EVOCACIONES.20 de agosto de 1578. Drake llega al Estrecho de Magallanes.



El corsario inglés que cumpliría con la segunda circunnavegación al globo, después de más de medio siglo de la empresa de Magallanes y Elcano, llegan hasta el estrecho interoceánico.

Había partido del puerto de Plymouth el 13 de diciembre de 1577 con 172 hombres a bordo de cinco naves: Pelikan, Elizabeth, Swan, Christoper y Marygold.

La primera parte de su empresa consistió en hacer la guerra de corso contra España en el caribe, luego avanzó sobre la Patagonia ocupando en la costa un lugar denominado Bahía de las focas, que bien podría ser Puerto Deseado. Allí se desmanteló la Swan cuya operatividad navegable estaba al límite, y se la incendió. El fuego atrajo a los tehuelches que trabajo con en inglés una relación amistosa, a tal punto que se quedaron con su sombrero de plumas.

A poco de seguir al sur pierde una segunda nave, la Christoper, por lo que al igual que Magallanes decide invernar en San Julián. Allí ocurrirá una sublevación –situación que también vivió Magallanes- y procederá a ejecutar al insumiso capitán Thomas Doughty.

Francis Drake cruzará el estrecho en un tiempo record, 16 días, y luego retomará desde el sur la navegación al naciente dando lugar al descubrimiento del paso que lleva su nombre.

En esta travesía en un océano que no se le muestra para nada como Pacífico perderá dos naves quedando solamente con la capitana que es rebautizada en el acto del cruce con el nombre de Golden Hind.

Drake bordeará la costa del pacífico propiciando actos de piratería contra las posesiones españolas, haciendo crecer el temor entre los católicos por lo que consideraban un demonio protestante.

Con el MENCHO OLIVA: Memoriosos recuerdos de antiguos arreos.

El Mencho se identifica con la estancia La Correntina, allá en las inmediaciones de Tolhuin. Ese enclave pastoril es la herencia de trabajo que les dejó su padre: Pedro Nemesio que llegó a la isla por 1925. Venía desempeñándose como gurdiacarcel, y eso fue mientras el Presidio existió. Después pasó a la policía de los Territorios Nacionales. Hombre de a caballo en días más tranquilos don Pedro tuvo destinos por Cullen, San Martín, hasta que lo destinaron en la cabecera del Lago. Allí llegó a cabo en días en que el actual museo del lugar era comisaría.
Encontró un campo conveniente y comenzó a dedicarse a las dos cosas, pero un día de advirtieron que debía optar, y se independizó.
El Mencho pertenece a esta nueva historia. Si su hermano mayor había hecho escuela en la 2 de Río Grande a él le tocó ser alumno en la Misión. Entre los curas estaba internado entre septiembre y mayo, iba y volvía a caballo... la escuela era un espacio de trabajo, y las vacaciones ofreciàn también ¡más trabajo!
Un día, mientras esperábamos en comienzo de una ceremonia, y cuando la señora se entretenía conversando con otras damas, pasó a recordar los arreos que se realizaban para que en Ushuaia no faltara carne ovina.
El tendría 14 años y ha quedado como testigo de aquellas tareas; tal vez habría podido hablar de lo mismo Don Ubaldo Tardón –que se asociaba con su padre para cumplir contratos con comerciantes de la capital territorial- pero el vecino de La Porfiada, que también antes de tener campo había sido policía, ya estaba postrado. Oliva recuerda a la vez a un Pedro Ulloa que por la edad puede estar vivo, pero por el lado de Santa Cruz.
Los grandes piños, los arreos, entre cinco o seis mil animales, y llevarlos a destino ocupaba al menos un mes de lenta travesía.
Por entonces el ganado era llevado para abastecer las carnicerías de Preto  o Pastoriza, trabajano ellos para este último.
Como había un trámite de comprar los mayores se encargaban de juntar los animales en las grandes estancias del norte, y llegados a la cabecera del Lago –entonces Tolhuin no existía- era responsabilidad de los más jóvenes.
Se hacían dos o tres arreos al año, y se cobraba por cabeza de ganado en pie que se ponía en destino.
Había que saber bien donde se podía pastorear, donde hacer noche.

