MECO ANDRADE. Al borde del misterio.



UNO

En aquellos años cuando esto era solo un pueblo y no gran ciudad que es ahora,  ocurrió algo totalmente insólito tendría que contar como era esa niña, pero me voy a limitar a solamete contar los hechos.

Un día cualquiera, lluvioso, voy como siempre al cine y nunca fue mi costumbre mirar hacia atrás, pero no sé porque esa noche lo hice y al mirar al gallinero -que así le decían a la parte alta del cine-, y veo a esta niña con varios amigos, cosa que me sorprendió , por ser esta una niña muy tímida y retraída. 

A la mañana siguiente por algunos vecinos me entero que Teresita -asi se llamaba-, había desaparecido. Se la busco por todo el lugar y no fue hallada.

Me entero que llego a la casa donde vivía con su abuelo , pero él la sintió levantarse a la media noche y fue hasta el baño que en esos años estaba afuera. El abuelo se durmió creyendo que todo estaba tranquilo, pero al despertar su niña no estaba,

Alarmado la busco por todo el patio y no apareció, hizo la denuncia a la policía , que buscaron hasta el cansancio y la dieron por desaparecida y a esa gente que estaba con ella en el cine dijeron que no sabían nada. esto fue muy raro e incomprensible y todo quedo así.

DOS

No sé si algunos memoriosos se van acordar de lo que pasó una noche en un bar.

Se encontraron cuatro amigos y entraron al bar, hasta que uno de ellos , envalentonado por el alcohol. les hizo una propuesta a sus amigos, que se encontraban en el mismo estado, y le dijo:
-!A que no se animan a ir al Cementerio pegar una vuelta y salir como si nada¡
-¡Bueno vamos!.- dijeron.

Entraron uno detrás del otro y empezaron a caminar contentos de lo que estaban logrando. Pero uno de ellos se quedó enganchado en un arbolito y de la misma impresión, quedo mudo y no pudo pedir ayuda a sus amigos, que ya iban saliendo.


Una vez afuera se dieron cuenta que Juan no estaba, entraron nuevamente y  lo encuentra muerto de un ataque al corazón. ¡Creo que nunca más se van olvidar de esta hazaña!

En la foto: Lectura pública de Meco, presentadora Marita Ojeda.

Del alambre a la trigonometría. Recuerdo que se entremezclaron sobre la pérdida de un amigo.



La reciente muerte de Alberto Chenú trajo a mi memoria una serie de circunstancias ligadas a mi vida, y al momento en que lo conocí.

Yo terminaba mi escuela secundaria y me destacaba en mi interés por las matemáticas. Todavía no sabía cuál sería mi futuro, la universidad era una palabra lejana, y como alumno aplicado que era sabía que mis conocimientos como Bachiller COP –con orientación pedagógica- no me habilitaba para ejercer la docencia, pero en algún empleo en la localidad, en tareas no muy complejas, no tardaría en aprender.

Por entonces tenía de profesor a Luis Carrizo, de oficio topógrafo, pero que brillaba más como locutor en Canal 13. Yo me enteré por el lado de mi padre, que trabajaba como encargado de depósito en Red Caminera –la empresa constructora del aeropuerto- donde carrizo hacía su tarea. Lo suyo era una aplicación concreta de la materia Trigonometría y Geometría del Espacio, que dictaba en el Instituto Don Bosco, y tenía como ayudante o asistente a Alberto Chenú.

A este Chenú lo tenía por visto en la Confitería Roca, donde ingresaba con porte ceremonial llevando la llave del auto en la misma mano donde habitualmente doblaba la campera. Casi siempre en la otra un cigarrillo encendido y si te acercabas a él –que elegía un lugar en la barra- notabas que estaba sumamente perfumado. De algún lado me llegó la noticia que era parte de una tragedia que se había dado por el año 1954 cuando sus padres se ahogaron mariscando en Cabo Peñas y quedaron esperándolos en la playa –donde estaban jugando- los tres hijitos: una nena, dos varones, uno de los cuales estudiaba para cura en el norte.

Alberto y Luís eran compañeros de trabajo en el Canal, donde Chenú era operador.

