
LA CANDELARIA 1952.1

Lecturas de LA PRENSA.25.1: Funes el asesino de un capitán sin cabeza.
El acontecimiento se dio en la persona del teniente coronel Carlos Mallo, el primer comandante del Batallón de Baterías en la zona de Bahía Blanca.
Noche trágica la del 10 de mayo de 1900.
Consignan las crónicas que Mallo “fue muerto en su despacho, a manos del sargento 2º Pablo Funes, quien días atrás había sido degradado por deficiencias en el servicio. El suceso se desarrolló cuando Funes era increpado por haber hablado a sus compañeros respecto de lo injusta que fue su degradación, en castigo de una falta no cometida. En la discusión Mallo abofeteó a Funes quien, enfurecido, le asestó dieciocho veces con el sable bayoneta de su fusil Mauser. Cuando los oficiales del Cuerpo advirtieron lo que pasaba y fueron al lugar hallaron a Mallo agonizante, en un charco de sangre. Se soltó una paloma mensajera en procura de auxilio pero la tormenta de aquella noche desorientó al animal, que llegó recién a la mañana siguiente, cuando ya no había nada por hacer”.
Funes fue trasladado a Buenos Aires para ser juzgado, en medio de opiniones contradictorias, pues habían quienes lo consideraban “un pobre enfermo” tal como fueron las últimas palabras de Mallo mientras otros lo defendían asegurando que había sido “insultado y ultrajado” sin justificación. El Consejo de Guerra y Marina lo condenó a presidio por tiempo indeterminado pero en 1910 el presidente Figueroa Alcorta le conmutó la pena por lo que el 1 de agosto de 1911 quedó en libertad. Gracias que se dieron para el tiempo del centenario. Ese año de su partida fueguina se fusionaban el presidio militar que ya funcionaba en Bahía Golondrina, con la cárcel de reincidentes. Funes no había participado de la fuga de la Isla de los Estados que causó estupor por 1902 y puso fin a la experiencia carcelaria en esa isla.
Pero Mallo se transformó en leyenda.
Corrió la voz entre la dotación militar la existencia del fantasma del capitán sin cabeza: “especialmente en noches ventosas, merodeaba por el lugar, cabalgando por las desoladas playas o caminando solitario por los techos de las fortificaciones”.
El fantasma lucía uniforme de principios de siglo, botonadura al pecho, bandolera y cinto, botas altas. A caballo, decapitado, manaba sangre por la herida. Incluso se cuenta que una vez una patrulla le abrió fuego en conjunto, en la IV Batería. Pero como por años fue rutina que los oficiales de guardia pasaran la novedad de sus visitas en forma verbal pero sin asentarlo en el libro de guardia, no hay confirmación documental del hecho ¿Quién era ese misterioso espíritu? Se decía que era el alma de un teniente coronel que había sido asesinado, mientras cabalgaba, por un sargento quien, trepado a un árbol, cerca de la VII Batería, esperó su paso y le rebanó la cabeza de un golpe de sable. El infortunado oficial siguió montado en su caballo y el rigor mortis le hizo espolearlo, por lo que llegó erguido a la guardia de la Base, causando una profunda impresión a los presentes. Se decía además que el asesino había enterrado la cabeza y huyó; algunos comentan que posteriormente fue capturado y fusilado”.
Otra versión aseguraba que la muerte del oficial se había sucedido al enfrentarse a duelo de sables con un camarada, con quien se disputaba el amor de una mujer. La playa había sido elegida como el “campo de honor” para dirimir el conflicto. El enfrentamiento terminó con la decapitación del desafiante quien, sangrando a borbotones y blandiendo su espada, se encaminó hacia el mar.
Funes quedó relegado a un segundo plano es esta relación que aparece contenida en el historial de la revista El Archivo de Punta Alta. La foto nos muestra a la víctima con la cabeza descubierta, y a Funes con la cabeza cubierta con la gorra militar..
Rosario Zapata: Viva memoria misionera.

Tenía 97 años de los cuales 70 han sido de profesión religiosa, 30 de ellos como maestra en Deseado.
La circunstancia vale para que transcribamos una referencia dada en el suplemento RASTROS EN EL RIO, del diario El Sureño, el 16 de diciembre de 2001.
