Mostrando entradas con la etiqueta la candelaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la candelaria. Mostrar todas las entradas

EVOCACIONES**** Julio 22, de 1894. PARTE EL TORINO Cargado de víveres, ropas y material de construcción, desde Punta Arenas el vapor Torino rumbo a la Misión La Candelaria.


Ese destino recién puede ser alcanzado el 10 de agosto, debido a los incesantes temporales que se cruzaron en su derrotero. El prefecto apostólico venía haciendo diligencias a más no poder con el propósito de abastecer a la misión ubicada en las proximidades de Río Grande. Ya había remitido 50 bueyes y se había comprometido a un envío adicional de otro medio centenar de vacas y otros elementos imprescindibles para el sostenimiento y consolidación de la radicación salesiana. El 30 de mayo, Fagnano había comprado en Santiago de Chile la embarcación para cumplir la tarea de mantener comunicadas a las avanzadas salesianas. Al llegar, encontraron una treintena de indígenas, cuatro días después, se sumaron cuarenta y cinco indios más. Antes de regresar a la ciudad magallánica, Fagnano asignó un nuevo sitio a la Misión, a la vera de tres manantiales y distantes, del puerto más o menos una legua. Partió el 16 de agosto, mientras el Torino abandonaba el puerto, vio a unos doscientos aborígenes alborozados cruzar el río Grande con destino a la Misión.


 Monseñor José Fagnano movía desde Punta Arenas todos los resortes necesarios para asegurar el abastecimiento de los hermanos del río Grande. Es por eso que un día como el de hou, el 22 de julio zarpa  a bordo de la tan suspirada embarcación de 150 toneladas, 450 caballos de fuerza y 300 toneladas de capacidad de carga, la cual, registrada bajo el nombre TORINO cumplió una destacada labor en apoyo de las misiones salesianas de Dawson y Río Grande.




LUJAN MUÑIZ WALQUER, el adiós al personaje.



Hombre ganado al afecto de tantos que los conocieron, la muerte de Luján a despertado evocaciones múltiples sobre su generoso accionar en la vida.

Yo entre tantas cosas en que lo puedo recordar está en el hecho de ser uno de mis protagonistas vivos de mi primera experiencia en el libro, puesto que Luján es uno de los principales personajes de reparto en el último capítulo – el más reciente en el tiempo- de mi obra titulada LA CANDELARIA..

Pasen y vean



Con la pistola de soldador a la que los muchachos llamaban “la lámpara de Aladino”, el padre Aurelio Muñoz del Val puso al rojo la cabeza del único cilindro del motor que activaría el móvil de Radio Misión Salesiana.
Luján Muñiz Walquer, ni bien vio rojo el émbolo, inició el bombeo y con ello en pocos instantes se pudo salir al aire, a once kilómetros de los estudios centrales.
El día anterior se ensayó con el equipo de radioaficionado del flaco y no había salid mal la experiencia. Pero ahora Jesús María Canales -l jefe de teléfonos- se ofreció para que mediante la extensión de un cable hasta la central, la señal viajara hasta La Candelaria, donde la radio del pueblo había comenzado sus transmisiones cuatro años antes.
La Central estaba allí cerca de la cancha, en la zona del puerto.
En esa oportunidad se había incorporado al equipo de la broadcasting un joven técnico de correos: Juan Manuel Lucio, el que tendría la responsabilidad de acompañar con su comentario la fatigosa tarea del relator de fútbol, que era además comentarista de automovislismo y de cuanta actividad se presentara en el festivo Río Grande de 1966.
El pueblo festejaba el día de Don Bosco -su santo patrono- y el padre Forgacz, párroco y presidente de la Asociación de Fútbol Amateurs organizó un certamen, que por vez primera reunió en una confrontación a las cuatro localidades fueguinas: Ushuaia, Porvenir, Cerro Sombrero y nosotros… así, sin fronteras.
El padre José tenía en su haber no sólo ser el promotor de las mejores jornadas del balompié local, sino que otros ámbitos había facilitado la integración mediante el deporte: en 1944 estando en San Julián, organizó el Territorial de Santa Cruz, tupiéndole el triunfo a los locales; en 1960 programó el Campeonato de Ushuaia, del que participaron además de los capitalinos Río Grande y Porvenir, con victoria ushuaiense; en 1964 el Triangular de Río Grande en homenaje al párroco porvenireño Mario Zavataro, donde ganó escuadra… Y ahora este cuadrangular que según dijo Leonor María Piñero –periodista “deportiva en su periódico El Austral: “hablan mucho a favor de la personalidad de este sacerdote que jamás permaneció inactivo en los medios en que le tocó actuar”.
Y junto al espectáculo deportivo el milagro de las comunicaciones con la presencia de Radio Misión en el campo de juego del Club San Martín -seguida en el relato de ese rosario que trabajaba en Tennesse- atando a todos lo hogares y a los vehículos que cerraban el recuadro del estadio a la frecuencia de 1450 kh, en el extremo del dial.
Fue en 1962 en el día de la aparición de la Santísima Virgen de Lourdes -es decir el 11 de febrero- cuando salió al éter con carácter experimental pero con un éxito sorprendente Radio Misión Salesiana. Las crónicas escritas por el padre superior reflejan la emoción de ese momento: “desde el pueblo, desde el Batallón y desde Ushuaia dieron informes sorprendentes tanto de la intensidad como de la calidad: ¡Gloria a Dios, autor de todo bien!, ¡Gloria a su Purísima Madre!, que quiso reservarse este día para darnos este consuelo y esta santa alegría; ¡Gloria a nuestro santo padre Don Bosco!, que puso en sus hijos estas inquietudes de ansias de apostolado…”

