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EVOCACIONES****6 de septiembre de 1522. Culmina la primera circunnavegación al globo terrestre.



Juan Sebastián Elcano, comandando la Victoria, única sobreviviente entre las cinco naves que salieron casi tres años antes con Magallanes, regresa a España con solo 18 tripulantes de los 265 que se habían sumado a la empresa.

En el trayecto quedo el descubrimiento del estrecho interoceánico, entonces de Todos los Santos, hoy de Magallanes, el avistamiento y bautismo de la Tierra del Fuego, la navegación por el Océano Pacífico y la llegada a las Molucas, territorio de la especiería, con el cual se cargó el barco que recompensó con creces la inversión material originaria.

Se sabe que Elcano nació en Guetaria, país vasco, en 1475, pero nada se sabe de su existencia hasta que se embarca con la empresa de la cual sería su definitivo capitán. Más tarde, reconocido como Piloto Mayor del reino emprenderá una nueva navegación con la escuadra de García Jofré de Loaysa, pero terminaría su vida en la Malasia.

Ha escrito sobre estos momentos Felix Riesenberg, en su libro CABO DE HORNOS:

  El 6 de septiembre de 1522 fue avistada una pequeña embarcación, en extremo cargada, que avanzaba lentamente desde el sudoeste hacia el muelle de Sanlúcar. Tenía dos palos y velas cuadras. Un bergantín, como lo llamaríamos ahora. Mostraba sus bandas grisáceas y, mientras rolaba, bajo su línea de flotación se veían verdes adherencias de hierbas marinas. Aquella reliquia de velas tan llenas de remiendos que parecían el saco de un ladrón. Pero enarbolaba bravos pendones y en su palo mayor flameabauna insignia descolorida y desgarrada. Descargó sus culebrinas y el eco de las detonaciones se expandió sobre los techos de las casas. La gente de la ciudad corrió hacia el muelle, en el momento en que la nave viraba y dejaba caer el ancla. Sólo faltaban dos semanas para que se cumplieran tres años, desde la partida de la flota de Hernando de Magallanes. Allí, en el puerto, estaba el más pequeño, pero también uno de sus más sólidos barcos. Pronto los correos marcharon apresuradamente hacia Sevilla con las noticias del arribo. ¿Cuántos habían perecido? ¿Dónde estaban los otros barcos? ¿Dónde habían estado? Las preguntas corrían de boca en boca.
Los grumetes, convertidos en hombres de tupidas barbas (Martín de Isaurraga, que tenía 15 años cuando se embarcó en el Concepción; Juan de Santandres, un grumete del Trinidad y Vasco de Goméz de Gallego, un muchacho portugués, también del Trinidad, se hallaban entre los sobrevivientes), en un tiempo jóvenes y vigorosos marineros, estaban ahora abatidos por la enfermedad. Sebastián Elcano venía al mando de la nave. El audaz navegante, nativo de la ciudad de Guetaria, hombre joven, de poco más de treinta años, destinado a una repentina celebridad, había conseguido eludir magistralmente a los portugueses en el Cabo de Buena Esperanza y las Islas de Cabo Verde. Aparte de ello, regresaba con un barco cargado de especias hasta los topes, lo cual, como se ha señalado, constituía una fortuna suficiente para compensar con creces los gastos de la flota. Su ciudad natal honró a Elcano erigiendo una estatua en su memoria, treinta y nueve años después de estos acontecimientos.
Diecioco (algunos dicen diecinueve) de los circunnavegantes magallánicos volvieron en el Victoria; cinco años más tarde, regresaron a España cinco marineros que habían sido dejados en el Oriente; también retornaron varios hombres abandonados en las Islas de Cabo Verde. La pregunta que a cada instante se escuchaba era: “¿Ha vuelto mi Juan?” Y de nueve veces sobre diez la respuesta era: “No”.
Tal vez para su fortuna, Fernando de Magallanes no regresó a enfrentar las consecuencias de su rígida, pero necesaria disciplina. Sólo un fanático dotado de su implacable determinación podría haber realizado aquel viaje hasta más allá de Tierra del Fuego. Juan de Cartagena, oficial real, primo del influyente obispo de Burgos, designado capitán de la Flota, lo cual equivale a decir Vicealmirante, había sido despiadadamente abandonado en la Patagonia austral, en compañía de su Santo Padre. El Tesorero Real de la Armada, Luis de Mendoza, había sido asesinado por orden de Magallanes y don Gaspar de Quesada decapitado, luego de juzgársele por rebeldía. Su cuerpo, descuartizado, había sido empalado en estacas, junto al Tesoro del Rey. Corrían ya por toda España las noticias de estos afrentosos procedimientos.
Se realizó una investigación, pero Magallanes no podía dar su testimonio. Quedaban allá su Estrecho y el Océano Pacífico, pero ¿qué iba a hacerse con el legado que este marinero asesino, este portugués aventurero había dejado a España?
En las altas esferas se leía con sumo interés el relato de Pigafetta. Aportaba muchas revelaciones, pero en cambio, nada aclaraba con respecto a la desaparición de un día, un misterio casi inexplicable en el viaje de cinrcunnavegación del mundo. Habían arribado a Sanlúcar un lunes, de acuerdo con los cálculos de a bordo, pero en realidad el calendario cristiano señalaba un martes.

Esta situación generada a partir de viajar en sentido contrario a la rotación de la tierra es la que con el tiempo tomará Julio Verne para dar ganada la apuesta que motiva la trama de su novela LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DIAS.

EVOCACIONES.- El 8 de mayo de 1519, el rey dio a Magallanes y Falero unas completas Instrucciones para el viaje de descubrimiento de las islas de la Especiería.




