¿Y si se tratara del Yóshil? 1



Recientes versiones sobre la aparición de un ser abominable en las inmediaciones de Río Grande, que llegan en la crónica periodística a anunciar su muerte por disparo de arma de fuego con la exhibición de una foto sin dar cuenta de su tamaño, nos retrotrae a un escrito del Padre Manuel J. Molina.

El mismo fue presentado en Julio de 1972, en el número 1 de la Revista Karukinká, cosa que pasamos a transcribir.

EL YÓSHIL O MONO FUEGUINO

“Yóshil”, especie de mono antropomorfo, sin cola, de color amarillo-verdoso de los líquenes colgante, de unos 80 centímetros de alto cuando se sentaba sobre sus patas, bípedo, que vivía en la región de los Aus. Llevaba siemrpe en la mano un pequeño palo nudoso o una piedra. De día aparecía enhorquetado en una cama, golpeando el tronco del árbol con una pierna; de noche se aproximaba a las hogueras de los cazadores solitarios y con una mano hacia señas a los durmientes mientras se calentaba”. Se le podría llamar FUEGOPITEHECUS PAKENSIS en homenaje a mi informante Paka.

La abuela de mi informante Luis Pa:ka, Yioimolka, Aus de estipre habitaba con su marido Paka, Aus también, allá por el año 1860 en Ta:l, en la caleta Irigoyen. Una noche oscura su marido fue a cazar cormoranes con antorcha a la orilla del mar. Ella quedó sola esperándolo, al lado de una gran hoguera. Era mujer mayor, con varios hijos casados. Se durmió antes que volviera su esposo. De improviso se despertó. Miró a través de la hoguera y vió al otro lado sentado a un ser que parecía un hombre, el cual con una mano le hacía señas camo para que continuara durmiendo y en la otra llevaba un palo corto y nudoso. Tenía el color verde moteado de amarillo de los musgos por todo el cuerpo. La altura podría ser de unos ochenta centímetros.

La mujer se asustó, se incorporó despacio y trató de agarrar su bastón que estaba allí cerca. Apenas hizo el movimiento el sr extraño desapareció en la oscuridad. Cuando volvió su marido con la cacería le contó lo sucedido. Ambos buscaron en las inmediaciones pero no encontraron señales del extraño ser. El entonces dijo: -Debe ser un Yóshil.

Años después andaba por el bosque de la costa juntando hongos de los ñires bajos, cuando de improviso siente golpear un tronco. Se detiene, observa y a poca distancia ve, enhorquetado en un ñire a un animal igual al que viera aquella noche. Era un Yóshil. Con una pierna golpeaba el tronco y en la mano llevaba un nudo de ñire. Miraba hacia otro lado. La mujer llena de miedo se escabulló entre los árboles.

Allá por los años 1928-29, un indígena llamado Pa:rren buscaba un caballo perdido en Shaiwal. De pronto siente unos golpes en un tronco y observando bien vio un yóshil sentado sobre una rama, con un palo en la mano, el cual golpeaba el tronco con una pierna. Prestamente volvió a casa a buscar su rifle. Cuando retornó el animal había desaparecido.

Mucho tiempo antes, un cazador cuyo nombre Pa:ka no recordaba en el momento, a quien se le había muerto un hermano, había salido de caza. Cobró una buena pieza y, como ya se hacía noche, prefirió hacer campamento sobre el cerro Pa:Iten. Encendió una gran hoguera y se acostó. De improvisto se despierta y ve del otro lado de la hoguera a un Yóshil sentado que la hacía gestos. Se movió para tomar el arco y el instante el animal de un salto desapareció.