El trabajo de montaje estuvo precedido por no pocas dificultades. El 9 de febrero se necesitaron tres caños más para la antena de la Broadcasting, esa misma noche se había estrenado con éxito el nuevo transmisor de aficionados de 500w. Todas estas tareas fueron encomendadas casi exclusivamente a los estudiantes de teología Mereu y Calzado, que sacrificando sus merecidas vacaciones – y aún muchas horas de expansión durante el año escolar- construyeron e instalaron la estación de un kilowatz.
Mil penurias quedaron en el camino: falta de energía eléctrica, reparación y construcción total del transformador de poder y modulación, como las dignas de recuerdo. Y tras ellos la mirada severa de los que mientras el gran acontecimiento ocurría, debían rodear en el segundo Cabo, clasificar los corderos y preparar la guía de campaña.
La presencia del conjunto folklórico “Los Chilicotes”, unos días antes, había impulsado a los subdiáconos a estrenar la radio con ellos, pero no dieron los recursos técnicos… con lo que la emisión inaugural fue más que humilde.
De allí en más Radio Misión fue la presencia amena y sincera de 13 a 15 horas -todos los días- completando los entretenimientos que provenían de las emisoras de Gallegos y Punta Arenas.
Pero volvamos a 1966… porque ese verano -en tiempos en que pocos sabían de veraneos en el norte- la pasión del fútbol había alcanzado su punto más alto, con la clasificación de Río Grande ante la selección de Sombrero en un tres a cero y la final con Ushuaia que marcaba rivalidades presentes en tantos pero tantos aspectos.
Es así como en ese domingo 30 de enero, el Fiat Topolino verde -que ajustadamente guardaba en su camada el equipamiento de exteriores- llevó a la cancha en su cabina las dispares anatomías de Muñiz y Muñoz, dispuestos a transmitir el clásico fueguino.
La escuadra riograndense formó en esa oportunidad con Jesús Medina en el arco, y las figuras de Washington Salinas, el Cabezón Bernabé Hernández, Sombra Almonacid, Cacho e´Toro Barrientos, el Negro Albornoz, Chaipa Barrientos, el Negro Escobar; Pirulo García y el Sordo Juan Andrés, como suplentes.
El árbitro del encuentro fue el Sr. Guillermo Pompatín Villagrán –referee de la Asociación de Árbitros de Chile- que vino acompañando a la delegación de Cerro Sombrero, siendo jueces de línea el Gringo Clausen y Barría.
Un público alborotado y alborozado constituía la barra brava a la que dio ánimos el relato de Juan José Degratti:
“Faltan dos minutos para la finalización del partido… el encuentro sigue cero a cero. Ushuaia y Río Grande no han conseguido quebrar la paridad.
El balón se encuentra en poder de la gente de Río Grande… Albornoz para Escobar -¡negro para el negro!- Escobar eludiendo a un contrario ingresa en el área chica del equipo de Ushuaia… ¡viene el disparo!... de zurda… y contiene la pelota Paz,… se cuelga de ella, al vuelo, el arquero visitante.
¡Paz pierde la pelota!... ¡peligra el arco visitante!... se acerca al balón Luchín… cae el arquero… confusión en el área… Luchín… la pelota… ¡Goooooooooooool!
¡Gol de Río Grande!... ¡Río Grande uno… Ushuaia cero!
Los acontecimientos se aceleraron. La hinchada sacudía latas con piedras -de las tantas que constituían el pedrero del San Martín- agregando bulla a sus festejos.
Es que un dedo travieso había atacado desde atrás al Zurdo Paz, cuadno había alzado vuelo el balón… y la sorpresa llevó a que lo soltara.
Fue por eso que sin saber nadie el por qué, el arquero ofendido lo corrió al “Chaipa” hasta que éste encontró refugio bajo las sotanas del Padre Muñoz, que esgrimió en su defensa… “la lámpara de Aladino”.

3 comentarios:

Pali dijo...
¡¡¡Feliz cumple libro!!! ¡¡¡INMORTALES!!! Ni siquiera el fuego le pierdela memoria y ahí tu ejemplo, como siempre. Uno realmente degusta un lugar que no conoció. Quisiera que me respondieses una pregunta, pues hiciste el anuncio en un diario de la zona: ¿por qué elegiste ese horario para la presentación de este libro en ese año?

SUREANDO dijo...
La Candelaria: felicidades, no he tenido el gusto de leer este primer libro, espero hacerlo aquí como se prometió en el Cordón.
Sigo este blog desde que me llegó el aviso.
Un abrazo de una coterránea que dejó la isla hace muchísimos años.
Beatriz del blog Sureando.

Tuni dijo...
"Tumba sin hilos de sombras...
Célibe templo de olvidos...
Encrucijada de sangres...
Candela de antiguas llamas...
Casa de leños extraños..."
La Candelaria - Mingo Gutiérrez

Mingo querido, va el recuerdo enamorado de esa Isla tan tuya y un poco mía... y de la Misión que aprendí a conocer a través de tu libro.
Abrazos
Diego Castro.-






EL CEMENTERIO DE LA CANDELARIA y los que allí están inhumados.

Cuando hace unos años se dispuso en el Concejo Deliberante identificar a las personas que se encuentran inhumados en los cementerios históricos de la ciudad, me ocupé de indagar sobre el tema imaginando igual tarea por parte de los sectores competentes del estado municipal.

La ordenanza nunca se vio implementada, y con el tiempo de mi listado hubo algunas exhumaciones, como en el caso de las hermanas Taparello y Rodas que dado el destrozo de las tumbas en que se encontraban fueron llevados a la Capilla del Colegio María Auxiliadora de nuestra ciudad.

Fuera de ello se puede tener en cuenta el siguiente listado, sin poder establecerse el lugar preciso donde se encuentran los despojos de cada uno de ellos, por no haber existido nunca un plano de las tumbas.

El factor determinante del abandono ha estado dado por la falta de preocupación familiar sobre esos sitios, o la falta de parientes en nuestra comunidad migratoria.

Los identificados no son todos los que allí descansan, puesto que las fecha más antigua se remonta a 1920.., cuando La Misión hizo uso de este predio desde 1897.




... Graham 25 de abril de 1920
Juan Sikora 15 de mayo de 1921
Carlos Guillermo Clausen 25 de noviembre de 1921
Anita V. de Azocar 2 de noviembre de 1926
Laureano González 8 de diciembre de 1926
Nicanor Muñoz octubre de 1927
Holofermes Azocar 25 de octubre de 1927
Carlos Azocar 16 de noviembre de 1927
Esteban Piñero 2 de junio de 1930
Juan Maranta 5 de abril de 1930
William Mackay 14 de noviembre de 1931
Héctor Tapia 10 de diciembre de 1931
Germán Artiaga 19 de agosto de 1933
Osvaldo Flores 1 de marzo de 1936
Roderick Mac Phee 19 de septiembre de 1936
Luis Vargas 28 de agosto de 1936
Manuel Reyes 11 de octubre de 1936
Raulito Gómez 5 de mayo de 1937
Domingo Aguerre 2 de septiembre de 1937
José Crema 31 de octubre de 1938
Lucas Falguera 23 de octubre de 1938
Pedro Rossi 25 de septiembre de 1939
José Rusac 31 de octubre de 1939
Rosita Salcedo 3 de febrero de 1940
Santiago Chamorro 28 de octubre de 1940
Sor Antonieta Taparello 12 de abril de 1941
Julia Mendoza 2 de febrero de 1942
James Stirling 12 de diciembre de 1942
José Soler 4 de enero de 1942
Luis Carnino 2 de abril de 1943
Francisco Almonacid 16 de diciembre de 1943
Francisco Pacheco 5 de febrero de 1945
Sor María Rodas 31 de marzo de 1946
Margaret B. de Stirling 1 de septiembre de 1948
E. Visic no tiene fecha
Luis Alvarez Andrade no tiene fecha
Aquí descansa nuestro esposo (sin nombre ni fecha)


Un nombre por una vaca.

