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Anne Chapman en carta a Virginia Choquintel.

Una situación digna de recordarse es la identidad del afecto que la antropóloga recientemente fallecida sintió por los nativos con los cuales departió la memoria originaria.

Una prueba de ello la da este correo frustrado en el que formé parte y que me permitió al tiempo la muerte de Anne descubrir estas intimidades.

Comenzaba 1999 cuando recibí la visita del escritor Cristian Aylwin. Venía de Santiago de Chile buscando conocimientos y vivencias que le permitieran abordar una nueva obra, centrada en alguna medida en los antiguos fueguinos. Para eso debía contactarse con personas, y visitar lugares. Lo acompañamos en algunos tramos de su experiencia. Pero hubo un capítulo que no se pudo cumplir: entregar un envío para Virginia Choquintel, última fueguina de padre y madre selknam, que por entonces se encontraba asediada por la dolencia el 2 de junio de aquel año terminó con su vida.

Patricio dejó en mis manos cumplir con su entrega, y como la misma no se dio en una futura visita a Río Grande de quien la remitió acudí a devolvérsela. Pero entonces Anne no quiso recibirla, eso era para ella, para ella. Y como ella ya no estaba para entregársela quedó en mi poder.

Por un lado había un regalo elocuente: un bolso de tela. Por otro lado un sobre cerrado. Durante muchos años siguió así en una de mis cajas sobre los Onas, hasta que se dio esta circunstancia final allá en París.

Entonces, dialogando en la radio me recordé de lo olvidado, y acudí a abrir la carta que ya no tenía ni remitente, ni destinatario.

Encontré en el bolso un cassette con la grabación de la conferencia de Chapman navegación, que se dio cuando presentaba su libro sobre la Isla de los Estados. Y el sobre que abierto mostró la cordialidad de la remitente.

La carta a Virginia

Santiago de Chile.

17 de febrero de 1999.

Querida Virginia.

Espero que estés muy bien, así tu tu esposo y perrito. Te mando muchos saludos con el joven amigo Cristian Aylwin que te entrega esta nota y la bolsa.

Estoy en Santiago preparando la publicación de algunos libros.

Vuelvo a Buenos Aires en 2 días, pero ahora no puedo venir a Río Grande. Espero venir a fin de año o el verano próximo.

Sentí mucho la muerte de don Segundo, amigo de tantos años. Ahora sólo queda vos para recordar los paisanos onas que conocí y tanto quería.

Puedes comunicar conmigo por Mingo Gutiérrez y yo le pediré noticias tuyas.

Te m ando esta foto como un recuerdo.

Con mucho cariño.

(firma) Anne Chapman.

La comunicación sale cuando ya Nino, el marido de Virginia, ha fallecido. La alusión al perrito habla de la debilidad que tenía Virgina por los animales, a los que en algún momento llevó en gran número a su casa. Se refiere también a Segundo Arteaga, ese gran referente cultural que la esperaba a Anne, siempre con cariño. Y lo que pueda descubrirse entre líneas.

Las fotos.

La primera dice al dorso: 16 Feb. 1999. Para Virginia. Con mucho cariño.

La segunda es una postal, que tal vez estaba destinada a despertar sonrisas en su amiga ona, por la situación del perrito: “Querida Virginia. También te mando esta foto del cacique mapuche con su perrito, tan lindo”.

Virginia, huérfana, había crecido entre las Hijas de María Auxiliadora, alejada de la cultura de sus ancestros, y después vivido humildemente en San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Su relación an Anne no se fundamentó en una condición de informante, fue una corriente de afectos que pese al conocimeinto tardío pudo convertirse en amistad.

Anne Chapman y los Hijos de la Muerte (*)

UNO

Los tolupanes de la Montaña de la Flor, aun los actuales, se sirven de dos pruebas para “saber todo”. Una es la prueba de la “canilla” (la pierna= y la otra de la cabuya (lazos o hilos). No pude averiguar si antiguamente estas prácticas eran secretos reservados a los punak-panes. En todo caso, desde hace ya muchos años la prueba de la canilla podía ser practicada por cualquier persona, y la de la cabuya por los hombres, empero la mayoría de los hombres nos sabían practicarla y ninguna mujer podía hacerla.

Consideraba n la prueba como medios que permiten predecir acontecimientos de la vida cotidiana; averiguar dónde ubicar los animales de caza y los objetos perdidos; informarse del desenlace de un proyecto y de las consecuencias que se producirían si ciertas intenciones o deseos se realizaran. El enamorado consulta a una mayor para que le haga la prueba de la cabuya, esperando saber si una muchacha daría su consentimiento9 a su propuesta amorosa, si ella sería una buena esposa, etc. La prueba de la canilla tiene lugar cuando uno, en su camino, tropieza fortuitamente con un pie o los dos sobre un obstáculo. Este incidente trae como consecuencia la reconsideración de lo que la persona iba a realizar o de lo que estaba pensando en este momento, Alfonso me explicó “la canilla siente cuando me va a pasar una cosa”. Se trata de una advertencia que proviene de Tomam. Tropezar con los dos pies es un signo de alerta que indica que nos e debe continuar el camino. Como por ejemplo, no ir a cultivar, o a cazar, o a visitar a alguien, etc. No se limita sin embargo, a dar indicaciones de tipo negativo. Si uno tropieza con un solo pie, esto quiere decir que la pierna está señalando la dirección que hay que tomar; o sea de ir a la derecha o a la izquierda, en la dirección opuesta al pie que tropieza. Veremos por lo demás que se trata también de informar a la persona sobre un acontecimiento futuro.

En un sentido estricto, la prueba de la canilla no es una práctica pues consiste solamente en la interpretación de una tropiezo, un estremecimiento, una contracción nerviosa en una o dos piernas, o la parte inferior de ellas, la “canilla”.


DOS

¡Qué sabemos de Anne Chapman?

Lo que ella sabía de nosotros. En parte.

Con su muerte se esfuma la posibilidad de conocer mucho más de su existencia, ella que esencialmente vino hacia nosotros para rescatar del aire las voces de los fueguinos originarios. Ella que parecía cabalgar sobre dos mundos: este el de los antiguos selknam, y el otro de la elaboración académica de sus prospecciones.

Pero había otro mundo, cercano al fueguino: el de los Tolupan-Jicares de Honduras, sobre los cuales volcó con similar afán que a nuestros nativos su espíritu curioso, indagador pereminzante.

De allí estos escritos que rescatamos junto a su evocación.

La gringa aquella que nunca dejo de visitarnos, por mas que sus informantes fueran muriendo, la mujer aquel de varias culturas -¡tan plural en todo!- que en su última visita anunció que enviaba de regado a Evo Morales la última de sus publicaciones.

Esa mujer que siempre miró el futuro, donde sabía que estaba la muerte, pero donde también sabía que estaba la vida.

Porque un mundo que no sirve para la muerte, tampoco sirve para vivir en él.


* Anne junto a Hermenegildo y José de los Ángeles Martínez en 1959, en foto tomada por Alfonso Martínez, su principal informante en esa cultura.