El cazador, presintiendo que el animal volvería para sorprenderlo dormido y matarlo, arrimó más leña al fuego, extendió su manto como simulando una persona dormida y se escondió detrás de un tronco con la flecha preparada- Allí estuvo inmóvil durante largo rato. Al fin apareció el animal y cautelosamente se fue acercando al fogón, caminando en dos patas con dificultad. Su altura sería de unos ochenta centímetros. En la mano llevaba un palo con un nudo. El cazador desde su escondite le tiró un flechazo. El animal dio un gran alarido, le arrojó su bastón nudoso que dio contra el tronco, pegó un gran salto y desapareció. El hombre ya más tranquilo pasó la noche descansando y al día siguiente buscó al animal. Lo encontró muerto allí cerca. Al darlo vuelta y mirarle la cara quedó estupefacto. Tenía las mismas facciones de su hermano fallecido recientemente. Derramó amargas lágrimas y lo enterró. Al llegar a casa decía que su hermano había ido a visitarlo en el bosque y que él lo había matado (Cf. Zenone-113)

Aquí tenemos un caso singular. Un hombre, habituado a observar los menores detalles de cuanto le rodea que confunde a un animal con un ser humano. Es un estado emotivo demasiado raro para una explicación vulgar.

¿Existió en realidad ese mono) Según lo afirmado por Zenone y mi informante no cabe la menor duda. Los restos óseos podrán determinar sus características anatómicas. Y es Zenone quien nos da el dato que antiguamente existían muchos yóshil en Punta María y que los Aus viejos los mataron a casi todos. Como tenemos el importante yacimiento arqueológico de la fuente de Yasket y allí se encontraron ya restos de una gran marsupial, fuera de lista, no sería raro que también se encontraran los huesos de este mono. Los últimos andaban por el cabo San Pablo. Allí hay paraderos antiguos que se podrían investigar. Lo mismo ocurre con el Puesto de la laguna San Luis donde hay angiuos paraderos y está en la zona de los yóshil.

Dejamos constancia que Luis Pa:Ka no es otro de Luí Garibaldi Honten, y que el Padre Molina al momento de escribir este artículo –que continuaremos transcribiendo más adelante- era director del Museo Regional de Río Gallegos (que hoy lleva su nombre) y ejercía como Profesor en la Universidad San Juan Bosco. La fotografía es la que en la fecha aparece ilustrando varios portales de noticias de nuestra Tierra del Fuego.-

LA CANDELARIA 1910.6


Si bien han pasado 20 años desde la edición de LA CANDELARIA, cuyos capítulos hemos ido colocando en estas páginas, hubo un proceso de búsqueda que comenzó cuando el Padre Miguel Bounicelli se hizo cargo de la Dirección de aquel establecimiento.


El padre había revistado en esa casa con anterioridad a un destino en Río Gallegos, su estadía en el pueblo de Río Grande había sido fecunda y en el momento de recibir la obediencia de partir hubo manifestaciones de reconocimiento que unieron a alumnos y exalumnos, amigos y colaboradores.


Se mandó hacer una placa que después los intereses mezquinos de alguno de los que lo sucedieron hicieron desaparecer.


Pero el padre no se iría muy lejos, "lo enviaron a la Misión" donde iría a demostrar su condición de cura constructor. Allí llegamos a saludarnos y nos mosstró la colección de Crónicas a las que de inmediato tuvimos acceso.


Ya salía con cierta desesperanza de la función pública: había sido concejal en los albores de la demoracia, y ese oferta me llenó de entusiasmo.


Pero sobre la escritura simple que sería la materia de cada uno de los relatos que dieron vida a LA CANDELARIA hubo otras búsquedas, como aquellas que nos llevó junto a Luján Muñiz Wolker -secretario de la EAS en ese momento-, a tratar de dar con un vestigio del santuario levantado otrora en lo alto del Cabo Domingo.


Y fue así que nos detuvimos un día frente a esta enzoquetadura, con Luján, con mis hijos mayores: María Florencia y Damián Eloy.

