Después de la aclimatación, una aclaración.

Loas Anales de Ateneo del Uruguay agregaron las letra sobre los dichos de Girard de Rialle, vinculados a la exposición de fueguinos en Paris.

Son los de Bartolomé Bossi de quien hablamos en su momento en estas páginas y sobre el cutios viajes tomamos un croquis del espacio austral recorrido.

Pero vamos a la lectura.


LOS FUEGUINOS –Sueltos.

En El Siglo de fecha 12 del mes próximo pasado, ha publicado el Sr. D. Bartolomé Bossi una refutación al artículo del Señor Girard de Rialle que, bajo el título “Los habitantes de la Tierra del Fuego en el Jardín de Aclimatación de París”, insertamos en nuestro número anterior.

Son muy interesantes los hechos que se exponen en dicha refutación, y –lo declaramos con franqueza, -entre las afirmaciones del Sr. Bossi y las del Sr. De Rialle, nos quedamos con las primeras, -las creemos más autorizadas. –El Sr.Bossi, comandando su vapor Charrúa –vapor que hizo flamear el pabellón uruguayo por los mares del Sud, -ha visitado la Tierra del Fuego, y así es que habla con directo conocimiento de causa. –Si a la circunstancia de ser el Sr. Bossi testigo ocular de los hechos que afirma, se agrega la de que este marino es un hombre observador, inteligente y espeto en materia de viajes de estudio, se comprenderá que tenemos razón para asignar autoridad a su palabra.

No transcribimos el artículo del Sr. Bossi porque, habiendo aparecido en un diario de tanta circulación como El Siglo, no ofrecería novedad para la mayor parte de nuestros lectores. –Sin embargo, vamos a indicar algo respecto de las principales observaciones que contiene.

El Sr. De Rialle ha afirmado que, si bien los fueguinos no son antropófagos inveterados, sin embargo, cuando se ven acosados por el hambre, matan a las mujeres ancianas y las comen, a pretexto de que para nada son útiles. El Sr. Bossi desmiente esto y cita el hecho de que en las canoas que durante sus viajes se acercaban el vapor Charrúa, venían siempre mujeres ancianas que merecían de parte de los fueguinos.

Según el Sr. De Rialle, la Tierra del Fuego es un paíis en que el alimento es escasísimo, lo que hace que el hambre de sus tristes moradores nunca sea aplacada por completo. El Sr. Bossi refuta esta afirmación en los términos siguientes:

“Es tal la abundancia de choros blancos (mejillones) que ni dos millones de habitantes acabarían con ellos, y a fe que nosotros no nos cansábamos de comerlos de distintos modos, pues uno de los mariscos mas sabrosos, advirtiendo que los patellas magallanicus (lapas) son excelentismos y abundan de un modo prodigioso. Independientemente de otros y otros mariscos, hay una yerba marina que se cría en las rocas cerca de la orilla, que se llama cuchayuyo, que es un rico manjar estimado en todas esas regiones hasta Chile y que en las mesas más aristocráticas de Santiago, cuando pueden conseguirla, es un plato predilecto. –Tal vez el Sr. De Rialle haya confundido esa planta marina con la yerba amarga, y el hongo parásito con un marisco riquísimo cuyo nombre hemos olvidado, que se cría en las rocas de la costa y tiene casi la forma de un hongo.”

“A los fueguinos jamás les falta alimento; con el género molusco tiene superabundancia; en las yerbas marinas el cuchayuyo, el guiro y otros; en el mar el pescado, los lobos que jamás les faltan porque los hay a millares; penguinos y cauquenes, palmípedos bastante buenos para comer. En fin, si los pobres fueguinos fueran tan beneficiados por el clima como por los alimentos, serían los salvajes más felices.”

