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El 20 de julio se produce el nacimiento de dos antiguos fueguinos:



***Julio 20, de 1911 – En Estancia Ruby, nace Segundo Arteaga, que según dice el acta es  hijo de Antonio, Chileno, soltero de 27 años

Se constituyó en un referente de sus ancestros selknam, dada la identidad de su madre: Pepetua Kailjen, con consignada en la partida de nacimiento por no estar los padres casados. Perpetua  que fallecerá años después en la Misión Salesiana.

Dedicado a las tareas rurales, Segundo -en los últimos años de su vida- residirá en el hogar SAN VICENTE DE PAUL donde fallecerá el 18 de agosto de 1998.

`Personalidad destacada por el Municipio de Río Grande se hizo en el tiempo una figura conocida junto a la última ona pura: Virginia Choquintel, y Pablo Pacheco -de idéntica condición- quien fue repatriado desde Santa Cruz y compartido con él, el mismo asilo.

Enseño algunas de las técnicas aborígenes que había conseguido aprender, entre ellas la confección  de flechas.

Una persistente sordera lo incomunicó con muchos de los que quisieron saber de él para saber más del pasado de su gente fueguina.

Julio 20, de 1942  Nace Virginia Choquintel.

Virginia Choquintel Haropatine, la última descendiente pura de aborígenes fueguinos, nace en la Misión Salesiana. Allí, completó sus estudios primarios y vivió durante muchos años.
Ella recordaba: “de mi familia, sólo recuerdo a mi papá, de mi mamá casi no me acuerdo, yo era muy chica cuando murió, creo que tenía dos o tres años. Agrega que yo no viví con ellos, vivía en el colegio, mi papá vivía en una casita en la Misión, luego se fue para el campo. Segundo Arteaga me contó que tuvo un accidente con el caballo y murió en Ushuaia, yo me enteré hace poquito. Yo estuve en Buenos Aires, añadió, volví hace siete años. Todo estaba muy cambiado. Me trajo muchos recuerdos de mis compañeras del colegio. Mi vida era linda en la escuela, mi papá me iba a buscar todos los días y me llevaba a pasear a caballo. La gente cree que soy analfabeta, pero yo estudié, de María Auxiliadora tengo recuerdos lindos, ahí estudiábamos, hacíamos huertas, íbamos al campo a buscar guano y leña. Era mixto, pupilos había pocos, eran gente de campo, salían los viernes y los traían el domingo a la noche”.
También tiene un recuerdo hacia las monjas
, “hay que hacerles un homenaje a las que se fueron a Sor Luisa Rosso, Berta Weber, yo las quiero, a los curas no tanto, al padres Zinc lo quiero, pero siempre anda apurado. Sobre la extinción indígena, señala que los chicos de la escuela me decían cómo no sabes nada de las matanzas, pero yo no sabia nada. A mis abuelos pudieron haberlos matado. Recién me enteré de grande de las matanzas de indios, hace muy pocos años. Yo no sabía nada”.


Virginia fallecerá el 2 de junio de 1999.

En la foto se puede ver a ambos con la Doctora Nelly Penazzo.

Anne Chapman en carta a Virginia Choquintel.

Una situación digna de recordarse es la identidad del afecto que la antropóloga recientemente fallecida sintió por los nativos con los cuales departió la memoria originaria.

Una prueba de ello la da este correo frustrado en el que formé parte y que me permitió al tiempo la muerte de Anne descubrir estas intimidades.

Comenzaba 1999 cuando recibí la visita del escritor Cristian Aylwin. Venía de Santiago de Chile buscando conocimientos y vivencias que le permitieran abordar una nueva obra, centrada en alguna medida en los antiguos fueguinos. Para eso debía contactarse con personas, y visitar lugares. Lo acompañamos en algunos tramos de su experiencia. Pero hubo un capítulo que no se pudo cumplir: entregar un envío para Virginia Choquintel, última fueguina de padre y madre selknam, que por entonces se encontraba asediada por la dolencia el 2 de junio de aquel año terminó con su vida.

Patricio dejó en mis manos cumplir con su entrega, y como la misma no se dio en una futura visita a Río Grande de quien la remitió acudí a devolvérsela. Pero entonces Anne no quiso recibirla, eso era para ella, para ella. Y como ella ya no estaba para entregársela quedó en mi poder.

Por un lado había un regalo elocuente: un bolso de tela. Por otro lado un sobre cerrado. Durante muchos años siguió así en una de mis cajas sobre los Onas, hasta que se dio esta circunstancia final allá en París.

Entonces, dialogando en la radio me recordé de lo olvidado, y acudí a abrir la carta que ya no tenía ni remitente, ni destinatario.

Encontré en el bolso un cassette con la grabación de la conferencia de Chapman navegación, que se dio cuando presentaba su libro sobre la Isla de los Estados. Y el sobre que abierto mostró la cordialidad de la remitente.

La carta a Virginia

Santiago de Chile.

17 de febrero de 1999.

Querida Virginia.

Espero que estés muy bien, así tu tu esposo y perrito. Te mando muchos saludos con el joven amigo Cristian Aylwin que te entrega esta nota y la bolsa.

Estoy en Santiago preparando la publicación de algunos libros.

Vuelvo a Buenos Aires en 2 días, pero ahora no puedo venir a Río Grande. Espero venir a fin de año o el verano próximo.

Sentí mucho la muerte de don Segundo, amigo de tantos años. Ahora sólo queda vos para recordar los paisanos onas que conocí y tanto quería.

Puedes comunicar conmigo por Mingo Gutiérrez y yo le pediré noticias tuyas.

Te m ando esta foto como un recuerdo.

Con mucho cariño.

(firma) Anne Chapman.

La comunicación sale cuando ya Nino, el marido de Virginia, ha fallecido. La alusión al perrito habla de la debilidad que tenía Virgina por los animales, a los que en algún momento llevó en gran número a su casa. Se refiere también a Segundo Arteaga, ese gran referente cultural que la esperaba a Anne, siempre con cariño. Y lo que pueda descubrirse entre líneas.

Las fotos.

La primera dice al dorso: 16 Feb. 1999. Para Virginia. Con mucho cariño.

La segunda es una postal, que tal vez estaba destinada a despertar sonrisas en su amiga ona, por la situación del perrito: “Querida Virginia. También te mando esta foto del cacique mapuche con su perrito, tan lindo”.

Virginia, huérfana, había crecido entre las Hijas de María Auxiliadora, alejada de la cultura de sus ancestros, y después vivido humildemente en San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Su relación an Anne no se fundamentó en una condición de informante, fue una corriente de afectos que pese al conocimeinto tardío pudo convertirse en amistad.