EVOCACIONES*Diciembre 1 de 1895. La estancia chilena de San Sebastián es abastecida desde el lado argentino.


Cuenta Mauricio Braun (foto) en su biografía conocida con el nombre de UNA VIDA COLMADA, que en esta fecha llegó a Punta Arenas en el vapor Orcona Don Pedro Mac Clelland, flamante presidente de la Sociedad Explotadora de la Tierra del Fuego, el cual en compañía del mismo Mauricio y de Alejandro Cámeron –administrador de Río Pantano- iniciarían una exploración en los distintos establecimientos ganaderos de sus pertenencias.


Cuando lleguen a San Sebastián, habiendo partido en el buque Antonio Díaz, dirán:

“Nuestra segunda estancia (..) se llamaría San Sebastián, por su cercanía con la bahía de tal nombre” Agregando que “pudimos apreciar la actividad que se desplegaba para tener todo instalado y empezar la faena de esquila. La ubicación de la estancia era estratégica, en el sentido que podía ser abastecida desde la bahía sobre el Atlántico, siempre que las autoridades argentinas no pusieran reparo”

Y no existirían por un buen tiempo ninguna tarea de control, más si se tenía en cuenta que no tardó en consolidarse de uno y de otro lado del límite fronterizo un conjunto de establecimientos ganaderos que tenían el mismo patrón tanto en Chile, como en Argentina.





LA HISTORIA DEL MATE EN LRA 24

Por primera vez se conmemora en Argentina el Día Nacional del Mate.

Remontamos nuestra mirada en el tiempo al día aniversario de LRA 24, en al año 2003, cuando un oyente de la emisora -Pedro Gamma-, se ponía a recordar usos y costumbres en la cotidianidad acriollada de la radio de Río Grande.




En uno de mis tantos regresos a Río Grande, buscando un amigo que me debía unos pesos, y falto de la movilidad apropiada, me encontré una tarde terminado el horario bancario con la disyuntiva de que hacer para encontrarlo$. Fue entonces cuando el gordo Cárdenas me sugirió que fuera hasta la radio y pusiera un mensaje.

Orillaba el invierno del 74 cuando fue recibido por Daniel Pisano, que de entrada parecía no conocerme, informado de lo que necesitaba como esa no era su tarea llamó a una de las redactoras que tomó prolijamente mis dichos: Mensaje para fulano. Lo espero en los estudios de Radio Nacional. Venga con lo que Usted sabe. La dama en cuestión, que no era otra que Gloria Novak me advirtió que no podía quedarme todo el día, pero que como todo el mundo estaba escuchando la radio no tardaría en aparecer. Así fui testigo por casi una hora, desde el hall de LRA 24, del ir y venir de los empleados a los cuales –parece ser- cierta posible visita los tenía al trote.

Pero la visita pasó, entonces volvió Pisano con otra cara –ya me conocía- y me preguntó si quería tomarme unos mates. Yo le dije que si, y el me advirtió que entonces tendría que cebárselos.  Así fui invitado a conocer el control central de la radio, lo que en otras palabras se podía definir como “la matera de nacional”.

Pisano manifestaba su disconformidad con el sabor de mis amargos, y lo hacía rudamente, sin decir palabras, con los gestos bastaba. Al rato fue llegando el Dr. Bitsch, que por entonces inauguraba su programa para el hombre de campo, el cual muy gentilmente me pregunto –sabiendo lo que yo necesitaba- si tenía una idea de donde podía andar mi averiguado. Intercambiamos algunos datos, el lo conocía evidentemente puesto que en leves gestos dejó entender que si era para eso –y eso era lo que Usted sabe- difícilmente aparecería entre nosotros. ¡Y tuvo razón!

¡El Dr. Bitsch, criollazo como no hay dos, si hasta con el tiempo uno lo mira y parece que su cuerpo se fuera convirtiendo en bombilla! A él le debemos la gratitud por su calor humano en tantos inviernos, y para los que saben un poco más de las cosas de la tradición el premio anual de Mate de Lavando Cebaduras, entre los bien entendidos con las preguntas y respuestas.