Un día Carrizo me pidió que me quedara a conversar al salir al recreo. Había suplantado aun ingeniero de Vialidad que se equivocaba con suma frecuencia cuando realizaba ciertas operaciones en el pizarrón, y me tenía a mí y otros dos o tres –en un grupo de ocho- para hacer lo las ecuaciones que nos mandaba la tabla de logaritmos.

El diálogo con el profesor (en la foto carnet) giró en torno a mi interés por la trigonometría, y era un invitación a ver cómo era el trabajo en el terreno. Cursábamos a la tarde y lo vería a la mañana.


Al informar en casa que tendría que levantarme temprano mi padre sugirió que fuera con el hasta el obrador, que funcionaba donde había estado un tiempo atrás la incendiada fábrica de parquet Futura, y que allí alguien me llevaría hasta el futuro campo de aviación. Yo le dije que no me levantaría tan temprano, y que iría directamente y cortando campo hasta mi destino. No me imaginaba yendo con mi padre en tramos largos, puesto que sabía que me era difícil seguirle el tranco, y tenía cierta vergüenza en el pedir; así que salí una hora después que él –tipo siete de la mañana- rumbo a mi cita de aprendizaje, en un día de primavera extrañamente sin viento y con sol.

En medio de ese encuentro luminoso, yo que por entonces tenía mejor vista, advertí que Chenú y Carrizo era las siluetas que se encontraban en medio de la nada. Por cuestiones de proximidad di con el ayudante. Que me saludó ceremoniosamente mientras sostenía un largo palo centimetrado, y comenzó luego a explicarme en qué consistía la tarea. Yo había ido con mi tabla de logaritmos y un cuaderno nuevo, una birome y un lápiz de carpintero para realizar las anotaciones que creyera convenientes. Chenú impostaba la voz para dar énfasis a algunas explicaciones, tratando a la vez de disimular cierta tartamudez que lo asaltaba. Eso de la tartamudez me habían dicho formó parte del susto que había tenido cuando quedaron toda una noche en la playa, cuando a los padres lo llevó la marea.


 Las tablas de logaritmos eran difíciles de conseguir, no había librerías en el pueblo y se tenía que conseguir de manos de algún antiguo alumno, la mía había pertenecido a Orlando Oyarzo, que comenzaba a ser secretario en el colegio después de haberse recibido allí como maestro, y estaba bien cuidada. El lápiz de carpintero formaba parte de las herramientas de mi padre, se solía colocárselo detrás de la oreja derecha, de la cual lo tomaba para hacer algunas anotaciones especiales. Yo era de oreja blanda, y el lápiz se caía, si lo colocaba tras la patilla de los anteojos se deslizaba en el andar, así que lo tenía metido en la espiral del cuaderno. En un momento me dijo Alberto si no tomaba nota de lo que él me decía, y yo que esperaba los dichos de mi profesor, al que consideraba palabra más autorizada, procedía a dibujar sobre las hojas cuadriculadas un dibujo o boceto de ayudante, con la lejana sombra del topógrafo allá a lo lejos.

En uno momento mi profesor hizo gestos para que me acercara, y Chenú me despidió con una efusividad como si no fuéramos a vernos nunca más. Con Carrizo se dieron otras explicaciones y luego me remitió a las anotaciones que hacía, en parte de las cuales llegue a intervenir como una suerte de secretario.

Le dije que tenía que volver a casa en un tiempo perentorio, para llegar a almorzar y luego ir a la escuela, entonces dijo que podría quedarme un tiempo más porque a esa hora encontraría quien me acercaría al pueblo.

Y eso de acercarme fue así, porque un camionero me dejó en el obrador, y allí si debí volver con mi padre: el a su tranco normal, y yo corriendo a su lado, porque mi padre me aventajaba en altura unos 25 centímetros. En el trayecto fui contando lo que había aprendido, y que tendría que ir unos días más para estar más en tareas.

A la segunda cita me pasaron a buscar “mis dos jefes” y de vuelta el regreso se dio por la vía del camionero. Cuando le conté a él lo que estaba haciendo, me dijo que tal vez me estaba preparando para reemplazarlo a Chenú, que estaba noviando y que tal vez pronto se iba a casar. Me dijo que la enamorada era una de las chicas Parún.

