí, si fue casualidad o el destino y como hacer para seguir con su vida pasada, presente y futura.
Juan Taratuto se aleja de la comedia para adentrarse en una película dramática, con personajes oscuros y luminosos por igual, haciendo que, por el guión, la luz también pareciera que se fuera oscureciendo. Un film melancólico La actuación de Diego Peretti en el papel protagónico es el que lleva adelante una película que por momentos se vuelve densa. Claudia Fontan en un papel sumamente dramático realiza un personaje que resalta más por su actuación que por lo que marca el guión. “La reconstrucción” es un film del que se esperaba mucho más, pero que sin embargo vale la pena ver. Crítica de Daniel Garabal





Los habitantes de la Tierra del Fuego en el Jardín de Aclimatación.


Conocida es la relación aquella de los aborígenes fueguinos que eran exhibidos como animales en Europa. La situación ampliamente criticada desde la perspectiva de los derechos humanos no alarmaba a buena parte de los contemporáneos a estos hechos, que veían en ello una interesante recreación y una forma de hacer ciencia.

A tal fin una lectura descriptiva:

Los habitantes de la Tierra del Fuego en el Jardín de Aclimatación.

Por Girad de Bialle.

(Traducido de la “Revue Scientifique de la France el de l’Étrangers” para los “Anales del Ateneo”)

En el número de los pueblos, o bien dicho, de los grupos humanos colocados en los últimos grados de la escala de la civilización, pueden ser contados sin injusticia a su respecto los habitantes del archipiélago situado en el extremo Sud del Continente Americano, entre el estrecho de Magallanes y el temible océano que azota al Cabo de Hornos con sus olas formidables, -o sean los indígenas de la Tierra del Fuego, nombre que e á a aquel archipiélago. Se losa ha llamado Fueguinos porque su patria es designada igualmente con el nombre de Tierra del Fuego por los hispanoamericanos de Chile y del Plata. –Bougainville, en el siglo último, en su bello viaje alrededor del mundo, les llamó Pécheres, “porque, dice, fue esta la primera palabra que pronunciaron al “acercársenos y que sin cesar repetían”. En realidad, estos desgraciados salvajes, cuyo lenguaje no se conoce, y que parecen no haber llegado al estado social caracterizado por la constitución de la tribu, no tienen denominación étnica, y desaparecerán (no pasan del número de 300, según se asegura) sin haber tenido jamás, ni aún en forma más rudimentaria, una existencia nacional. Llamémoslos, pues, fueguinos, cono se hace de ordinario, y pasemos al examen de sus caracteres etnológicos.

Lo que primero llama la atención del observador, en presencia de los fueguinos del Jardín de Aclimatación, en el aspecto sud-americano, -permítasenos la frase.-de su fisonomía general.-Cualquiera que haya considerado con alguna atención los tipos andinos, sean en si mismos o en fotografías, no podrá dejar de reconocer la sorprendente semejanza que hay entre los fueguinos y los Quichuas del Perú o los Aimaras de Bolivia. –Parece, pues, indudable, que los unos y los otos provienen de un tronco común; -pero, mientras que los Quichuas y los Aimarás, colocados en mejores condiciones de desenvolvimiento social, o enérgicamente impulsados adelante por una influencia civilizadora extraña y desconocida, llegaron a a un grado de cultura bastante elevado, los antepasados de los fueguinos permanecieron en su estado casi primitivo. –Expulsados por algún misterioso acontecimiento de la comarca más próspera que debió ser su morada originaria; arrojados sin duda bajo el clima inhospitalario de la triste y estéril Tierra del Fuego por las razas nómadas, belicosas y atrevidas de las Pampas sud-americanas, por los Patagones, por ejemplo, que son todavía hoy sus opresores hereditarios, aquellos infortunados indígenas experimentaron una especie de degeneración, convirtiéndose en los salvajes miserables y abyectos que hemos tenido ocasión de conocer.

