CIRA, y su doble vida.



Llegué a casa ante los hechos consumados. Era una perrita de nariz rosada que estaba siendo bañada por Patricia y Angélica. Esta última había llegado con la triste noticia de tratarse de un animal maltratado a los que su dueños no aceptaban en la casa. Venía sucia y su pelo que debía ser banco estaba apelmazado por mugre y más mugre.
Así este animalito se integró, no sin algunas dificultades, a la fauna doméstica.
Inicialmente fue rechazada por Abril, la más grande del grupo, que la atacaba frecuentemente. No mejoraba la suerte de Cira que pronto respondió a su nombre. Solía esconderse a los rincones y no formaba parte de la jauría que salía a recibirme con gran alegría y múltiples ladridos, aunque había salido tan solo por unos instantes a comprar un sifón al almacén.
Cuando le dabas de comer no te devoraba la mano como las otras, tomaba el alimento con delicadeza, supusimos que eran un animal educado que venía de una familia de similares características.
Pero las evidencias que nos dio el veterinario, por el chip, eran otras: venía de un hogar complicado donde había sido excluida.
Cira pedía salir a la calle, cosa que no hacían los otros congéneres. No había problema que se embarace, estaba operada y tal vez había tenido alguna vez cría.
Si se escapaba, cosa que hacía con gran habilidad, no iba muy lejos.., pero una vez la encontraron en las cercanías del kiosko de Angélica, o en la casa de Franquito, amigo de Marcial –nuestro hijo- donde debería haber quedado algún rastro de sus paso, pese a que ya hacía un tiempo que se había ido a estudiar al norte.
Por las mañanas se convirtió en mi despertado biológico. Se acercaba a mi cama y sacudía enérgicamente las orejas, pasó a ser llamada “la sacudona”.
Ese despertar era funcional a mi levantarme para ir al trabajo. Y allí la dejaba salir. Lo hacía con gran alegría y salía corriendo siempre en la misma dirección.
Un día decidí seguirla y llegué al cabaret de la esquina. La música sonaba fuerte, la puerta trasera estaba abierta y se filtran las luces que iban despidiendo a los parroquianos. Un par de muchachas la recibían con alegría, mientras un hombre le traía en un plato enorme restos de comida. Allí tenía el nombre de Blanquita, y era la presencia de todos los días. ¡Con razón era de comer tan poco en casa!
Aceptamos esa doble vida y al volver de hacer mi programa estaba en la puerta de casa, esperando para entrar. Las demás perras la aceptaban con recelo.

Y así en el tiempo, la perra cabaretera, por urgencias de la ley se volvió pubera.
Hace unos días la atropelló un auto. Está con lesiones en abdomen y algún hueso maltratado en cadera. La tenemos quieta y hay que movilizarla para que haga sus necesidades afuera, siempre fue así.
Muestra gran serenidad, pero llora en cuanto nos alejamos de ella, a veces alguna de las otras perritas la acompaña.

Tal vez, entendiendo su doble vida, tendríamos que avisarle a sus amos de la madrugada.

EVOCACIONES*30 de Octubre de 1983. Río Grande vuelve a votar. Argentina volvía a la democracia..



Y lo hace saliendo de oscuras etapas de la vida nacional, en tiempos en los cuales se elegía autoridades cada diez años, y se soportaba luego la imposición de sistemas autoritarios de gobierno.

Río Grande hace 20 años eligió autoridades municipales, y la voluntad mayoritaria se volcó hacia el candidato justicialista Daniel Esteban Martínez, primer y único riograndense nativo que ha regido lo destinos de nuestra comuna y que iniciaba de esta manera un ciclo de cuatro intendencias consecutivas logradas por el voto popular.

La elección conformó un concejo de cinco miembros donde la UCR y el PJ se llevaban dos concejales, y la Agrupación Vecinal –partido que había gobernado en la Intendencia de 1973 a 1976, el edil restante.

La experiencia electoral fueguina se inició recién a partir de la sanción de la Constitución de 1949, dado que antes no se votaba a en los Territorios Nacionales por autoridades nacionales. En 1983 –por ende- no elegimos gobernador, pero si por primera vez una Legislatura de 15 miembros.