Contienen setenta y cuatro reglas que dejan patente el interés de la Monarquía por el buen desarrollo del viaje y por el buen fin del mismo. La primera regla, que es la "principal cosa que vos mandamos y encargamos" es que la expedición no toque ni descubra tierra alguna que caiga dentro de la jurisdicción portuguesa, pues el rey se muestra interesado en que se cumpla lo pactado entre las Coronas de Portugal y Castilla. Junto a esta instrucción, hay algunos extremos que merecen ser destacadas como obligaciones que Magallanes y Falero han de cumplir en el desarrollo de la expedición:
i) Han de cuidar que los navíos en que vayan cargados los mantenimientos y las demás cosas para el armazón no vayan sobrecargados.
ii) Una vez dejado el puerto de Sevilla, ambos capitanes de la Armada han de llamar a los capitanes de los navíos, pilotos y maestres y darles las cartas que deben tener hechas con este fin, las que señalarán el derrotero de la expedición.
iii) Habrán de dar a los reyes o señores de las tierras que descubran algún presente en señal de amistad.
iv) Los dos capitanes de la armada, Magallanes y Falero, no han de desembarcar en tierra descubierta para que no reciban daño, sino enviar a sus oficiales u otras personas convenientes al caso. Si algún rey de alguna tierra no quiere hacer concierto ni paz sino con ellos, uno de los dos capitanes de la Armada bajará a tierra, tomando rehenes.
v) Toda la gente ha de ser tratada "bien amorosamente", y los heridos curados y visitados por los dos capitanes de la Armada, sin que consientan éstos que les sean cobrados honorarios a los enfermos por los cirujanos y físicos.
vi) Han de procurar hacerse con intérpretes o lenguas para hacer uso de ellos en otros territorios, los cuales serán muy bien tratados y vestidos.
vii) Todos los miembros de la Armada han de ser notificados de que no pueden vender armas en tierra, so pena de perder todos los bienes, debiendo ser además castigados por los capitanes de la Armada.
viii) Queda prohibido jugar a naipes o dados.
ix) Asimismo, el monarca da poder a Magallanes y Falero para que puedan castigar con las penas que crean convenientes a los que se nieguen a obedecer sus órdenes.
x) También les da poder para que puedan delegar, en tierra y en mar, en lugartenientes, escogidos entre las personas que crean más habiles para el oficio.
xi) Habrán de tener mucho cuidado en que en la Armada no vaya ninguna persona que conocidamente tenga costumbre de renegar.
xii) Si encuentran en su derrotero, y dentro de los límites de la jurisdicción castellana, alguna nave de Portugal, le requerirán para que dejen los límites de la demarcación de Castilla, pues es también voluntad del monarca luso que sus naves no descubran dentro de los límites castellanos, como recíprocamente es voluntad del monarca castellano que sus súbditos no descubran en los territorios que pertenecen a Portugal por los tratados concertados entre ambas Coronas.

De la imagen: Retrato del militar y navegante portugués Fernando de Magallanes (1480-1521). Este retrato es una variante recortada de la copia que se guarda en el Museo Naval de Madrid; el original, según Vargas Ponce, estaba en 1787 en la casa del canónigo de la catedral de Toledo Felipe Vallejo; fue de esa pintura que Fernando Selma sacó el grabado que figura en la Relación del último viaje al Magallanes (Madrid, 1788). El origen de estas tres obras posiblemente está en una pintura del siglo XVI que existía en la galería del duque de Florencia, atribuida a la escuela de Ángel Broncino.

EVOCACIONES *12 de febrero de 1616. Los holandeses pasan frente a la altura de la boca occidental del Estrecho de Magallanes.

La expedición holandesa de Shouten y Lemaire llegó a nuestro confín fueguino donde descubrirá el Estrecho de Lemaire y el Cabo de Hornos a fines de 1616.

El descubrimiento se realiza el 25 de enero, para el caso del paso que separa la Tierra del Fuego de la por ellos bautizada como Tierra de los Estados.

La navegación continua  desarrollándose en lo que puede considerarse la mejor época para la navegación en estas latitudes, navegación a vela, en medio de tormenta y granizo.

Así se llega hasta los 56°48’ minutos sur para el día 28, en tanto que el 29 la Concordia se presenta ante el Cabo de Hornos.


La navegación seguirá siendo dificultosa y la actitud de los marinos exploratoria hasta que para el 12 de febrero se alcance la latitud de vuelta, aunque se sigue navegando hacia el poniente, al cruzar la boca occidental del Estrecho de Magallanes... la vía vedada por los españoles que ahora tenía otra alternativa mucho más expedita, mucho más famosa, la ruta del Cabo de Hornos.

Un naufragio y sus vergüenzas.


El 22 de octubre de 1887, se  da el fallo en el juicio por el hundimiento del Magallanes.



Una  vez que fueron desembarcados en Buenos Aires los Jefes y Oficiales del Magallanes, se les nombró de oficio el Fiscal que debía instruir el consiguiente sumario, recayendo éste en el Capitán de Navío don Emiliano Goldriz, quien designó al Teniente de Fragata Leopoldo Funes para actuar como Secretario. Méndez designó defensor  al teniente de Fragata  Santiago J. Albarracín.

Iniciada la causa y hasta que ella fue elevada  a plenario, el Comandante del Magallanes guardo arresto en el cuartel del Retiro, de donde fue trasladado a presencia del Consejo y luego recluido en su domicilio particular.

El 22  de Octubre, a las 14 horas, se reunió el Consejo de Guerra en sesión pública. El defensor  solicitó la absolución de Méndez “por no resultar comprobado cargo alguno en su contra”.
El Consejo se pronunció en sentido favorable, pero  con suspensión de mando para el Comandante.
Aquí la resolución del Ministro de Guerra y Marina General Racedo
.
 