En su estado actual y tales como los vemos en el Jardín de Aclimatación, los fueguinos están lejos de figurar con ventaja en la lucha por la existencia. Bajo el punto de vista sociológico, como lo hemos dicho más arriba, no se reúnen en tribus; forman solo algunas pequeñas aglomeraciones de individuos que cazan y pescan juntos, pero que no están unidos por ningún vínculo social. Los once indígenas que han sido exhibidos en París, forman uno de aquellos grupos, y su conductor asegura que el hombre de más edad que los otros que se encuentra entre ellos, no es un jefe y que no se puede saber si las mujeres que hacen parte de la banda, son las esposas de estos o aquellos, o si viven todos en completa promiscuidad. Se ignora igualmente la filiación paterna de los niños o mas o menos edad, que figuran en el grupo. Es el más fuerte, naturalmente, que están sometidas las mujeres, convertidas así en sus esclavas. Son para ellas los trabajos más penosos; llevar las cargas, buscar las conchas de molusco, recoger las bayas y los hongos, mantener al fuego, remar en las piraguas o ir a nado- bajo el frío y la lluvia, a agotar, el agua que se ha acumulado en las mismas (Bougainville, Viaje alrededor del mundo).

Cuando se trató de fotografiar al grupo del Jardín de Aclimatación, los preparativos de la operación y el aspecto del objetivo, les causaron un verdadero terror, que fue difícil disipar. El más aciano de los hombres del grupo, el que ejerce sobre él una especie de autoridad bastante vago no consintió en sentarse sino colocado detrás de las mujeres, con las cuales se hacía así una muralla contra el peligro que sospechaba pedía existir en el aparato fotográfico. En fin, cuando las fueguinas son viejas y el hambre acosa cruelmente a aquellos tristes indígenas, se las mata para comerlas, al paso que se economizan y conservan los perros, porque estos animales sirven para coger las nutrias, y las mujeres viejas no sirven de nada, como lo decía con una ingenuidad feroz, el joven interrogado por M.Low;-“El joven contó en seguida la manera como se procede para matarlas. Se las tiene sobre el humo hasta que estén sofocadas, y describiendo este suplicio, imitaba riendo los gritos de las víctimas o indicaba las partes del cuerpo que se consideraban como las mujeres”. –(Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo.)

Se afirma que una de las mujeres del grupo del Jardín de Aclimatación roía una tibia humana en el momento en que ella y sus compañeros fueron encontrados por la tripulación del buque que los ha transportado a Europa. Malquiera que sea la veracidad de este último detalle, los fueguinos no deben ser considerados como caníbales inveterados. Si ciertos casos de antropofagia se manifiestan ente ellos, es sólo cuando el hambre los acosa demasiado rudamente, y matan a uno de entre ellos para comerlo sino en circunstancias análogas a aquellas en que europeos sitiados o náufragos han sólido hacer otro tanto. En la Tierra del Fuego no pasa nada semejante a esas grandes hecatombes humanas, a esos banquetes espantosamente refinados en que los naturales de las islas de Fidji se regalan con la carne de sus esclavos y de sus prisioneros, preparada de cien modos diversos para halagar su sensualidad, su glotonería; -nada de semejante tampoco a esas expediciones de los Nyam-Nyams y de los Monbutus del centro del África, que, a pesar de poseer numerosos rebaños y campos fértiles y bien cultivados, van a atacar las poblaciones de sus vecinos, vociferando como grito de guerra: “¡Carne! ¡Carne!”.

El fondo de la alimentación de los fueguinos es de los más miserable: el país lúgubre que habitan, húmedo y frío, produce pocos vegetales comestible: cierta yerba amarga cuya flor se asemeja a la de nuestros tulipanes (P.Nyel, cartas edificantes, 1705), la baya de un arbusto enano y un hongo parásito de la haya (Darwin): he ah{i todo lo que una tierra ingrata les ofrece. Bajo aquel clima en que la temperatura varia solamente entre +19 y -1 centígrados, según Darwin, es indispensable sus alimentación más fuerte y sustancial, y es al mar donde los fueguinos van a buscarla. Aquellos indígenas son esencialmente ictiófagos; el pescado hace sus delicias, y cuando lo comen, lo que no le es fácil, puesto que no tienen redes y las líneas de pescar que poseen son lo más rudimentario que puede concebirse, no se toman á menudo el trabajo de hacerlo cocer: lo comen crudo y casi vivo aún. (Wallis).