Los partidos que intervinieron llevaron propuestas muy similares en razón de las urgencias creadas en aquella hora: Dar continuidad a la ley 19640 –ley de promoción industrial- que había hecho crecer enormemente la población en el lustro anterior. Lograr el cruce al continente por aguas argentinas. Y como un demanda de mayor contenido municipalista: construir viviendas e instalar servicios.

No dejaba de estar presente en boca de los candidatos la reivindicación sobre Malvinas, escenario tan inmediato del que habíamos formado parte en la guerra del año anterior; de la misma forma que se esgrimía la posibilidad de convertirnos en provincia, con reservas por parte de algunas agrupaciones.

El voto peronista de Río Grande marcó una tendencia histórica donde ha sido frecuente que aquí se votara contrariamente a los resultados nacionales. No obstante ello de las presencias nacionales la más notable fue la del Doctor Alfonsín, que lanzó desde la Tierra del Fuego su candidatura, y en el clima de euforia que acompañó el cierre de campaña, este se dio en Río Grande en el Gimnasio del Centro Deportivo Municipal, el mayor escenario de entonces, con la concurrencia del artista Mario Sapag que imitaba al candidato del radicalismo.


El electorado local se había renovado en diez años. Casi no había candidatos con antecedentes en la gestión de los años 70.Y a la hora de salir a componer cuadros los partidos parecieron privilegiar los espacios médicos, a tal punto que entre electos y designados vinculados con las fuerzas que tuvieron representación a partir de los resultados electorales, hubo que renovar por completo los planteles de tocoginecología  del hospital Regional Río Grande, de donde salieron legisladores y ministros. La política parecía ser, por este hecho emblemático, una cuestión de salud, de multiplicación y crecimiento.

Al pan, pan.

Patricia recordó que a principios de 1973  llegaba a Río Grande cuando la niñez abandonaba su cuerpo. En el nuevo pueblo, destino laboral de su padre, recibió la orden de ir a comprar pan y concurrió al comercio más cercano –no sabe con que información previa- y allí enfrentó la realidad de un mundo muy distinto al que conocía: le ofrecían pan de molde o ayuyas, y ella no sabía nada de uno y de otro.



Encontré a Daniel en mismo día en la panadería donde concurro a comprar mi cuarto de pan, a veces flauta, a veces miñón, facturas u otras variedades. Daniel, al que todos llaman Federico se excusó de estar allí, necesitaba sándwiches de miga y aclaró que en su casa no se come pan, no se sabe desde cuándo pero advirtió que el pan engorda. Al hacer referencia que pronto se inauguraría un sucursal en zona bancaria comenté que buscaba fotos de la primer sucursal: Daniel me dio precisiones sobre donde estaba, en el año 1984, cuando él llegó; y lo que compraba entonces.., entonces el pan no engordaba.
Patria, esta.. , la mía, vino a recordar que en la esquina de su casa había una panadería, el apellido del panadero era italiano y me dio dos nombres aproximados, pero no tenía vivencias de haber ido alguna vez a comprar allí. Tal vez fuera tarea de alguno de los hermanos menos, pero dudó.  Lo que si recordó es que la madre dejó de colocar pan en la mesa de manera cotidiana hace mucho pero muchos años, tal vez por el mismo tema de Daniel.
Yo le pregunté si no sería su padre el que llegaba con el pan al volver del trabajo. El pan de la capital era mucho mejor que el de la provincia.
Héctor, el esposo de mi prima, traía al volver del ferrocarril un pan muy sabroso que se elaboraba para consumo de los que trabajaban en los talleres; venía envuelto en un papel rudo, húmedo, con olor a cigarrillo. Lo que no se comía en esa tarde noche terminaba siendo alimento de los pájaros.
Pan y ferrocarril, la panadería de constitución. Tenía variedades insospechadas en otros rincones de Buenos Aires. Parecía atender a modalidades provincianas de elaborar este alimento. En mis incursiones yo solía volver con cada vez con un tipo diferente, causaba sorpresa a mi destino, aunque con el tiempo y mi condición de estudiante terminaba consumiéndose en el trayecto.

Vivencias de pan, todas en un mismo viernes.

Un naufragio y sus vergüenzas.


El 22 de octubre de 1887, se  da el fallo en el juicio por el hundimiento del Magallanes.



Una  vez que fueron desembarcados en Buenos Aires los Jefes y Oficiales del Magallanes, se les nombró de oficio el Fiscal que debía instruir el consiguiente sumario, recayendo éste en el Capitán de Navío don Emiliano Goldriz, quien designó al Teniente de Fragata Leopoldo Funes para actuar como Secretario. Méndez designó defensor  al teniente de Fragata  Santiago J. Albarracín.