Yo no sabía bien cuál de ellas era, y creo que ya tenía a una por casada con uno de sus vecinos –los Parún y los Vukásovic ocupaban cada uno media cuadra sobre  Piedra Buena. Parún tenía una de las dos panaderías del pueblo, y las hijas eran dos muchachas fornidas de las que tenía conocimiento que llegaban al puerto, con su hermano Ivo como chofer, y mientras este esperaba en la cabina iban cargado sin mayor desmayo las bolsas de harina que llegaban para el comercio familiar. Ivo era objeto de cargadas por alguna de la muchachada portuaria y como los Parún también tenían aserradero también imaginaban a las mujeres arremagadas hachando árboles mientras el chofer controlaba la situación.

Uno se informaba ya a esa altura de la vida sobre lo que eran sus vecinos por los chimentos que en el pueblo se construían sobre estos y aquellos.

Mi experiencia sobre el manejo práctico de los trigonométrico llevo un tiempo más, yo estudiaba el lenguaje de estos hombres, e incorporaba algunos tecnicismos. Un día le pregunté a Carrizo lo que tendría que estudiar para ser como él, entonces me habló de cómo se enseñaba la topografía en el ámbito militar, pero como también era un estudio menor de la ingeniería que se daba en universidades. Al poco tiempo apareció con un libro guía donde aparecían además todas las carreras que se podían seguir en el país. La que me interesó duraban nada más que tres años en la Universidad Nacional de La Plata, una ciudad que no era Mar del Plata, y que quedaba no  tan lejos de la Capital Federal.

Allí dirigí mi correspondencia solicitando mayor información, pero a la vez incluí un segundo correo hacia la Escuela Superior de Periodismo donde también había una carrera corta que yo pensé podría cursar simultáneamente.

Al vuelta de correo llegaron las instrucciones, y con el tiempo tuve la oportunidad de pisar suelo platense con todas mis ilusiones.

¿Pero qué pasó con mis estudios de trigonometría?

Cuanta esperanza tenía mi padre en que pudiera realizar ese aprendizaje, era tema continuo en las sobremesas, él había trabajado por años como alambrado, y yo como Agrimensor entraría en una etapa superior de la tarea de medir la tierra: y me contaba reiteradamente una historia que yo sabía de cómo se había determinado al metro como unidad del sistema decimal, y que el mismo era la diez millononésima parte del cuadrante del globo terreste.

Y a modo alagador decía. ¡Cuando nos ha dado este país, de un padre alambrador un hijo topógrafo!

¿Pero que pasó con sus estudios de trigonometría? –Fue lo que me preguntó unos años después Alberto Chenú, con gesto ceremonioso, al encontrarnos en Radio Nacional, yo como locutor bisoño, el como veterano operador.







EVOCACIONES* El 4 de Febrero de 1889, a un día de la llegada salesiana en la goleta Fueguina, la Misión de San Rafael en Isla Dawson recibe a su primeros alakalufes.

Ya para entonces Fagnano había solicitado al Congreso Nacional argentino “como premio de mis trabajos, la cantidad de 30.000 hectáreas de terreno en la Tierra del Fuego, donde pienso establecerme para beneficio de los pobres indios, y no dudo, se me negará, pues se hizo una concesión hace dos años al señor Tomás Bridges de la misión protestante”.

¿Cuáles son los méritos por los que Fagnano solicita se premiado? Su participación en la zona del Río Negro en acciones evangelizadoras simultáneas a las militares, propias de la llamada Conquista del Desierto. 

¿Cuáles son las tierras con las que se benefició a Bridges? Las que integran la Estancia Harberton, patrimonio familiar que ya eran la primera estancia fueguina en territorio argentino.

De buscar imágenes para ilustrar esta referencia histórica encontré por un lado uno de los bustos que recuerdan a José Fagnano, en la intersección de la calle que lleva su nombre y la avenida San Martín, Y por otro lado un retrato del pastor anglicano, advirtiendo que no hay monumentos en la Tierra del Fuego que recuerden aquella presencia pionera que se gestó en torno de Ushuaia, al menos en torno a sus figuras más notables.


La Escultura del Mate, el Doctor Adrián Bitsch y LRA 24.

Quien ingrese a la Plata Transmisora de Radio Nacional Río Grande encontrará, mirando a la izquierda, sobre la pared que linda con la vecina estructura de energía una escultura que se remonta en su existencia a más de 16 años atrás.