Pero, para ellos, la buena, la excelente, la maravillosa fortuna llega cuando alguna ballena muerta viene a encallar en la costa; entonces, la banda dichosa que tiene la suerte de hacer este descubrimiento, se arroja sobre aquella masa de carne, la devora, se harta ávidamente de ella, olvidando en ese festín de carne, putrefacta la mayor parte de las veces, las angustias de un hambre que por lo general nunca es aplacado. Sin embargo, los fueguinos, se asegura, tienen la previsión de hacer reservas para los malos tiempos; entierran en la arena grandes pedazos de ballena, y en tiempo de escasez vuelven a buscar aquel alimento desagradable, en estado absoluto de descomposición. Pero no tienen con frecuencia buenas fortunas semejantes, y el alimento cotidiano de aquellos indígenas consiste principalmente en moluscos. Los del Jardín de Aclimatación pasan el tiempo en comer almejas que se los distribuyen con abundancia; las esparcen sobre las cenizas calientes de su hogar, y una vez que se abren, rompen el molusco. Como todos los comederos de mariscos de concha, tienen los diente gastados desde temprana edad, como lo prueban las mandíbulas de los adolescentes y de la joven del grupo que hemos examinado. Cazan también la nutria, la foca, el perro marino, y en las regiones vecinas de la Patagonia, la vicuña o guanaco; pero, a pesar de su destreza en el tiro del arco, la escasez de esos animales no les permite contar mucho con tales cacerías para variar y, sobre todo, fortificar su alimentación.

De los citados mamíferos es que sacan los elementos de sus trajes, muy simples por cierto. Lo mejor vestidos son los que pueden disponer de pieles de guanaco. Este es el caso de los del Jardín de Aclimatación, que se envuelven en sus capas de cuero, poniendo el pelo una vez para dentro y otras para afuera. Pero en la Tierra del Fuego los hay más miserables, que no tienen para cubrirse en aquel país lluvioso y donde nieva con frecuenta, más que una pequeña piel de nutria que se ponen sobre las espaldas y con la que abrigan la parte de su cuerpo más espuesta al lado de donde viene el viento. A pesar de esta lamentable pobreza, los fueguinos tienen el gusto del adorno: -sin hablar de la alegría experimentada por los del Jardín de Aclimatación al adornarse con cintas de color brillante y con bujerías de vidrio dadas por los visitantes, diremos que entre ellos, en su país, ni bien la práctica de picarse y pintarse el cuerpo no está muy desarrollada, sin embargo, goza de bastante estimación la costumbre de embadurnarse de negro, de blanco y de rojo. Se fabrican collares y brazaletes de plumas, de barbas de ballena y de conchas.

En cambio, el arte de la construcción permanece, por decirlo así, ignorado en la Tierra del Fuego. Las habitaciones de los indígenas, a pesar de la rudeza del clima, no son ni siquiera chozas, sino solamente cunas de follage orientadas de modo que la parte menos mal cerrada se halle contra el viento, se encienda el fuego en la abertura, y se amontonan allí mezclados los indígenas, apretándose los unos contra los otros par asentir menos lo efectos del fríos. –Los fueguinos no son, por otra parte, sedentarios; vagan famélicos a lo largo de las costas, buscando sin cesar un lugar rico en pescado o en moluscos que abandonan después de haberlo agotado. En sus migraciones, navegan más que lo que caminan y es rarísimo que osen aventurarse a cruzar el mar inclemente de aquellas regiones, en las pobres embarcaciones de que están provistos. Para tener una idea de ellas, figurémonos unas largas y malas piraguas de corteza de árbol, cuyos pedazos están unidos y como cosidos con juncos, trozos de madera torcidos en semi-círculos hacen las veces de cuadernas y mantienen en lo posible la forma grosera de la embarcación, cuyas junturas están calafateadas con musgo y arcilla. En el medio de la piragua, sobre un lecho de guijarros y de arena húmeda, arde el fuego, que cada banda fueguina se guarda bien de nunca dejar apagar y que transporte cuidadosamente con ella o que alimenta, como lo hace la del Jardín de Aclimatación, en un gran tronco que lentamente se consume.