Iniciada la causa y hasta que ella fue elevada  a plenario, el Comandante del Magallanes guardo arresto en el cuartel del Retiro, de donde fue trasladado a presencia del Consejo y luego recluido en su domicilio particular.

El 22  de Octubre, a las 14 horas, se reunió el Consejo de Guerra en sesión pública. El defensor  solicitó la absolución de Méndez “por no resultar comprobado cargo alguno en su contra”.
El Consejo se pronunció en sentido favorable, pero  con suspensión de mando para el Comandante.
Aquí la resolución del Ministro de Guerra y Marina General Racedo
.
 
                                                                                                                 
                                                                                                   
            Encontrándose ajustado al tratado 5to Título 5to Artículo 24 de las Ordenes de la Armada, el fallo dictado con fecha 22 de octubre ppdo. por  el Consejo de Guerra y atento lo aconsejado por el Auditor de Marina en el Dictamen que antecede
 
Se Resuelve:
 
Artículo 1ro- Aprobar el fallo dictado por el Consejo de Guerra, por encontrarse con arreglo a las prescripciones de las  Ordenanzas de la Armada; pero, usando el Poder Ejecutivo de las facultades que le son inherentes, queda limitado a dos años el plazo durante el cual el Teniente de Navío D. Carlos Méndez no podrá ejercer mando alguno y debiendo revistar durante ese tiempo en la Plana Mayor activa.
Artículo 2do- Amonéstese al defensor de esta causa, Teniente de Fragata D. Santiago J. Albarracín por haber hecho uso de lenguaje inadecuado en la defensa de este sumario.
Artículo 3ro- Comuníquese esta resolución al estado Mayor General de la Armada para su debido cumplimiento y avísese a quienes corresponda a sus efectos.
Fdo. General E. Racedo -  Ministro de Guerra y Marina
                                       
            Nada se ha encontrado en el sumario sobre la suerte que corrieron Agustín Maristany y los maquinistas del Magallanes por su presunta responsabilidad  en el naufragio.
            Acerca del Capitán del Magallanes, Carlos Méndez, sus antecedentes eran muy buenos y había participado de distintas campañas al sur, que incluían una travesía  hasta Santa Cruz en una embarcación menor junto al Teniente  Félix Paz.

            Sobre Agustín Maristany, el otro protagonista de esta tragedia, existen testimonios de  colonos de Deseado e incluso del historiador Hilarión Lenzi, donde lo citan como un excelente marinero, conocido y apreciado en la zona. Había  participado al timón de la balandra “Coronel Solier”  en los trabajos de exploración,  que realizara Onetto entre  mayo y noviembre de 1883, en la zona del Deseado.
Con los antecedentes citados, no surge  claramente como  el buque terminó impactando contra una roca muy bien conocida en el lugar, habida cuenta que  vela  en cada bajamar.
            El diario La Prensa  en su edición  del 21 de Agosto/887, aboga por los tripulantes del Magallanes  a través de un artículo que titula “Triste Situación de los náufragos”:
No puede ser más desesperante la triste situación  en que se encuentra la tripulación del Magallanes  que llegó hace muchos días a esta, después del naufragio de aquel buque.
Estos infelices han llegado en el lamentable estado que se puede suponer después de un naufragio, se encuentran sin ropa y sin dinero pues se les adeudan 3 meses de sueldo, sin que tengan esperanzas de percibir siquiera un peso de sus haberes por la razón de siempre: la partida presupuestaria de donde se les podía pagar, esta agotada y no hay donde imputar ese gasto; pero ni siquiera se piensa en arbitrar las medidas para sacarlos de tan desesperada situación.
Es hasta inhumano el proceder observado con esta pobre gente.
En naufragio se había producido el 26 de junio y entre los pasajeros estaban además del gobernador fueguino –Félix M.Paz- , el de Santa Cruz, Ramón Lista, , el Doctor Polidoro Seguers, primer médico en Tierra del Fuego, y José María Beauvoir, el futuro Director de la Misión Salesiana de Río Grande.

Si bien consigue salvar los caudales que transporta, no corren la misma suerte los aprovisionamientos, con lo que la situación en Ushuaia quedará al límite.