                                                                                                                 
                                                                                                   
            Encontrándose ajustado al tratado 5to Título 5to Artículo 24 de las Ordenes de la Armada, el fallo dictado con fecha 22 de octubre ppdo. por  el Consejo de Guerra y atento lo aconsejado por el Auditor de Marina en el Dictamen que antecede
 
Se Resuelve:
 
Artículo 1ro- Aprobar el fallo dictado por el Consejo de Guerra, por encontrarse con arreglo a las prescripciones de las  Ordenanzas de la Armada; pero, usando el Poder Ejecutivo de las facultades que le son inherentes, queda limitado a dos años el plazo durante el cual el Teniente de Navío D. Carlos Méndez no podrá ejercer mando alguno y debiendo revistar durante ese tiempo en la Plana Mayor activa.
Artículo 2do- Amonéstese al defensor de esta causa, Teniente de Fragata D. Santiago J. Albarracín por haber hecho uso de lenguaje inadecuado en la defensa de este sumario.
Artículo 3ro- Comuníquese esta resolución al estado Mayor General de la Armada para su debido cumplimiento y avísese a quienes corresponda a sus efectos.
Fdo. General E. Racedo -  Ministro de Guerra y Marina
                                       
            Nada se ha encontrado en el sumario sobre la suerte que corrieron Agustín Maristany y los maquinistas del Magallanes por su presunta responsabilidad  en el naufragio.
            Acerca del Capitán del Magallanes, Carlos Méndez, sus antecedentes eran muy buenos y había participado de distintas campañas al sur, que incluían una travesía  hasta Santa Cruz en una embarcación menor junto al Teniente  Félix Paz.

            Sobre Agustín Maristany, el otro protagonista de esta tragedia, existen testimonios de  colonos de Deseado e incluso del historiador Hilarión Lenzi, donde lo citan como un excelente marinero, conocido y apreciado en la zona. Había  participado al timón de la balandra “Coronel Solier”  en los trabajos de exploración,  que realizara Onetto entre  mayo y noviembre de 1883, en la zona del Deseado.
Con los antecedentes citados, no surge  claramente como  el buque terminó impactando contra una roca muy bien conocida en el lugar, habida cuenta que  vela  en cada bajamar.
            El diario La Prensa  en su edición  del 21 de Agosto/887, aboga por los tripulantes del Magallanes  a través de un artículo que titula “Triste Situación de los náufragos”:
No puede ser más desesperante la triste situación  en que se encuentra la tripulación del Magallanes  que llegó hace muchos días a esta, después del naufragio de aquel buque.
Estos infelices han llegado en el lamentable estado que se puede suponer después de un naufragio, se encuentran sin ropa y sin dinero pues se les adeudan 3 meses de sueldo, sin que tengan esperanzas de percibir siquiera un peso de sus haberes por la razón de siempre: la partida presupuestaria de donde se les podía pagar, esta agotada y no hay donde imputar ese gasto; pero ni siquiera se piensa en arbitrar las medidas para sacarlos de tan desesperada situación.
Es hasta inhumano el proceder observado con esta pobre gente.
En naufragio se había producido el 26 de junio y entre los pasajeros estaban además del gobernador fueguino –Félix M.Paz- , el de Santa Cruz, Ramón Lista, , el Doctor Polidoro Seguers, primer médico en Tierra del Fuego, y José María Beauvoir, el futuro Director de la Misión Salesiana de Río Grande.

Si bien consigue salvar los caudales que transporta, no corren la misma suerte los aprovisionamientos, con lo que la situación en Ushuaia quedará al límite.

Seguers pierde en este incidente todos sus ahorros.

Beauvoir había nacido en Turín en 1850 graduándose de maestro en 1872 como paso previo a la consagración sacerdotal que se daría tres años más tarde. Llegó a Buenos Aires en 1879 desempeñándose como maestro en el colegio San Carlos. Acompañará después a José Fagnano a Patagones cuando se levanta la primer capilla católica de la Patagonia argentina.

En 1884 es designado capellán de la Provincia de Santa Cruz, y en razón de tal cargo la recorrió extensamente a caballo.

Residía en Buenos Aires cuando Fagnano luego de conocer Tierra del Fuego solicita su concurso para iniciar la labor misional desde Punta Arenas.

En ese accidentado viaje se produce el naufragio en el Magallanes, de que dejará Beauvoir un interesante testimonio...  

El incidente se dio cuando la nave choca con una piedra cuando en el momento del desembarco el capitán creyó que haciendo una bordeada más extensa facilitaría las tareas de llegada al fondeadero.

“Imposible describir el pánico y las ansias mortales que se apoderaron de todos los que allí estábamos. Un ir y venir atropellado, un griterío ininteligible, un llorar de las mujeres y de los niños, un correr de los marineros yendo desatinadamente de proa a popa, todos mandaban y nadie obedecía, en fin un pandemoniun indescriptible”

Beauvoir agrega también que durante el desembarco en botes: “Vi a mas de uno empujar a otro y quitarlo de un puñetazo para ponerse en el mismo; a ninguno vi invocar el auxilio divino y pedir a Dios misericordia, solo se oían blasfemias e imprecaciones horrendas. Hubo quien clavó en el cielo la mirada y agitando el puño maldecía a Dios. Me horroricé pensando que estaba quizá al borde de la muerte y desafiaba al rigorosísimo Juez que entre poco tal vez le habría de juzgar. Otro, con el revolver en la mano, estuvo a punto de pegarse un tiro si no le hubiese faltado ese valor satánico. ¡Cuánto desvarío en esta desgraciada humanidad!!!

Entre los náufragos se encontraba Ibón Noya, quien había sido contratado como carpintero para la gobernación fueguina, pero el accidente torció su rumbo: se quedaría en Santa Cruz, donde llegaría a hacer fortuna como hacendado presidiendo con los años la Asociación de Río Gallegos.

El Magallanes se trataba de un buque de transporte mixto, carga y pasaje, construido en el año 1880 en el astillero Harris & Mauxel de Glasgow, Escocia, con el nombre de GRAN CHACO para la firma de Molero y Torrado de Buenos Aires.