No puede decirse que esos salvajes ignoren el arte de hacer fuego, pero en su patria brumosa y fría, la extinción del hogar es una verdadera calamidad, pues la dificultad de volver a encenderlo es grande a causa de no mostrarse frecuentemente madera no mojada, ni hojas secas.

El gran viajero Cook cuenta que los fueguinos emplean para producir el fuego, el método de percusión, en vez del de frotamiento, que es el usado por los salvajes de los climas cálidos. Golpean dos piedras sobre un montón un montón de musgo seco o sobre una pulgada de plumas muy finas que guardan para este fin y que les sirven, así, de yesca. Es, según parece, más bien a frecuencia de las hogueras encendidas así por los indígenas a lo largo de las costas de su archipiélago, que a la existencia de volcanes, a lo que se debe que aquella comarca haya sido llamada Tierra del Fuego por los primeros navegantes que la visitaron.

El mobiliario de los fueguinos no es más perfecto que su traje; se compone de algunas canastas ligeramente tejidas de juncos, que sirven para llevar a sus conchas y sus hongos; de vasos de corteza cosida como sus piraguas y de sus armas y útiles. En materia de armas, poseen hondas, así como arcos bastante cortos y de una considerable curvatura, de los que se sirven con mucha destreza; sus flechas, conservadas en sacos de piel de foca, están provistas de puntas de vidrio de botellas que obtienen de los marineros europeos y que arreglan hábilmente por medio de pequeños golpes y de numerosos recortes, según un procedimiento más o menos análogo al que los arqueólogos que se ocupan de las épocas pre-históricas llaman “solutréen”. Este arte de la talla del vidrio en punta de flecha parece no ser reciente entre los fueguinos; no es, en verdad, más que la aplicación a una materia nueva de un procedimiento empleado para labrar la obsidiana, que es una especie de vidrio natural producido por la acción volcánica, aún en actividad en Tierra del Fuego. Es igualmente con puntas de vidrio o de obsidiana, con lo que arman ciertos pedazos cortos de madera con un puño, y que casi pueden llamarse puñales. Como el hombre cuaternario, el fueguino emplea siempre los huesos de los animales en la fabricación de instrumentos; es así que tienen cuchillos de hueso que nos hacen el efecto de raspaderas para la preparación de los cueros, y arpones de dos o tres metros, cuyas largas y barbadas puntas son también de hueso.

A pesar de su salvajismo y de la posesión de un cierto número de armas, aquellos indígenas pasan por seres de una gran mansedumbre; si libran algún combate entre ellos, es bien raramente y entre dos bandas que usurpen su territorio respectivo. Los del Jardín de Aclimatación son muy dóciles y no causan ningún trabajo por indisciplina. Hablan poco y en un tono muy dulce y muy bajo, sin mover casi los labios, pues las palabras son apenas articuladas en la laringe y en la parte posterior de la boca. Su inclinación a la imitación ha sido señalada por todos los viajeros y nosotros hemos podido observarla en el Jardín de Aclimatación: no lejos del recinto donde los fueguinos estaban acampados, se encuentra el gran estanque de los cisnes y de los patos; un cisne de los llamados trompetas se puso a lanzar gritos que parecían un toque de clarín, sin que nosotros diésemos al hecho ninguna importancia, cuando de repente el mismo sonido se dejó oír a nuestro lado: era uno de los indígenas, que tranquilamente, sin moverse, sin salir de su posición acurrucada, se entretenía en imitar al cisne.

Un detalle característico de su estado de inferioridad es su manera de beber. En vez de llevar el vaso lleno de agua a sus labios y hacer pasar el líquido por la garganta, se inclinan sobre el cubo y aspiran lamiendo el contenido. Hemos visto a una de las mujeres madres, del grupo del Jardín de Aclimatación, conservan en la boca el agua así absorbida, y, para hacer beber a su hijo echársela en la de éste.