Seguers pierde en este incidente todos sus ahorros.

Beauvoir había nacido en Turín en 1850 graduándose de maestro en 1872 como paso previo a la consagración sacerdotal que se daría tres años más tarde. Llegó a Buenos Aires en 1879 desempeñándose como maestro en el colegio San Carlos. Acompañará después a José Fagnano a Patagones cuando se levanta la primer capilla católica de la Patagonia argentina.

En 1884 es designado capellán de la Provincia de Santa Cruz, y en razón de tal cargo la recorrió extensamente a caballo.

Residía en Buenos Aires cuando Fagnano luego de conocer Tierra del Fuego solicita su concurso para iniciar la labor misional desde Punta Arenas.

En ese accidentado viaje se produce el naufragio en el Magallanes, de que dejará Beauvoir un interesante testimonio...  

El incidente se dio cuando la nave choca con una piedra cuando en el momento del desembarco el capitán creyó que haciendo una bordeada más extensa facilitaría las tareas de llegada al fondeadero.

“Imposible describir el pánico y las ansias mortales que se apoderaron de todos los que allí estábamos. Un ir y venir atropellado, un griterío ininteligible, un llorar de las mujeres y de los niños, un correr de los marineros yendo desatinadamente de proa a popa, todos mandaban y nadie obedecía, en fin un pandemoniun indescriptible”

Beauvoir agrega también que durante el desembarco en botes: “Vi a mas de uno empujar a otro y quitarlo de un puñetazo para ponerse en el mismo; a ninguno vi invocar el auxilio divino y pedir a Dios misericordia, solo se oían blasfemias e imprecaciones horrendas. Hubo quien clavó en el cielo la mirada y agitando el puño maldecía a Dios. Me horroricé pensando que estaba quizá al borde de la muerte y desafiaba al rigorosísimo Juez que entre poco tal vez le habría de juzgar. Otro, con el revolver en la mano, estuvo a punto de pegarse un tiro si no le hubiese faltado ese valor satánico. ¡Cuánto desvarío en esta desgraciada humanidad!!!

Entre los náufragos se encontraba Ibón Noya, quien había sido contratado como carpintero para la gobernación fueguina, pero el accidente torció su rumbo: se quedaría en Santa Cruz, donde llegaría a hacer fortuna como hacendado presidiendo con los años la Asociación de Río Gallegos.

El Magallanes se trataba de un buque de transporte mixto, carga y pasaje, construido en el año 1880 en el astillero Harris & Mauxel de Glasgow, Escocia, con el nombre de GRAN CHACO para la firma de Molero y Torrado de Buenos Aires.

Consultamos; http://www.histarmar.com.ar/Naufragios/Naufragios-SantaCruz/Magallanes.htm
Esta nave de casco de acero se construyó a un costo de ₤ 17.000 y sus dimensiones eran: 64,00 x 7,10 x 4,80 metros, un registro de 420 toneladas y 1.200 de desplazamiento.
Estaba propulsado por una maquina a vapor tipo compound de 500 CV, alimentada por dos calderas y tenía un aparejo auxiliar tipo pailebote.
En el año 1885 al quebrar la empresa, lo adquiere en un remate el Señor Juan Herrero, quien lo vende al Estado, el 6 de marzo de 1886 para efectuar servicios de cabotaje a la costa Sur.
En el año 1887 se lo incorporó a la Escuadra Nacional con el nombre de MAGALLANES.
Al mando del Capitán Méndez y con 200 personas a bordo naufragó al intentar ingresar a la ría de Puerto Deseado, al chocar con las Rocas del Diablo o Roca Magallanes, actual baliza Magallanes, en la posición aproximada 47° 46’,5 S y  065° 50’,7 W el 26 de junio de 1887.

En el accidente perdieron la vida 2 tripulantes, el resto de los náufragos debió acampar en la playa por más de un mes, hasta ser socorridos por la Corbeta URUGUAY y los transportes AZOPARDO y MERCURIO.

EVOCACIONES++++ Octubre 21, de 1855. Los yámanas vuelven a la desnudez.


El catequista Phillips relata sobre los canoeros que habían sido vestidos por los ingleses:

Aunque estuvieron bien vestidos con la ropa que le dimos ayer, hoy no salieron con ellas.  Un pedazo de piel de foca era lo único que cubría sus cuerpo.

Ya las descripciones de Darwin relataban esa desnudez de manera estremecedora.

