LECTURAS DE FIN DE SEMANA: El mito del sol y de la luna, escrito por Arnoldo Canclini.

Los onas se autodenominaban "selknam", hombre de a pie. Eran básicamente cazadores. Habitaron en nuestra  Isla Grande de la Tierra del Fuego. 

A comienzos del siglo XX, fueron sometidos a un exterminio por los estancieros dedicados a la crianza de ovejas, y la policía, avanzada del "estado civilizadorio", que completó el daño que generaron en ellos las enfermedades portadas por el colonizador. 

Algunos pocos lograron sobrevivir dando lugar a una descendencia mestiza, más de quinientos fueguinos que reivindican su origen.. 

Una obra clásica sobre los onas surgió del tesón del antropólogo austríaco Martín Gusinde quien, en la década de 1920, convivió con los onas y presenció su ritual fundamental, elhain. 

El 1966, murió Lola Keipja, la última hechicera. 



Sus cánticos de estirpe chamánica fueron grabados por la antropófaga  francesa Anne Chapman, autora también de un importante libro sobre este pueblo. 
 Aquí honramos a los antiguos fueguinos con el recuerdo del mito que narra los orígenes de lhain, el rito de iniciación, esencial de su cosmovisión... 

Hace mucho, mucho tiempo, Krren, el Sol, y Krah, la luna, vivían en la tierra de los onas. En esa época las mujeres dominaban a los varones, a quienes trataban como a sirvientes, obligándolos a cumplir con las tareas más bajas. Entonces eran ellos los encargados de cargar los bultos, cocinar, cuidar a los bebés o acarrear el agua hasta las chozas.En determinadas ocasiones las mujeres, dirigidas por Krah, se reunían en un amplio toldo para llevar a cabo una ceremonia secreta que se llamaba hain. El hain era una especie de fiesta donde las jovencitas eran proclamadas mujeres y donde la presencia de los varones estaba prohibida. Durante el rito, las participantes se reunían alrededor del fuego y se disfrazaban: se pintaban el cuerpo con arcilla roja y blanca y se cubrían de plumas. Los hombres, mientras tanto, escuchaban los gritos y no se atrevían a acercarse por miedo a contrariar a los espíritus convocados. Pero un día tres hombres jóvenes, osados y curiosos llamados Sit, Kehke y Chechu se resolvieron a espiar a las mujeres durante el hain. Querían saber qué pasaba en la choza prohibida y develar el secreto del poder femenino. Los tres hombres se fueron acercando con sigilo, mirando atentamente a su alrededor y ocultándose cuando les parecía necesario. Al llegar junto al toldo y atisbar por entre las junturas de los cueros se dieron cuenta de la gran verdad: los temidos espíritus no eran más que sus propias mujeres, a quienes reconocieron una por una. Lleno de rabia, Sit lanzó un fuerte silbido de aviso, y todos los hombres corrieron hacia la choza donde se desarrollaba el hain provistos de piedras y palos. Todos juntos se lanzaron contra las mujeres y las golpearon hasta matarlas.
Rápidamente Krah apagó el fuego sagrado y quiso organizar la defensa, pero Krren la enfrentó, furioso por el engaño. Enceguecido, le dio fuertes golpes en la cara y la derribó sobre las brasas de la hoguera. Su enojo era tan grande que mató a su propia hija, la hermosa Tamtam. Hijas, madres, hermanas, esposas fueron ultimadas, todas menos las niñas que todavía no hablan llegado a la edad del hain. Cuando los hombres se calmaron, contemplaron desolados los despojos. Comprendieron que no podrían seguir viviendo allí y decidieron marcharse. Hombres, niños y niñas pequeñas se dirigieron hacia el Este, muy lejos, más allá de los mares, donde el mundo se acaba. Y allí se quedaron durante mucho tiempo, llorando a sus mujeres muertas y su soledad. Sólo cuando las niñas se convirtieron en jovencitas los hombres decidieron volver a su tierra para repoblarla y comenzar de nuevo. Pero la vida de los onas nunca volvió a ser la misma. Desde ese momento Krren y los hombres dispusieron que el hain fuera una ceremonia secreta de la que sólo ellos participaran. Y dominaron el mundo mientras las mujeres, privadas de la protección de Krah, fueron sometidas para siempre. Después de la derrota, Krah, desesperada de dolor y humillación, se sumergió en el mar, nadó hasta el horizonte y desde allí subió al cielo, que sería desde entonces su nueva morada. Estaba furiosa con Krren, con los hombres y con todos los espíritus masculinos, pero también se sentía ufana de ser la única que había salvado la vida. El Sol fue tras ella, burlándose de su cara manchada por los moretones y las quemaduras, pero no pudo ni podrá alcanzarla jamás. La gran persecución se repite todos los meses. Krah asoma poco a poco su rostro dolorido y se muestra por completo, clara y redonda, pero cuando divisa a Krren y comprende que él sigue dispuesto a maltratarla, comienza a esconderse hasta desaparecer. La Luna es rencorosa, recuerda siempre el tiempo en que era reina y señora y no perdona a los onas, que ayudaron a Krren a destronarla. Por eso envía desgracias a la Tierra y se lleva a los niños cuando las madres se descuidan. Los onas le tienen mucho miedo, no se alejan de sus toldos por las noches, no se unen con sus mujeres en luna llena y convocan a los hechiceros para que, con sus cantos, destruyan el influjo de Krah. Muchas veces la maldicen levantando sus puños hacia el cielo, ordenándole que se vaya y deje de enviarles tormentas y enfermedades. Ella, como si obedeciera, desaparece por unos días, pero luego, burlonamente, vuelve a asomarse. Una vez cada tanto, Krah no adelgaza sino que empieza a ponerse oscura y permanece así, como tiznada por el odio. Entonces los onas siguen el mandato de sus hechiceros y resisten ensimismados, rogando todos juntos para que pasen pronto las horas angustiosas del eclipse.