Desde hace un par de años, con la edición de mi libro Los selknam, ausencias y presencias, tomé conocimiento de la existencia de la hermana Rosario. Fue cuando Fernando Tropea me indicó que en él aparece en una foto una tía lejana del padre de su mujer –así lo dijo entonces- y yo comencé a interesarme por llegar a conversar con ella. Pero el tiempo fue transcurriendo sin encontrar la posibilidad de llegar hasta Puerto Deseado donde actualmente reside. Una mañana tuve la ocurrencia de que bien se podía conseguir su testimonio por intermedio de una tercera persona, y fue así que apareció debutando como entrevistador Don Alberto Isidro Calvo –el suegro de este otro niño- con no pocos nervios y un complicado grabadorcito que salió a su encuentro.
En resultado fue un ping-pon de preguntas y respuestas dadas por la Hermana Rosario, el 6 de octubre de 2001, previa entrega del cuestionario escrito, donde la antigua maestra realiza una paseo por sus recuerdos, ella que fue hermana de Isidro Zapata, aquel maestro y ciudadano ilustre de Río Grande, vino al mundo en Victorica –La Pampa- el 30 de marzo de 1912:
Mi familia se componía de mamá, papá y tres hijos. Papá Ambrocio Zapata, mamá Vicenta Py. Hermana mayor Manuela, la segunda Rosario, y el menor Isidro.
¿Cuándo viene a la Patagonia?
A los cinco años vine a la Patagonia.
¿Por qué motivo viene a la Patagonia?
Por que había fallecido mamá y nosotros quedábamos solos allá con papá, entonces las hermanas de papá que vivían en Puerto Deseado nos hicieron venir.
¿Cómo fue su infancia?
Fue muy feliz entre las muñecas, los nidos de pájaros, y a la tarde estudiábamos.
¿Cómo se despertó su vocación religiosa?
Fue cuando viajamos con una compañera a Punta Arenas. Despertó después de un tiempo de estar con las hermanas, y lo que más que cautivó fue el recibimiento que nos hicieron el cariño , la acogida, me ganó el corazón.
¿Cuáles fueron sus primeras experiencias al tomar hábitos?
Fui asistente de pupilas. Daba clases en Punta Arenas.
¿De que manera llega a Río Grande?
A Río Grande llego en 1936 acompañada de la madre inspectora Amira Arata, y vicaria Berttina Bruno.
¿Con quién compartía sus actividades?
Compartía mis actividades con las hermanas Felicita Genonni, Manuela González, Maximiliana Ballester. Las niñas, las pupilas eran 22.
¿Cómo se viajaba en aquellos años?
Se viajaban por caminos de tierra o ripio, por coche correo.
¿Cómo era entonces la Misión?
Eran todo ranchos, las indias vivían en sus ranchos. Y las hermanas y las chicas también en sus ranchos.
¿A cuantas personas reunían?
Las hermanas eran cuatro, las niñas 22 y las indias ocho, más o menos.
¿Cuáles eran las actividades cotidianas en la Misión?
Las actividades cotidianas eran por la mañana clase, por la tarde labor y a la noche estudio.
¿Era un tiempo feliz?
Felicísimo.
¿Cuáles eran las dificultades más frecuentes que tenían que enfrentar?
Las dificultades más frecuentes eran el frío, las distancias, la lejanía de las superioras y parientes.
¿Qué recuerda de aquellos inviernos?
De los inviernos recuerdo los duros fríos, 20 grados bajo cero, con dos estufitas, una en el taller de las chicas y otra en el aula.
¿Tenían algún contacto con el pueblo de Río Grande?
Si. Eran los domingos. Las hermanas iban para amenizar la misa con los cantos y dar catequesis a los chicos y mayores.
¿Recuerda a alguna de sus alumnas?
Si. A Herminia y Auristela que están en Río Grande. Indias Rafaela, Ernesta...
¿Cuándo se decide su partida de Río Grande?
Mi partida de Río Grande se realizó en 1944, fui a Río Gallegos, luego fui a Santa Cruz, Morón, Pirán y de 1963 estoy en Puerto Deseado...