Desde la lejana Cullen se salía cortando campo, pasaban a sumar los animales de San Martín y Flamencos, donde recibían los que partían de El Salvador y San Julio.
Se andaba buscando lo más directo, se abrían y cerraban tranqueras… prudentemente; buscando el ansiado viejo puente colgante. Que por entonces colgaba y no eran tan viejo.


Ya del otro lado del río se buscaba cortar camino para llegar a San Luis, en tanto que Vidal les tenía preparado un amplio corral en Punta María. Ta vez en ese hotel tenían la primer oportunidad de hacer noche, con cama y comida, en una tarea lo menos incómoda de lo que era el resto de la travesía.
El tema venía luego rumbo a Ushuaia, pasando el Lago, enfilar por el paso Garibaldi, el caracol de entonces, y la seguridad la daban los perros. El recuerda que se desenvolvía –como sus compañeros- llevando siete perros a los que debía alimentarse de loa animales para el consumo que se llevaban en la tropa.., destino ineludible a veces para los que quedaban afectados en la travesía.
El retorno se hacía también a caballo, y volando con los pensamientos mucho más allá de los amplios horizontes sobre los que se desarrollaba una vida fueguina.., ¡que ha cambiado tanto!

EN LAS FOTOS, el Mencho, en dos tiempos de su vida.


YOLANDA DIPS, y el periodismo como un espacio de transferencias.


Nació en Comodoro Rivadavia pero la anotaron en Córdoba, aunque ella se siente riograndense.
De niña era la mayor entre los hermanos y su padre –un Cochabambino que estudió en la Argentina y se quedó- hubiera querido que estuviera al frente del negocio, y de la profesión.
Pero su inclinación fueron las ciencias sociales. Un día le anunció que iba a estudiar Periodismo, y la respuesta inmediata fue: ¿Eso se estudia?
Al tiempo estaba en La Plata donde se formó para comunicar, y se formó para formar.
Su trabajo docente en el CENT 35 la ha vuelto una trabajadora nocturna. Hizo una apuesta sustancial con la radio para participar de nuestras entrevistas mañaneras.
Pronto cumplirá cincuenta años, una edad en que buena parte de los docentes fueguinos se jubilan, pero ella no se imagina en esa situación: entro tarde a la Administración Púbica y le queda un tiempo por andar, un tiempo que disfruta.
La carrera de Comunicación se ve enriquecida al tiempo en que disminuye la oferta laboral para los jóvenes, y pero cuando aumenta la demanda fabril se van perdiendo vocaciones. De esta experiencia se van sumando generaciones de alumnos que ya están en el mercado laboral fueguino. LRA 24 les ofrece a partir del espacio CEMENTO FRESCO la oportunidad de hacer una práctica intensiva de radio, a los que terminan.., y en esto está Yoly.
Ya durante dos temporadas realizó con Nélson Ávalos la versión radial de La Movida, un quincenario informativo del quehacer artístico y cultural local que llegó a editar ¡99 ejemplares”
Dice que la cosa más linda de la vida fue ir a Cuba, ella cree en la revolución cubana y su viaje sirvió para ver en el terreno los logros que imaginaba. Se sorprendió por o mucho que el hombre común sabe de nuestro país, de su experiencia política, de sus luchas.., como el caso de Malvinas.
Señala que entre las cosas más feas en su existir están las pérdidas, siendo la mayor la muerte del padre, cuando ella ya tenía más de 30 años; hubo que liquidar la farmacia y ver como se ordenaba la vida familiar para la madre y los hermanos. Tal vez eso precipitó su retorno a la Tierra del Fuego.