Consultamos; http://www.histarmar.com.ar/Naufragios/Naufragios-SantaCruz/Magallanes.htm
Esta nave de casco de acero se construyó a un costo de ₤ 17.000 y sus dimensiones eran: 64,00 x 7,10 x 4,80 metros, un registro de 420 toneladas y 1.200 de desplazamiento.
Estaba propulsado por una maquina a vapor tipo compound de 500 CV, alimentada por dos calderas y tenía un aparejo auxiliar tipo pailebote.
En el año 1885 al quebrar la empresa, lo adquiere en un remate el Señor Juan Herrero, quien lo vende al Estado, el 6 de marzo de 1886 para efectuar servicios de cabotaje a la costa Sur.
En el año 1887 se lo incorporó a la Escuadra Nacional con el nombre de MAGALLANES.
Al mando del Capitán Méndez y con 200 personas a bordo naufragó al intentar ingresar a la ría de Puerto Deseado, al chocar con las Rocas del Diablo o Roca Magallanes, actual baliza Magallanes, en la posición aproximada 47° 46’,5 S y  065° 50’,7 W el 26 de junio de 1887.

En el accidente perdieron la vida 2 tripulantes, el resto de los náufragos debió acampar en la playa por más de un mes, hasta ser socorridos por la Corbeta URUGUAY y los transportes AZOPARDO y MERCURIO.

EVOCACIONES***19 de septiembre de 1519. Zarpa la expedición de Hernando de Magallanes.

Esta compuesta de cinco naves artilladas y lleva 237 hombres a bordo.

Son las embarcaciones:

Trinidad, de 110 toneladas, nave almirante.

San Antonio, de 120 toneladas, la de mayor porte.

Concepción: 90 toneladas.

Victoria: de 85, la única que volverá de esta experiencia.

Y la Santiago de 75 toneladas.




Dirá sobre este fecha Antonio de Pigafetta, cronista de la armada: Zarpamos del muelle de Sevilla, y haciendo fuego toda la artillería, sólo desplegamos la vela del palo mayor, y llegamos al término de un río llamado Betis, que ahora es denominado Guadalquivir.. Por último llegamos a un castillo que pertenece al Duque de Medina Sidonia, llamado San Lúcar, donde hay un puerto, desde el cual se entra al océano”.

La empresa de Magallanes llevaba el próposito de descender por la América Medional hasta encontrar el paso que permitiera cruzar al otro mar, alcanzar las Molucas en esa navegación reportando a la armada las enormes ganancias de la especiería, y regresar por el oeste a España.

Hernando de Magallanes armó su flota con una inversión que alcanzaba casi 9 millones de maravedíes.

De este total 1.554.504 fueron destinados a pagar cuatro meses de sueldos anticipados a los 237 tripulantes. Pasado ese tiempo de navegación la Armada se haría cargo de las remuneraciones teniendo en cuenta las ganancias, si las hubiera.

Magallanes trasportaba a la vez 1.679.769 maravedíes en mercaderías destinadas al comercio –trueque- con los pueblos con los que se pensaba entrar en contacto en oriente, y conseguir de esta manera las preciadas especies.


Las provisiones sumaban 1.585.551 maravedíes, y comprendían en términos generales: biscochos, vinos, aceite, pescado seco, carne, queso, legumbres.....

En la foto: Réplica de la nao Victoria en San Julián.

EVOCACIONES****6 de septiembre de 1522. Termina la primera circunnavegación al globo terrestre.

  
Juan Sebastián Elcano, comandando la Victoria, única sobreviviente entre las cinco naves que salieron casi tres años antes con Magallanes, regresa a España con solo 18 tripulantes de los 265 que se habían sumado a la empresa.


En el trayecto quedo el descubrimiento del estrecho interoceánico, entonces de Todos los Santos, hoy de Magallanes, el avistamiento y bautismo de la Tierra del Fuego, la navegación por el Océano Pacífico y la llegada a las Molucas, territorio de la especiería, con el cual se cargó el barco que recompensó con creces la inversión material originaria.

Se sabe que Elcano nació en Guetaria, país vasco, en 1475, pero nada se sabe de su existencia hasta que se embarca con la empresa de la cual sería su definitivo capitán. Más tarde, reconocido como Piloto Mayor del reino emprenderá una nueva navegación con la escuadra de García Jofré de Loaysa, pero terminaría su vida en la Malasia.

Ha escrito sobre estos momentos Felix Riesenberg, en su libro CABO DE HORNOS:

  El 6 de septiembre de 1522 fue avistada una pequeña embarcación, en extremo cargada, que avanzaba lentamente desde el sudoeste hacia el muelle de Sanlúcar. Tenía dos palos y velas cuadras. Un bergantín, como lo llamaríamos ahora. Mostraba sus bandas grisáceas y, mientras rolaba, bajo su línea de flotación se veían verdes adherencias de hierbas marinas. Aquella reliquia de velas tan llenas de remiendos que parecían el saco de un ladrón. Pero enarbolaba bravos pendones y en su palo mayor flameabauna insignia descolorida y desgarrada. Descargó sus culebrinas y el eco de las detonaciones se expandió sobre los techos de las casas. La gente de la ciudad corrió hacia el muelle, en el momento en que la nave viraba y dejaba caer el ancla. Sólo faltaban dos semanas para que se cumplieran tres años, desde la partida de la flota de Hernando de Magallanes. Allí, en el puerto, estaba el más pequeño, pero también uno de sus más sólidos barcos. Pronto los correos marcharon apresuradamente hacia Sevilla con las noticias del arribo. ¿Cuántos habían perecido? ¿Dónde estaban los otros barcos? ¿Dónde habían estado? Las preguntas corrían de boca en boca.
Los grumetes, convertidos en hombres de tupidas barbas (Martín de Isaurraga, que tenía 15 años cuando se embarcó en el Concepción; Juan de Santandres, un grumete del Trinidad y Vasco de Goméz de Gallego, un muchacho portugués, también del Trinidad, se hallaban entre los sobrevivientes), en un tiempo jóvenes y vigorosos marineros, estaban ahora abatidos por la enfermedad. Sebastián Elcano venía al mando de la nave. El audaz navegante, nativo de la ciudad de Guetaria, hombre joven, de poco más de treinta años, destinado a una repentina celebridad, había conseguido eludir magistralmente a los portugueses en el Cabo de Buena Esperanza y las Islas de Cabo Verde. Aparte de ello, regresaba con un barco cargado de especias hasta los topes, lo cual, como se ha señalado, constituía una fortuna suficiente para compensar con creces los gastos de la flota. Su ciudad natal honró a Elcano erigiendo una estatua en su memoria, treinta y nueve años después de estos acontecimientos.
Diecioco (algunos dicen diecinueve) de los circunnavegantes magallánicos volvieron en el Victoria; cinco años más tarde, regresaron a España cinco marineros que habían sido dejados en el Oriente; también retornaron varios hombres abandonados en las Islas de Cabo Verde. La pregunta que a cada instante se escuchaba era: “¿Ha vuelto mi Juan?” Y de nueve veces sobre diez la respuesta era: “No”.
Tal vez para su fortuna, Fernando de Magallanes no regresó a enfrentar las consecuencias de su rígida, pero necesaria disciplina. Sólo un fanático dotado de su implacable determinación podría haber realizado aquel viaje hasta más allá de Tierra del Fuego. Juan de Cartagena, oficial real, primo del influyente obispo de Burgos, designado capitán de la Flota, lo cual equivale a decir Vicealmirante, había sido despiadadamente abandonado en la Patagonia austral, en compañía de su Santo Padre. El Tesorero Real de la Armada, Luis de Mendoza, había sido asesinado por orden de Magallanes y don Gaspar de Quesada decapitado, luego de juzgársele por rebeldía. Su cuerpo, descuartizado, había sido empalado en estacas, junto al Tesoro del Rey. Corrían ya por toda España las noticias de estos afrentosos procedimientos.
Se realizó una investigación, pero Magallanes no podía dar su testimonio. Quedaban allá su Estrecho y el Océano Pacífico, pero ¿qué iba a hacerse con el legado que este marinero asesino, este portugués aventurero había dejado a España?
En las altas esferas se leía con sumo interés el relato de Pigafetta. Aportaba muchas revelaciones, pero en cambio, nada aclaraba con respecto a la desaparición de un día, un misterio casi inexplicable en el viaje de cinrcunnavegación del mundo. Habían arribado a Sanlúcar un lunes, de acuerdo con los cálculos de a bordo, pero en realidad el calendario cristiano señalaba un martes.

Esta situación generada a partir de viajar en sentido contrario a la rotación de la tierra es la que con el tiempo tomará Julio Verne para dar ganada la apuesta que motiva la trama de su novela LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DIAS.


EVOCACIONES*** Junio 27 de 1897. Naufraga sobre la costa de Puerto Deseado el buque Magallanes llevando un conjunto de notables:


El Doctor Polidoro Seguers, que viajaba para desempeñarse como médico en la gobernación fueguina, después de haber servido de igual forma en la expedición de Ramón Lista.

Los gobernadores de Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Y el Reverendo José María Beauvoir.

Beauvoir había nacido en Turín en 1850 graduándose de maestro en 1872 como paso previo a la consagración sacerdotal que se daría tres años más tarde. Llegó a Buenos Aires en 1879 desempeñándose como maestro en el colegio San Carlos. Acompañará después a José Fagnano a Patagones cuando se levanta la primer capilla católica de la patagonia argentina.



En 1884 es designado capellán de la Provincia de Santa Cruz, y en razón de tal cargo la recorrió extensamente a caballo.

Residía en Buenos Aires cuando Fagnano luego de conocer Tierra del Fuego solicita su concurso para iniciar la labor misional desde Punta Arenas.

En ese accidentado viaje se produce el naufragio en el Magallanes, de que dejará Beauvoir un interesante testimonio...

“Imposible describir el pánico y las ansias mortales que se apoderaron de todos los que allí estábamos. Un ir y venir atropellado, un griterío ininteligible, un llorar de las mujeres y de los niños, un correr de los marineros yendo desatinadamente de proa a popa, todos mandaban y nadie obedecía, en fin un pandemoniun indescriptible”

Beauvoir agrega también que durante el desembarco en botes: “Vi a mas de uno empujar a otro y quitarlo de un puñetazo para ponerse en el mismo; a ninguno vi invocar el auxilio divino y pedir a Dios misericordia, solo se oían blasfemias e imprecaciones horrendas. Hubo quien clavó en el cielo la mirada y agitando el puño maldecía a Dios. Me horroricé pensando que estaba quizá al borde de la muerte y desafiaba al rigorosísimo Juez que entre poco tal vez le habría de juzgar. Otro, con el revolver en la mano, estuvo a punto de pegarse un tiro si no le hubiese faltado ese valor satánico. ¡Cuánto desvarío en esta desgraciada humanidad!!!




EVOCACIONES. 30 de Octubre de 1523. Se cobran los premios de la Expedición de Magallanes.



Ese día se presentaron ante la Casa de Contratación de Sevilla dos marineros: Hernando Bustamante, barbero de la Concepción; y Ocacio Alfonso, de la Santiago; naves que habían participado de la expedición descubridora del estrecho interoceánico.

Ambos fueron a cobrar los dineros instituidos por Hernando de Magallanes a la llegada al Estrecho, cuando decidió premiar en el desembarco a los hombres que llegaran primero a tierra.