La misma fue descubierta el 27 de agosto de 2004, con motivo de haberse cumplido el primero de mayo de aquel año las tres décadas de la difusión del programa Lavando Cebaduras.

El título completo de este espacio dedicado al hombre de campo de nuestro sur era en realidad “Lavando Cebaduras para intimar y conocernos”, inspirado en un verso del payador oriental Osiris Rodríguez Castillo, aquel poema que se iniciaba con esta prédica “No venga a trazarme el campo con ojos de forastero, porque no es como aparenta, sino como yo lo siento”,… para decir más adelante: “Si habré lavao Cebaduras para intimar y conocernos”.

Pero lo característico del ciclo era la cortina de Tarragó Ros, interprete de la Ranchera Mate Amargo de Rafael Rossi, con su verso que reinteraba un decir: “Que linda la rancherita, como llega al corazón, con su vibrar tan alegre revive la tradición. Y en esta fiesta tan linda, donde lo nuestro ilumina, gritemos con toda el alma: ¡Viva la Patria argentina”.

El mate era el elemento convocante de comunicación todos los días bien temprano por la mañana, de lunes a viernes, y algunas temporadas –las primeras- con una segunda emisión a la hora 18. Y decir bien temprano era en un tiempo a las 6, como para dejar liberado a los oyentes para que a las 7 se recibieran las ordenes de lo que hacer en los establecimientos rurales fueguinos.



En medio la música del sur, de cuyo y del litoral, intérpretes que rondaban en el disco como Rafael Rossi, Argentino Luna, Alberto Merlo, Víctor Velazquez, Los Hermanos Cuesta, Abel Larrosa Cuevas, con un repertorio que era también el requerido por los oyentes que escribían sus cartas –muchas de ellas desde distantes parajes de Santa Cruz- otras producto del acercamiento al Doctor que recorría en el verano todos los establecimientos rurales, donde la paisanada junto con estrecharle la mano, o convidarle un mate, le hacían entrega de sus cartitas –todas muy protocolares, aunque la caligrafía no fuera la mejor- solicitando pedidos y dedicatorias.

De por medio el espacio tenía sus temas característicos de conversación: las tradiciones camperas, algo de la historia argentina mirada desde la vida del gaucho, anuncios relacionados con la Fiesta del Ovejero, nacida en la inspiración de Bistch al tiempo mismo de la aparición del programa, preguntas y respuestas sobre saberes camperos –que tenían inicialmente de premio El Mate de Lavando Cebaduras, y más tarde otros objetos de interés para el oyente participante- y para el final, antes del momento con Luis Landriscina, las recomendaciones sobre los riesgos de una enfermedad: La hidatidosis, en la cual el Doctor Adrián empeñó su vida como profesional dando vida a la legislación territorial sobre Zooantroponosis, y el meritorio Cotezoa que luego desde Salud Pública provincial fue alejando –con prevención- los riesgos de este mal.


Esta labor que orientaba Bistch como empleado Nacional primero, y de Tierra del Fuego después, fue hecha para Radio Nacional en condición de colaborador, totalmente ad honorem.

En los primeros tiempos su locutor fue Rubén Bernardo Ramírez, quien le dio a al espacio su impronta radial, luego por unos años tuve la fortuna de acompañarlo…, en algún momento se quedó solo, y luego aparecieron el Doctor Fabián Zanini, Leiva y el “supernumerario”: Panchito Huineo.

El doctor Adrian Bitsch llega a la Tierra del Fuego de muchachito, él nacido en Río Gallegos, en circunstancia de desempeñarse su padre –Juan- como administrador de Estancia Ruby.., es alumno de la Escuela Agropecuaria de la Misión de Nuestra Señora de La Candelaria, completando estudios que luego debe continuar en el norte del país –dentro de la institución salesiana- y la Universidad Nacional de La Plata, donde obtuvo sus grados profesionales en Ciencias Veterinarias.

Pero esta presentación es solo un bosquejo que acompaña las fotografías que recuerdan aquel momento en el cual Bistsch, en edad jubilatoria, quería prestar un reconocimiento a la Radio que le posibilitó tantas cosas que formaban parte de su hacer por treinta años.