Un catalán en el fin del mundo


Iba a ser el día del Milenio cuando en comunicación telefónica con Jorge Versálovic vine a enterarme que se encontraba de visita en Ushuaia el Doctor Oriol Doménech Lavallol.
Quería pasar ese momento tan singular en la capital fueguina en cuyo cementerio descansan los restos de un hijo.
Quise encontrarlo pero sólo alcance a comunicarme telefónicamente cuando se encontraba en Harberton visitando a la familia de Tommy Goodall.
Quedó en pasar por Río Grande en una próxima oportunidad, y yole envié a Cataluña una carta con un cuestionario que no llegó a contestarme, pero si se presentó un verano en Río Grande cuando yo estaba de vacaciones.
En una charla telefónica me comentó algunos detalles de su andar fueguino. Aquí se lo recuerda con cariño, e incluso hay un amigo “Paleta” Valdivia, que lleva su nombre.
La historia que podrán leer más abajo tenia otra versión: Por Internet se enteró de la venta de tierras en la zona del Chaltén, en momentos en que la región estaba en litigio entre Argentina y Chile; los propietarios no querían trasladar problemas, estaban vinculados a Pérez Compac, y quien se presentó en el caso fu su hijo Ivo. Sólo después de la venta aclaró que tenia la ciudadanía española, pero había nacido en Argetina.
No hace mucho Pablo Gustavo Beecher lo entrevistó para el suplemento que hace en La Opinión Austral.
En sus recuerdos antárticos figura una conversación directa con Perón.
Pero por ahora sólo leamos lo que se escribió en El periódico de Cataluña, escrita por Xavier Moret, y que se puede leer online en http://www.elperiodico.com/

Oriol Domènech: "Le puse un 38 en la sien para salir vivo de la Antártida"
Catalanista huido del franquismo con tierras en la Patagonia. En los 50 vivió nueve meses en la Antártida.

--La suya es una vida de novela, doctor.
--A todos nos pasan cosas.

--Pero no todos han vivido en la Antártida y tienen una estancia en la Patagonia.
--Bueno... Yo estaba en Buenos Aires en 1952, como ayudante en una operación, cuando me llegó la aceptación de mi solicitud para ir a la An- tártida. La firmaba el ministro de Marina. Y me fui para la isla de Half Moon.

--¿Por qué quería ir a la Antártida?
--Había tenido problemas en España por catalanista, me hicieron un consejo de guerra y estuve en varias prisiones, y me había fugado a Argentina con pasaporte falso. Una vez allí, preferí ir a un lugar límite.

--¿Se quedó mucho tiempo?
--Estuve nueve meses en aquella pequeña isla, rodeado de un mar helado y con un comandante que estaba loco, como el capitán Bligh de Rebelión a bordo. Si no le pongo un 38 en la sien, no habría regresado nunca.

--¿Qué pasó?
--El comandante era un déspota. Una vez tuvimos que caminar 70 kilómetros por el mar helado, y como él no podía más, nos ordenó detenernos a poca distancia de la costa. El hielo amenazaba con romperse, pero él se negaba a continuar. Al final tuve que ponerle un 38 en la sien. Solo así aceptó continuar hasta la costa. Poco después se rompió la gran masa de hielo.

--¿Cómo era la vida allí?
--El viento y el frío eran terribles; había vientos de hasta 220 kilómetros por hora y temperaturas de 35 bajo cero, pero las auroras australes eran una maravilla.

--Tengo entendido que escaló una montaña.
--El Mount Plymouth. Está en la isla de Greenwich, en territorio chileno, y nadie lo había coronado hasta entonces. Dejé una bandera catalana en la cumbre, aunque entonces no se dijo nada.

--¿Alguna otra hazaña?
--Me jugué la vida atravesando un mar helado para ir a amputarle la pierna a un marino chileno de la Base Pratt. La tenía gangrenada y fue un éxito.

--Ahora se ha puesto de moda viajar a la Antártida.
--Entonces no parecía interesar a nadie. Estuve operando en Ushuaia, que entonces era conocida como "el culo del mundo", durante un tiempo. Luego regresé a Alemania, y desde allí preparé la fuga de la que sería mi esposa, Mercedes, por Portugal.

--Otro episodio de novela.
--Cruzamos el río Miño a nado para llegar a Portugal, y en 1956 nos casamos en Lisboa. Ella tenía entonces 23 años, y la mayoría de edad no era entonces hasta los 25. La detuvieron después de la boda y su familia la encerró en un reformatorio. Yo tuve que irme a Argentina, confiando en que ella podría reunirse conmigo más adelante, como así fue.

--¿Y volvió a ejercer de médico?
--No me convalidaban el título, pero se inventaron la ley Domènech para que pudiera operar al sur del paralelo 42. Me establecí en Tierra de Fuego y en Río Gallegos, y enseguida empezó a venir gente para que la operara yo mismo. Llegaron a recoger más de 30.000 firmas para que no me fuera. Venía gente hasta de Santiago, que estaba nada menos que a 3.000 kilómetros.