Y los dos marinos fueron doblemente afortunados, por cobrar su premio, pero a la vez por figurar entre los escasos 38 sobrevivientes que pudieron regresar a España y contar la aventura de dar la primera vuelta al mundo.

* En la imágen. El descubrimiento del estrecho de Magallanes en un cuadro de O. W. Brierly .




RASTROS EN EL RIO.91*De cómo reunidos y articulados distintos aportes bibliográficos se puede lograr esta corporización mental de aquel nuestro primer bautista: Hernando de Magallanes.”



En mi último regreso a la Tierra del Fuego llegué caminando.

Al poner pie sobre suelo fueguino llevaba en mis manos el libro de Napoleón Baccino Ponce de León: Maluco, la novela de los descubridores –último premio Casa de las Américas-que fue mi lectura durante toda la travesía. Para aquel momento el libro me había dado respuestas coincidentes sobre mi apreciación histórica de quién fue para la historia fueguina Hernando de Magallanes. Eso que leí el 14 de marzo de 1986 en mi programa de Radio Nacional, en Los Gajos de la Tierra.

                                                             * * *

Ruy Faleiro extendió en la Casa de Contratación la carta astral sobre la expedición destinada a circunnavegar la Tierra. Sus augurios no podrían ser más terribles.

En aquellos tiempos de enemistades e intrigas entre las cortes de Castilla y Portugal el hecho mereció diversas interpretaciones, la de los supersticiosos creyéndolas a pie juntillas, la de los escépticos riéndose de los anuncios e imaginando el ánimo portugués de frustrar la partida de la flota, y la indignación en los círculos eclesiásticos. Falerio estaba entre los primeros y no fue de la partida en San Lucar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519.

El Almirante no quiso saber nada de este tipo de caras, el prefería a los designios del futuro los descubrimientos del pasado, y así lo había hecho desde le momento que en su condición de Capitán de Navío pudo frecuentar la Tesorería de Lisboa y conocer allí, con la reserva que el caso merecía, los estratégicos derroteros, los portulanos de expediciones clandestinas en los dominios de Isabel y de Fernando. Por eso al frente de sus cinco naves y con 237 hombres a sus órdenes salió Don Hernando de Magallanes a cumplir con las capitulaciones firmadas por él y Falerio el 28 de marzo de 1518, rumbo a la mar océano, rumbo a la fortuna del oriente.

Magallanes conoció a Falerio después de su incursión por Oriente. Allí se había embarcado en la armada de Almeida de 1505, batiéndose ardientemente en Cananor, Goa y Málaca, sus empresas modestas pero valientes le sirvieron para luego de enemistarse con Alburquerque, jefes de disímiles caracteres, para recibir una media soldada con la cual el Rey Manuel pensó que iría a vegetar.

Pero después de esto vino la voluntaria incorporación a los ejércitos de tierra en los cuales combatió frente a la ciudad de Azemmour, ganándose un tajo musulmán sobre el tendón de la rodilla que lo dejó cojo para toda la vida.

No tuvo mayor suerte en esta empresa donde no consiguió nunca la compensación por un caballo perdido en la pelea, y para males fue acusado de hacer uso indebido de ganado capturado durante la empresa.

Con su porte de rengo, barbudo y poco agraciado caballero comulgó en ideas en una taberna de Lisboa con Falerio, que se decía bachiller cosmógrafo que no había conseguido del Rey Juan II el grado de Astrónomo Real y que en medio de sus arrebatos de mal talante vendía horóscopos amén de calcular longitudes –eso es lo que se creía- con el astrolabio de espejo inventado por Behain.

Magallanes se convierte en su mejor alumno en tiempos en los cuales las fronteras de los imposibles eran asaltadas por la osadía del hombre. Falerio aseguraba que la línea demarcatoria del traslado de Tordesilla dejaba en poder de los reyes de España los dominios preciados de las Molucas, las islas de la especiería a las que Portugal llegaba monopolizando el comercio en su navegación hacia oriente, bordeando el continente africano.

Allí estaba la riqueza y se podía llegar por otros medios, como era la tarea de afrontar el bordear el continente americano en la búsqueda de un canal interoceánico que permitiera ingresar al Mar del Sur.

Pero no era tan original el planteo. Vespucio crecía que por el Mar del Sur se acanzaría; Ternate, Leonardo da Vinci y Schöner demostraban en escritos y cartografía la existencia de un paso al Sur de América, y en el camino de las Molucas ofrecían sus servicios a las cortes europeas otros navegantes, entre ellos el Piloto Esteban Gómez que finalmente se alistaría con Magallanes desertando en la boca del paso interoceánico.

Portugal no prestaba interés a estas aventuras, y y por demás en sus Tesorerías se guardaban celosamente las informaciones de viajes clandestinos en los dominios castellanos  de América, cuya divulgación abriría las puertas de sus rivales por el sendero de la codicia.

De allí salieron Magallanes y Falerio, el Capitán abandonando una mujer y un hijo pero llevando celosamente el secreto de los mares descubiertos en el estado mayor portugués.

El globo bien pintado, en el que figuraba la tierra toda, pretendía ignorar la existencia del paso que con certeza se conocía, de ello dio cuenta Antonio de Pigaffeta en la crónica del primer viaje alrededor del mundo al decir que el Almirante “había visto en una carta de marear, hecha por Martín de Bohemia, gran piloto y cosmógrafo, que estaba en la Tesorería del Rey de Portugal, el estrecho pintado a la manera que lo halló, ese paso de sus quimeras ya figuraba en la cartografía secreta de los dueños del Atlántico con el nombre de Frentum Boehmicum, y su inscribidor, el nombre del navegante se ha perdido en la anónima historia de las intrigas. Martín de Benhaim pertencecía a una familia asentada por doscientos años en Nuremburgo, hombre que habiendo residido largos años en la Isla Fayal en el archipiélago de las Azores prestó servicios al Rey de Portugal Juan II del cual recibió la distinción de Caballero de la Orden de Cristo.