Martín Gusinde dirá con el tiempo:

En ese entonces, cuando comenzó la acción misionera, se consideraba en los círculos europeos la mayor o menor cantidad de vestimenta como criterio de mayor o menor grado de cultura de un pueblo, para elevarlo se consideraba ya, más o menos suficiente, el suministro de vestimenta. Aun hoy en día –dirá el antropólogo que escribió estas apreciaciones en la segunda década del siglo XX- existen personas que consideran enraizadas  nuestra civilización europea en  un pueblo que acostumbra a envolverse en nuestros trapos de moda, por feos, mal elegidos e inadecuados que sean.

Entonces podremos leer en el propio Gusinde consideración sobre el daño del cambio de indumentaria.

 Brevemente mencionaremos los perjuicios evidentes producidos por la vestimenta europea. Estos indígenas desconocían una higiene corporal regular, pero el sol, el aire y la lluvia actuaban libremente sobre la piel; la lluvia proporcionaba, a menudo, un intenso lavado. Sin embargo, la piel nunca se mojaba totalmente con las precipitaciones porque era muy grasa o fue mantenida así; la aproximación sin interferencias al fuego abierto permitía hacer desaparecer cualquier rastro de humedad en pocos minutos. El aire y el sol estimulaban fácilmente la piel y provocaba  no sólo la respiración de la misma sino también una viva circulación sanguínea. Todo esto fue impedido con la gruesa vestimenta que envolvía el cuerpo. Además se juntaba mucha suciedad en la piel y en las prendas de vestir, que casi nunca eran cambiadas o lavadas, lo que provocaba erupciones en la piel y eczemas. Finalmente se desarrolló un peligroso debilitamiento de todo el organismo debido a que la vestimenta húmeda no era reemplazada por otra seca, sino que se dejaba secar sobre el cuerpo; para ello el propio cuerpo debía proporcionar el calor que facilitara la evaporación. Pronto hubo en todo esto un buen caldo de cultivo para gérmenes de diferentes enfermedades, que representaron un actor determinante en la extinción prematura de este pueblo. Pero que nadie se engañe dando como excusa que los fueguinos mejoraron en general moralmente desde la introducción de la vestimenta europea. Muy por el contrario algunos fenómenos en la vida de los individuos y de todo el pueblo, durante las últimas décadas, demuestran un nivel tan bajo como no lo había conocido la gente de antaño. La obligación de la vestimenta europea trajo, indiscutiblemente, grandes desventajas para toda la tribu yámana.





Tres páginas por Malvinas.



Son tres portadas del diario que dirigía Daniel Augusto Balanche Rondeau (h), las tres parecieron los días de la guerra.

El diario,miniografiado inicialmente en la imprenta del Don Bosco, salió el 2 de abril.


¿Cuásles son las motivaciones que en el tiempo encierran estos títulos?  Fundamentalmente para los que vivían en este escenario sureño.

El ingeniero Ernesto Cepeda a vuelto a vivir entre nosotros. El asueto era para seguir más tranquilamente la visita de Juan Pablo II.


Y Saint Jean con esto habrá cobrado jubilación como Presidente? Cómo siempre el deporte parece ser el contrapeso de las calamidades de los argentinos.

El automovilismo en Tierra del Fuego fue siempre funcional con los procesos de cambio, como para que la gente se entretenga y se olvide. Luego del golpe de estado del 76 los primero que organizó la intervención militar fue ¡Una carrera!

Católicos versus protestantes.



“Copiamos del diario L’Unitá Cattolica la siguiente carta, por las preciosas noticias que da sobre la Tierra del Fuego”, hacía referencia el Boletín Salesiano en momentos en los cuales partía Fagnano en la Expedición de Lista a nuestra Isla Grande la que esperaba recorrer en un lapso de cuatro meses. El corresponsal deja evidencias de los conflictos de la época entres las confesiones religiosa, y abunda luego en una Entrevista de un Hijo de Sayahueque con Monseñor Cagliero, que omitimos por razones geográficas. Firma esta correspondencia el presbítero D. Piccono, tratándose del sacerdote de nombre Ángelo que fallecerá el 1ro de enero de 1913.

Buenos Aires, 19 de Octubre de 1886.

