El naufragio del Piedrabuena.
Lecturas de LA PRENSA.32: Ministerio de Guerra.
En estos días saldrán de esta capital para el sur los remolcadores Tehuelche y Fueguino. Uno de ellos llevará provisiones para la División de Bahía Blanca y quedará adscripto a esa división en calidad de aviso.
El otro seguirá a la Tierra del Fuego en cuya gobernación y también en la Isla de los Estados la embarcación quedará por algún tiempo, prestando los muchos y eficaces servicios que puede prestar allí una embarcación de esa clase, principalmente en casos de naufragios u otros de los tantos contratiempos que pueden experimentar los muchos buques que navegan por aquellas aguas.
Observaciones del Mensajero:
El diario de Paz hace el seguimiento de los remolcadores que ya hicimos aparecer en este blog.La situación de los naufragios ha sido motivo de curiosidad y ahora de estudio en el ámbito fueguino.
El pasado 11 de enero se lanzó en Ushuaia el Programa Arqueológico Costa Atlántica con el objetivo de relevar los yacimientos arqueológicos y restos de naufragios a una escala regional amplia. Los objetivos del programa son obtener información sobre la localización y características de los yacimientos prehistóricos y los restos de naufragios, recuperar muestras de material orgánico destinadas a fechados radiocarbónicos y otros tipos de análisis eventuales. El fin último es disponer de un corpus de información lo más completa y actualizada posible que permita arbitrar planes de manejo adecuados, actuar en términos preventivos sobre eventuales acciones que comprometan la integridad del registro y trazar futuros lineamientos de investigación.La coordinación de los trabajos de campo desde el punto de vista logístico está a cargo de la dirección del Museo del Fin del Mundo.
FM Aire Libre registró los detalles de la presentación de esta actividad señalando que los responsables de los equipos de trabajos por área son la Dra. Mónica Salemme, Lic. Fernando Santiago y Lic. Jimena Oria de la zona norte; el Dr. Luis A. Borrero, Dr. Ramiro Barberena y Lic. Karen Borrazzo de la zona centro, la Dra. Myriam Álvarez y Lic. Martín Vázquez de la zona sur y la Dra. Dolores Elkin, Lic. Cristian Murray y Lic. Mónica Grosso del área de Arqueología Náutica.
El Programa Arqueológico Costa Atlántica tiene alcance provincial y cuenta con el apoyo financiero de la Empresa Total Austral S.A. y Apache S.R.L.
La Costa Atlántica de la Isla Grande de Tierra del Fuego es una zona de gran relevancia desde el punto de vista histórico-arqueológico, por su riqueza en yacimientos de cronologías prehistóricas y restos de antiguos naufragios. Por un lado, las poblaciones humanas originarias han hecho uso intensivo y recurrente de los recursos costeros durante los últimos 6000 años, las evidencias de estas actividades se encuentran diseminadas ampliamente a lo largo del litoral atlántico fueguino.
Por otro lado, las dificultades para la navegación propias de los mares australes y la cantidad de naves que los surcaron antes de la apertura del Canal de Panamá, han contribuido a la conformación de uno de los registros de naufragios más densos del planeta.
Actualmente, las crecientes exploraciones petroleras y el incremento de la actividad turística implican potenciales factores de riesgo para la conservación adecuada de este valioso registro. El director provincial de Patrimonio Cultural, Lic. Martín Vázquez, explicó que “la diversidad de condiciones de la Costa Atlántica implica, a su vez, una diversidad igualmente amplia en cuanto a potenciales problemas de conservación que podrían afectar los sitios. Estos factores de destrucción o pérdida de información histórico-arqueológica incluyen agentes naturales como la erosión en cualquiera de sus formas y agentes culturales relacionados con actividades económicas como la ganadería, la explotación forestal, la actividad petrolífera, el turismo, etc.”
El Lic. Vázquez citó como antecedentes de destrucción del patrimonio histórico-arqueológico importante e irreversible a Puerto Almanza en el canal Beagle, a causa del desarrollo urbano, y algunos sectores al norte de San Sebastián, por ejemplo Cañadón Beta y Alfa, resultado de la explotación petrolera. Esta pérdida masiva de yacimientos e infinidad de otras menores o puntuales se deben fundamentalmente a la ausencia de previsión y datos precisos sobre la existencia o ausencia de estos bienes. La detección temprana de los yacimientos es la mejor y más potente herramienta de preservación de nuestro patrimonio histórico y arqueológico. En este sentido, el Programa Arqueológico Costa Atlántica busca reunir información para arbitrar planes de manejo del patrimonio, previniendo con ello su destrucción. El director de Patrimonio Cultural, quién también conforma el equipo de trabajo, finalizó diciendo que “las investigaciones ponen de manifiesto el gran potencial de esta zona que se ha desarrollado en forma dispar. Existen segmentos de la costa o yacimientos con trabajos intensivos y puntuales y, por el contrario, en otros importantes sectores nunca han sido efectuados relevamientos generales o aproximaciones iniciales, lo que genera espacios ‘en blanco’ en el conocimiento arqueológico regional. Además este programa enfoca sus esfuerzos en un importante sector de la costa en el cual, salvo espacios acotados no se cuenta con información exhaustiva y actualizada sobre la existencia y el estado del patrimonio histórico-arqueológico”.