Calvo agregó por fuera del reportaje en una atenta carta que: Después, charlando sin el grabador en medio, me contó que cuando ella llegó a la Misión estaban una Hermanas procedentes de Isla Dawson (frente a Punta Arenas) y le decían que la isla era un paraíso verde y fértil, sin embargo aceptaban en ese páramo que era la Misión. Ellas y la Hermana Directora eran las únicas que trataban con las indias más grandes, porque sabían ona. Estas indias sabían muy pocas palabras en castellano y no pronunciaban la “r”, por ejemplo decína “Marría” por María, “morrir”, por morir.
En cambio las indias jóvenes aprendían bien el castellano y se adaptaban a las palabras y los juegos. De éstas se acuerda de tres verdaderas indias y 3 o 4 mestizas. Había también unas chicas pupilas, hijas de trabajadores de estancias (una inglesa, 2 suizas o suecas) y varias chilenitas.
Las indias mayores todas las tardes juntaban leña, que iban echando a una fogata y se sentaban en círculo. A veces discutían entre ellas en su idioma y se amenazaban con los palos de leña, pero cuando llegaban las monjas se callaban. Recuerda que en una oportunidad se peleaban la bisabuela, la abuela y la madre de una bebita, por algo relacionado con la nena.
La hermana Rosario Zapata, residente a sus 89 años en Puerto Deseado aportó un testimonio de su estadía en La Candelaria que fue incluido por el Padre Cayetano Bruno en Quinto Tomo de Los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora en la Argentina... en el dice:En febrero de 1936 partí de Punta Arenas. Un barquito me condujo hasta Porvenir, y de allí en coche de alquiler, pues no teníamos otro medio, llegué hasta la misión salesiana de Río Grande, donde estuve hasta 1944. Me acompañaba la madre inspectora.
Pasados algunos días ella regresó a Punta Arenas. El momento de su partida fue muy doloroso. Yo me escondía a llorar detrás de la puerta del cuarto de la Madre, pero ella no se fue hasta encontrarme y alentarme. Enseguida empecé la asistencia con las niñas. ¡Otra que llorar! Tenía que estar al pie del cañón de sol a sol.
La misión tenía una casa muy pobre. Sus moradoras eran: cinco hermanas, la indiecitas, algunas chilenas y algunas inglesas. Venticinco en total.
Diez pequeños ambientes sin calefacción; solo una estufita para las niñas.
En los dormitorios, las camitas de madera ya algunos catres. Las mesitas de luz: simples cajones con un retazo de tela por cortina. No había aulas. Por la mañana, sobre una mesa ubicada en medio del telar, las alumnas aprendían a escribir y se iniciaban en la lectura.. Poco después la reverenda madre inspectora de Chile, madre Amina Arata, proveyó de bancos, escritorio y un armario..
Las indias (adultas) vivían en ranchitos cerca de la misión. La comida se hacía toda en la misión, y luego las indias llevaban las fuentes para comer en sus ranchos. Por la noche las hermanas les daban carne cruda, y ellas preparaban a su gusto.
Trabajaban la tarde entera en el telar; hilaban con el huso, tejían a mano... Las más jóvenes hilaban con maquinitas; también tejían a mano, y además ayudaban a lavar y a coser la ropa de los chicos y la misión.
Eran muy amigas del fuego. Lo mantenían siempre encendido y lo alimentaban con matas que recogían durante el día...
En aquellos años mis primeros años de vida religiosa salesiana recuerdo un nombre que quedó grabado en mí: sor Manuela González. Su abnegación y la caridad hacía las indias no tenían frontera. La atendía a cualquier hora del día o de la noche, en todas sus necesidades. Fueron varias noches que tuvo que levantarse hasta tres veces para socorrer a una india enferma de cabeza. De los pulmones murieron 14 indias. Sor Manuela, con su farolito en la mano, acudía presurosa a todos los llamados. Jamás la oí quejarse.
Lecturas de LA PRENSA.25: EL GUARDIA NACIONAL. SU VIAJE AL SUR. VARADO AL SALIR DEL DIQUE –EL EX SARGENTO FUNES A BORDO.

Ayer a las 11.40 un partió, del Dique 4 (foto) el transporte “Guardia Nacional” fue a los mares del sur.
Al llegar a la boya número 10 del canal del sur, el transporte tocó fondo y quedó varado.
Aunque está calando 23 pies es posible que salga a flote la madrugada de hoy.