--También estuvo en Paraguay, ¿no es cierto?
--Estuve ejerciendo en el Matto Grosso. Un día llegué a un poblado donde había un hechicero, con plumas y todo. Cuando se me escapó un "¡collons!" a media operación, me dijo, sorprendido: "¡Vós sou català!". Resultó que era un estudiante de Medicina de Girona que en el exilio ejer- cía de hechicero.

--¿Y cuándo compró la estancia Canigó?
--Un día, en Río Gallegos, vino un español que me dijo que me vendía su estancia. Recorrimos con mi esposa y mi hijo muchos kilómetros a caballo y llegamos a un lugar maravilloso, cerca del cerro Torre. Compramos la estancia, de 8.500 hectáreas.

--¿Y luego la amplió?
--Más arriba había un campo fiscal, del Estado, y lo compré barato, pagando por hectárea menos de lo que entonces costaba una Coca-cola. Después compré otra estancia, y las tres juntas formaron Canigó. La bautizó mi mujer, porque decía que las montañas allí eran "fresques i regalades".

--¿Tenía ganado?
--Vacas y caballos. Los marcamos con las cuatro barras de la bandera catalana... y los de allí decían que era una parrilla".

--¿Cuándo regresó a Barcelona?
--En los años 70. Argentina era entonces muy inestable y quería que mis hijos crecieran aquí. Pero uno de mis cuatro hijos, Ivo, sigue allí, en la Patagonia. Montó en El Chaltén un bar llamado La Senyera. Aquella tierra es maravillosa.

CUADRO DE HONOR 1


Ordenando papeles entre las memorias de la casa salesiana de Río Grande, Graciela Pesce encontró estas líneas que me remitió vía correo electrónico y que yo ahora transcribo para facilitar su lectura.



El Austral.

Río Grande, 22 de junio de 1963.

Cuadro de Honor del Ceferino Namuncurá.

Son los alumnos que más se van superando para lograr una merecida reacción sobe el déficit escolar que se les atribuía justicieramente a principios del año escolar. ¡Honor a ellos y sus maestros del IN.SPE.BO.

6to Grado. Cárcamo, Miguel - Vásquez, Eduardo - Wingston, Juan - García, Enrique –
Guifford, Federico.

5to Grado, Baeza, Julián – Herrera, Eduardo – Alvarado, Osvaldo –Gómez, Eduardo – Gómez, Julio.

4to Grado, Gutiérrez, Oscar – Rogel, José – Cheuquel, Hernán – Mihovilovic, Alejandro – Falettti, Pablo.

3er Grado, Arteaga, Fernando – Maslow, Luís – Ojeda, Luís – Finocchio, Daniel – Mora, Héctor.

2do Grado, Cheuquel, Elvio – Aguilar, José – Velasco, Salvador – Nahuelquín, José –Villegas, José.

1er Grado Superior, Pacheco, Ricardo – Flores, Omar –Pisano, Daniel – Liviniers, José – Graoo, Luís.

1er Grado Inferior”A”, Barria, José – Salgado, Carlos – Soto, Hugo – Dobronic, Ricardo – Águila, Nestor.

1er Grado Inferior “B”, Pantoja, Juan – Willesnsen, José – Gallardo, Ramón – Saldivia, Orión (l) – Fernández, Raúl.

1er Grado Infantil. Calbullahue, Omar – Ojeda, Juan – Mansilla, Sixto – Arteaga, Adolfo – Kaiser, Rodolfo.

PATRIA

Tu que naciste un venticinco
Y del Cabildo te apoderaste
¡cuántas victorias nos conseguiste,
Por que a tu lado la gloria va!
Tu que eres grande,
Grande, grandiosa,
¡Pátria hermosa
Pátria inmortal!

Gutiérrez, alumno de 4to grado.

Comentarios

El mencionado Cuadro de Honor no significa que los mencionados fuéramos los mejores de cada grado; éramos aquellos que habíamos superamos nuestras limitaciones iniciales después de aplicarse en nosotros una atención directa sobre nuestros problemas.

El IN-SPLE-BO era las siglas de Instituto Sico-pedagógico Beauvoir, donde la última sílaba estaba representada por la pronunciación en castellano del apellido francés de quién fue el primer director de la Misión de La Candelaria.