Encomillamos algunas de sus apreciaciones:
Soy una convencida que lo que no te mata te fortalece. Después valorás más, y no te quejar por cosas pequeñas”-
“He tenido trabajos donde he tenido que soportar determinados jefes..”
“Si bien el periodismo me fascina, da clases de periodismo me encanta, salgo de dar clases feliz”
“Yo trato de brindar desde la cátedra en que estoy, parte de lo que recibí en La Plata, en la Universidad Nacional de La Plata, eso que me partió la cabeza”.
“Muchos reclaman que a los estudiantes les falta calle, pero la calle se consigue. El hablar bien en el micrófono, en escribir bárbaro, si no le das contenido, poder hacer un análisis, ahí si hay que comenzar a preocuparse”
“Hay un mercado en el periodismo que te leva a trabajar por dos mangos2.
“Creo que la ley de medios le ha dado a los locutores, a los operadores, pero a los periodistas no los tienen en cuenta”.

Dips advierte que ella no separa el ser periodista de sus principios, ni la cuestión ética de lo que hace. Ejerce representaciones gremiales en un duro terreno y aunque es de pocas palabras, también es de las que no se calla.

Yolanda Dips vive lo suyo, comunicar y enseñar, como una gran contribución democrática.

Aritmética ona.

William Blain trabajó como ovejero en el norte fueguino en la última década del siglo XIX. En sus memorias primero recuperadas en Escocia y luego en la región por Mateo Martinic Beros, se encuentra detalles de la convivencia crítica con los nativos, y también un apéndice lingüístico.

De el tomamos esta relación sobre su forma de contar. Verónica Angelosante nos prestó sus manos, y está para que aprendan:



SOSUE.



SOKI



SOUKEN


CONISOUKE



CHINUE

Para hacer referencia a varios o muchos, es decir seis o mar, utilizaban  los vocablos POKEREN o EMILI.



El roll on roll off: Hace diez años.


Aunqeu la información decía venir de Ushuaia en realidad respondía a un anuncio dado en la Provincia de Santa Cruz: la necesidad de integrarnos nos aguas argentinas era vista también como un proyecto ligado a los destinos de la cercana provincia.

Transcribimos:


El Ministro de Economía de Santa Cruz, Luis Villanueva, aseguró que las cabeceras de las terminales para el cruce por aguas argentinas entre esa provincia y Tierra del Fuego, serían construidas entre Cabo Vírgenes y Cabo Espíritu Santo, según proyecta el gobierno de esa provincia.
“Este tema es algo diferente de los proyectos que ya existían y de los que habíamos participado, donde se tomaba el puerto de Punta Loyola con el que en la Isla construía en Caleta La Misión, próximo a Río Grande, pero la idea nueva es poder realizar una vinculación marítima desde el Cabo Vírgenes hasta el sitio más cercano, por aguas jurisdiccionales argentinas”, dijo el funcionario, según publicó ayer el matutino santacruceño La Opinión Austral.
Villanueva aclaró que lo que ahora se pone en marcha es el mecanismo que va a permitir analizar la factibilidad  técnica del proyecto  y en este sentido confirmó que existe el compromiso de la Nación de financiar, a través de un crédito de 20 millones de dólares para ambas provincias, esta etapa del procedimiento.
La semana pasada  el gobernador Jorge Colazo confirmó que “en los próximos días se iniciará el estudio de factibilidad e impacto ambiental en las posibles  zonas donde se instalarían las rampas de llegada y zarpada de los buques que harían la travesía”.
Por ahora el proyecto se fundamenta en la utilización de buques tipo Roll-On Roll-Off, por su facilidad y capacidad de carga, ya que se trata de una de las pocas embarcaciones aptas para el cruce de la boca oriental del estrecho de Magallanes, una de las zonas de mayor varie4dad de vientos y mareas, según los especialistas.
La distancia que media entre Espíritu Santo y Cabo Vírgenes es de 18 millas náuticas, unos 32 kilómetros. De acuerdo con el tipo de embarcación y su carga, como así también las condiciones meteorológicas, será el tiempo que demande la travesía y esto debe ser analizado pormenorizadamente.