A principios de enero de 1889 se tomaba noticia en Punta Arenas de  Conversión de 25 de  protestantes en Malvinas. La novedad formaba parte tal vez del capítulo inesperado de los propósitos misioneros de José Fagnano en su extensa Prefectura Apostólica.

Es que todos los intereses se centraban en salir del Punta Arenas al contacto de los nativos fueguinos, amedrentados por las primeras señales de la civilización.

Y para ello se contaba con la Isla Dawson donde se pensaba levantar una primera misión que sirviera para cobijar a los indígenas provenientes del territorio chileno.

El 2 de febrero de 1889 en medio de tareas de embarque se suscitó un incidente que tendría derivaciones nominales para nuestro Río Grande.

Fue cuando el padre Ferrero resultó atacado por una vaca que, evidentemente, no quería embarcarse fácilmente a su último destino salvando a apurar su carrera su integridad física, y tal vez su vida.

El religioso creyó ver en su salvación la intensección de la virgen en la festividad del día: de la Candelaria, Patrocinio de la madre de Jesús.

Pero Fagnano ya tenía comprometido el nombre de San Rafael para la fundación chilena, en homenaje al obispo de Ancud con el que esperaba mantener buenas y mejores relaciones.

Pero eso sí, comprometió el uso del nombre de La Candelaria, para la próxima fundación, que se pensaba erigir en territorio argentino.




EVOCACIONES*****Abril 8, de 1896. La memoria del gobernador Señoret, gobernador chileno en Punta Arenas, contienen algunas apreciaciones sobre el tema del indio, en Río Grande.



La misión de Río Grande, en la parte arjentina de la Tierra del Fuego, fundada últimamente por los salesianos, no responde a propósito alguno civilizador. Es simplemente una estancia de ganadería; pero, aun en el caso que tuviera por objeto propender a la civilización de los naturales, ella no podría satisfacer, desde el punto de vista nacional, puesto que se encuentra en territorio estranjero.
Por otra parte, los misioneros salesianos que se cambian de Dawson, territorio chileno, a Río Grande, territorio arjentíno, tienen que predicar a los neófitos indíjenas allí el amor a la patria chilena i acá a la patria arjentina. Esto es inaceptable i se halla en pugna con los sentimientos que despierta la palabra patria.
No hai ejemplo en la historia del mundo de que haya podido civilizarse un pueblo salvaje sin que el pueblo civilizador se mezcle a él para trasmitirle los hábitos de cultura, dominando su resistencia i desconfianza i despertando en él nuevos sentimientos i nuevas ideas.
El pueblo araucano, el mas indómito quizás de la tierra, resistió a la dominación de los incas ántes del descubrimiento de Chile. Llegados los españoles resistió todavía durante tres siglos i medio. Fué necesario que el Gobierno de Chile, en época demasiado reciente para recordarla, fundara numerosos pueblos; cruzara su territorio con telégrafos i ferrocarriles; mezclara el pueblo chileno con él para conseguir dominarlo i civilizarlo.
Igual procedimiento debemos seguir con los onas si no queremos que esta vigorosa sangre se estinga.
Necesitamos hombres de buena voluntad i bastante abnegados que se resuelvan a vivir entre los indíjenas en su propio territorio, para inducirlos poco a poco a abandonar esa vida errante i azarosa que llevan i enseñarlos a construir vivienda que los resguarde de las crueles inclemencias del tiempo de estas rejiones; hombres que con su ejemplo les demuestren cómo con el trabajo i la prevision no se carece de alimento durante todo el año, i que abran a sus intelijencias los horizontes para ellos desconocidos de la civilizacion i de la patria.
De esa manera se llegaría pronto al fin perseguido sin violentar los sentimientos humanitarios, i armonizándolos, por el contrario, con los intereses industriales i de colonizacion que queremos radicar en la grande isla de Tierra del Fuego.
Si se crearan pequeños puestos militares en el territorio indíjena, es indudable, dado el carácter de los indios i los ningunos medios de movilidad de que disponen, que bastarian para mantenerlos tranquilos i se evitarian los robos i matanzas de ganado que canto perjudican a los hacendados i que son el oríjen de la lucha iniciada ya entre bárbaros i civilizados.
Los hacendados no tendrian reparo en imponerse ellos mismos una lijera contribucion de carne en beneficio de los indios, i éstos no tendrian necesidad de acudir al robo de las ovejas para atender a su subsistencia.
El personal da aquellos puestos, al mismo tiempo que estaría encargado de la vijilancia de los naturales i del territorio, serviria de amparo i garantía a las industrias; propenderia a la civilizacion de los onas atrayéndolos e inducíendolos a radicarse en las vecindades con los ausilios de alimento que les ofreceria i que, como se ha visto ántes, proporcionarian los mismos hacendados.
Poco a poco el indio iria comprendiendo las ventajas del trabajo i del cultivo de la tierra, la utilidad de los animales domésticos i la necesidad de establecerse fijamente en un punto.
La ubicacion de estos puestos militares debe ser cuidadosamente estudiada para satisfacer al triple propósito que se persigue: civilizacion de los indios, colonizacion de la isla i proteccion eficaz para el tranquilo desarrollo de sus industrias.
Por lo que se refiere al personal de cada puesto no hai necesidad de que fuera numeroso. Quedaria bien guardado i podria atender a toda emerjencia con solo tres guardianes. No son mas numerosos los individuos que actualmente mantienen los estancieros en los puestos para el cuidado de las ovejas i todavía se hallan separados unos de otros por distancias de 15 o mas kilómetros, habiendo en algunos un solo hombre.
Los guardianes deberian ser casados i residir con sus familias para enseñar con su ejemplo a los indios.
A la cabeza de cada puesto debe colocarse un misionero franciscano, por considerar a los de esta filantrópica órden relijiosa como los mas a propósito para estas tareas de catequizar a los indios i de enseñar a los niños. Por lo demás, 1os franciscanos han demostrado en Arauco su abnegacion i dado pruebas del éxito de sus trabajos.

Escojiendo para la ubicacion de cada puesto una comarca que se preste para trabajos agrícolas, industria de madera u otras, no seria difícil obtener que algunos colonos nacionales se establecieran allí, lo que contribuiria poderosamente a la civilizacion de los indíjenas i a que éstos adquieran prontamente el idioma i los hábitos nacionales. Al cabo de pocos años cada puesto estaría ya trasformado en un pueblo i así insensiblemente la poblacion indíjena se habría mezclado con la blanca.