El espectáculo que no han ofrecido estos indígenas es, pues de los más instructivos. La población parisiense ha podido estudiar directamente, al natural, al hombre primitivo, y hacerse así una idea de lo que fueron los primeros pasos de la humanidad (1). –pues como hemos dicho más arriba y como lo habíamos ya escrito anteriormente (Los ueblos del África y de la América, pág. 134), “pocos pueblos nos representan mejor que los fueguinos lo que debieron ser los hombres cuaternarios”.

(1) Mr. Abel Hovelacque acaban justamente de dar a luz un libro en el que, siguiendo el método inaugurado por Sir John Lubbock, trata de reconstruir el estado del hombre primitivo antiguo, por medio de los datos suministrados por el estudio del “hombre primitivo contemporáneo”.

Aunque no podamos adherirnos a ciertas teorías de M. Hovelacque, que no parecen tener un carácter demasiado absoluto, no por eso dejaremos de recomendar ese libro (Les debuts de l’humanité), que contiene, respecto de lo que queda de salvajes verdaderamente salvajes en nuestro globo, detalles de los más interesantes, y noticias tan completas como es posible darlas.

Proyectos de ayer, de hoy y de siempre.

Los fueguinos en términos generales no sabemos mucho del quehacer petrolero. Es una actividad no visible, alejada de los medios urbanos en que nos confinamos. Con variables económicas condicionadas por su productividad, como es el caso de las regalías petroleras, destinadas en la gran mayoría de los casos a gastos, más que inversiones por parte de los administradores de la cosa pública.

Se nos llegó a decir, no hace mucho, que deficiencias en la provisión de gas de consumo obedecían a las huelgas santacruceñas que no inyectaban gas a nuestra isla por el “General San Martín”, ignorando que el mismo –al igual que este nuevo “Segundo cruce”- fue construido para sacar gas.., no para traer.

Hoy por hoy la realidad de esta obra, sumadas a las ventajas impositivas que reaniman el sector fabril, muestran un cuadro auspicioso para el trabajo privado en la isla, mientras el sector estatal provincial acumula, y prolifera en rezongos.

Cuando el negocio es rentable los inversores aparecen solos.

Cuando el negocio tiene sus condicionantes, casi siempre debe el erario poner lo suyo, que nunca es poco.

Lo que hace unos días fue un Cordón Cuneta, en 1981 era una noticia auspiciosa de pronta concreción.

La producción de metanol a rivalizar con la producción chilena en Cabo Negro se vería frustrada por el escenario desarrollado a partir de la guerra de Malvinas, al año siguiente de la nota.

El estado argentino se constituiría en el tiempo en el único país que entrego si petróleo sin haber perdido una guerra, ¿o no?

Ya en días de Menem, aunque el canceló su participación, fuimos testigos en hito II del momento en que el gas fueguino comenzó a alimentar el complejo petroquímico magallánico.


Cabo Negro con los años fue visita por el Gobernador Colazo, sin que se dibujara de este acercamiento ninguna política a beneficiarnos. Después vinieron las acciones de la reciente administración nacional, y el gas argentino que queda en el país.

Pero avancemos sobre lo que nos proponemos: transcribir la nota periodística publicada en Correo del Sur, diario de Río Gallegos el 21 de Diciembre de 1981: el futuro parecía estar ahí.

Concrétase en Río Grande una Planta Productora de Metanol.

Tal como lo adelantara como primicia Correo del Sur en su edición del 15 de noviembre último, estaría por concretarse la instalación de una planta industrial que elaborará diariamente dos mil toneladas de metanol químico, a partir de gas.

Efectivamente, el Banco Morgan Grenfell & Co. Limited de Londres, ha acordado un crédito de 360 millones de dólares estadounidense a Petroquímica Austral S.A., empresa constituida con capitales argentinos para la instalación de dicha planta.

El complejo químico-industrial estaría instalada en proximidades de la Bahía San Sebastián o de Río Grande, ya que en ambas partes existe abundancia de gas natural y la cercanía con el mar para facilitar los embarques ya que el producto elaborado se destinará casi exclusivamente para la expedición (SIC). La exportación de este producto implicará un ingreso de divisas del orden los 120 millones de dólares anuales.