Según se estima, el sector que se vería directamente beneficiado por el cruce en barco por aguas argentinas es el transporte terrestre de carga, que ahorraría tiempo y dinero y evitaría finalmente utilizar el paso por territorio chileno.

Visitamos GALPÓN DE AYER

El sábado 8 participamos del programa que inauguraron Ana Berbel y Sonia Menéndez en FM Urbana -98.5 MH-. A lo largo de dos horas vivimos momentos risueños y emotivos todos relacionados con el rescate de la memoria local.

En un momento hicimos lectura de un escrito de hace treinta años, cuando reivindicábamos el lugar que ocupaban los galpones domésticos, en nuestra existencia riograndense.



“De como en el ámbito de nuestra cotidianidad fuimos encontrando elementos que nos proyectan hacia el ámbito de los recuerdos”.

Lo invito a que esta tarde ordene su galpón. Yo lo hice ayer, aunque el día no estaba tan propicio, y le aseguro que Ud. también –si lo tiene- podrá completar un inventario nostálgico de Río Grande.

Mi galpón no es muy grande, tres por tres, y  como está construido con cierto esmero, ventana –ahora rota-, puertas –de la cual he perdido la llave-, hasta he recibido ofertas de alquiler por él.

Tiene casi vente años, lo armó el tío Canales cuando se arrastró la casa y quedaron muchos trastos sin ubicar. Después, el tiempo, fue aumentando sus tesoros.

Papá tenía un particular cuidado con él, soñaba con proporcionarle una mesa de carpintero con la cual entretenerse si se llegaba a jubilar. De aquellos afanes quedan los frasquitos que guardan prolijamente tornillos, clavitos y tuercas.

Mi incursión por él no trajo más que desastres. Se atiborró de cosas cuando nos mudamos a vivir con mamá. Pasó a recibir todo o que estaba en desuso pero que a criterio nuestro “valía”, o podían darnos algunos pesos. Cierto es que la cocina de hierro que trajimos de Punta Arenas nos dejó plata cuando la vendimos a una estancia; pero la mayoría de las veces se fueron quitando armarios, sillas y otros enseres para que alguna casa nueva –que armaban nuevos amigos venidos del norte- no estuviera tan despoblada.

Oportunamente cayeron en el galpón materiales de construcción que desordenadamente rompieron con la prolijidad del momento, posibilitaron sustracciones de herramientas, rompieron una chapa de ondalit del techo por el que comenzó a precipitarse la tierra y la lluvia.

 Y como hacía dos años que no limpiaba el patio, cuando me decidí, le llegó el turno también al galpón, saliendo de todo esto 17 grandes bolsas de basura y toneladas de nostalgias.

Entre las cosas que se salvaron figura un sacabotas –el gran invento patagónico- y dos de mis mejores trineos, todas estas cosas hechas por el viejo, al igual que la carretilla de juguete que  todavía conserva el número cuatro, que precariamente dibujara con pintura de aluminio.

Salvado de las ratas se encuentra el asiento que perteneció al auto en que se mató el tío Rodolfo, está montado aún sobre un cajón de madera en el cual se preservaban en la cocina papas y cebollas durante el helado invierno. El algún momento compartieron el cálido privilegio de la cocina con la tabal de cortar carne –los cuartos de capón que le comprábamos a Onofre o al Chino Bórquez – la sierra respectiva, la balanza del platos de bronce y –en las noches que faltaba la usina- la brillante Petromax.

En un armario de confección casera dejé cuidadosamente instaladas damajuanas de otros tiempos a las que encontré vacías pero  bellas en su artesanía, y media docena de sifones de distintas marcas en su cuello metálico: Soda Stella Maris, A. Soto Río Grande, M y D Merletti Tucumán y Dellovani – Villa Maipú.

No se como fueron a parar mis cuadernos allí en el polvo. Y  algunos por este y el agua deteriorados. ¡Mis precarios cuadernos de la primaria! Y un libro de caja en el que realicé –aun antes de ir a la escuela- mis primeros dibujos.