EVOCACIONES. 2 de Julio de 1897. La Misión de La Candelaria encuentra su emplazamiento definitivo.

Había nacido como un proyecto apresurado en el invierno de 1893 con un puñado de hombres y los pocos enceres que pudieron colocar sobre la costa de la Bahía de San Sebastián. Para noviembre del mismo año celebraban misa en los Barrancos Negros y levantaba la primer casa “la colorada”. Algo más tarde buscaron un lugar más alto, y provisto de agua: los tres manantiales. Y allí los sorprendió un incendio destructor, justo cuanto tenían por vecinos –acampados solamente- los efectivos de la policía territorial y río de por medio se venía levantando la primer estancia de José Menéndez.

Monseños José Fagnano buscó un lugar distante de los aprontes de la civilización, para preservar la integridad del indio.

La crónica misionera dice: Fui hoy con Monseñor y Beltramo a buscar un paraje oportuno para establecer las casas de la misión y galpones. Monseñor estableció de colocar la misión  a unas cinco cuadras al Norte del actual potrero y los galpones a la desembocadura del cañadón de la porotera. Se carneó un animal (las hermanas  cuentan que ese día monseñor predicó “los ejercicios espirituales”)

El Padre Raúl Entraigas, biógrafo de Fagnano dará cuenta posteriormente de este momento fundacional de la siguiente forma:

“A nueve kilómetros de la extinta misión hallaron un lugar aparente: a unos quinientos metros del Cabo Sunday defendido de los terribles vientos del Oeste por unas bardas de varios metros de altura, con buenos chorrillos y terreno cultivable. Ahí dio orden el prelado de levantar la nueva Misión. Los dos carpinteros  que habían conchavado  axprofeso en Punta Arenas pusieron enseguida manos a la obra. Todos los coadjutores e indios ayudaban. El Padre Bernabé hizo un nuevo plano. Al poco tiempo ya se veían desde lejos las casitas de madera al socaire del cantil”.



El lugar conocido por entonces como El Cañadón de la Porotera tenía un nombre aborigen: WANWRAY.

. 

EVOCACIONES*****Mayo 19, de 1896. Fagnano escribe a Don Rúa dando noticias de la Misión en Río Grande.



Estoy de vuelta de la Misión de N. Sra. De la Candelaria situada sobre el Río más grande de la Tierra del Fuego y mientras me preparo á partir para Italia deseo anticiparle algunas noticias de esta Misión, que promete ser la más grande y provechosa.
Digo la más grande, porque situada en el centro de la Tierra, es accesible fácilmente para todos los indios que viven desde el Norte hasta el Estrecho de Magallanes y para los que se extienden hasta el Cabo S. Diego abarcando casi todos los habitantes de esta gran isla. Será la más provechosa, porque los indios teniendo esta comodidad, nos dejarán a sus hijos para educarles y sacarán mucho provecho ellos mismos como mucho más sacará la Sociedad que se servirá de ellos para la explotación de las riquezas de esta Tierra.
Hemos dado principio á los trabajos de la nueva población que se levantará sobre el altiplano á la izquierda del Río y distante unos kilómetros de su desembocadura en la mar, y unos dos y medio del puerto lugar el más aparente á nuestro juicio sea para reunirse los indígenas, sea para la comodidad del puerto.
Se trazó la plaza de metros 100 x 100 y en medio se colocó una cruz, el hasta de la bandera, y se trazaron las calles de veinte metros de ancho. En la manzana al oeste de la plaza se levantó la Iglesia y á sus lados los Colegios y escuelas para los varones y niñas.
En las otras manzanas se levantan las casas para vivienda de los indios, todas simétricas, ocupando cada casa una superficie de metros 25 x 50 dando su frente á la calle de modo que forman una verdadera población, lo que atrae la admiración de los salvajes.
Estos ahora ya tienen limitadas sus correrías y son echados de los terrenos que los particulares han arrendado  en los Gobiernos de Chile ó de la Argentina. No pueden, pues, encontrar con facilidad los alimentos y se ven obligados por el hambre á quitar ovejas ó caballos á sus arrendadores, quienes sin miramiento alguno, alejan con las armas á los infelices indios.
Es, pues, urgente, proveer la misión de animales para que parte sirvan de alimento, y parte para los trabajos; todo para la manutención y educación de los indios. Lo mejor sería llevar ovejas que se desarrollan bien en estos parajes y pueden dar ocupación á los indios que las guardarían y provecho con su carne, lana y quesos. A mi parecer, no hay otro medio más adecuado que este para civilizar á estos indios y al  mismo tiempo más económico; más ¿Cómo nos arreglaremos con solo los recursos ordinarios? Los pocos animales que se pueden llevar, desaparecen enseguida por la concurrencia de tantos indios á quienes debemos alimentar para poder atender á su Instrucción religiosa; y concluidos los pocos recursos con que contamos, esos infelices se ven obligados á alejarse para buscar su sustento en parajes lejanos y no pueden volver tan pronto sea por la distancia, sea por la incertidumbre de encontrar alimentos en nuestra estación.