Yo sin saberlo comenzaba a inaugurar, con eso de mis mensajes,  una serie infinita de encuentros con el mate en Radio Nacional. Por que me había ido en promesas de que si cobraba los pesos que me traería el amigo me iba a portar con unas facturas, recomendándome para el caso los muchachos los de la panadería abierta recientemente por uno de los locutores de la radio –Francisco Agnes- allí cerca. ¡Cuánto tuvieron que esperar! Recién para el día de la tradición lo encontré a mi amigo en la Misión, y en ese lugar santo me entregó el puñado de billetes que me debía, que para el caso –en ese tiempo inflacionario- ya no se si alcanzaba para las facturas o un paquete de yerba. Yo por otra parte ya andaba de nuevo bien, estabilizado en la isla, y recordé el compromiso contraído. Así que me acerqué con toda una paquetería, sin pensar en lo que podría pasar.

Es que esta vez no estaba Pisano –era algo más tarde- y con quien fui a dar era con un gringuito desabrido que había venido del norte como operador el cual me advirtió que ahora no se podía tomar mate en la radio: ni el personal, ni menos gente de afuera. ¿Que había pasado entretanto? Jorge Eduardo De Amuchategui había asumido la jefatura de esta filial como primer director nombrado específicamente, y viendo el estado de cosas en que se encontraba la oficina, tomó algunas medidas conducentes a encarrillar o emprolijar los desempeños de sus subordinados.

Hay una versión que por esos días  el hijo de Doña Josefina Barbera se quemó con la pava, el pibe no tenía nada que hacer ahí opinaban algunos, pero allá andaba su madre tratando de cumplir con el trabajo y el hogar usando su refrigerio para llevarlo y traerlo de la escuela. Con el chico quemado se salió para el hospital en urgente tarea de socorro, y allí el Director advirtió que se dejaban de lado múltiples responsabilidades del servicio.

El chico no tenía la culpa, la pava tampoco, la culpa la tenían los que tomaban mate. No se toma más mate en Radio Nacional Río Grande.

Horas amargas se vivían en las distintas áreas, y alguno ya comenzó con sus observaciones: como que si la medida también se aplicaba en la Planta Transmisora –pero el director no tenía ingerencia en ella- o quién vigilaba a la los que hacían el turno bien tarde, o bien temprano.

Así algunos armaron equipos volantes con los cuales entraban furtivamente a la radio, y establecieron un sistema de campanas para anunciar la venida del mandamás.

No se pudo evitar ser descubiertos. Sobre todo por que en algunos casos se calló en la inveterada costumbre de recibir a parroquianos –amigos personales o de la casa- que se apersonaban con sus vituallas  para armar la mateada, y eran menos diestros a la hora de disimular el hecho incriminado.

Pero, siempre hay un pero, no estaba fijado un régimen de penalidades: y por otra parte a Don Jorge, de tanto en tanto, también le gustaba tomarse unos mates. Así que un día llegó con la novedad que los que quisieran, y sin abandonar por ello el conjunto de sus actividades específicas, podrían irse a tomar mate al OFFIC, pequeña cocina que desde entonces parecía a toda hora ser un abarrotado ascensor a las cimas de la felicidad de sus ocupantes, de uno y otro sexo.

Como alguien que llegó a poner un mensaje le llamó la atención en una oportunidad ver amontonados a hombres y mujeres jóvenes en tan reducido espacio, sin advertir tal vez los ruidos de la bombilla, es que se puso en la calle un rumor que hacía referencia a comportamientos recíprocos entre la dotación en horario de servicio.  El rumor salió, dio su vuelta y volvió aumentado. ¡Ni los mismos habituales mateadores encontraban la relación de entre sus tertulias yerbateras y lo que volvía de la calle como una descripción minuciosa de lo que pasaba en ese OFFIC! Novios, esposos, y otros involucrados llegaros a efectuar las investigaciones del caso, con finales diversos.

Por suerte la relación entre el Director y el personal se fue distendiendo y para el golpe de estado, si bien el funcionamiento interno se llenó de prohibiciones, esta no alcanzó a ningún momento al mate.

En esos años hacía mis rutinas pasando por Nacional por cualquier motivo, aunque casi siempre era para buscar gente para trabajar en una empresita que llevaba adelante, gente que no me duraba bien sea por que no sabía del oficio o porque llegaba otro y le pagaba más. Entonces aparecía con mi paquete de yerba el que era guardado por quien lo recibía en uno de los siete escondrijos habilitados por los distintos turnos y sectores para que los otros usen solo de su paquete.