Señor Director de la Unitá Cattolica:

No disgustará a sus lectores alguna noticia sobre las tierras, casi desconocidas por el mundo civil, y sobre las que no obstante fijábase con preferencia la paterna mirada del Gran Padre de la Cristiandad, León XIII. Me refiero a la Tierra del Fuego, y erigido poco tiempo hace, por la Santa Sede en Vice-Prefectura apostólica, confiándola a un benemérito y activísimo sacerdote de la Congregación Salesiana, la cual hace ya algunos años está evangelizando con gran fruto la Pampa Argentina y la Patagonia.

Hállase la Tierra del Fuego entre los grados 52°42’ y 55°11’ de latitud austral, y forma un verdadero laberinto de canales, estrechos, golfos, bahías, islas y penínsulas. Cúbrenla altas y nevadas montañas, pero su aspecto varía según las diversas partes. Las costas del Oeste y sur son áridas y tristes; más favorecidas por la naturaleza las del Norte y del Este. El clima es generalmente frío, nuboso y tempestuoso. El piamontés Santiago Bove, que por encargo del Gobierno Argentino exploró una pequeña parte de las costas y también alguna isla en el año 1882, asegura que, en los días más calurosos del verano, el termómetro no pasa nunca los 12° centígrados. El invierno no es sin embargo tan riguroso como comunmente se cree , puesto que el hemisferio austral a igual latitud  es siempre menos frío del boreal, pero se puede decir que es un invierno continuo, especialmente por el fuerte viento polar que casi siempre hace.

La Tierra del Fuego fue llamada así por Fernando Magallanes, a causa de los muchos fuegos  que vio encendidos en ella por sus habitantes salvajes. Más tarde se creyó que se le daba este nombre por sus numerosos volcanes, pero parece que estos no sean muchos, pues se descubrió que el humo que pareciera saliese de todos sus montes, no era otra cosa más que niebla, la cual retirándose hacia allá, casi improvisadamente al salir el sol sobre las cumbres más altas, tomaba aquella forma.

La referida Tierra del Fuego pertenece casi toda a Chile, y tan solo una parte del Este a la República Argentina, la cual posee a la vez en el punto más meridional de aquel inmenso archipiélago, la isla de los Estados, de unos 67 kilómetros de longitud y 15 de latitud, con muy buena vegetación y preciosos bosques y colinas, de 500 a 800 metros de altura sobre el nivel del mar. De esta isla el Gobierno Argentino hizo recientemente un lugar de deportación; estableció un Gobernador y levantó un faro. Exceptuando este punto, la playa de Hopparo al Este, donde los ingleses formaron un pequeño establecimiento para sus naves que se dedican a la pesca de las ballenas, y la así llamada misión protestante de Usciumaia, toda la Tierra del Fuego está habitada por salvajes.D’Orbigny calcula sean cuatro mil, pero no puede hacerse una estadística segura, puesto que excepción de una poca extensión de costas, dicho intrincadísimo archipiélago está del todo inexplorado. Estos salvajes provienen de los Andes occidentales y de la Patagonia, y hállanse divididos en tribus. Las principales son las de los Acaluffi que viven esparcidos desde el Cabo del Pilar hasta la isla Stewart, y las de los Ona y Yagan, los cuales habitan las islas al Sur del Canal de Beagle. Según las más recientes relaciones, los Acaluffi llegarán al número de tres mil, los Onas a dos mil y los Yagan a unos tres mil. Hállanse embrutecidos por el vicio precoz y por la poligamia, andan siempre sucios y se pintan el rostro con varios colores. Cara chata, frente baja, carrillos salientes, ojos parecidos a los de los Chinos, cabeza grande, vientre abultado, cuerpo y piernas delgadísimas, pequeños y feos, hé aquí su tipo físico.