Como vé, querido D. Rúa, con el desarrollo de la Misión deben crecer los medios de personal y de recursos materiales adecuados. Pronto estaré yo á su lado para tratar este asunto; mientras tanto lee daré cuenta de mi viaje.
Salimos la noche del 30 de Marzo de Puntarenas con algún atraso por una avería que un buque hizo á nuestro Vapor mientras se dirigía á cargar carbón; á las tres de la tarde del 31 llegamos á la desembocadura del Estrecho, y fondeamos para esperar tiempo bueno á fin de poder hacer la travesía hasta la embocadura del Río Grande. Por la noche se desencadenó un fuerte viento que no nos perjudicó en nada por encontrarnos anclados, pues si nos hubiese cogido en alta mar,, nos habría hecho sufrir mucho, sobre todo á las Hermanas que iban á encargarse de la Misión. Salimos, pues, por la tarde para llegar  la madrugada del día primero á la embocadura del Río, mas el tiempo que nos parecía se había calmado en el momento de la salida, después de tres horas de navegación empezó á nublarse y agitarse la mar de modo que tuvimos que alejarnos de la tierra y tomar la alta mar, como á las diez de la noche, y continuó todo el día azotándonos con mar gruesa que si no ponía en peligro al Vapor, nos incomodaba mucho, en particular á las Hermanas. Bástame decirle que el día primero de abril, marineros y fogoneros se marearon mucho y en todo el día no se pudo hacer la comida viéndonos en la necesidad de comer solamente galleta.
Como á la media noche se calmó un poco el tiempo y pudimos dirigirnos en busca de tierra pues tanto nos habíamos alejado, que no la veíamos más. A las ocho empezamos á divisar las alturas de las montañas y á las nueve el Cabo Sunday que se halla al Norte de la embocadura del Río.
A las diez llegamos frente al Río y esperamos una hora á que subiera la marea, pues solo en tiempo de pleamar se puede entrar en el. A las doce en punto fondeamos en el < Puerto Torino>.
Ya los hermanos Ferrando y verguéese habían avistado el Vapor y se preparaban bajar á la playa con los carros para la descarga. Al llegar nosotros bajó la marea y el Vapor se encontró completamente en seco, sobre la arena. Nos esperaba D. Beauvoir, que nos abrazó con mucha alegría, pues hacía tiempo que nos esperaba; los hermanos Verguéese y Ferrando se alegraron también mucho de vernos, de saber noticias de los superiores y de la llegada de las Hermanas, lo que indicaba el principio de la verdadera misión, pues así se instruiría y se educaría mejor las mujeres y á las niñas. Al bajarnos nos rodearon los indios que se admiraban mucho de las Hermanas, de su vestido y de las afables maneras con que las trataban y mientras á pie salvábamos la distancia del Puerto á las casas, algunos se acercaban á mí riéndose á carcajadas y saltando de contento, golpeándome el hombro y preguntándome siempre: <¿Cómo estás?> pues solo estas palabras habían aprendido.
Llegamos á la nueva casa y allí corrieron las mujeres á ver el maravilloso espectáculo que según ellas, les ofrecía la vista de las Hermanas. ¡Con que gusto vinieron las niñas! Y ¡Con que contento veían las Hermanas el nuevo campo de sus trabajos!
Dejó á un lado la sorpresa de los hombres y de los niños al oír cantar y ver coser y lavar á las Hermanas y solo diré que yo en  mi interior lloraba de consuelo en ver el futuro desarrollo de la Misión, el sueño dorado de Don Bosco y nuestras esperanzas realizadas.
Al día siguiente  con el niño Pedro salí á buscar á una tribu  que creía muy lejos, pero la encontré de camino hacia nuestra Misión, donde esperaban encontrar algunos recursos para poder vivir y amparo contra los malos indios y pobres desgraciados cristianos. Me decían que los blancos
 Habían matado á dos a balazos y que ellos se habían podido escapar. ¡Cuánta pobreza, cuánta desnudez y miseria! Con tanto frío (5 grados centígrados bajo cero) la mayor parte no tenía con que cubrirse. Llegamos cerca de dos casas, levantaron una especie de rancho, y después se acercaron á nuestra casa para ver y saludar á los recién llegados.
No les permití que vieran á las Hermanas en aquel estado; les distribuimos mantas para cubrir su desnudez y les lavamos y después los enviamos á sus ranchos, donde les dejamos para salir.
Tranquilizaos, queridos indios, yo iré á Italia y haré ver vuestro estado y las miserias que sufrís, si es que me prometéis ser buenos, y espero que el corazón de mis Superiores, y espero que el corazón de se moverá á darme personal, y el de los cooperadores nos proporcionará los recursos necesarios para vuestra salvación.
Querido D. Rúa, espéreme pronto con mucho personal listo y recursos que serán la salvación de la Tierra del Fuego, y bendígame con todos los hermanos.
J
JOSÉ FAGNANO
Prefecto Apostólico.
Puntarenas 19 de mayo de 1895.    



EVOCACIONES. Manuel Señoret Astaburuaga, gobernador de Magallanes, suscribe sus memorias consignando situaciones que se dan del lado argentino de nuestra Isla Grande.

Cada tiempo tuvo sus ideas, cada lugar también....

La mision de Río Grande, en la parte arjentina de la Tierra del Fuego, fundada últimamente por los salesianos, no responde a propósito alguno civilizador. Es simplemente una estancia de ganadería; pero, aun en el caso que tuviera por objeto propender a la civilizacion de los naturales, ella no podria satisfacer, desde el punto de vista nacional, puesto que se encuentra en territorio estranjero.
Por otra parte, los misioneros salesianos que se cambian de Dawson, territorio chileno, a Río Grande, territorio arjentíno, tienen que predicar a los neófitos indíjenas allí el amor a la patria chilena i acá a la patria arjentina. Esto es inaceptable i se halla en pugna con los sentimientos que despierta la palabra patria.
No hai ejemplo en la historia del mundo de que haya podido civilizarse un pueblo salvaje sin que el pueblo civilizador se mezcle a él para trasmitirle los hábitos de cultura, dominando su resistencia i desconfianza i despertando en él nuevos sentimientos i nuevas ideas.
El pueblo araucano, el mas indómito quizás de la tierra, resistió a la dominación de los incas ántes del descubrimiento de Chile. Llegados los españoles resistió todavía durante tres siglos i medio. Fué necesario que el Gobierno de Chile, en época demasiado reciente para recordarla, fundara numerosos pueblos; cruzara su territorio con telégrafos i ferrocarriles; mezclara el pueblo chileno con él para conseguir dominarlo i civilizarlo.
Igual procedimiento debemos seguir con los onas si no queremos que esta vigorosa sangre se estinga.
Necesitamos hombres de buena voluntad i bastante abnegados que se resuelvan a vivir entre los indíjenas en su propio territorio, para inducirlos poco a poco a abandonar esa vida errante i azarosa que llevan i enseñarlos a construir vivienda que los resguarde de las crueles inclemencias del tiempo de estas rejiones; hombres que con su ejemplo les demuestren cómo con el trabajo i la prevision no se carece de alimento durante todo el año, i que abran a sus intelijencias los horizontes para ellos desconocidos de la civilizacion i de la patria.