Supe que no faltaba paisano que viniera por su mensaje, o muchacho que andaba con su saludo musical, que no viniera con un paquete de las imperecederas yerbas de aquel entonces. Aunque fueran de los que no se quedaban a matear.

Y sin restricciones de ninguna naturaleza, aun en esos tiempos más formales, y comenzando por los programas folklóricos, se empezó a escuchar al aire el silbido final de la bombilla. Y alguna que otra maldición trunca cuando en medio de alguna gesticulación al operador distraído –tal vez por que le preocupaba que al agua no se hirviera- procedía a dar vuelta el mate –por entonces jarrito enlozado- manchando ominosamente la papelería que debía llevarse de rigor, y que era mucha.

Por entonces se acostumbraba a tirar de a dos temas por LP, anunciándolos primero o después. Esto matemáticamente significaba unos 6 o 7 minutos en los cuales el operador podía descender a la cocina –ya no se le llamaba mas OFFIC- hacer de lo suyo, subir al desanunciado de los temas y en el momento de volver a largar otros dos descender por que el agua estaba ya lista. Ángel Eduardo Acosta automatizó el sistema, con una pava estandar de aluminio que se iba renovando con el tiempo, y a la cual se llenaba de una cantidad de agua preestablecida; con la hornalla fija en una intensidad justa para que caliente el agua en siete minutos, sacando para mayor seguridad la perilla de regulación y encendido, para que nadie alterara la relación de tiempo por el establecida.

Y así pasaron los años, hasta que un día –ya entrado el siglo XXI- hubo necesidad de cambiar la cocinita, y con la nueva no se pudo dar con el tiempo justo. Además ahora se anunciaba de a un tema y había menos gente en la radio como para encomendar la tarea a un recienvenido. Yo pienso que no fue este sinsabor el que finalmente llevó a Don Ángel Acosta a pedir el retiro voluntario.

Yo se que estos temas que he venido a plantear para que alguien los incluya como parte sustancial de la historia de nuestra querida Radio Nacional son conocidos por muchos, y para otros resultan novedosos o increíbles. Pero no es así. Soy de los que piensan que más allá de los buenos salarios –cuando los hubo- del cariño estimulante de la gente, del claro cumplimiento de las obligaciones por las dotaciones que se sucedieron en el tiempo, más allá de todo esto muchos de los logros alcanzados se deben a la feliz compañía de una mate en cada una de las circunstancias vividas, desde lo cotidiano, por la gente de LRA 24.

¿Es este, muchachos, un tiempo feliz? ¿Hay que comprarse la yerba o la provee el servicio? 
¿Aparece de tanto un gaucho con su paquete?



El tema del mate tuvo sus idas y venidas. En tiempos de Don Miguel Bersier se planteó un problema porque llegaron a Buenos Aires unas fotografías mostrando instalaciones interiores –me contaron que se estaba por montar la FM- y allí en un rincón donde había una réplica en fósforos de la antena aparecía –inadvertidamente para los que la remitieron- orondas la yerba, la calabaza y la bombilla.

Durante un tiempo solo quedaron autorizados a matear los que salían de exteriores, y en una carrera.

Pero fue al poco tiempo que el mate reivindicó a la dotación de la radio. Fue cuando para la guerra de Malvinas hicieron una gran colecta de mates y bombillas que luego se llevaron a los efectivos acantonados en torno a Río Grande, se había advertido que la muchachada tomaba sus amargos en una latita de Pindapoy, con una bombillita improvisada sobre la carcasa de una birome Bic.

La democracia vino a liberalizar las costumbres. Pero al mismo tiempo –me contaron- restringió la participación espontánea de donativos hacia la radio. Hasta se dio el caso que de un  emisor de un mensaje del cual se trató de conseguir un paquete de Piporé, se  recibió por respuesta la tajante sugerencia de que se la pidamos al Ministro de Economía de aquella hora.