La hamaca que ahora tengo que instalarle a mis  críos, el auxilio de un auto que ya vendí, el molinito de mi Hamster, y rotos juguetes de madera.

Supongo que habrán sido llevados con mayores precauciones por mi viejo, y que no tuvieron la suerte de los espuelines para el hielo, los patines de mamá, su gancho de portuario y las planchas de fierro marca Diógenes.

 El espejo de la Nona, roto desde hace un tiempo, me proporcionó una sorpresa cuando quise conservar el marco: a pesar que tiene un sello en la parte trasera de “Made in Germany” las tablas que encubría eran embalajes marcados como Punta Arenas KC 1521, la segunda sorpresa; la Radio Phillips que creía inutilizada funcionaba en onda corta.

Mientras los tres andadores de mis tres hijos iban inútiles ya a la basura, la lana de tantos colchones pasó a una abuela amiga para ser hilada y transformada-con suerte- en medias y pulóveres de Huiñi Porra.

Agregué al inventario supérstite de la limpieza un bozal, todas las valijas de cartón en un baúl grande, la máquina de calcular “Facit” –superada por la cibernética- y una herradura que sin ser supersticioso trasladé al frente de la casa, sobre la puerta.

Descubrí la serpentina de la cocina económica, elemento que calentaba el agua y que hubo que sacar cuando se la convirtió a gas; al igual que varios ladrillos refractarios que luego se usaron en lugar de bolsas de agua, y para combatir el reuma de los viejos.

Las mangueras que compramos para traer agua desde la canilla de la esquina se salvaron, es que con el patio limpio me gustaría volver a hacer la quinta: así me esperarán para el otro verano junto a una verde regadera.

Ocurre que también tengo un entretecho, altillo que le llaman algunos, pero ya tuve mucho trabajo ¿no creen? Eso sí...¿Por qué esta tarde no ordena su galpón?


EVOCACIONES******Agosto 7 de 1891. La carrera de barcos de acero.

En torno al Cabo de Hornos navegaba tanto lo bueno como lo malo; pero el héroe aparecía con más frecuencia que el cobarde sobre los puentes de aquellos buques.

Así da cuenta Félix Riesenberg en su libro CABO DE HORNOS, donde registra una competencia singular:

En su torno –del Cabo-  navegaron también los buques rápidos. Cada travesía era una carrera más o menos franca contra el tiempo y los elementos, cuando no contra los competidores. Pero, en 1891, el 7 de agosto, el velocísimo buque S. D. Carlton, a las órdenes del capitán Edwin T. Amesbury, era remolcado más allá de la Puerta de Oro. Dejaban San Francisco al mismo tiempo que la barca de cuatro mástiles Shenandoah, del capitán “Carabina Murphy”, y dos ingleses, el Balkamah y el Strathearn. Estas cuatro naves, cargadas de granos, tenían al Havre por puerto de destino. Un quinto buque, el M.P. Grace, también con carga de granos, se dirigía a Nueva York.
En la calle California formuláronse apuestas y la Barbary Coast se llenó de conversaciones en torno a la carrera. La noche anterior a la partida fue inclemente. El Carlton, dirigido por una tripulación de norteamericanos de Rockport, Maine, aparejó al Shenandoah y su tripulación de Rockport, El M. P. Grace llevaba a bordo un hato de gente de South Street. Corrió en forma excelente, pero no hallándose directamente en la prueba, desaparece del viejo registro. Los buques ingleses eran típicos buques “Lime Juice” y corrían con menos furia y violencia que los yanquis. La mañana del 7 de agosto fueron remolcados y levaron anclas simultáneamente, por temor de que alguno empezara con ventaja.

De allí esta evocación de estas proezas del año 1891.