EL doctor ARNOLDO CANCLINI escritor de raigambre histórica, cristiana y fueguina es una de las pérdidas de este año 2014. Su visión morigerada de los relatos nativos adquirió gran difusión en ámbitos escolares.

TRÍPTICA NACIONAL. HISTORIA. 21 EL PRIMER GRAN ENFRENTAMIENTO CON BRASIL




En 1750, las coronas de España y Portugal firmaron un tratado de
límites después de un largo período de conflictos y guerras por sus
posesiones coloniales.

El nuevo tratado implicaba, entre otras cosas, la cesión a Portugal de un territorio ocupado por siete reducciones jesuítico-guaraníes, a cambio de Colonia del Sacramento.

El espacio cedido a Portugal, al este del río Uruguay, significaba el reconocimiento, por parte de la Corona española, de la expansión territorial que los lusitanos habían iniciado, contraviniendo los límites virtuales establecidos por el Tratado de Tordesillas.

A cambio, España obtenía la plaza de Colonia y el uso privativo del Río de la Plata con el fin de desarticular el contrabando liderado por portugueses e ingleses.

Para concretar la permuta de tierras, Fernando VI ordenó el traslado de la población de las siete misiones guaraníes implicadas y la fundación de nuevos asentamientos dentro de los dominios españoles.

En un primer momento, aunque el desconcierto reinó en los pueblos, los caciques aceptaron, en su mayoría, iniciar el traslado hacia el margen occidental del Uruguay. Pero como consecuencia de las dificultades del traslado y de los múltiples rumores que corrían sobre su destino y el de sus tierras, regresaron a sus reducciones y, armados, impidieron la entrada al territorio misionero de los comisionados y demarcadores enviados por las Coronas ibéricas.

El episodio de resistencia armada, encabezado por los caciques de las misiones, desencadenó la reacción de las autoridades coloniales.

El gobernador de Buenos Aires José de Andonaegui exhortó a las autoridades de las reducciones a cumplir con las órdenes del traslado.