Don Hugo Barrios apareció en su momento con unos mates de plástico de esos de nunca acabar. Jorge Zarazaga limitó las mateadas que a la hora de los informativos se formaban en el ámbito de trabajo en que se convertía la sala de recepción . Ya para entonces algunos colaboradores o coproductores venían con su propio mate. También fue el momento en que se incorporó el botellón de agua y la maquinita que la entrega bien fría o bien caliente. De entrada todos se olvidaron de la pava, pero con el tiempo las opiniones se dividieron entre los que priorizaron el sabor, y los que se quedaron con la inmediatez.

Tal vez me queden muchas cosas para recordar. Lo que he hecho simplemente, como esporádico y siempre bien recibido visitante de nuestra Radio Nacional, es dar cuenta de firme compromiso de su dotación con esta forma vital de nuestra tradición.

Y aunque por razones de trabajo no puedo estar presente junto a Ustedes, no hago más que felicitarnos por treinta, y brindar –dado que el médico me viene controlando severamente- brindar con todos Ustedes exclusivamente con mi mate en alto. El mate, nuestro mate, bandera líquida de los argentinos que ustedes también han ayudado a sostener en este cono sur.


EN LAS FOTOS. Miguel Ángel Lares, Carlos Cuffia y Juan Francisco Marín. Leda Soto, Walter Buscemi y José Ramón Fuenzalida. Alejandro Cerdá y Fernando Tropea. ¡Y el mate!


                                                                           



El padre José Zink y su primer monumento.


Ya ha cumplido 7 años el primer monumento al cura gaucho levantado el sector alto de la Avenida San Martín.
Eclipsado por la reciente inaugurada estatua, mirando la Intendencia, la figura ha experimentado los efectos del tiempo; y la malicia de algunos anónimos vecinos que se ensañaron con su bombilla como recientemente lo han hecho en el nuevo padre Zink con sus anteojos.
Imágenes recientes acompañan la presentación de un registro periodístico del momento inaugural de la obra de Gervasuti, lograda por el presupuesto participativo.
El cura tiene distintos recintos que llevan su nombre, gigantografías, bustos, objetivaciones para los que lo conocieron y los que lo imaginan.
Su trágica muerte en un accidente automovilístico y un recuerdo que perdura.
Autoridades del Municipio de Río Grande junto a entidades representativas llevaron a cabo este sábado un nuevo acto de izamiento del Pabellón Nacional en el marco del Día de la Tradición que se celebra el próximo lunes. En la ceremonia también quedó inaugurado el monumento en memoria del padre José Zink, fallecido en 2004 tras un accidente automovilístico. El mismo fue realizado a través del Presupuesto Participativo mediante la aprobación de un proyecto presentado por un vecino de la ciudad, Germán Moreno. 

El Municipio de Río Grande llevó a cabo este sábado un nuevo acto de izamiento del Pabellón Nacional en el marco del Día de la Tradición que se celebra el próximo lunes. Con este acto, también quedó inaugurado el monumento en conmemoración al Padre José Zink, realizado a través del Presupuesto Participativo mediante la aprobación de un proyecto presentado por un vecino de la ciudad, el señor Germán Moreno.

En esta oportunidad estuvieron acompañando la ceremonia, el Secretario de Gobierno, Pablo Blanco; la Secretaria de Asuntos Sociales, Silvia Rosso; el Secretario de la Producción Gustavo Melella, y demás funcionarios municipales; también estuvieron presentes, el Presidente de la Federación Gaucha de Tierra del Fuego, Julio Rochar y miembros de dicha entidad; el responsable del proyecto de la creación del monumento al Padre José Zink, Germán Moreno; el escultor Horacio Gervasutti; personal de la Dirección de Participación Vecinal; fuerzas armadas y de seguridad; y vecinos de la ciudad.

El acto estuvo galardonado por las banderas de ceremonia del Centro de Veteranos de Guerra; de la Gendarmería Infantil; de los Centros de Residentes Salteños, Jujeños, Santafesinos, y de la Federación del Centro de Residentes Provincianos. 


El izamiento del Pabellón Nacional, estuvo a cargo del Secretario de Gobierno, Pablo Blanco; la Secretaria de Asuntos Sociales, Silvia Rosso; el Secretario de la Producción Gustavo Melella; el Presidente de la Federación Gaucha y el señor Germán Moreno. Posteriormente se entonaron las estrofas del Himno Nacional.