Era una suerte de Gabinete Psicopedagógico al frente del cual estaba la maestra Diana Havelka.

Recuerdo cuantos problemas tenía con la regla de tres, simple, y los que podían venir con la de tres compuesta; las dificultades al escribir con las normas de la ortografía, y cierta distracción que crecía en mí pese a no conseguir nunca sentarme de lado de la ventana de daba a la calle.

El poema en cuestión, a mis diez años, debe ser mi primicia literaria. Salió en El Austral y en casa esta recortado por mi padre y pegado en una hoja de papel canson.

Había otros escritos, tal vez más queridos por mí, que nunca conocieron la tinta de imprenta.

Cundo Patricia Cajal lo leyó dijo: ¡Ya se notaba que ibas a ser peronista!. No estoy de acuerdo, hay en el mucho de patria y nada de pueblo.

LA CANDELARIA 1921.2


Aquí se puede ver la plana mayor del Piedra Buena, formando parte de una tarjeta que se distribuyó a posteriori del naufragio de 1921.
Hubo destinatarios entre los vecinos de Río Grande que, según lo escrito oportunamente más abajo, se mostraron solidarios en los días de rescate.

1966.1: EL AÑO DE LOS CÓNDORES




El acontecimiento comenzó en un tiempo en que hizo frontera mi infancia y mi adolescencia. Por esos días tenía a mi madre enferma en Río Gallegos, buscando una solución a un diagnóstico complicado. Vivíamos los primeros meses del cambio institucional que representaba el gobierno de Onganía, pero no había conmoción por ello en el espacio fueguino. Terminábamos de festejar por primera vez con un desfile de carrozas el día de la Primavera. Y el mundo, aun el país, parecía quedar demasiado lejos. No teníamos otra radio que la de los curas en la Misión, pero más nos conectábamos con otras realidades por intermedio de las emisoras de Punta Arenas o Gallegos. La TV era una obra inconclusa de la gestión del primer gobernador fueguino –y riograndense recordaban algunos- y todos esperábamos que no se postergara con los cambios de esa hora.

Entonces el sur fue noticia.

Un tiempo atrás lo había sido en los luctuosos acontecimientos de laguna del desierto donde pierde la vida el Teniente Merino de los carabineros chilenos. La edición de la revista 7 días donde aparece el cadáver con los ojos abiertos se agotó, y hasta la distribuidora local –propiedad de Arteche- encargó un nuevo despacho que nunca llegó.

El conflicto militar con Chile era una idea latente que quitaba el sueño cada tanto a diversos sectores de la comunidad. Río Grande estaba dominada demográficamente por los hijos del vecino país, y los hijos “de esos hijos” no eran reconocidos fácilmente como argentinos por los sectores que detentaban el poder militar en esta hora.

A la derecha del mapa, y un tanto más al norte de nuestro islario, estaba el otro archipiélago austral: el de Malvinas. Su historia se sumergía en el mar de las frustraciones nacionales. Pero allí estaba el imperio, ese que nos había conformado en nuestros idearios económicos a los argentinos del modelo agroexportador, el mismo modelo que había consolidado nuestra identidad austral: con una Patagonia –chilena y argentina- tributaria del mercado inglés. Con ellos seguramente seríamos medidos en nuestras acciones, en nuestros desplantes, y sólo quedarían reclamos como un sordo ruido en las aulas o los cuarteles.

Y allí aparecieron ellos: los Cóndores, en la antesala de otras muchas reivindicaciones. Cabalgaban sobre el antecedente de Miguel FitzGerald quien fue el primer argentino en volar a las islas y plantar la Bandera nacional. Lo hizo en 1964, piloteando un avión Cessna, el día de su cumpleaños. Dejó una proclama y regresó.