Si bien cuando uno pasa no deja de recordar al hombre, que fallecería como ciudadano ilustre en el 2010, es un reconocimiento de él hacia la institución que lo tuvo por parte.

Atrás del queda el hombre polifacético que gestó libros y publicaciones profesionales, revistas de divulgación histórica .en las que alentó la construcción del Templo de María Auxiliadora, con el COTEMA- dejando también como otra herencia de reconocimiento al trabajador rural –con impronta artística de la zona- un Monumento del Ovejero, cerca del cual ahora, el Municipio, piensa en emplazar con un mate monumental un recuerdo hacia su persona.

Tal vez se mantenga alguna conexión espiritual con esta otra escultura –forjada por Pachi- en día en los cuales estaba al frente de la Planta Transmisora de LRA 24 Pedro Barbera, y dirigía la emisora Daniel Garay.






Un nombre por una vaca.

A principios de enero de 1889 se tomaba noticia en Punta Arenas de  Conversión de 25 de  protestantes en Malvinas. La novedad formaba parte tal vez del capítulo inesperado de los propósitos misioneros de José Fagnano en su extensa Prefectura Apostólica.

Es que todos los intereses se centraban en salir del Punta Arenas al contacto de los nativos fueguinos, amedrentados por las primeras señales de la civilización.

Y para ello se contaba con la Isla Dawson donde se pensaba levantar una primera misión que sirviera para cobijar a los indígenas provenientes del territorio chileno.

El 2 de febrero de 1889 en medio de tareas de embarque se suscitó un incidente que tendría derivaciones nominales para nuestro Río Grande.

Fue cuando el padre Ferrero resultó atacado por una vaca que, evidentemente, no quería embarcarse fácilmente a su último destino salvando a apurar su carrera su integridad física, y tal vez su vida.

El religioso creyó ver en su salvación la intensección de la virgen en la festividad del día: de la Candelaria, Patrocinio de la madre de Jesús.

Pero Fagnano ya tenía comprometido el nombre de San Rafael para la fundación chilena, en homenaje al obispo de Ancud con el que esperaba mantener buenas y mejores relaciones.

Pero eso sí, comprometió el uso del nombre de La Candelaria, para la próxima fundación, que se pensaba erigir en territorio argentino.




FUE HACE JUSTO UN AÑO - FEBRERO DE 2016

Febrero 1. 27 grados en Río Grande.

Febrero 3 Tormenta eléctrica envía un rayo a un transformador de la Cooperativa a la altura del Cristo, dejando sin luz a un amplio sector de la ciudad.

En el Concejo Deliberante Alejandro Nogar es el nuevo presidente reemplazando a Van Der Thusen que venía formulando diversos cargos a la anterior administración del cuerpo, entre ellos duplicar la planta permanente. Rapidamente desde el FpV se procedió a expulsar a la concejal Mora que votó por la destitución del concejal del Partido Popular.

Falleció en Buenos Aires Jorge Daniel Amena (foto). El gobierno provincial dispuso dos días de duelo.

Febrero 4. Nuevo plan de austeridad en la provincia, alcanza reducción de horas extras, viáticos y adscripciones. Economía en el uso de energía.

En marcha la construcción del puente peatonal frente a la UTN.

Procesan a Amado Boudú y Nazareno Natale por dádivas. Ex vicepresidente y empresario padre del actual director de Vialidad Provincial, respectivamente.

Roban 20 mil pesos del supermercado chino de la Margen Sur.

Docentes del Instituto República Argentina sin cobrar sueldos de diciembre, por falta de aportes del gobierno provincial.

Febrero 5. Toma estado público que la ahora  concejal Mora fue promovida a planta permanente del sector archivo en la Municipalidad, en el mes de diciembre.

Reclamos de los PEL cortan Obligado a la altura de la delegación del Ministerio de Trabajo, que deja de atender al público.

Los cortes de ruta en Santa Cruz generan problemas para los que transitan hacia la Tierra del Fuego, y cierto desabastecimiento en algunos productos.

Declara el profesor de música Monchietti, acusado de abuso a alumnos de jardín, desmiente todas las acusaciones. Dice su abogado que puede haber sido un problema de interpretación del repertorio musical por él empleado.