Luego, el señor Germán Moreno se dirigió a los presentes destacando el apoyo tanto del equipo técnico del Presupuesto Participativo, como del Municipio local. Asimismo agradeció al Intendente de la ciudad Ing. Jorge Martín; y a todos los vecinos que los acompañaron con la aprobación y realización del proyecto.

Por su parte, la Coordinadora de Participación Vecinal, Nidia Benítez destacó el trabajo de los vecinos, manifestando que “los vecinos dedican muchas horas de trabajo, además de su familia y otras responsabilidades, para poder concretar los proyectos; no se trata de que el vecino presente una propuesta y que luego el Municipio los ejecuta así sencillamente, es un trabajo permanente del Presupuesto Participativo con los vecinos para poder llevar adelante los proyectos”.

“La realización de este monumento es un deseo de todos los vecinos, y costó muchos hacerlo, así que entre todos debemos cuidarlo”, concluyó Nidia Benítez. 


Luego de estas palabras, funcionarios municipales y responsables de la realización del proyecto, procedieron a descubrir el monumento al Padre José Zink. Posteriormente, el escultor Horacio Gervasutti hizo entrega de una maqueta del monumento, que será exhibida en el Museo Municipal Virginia Choquintel.

El Padre Zink falleció el 3 de julio del 2004 en un accidente de automovilístico. La camioneta que conducía chocó contra la parte trasera de un camión y terminar volcando el vehículo.

La ceremonia finalizó con el retiro de las banderas de ceremonia, dando lugar a alumnos de la Escuela N° 8, quienes bailaron ante los vecinos presentes el Pericón Nacional.

Más tarde, la Federación Gaucha de Tierra del Fuego realizó el tradicional desfile en el marco del Día de la Tradición.


Sábado 8 de noviembre de 2008




Siguiendo la ruta de la Aeroposta. Segunda parte.


Ya comentamos en su momento la presentación del primer documental, que puede ser consultado en este mismo blog con la siguiente signatura

http://mensajerodelrio.blogspot.com.ar/2015/07/siguiendo-la-ruta-de-la-aeroposta.html

La realizaron que complementa la anterior lleva como subtítulo  UNA HISTORIA DE VALIENTES.



En la primera parte su apoyatura se centra en entrevista, como el caso del piloto Gross, hijo de un pionero que tiene buena memoria sobre el desarrollo de la actividad aeronáutica en nuestro sur, habiendo siglo él también, piloto de Aerolíneas.



Los testimonios destacan toda la labor inicial de la empresa que desde Francia buscaba resolver el tema del correo, para darle eficiencia y rapidez hasta los confines de América.




Para ello había dos saltos fundamentales: pasar de Europa a África, y luego de allí.. ¡a Brasil! Escenarios que son recorridos para el documental.


Ya la segunda parte va a centrarse en el accidente ocurrido en Río Grande el 26 de marzo de 1951, incorporándose el testimonio de Cundo Valencia, familiar de sobrevivientes del mismo.


El drama de ese accidente donde murieron once pasajeros se acompaña de un particular trabajo de animación donde se aprecia como era el DC 3 de Aerolíneas Argentinas, conocido también como el Avión Yagán.


Al frente de esta realización lo tenemos, una vez más, a Luis Eduardo Soler.


Y atrás de la misma al concejal Esteban Martínez, cuyo padre llegó a nuestro Río Grande como mecánico de las primeras aeronaves.


DE INAUGURACIONES e inauguradores.


Una lectura sobre la publicación del diario La Nación que nos remonta al nacimiento del Museo Territorial, con la ponderación de entonces -situación que hoy por hoy sigue vigente- de presentarlo como el más austral.

Y las circunstancias donde el inaugurador es más importante que lo inaugurado.

La actual presentación viene acompañada de una invitación a visitar un posteo

anterior http://mensajerodelrio.blogspot.com.ar/2015/05/18-de-mayo-de-1979-se-inaugura-el-museo.html

Para quien tenga flojera en el hacerlo le colocamos aquí en comentario que sobre el particular insertara Hernán Genovese, donde se hace referencia al mentado impulsor de esta iniciativa:

Qué interesantes documentos ... Sumo a tu informe algunos pasajes de una entrevista que Oscar Zanola concediera oportunamente para la publicación del libro “Tierra del Fuego. Una Biografía del Fin del Mundo” (la entrevista se titula “Oscar Zanola. Director del Museo del Fin del Mundo”):

“Me escapé por una ventana y me fui a caminar el mundo. Nací en Rama Caída, San Rafael, Mendoza, en 1943. A los 14 años, mi rebeldía me llevó a irme de mi casa porque mi madre había fallecido y con mi padre no tenía buen trato”.

