JORGE GARRAMUÑO, aproximaciones en una despedida.


No he tenido mayor trato con él pero me quedaron de sus dichos algunas cosas que he venido repitiendo:

1.- Aquello de sacar la capital de Ushuaia, cuando los reclamos sectoriales afectaban su imagen turística.
2.- Su opción por quedarse en el IPAUSS, como prestador asistencial, cuando se fue como diputado; puesto que dada su dolencia –cáncer- y por la eficacia de la obra social provincial, era mejor que la que podía esperar en Diputados.


Nunca tuve la fortuna de entrevistarlo personalmente, hubo algunos acercamientos personales, de esos que se daban cuando Patulo Andrade lo llevaba al Roca, y alguna conversación telefónica para nuestra tarea en LRA 24. Por eso ahora traigo palabra ajena. Es del 8 de junio de 1997 en la revista Cara y Ceca, en momentos en que debía asumir como intendente en la capital provincial.

Venía de su gestión como Ministro de Obras Públicas del primer gobierno provincial, y antes tuvo su empleo como ingeniero en Vialidad Nacional.  El análisis de aquel momento formaría parte de sus sueños, alguno de los cuales –ojalá- lo haya conseguido concretar.



“Cuando deje la actividad política voy a saber si gané o perdí amigos”

Jorge Garramuño, hincha de Chaco For Ever, nacido en Sáenz Peña, “la segunda ciudad de Chaco”, y descreído de la clase política, está convencido que a las cosas hay que cambiarlas desde adentro.

Cara &Ceca: ¿Dónde nació?
Jorge Garramuño: En Presidente Roque Sáenz Peña, Chaco.

Cara &Ceca: ¿Es una ciudad chica?
J.G.: No, es la segunda ciudad de Chaco. Está en el corazón de la provincia y es el centro algodonero de toda la región que abarca el Chaco, sur de Formosa y norte de Santa Fe.
Es una ciudad que en estos momentos debe tener alrededor de 80 mil habitantes.

Cara &Ceca: ¿Hincha de Chaco For Ever?
J.G.: Sí. Primero porque es un cuadro que siempre me gustó. Tuve amigos y compañeros que jugaron en el club.
Cuando estaba en la Facultad, estudié en Resistencia, íbamos los domingos a la mañana a la cancha, almorzábamos con los jugadores y después ya nos quedábamos para ver el partido.
No sólo soy hincha de For Ever por los colores de la camiseta, si bien nunca jugué, tuve amigos que sí lo hicieron.

 Cara &Ceca: ¿Desde qué año está en Tierra del Fuego?
J.G.: Al sur vine en julio de 1978. Viví dos años en Santa Cruz y en marzo de 1980 llegué a Ushuaia, recién casado.
Mi esposa es de Río Gallegos, nos casamos y nos vinimos, prácticamente de luna de miel, a vivir a Ushuaia. Trabajaba en Vialidad Nacional y pedí el traslado.

Cara &Ceca: ¿Fue difícil adaptarse, porque es una sociedad distinta a la de Sáenz Peña?
J.G.: Toda mi vida fue de cambio constante. Mi papá era gerente de sucursal del Banco del Chaco, así que cada dos o tres años lo iban cambiando de ciudad.
Por eso es que vivimos en siete u ocho pueblos distintos del interior de la provincia, durante toda mi niñez y adolescencia. Estaba acostumbrado a cambiar.
Después dos años de la secundaria los viví en casa de una abuela y luego, mientras estudié en la Facultad, viví fuera de la casa de mi familia.
Una vez que terminé los estudios e hice el servicio militar, me dediqué a trabajar.
No me costó adaptarme porque viví en Formosa, en El Impenetrable y después en Santa Cruz.
La sociedad de Ushuaia de 1980 no era muy distinta a la de Río Gallegos. Además, siempre me he adaptado con bastante facilidad.
Por otra parte, Ushuaia de 1980 era mucho más linda que la actual en la parte social. Éramos mucho más amigos.
Recuerdo los bingos en el colegio de los curas, donde asistía todo el pueblo, o los bailes en el hotel del aeropuerto viejo.
También nos sentábamos en el Hotel Albatros a escuchar cuando alguien tocaba el piano.
Después, la ciudad creció de golpe y se perdió el ambiente pueblerino para pasar a uno de ciudad.
Uno anda por la calle y de diez caras, hay tres o cuatro que no conoce.