Dispúsose el velamen para partir. Como el viento era desigual cambiaron de borda, yendo el Carlton hacia el norte y el Shenandoah hacia el sur. Estos dos pasaron tan cerca de los farallones que podían oír el silbido de las boyas. Al amanecer los barcos se habían dispersado y ninguno estaba a la vista del otro. Cotejando los diarios de navegación, en el Havre, los capitanes James F. Murphy y Amesbury comprobaron que en ningún momento habían estado distantes más de cincuenta millas entre Frisco y el ecuador.
Desde la línea en adelante, hasta el paralelo 50 sur y alrededor del Cabo de Hornos, todo fue correr sin descanso. El Carlton izó una verga mayor de 96 pies de penol a penol. Colocaron bonetas en el alunamiento del pujamen de sus velas cuando soplaban los alisios y humedecían las velas livianas en las calmas ecuatoriales. No entró un sobrejuanete hasta que el agua blanca estuvo hirviendo en los imbornales de sotavento.
Yendo con rumbo al este, no se experimentaron molestias ponderables a la altura del cabo. El capitán Amesbury pasó velozmente al norte de Diego Ramírez, avistando el Cabo de Hornos el 21 de septiembre. Cruzó el ecuador en el Atlántico ochenta y cinco día después de salir de San Francisco, y se lanzó al norte, a todo lo que daban las velas, entró en la bocas del Canal de la Mancha braceando sosobres, cruzándose con buques ingleses de retorno a sus puertos desde el sur, procedentes del Cabo de Buena Esperanza y del Cabo de Hornos y que se maravillaban ante el loco capitán yanqui.
Al llegar al Havre con el piloto, de noche, tras 112 días de navegación desde la Puerta de Oro, los hombres de la tripulación corrieron a celebrarlo en tierra. Pero en el fondeadero estaba un barco de cuatro altos mástiles. Muchachos de Bath los saludaron. ¡El capitán “Carabina Murphy”, navegando en el barco de cuatro palos a todo lo que daba la vela, había entrado en el puerto el día anterior!
¿Y el Streathearn y el BAlkamah?
Tanto el Shenandoah como el Carlton dejaron su carga, cada una de 5.000 toneladas, y fueron nuevamente cargados antes de que llegaran los ingleses. El Grace hizo su viaje hasta Nueva York a excelente velocidad, cubriendo aproximadamente la misma distancia que al Havre, pero quedándose retrasada en una semana más o menos respecto de los veloces buques.
El capitán Murphy regresó a Nueva York con lentes de cristal de roca, utilizados en la fabricación de anteojos, y el capitán Amesbury trajo un cargamento de tiza. Estos hombres de mar no sólo eran grandes marinos, sino también buenos negociantes.
Estos buques no eran tan hermosos como los “clippers”, pero conservaban su velocidad, estando aforrados con metal. Compitieron exitosamente con buques de hierro del Clyde y con los más recientes de acero de grandes proporciones, flota en que se encuentran buques de bandera inglesa, alemana, francesa y norteamericana. Estos buques de acero eran construídos por los Sewalls, de Bath (*) –los barcos propios y los de la Standard Oil-, y entre ellos se contaba el Edward Sewall.
El enorme aumento de las travesías del Cabo de Hornos significó un gran avance en el conocimiento de esa región, en lo que se refiere al clima y los hielos, y también, en cierta medida, la disminución de las ballenas y la fuga de las grandes aves de ese confín americano.
(*) (La mayoría de estos buques navegaron alrededor del Cabo de hornos en sus viajes. El William P. Frye, en viaje de PUget Sound a Queenstown o los puertos del canal de la Mancha, según órdenes, llevaba una carga completa de granos, contrabando condicional según la Declaración de Londres. Habiendo pasado el cabo  a la vista de Diego Ramírez, sufría las calmas ecuatoriales del Atlántico, cerca del ecuador, cuando apareció un humo en el horizonte. El Frye fue abordado por marineros alemanes que llevaban gorras del Scharnhorst, Gneisenau, Iltis y otros buques. Era el corsario auxiliar Prinz Eitel Friederich,  anteriormente de la Lloyd Norte Alemán. La tripulación fue apresada y el buque voló con una carga de dinamita el 28 de enero de 1915. El corsario fue internado posteriormente en Newport News, falto de carbón y municiones y con su tripulación enferma de beriberi.