Magallanes y Falerio fueron a Zaragoza a vender lo que otros ya conocían y traban relación con Duarte Barbosa, casándose Don Hernando con Beatriz, la hermana de Fuarte. Ronda las cortes y cenáculos intelectuales para desmotar con Falerio el complejo ensamble de longitudes y latitudes ante una España repartida entre la pasión de crecer y las nostalgias de un Rey, que pronto sería Emperador de Alemania.

Y ambos temen una amenaza española dejando en la conciencia de los observadores de su existencia sobre motivos de importancia para justificar su alejamiento de la corte lusitana, como los que en su momento habrá tenido Colón, de idéntico motivar y parecer.

Temían por su vida, creían que en cualquier momento la larga mano de la intriga de Lisboa frustrarían sus ambiciones llegando a manifestarles que Alvaro da Costa, embajador portugués –en realidad camarero y guardarropa mayor del rey Manuel-era el conspirador de su vida mientras arreglaba el casamiento de la Infanta con el Rey Carlos.

Pero atrás de la intriga y la aventura estaba España, la que simultáneamente a la empresa, con Niño y siete naves exploraría el Pacífico, con Alejo García y otros náufragos de Solís trazaría un largo camino del Brasil al Alto Perú buscando al rey Blanco, la que con Ponce de León colonizaría Florida y en manos de Gordillos y su gente aportaría el descubrimiento de California.

El último día de verano de 1518 partieron del puerto de San Lucar las cinco naves que se habían preparado en el dique seco de Sevilla. En el puerto quedaron Beatriz, la esposa española, con el hijo del Almirante de seis meses de edad, y con otro en sus entrañas. Falerio obligado a compartir la vigésima parte de las ganancias con su horóscopo en la mano, y una tierra a la que pocos volverían. Marcharon en las naves en cuyo armado invirtió critobal de Haro, banquero de Amberes, la mayor parte de los costos, 237 hombres, de ellos 45 extranjeros de distintas nacionalidades, 35 portugueses, y uno muy especial que fue excarcelado para la aventura después de pagar con prisión el haber vendido en el extranjero el navío que mandaba: Juan Sebastián Elcano, el que terminaría la proeza.

Por el mar de la flota fueron navegando la inercia burocrática para conseguir 8.747.125 maravedíes, un millón de dólares de hoy a valores de oro puro; las intrigas de Río de Janeiro, los prejuicios antipotugueses, el motín de San Julián y su primera misa, la incurria española en la búsqueda de lo conocido.

El Almirante llegó el 1ro de Noviembre de 1520 a la boca del paso que alguien para nosotros hoy ignorado descubriera antes como navegante espía; parlamentó y llamó a consejo de capitanes para exponer después de oír razones, porque había que seguir, y en esa decisión se salvaron en 27 días y 27 noches las aguas del Estrecho que llamara de Todos los Santos, y que hoy como él se llama.

Al sur quedaba esa tierra helada donde los aborígenes debían mantener encendido de continuo fogatas, pero el Almirante miraba al frente y a la derecha y nuestro archipiélago quedó a su paso con el nombre que le diera el Almirante rengo de la triste figura: Tierra del Fuego.



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En mi último regreso a la isla llegué caminando. Fue por esa costumbre de la Capitanía de Puertos en la Primera Angostura que exige a los hombres descender del Bus, y emprender a patacón por cuadra el descenso a la isla que, sin discriminación de nacionalidades, nos habita en el alma.







Hallan los restos de un barco de Magallanes enterrado bajo el mar

La Fundación Atarazanas y la Asociación Magallanes 2019 han propuesto a Antonio Banderas la realización de una película que el actor malagueño protagonizaría.

En su afán por rehabilitar la enorme importancia patrimonial que tienen Magallanes y la Primera Vuelta al Mundo para Sevilla y España, la Fundación Atarazanas aprovecha el aniversario de la salida de la flota del Maluco, ocurrida el 10 de agosto de 1519, para confirmar el descubrimiento de un verdadero tesoro histórico y arqueológico.

Después de cinco siglos enterrados bajo el mar, han sido hallados los restos de la nave Santiago, uno de los cinco barcos que zarparon desde Sevilla hacia las islas de las Especierías bajo el mando de Magallanes y que daría lugar a la Primera Circunnavegación del Planeta, constatándose definitivamente su redondez.

En la expedición 2011 a la Patagonia del proyecto juvenil Tras la Huella de Magallanes, el alcalde de Puerto de San Julián, Nelson Gleadell, entregó al presidente de la Fundación Atarazanas una parte del fragmento de madera que había sido hallado en la desembocadura del río Santa Cruz, por los investigadores Daniel y Viviana Guillén, exactamente en el mismo lugar donde según las crónicas se produjo el naufragio del navío más pequeño de la armada magallánica.

Por su parte, José Manuel Núñez, en nombre de la fundación, se comprometió a efectuar las comprobaciones pertinentes para validar la constatación de tan importante hallazgo.

Por lo que, después de siete meses, una vez realizados los oportunos análisis de la muestra y comprobada la datación mediante el método del Carbono 14, por investigadores del CSIC en el CNA (Centro Nacional de Aceleradores), amén de la investigación realizada en los registros de naufragios y pecios localizados en la zona, se concluye con un alto grado de certeza, según Núñez de la Fuente, que los restos depositados en el pequeño museo de la ciudad patagónica pertenecen al Santiago.

El barco más pequeño de Magallanes, aunque también el más marinero y explorador de todos. Barco que ya estuvo anteriormente en el Río de la Plata con el navegante sevillano Juan Díaz de Solís, cuando se lo comieron los caníbales, y que sería después carenado y rehabilitado para la expedición de Magallanes por carpinteros y calafates trianeros en el pueblo ribereño de Gelves.