Quien escribe los ha visto. Viven miserablemente y nada más que de lo que pescan, corren continuamente por el mar en sus ligeras piraguas, duermen en mezquinas cabañas , y tienen casi siempre grandes fuegos encendidos para asar los pescados y calentarse ellos cuando siente frío, pues están cubiertos por mantas de piel de foca o de guánaco, que obtienen por medio del cambio que hacen con sus hermanos Tehuelches de la Patagonia. Son buenos cazadores, y armados de flechas y de honda, van a la caza de muchísimos y variadísimos pájaros que vagan por aquellas florestas. Son tan diestros en el manejo de la honda, que a la distancia de treinta metros matan  con ella al más pequeño pajarito; y con la flecha, desde las playas, o bien, desde sus canoas hieren la foca en el mar. Su índole no es feroz y su carácter es susceptible de civilización. En cuanto a religión parece que adoren a dos espíritus, el uno bueno y el otro malo, y para tenerlos amigos rindan a ambos el mismo culto: al bueno para que continua a beneficiarlos proveyéndoles de copiosa comida; al malo para que no les moleste ni les haga daño a sus personas y familias. Creen como los Patagones que las enfermedades son producidas por el espíritu malo, que entra en el cuerpo humano, y tienen sus brujas que lo conjuran. No parecen sin embargo muy tenaces en sus supersticiones, y hay que esperar que será difícil ganarlos a Jesucristo, Santo Nombre que ciertamente no debe ser nuevo entre ellos, pues en el año 1846 acaeció un caso, que bien puede llamarse  providencial, y como presagio de tiempos mejores.

Empujada por los vientos, pasaba en aquel año por aquellos desiertos mares El Arca de la Alianza, nave francesa al mando del capitán Marceau, óptimo y fervoroso católico, el cual arribó en la bahía de Port-Galant, esperando el viento favorable para continuar el viaje. Bien pronto observó  que numerosos salvajes corrían por aquellos desiertos y acudían desde el interno de las tierras  para admirar su vapor; y habiéndoles él hecho una señales cortéses, para que viniesen, metiéronse inmediatamente en sus piraguas y subieron a bordo, donde se les proveyó de vestido y alimentos. El buen capitán llevaba consigo su capellán, el cual, aprovechándose de  la ocasión mostró a aquellos pobres salvajes el Crucifijo, diciéndoles que aquel era el Salvador del mundo, muerto en una cruz por todos los hombres de la tierra, y se llamaba Jesús. Después reunió a los marineros, les hizo cantar varias veces los santos nombres de Jesús y María y consiguió que los salvajes aprendiesen también a cantarlos. Adornó luego una piragua con una cruz y puso dichos augustos nombres en la proa, llamándola así la piragua de Jesús María. Entonces ocurriósele al buen capitán Marceau una nueva idea. Hizo construir por seis hombres una gran cruz de treinta pies de altura, colgó en ellas muchas medallas; después él, el capellán y los tres marineros saltaron a tierra; y en devota procesión, con la cabeza descubierta, cantando las alabanzas divinas, la colocaron a la presencia de los salvajes en un lugar elevado, donde el capellán la bendijo, mandando después a los indígenas que se arrodillasen y cantasen Jesús María, lo cual hicieron inmediatamente y con verdadero placer. Más El Arca de la Alianza y con ella su capellán, debieron salir bien pronto de aquellas riberas abandonando a los naturales, que los saludaron cantando Jesús y María.

He aquí de que manera el Salvador del mundo y su Madre María Santísima tomaron hace ya más de 40 años, posesión de aquellas tierras, en las cuales, no se sabe, haya vuelto a entrar algún sacerdote católico.

El Gobierno Argentino comienza ahora a pensar en  aquellas sus lejanas posesiones, y parece que debería emplear toda su solicitud para plantar pronto una Misión católica, y ayudar con todas sus fuerzas al nuevo Prefecto Apostólico a quien el  Santo Padre, en medio de su gran corazón, que abraza el mundo entero, ha confiado aquellas desiertas tierras. La Misión católica formaría en poco tiempo, de aquellos salvajes embrutecidos, útiles súbditos de la república, y reduciéndolos a un vida fija, enseñándoles con la verdadera religión la agricultura y los oficios de la vida civil, en pocos años cambiarían aquellos desiertos en jardines. Pero por desgracia no es así... En el establecimiento inglés de la Tierra del Fuego, de que más arriba hemos hablado, vive muy cómodamente con su mujer, desde hace ya 25 años, bien pagados y proveídos de todo por el Gobierno Británico, un tal Bridges, inglés protestante, y misionero, no de Jesucristo, sino de la Reina Victoria. Parece que en 25 años y con los abundantes auxilios de su Gobierno, debería ya á esta fecha, haber convertido a la lectura de la Biblia al menos a la mitad de los isleños de la Tierra del Fuego. Pues bien ¡admirable poder del proselitismo protestante! en 25 años,  con varios miles de esterlinas que recibe de estipendio cada año, con abundantísimos géneros que les suministraron los vapores ingleses, el misionero protestante, su misionera y sus misionerados no consiguieron otra cosa más que agrupar alrededor  de sí cuarenta salvajes, dejándolos por añadidura casi desnudos como los encuentran, y haciéndose servir de ellos como si fuesen faquires y ganapanes. Y estas noticias se tienen de varios capitanes y otras personas dignas de fe, de las cuales, si necesario fuere, se podrían citar sus nombres y cualidades.