Febrero 6. Natalia Celeste Riesco (14) se ahorca en su domicilio de la calle Los Sauces.

Febrero 10. Fallece Oscar Pato Muñoz.




Lucho Torres detenido en Punta Arenas por intentar comprar con dólares falsos, dijo haberlos obtenidos del banco TDF.

Muere Marcos Lino Miranda (24) aparentemente pro una ingesta toxica, se lo encuentra en su domicilio de la Margen Sur.

Febrero 11. 17 años de prisión a Mario Ángel Garrido Torres por ser autor penalmente responsable del delito de abuso sexual agravado, de una niña de doce años a la que embarazó. (Al decir de Darío Urruty ocurrió en el galpón de Renán Bilbao) … Dos años antes.

Nuevas autoridades navales: Comandante del BIM 5, Capitán de Fragata de IM Maximiliano Jesús Vega, quien reemplazó en el cargo al Capitán de Fragata de IM Edgardo Gabriel Terza; titular del Destacamento Naval Río Grande, Capitán de Corbeta de IM Christian Gabriel De Gregori, quien suplantó en este comando al también Capitán de Corbeta de IM Horacio Rodrigo Sánchez.


Febrero 12. Rosana Bertone en Río Grande. Visita Yaganes donde instalará sus oficinas y es abordada por ex agentes PEL. Luego recorre el HRRG y se reúne con los nuevos profesionales.

Febrero 13. En Comodoro Rivadavia fallece quien por muchos años fuera gerente de La Anónima: Mario Foglia.

Febrero 14. Va a indagatoria médicos del Sanatorio Fueguino por muerte de una niña ocurrida en 2013. Yoana Valentina Alarcón tenía tres años y se ven involucrados los pediatras Adriana Zóffoli y Elizabeth Mocsary.

Febrero 15. Apertura de sesiones del Concejo. Melella apunta al Centenario, Y resalta logros en áreas de salud y deporte.


Fallece Otilia del Carmen Triviño Vargas.


Fuertes vientos traen polvo de la lagura seca.

Carta de un pingüino.

Durante el verano de 1982 se instaló en Argentina la noticia de la industrialización de pinguinos generando reacciones adversas. Como resumen de todo aquello difundimos la carta escrita con el sentimientos de los posibles damnificados. Que fuera publicada en el semanrio EL FUEGINO. (*)

Señor Director:


Siglos antes de que Américo Vespucio vagabundera sin rumbo por el Atlántico Sur: antes que Magallanes descubriera el Estrecho que regalamos a los chilenos;  mucho antes que el pabellón nacional ondeara sobre las tierras, islas y mares australes, ya estábamos nosotros los pingüinos custodiando estas playas lejanas, ignotas, perdidas en las brumas de los tiempos.

Somos, en consecuencia, los antepasados remotos de la Nación. Ningún escritor serio, salvo Anatole France (lector quizá de Bougainville), ningún investigador, ni la benemérita Academia Nacional de la Historia, se ha ocupado de nosotros, ni reconocido nuestra preexistencia; nuestro indiscutible origen bíblico; nuestro heroico pasado y los abnegados servicios cumplidos como custodios insobornables de las fronteras marítimas, de una patria que aún estaba por nacer.

Con inconmovible fidelidad a nuestras desiertas costas, durante el dominio español y después de la Independencia, por espacio de siglos, los pingüinos soportamos a pie firme las excursiones de piratas, loberos, aventureros, contrabandistas, amotinados y depredadores de todas las banderas.

Por aquellas épocas de barbarie, nuestros antepasados fueron masacrados a garrotazo limpio, desplumados, triturados, hervidos, cocinados o destilados en viles calderos como aceite para las lámparas de la Europa civilizada. Con las plumas de nuestros despojos se forraron los abrigos de los grandes de la Historia. A la luz de nuestro aceite se escribieron las mejores obras de la literatura y de la música universal. Con nuestros huevos y polluelos se alimentaron los hambrientos exploradores antárticos; los náufragos desfallecientes, los colonizadores insaciables. Mansos, indefensos, sin garras ni dientes, sin embargo nos constituimos en centinelas voluntarios de los mares australes. Ninguna institución del Estado nos confirió títulos, grados, jerarquías, sueldos, sobresueldos, viáticos, jubilaciones o retiros. Jamás hemos sido una carga en el Presupuesto de la Nación. Quizá por eso se ignores nuestros méritos y nuestros servicios, de los cuales pueden dar testimonio los bravos navegantes como Sarmiento de Gamboa o el mismísimo Comandante Luís Piedra Buena, aquel intrépido soñador que nos predicaba la soberanía territorial con el ejemplo, grabando con un punzón los peñascos del Cabo de Hornos.