Cara &Ceca: ¿Cómo surge la carrera política?
J.G.: De casualidad. Siempre fui descreído de los políticos. Para mí el político era una raza corrupta que peleaba por un espacio de poder, y no he cambiado mucho en mi forma de pensar.
Verlo desde adentro ha servido para corroborar mucho de lo que pensaba antes.
Me acuerdo que allá por el año ‘84 u ’85 estaba con don Ariel Catalán, a quien le estaba dando una mano como ingeniero en su empresa, que recién se estaba formando.
El me invitó a comer un asado del Movimiento Popular Fueguino al Concejo Deliberante.
Al principio le dije que no, porque era con políticos. Le conté lo que pensaba de los políticos y me dijo una cosa que siempre recuerdo: la única forma de cambiar las cosas es de adentro, pues nunca las iba a poder cambiar desde afuera.
Asistí a ese asado. Estaban presentes Juan Carlos Oyarzún y Juan Manuel (Romano).
Había una onda bárbara, pues también habían asistido concejales que no eran del MPF.
Me gustó mucho el ambiente.
Después de ese asado, Juan Carlos, que iba a ser el candidato a Intendente por el MPF, me ofreció prepararle algunas ideas desde el punto de vista de la obra pública para ponerlas en marcha si ganaba la elección.
Me gustó ese grupo y un día me afilié. Empecé a participar de las reuniones, integrando este grupo que ya estaba formado, nos reuníamos en Sarmiento y San Martín. Nos juntábamos 15 ó 20 a tomar mate y a soñar qué podíamos hacer si alguna vez teníamos un espacio de poder para cambiar la ciudad.
Fue pasando el tiempo, ocupé cargos partidarios. Vino la constituyente, trabajamos, se ganó; después las elecciones para el gobierno provincial, que también ganaron.
Un día José (Estabillo) me ofreció que lo acompañara en el gabinete y con un enorme susto, porque nunca había estado en ningún lugar que no fuera Vialidad, que es mucho más sencillo y acotado, me encontré sentado en el sillón del Ministerio de Obras Públicas. Así arranqué, hace seis años.
Recuerdo el primer día en el Ministerio, cuando me senté en la oficina y comencé a ver los expedientes. Lo primero que pensé es ¡dónde me metí!



La verdad que me llevé un susto bárbaro. Después cuando se comienzan a analizar las cosas, se ve que muchas de ellas tienen algunos errores que pueden ser corregidos, va mejorando la autoestima y a medida que se implementan acciones se va entrando dentro de un engranaje que te va llevando.
Me tocó la enorme suerte, muy pocos tipos han tenido la suerte que yo tuve, de estar sentados en un gabinete donde éramos todos amigos.  No había celos entre un ministro y otro. Nos juntábamos a comer asado con José, Carlitos Pérez, Ruggero y Juan Manuel.
También me tocó la enorme suerte que la política decidida por el gobernador y el gabinete fuera la de trabajar en la obra pública.
Estuve trabajando durante toda esa gestión para que se lleve adelante la obra pública, el Ministerio de Obras Públicas, de la noche a la mañana pasó a ser un poco la vedette dentro del gobierno porque hacía obras en cantidad.
Pero hay que tener en cuenta que podía hacer obras porque la plata estaba y los otros ministerios se ajustaban los cinturones con los gastos corrientes para que esa obra pública se pudiera hacer.

Cara &Ceca: En todos estos años de actividad política, ¿ganó o perdió amigos?
J.G.: hay que ver qué es lo que se entiende por amigo. Creo que voy a saber si gané o perdí amigos el día que me vaya de la política.
El día que me vaya a mi casa y no sea más ministro, ni intendente, ni ocupe ningún otro cargo, ese día voy a saberlo.
Es fácil tener amigos cuando uno está en un lugar de poder. De todas formas siempre fui un tipo que tuvo la suerte de tener amigos.
No sé si voy a ganar o perder amigos. Lo único que sí puede decir es que uno se hace más conocido. En la calle ahora te conoce todo el mundo y antes no te conocía nadie.
Voy a tener gente que se hace amiga por conveniencia, muchos se van a ir, otros van a venir. La amistad es una cosa de dos y si se la encara con buena onda, siempre vas a encontrar del otro lado a alguien que va a ser un buen tipo.