La intimación no tuvo el efecto esperado sino que, por el contrario, reforzó el espíritu de oposición originado en los pueblos. En consecuencia, Andonaegui envió una amenaza de guerra a las reducciones cuando los guaraníes ya estaban dispuestos a defender sus tierras con las armas.

De forma inmediata, siguiendo instrucciones reales, el gobernador preparó una campaña bélica contra aquellos. Por su parte, los guaraníes, apelando a su experiencia militar previa como milicias del rey, se organizaron para la guerra.

Entre los años 1754 y 1756, los pueblos de ambas bandas del río Uruguay, conducidos por sus caciques y líderes, se enfrentaron a las fuerzas españolas, aliadas a las de sus históricos rivales, los portugueses.

¿Se imaginan cual pudo ser el resultado?


En el día de la restauración de la Democracia.


Esta fecha tan prodiga en recordar a Raúl Alfonsín encerró una serie de cambios que significó darle un lugar a los representantes del pueblo en el manejo de la cosa pública.

En el plano local la asunción de los cinco concejales elegidos al imperio del decreto ley 2191/51, prologó el juramento del intendente electo: Esteban Chiquito Martínez.

En acto tuvo lugar en el Salón de Usos Múltiples del Hotel Los Yaganes.


En la imagen se puede ver junto a quien escribe a los dos representantes radicales: Marta Mondino y Enzo Filosa, el representante por la Agrupación Vecinal Osvaldo Raúl Pagano, y mi par justicialista Sergio Barrientos.

Presidía la ceremonia Pagano por ser el concejal de mayor edad, en tanto que mi juventud me colocó en la función de secretario.

Filosa era un empresario de la construcción que con el tiempo se dedicaría al rubro computación. Italiano de origen -le llamaban el Tano- reemplazo a Roberto Campanalla que nunca llegó a asumir porque aceptó la oferta de Trejo Noel para ser su ministro de Gobierno. Los años le darían a Filosa una extensa carrera política, siendo varias veces secretario municipal, y ministro provincial; situación que se atenuaría recién luego de una conversión religiosa en un tiempo cercano al de su inesperada muerte.

Marta Mondino llegó a Río Grande ejerciendo su profesión de odontóloga, pero tras terminar el breve mandado de dos años que comprendía la función de edil, ya no volvería al consultorio sino que ganaría espacio y prestigio en el terreno educativo; situación que la acompañaría hasta su muerte. Marta había nacido en Suecia en un destino diplomático de su padre.

Pagano había sido gerente del Banco Hipotecario Nacional y en los primeros tiempos del proceso secretario de Gobierno municipal, chaqueño de origen, se dedicó al comercio encontrando su lugar en Bochi y Fajardo y mas tarde Casa Triax. Retirado de la vida fueguina se radicó en Salta hasta su muerte.

Sergio Barrientos era el único fueguino del grupo -había nacido en Porvenir y era argentino naturalizado, cumplió funciones de concejal temporariamente en el período democrático anterior, hasta que renunció para ser Director de Rentas. El golpe lo tuvo a mal traer y se las rebuscó haciendo contabilidades para pequeños comercios. Con el retorno a la democracia sería el presidente del cuerpo por todo el tiempo que duró su mandato. Luego acompañaría a Martínez en su segunda gestión ocupando la Secretaría de Finanzas. Al jubilarse se radicó en la provincia de Mendoza, donde falleció en el 2013.


Mabel Jacobs fue la secretaria del cuerpo, elegida por acuerdo de los integrantes, terminado nuestro mandato siguió en el Concejo durante muchos años, como empleada de plata ocupándose del registro de las sesiones, siendo un calificado testigo de los vivido en las primeras décadas de labor deliberativa.

Y finalmente estoy yo, el edil sobreviviente. Antes de del 83 era docente en el secundario del pueblo y supervisor en LRA 24, pedí licencia en la primera tarea y continué ejerciendo mi labor periodística junto a la de representante justicialista del pueblo de Río Grande.

Me presenté en varias internas todas perdidas, y por un año acompañé a Chiquito, en la Dirección de Cultura Municipal.