Conduce dicho transporte 40 pasajeros de cámara y 35 de tercera clase, cerca de dos mil toneladas de carga general, sin contar un importante lote de rieles y durmientes para puerto Valdez, un considerable número de postes y alambres de telégrafo para Bahía Camarones y algunas toneladas de carbón para la escuadra del Atlántico.
Lleva además al personal de la Dirección de Correos y Telégrafos que van a continuar la construcción de la línea telegráfica del Chubut y al ex sargento Pablo L. Funes condenado a presidio por tiempo indeterminado.
Funes fue trasbordado a las 9 y media a.m. desde la prisión militar del pontón La Paz, hasta el “Guardia Nacional” que lo conducía a la isla de los Estados, punto elegido para que cumpla su condena. En el trayecto que recorrió desde el pontón La Paz, hasta el “Guardia Nacional” se había aglomerado un número considerable de curiosos que deseaban presenciar su embarque.
Funes marchaba con el paso lento, y visiblemente conmovido escoltado por un piquete de marineros armados.
El estado de su salud es regular, después del ataque de epilepsia que sufrió hace quince días.
Comentarios del Mensajero:
Pasada ya nuestra semana festiva, volvemos a encarar los temas que son rutina y sustancia de nuestras entregas.
El "Guardia Nacional" era un vapor de gran eslora, 120 metros, con 7.000 toneladas de porte. Había comenzado a operar en 1898, y prestaría servicios en la costa sur por espacio de treinta años.
El nombre era un homenaje a las milicias nacidas en los enfrentamientos de la Provincia de Buenos Aires con la Confederación Argentina, efectivos que desmovilizados luego de Pavón pasados cuatro años volvieron a reorganizarse para concurrir a la Guerra con el Paraguay.
Eran el anticipo del Ejército Argentino que no tardaría en constituirse en una formación más moderna con el Servicio Militar Obligatorio.
La fama nefasta del islario fueguino se situaba entonces en el Presidio Militar de Puerto Cook; y sobre la crónica nos asalta la pregunta: ¿Cuáles habrán sido los crímenes de Funes?
Los percances del “Guardia Nacional” serían transitorios. Para el 17 de agosto, el mismo diario La Prensa dira: El transporte “Guardia Nacional” que varó en el canal del Norte a su salida para las costas del sur, zafó ayer a las 10 de la mañana y siguió viaje para su destino.
La Prensa, de paso, va entegando noticias sobre el avance del telégrafo en el destino sur patagónico.
¡Ah! Hoy por hoy el Dique 4 requiere remodelaciones en su función fluvial, a la vez que desde su lugar en el barrio Puerto Madero, ofrece una sofisticada selección de restaurantes.
Mía se estrella en nuestro firmamento – y siguen los éxitos.
Mía se estrella en nuestro firmamento.

Donde el abuelo se esconde como una sombra, con recuerdos de nieta que irradian tanta luz.
Tratando de vivir de las esperas.
Tratando de armar verdades en el te quiero.
Tratando de contenernos.
Y mientras tanto Mía –con ese nombre parece siempre que te estoy robando- hoy me he pasado el día sin saber donde ir.
Un año de una experiencia candorosa, en el sector químico de mi existencia..

Un diario tiene su director, su secretario de redacción, su jefe de noticias, sus cronistas, sus corresponsales, su imprenta, su concesionario… Pero este conjunto no es el diario. El diario es algo más. Es ese algo que se escapa de las manos del niño y de la pericia analítica del químico. El diario es la manifestación concreta de algo más grande que el diario mismo. Por eso el lector, que estima que los diarios son la simple materialidad de papel que adquiere por unas monedas, se sorprende del alcance de los temas que se desenvuelven a su contorno. Estos lectores no han comprendido aún que el periodismo n o es más que una expresión del estado del país.
Así se expresaba Raúl Scalabrini Ortiz al referirse inicialmente a El Periodismo, instrumento de la dominación británica.
Sus manifestaciones, que estimularon el plano liberador de mi existencia aforaron cuando –graciosamente- me identifiqué como Sector químico, en el perfil de este blog que ha cumplido su primer año.
No hay simple materialidad en las cosas que he escrito, no hay moneda que compre lo que activo cada dos o tres días, no hay pluralidad de actores.
Casi que soy yo, y mi circunstancia.
Mi ying y mi yang.