Para 1966 el mensaje no sería para los Ingleses, sino para el país: “En operación perfectamente coordinada minutos después del aterrizaje en las Islas Malvinas Inteligencia de la Operación Cóndor distribuyó a la prensa metropolitana la proclama redentora:

Concretar el futuro o morir con el pasado

“Es una de las dramáticas expresiones del documento donde se resumen los móviles los móviles de la arriesgada empresa". El mensaje fue transmitido también por la radio del avión secuestrado. Dice así:

"Jefatura de la Operación Cóndor. Puerto Rivero. Islas Malvinas. ¡A los Argentinos! La responsabilidad de nuestra soberanía nacional siempre fue reportada por nuestras Fuerzas Armadas. Hoy consideramos le corresponde a los civiles en su condición de ex soldados d de la Nación, demostrar que lo aprendido en sus pasos por la vida militar ha calado hondo en sus espíritus. Así creemos la marcha hacia el sur. Creemos en una patria justa, noble y soberana. Somos cristianos, argentinos y jóvenes. Pertenecemos a una generación que desde su heroísmo asume sin titubeos la responsabilidad de mantener bien alto el pabellón de los argentinos. Estamos aquí por que hemos preferido los hechos a las palabras. Estamos solos antes Dios y con nuestra determinación. Sin banderías políticas. Provenimos de todos los sectores nacionales y pertenecemos a militancias políticas distintas, pero estamos unidos por que creemos que eludir un compromiso es cobardía. Por que estamos luchando y lucharemos por devolver a nuestros hijos la imagen de patria que nos legaron los hombres de mayo. Nosotros con orgullo nos hacemos cargo de esta herencia con humildad pero sin vacilaciones. Por esta patria que tiene su historia escrita en gloriosas páginas de sangre. Por esta patria que merece el sacrificio de sus hijos, para que nuevamente pueda brillar como ejemplo de Hispano América. Nosotros como pueblo argentino, es decir en nombre de todos cuantos habitan nuestro suelo, en especial a la juventud argentina a la que pertenecemos, ponemos hoy nuestros pies en las Islas Malvinas argentinas para reafirmar con nuestra presencia la soberanía nacional, y quedar como celosos custodios de la azul y blanca, que ha de flamear altiva mientras haya hijos que respondan con ella. Quiera Dios ayudarnos en nuestra empresa. A El encomendamos nuestras almas. En su fe forjamos nuestro coraje, o concretamos nuestro futuro o moriremos con el pasado. Dado en Puerto Rivero, las Islas Malvinas argentinas, a los 28 días del mes de septiembre de 1966”.

El operador periodístico

Atrás de los hechos vividos aquella primavera aparece la figura de Héctor Ricardo García, empresario periodístico que había acompañado la quijotada de Fitz Gerald y que se dijo más tarde –en su libro Cien veces me quisieron matar, publicado por Planeta en 1993- que fue convocado por los complotados a secuestrar por primera vez un avión, en el historial de nuestro país:

“el martes 27 de septiembre de 1966, a las cinco de la tarde, sonó el teléfono en mi oficina.
Atendí con cierto fastidio, pues prefiero ver la cara de las personas que hablan conmigo. Del otro lado surgía una voz masculina, vigorosa y seria. “Soy Dardo Cabo” dijo. Lo recordé: era un muchacho delgado de pelo enrulado, a quien conocí cuando capitaneaba en octubre de 1965 a los miembros de la custodia personal de la señora Isabel Martínez de Perón, en el “Alvear Palace Hotel”, en tiempos que me alojaba transitoriamente allí.
Por entonces el establecimiento hotelero y las inmediaciones eran, durante las noches, verdadero campo de batalla entre quienes repudiaban la presencia de la tercera esposa de Perón y quienes la defendían. A partir de las diez de la noche, y hasta la madrugada, se producían refriegas en las que abundaban los gases lacrimógenos, el arrojar de botellas y otros objetos contundentes desde los edificios, y hasta algunos tiros.
Para que la intranquilidad del recinto hotelero fuera total, era costumbre ver a Oscar “Ringo” Bonavena, quien también se alojaba allí, hacer “footing”, o escuchar a Leonardo Favio ensayando con sus músicos hasta las tres o cuatro de la madrugada. Sin olvidar el movimiento comercial que marcaban las oficinas que habían instalado en habitaciones productores como Héctor Cavallero o Alberto “Tano” Nozzi.
Cabo y sus colaboradores ocupaban habitaciones en el “Alvear”, cercanas a la de Isabelita, y la noche del jueves 14 de octubre aparecieron varios policías al mando del comisario Aldo Palmieri a requisarlas, pues se había hecho una concreta denuncia de que tenían gran cantidad de armas. Enterados los “custodias” de la inminente visita policial, colocaron todos “los fierros” en una bolsa y la colgaron de un balcón, hacia el vacío. Cuando los hombres de Seguridad Personal revisaron todo minuciosamente, no encontraron nada.
No bien e fueron, las armas volvieron a sus dueños.
Como los escándalos nocturnos continuaban, los pasajeros del hotel “Alvear” comenzaron a abandonarlo, determinando que sus directivos le solicitaran a la esposa de Perón que dejara sus habitaciones, lo que aceptó. En la tarde del viernes 15 Isabelita se instaló en el del Sindicato de Luz y Fuerza, “12 de Octubre”, ubicado en la avenida Callao 1770, calmándose los ánimos de los revoltosos en la zona.
Ahora, a casi un año de aquello, Cabo quería hablar personalmente conmigo. Le dije que viniera al diario, pero respondió que no podía. Hubo un silencio que él quebró enseguida:
- Podríamos vernos dentro de una hora en la confitería “El Ciervo”.
Asentí. A pesar de que “El Ciervo” estaba solo a dos cuadras de la redacción, en Callao y Corrientes, confieso que fui con pocas ganas. Algo más tarde, con una “Coca-Cola” y un té en medio de ambos, Cabo me preguntó si me interesaba una nota periodística “muy importante”. Le respondí que sí, pues pocas cosas me interesan tanto en la vida como el periodismo, e inmediatamente inquirí sobre el tema.
Cabo miró su vaso, hizo una pausa y me contestó que no podía confiarme nada más. Debía viajar con él y allí enterarme.
Fastidiado, con la sensación de estar perdiendo lamentablemente un poco de mi tiempo, le dije que no contara conmigo pues tenía en proyecto un viaje a Manila para presenciar la pelea por el título mundial entre el argentino Vicente Derado y el filipino “Flash” Elorde. Me miró fijamente y respondió lacónico:
-Es una lástima –y enseguida intentó pagar la consumición. Le ofrecí entonces enviar a alguien que me representara, pero me contestó: “Usted, o nadie”.
La respuesta no me gustó y busqué, al pagar la adición, poner fin al diálogo. Ya en la puerta que da sobre la avenida Callao nos despedimos, pero antes de la separación definitiva me extendió un papel con un número de teléfono para que lo llamara si cambiaba de opinión.
Eché a andar hacia el diario pensando en el tema. Cuando uno es periodista, sobre todas las cosas, se arriesga. De modo que comencé a luchar contra mi otro yo.
Ya en mi oficina medité mucho sobre esa “nota sensacional” ¿qué sería? ¿El “Ché” Guevara en la Argentina? No hacía mucho que se había hablado de su presunta aparición en el Norte…
¿El cadáver de Eva Perón? Este es el tema número uno por el cuál cualquier periodista tenía por entonces que estar dispuesto a cualquier cosa.
¿El retorno de Perón al país? Desde una semana atrás corrían versiones de un nuevo “operativo retorno”, de modo que…
A las 9 de la noche tomé por última vez el papelito con el número que me había dado Cabo, y disqué. Me atendió una mujer y enseguida me comunicó con él. Concretamos la cita:
-A las 12 de la noche en el Aeroparque- me dijo- para un viaje de dos días al Sur del país. Eso fue todo.


Adelante, a lo desconocido…”

El nombre de Cabo se incorporaría al historial duro de la política juvenil de la década siguiente. Pero también formaría parte del anecdotario fueguino cuando superada la etapa feliz del secuestro del avión encontrarían sus actores un escenario de reclusión en nuestra isla. Es que por entonces se habían marcado disensos entre Cabo y Giovenco, el otro caudillo del grupo, y por sus peleas se dispuso traer a algunos de ellos a Río Grande, mientras los otros quedaban en la capital fueguina.

Pero ese es un salto muy grande para el que recién nos estamos empezando a preparar con estos papeles guardados durante años, resurrectos ahora.

LA CANDELARIA 1921.1



Aquel Transporte Naval, que fuera antes Cañonera Paraná.
Con su perfil en un horizonte acuático.
Antes de su sepultura final en la Caleta de la Misón, de la cual dimos cuenta más abajo.., y hace 20 años.