Cara &Ceca: ¿Es real lo de la soledad del poder?
J.G.: Sí es real, porque uno tiene cien personas que le manifiestan su forma de pensar. Vamos a suponer que cada uno de ellos le dice de manera desprendida y con la mejor buena voluntad. El problema está en que no todos te dicen la misma cosa; si todos lo hicieran sería fácil saber qué es lo mejor.
Cada uno da una respuesta diferente y es uno el que tiene que tomar la decisión. Entonces se plantea definir qué hacer, pues Juan me dijo negro; Pedro, azul; Luis, verde. Quién tiene la razón. Además en la depuración que uno hace, cómo saber dónde está la verdad.
La verdad no es absoluta.
La decisión más difícil que le toca enfrentar a una persona que tiene un espacio de poder es decidir quiénes quedan y quiénes se van de su gabinete. Tiene que ser una de las cosas más difíciles que hay.
Uno ve que a una persona que está al lado se le terminaron los tiempos políticos y que necesita un recambio en ese lugar. Pero es tan difícil decírselo y que la persona lo entienda.
Normalmente termina peleando, con un enemigo, y quizás esa persona ha estado conviviendo codo a codo con uno, poniendo su mayor esfuerzo. La decisión más difícil es la decirle a un amigo que está a la par de uno: negro te tenés que ir porque políticamente se te terminaron los tiempos. No pasa por la capacidad, por el trabajo o esfuerzo. A veces se le pueden haber terminado los tiempos porque estuvo en un puesto donde fueron muchos más los requerimientos que las soluciones que pudo dar.
Esa tiene que ser una de las decisiones más difíciles y dolorosas y que más sólo se toman, porque no se pueden consultar con nadie.
Otra decisión difícil es a quién se designa en ese puesto que quedó vacante. Cuando alguien se va o hay algún cargo libre, empiezan a revolotear alrededor todos los que tienen las ganas de ocupar ese cargo. Cómo determinar cuál de ellos es el más capacitado, porque tampoco se puede estar cambiando cada dos o tres meses.
Cualquiera que entra en un puesto necesita dos o tres meses para poder ingresar en el engranaje y para demostrar si sirve o no.

Cara &Ceca: ¿Es optimista sobre el futuro de Ushuaia?
J.G.: Sí, si bien Ushuaia es una ciudad difícil tiene dos o tres particularidades especiales. Es un hermoso lugar que tiene un halo de misterio. Cuando se nombra a Ushuaia en cualquier lugar del mundo es una chapa infernal. No es lo mismo decir, con todo el respeto que me merece, Río Gallegos o cualquier otra ciudad del país, que Ushuaia, que es el fin del mundo.
Ushuaia y Río Grande tienen la ventaja de contar con una buena coparticipación federal; los impuestos inmobiliarios, las recaudaciones propias de tasas son montos que maneja la municipalidad.
Son municipalidades, a los que no se puede calificar de ricas pero sí que tienen un ingreso importante de dinero por habitante.
También tienen un gasto importante, pero como el ingreso es bueno están en condiciones de cambiarla la cara a la ciudad.
Otro punto es que el habitante de Ushuaia está cansado de vivir mal, entonces psíquicamente está apuntando a que se viva mal, pero lo que pasa es que está muy descreído de los políticos. Está esperando que el político haga primero, para darle después el acompañamiento.


Cara &Ceca: Jorge Garramuño entró a la vida política por casualidad, pero ¿tiene un proyecto o una meta en ese campo?
J.G.: No, en el campo político no. Cuando vine a Ushuaia en 1980 y salíamos los domingos a pasear con mi señora y mi hija que era chiquitita, nos parábamos en la avenida Maipú y las hacía bajar para mostrarles todo lo que se podía hacer para mejorar la ciudad.
Lo que hoy puedo volcar en la ciudad lo tenía pensado desde hace mucho tiempo, pero sin suponer que alguna vez iba a ser Intendente.
De aquí en adelante, ni se me ocurre. Si fuese por sueño mío o por gusto, si supiese que voy en la mitad de un camino y que tendría el acompañamiento de la ciudad, me gustaría una segunda gestión para terminar de hacer todo lo que quiero realizar.
No me interesa continuar en el cargo por el poder en sí mismo. El poder es efímero. Además el balance duro.
Es lindo que te palmeen la espalda, que el policía se cuadre o que te inviten a los actos, pero vas perdiendo la familia, no estás en tu casa.
Llegas a un punto en que tenés un grado de hiperactividad que cuando se tiene una hora de descanso en el hogar, uno no sabe qué hacer.
Creo que la política es para un tiempo, no para toda una vida. Es para un tiempo de la vida donde vos puedas autodemostrarte lo que podés hacer y puedas devolverle a la comunidad parte de lo que ella te dio.
Pero eso es por un minuto, después te transformás en un búfalo, donde vas sobreviviendo. Eso es algo que se en algunos políticos viejos.
Espero nunca llegar a ese punto y retirarme a tiempo.. C&C