El descubrimiento de este insólito tesoro arqueológico tiene una especial relevancia por cuanto se trata, a decir de sabios y cronistas, de uno de los cinco barcos que llevaron a cabo una de las hazañas más extraordinarias y memorables de toda la historia.

De otra parte, debido a que los pecios de esa época son prácticamente inexistentes, y mucho menos en latitudes tan bajas, la Fundación Atarazanas se ha comprometido con las autoridades argentinas, bajo los auspicios del Ministro de Turismo, Enrique Meyer y la Secretaria de Turismo de la Provincia de Santa Cruz, Mariana Navarro, a promover un proyecto conjunto de investigación en arqueología subacuática para culminar tan increíble hallazgo.

V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo

La Fundación Atarazanas promueve desde hace años acciones encaminadas a la conmemoración del Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo, a celebrar ente 2019 y 2022, entre ellas el programa de aventura multicultural Tras la Huella de Magallanes, que ya se encuentra en su tercera edición con rumbo al Estrecho de Magallanes y la Tierra del Fuego.

Otra importante iniciativa de la Fundación consiste en la promoción de una ópera cantada en español que tratará sobre Sevilla, Magallanes y su gesta universal. Mediante un proyecto cultural conjunto entre España e Italia, la composición correrá a cargo de un prestigioso músico italiano, Marco Reghezza, con los arreglos de Giovanni Scapecchi, mientras que el libreto será de autoría sevillana. La ópera se presentará en Sevilla en la primavera de 2014.

Además, la Fundación Atarazanas ha establecido contactos con la Productora de Antonio Banderas planteándole la realización de una película sobre el viaje más portentoso de todos los tiempos. Para lo cual se le ha propuesto al actor malagueño el papel de protagonista.

Por último, la Asociación Magallanes 2019 y el Ayuntamiento de Sevilla se han comprometido a través del alcalde, Juan Ignacio Zoido, y el delegado de Turismo, Gregorio Serrano, a crear y desarrollar la Red Mundial de Ciudades Magallánicas que será presentada en el próximo FITUR 2013. Para ello se creará una comisión mixta que coordinará las diversas acciones que se llevarán a cabo desde Sevilla para liderar la conmemoración del Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo.

La Asociación Magallanes 2019 es una iniciativa ciudadana integrada por hombres y mujeres de los más variados ámbitos sociales y profesionales, cuyo principal objetivo consiste en potenciar la centralidad y liderazgo de Sevilla en la conmemoración de tan importante hito histórico, a celebrar entre 2019 y 2022.

Sevilla fue la gran protagonista de tan memorable epopeya, su indiscutible alfa y omega. La Ciudad Puerto que logró poner en contacto por primera vez en la historia, no sólo a todos los océanos y continentes del Planeta, sino también a los seres humanos y culturas que lo habitaban.

Ambas organizaciones sevillanas entienden que las proezas épicas merecen ser reconocidas y puestas en valor, precisamente para reforzar aquello tan delicado y complejo como es la construcción de las identidades locales.

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Imágenes del Vencedor de los mares

Ya hace algunos años pude leer la entusiasta novela de Stefan Zeig sobre Hernándo de Magallanes. La aparición en mis manos del número de marzo de 1941 de la revista Selecciones de Reader's Digest puso en mis manos en su serie Selección de libros, una versión condensada del escrito del autor bajo el título de El vencedor de los mares.

El libro había sido publicado en inglés en 1938 por The Viking Free, 18 E, 48 St. N.Y.C. vendiéndose a 3.50 dólares el ejemplar.

En la presentación se dirá: Mal se ha portado la pósteridad con el navegante que demostró por vez perimera la esfericidad de la tierra dándole la vuelta por mar. Incontables son las páginas que van ya escritas para perpetuar la memoria de Colón, Cortés y Francis Drake; pero Magallanes, cuy hazaña sobrepasó con m ucho a ls de aquéllos, no ha sido hasta ahora sino un nombre en los libros de historia. Para reparar ese agravio, Stefan Zwig apela a su pluma vivificadora, y de las páginas de éste libro surge Magallanes como un hombre héroico y sencillo que fué audaz en grado sumo, luchó desperadamente y triunfó en forma grandiosa. (Hemos conservado la acentuación original)

La publicación aparece con una serie de ilustraciones y nos sentimos motivados a publicarlas. En la primera se representa el acto capitular con Carlos I de españa -y V de Alemania, mientras que en la superior aparece la Tierra del Fuego a la izquierda, la Patagonia a la derecha, nuestros aguerridos nativos, de los cuales no se abundarán detalles en las crónicas como en el caso de los gigantes patagónicos y las cinco naves todavía todas juntas.
Aquí tenemos la imagen siguiente, cuatro naves llegando a lo que Magallanes llamará el Océano Pacífico, una de ellas ha desertado regresando a españo sembrando duras sobre el accionar el almirante.
Y en esta, tal vez coloreada por los editores de Selecciones la circunstancia vivida en la Polinesia, isla de Mactan, donde perderá la vida no pudiendo completar su viaje de circunnavegación. Viene al canso tener en cuenta las eseculaciones de Alonso Piñero que dice que en realidad su misión no era circunnavegar sinó llegar a las rutas de la especiería y volver por el camino del estrecho encontrado, no descubierto puesto que de el se hablaba con instencia.
Y siguiendo las apreciaciones de Piñero aquí estaría en la Victoria el desobediente Sebastián Elcano, que sorprendería al mundo con su noticia y saldría pronto para un segundo viaje del cual no tendría retorno.
Si les parece aque algunas de las imágenes de la edición están algo torcidas, dejamos constancia que es solo una ilusión óptica, producto de la curvatura de la tierra, descubierta en aquellos tiempos.