De esa manera se llegaría pronto al fin perseguido sin violentar los sentimientos humanitarios, i armonizándolos, por el contrario, con los intereses industriales i de colonizacion que queremos radicar en la grande isla de Tierra del Fuego.
Si se crearan pequeños puestos militares en el territorio indíjena, es indudable, dado el carácter de los indios i los ningunos medios de movilidad de que disponen, que bastarian para mantenerlos tranquilos i se evitarian los robos i matanzas de ganado que canto perjudican a los hacendados i que son el oríjen de la lucha iniciada ya entre bárbaros i civilizados.
Los hacendados no tendrian reparo en imponerse ellos mismos una lijera contribucion de carne en beneficio de los indios, i éstos no tendrian necesidad de acudir al robo de las ovejas para atender a su subsistencia.
El personal da aquellos puestos, al mismo tiempo que estaría encargado de la vijilancia de los naturales i del territorio, serviria de amparo i garantía a las industrias; propenderia a la civilizacion de los onas atrayéndolos e inducíendolos a radicarse en las vecindades con los ausilios de alimento que les ofreceria i que, como se ha visto ántes, proporcionarian los mismos hacendados.
Poco a poco el indio iria comprendiendo las ventajas del trabajo i del cultivo de la tierra, la utilidad de los animales domésticos i la necesidad de establecerse fijamente en un punto.
La ubicacion de estos puestos militares debe ser cuidadosamente estudiada para satisfacer al triple propósito que se persigue: civilizacion de los indios, colonizacion de la isla i proteccion eficaz para el tranquilo desarrollo de sus industrias.
Por lo que se refiere al personal de cada puesto no hai necesidad de que fuera numeroso. Quedaria bien guardado i podria atender a toda emerjencia con solo tres guardianes. No son mas numerosos los individuos que actualmente mantienen los estancieros en los puestos para el cuidado de las ovejas i todavía se hallan separados unos de otros por distancias de 15 o mas kilómetros, habiendo en algunos un solo hombre.
Los guardianes deberian ser casados i residir con sus familias para enseñar con su ejemplo a los indios.
A la cabeza de cada puesto debe colocarse un misionero franciscano, por considerar a los de esta filantrópica órden relijiosa como los mas a propósito para estas tareas de catequizar a los indios i de enseñar a los niños. Por lo demás, 1os franciscanos han demostrado en Arauco su abnegacion i dado pruebas del éxito de sus trabajos.
Escojiendo para la ubicacion de cada puesto una comarca que se preste para trabajos agrícolas, industria de madera u otras, no seria difícil obtener que algunos colonos nacionales se establecieran allí, lo que contribuiria poderosamente a la civilizacion de los indíjenas i a que éstos adquieran prontamente el idioma i los hábitos nacionales. Al cabo de pocos años cada puesto estaría ya trasformado en un pueblo i así insensiblemente la poblacion indíjena se habría mezclado con la blanca.

(Se ha respetado la ortografía vigente en el Chile de entonces, heredadas de las enseñanzas de Sarmiento)


POR LOS OJOS DE AJÍS.1

Omar Ajís es un productor rural santacruceño. En 1963 fue enviado por su familia a formarse en el ámbito educativo de la ESCUELA AGROPECUARIA SALESIANA DE RIO GRANDE, crecida en lo que había sido desde 1893 LA MISION DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA.

Por tres años fue pupilo de institución y allí volcó parte de su tiempo en registrar fotográficamente la realidad de la escuela y su quehacer institucional.

Hace algunos meses nos fue acercando imágenes, algunas de las cuales volcamos en diversas entregas de CORDÓN CUNETA en el DIARIO EL SUREÑO de nuestra Tierra del Fuego; la experiencia de este acercamiento de lo visual de aquellos días se dio después de haber hecho lo propio con esa casa de estudios.


Hoy nos pareció oportuno volver sobre lo ya publicado, en este otro ámbito, situando nuestra mirada en lo que fue su mirada de aquellos días. Y para el caso estas imágenes:


Esta situación invernal tomada desde lo alto del Mausoleo de la Cruz.


Y este primer plano al Observatorio Agro Climático, preguntándonos, y preguntándole a los alumnos de esos días: ¿en que lugar se encontraba?

La Candelaria 1921.6


La carta que lleva la firma de quien fuera el comandante del siniestrado Piedrabuena, fue conservada por don Arturo Varas como un recuerdo de su paso por Río Grande, donde fue Juez de Paz.

Su vida centenaria le permitió un legado a su hijo Enrique, quien desde su residencia comodorense nos acercó la copia de la misma.

Enriquece los escritos que dieron forma a nuestro primer libro.

Río Grande Junio 25 de 1921.-
Señor Juez de Paz de Río Grande D. Arturo Varas.-
Antes de ausentarme de este puerto, me es grato dejar constancia del íntimo agradecimiento de los tripulantes del Transporte Nacional “PIEDRABUENA” a que Vd. Se ha hecho acreedor por su desinteresado comportamiento en las difíciles circunstancias en que nos hemos encontrado, debiendo hacer presente que ello será debidamente puesto en conocimiento de nuestras autoridades a nuestro regreso a Buenos Aires.
Como despedida y en nombre de los Oficiales, tripulación del Transporte “PIEDRABUENA" tengo el agrado de saludarlo att. SS.
(y la firma de de Máximo A. Koch)

¡A volar, a volar, a volar! o LA CANDELARIA 1952.3




Guillermo Montoya se tomó el trabajo, ya hace un tiempo, de unir el relato correspondiente a 1952 en La Candelaria, con un par de fotos que nosotros ya difundimos.


De un nuevo encuentro en su lugar de trabajo, la librería donde se desepeña en el ámbito de las multicopias, apareció esta posibilidad de publicarlo. Y acceder a una copia de pared.


LA CANDELARIA 1952.1


Un grupo de niños/jovenes/personas, arrastrando una ilusión.

En ella viaja Marino Francioni, maestro.

En los inicios de esta experiencia hecha blog se abunda sobre los detalles de lo vivido por aquellos días.

Rosario Zapata: Viva memoria misionera.



A las 23 de este último domingo falleció María Rosario Zapata, hija de María Auxiliadora.
Tenía 97 años de los cuales 70 han sido de profesión religiosa, 30 de ellos como maestra en Deseado.
La circunstancia vale para que transcribamos una referencia dada en el suplemento RASTROS EN EL RIO, del diario El Sureño, el 16 de diciembre de 2001.


Desde hace un par de años, con la edición de mi libro Los selknam, ausencias y presencias, tomé conocimiento de la existencia de la hermana Rosario. Fue cuando Fernando Tropea me indicó que en él aparece en una foto una tía lejana del padre de su mujer –así lo dijo entonces- y yo comencé a interesarme por llegar a conversar con ella. Pero el tiempo fue transcurriendo sin encontrar la posibilidad de llegar hasta Puerto Deseado donde actualmente reside. Una mañana tuve la ocurrencia de que bien se podía conseguir su testimonio por intermedio de una tercera persona, y fue así que apareció debutando como entrevistador Don Alberto Isidro Calvo –el suegro de este otro niño- con no pocos nervios y un complicado grabadorcito que salió a su encuentro.

En resultado fue un ping-pon de preguntas y respuestas dadas por la Hermana Rosario, el 6 de octubre de 2001, previa entrega del cuestionario escrito, donde la antigua maestra realiza una paseo por sus recuerdos, ella que fue hermana de Isidro Zapata, aquel maestro y ciudadano ilustre de Río Grande, vino al mundo en Victorica –La Pampa- el 30 de marzo de 1912:

Mi familia se componía de mamá, papá y tres hijos. Papá Ambrocio Zapata, mamá Vicenta Py. Hermana mayor Manuela, la segunda Rosario, y el menor Isidro.

¿Cuándo viene a la Patagonia?