Respecto de la apreciación del Sr. De Rialle de que “los fueguinos usan piraguas de corteza de árbol cosidas con juncos y calafateadas con musgo de arcilla, “he aquí lo que dice el Sr. Bossi: “Hemos leído y no recordamos en este momento en qué paraje hay indios que usan piraguas o canoas de corteza, pero entre los fueguinos no existe tal construcción, ni hay en las regiones magallánicas tales árboles. –Las embarcaciones de los fueguinos son de forma bastante regular, muy parecidas a las gacetas, con la diferencia de tener la popa y la proa más levantadas, más largas uno o dos metros y mas alteradas por la marejada que se levanta en aquellos canales. –Son construidas de cueros de lobo, curtidos de tal modo que una vez unidos por una doble costura y colocados sobre un armazón en forma de cuadernas de Maitenes Magallánicos, madera que se dobla como se quiere, parecen á primera vista de planchas de madera negra, pues la unión de los cueros de lobos para sus embarcaciones la hacen con una doble costura, para cuya costura emplean una espina que les sirve de aguja, pero mas fina que el piolín, cuyo piolín de pescado o de pájaros marinos, -y sobre esa costura pasa una goma que tiene algo de nuestra brea- así es que jamás se ve una gota de agua en esas canoas, a menos cuando llueve, como es natural. No hemos visto una, sino cincuenta, y todas más o menos prolijamente construidas. Nuestros talabarteros no podrían hacer la costura mejor que la que hacen los fueguinos en la unión de los cueros. Ya puede juzgar el lector de la diferencia que hay entre las piraguas de corteza del Sr de Rialle y la nestra de cueros de lobos”.

El Señor Bossi cree que los individuos que han sido exhibidos como habitantes de la Tierra del Fuego en el Jardín de Aclimatación de París, no deben ser tales fueguinos, sino bohemios, provensales, napolitanos, hijos de París, o cuando mucho indos de la Oceanía, que se han prestado a la representación de una grosera farsa.

Respetamos la opinión del Sr. Bussi, pero no nos sentimos inclinados a aceptarla resueltamente.

El Jardín de Aclimatación de París es una institución seria, dirigida por hombres circunspectos; y ¿podrán tener cabida en ella la explotación y el fraude? El hecho de que los estudios etnológicos publicados por la prensa de París respecto de los fueguinos, contengan numerosos y crasos errores, ¿será argumento suficiente para afirmar que no han sido los individuos exhibidos sino fueguinos falsificados, de imitación, de farsa? ¿No es posible que hayan sido verdaderos, y se deban los errores padecidos por los observadores parisienses, a las falsas historias contadas por los individuos que dicen condujeron a los indígenas desde su país natal a la capital de Francia?

Se nos ocurren estas dudas, pero no nos juzgamos habilitados para resolverlas.

No nos parece que el artículo del Sr. Rialle deba ser considerado como un simple reclame. –Cualesquiera que sean los errores consignados en él, la verdad es que ha sido publicado por un periódico digno de respeto, -la Revista Científica de Francia y del Extranjero, -y esta circunstancia debe hacernos pensar que esos errores son el efecto, no de la mala fe o la codicia, sino de la falta de conocimientos que existe en Europa, y aun en la misma América, respecto de las poblaciones indígenas que habitan las diversas regiones de esta última.

Cumplido el deber de dar una idea del artículo del Sr. Bossi, para que en las mismas columnas en que apareció el del Sr. De Rialle aparezca también su refutación, sólo nos resta manifestar que nosotros, al dar a luz el referido trabajo del Sr de Rialle, no hemos pretendido en manera alguna prohijar las opiniones que contiene.

En todos los números de los Anales se hace la declaración de que el Ateneo no se constituye responsable de las ideas que viertan los autores de los artículos que se publiquen. Vimos en un periódico serio, como lo es La Revue Scientifique, un artículo relativo a cosas de nuestra América del Sud, y juzgando que el tema en si mismo era interesante, le dimos un lugar en nuestras columnas. Ahora nos felicitamos por ello, porque el artículo del Sr. De Rialle, que de otro modo habría pasado quizá desapercibido, ha dado motivo para la interesante publicación del Sr.Bossi, que ha venido a enterarnos de muchos conocimientos útiles respecto de los habitantes de Tierra del Fuego, indígenas americanos que pro hallarse, puede decirse, en nuestra vecindad, deberían ser conocidos mejor de lo que son entre nosotros.

No tenemos conocimientos en la materia de que se trata, pero, sin embargo, cuando nos ocupamos de traducir el artículo del señor de Rialle para los Anales del Ateno, no dejamos denotar algunos de sus errores como, por ejemplo, el de decir que los fueguinos cazan vicuñas, cuando es sabido que, como lo establece el Sr. Bossi, estos animales viven en las regiones andinas de Bolivia y del Perú.

Nos es grato cerrar estas líneas poniendo a disposición del señor Bossi las columnas de los Anales del Ateneo.