Los recuerdos se intensifican pero yo quería incluir hoy leves enunciados en reivindicación del cuerpo plural del Concejo, y de la tarea de mayor importancia comunitaria que ejercí durante mi vida.

EL RÍO.11. Trastadas, engaños y chanchullos.

Tenía otras historias pensadas para ilustrar este reencuentro, pero sobre la marcha, algunos damnificados me fueron relatando las situaciones que complotaron contra su felicidad en el momento de hacer pié en nuestra querida isla.

Por eso postergué mi primer caldo de cultivo, y armé con lo que me venían contando en este verano, una suerte de ropa vieja de angustias y desesperaciones.

Pedro Gamma.
Articulista regional.




Vestir al desnudo

Llegó de la mesopotamia, desabrigado. Le habían contado de un lugar lejano de nombre extraño donde se podía comenzar de nuevo, y juntando lo poco que tenía, y vendiendo lo que constituía su heredad, en la mitad de tomó por primera vez un avión. Después supo que no quedaría cerca del lugar donde lo habían contratado: había que andar mucho hasta llegar al aserradero donde podría hacer las cosas que había aprendido desde joven, aunque ya no estuviera en la selva. Y así conoció el Lago.

Alguien con un poco más de experiencia fueguina se le hizo su amigo, y con el bajaron a Río Grande con el primer cheque. El hombre quería divertirse y lo llevaron donde le escurrieron el sueldo entre caricias. Había pensado al menos en comprarse ropa, para devolver esos trapos viejos que el amigo les había prestado, y que el aceptó –ineludiblemente- porque eran más abrigados que los suyos.

Pero lo cosa no podía seguir así. El amigo había girado religiosamente la mayor parte de su sueldo a su familia, y el lo había halagado con las primeras copas. Después no se acordaba de mucho más.

Ya en el camino de regreso al Lago –habían pagado al taxista el recorrido previamente- se juró sentar cabeza al próximo mes. Y fue para entonces cuando se quedó y le recomendó al amigo que le comprara ropa adecuada, en una tienda de la que todos hablaban. El amigo era de un mismo porte, y volvió después de un fin de semana con todo lo encargado, vistiendo de pies a cabeza. Pero no era ropa de trabajo, era como para presumir. Y ambos convinieron que debería seguir con la ropa restada un mes más, y después la emparejarían... después de todo todavía no llegaba el invierno.

Cuando se dio la nueva salida el amigo lo convención en que el podía hacerle las compras, y así en no se iba a tentar en vicios. Y más aun, le pidió la ropa nueva, que estaba sin estrenar, así en la tienda iban a ver que lo productos eran de ellos y probablemente –por ser tan buen cliente- todo le iba a salir un poco más barato.

Estuvo esperando su regreso el lunes, pero no apareció. Para el miércoles que estaba muy inquieto, pasó a enterase que amigo había pedido las cuentas porque se volvía para sus pagos.

Entre amigas, entre hermanas.

En la pensión podía hacerse de muchas amigas, pero se conformaba con que fueran buenas compañeras. Que no se estorbaran una a otras, que respetaran los horarios de descanso. Que no se entrometieran en los efectos personales, y que hubiera limpieza.

Que las tres fumaran, y con ello no se pudiera esta en la pieza, fue un ley impuesta desde el primer momento.

Por las noches, en medios de nostalgias y desvelos, se hablaba de lo que había quedado lejos, y así supo que una de ellas vivía muy cerca de la hermana.

A ese lugar no había ido más que un par de veces, la relación con el cuñado no había sido nunca muy buena, más bien no sabía como la hermana podía soportarlo. Tal vez por el solo hecho de tener tres chicos, uno de los cuales era su ahijado, y en esas circunstancias es difícil liberarse. Con la amiga concluyeron que aquí en el sur podía comenzar de nuevo, pero claro, eso sería mas adelante, cuando ella podría salir de la pensión y alquilar una casa. Entonces tal vez podría hacerla venir, a ella y los críos.