A los cinco años vine a la Patagonia.

¿Por qué motivo viene a la Patagonia?

Por que había fallecido mamá y nosotros quedábamos solos allá con papá, entonces las hermanas de papá que vivían en Puerto Deseado nos hicieron venir.

¿Cómo fue su infancia?

Fue muy feliz entre las muñecas, los nidos de pájaros, y a la tarde estudiábamos.

¿Cómo se despertó su vocación religiosa?

Fue cuando viajamos con una compañera a Punta Arenas. Despertó después de un tiempo de estar con las hermanas, y lo que más que cautivó fue el recibimiento que nos hicieron el cariño , la acogida, me ganó el corazón.

¿Cuáles fueron sus primeras experiencias al tomar hábitos?

Fui asistente de pupilas. Daba clases en Punta Arenas.

¿De que manera llega a Río Grande?

A Río Grande llego en 1936 acompañada de la madre inspectora Amira Arata, y vicaria Berttina Bruno.

¿Con quién compartía sus actividades?

Compartía mis actividades con las hermanas Felicita Genonni, Manuela González, Maximiliana Ballester. Las niñas, las pupilas eran 22.

¿Cómo se viajaba en aquellos años?

Se viajaban por caminos de tierra o ripio, por coche correo.

¿Cómo era entonces la Misión?

Eran todo ranchos, las indias vivían en sus ranchos. Y las hermanas y las chicas también en sus ranchos.

¿A cuantas personas reunían?

Las hermanas eran cuatro, las niñas 22 y las indias ocho, más o menos.

¿Cuáles eran las actividades cotidianas en la Misión?

Las actividades cotidianas eran por la mañana clase, por la tarde labor y a la noche estudio.

¿Era un tiempo feliz?

Felicísimo.

¿Cuáles eran las dificultades más frecuentes que tenían que enfrentar?

Las dificultades más frecuentes eran el frío, las distancias, la lejanía de las superioras y parientes.

¿Qué recuerda de aquellos inviernos?

De los inviernos recuerdo los duros fríos, 20 grados bajo cero, con dos estufitas, una en el taller de las chicas y otra en el aula.

¿Tenían algún contacto con el pueblo de Río Grande?

Si. Eran los domingos. Las hermanas iban para amenizar la misa con los cantos y dar catequesis a los chicos y mayores.

¿Recuerda a alguna de sus alumnas?

Si. A Herminia y Auristela que están en Río Grande. Indias Rafaela, Ernesta...

¿Cuándo se decide su partida de Río Grande?

Mi partida de Río Grande se realizó en 1944, fui a Río Gallegos, luego fui a Santa Cruz, Morón, Pirán y de 1963 estoy en Puerto Deseado...

Calvo agregó por fuera del reportaje en una atenta carta que: Después, charlando sin el grabador en medio, me contó que cuando ella llegó a la Misión estaban una Hermanas procedentes de Isla Dawson (frente a Punta Arenas) y le decían que la isla era un paraíso verde y fértil, sin embargo aceptaban en ese páramo que era la Misión. Ellas y la Hermana Directora eran las únicas que trataban con las indias más grandes, porque sabían ona. Estas indias sabían muy pocas palabras en castellano y no pronunciaban la “r”, por ejemplo decína “Marría” por María, “morrir”, por morir.

En cambio las indias jóvenes aprendían bien el castellano y se adaptaban a las palabras y los juegos. De éstas se acuerda de tres verdaderas indias y 3 o 4 mestizas. Había también unas chicas pupilas, hijas de trabajadores de estancias (una inglesa, 2 suizas o suecas) y varias chilenitas.

Las indias mayores todas las tardes juntaban leña, que iban echando a una fogata y se sentaban en círculo. A veces discutían entre ellas en su idioma y se amenazaban con los palos de leña, pero cuando llegaban las monjas se callaban. Recuerda que en una oportunidad se peleaban la bisabuela, la abuela y la madre de una bebita, por algo relacionado con la nena.
La hermana Rosario Zapata, residente a sus 89 años en Puerto Deseado aportó un testimonio de su estadía en La Candelaria que fue incluido por el Padre Cayetano Bruno en Quinto Tomo de Los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora en la Argentina... en el dice:

En febrero de 1936 partí de Punta Arenas. Un barquito me condujo hasta Porvenir, y de allí en coche de alquiler, pues no teníamos otro medio, llegué hasta la misión salesiana de Río Grande, donde estuve hasta 1944. Me acompañaba la madre inspectora.

Pasados algunos días ella regresó a Punta Arenas. El momento de su partida fue muy doloroso. Yo me escondía a llorar detrás de la puerta del cuarto de la Madre, pero ella no se fue hasta encontrarme y alentarme. Enseguida empecé la asistencia con las niñas. ¡Otra que llorar! Tenía que estar al pie del cañón de sol a sol.

La misión tenía una casa muy pobre. Sus moradoras eran: cinco hermanas, la indiecitas, algunas chilenas y algunas inglesas. Venticinco en total.

Diez pequeños ambientes sin calefacción; solo una estufita para las niñas.

En los dormitorios, las camitas de madera ya algunos catres. Las mesitas de luz: simples cajones con un retazo de tela por cortina. No había aulas. Por la mañana, sobre una mesa ubicada en medio del telar, las alumnas aprendían a escribir y se iniciaban en la lectura.. Poco después la reverenda madre inspectora de Chile, madre Amina Arata, proveyó de bancos, escritorio y un armario..

Las indias (adultas) vivían en ranchitos cerca de la misión. La comida se hacía toda en la misión, y luego las indias llevaban las fuentes para comer en sus ranchos. Por la noche las hermanas les daban carne cruda, y ellas preparaban a su gusto.

Trabajaban la tarde entera en el telar; hilaban con el huso, tejían a mano... Las más jóvenes hilaban con maquinitas; también tejían a mano, y además ayudaban a lavar y a coser la ropa de los chicos y la misión.

Eran muy amigas del fuego. Lo mantenían siempre encendido y lo alimentaban con matas que recogían durante el día...

En aquellos años mis primeros años de vida religiosa salesiana recuerdo un nombre que quedó grabado en mí: sor Manuela González. Su abnegación y la caridad hacía las indias no tenían frontera. La atendía a cualquier hora del día o de la noche, en todas sus necesidades. Fueron varias noches que tuvo que levantarse hasta tres veces para socorrer a una india enferma de cabeza. De los pulmones murieron 14 indias. Sor Manuela, con su farolito en la mano, acudía presurosa a todos los llamados. Jamás la oí quejarse.