Nosotros fuimos sus amigos, confidentes y testigos de sus hazañas y penurias; y de las hazañas del Almirante Brown, de Hipólito Bouchard o del Alférez Sobral; cuando se navegaba a vela, sin auxilio de motores, sin radio, sin faros, balizas o helicópteros. A puro corazón, por los desolados mares antárticos.

Sabemos que los argentinos, por momentos suelen tornarse ingratos, olvidadizos, negligentes; pero otras veces, de pronto, son generosos, ejemplo de amor por la naturaleza. Sin embargo, justo es admitirlo, desde hace algunas décadas, gracias a sabias leyes de protección, que no muchos respetan, hemos vivido en paz, tranquilos y orgullosos de ser integrantes de una reserva faunística de primer orden; patrimonio natural reconocido y envidiado por el mundo entero.

Además, vivíamos dichosos de ser dignos habitantes de una República que a pesar de sus eclipses, nos defendía de los traficantes de aves, los cazadores sin alma, los turistas agresivos, los funcionarios indiferentes o los empresarios faunicidas. Como premio por nuestra honrosa trayectoria y pasados sacrificios, durante los veranos, la presencia de los niños visitando nuestras pingüineras nos llenaba de felicidad, porque ellos se parecen a nosotros en nuestra incurable inocencia de pueblo milenario.

Pero ahora, una sombra de horror se cierne sobre nuestras colonias a todo lo largo de las costas patagónicas. La autorización oficial de sacrificar 48.000 pingüinos al año para una industrialización pseudocientífica será un nuevo “HOLOCAUSTO”, del que seguramente no se ocuparán los canales de televisión, los escritores de best-sellers, ni las agencias notriciosas.

Sabemos que las cosas no andan bien para la economía del país; que la crisis es muy grave (los turistas que nos visitan hablan y hablan siempre de lo mismo, mientras cuentan sus monedas); que las riquezas renovables y no renovables, las de superficie, del subsuelo, de los ríos, lagunas, charcos y mares pueden ser la última reserva para pagar la de deuda exterior y cumplir con los jubilados. Pero nosotros no somos un recurso; ni siquiera un recurso extremo para reactivar la industria: somos el único pueblo bípedo emplumados, muy anteriores al pueblo argentino, en cuyos sentimientos de justicia, como hermanos mayores aun confiamos.

Si el país anda mal nosotros no tenemos la culpa; jamás hemos intervenido en política ni pertenecemos a partido alguno. Y aunque afirman que somos 1.600.000, nunca fimos empadronados ni tenemos libreta de enrolamiento. Somos seres sin voz, sin voto, y sin uniforme. Por lo tanto, nada tenemos que ver con la inflación, el desempleo, la deserción escolar o el costo de la vida.

Tampoco tenemos la culpa que en 1833 nos quitaran las Malvinas, donde aún estamos; ni hemos esperado el fallo británico ni la mediación papal para continuar, ininterrumpidamente, ocupando las islas e islotes del Atlántico Sur. Seguimos donde estábamos, luchando solos, si es preciso, por la soberanía nacional.

Por lo dicho, por nuestro remotísimo origen, por nuestros patrióticos servicios, como criaturas de Dios sobre la Tierra, nos consideramos habitantes del suelo argentino, con derecho a la vida y al respeto de los hombres, bajo el amparo de la Constitución y las leyes de la República. Somos el símbolo viviente de la Argentina Austral. Nuestra matanza oficializada será un crimen ecológico irreparable. Nada ni nadie lo justificará.

Un Pingüino del Sur.
Costas de la Patagonia.
Marzo de 1982.



 (*) El escriba fue Enrique Inda, que desde su militancia socialista llegó a dirigir el periódico LA VANGUARDIA. Escribió numerosas obras literarias y de indagación histórica sobre nuestro islario.