Luego de pasar por varias ciudades, Zanora llegó a La Pampa: “(...) allí mi cuñado, que tenía mi patria potestad, decidió que me incorporara en la Infantería de Marina”.

“Llegué muy joven a Tierra del Fuego. Tenía 16 años. Pasé casi un año en lo que era la Compañía de Disciplina. Recuerdo que bajé en tierra fueguina y vi la montaña – que está asociada a parte de mi niñez, a donde yo nací – y dije: ‘este es mi lugar’.

De Infantería me trasladaron a Prefectura Naval. Estuve en la Isla Gable, en el Destacamento Mackinlay, como custodio de todo el tránsito de la navegación, para hacer avistajes. Tenía diecisiete años. Soy el único que estuve un año y tres meses solo en esa isla. Luego entré a trabajar por primera vez en el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Durante este tiempo, organicé el grupo de exploradores fueguinos. Cada grupo tenía un nombre indígena de Tierra del Fuego: estaba el grupo selk’nam, el grupo haush y el grupo yámana. El trabajo de los exploradores era juntar material para formar un museo. Íbamos a cavar distintos sitios arqueológicos; mientras tanto, yo compraba libros con mi sueldo. Llegué a tener 350 libros, que fueron el primer capital del museo, porque quería que tuviese una biblioteca.

Así nació la “Asociación pro conocimiento y conservación del patrimonio histórico-cultural de Tierra del Fuego” y empezamos a luchar por tener este edificio, que hoy guarda el tesoro de los fueguinos. Yo quedé al frente del Museo del Fin del Mundo, donde ahora uno puede leer en su biblioteca, ver una película en el idioma en que a uno le interese o comprar un libro” (Iparraguirre, Silvia; Von der Fecht, Florian; Manela, Sergio; Soria, Guillermo: “Tierra del Fuego. Una Biografía del Fin del Mundo”, Editorial El Ateneo, 1º Edición, 2000).


Un abrazo Mingo!
Hernán (Bs. As.).-


Con la esperanza de Stylarek



Nos hemos enterado del fallecimiento de Jorgito. Vivía en el hogar San Vicente de Paul y se recuperaba de dolencias del alma y del cuerpo.

Allí compartimos por última vez un momento con él cuando la institución cumplió 40 años.

Fue habitante de San Sebastián, ese pueblo que quedó en la intención. Allí lo habíamos visitado al finalizar el invierno del 2001, y sobre él escribimos un Lugareños que El Sureño publicó el 2 de septiembre.

La titulamos: Jorgito, el pescador aristotélico.

Lugareños era una columna dominical atípica puesto que presentaba vecinos ¡que no tenían auto!

La primera vez que lo vimos allí su humilde rancho era la típica vivienda de pescadores de ribera. La última era una construcción de material que había conseguido por el concurso de Ana de Colazo.

Volvamos a lo publicado, y agreguemos una foto donde estaba en su cama, escuchando LRA 24, a donde nos enviaba de tanto en tanto una carta, para que lo saludemos, y a la vez para formular observaciones a nuestro trabajo.




Cuando por estas mañanas de fin de invierno se ve al sol aparecer rasantes sobre el horizonte de Río Grande, me pongo a pensar como despertará la vida en el rancho Poseidón, allá en San Sebastián.

No es que haya amanecido allí alguna vez, tan solo en una oportunidad –cuando conocí a su dueño- traspuse su puerta y vislumbré el agua quieta en una tarde de verano, el agua quieta en la bahía que o estaba bajando o estaba subiendo, pero que hacía imperceptible desde su humedad y la luminosidad reinante el poder determinar donde terminaba la arena –allá a lo lejos- y donde comenzaba el mar, e incluso donde ¿dónde habrá quedado el horizonte? Porque todo desde el rancho del pescador parecía cielo, arena resumada de sal, mar , y los cóncavos y los convexos de agua, la tierra y el aire en ese lugar fueguino parecían adquirir otra dimensión: y uno no estaba al borde de nada, sino en la base de una burbuja cristalina de la cual ese mismo vidrio de la ventana formaba parte.