La amiga la convenció  que lo primero sería que nadie en la familia supiera donde estaba, así después tampoco se generaría una pesquisa por parte del infeliz del cuñado. Ella se acercaría a conocerla y saludarla, y a sondearla si quería ser partícipe de la aventura. Durante un año o dos se podría preparar todo, y la amiga que tenía el régimen de vacaciones más extenso, la vería con antelación a su salida de la isla, que se orientaría hacia otros parajes.

Así en cada regreso a la pensión la amiga llegaba con una dolorosa descripción de la vida de su hermana, a la vez que acusaba el recibo  en una pequeña esquela de los dólares que había ahorrado para su regreso. Así un verano, así un invierno, así otro verano. Le había pedido a la hermana que fuera guardando los valores en un tarro, y los enterrara en algún lugar más bien secreto de su patio.

Un año la amiga no volvió. No hubo mayores noticias, porque ella la que más sabía era la que más la extrañaba.

Fue entonces cuando se decidió –recelosa- a viajar al encuentro de la hermana. La casa y el lugar era como el que le había venido contando la amiga desde siempre, la postergada vida de la hermana lucía mucho peor que en sus descripciones, pero ella sí, superando las tentaciones que habían originado múltiples problemas de la casa, entre ellas la enfermedad y muerte de una de las sobrinas, había guardado el dinero en una caja, abajo de unos ladrillos. El dinero, que no eran los dólares que le había mandado ella, sino plata argentina, desmerecida por una de esas tantas inflaciones que nos fueron curtiendo el alma.


Hogar dulce hogar

Con la plata del primer año se compró el auto. Con la del segundo se pasó de la pensión a la casa alquilada. Para el tercero se tenía que dar el gran salto, y comenzó a buscar una casilla, una vivienda que aunque no tuviera terreno propio le sirviera para ir echando raíces definitivamente en este sur.

El que se la vendió era un hermano de un compañero de trabajo. La señora no se había ambientado, la había enviado al norte, pero ahora extrañaba. ¡Ya no se podía quedar acá!

Primero quería vendérsela con todo, pero a él no le faltaba nada de lo que el otro podría ofrecerle. En el mismo camioncito en que hicieron su mudanza el vendedor llevó sus pertenencias a una compra y venta donde le adelantarían algunos pesos sobre la consignación, y después la familia se cobraría el resto.

En la fiesta de la nueva casa participó el comprador, el vendedor y varios compañeros de trabajo.

Para la fecha de las vacaciones el vendedor estaba de vuelta aquí, y pasó a saludarlo, con el dinero de la casa y los dineros que se juntó de liquidar sus pertenencias, más la venta de su vehículo, se había comprado uno liberado, al que había puesto con una batea en Gallegos como para que no lo dañen tanto las piedras del camino y pueda sacarle en el norte mejor precio.

El comprador se ofreció para llevarlo hasta Gallegos, de paso no iría solo. Durante el viaje uno a otro fueron contándose sus sueños y proyectos.

Un mes más tarde se planteaba un regreso con la sola preocupación de las boletas de pago que se habrían ido amontonando bajo la puerta durante su ausencia, cuando llegó la gran sorpresa: en el lugar donde debía estar su casa, su casa no estaba.

Preguntó entre el vecindario y allí se dio cuenta la escasa familiaridad que había construido con ellos. La gente no quería hablar, pero al fin una mujer soltó la lengua: ¡Se la llevaron a ese otro sector, el que lo hizo dijo que se la había comprado y que así ocuparía su terreno!

No le fue fácil dar con la casa, las construcciones eran todas similares y a la suya la habían retocado un poco entre carpintería y pintura. El ocupante, no pareció sorprenderse en demasía, y a la hora de realizarse la denuncia respectiva mostró papeles de compraventa idénticos a los suyos –aunque el los perdió por haberlos dejado en la casa- con la misma persona como vendedor, y en una fecha posterior a cuando el lo dejara en Gallegos. ¡Hasta figuraba en los papeles un monto de transacción superior al suyo! Decía el nuevo dueño, que el no se retiraría para nada de la casa, que en todo caso había sido sorprendido en su buena fe!