Ahora bien, este Bridges, tan pronto como oyó hablar de la creación de una prefectura apostólica en el territorio por el arruinado, voló a Buenos Ayres, y allí, ayudado por sus correligionarios y por la Masonería, presentó una solicitud al Congreso Argentino, pidiendo nada menos que ocho leguas cuadradas de terreno en propiedad, en el lugar de su misión, como recompensa de sus servicios que había prestado á la civilización (¡sic!) y á la República (¡sic,sic!), en aquellas remotas regiones!

 Ninguna persona de buen sentido habría pensado jamás qeu semejante petición, llegaría a ser otorgada por varias optimas razones. En primer lugar por que la Constitución Argentina prescribe que tanto los Indios, como los indígenas y salvajes sean civilizados, procurando su conversión al Catolicismo y no al protestantismo. Y en segundo, porque el avaro misionero protestante no es más que un simple especulador, que trata de enriquecerse a si mismo, y á su familia. Pero hay todavía otra razón, que por cierto hubiera debido pesar no poco, en las balanzas de la República Argentina. Este Bridges es nada menos que agente del Gobierno  inglés, que, para no parecerlo, alzaba en su residencia la bandera argentina, cuando pasaba un vapor argentino; la chilena, cuando pasaba alguno de Chile; mas, cuando no pasaba ninguno, entonces mantenía simplemente enarbolada la bandera inglesa. Tanto es verdad, que, cuando el nuevo Gobernador argentino tomó posesión de su territorio desde la Tierra del Fuego, haciendo á propio intento una pequeña sorpresa al Misionero engañador de la Reina Victoria, lo cogió con la bandera de Gran Bretaña izada, y le intimó inmediatamente a bajarla. Quien tiene memoria recordará el tentativo hecho, no hace muchos años, de alzar la bandera inglesa en el Ciubut en la Patagonia, y después ¿acaso no están allí las islas Malvinas, que en el año 1833, por un golpe de mano de la astuta Albione, de la noche á la mañana, de argentinos se volvieron británicos?

Estas y otras razones fueron expuestas clara y abiertamente en el Parlamento Argentino , con la acostumbrada elocuencia de dos grandes afectos á la religión y á la patria, de los diputados católicos Sres. Estrada y Goyena, cundo en estos últimos días se puso en examen la referida petición. Mas sin hacer caso á razones políticas y religiosas, al amor a la patria, al mismo interés propio, siguiendo solamente las inspiraciones de la prensa liberal, que se había apresurado a crear la opinión en favor del ministro anglicano, y los mandatos imperativos de la secta anticristiana, el Parlamento Argentino concedía las ocho leguas de terreno al agente d la Reina Victoria.

Y trato más monstruosa aparece esta concesión, cuando más se considera que las Misiones católicas de la Patagonia en solamente seis años, han construido ya dos magníficas iglesias, abierto cuatro Colegios, uno de los cuales de artes y oficios, con graves sacrificios de personal y dinero, fundado  varias pías Asociaciones, recorrieron no poca veces los desiertos patagónicos por una parte, hasta más allá del Río Colorado, y por otra, hasta el misterioso lago Nahuel Huapi y hasta la cima de los Andes á 300 leguas distante de Cármen de Patagones (la legua argentina es igual cinco kilómetros y 154 metros... Los pobres hijos de D. Bosco, á los cuales les están entera y únicamente confiadas las Misiones, llenos de deudas, cansados por tantas fatigas viven en la penuria, continuando sin embargo a esparcir generosamente sus sudores apostólicos mientras que el misionero protestante, bien pagado por su Gobierno y proveído de todo bien de Dios, disfrutando de las delicias de la familia, enriqueciéndose cada día más con el trabajo de sus pobres convertidos, ó, mejor decir, por especulaciones ocho leguas cuadradas de terreno argentino, que, cubiertas de ganado, le fructificarán millones. ¡Pastor de ovejas y vacas, y no de almas, como dijo un diputado!