Los antiguos pobladores y su relación con el medio natural.1

En las celebraciones de la Obra de San Vicente de Paul en Río Grande encontraron un lugar para que dirigiera a una conferencia a la concurrencia interesada en nuestro pasado.

Desgranamos esa experiencia, en cada uno de sus 14 capítulos.


Los antiguos pobladores son un conjunto de vecinos situados en la tercera edad.

Comprenden una primera o segunda generación de familias inmigrantes que pudo vivenciar -entre otros cambios- el generado por el desarrollo petrolero, y el aluvión del desarrollo fabril.

El concepto de pobladores tenía en el sur un carácter restrictivo limitado al poblador de campos. Ser poblador en alguna medida pasaba por una pertenencia al medio rural, ser estanciero.

Así se lo puede ver en quien por primera vez acuñó en una obra escrita esta palabra: Rae Natalie Prosser de Godall. En su guía bilingüe sobre la Tierra del Fuego hace referencias a nuevos y viejos pobladores; estos últimos son aquellos primeros usuarios de las tierras agropecuarias, los dueños de las grandes estancias del norte: los Braun, los Wood, los Menéndez, que prácticamente no vivían aquí; y los de la colonización anglicana: Bridges y Lawrence: en tanto que los nuevos pobladores eran aquellos que toman posesión de tierras fiscales durante el gobierno radical de los años 20, generando todo un conflicto con los anteriores usuarios de esos campos. Algunas de estas situaciones fueron a la justicia, la que tardó pero se expidió a favor de los antiguos pobladores, aunque después primaron otros intereses como para que los nuevos pobladores, titulares de las estancias chicas, siguieran en el manejo de sus establecimientos; se ha dicho porque en parte fueron testaferros de sus aparentes contrincantes, un tema intricando que no es objeto de análisis en la presente exposición.

Aquel desencuentro entre antiguos y nuevos pobladores tuvo una dimensión tal vez mayor que el que afloró después de los años 80, cuando la idea toma un sesgo urbano.

Quizá fue una humorada, tal vez no, pero en el verano de 1972 un joven que había llegado un año antes, en una entrevista televisiva, argumentó a favor propio identificándose entre los antiguos pobladores. Hubo reacciones que no tomaron estado público porque entonces no había como hacerlo, pero los dichos de Carlos Maida –a él me refiero- pusieron en el tapete que algo estaba pasando en materia de privilegios, donde los mayores beneficiarios eran los recién venidos, y no los que tenía un historial lugareño.

El concepto que aparecía ligado a lo fueguino -quien lo era, si el que nacía o el que se adoptaba- hizo madurar la idea de un Centro Fueguino, que inició el debate, destacó postergaciones, alimentó las plataformas electorales del retorno a la democracia, y finalmente concluyó con la creación del Centro de Antiguos Pobladores que, por estos días, y gracias a presupuesto participativo, espera tener sede propia.

El 10 de julio de 1984 tuvo lugar la primer Cena de Antiguos Pobladores, invitación Municipal a antiguos vecinos –sin consideración de sus condición social- con la finalidad de esperar el Día de Río Grande.Ser poblador fue a partir de ese momento otra cosa que ser estanciero.

El concepto ha tomado con el tiempo, desde el protocolo municipal, un carácter limitativo: la fiesta esta destinada al pionero, al que llegó para hacer su vida aquí, no comprende al hijo, ni es rango hereditario cuando termina la vida de sus mayores. En este sentido en cada fiesta tendría que haber cada vez menos invitados, pero créanme que no es así. El concepto de poblador fue asimilado al de colonizador, y con ello se da la paradoja que un hermano que vino recién nacido puede participar de la fiesta, pero el hermano que nació aquí en el mismo año, no.

Los nuevos fueguinos no han entendido de la misma manera la significación de esta fiesta y de la categoría poblador, de la misma manera que los pobladores cuestionen las exigencias de radicación que tienen los nuevos riograndenses, en comparación con los logros familiares que en ellos debieron esperar años, cuando se lograron. Los nuevos vecinos endilgan culpas múltiples a los pobladores: su falta de sentido de lo nacional, su responsabilidad colindante a la desaparición de los nativos –que parecen quedar fuera de esta polémica-, su obsecuencia a los poderes de turno, su falta de mundo; los nuevos vecinos no gozan del beneficio del halago por parte de los que han llegado antes, sean estos pobladores o no.

Con una valoración dispar ellos –los Antiguos Pobladores-, que nunca llegaron a ejercer un control sobre nuestra sociedad, ahora disminuye su presencia en el espacio urbano de la ciudad: los antiguos solares que fueron escenario de su vida doméstica pasan paulatinamente a ser propiedad de otros vecinos, y el centro y naciente de la ciudad, en un casco histórico que fue su mundo, ve desdibujada las características primigenias.

Sirva esta apreciación como una introducción necesaria al tema de esta charla, porque bien puede ser que alguien ignore en su extensión de quien estamos hablando; y con ello podamos quedar liberados para escribir el escenario de este análisis y el tiempo histórico sobre el cual depositaremos nuestra mirada.