El tema de los naufragios ha sido atrapante en ámbito fueguino a tal punto que ni bien se ingresa en el Museo Territorial se encuentra un emblemático mascarón de proa: referente no de una cultura del lugar, sino de los que accidentalmente fueron a devenir en nuestras costas.
¡Así se ha dicho sobre el espíritu náufrago de la reciente población fueguina!. Los que llegaron aquí para salvarse…
Conversando con Daniel Puebla me señalaba los diversos discursos que sobre los naufragios advirtió en los guía de museo, sean unos del Territorial y otros los del Marítimo, para uno los naufragios estaban originados en las duras condiciones de navegación en la zona, para otros el la conveniencia de hacer hundir las naves para cobrar el seguro.
La espiral de nuestro relato se abre a la metáfora social de los naufragios…
En un artículo publicado por Tecnopetrol, accesible desde Internet se alude a los naufragios en la Isla de los Estados de la siguiente manera:
La historia de la isla está rodeada de hechos de muerte y de violencia. "En sus contornos naufragan, según Piedrabuena, 7 u 8 navíos anualmente", recuerda Payró, quien relata en su libro 16 naufragios que tuvieron lugar desde 1884 hasta la época de su visita en 1897: Ana, River Lagan, Mountaineer, Garnock, Dunskerg, Colorado, Glenmore, Córdoba, Seatollar, New York, Crown of Italy, Guy Mannering, Louisa, Amy, Calcutta y Esmeralda. Beascoechea relata los naufragios de cuatro buques: North Star, Mac Lellan, Poctalus y Rubestein. De Agostini reseña los del Swanilda, Brignardello, Prussia, Eagle y Dr. Hanson. Zanola enriquece la lista con los siguientes: Vayari, Albert Gallantin, Prince Arthur, Mercator, Cosmopolit, Juliet, Rescue, Gulf of Arden, Fervaal, Astree, Capricorn, Yndores y Tekla. Las cifras son elocuentes: casi 40 naufragios en un período de aproximadamente 30 años, cuando ya estaban instalados los faros (primero el de San Juan del Salvamento, y después el de Isla Observatorio, más apto que el anterior). Además de las difíciles condiciones de navegación en la zona, la cartografía deficiente y la falta de datos, (Pablo) Zanola –quien era director del Museo del Fin del Mundo- sugiere la existencia de otra causa, de carácter económico, que se sumaría a las anteriores: "Cuando a mediados del siglo pasado apareció el motor, en la era de la revolución industrial, todas las compañías navieras europeas se vieron en la necesidad de renovar su masa flotante; es entonces que previo seguro de sus embarcaciones, muchas de ellas fueron mandadas a encallar o naufragar en el Fin del Mundo... "
Lecturas de LA PRENSA.12: MARINA DE GUERRA. Llegada del Puerto de Santa Cruz – Causa de su demora – Restos de un naufragio.
Este buque debía haber entrado en este puerto hace 8 días según el itinerario fijado para su viaje, pero llegó con algún retardo debido a las muchas operaciones de carga y descarga que le impidieron viajar con la celeridad de práctica.
El transporte ha invertido 73 días en su viaje a las costas fueguinas y trae 82 pasajeros de primera, 153 de segunda y 2100 toneladas de carga de frutos del país.
Ha llegado a su bordo la comisión exploradora del río Santa Cruz, la que oportunamente elevará su informe al Estado Mayor de Marina. Los datos que se conocen hasta ahora son de escasa importancia, aunque en general hacen referencia al satisfactorio resultado obtenido en todo el curso de la expedición.
Según la comisión, el río Santa Cruz mide cuarenta millas de largo por 1,2, más o menos de ancho, mucha profundidad y su caudal de agua, en cientos puntos verdaderamente torrencial, Corre a una velocidad de
La región recorrida es en general muy fértil y ofrece mucho campo a su explotación, más, si se tiene en cuenta que con la navegación se dará un poderoso impulso a unas 1500 leguas cuadradas.
Los ambos costados del Santa Cruz hay importantes establecimientos de campo que no pueden exportar sus productos a causa de no disponer de transporte hecho que
También viene a bordo el Jefe del Presidio Militar de
Una de las novedades que trae el Jefe del Presidio, es que en una de las correrías que tiene por costumbre efectuar por la isla, se encontró se encontró con un cerdo furioso y hambriento que no era de aquella población, y que se le dio muerte en el acto.