Pero la ventana crepitó en aquel momento, y nos sacó nuestro vuelo, y era un viento de sol porque afuera todo había quedado calmo; y a nuestro lado Jorge Miguel Stylarcek nos hablaba de sí y del mundo, y nos iba regalando un par de gatitos que tenía de más, y el alimento consistente para un primero momento en un par de merluzas que no había vendido, y de pronto quedábamos así, con dos felinos en una mano, pensando que hacer con ellos, mientras que nos sincerábamos con el donante que sabíamos que el pescado era sano, pero que no acostumbrábamos a comer tanto.

Pero Jorgito ya no nos escuchaba, y nos hablaba de su primer gato. ¿Habrá sido el primero en verdad? Porque los pescadores de la costa, ni los buscan, ni lo eluden, los gatos vienen solos y solos se crían en su entorno. Aunque sean con la abundancia del triperío que sobra de la limpieza de cada día. Pero ese primer gato despareció el 2 de enero de 1999, cuando se vino la gran marea. Jorgito ni había pensado que podía pasarle eso. Las marcas del oleaje dejan un rastro de sedimentos diversos a lo largo de la playa y su rancho estaba en la “zona de seguridad”. Pero no fue así. El mar embravecido presentaba armas a la tierra, y el pescador no quiso arbitrar en la contienda. Las olas rasgaban las paredes del rancho, y el tiró a su gato sobre el techo: -¡Te nombro capitán!- y arrancó hacia la ruta, donde estaría más seguro. De ese gato, capitán de su naufragio, no hubo noticias, se perdió con sus siete vidas, o tal vez pasó vertiginosamente del rancho Poseidón, a un palacio fabuloso en el fondo de los mares.

A esta altura del relato Jorgito y yo podemos pensar que eso es lo cierto.

El pescador opera a veces desde la Hostería, allí nos encontramos una vez. Él es oyente de Radio Nacional y por ello sabía más de mí que yo de él. En un momento envió correspondencia a la radio: corregía usos gramaticales, defectos en el lenguaje. ¿De donde su sabiduría?  Stylarek pasó a su tiempo por la Universidad, y si salió de ella para hacer su vida en el mundo del petróleo fue para encumbrarse en desafíos que no queden simplemente en tragar libros.

Esa historia comenzó en su Comodoro Rivadavia, y terminó por los 90, como la vida de tantos petroleros, con una cesantía que lo hizo pensar en otra forma de supervivencia. Ya no de trabajo: de supervivencia, dije. El rancho Poseidón fue inaugurado con esos fines el 2 de abril de 1998. Su  silueta se dibuja si seguimos por la ruta tres rumbo a Estancia San Martín, pero “en la vereda del frente”. Hay un cartel que indica que allí se vende pescado.

En todo este tiempo Jorgito ha visto crecer la prédica sobre nuestros recursos pesqueros, y el capítulo de la pesca artesanal que llevó incluso a anunciar un polo de desarrollo, una villa para pescadores, un nuevo pueblo junto al mar. Pero el tiempo de las realizaciones se fue demorando. El algún momento llegaron los candidatos. Llegó a aparecer gente en helicóptero, incluso. Parecían saberlos todo, pero al fin terminaban preguntándole a él como era la cosa. Algunos no volvieron nunca, y probablemente no volverán. Es gente que andaba atrás de otro tipo de pesca. Incluso Se llegó a hablar de la construcción de once viviendas para albergar a los pescadores y sus familias. Jorgito dijo: -¡A mi rancho no me lo tocan!- y alguien comenzó a construir el suyo viendo que Poseidón lo repararía del viento. Pero todo quedó allí, como una pequeña pirca de cemento que le ha servido ahora a Jorgito de reparo y quinta para hacer crecer entre la arena algunas verduras.

El pescador es celoso de los movimientos extraños de los pesqueros que afloran en las noches en el horizonte, más si descubre que están pescando –como no se debe- con las luces encendidas. Entonces alerta, y alguien contesta, o imagina una respuesta.

¿Qué espera Jorgito de todo esto? Sobre la puerta de su rancho que lleva el nombre del dios de los océanos  hay una cita elocuente.