El Proyecto

El índice de producción, como decíamos será de 2000 toneladas diarias de metanol o alcohol metílico, a partir de gas natural que será realizado por la empresa Davy Mc Kee, optándose pro el proceso ICI de baja presión. Este proceso ya se encuentra debidamente experimentado por varias plantas existentes en el mundo. Y es de gran de gran rendimiento.

Davy Mc Kee ha desarrollado dos sistemas, uno es convencional de construcción en el lugar, y el otro está constituido por módulos, son todas las unidades de servicios anexos.

De este segundo sistema se puede construir cuatro módulos en el exterior y otros dos se pueden construir en el país. Las partes que se pueden construir por la industria nacional implica más de un 50% de la obra total. Cuando se concrete definitivamente la instalación de la planta se procederá a la elección del método a emplearse.

El metanol o alcohol metílico.

Es por todos conocido la gran riqueza gasífera, tanto terrestre como marina de la Isla de Tierra del Fuego. Es por ello, que se ha optado en la transformación del gas natural en metanol, por cuanto este producto químico tiene gran cantidad de usos en diversos mercados como por ejemplo el petroquímico para la fabricación de resinas, adhesivos, pinturas, fármacos, poliésteres, herbicidas e insecticidas. Como aditivo y reemplazante del tetraetilo de plomo, se utiliza el metanoles mezcla con el isobutileno, que agregado a la nafta aumenta el volumen y el octanaje evitando así la contaminación del medio ambiente, como las emanaciones de plomo. También tiene utilización como combustible en dos formas; sola, para turbinas y mezclada con nafta (alconafta) para motores comunes a explosión.
Es evidente que la instalación de esta planta petroquímica será de gran valor para la economía tanto para la nacional como para la regonal, como lo anunció en su oportunidad “Correo del Sur”.

Marido por horas 2, se las sabe.


“ De las observaciones y estudios que he hecho en Río Grande puedo afirmar que entre mujeres mayores de 21 años –duda un momento- de 21 años en adelante: siete de cada diez mujeres viven solas”.
Mi interlocutor se afana en las tareas para las cuales ha sido contratado, y por un momento escucha si desde la casa alguien puede estar atendiendo a nuestro diálogo, entonces yo le comento: -“De 21 años hasta la muerte”. Y el ya retoma la conversación:
-“Después de los 80 ellas lo viven todo diferente, siempre hay alguien, o una institución que se ocupa más directamente de los ancianos, y se pierde esa gran necesidad de pareja que nos altera a edades tempranas”.
Pero eso era tema de otra conversación, de otro estudio, y al fin de cuenta lo nuestro era una charla en la vereda en días de fiesta donde todos estábamos sumamente apurados.
“De esas diez mujeres que viven solas, hay cinco que han tenido un hijo de soltera!. Y después me aclara que el hijo puede ser legitimado o no por sucesivas parejas, pero allí no maneja estadísticas. El tema la cierra mientras termina de limpiar la vereda de los efectos de la poda, que es la tarea para la cual ha sido contratado: -“¡Y una de cada diez no sabe quien es el padre de su hijo!”.

-“¿Uniones ocasionales?”.
-“Pactos de silencio”.
-“Promiscuidad, abundancia de relaciones en un momento feliz o desesperado de la vida”.

-“¿Y de los hombres Marido, que podemos decir”?
-“Tres de cada diez viven solos. Uno de esos tres es homosexual...”- un auto tuneado pasa con su estruendosa música, lo que exige al Marido repetir su comentario: “Uno de esos tres es homosexual, pero medio… es decir, uno de cada dos homosexuales se atreve a reconocer su condición. ¡No lo puede exteriorizar!!”

El Marido es un gran lector, un gran conversador y un gran observador. Sus conceptos sobre el matrimonio gay, tema en el cual en Tierra del Fuego viene hablando todo el mundo; son tolerantes y moderados.

Pasa el tiempo hablando de estos temas. Nos despedimos hasta otro día. Mientras voy subiendo a mi auto, y el ya está acomodado sobre su bicicleta, me comenta: -“El 70% de las mujeres de más de 56 años no tienen sexo”. ¡Qué tema pensé para mis adentros!. “Y los motivos pueden ser religiosos…, la obesidad, la salud, la sociedad, los hijos…”

Mano en alto ambos: “¡Nos vemos!”