Comprar buzones...

A la hora de rememorar nuestra existencia fueguina solemos destacar de inmediato la superación de la soledad, los rigores del clima, la adquisición del costoso desarraigo. Pero --después de algunas vergüenzas-, también las trastadas, engaños chanchullos  y otras desilusiones a las que nos hemos visto sometidos.

Situaciones que en muchos casos casi comprometieron nuestra voluntar de quedarnos aquí, que en algún momento pueden ser objeto de perdón pero nunca de olvido.


Yo a las tres que relaté podría haber agregado las tres que a mi me hicieron, cosa que también seguramente podrán detallar buena parte de nuestros lectores.

Post scriptum:


Sinónimos:



  • decepción, desengaño, desencanto, desilusión, engaño, frustración, burla, chasco
  • amaño, apaño, treta, triquiñuela, ardid, argucia, truco, artimaña, engaño, estratagema, martingala, manipulación, componenda, falsificación, adulteración, fraude, pucherazo
  • embarque, encerrona, trampa, embrollo, celada, emboscada, añagaza, engaño
  • maca, señal, defecto, tara, engaño, disimulación, fraude, magulladura [Anatomía]
  • gitanería, trampa, engaño, fraude, estafa
  • mácula, mancha, tacha, tizne, labe, chafarrinada, churrete, trampa, mentira, engaño, embuste
  • embuchado, disimulo, máscara, tapujo, engaño, simulación, apaño
  • falacia, falsedad, engaño, mentira, calumnia, falsía, hipocresía, enredo, chisme, embrollo, chanchullo
  • engañabobos, engaño, engañifa, estafa, ardid, artimaña, fraude, argucia, timo, embeleco, filfa
  • magaña, astucia, ardid, artificio, magancería, engaño
  • escamoteo, robo, hurto, engaño, trampa
  • engaño, simulación, patraña, disimulo, enredo, farsa
  • judiada, trastada, aena, jugada, jugarreta, deslealtad, crueldad, explotación, cabronada, infamia, putada, mala pasada, engaño, faena, guarrada, canallada
  • jugarreta, pasada, jugada, trastada, bribonada, faena, vileza, trampa, engaño, treta, canallada, bribonería, pillería
  • zancadilla, ardid, celada, engaño, trampa
  • baratería, fraude, engaño, martingala, treta
  • bluff, engaño, desilusión, fanfarronada, baladronada, jactancia, bravata, farol
  • bola, mentira, trola, embuste, engaño, fábula, patraña, hipérbole, bulo, fantasía, paparrucha, camelo
  • tinglado, embrollo, enredo, añagaza, intriga, lío, maquinación, artimaña, ardid, treta, trampa, artificio, engaño, embeleco
  • burla, desprecio, escarnio, desaire, engaño, estafa, fraude, camelo

Las puertas del 2014

Un año más despertando la curiosidad y el conocimiento de los vecinos. En Cordón cuneta nos dimos citas mensuales con estas propuestas visuales. Hoy utilizamos este otro espacio para identificarlas.



Consultorio Acu Pro, San Martín 123 al fondo.



Lo que fuera Centro de Prevención de Adicciones, muestra de cuantas cosas quedan por hacer en esa materia.


Albergue Municial, calle Alberdi, en su momento Albergue de la Juventud.


También sobre Alberdi, casa de Julián Baeza. La puerta de un carpintero.


Bicicletería Atlas, de quien fuera Nicolás Bilic Popovich.



Camuzzi, gas del sur.


La puerta grande de Canal 13, la menos usada.



Capilla de la Misión, doméstica, la de los casamientos.


Familila John Goodall, respetando las formas de la arquitectura rural.


Con chiflera, para corregir los efectos del viento del oeste. Sobre la calle Moyano.


Ex Bar Chile Argentina, sobre la ochava mandada a construir por la Municipalidad en Espora y Moyano.


Piedra Buena y Rosales, aquí funcionó la Clínica del Doctor Jorge Saul Ferrá.


Club Bernardo O Higgins.