LA CANDELARIA 1946.8

La imagen de arriba ha de ser de ser de principios de los años 40, desde lo alto hay un primer plano para esa cruz que tal vez algo tenga que ver con aquella otra que -se dice- desorientó a navegantes que creyeron ven en ella una enfilación. (Ver La Candelaria 1921). Las construcciones de mampostería en las que también trabajo Faustino Minici, el constructor del mausoleo, nos permiten situarnos temporalmente.
La imagen de abajo ha sido identificada en algún momento como propia del cementerio de la Misión, pero no era así: el mausoleo doméstico de los salesianos vino después.

LA CANDELARIA 1946.6



“Por los faldeos del parque Faustino Minici corrí siendo niño, jugando a las escondidas tras los misterios gozosos y dolorosos, respirando profundamente el aroma de las flores del verano y las hojas secas del otoño, saboreando ya no de tan chico… un asado en su reparo, lamentando la muerte de las garzas con la llegada del invierno en esa danza inmóvil que las arrojo en los senderos sombríos, a cada paso. Y siempre… después de la gruta… esa cruz que miraba con veneración, aun sin saber su historia”.

De esta manera finalizamos nuestro relato, con la presencia de las garzas a las que volvimos a ver a fines de este otoño revoloteando en el parque, y graznando a mi paso.
Al levantar vuelo sorprendimos sus sombras.
Era las denominadas Garzas brujas que según Ricardo Clark constituyen la única garza residente en toda la región; hay años en que se hace presencia la Garcita bueyera, de color blanco en contraposición de lo oscura que es la que fue observada por nosotros. Esta última es originaria de África, hay creencia que su presencia da la señal de un buen invierno.

LA CANDELARIA 1946.5



Como últimamente resulta difícil conseguir rollos fotográficos, los chasiretes analógicos nos conformamos con lo que está al alcance de la mano. De allí que comencemos a ponderar las imágnes en blanco y negro que surgen de la oferta que aún existe a demanda de los oculistas, que los necesitan para sus diagnósticos de fondo de ojo.
Por ello las dos imágenes son acromáticas.
La superior, más antigua mira al Vía Crucis que ronda el mausoleo que construyera Faustino Minici, desde el ángulo del pórtico que en foto de hoy puede comparse con lo presentado en LA CANDELARIA 1946.4.
La inferior es una visión más reciente, tomada al despedirse el otoño, cuando salieron a nuestro encuentro los ocupantes ocasionales del lugar; que ya fueron presentados en el relato veinteañero que se multiplica en nuestros comentarios, y que pronto estarán de vuelta en este blog.






LA CANDELARIA 1946.4


De aquel Faustino Minici que fuera el constructor del Mausoleo de La Candelaria solo queda el recuerdo de su nombre en el parque descuidado que da acceso a la cruz de lo alto.

En él las estaciones de un Via Crucis que van y viene hacia una gruta, donde una imagen de una virgen resulta imperceptible detrás de un vidrio ahumado por las velas que ha dejado algún devoto.

Y en el entornos las garzas que graznan entre el follaje, y que cada tanto levantan vuelo.

LA CANDELARIA 1946.3


¿A quién tenemos aquí? A Faustino Minici Mafei, el coadjutor constructor del mausoleo de La Candelaria. Simón Kuzmanic, otro salesiano, en el segundo tomó de su Presencia Salesiana, donde da cuenta de 100 años en Chile de esta congregación, brinda el siguiente apunte bibliográfico:

“...fue otro de los trabajadores incansables de las misiones entre los indios de la Tierra del Fuego. Realmente admira la mano de la Providencia que reunió en Dawson a un grupo de hombres cuya pasión era el trabajo, pero no tanto por el trabajo en sí cuanto por el trabajo que es servicio al semejante, en especial al más necesitado y limitado. En verdad los indios eran muy limitados y, por ende, muy necesitados también. Era bresciano, nacido en el pueblo de Grevo (Prov. De Brescia, Italia), allí nació el 21 de noviembre de 1875; su vida se prolongó hasta el 14 de abril de 1947, deteniéndose en Río Grande, Argentina; la distribuyó entre los indios de “San Rafael” de Dawson y los de “La Candelaria” fueguina”.

“Minici se especializó en la tala de bosques para surtir de madera el aserradero y también en proveer carne fresca a las ansiosas bocas de los indígenas que no apreciaban alimento alguno más que la carne. Supo conjugar el lema “Trabajo y Oración”; fue la norma de su vida. Intrépido y audaz enfrentó en cierta ocasión a un grupo de indígenas que, furiosos, se disputaban a cuchilladas sus razones. Su ascendiente personal, acrecentado por su voluminosa y tupida barba negra se impuso e impidió una verdadera masacre. No conocía el ocio; siempre se le veía trabajando. Con sólo un par de operarios, poco a poco, construyó dos enormes edificios en sólido concreto, y ello, después de atender sus obligaciones comunes: asistencias, clases, etc. Así surgieron lso edificios del Colegio Salesiano de Río Grande, en Tierra del Fuego, próximo a las casas de la antigua Misión de “La Candelaria”, hoy convertido en museo”.

LA CANDELARIA 1946.2


El Padre Lorenzo Massa, quien fuera fundador del Club San Lorenzo de Almagro, escribió una MONOGRAFIA DE MAGALLANES, libro de medio millar de páginas que encierra la experiencia de 60 años de la acción salesiana en el sur; trabajo que estuvo destinado a servir de recuerdo del noveno Congreso Eucarístico Nacional de Magallanes que se realizaría entre el 6 y 10 de febrero de 1946.

La obra tiene en su página 182 y subsiguientes un capítulo titulado LAS DOS CRUCES DEL CABO FROWARD, y en una cita a pié de página la descripción de la cruz que inspirara a Faustino Minici durante su construcción del mausoleo de La Candelaria.

La cita expresa exactamente: “Damos algunas particularidades de esta cruz monumental. Es la cruz más austral del continente americano –desde que está situada en los 53 grados54 minutos de latitud y 71 grados 18 minutos de longitud-. Mide 21 metros de altura. La profundidad de los cimientos es de metros 6,80. El peso aproximado del material empleado es de 250 toneladas. En su estructura de hormigón armado, se han vaciado 106 metros cúbicos de dicho elemento. Se han empleado 8 meses en su construcción. La altura del promontorio, sobre el que esta emplazada es de 365 metros. Desde el desembarcadero hasta la cruz, hay que recorrer dos kilómetros. Desde Punta Arenas a Cabo Froward hay una distancia de 55 millas. Una curiosidad más. Los materiales, que como dijimos, pesan 250 toneladas, o sea, 250.000 kilos, fueron puestos en aquellas alturas en 25 mil viajes, pues que cada hombre no conducía mas que 10 kilos por viaje, haciendo solo dos por día”.

Quien se ocupó en que este proyecto fuera una realidad fue el empresario Francisco Campos Menéndez.