La presencia del animal les indicó un posible naufragio y siguió investigando más minuciosamente, hasta descubrir 6 cadáveres en la parte Este de la región denominada cabo Colnett, donde también se hallaron dos botes, destruidos en parte, que se supuso fueran los que usaron los náufragos en su salvataje.
Uno de los cadáveres parece ser el del capitán del buque náufrago o algún oficial de graduación por la ropa que vestía, más el detalle de tener insignias de jefe. No se han encontrado más restos ni señales que den luz en el esclarecimiento del siniestro.
El buque náufrago se presupone debe ser la barca alemana Lina Hamburgo, que salió de Santos en el mes de septiembre y llevaba rumbo a Tal Tal, puerto de las costas chilenas.
Uno de los detalles que acreditan esta suposición es la inscripción que se encuentra en los botes y salvavidas hallados próximos a la costa.
Comentarios del Mensajero:
Las primeras referencias nos sitúan en una búsqueda, finalmente postergada, de utilizar el curso del río Santa Cruz como vía navegable al interior territorial.
El caso del Presidio Militar nos presenta la figura del Mayor Grandón (foto) que tendrá una extensa carrera
penitenciaria. Llegará por
En cuanto al naufragio diremos que hoy se registra a la nave naufraga con el nombre de Lina. Siendo una nave de pabellón alemán, con aparejo de barca y registro del puerto de Hamburgo, que habría naufragado el 15 de marzo de 1900.
Se encontraron varios cuerpos de las víctimas, los cuales fueron enterrados en el cementerio de Puerto Cook, Isla de los Estados. Existe una tumba en las cercanías del ex presidio militar de la isla, con un cerco de hierro, en la cual según la leyenda, descansan los restos del capitán de esta nave y su esposa, la historia está adornada con las pertenencias de valor que estarían enterradas en el mismo sitio.
LA CANDELARIA 1921.2
Ocurrió en la caleta donde con los años se intentó construir el puerto de Río Grande


El incidente ocurrió en aguas de Caleta La Misión, y sólo guarda parangón de conmoción para la capital del departamento de San Sebastián en el naufragio del Glen Cairn, catorce años en Cabo San Pablo.
El “Piedrabuena” se perdió bajo las aguas fueguinas cuando llevaba veinte años de trabajo para la gobernación.
Antes había recibido otro nombre: “Cañonera Paraná”
Así sirvió a la Armada Nacional desde 1874, dos años después de ser botada en Inglaterra. Era en su momento más trágico, un barco de cincuenta años…
Muchos fueron los momentos de gloria antes de su mutación nominal, pero hubo uno que la encuentra hermanada profundamente al historial en la bahía de Oshovia, cuando el Comodoro Lasserre izaba por primera vez en esa tierra argentina, el pabellón nacional…
En 1899, adquirida una nueva Cañonera por los aprestos militares con Chile, la Paraná fue convertida en transporte de carga. Su destino podría haber sido un largo peregrinar por la costa atlántica patagónica, pero al fin debió atender exclusivamente a la gobernación fueguina urgida de distancias.
El Piedrabuena fue el fruto de otra improvisación, a tal punto que en La Nación del 7 de junio de 1902 encontramos una referencia crítica a su funcionamiento: “… es viejo pero aun está muy utilizable, porque el casco se conserva fuerte y las máquinas en regular estado. Pues bien, a fuerza de mal trato y poco cuidado han hecho de él una ruina flotante, se le sacaron refuerzos vitales a título de despejar bodegas, se hechó abajo la cámara de oficiales para agrandar otros departamentos, no se pinta, ni se reconoce los tubos de la maquinaria, ni siquiera se le lava, porque en los depósitos de abordo no hay elementos para hacerlo, más aun, escasean las mismas materias grasas que necesita la máquina. Últimamente el Ministerio del Interior tuvo que darle anclas porque hasta eso le faltaba”.
“Abordo hay un guarda máquina de la escuadra, que no puede hacer otra cosa que ver y lamentar cómo se está destruyendo todo el material”.
“Y como si esto no bastara la fama del barco en los puertos argentinos y chilenos es desastrosa. En Punta Arenas se llamaba “buque pirata” porque es público y notorio que no paga sus deudas y ha estado, más de una vez a punto de ser embargado”.
Esto era en los principios de su adscripción a la gobernación,… imagínese cómo estaría casi veinte años después.
Soportó dos naufragios, en Brenock en 1907, en 1908 en Punta Loyola, de ambos fue reflotado y reparado con diversa prolijidad.
Así se navegaba aquel entonces en nuestro sur.