Aquí funcionó, sobre la calle Rivadavia, la Imprenta de Higinio Fernández, donde se imprimieron los periódicos La Verdad, Kayén y El Austral.


Casa Maricarlo, de los hermanos Mendiluece.


Mercado Marisol, donde gentilmente te atenderá Doña Mireya.


Morena, un lugar... bailable.


Nanica, en llamativo entorno.


En esta casa viví siendo muy pequeño, con el tiempo pasó a ser la casa de Esteban Sekulovich, transportista. Allá en la calle Thorne.


Oficina de Vialidad Nacional, que luego cambiaría apariencias.



Perito Moreno 393, Jardín Juanito Bosco.


Estudio jurídico Aramburu Muchnik.


Estudio contable Servetto.


Casa Fuegia, sobre Espora, la puerta que se integra al mural.



Hostel Argentino, el más antiguo alojamiento de la ciudad.


Juzgado Municipal de Faltas.


Centro de Reahabilitación Mamá Margarita.


Laboratorio San Pablo de la Doctora Falón.


Las puertas de Caicheo. Belarmino no aceptó la imposición de la ochava como los vecinos de enfrente. La de la esquina puerta de la despensa, la siguiente de la churrasquería.

EL AMOR DE URKO Y KARIÉN



Se conocieron en Cuba. Allí había llegado nuestra niña fueguina, la Anunciada según su nombre nativo, allí estaba el vasco “de joda” con algunos amigos.
Lo de joda es una incorporación a su vocabulario ahora que arma con la joven Montes una vida en común.
María Karién trabajaba como periodista, eso fue a estudiar a La Plata, pero el encuentro torció su rumbo: fue al encuentro del brioso estibador  y conoció su mundo, muy cerca de Bilbao.
Allí cerca hay un cerro que se llama como él, la elección del nombre la hizo su madre. Angoitía es hijo único y Karién hacía años que se iba desprendiendo de una familia numerosa, polifacética.
El nuevo viaje fue para experimentar una vida en común.
Ahora emprendieron su viaje de reconocimiento y presentaciones, y con ello han andado por Calafate y Ushuaia, pero por sobre todas las cosas se han recreado en el ambiente famiiero de este norte fueguino que los ha llenado de nuestro calor.


En diálogo optimista fueron dejando deslizar su cotidianidad: ese plato de papas y pescado que el le prepara; la consigna de que el que “cocina no friega”; y el aprendizaje de la periodista del euskerra, la lengua de los vascos, con la cual espera lograr una mayor integración con esa comunidad, y –tal vez- recuperar el oficio.
Nos olvidamos de preguntarle a Urko si le hicieron comer el calafate, para que vuelva por más, creo que no hace falta.., se ha llevado de nuestro lugar un fruto muy preciado, hecho mujer.




EL GAUCHO RIVERO, de Alba Chamán(*)

Desperté ayer...
Amanecía...
La fría noche al fin se terminaba.
El manto de la noche me cubría.
Sin saber si era héroe o era nada.

El viento sopla...
La tierra llama.
La patria no es tan sólo la bandera.
No sé si hice patria con mi lanza
Pero sé de mi tierra malvinera.

Ríos de piedra...
Montes y turbales...
Era defender esa parcela,
levantar con mi lanza al explotado.
El pago en efectivo, la pesca de ballenas.

Ola de mar...
Lágrima salada...
Porque siempre al OTRO SE LE HA DADO
y al PROPIO, despreciado en su valía;
lo poco que tenía le han quitado.

Llueve...
Torrente humano.
¿Qué es lo que la historia exige de nosotros?
¿La diplomacia, que si juega o ríe?
¿O al gaucho, que hizo patria a su manera...?

Nieva...
Sueño.
Viendo a mi tierra malvinera
cuando toda mi hermana que reclama
pueda surgir, libre y entera.

Desperté, ayer.
Amanecía.
Ondeaban tres banderas
la cuarta por el mar se presentaba.

(*)^Presudónimo poético de la Dra Nelly Iris Penazzo de Penazzo.