Mientras… el Piedrabuena balizó, transportó carne, presos -carne de presidio, caudales para los bancos de Ushuaia y Río Gallegos, estoicos pasajeros…
El Museo Monseñor Fagnano de la Misión de la Candelaria guarda reliquias del barco hundido y durante algún tiempo la mayor parte de la vajilla de la Escuela llevaba el sello de ese navío.
Pero antes de seguir, volvamos al año 1921, mes de abril… día 28, cuando el padre Zanchetta señalaba en el cuaderno de las crónicas que “el barco se está deshaciendo lastimosamente flotando por la playa algo de todo, cargas, equipaje, restos del buque…”
¿Qué había pasado?
Dos días antes comandada por el Capitán de Navío Máximo Kock dejaba -solamente- en la caleta una radiografía para el anciano Sikora, hermano coadjutor que moría por aquellos días y cuya tumba se encuentra en el extremo norte del viejo cementerio. El Piedrabuena traía provisiones, pero el mal tiempo llevó a la determinación de zarpar hacia Gallegos e intentar a la vuelta el operativo de atraque y descarga. El barco de 3,38 metros de calado no necesitaba de puertos en la Caleta…
Todos se salvan, pero el Piedrabuena se va a pique cuando choca contra una roca. Al percance se une la incertidumbre de alojamiento para los náufragos. Con los salesianos quedaría una señora con dos hijitas y un hijo, un señor José A. Martínez Rodríguez con su sobrino Fabián Martínez Díaz; Dos oficiales: el segundo Teniente de Fragata Pablo Astorga, el Contador Enrique Olguín. Los demás fueron llevados en autos de Jarrín y Van Aken hacia el puerto, que así se llamaba entonces a nuestro pueblo.
La tripulación acampó como pudo en las inmediaciones. Eran entre 65 y 70 hombres acomodándose de cualquier manera para dormir. El auxilio se demoró y cuando finalmente llega el buque Makinlay -nave con nombre de naúfrago – ya no tenía nada que hacer el preso de Ushuaia que sabía el oficio de buzo.
Los curitas se asustaron por la forma en que se había incrementado el carneo de animales, como bajaba el stock de harina a las puertas del invierno. Pero la situación resultaba alentadora cuando el primero de mayo -día de San José- hicieron la comunión dos hijos de náufragos, o cuando sacando optimismo de donde sólo había desesperación se festejó el cumpleaños de Ramiro -comandante del Vapor Ona- que había llegado con más buzos para emprender lo imposible: el rescate del barco hundido.
José Fadul consiguió salvar algo de lo que el barco transportaba, llevándolo en carretas hasta su comercio portuario.
Van Aken dejó inutilizado su vehículo en una de las tantas travesías que debió realizar en esos días de emergencia.
Y fue así como casi un mes después la marinería dio brillo al festejo de la fiesta patria cuando el 25 de mayo –previo reparto de tarjeta entre las autoridades riograndenses- se convocó a las diez y media al Te Deum que celebró el Padre Cencio.
A la saida de la iglesia histórica, la dotación del Piedrabuena formó para cantar el himno Nacional. El comandante hizo una alocución alusiva “en la que mostró su patriotismo y su gran corazón de marino -se lee en los cuadernos de La Candelaria- en el rancho hubo regalos para todo el mundo, vino, fruta, dos capones de más, con mate… y todo el día libre”.
Kock debió asistir también -junto con la señora del Prefecto Doña Nidia de Sosa- al padrinazgo bautismal de Héctor Jorge Van Aken Traba, hijo del comerciante tan próspero como servicial.
Los marineros permanecieron un mes más hasta que se teminó de rescatar entre las astillas del naufragio depositadas en la costa todo lo que pudiera ser útil y así partieron del frío paisaje invernal las carpas que fueron improvisando refugio para los hombres del Capitán Kock.
¿Cuál fue la responsabilidad de este marino sobre la tragedia?
El hermano Juan Asvini contribuyó a su absolución durante el juicio de responsabilidades que se le siguió. “El panadero” indicó que en un balizamiento realizado por otro transporte naval, el Vicente Fidel López, no se detectó la roca fatídica ubicada en el centro de la caleta. El comandante en agradecimiento por el testimonio esclarecedor el regaló al salesiano un cuadro de la última cena que se muestra en un lugar preferencial en el museo de la institución.
Cuando visites la vieja escuela verás en su patio -erecta- la enorme viga de uno de los mástiles del navío zozobrado. Y si lo haces en una de estas tardes de sol, subiendo hasta lo alto del Cabo Domingo, podrás ver a unos cien metros de la costa -en la zona de la caleta- la proa del navío, cuando las mareas son de 0.50 metros; pero cuando estas alcanzan el metro emergen sus dos anclas y restos del palo mayor, entre cabrestantes y algas, entre crespón de barro… También -al volver la pleamar- verás como se estrellan las olas del océano en la roca gordiana, transformada en lápida del barco centenario.

