Los riograndenses y el sentido heroico de la vida.


En ocasión de los 91 años de la creación de la Colonia Agrícola de Río Grande fuimos invitados por El Sureño a participar de su suplemento recordatorio. De la oportunidad, estas reflexiones..

-Le han puesto nombres de tanta gente a las calles de Río Grande, pero no se han acordado de mi viejo.

El reclamo, que suele ser frecuente, viene siempre por el lado del padre, solo en algunos casos alguien dice: -Se acordaron de mi padre, pero tendrían que reconocer también a la vieja, sin la cual él no podría haber hecho nada.

Y lo hecho, en resumen, es haber trabajado toda la vida, tenido uno o varios hijos –más fácil esta segunda fórmula-, haberlos criados y educado.., y en algunos casos conseguido ciertos logros materiales que no alcanzaron para que toda una generación viva de lo que cosecho la rama fundadora de la familia en este lugar.

Con cierta diplomacia argumentamos que a nosotros nos pasa lo mismo, y entonces a veces nos sorprendemos en que nuestro interlocutor argumenta en favor de sus antepasados, por encima del nuestro, y en estas condiciones dificilmente podremos ponernos de acuerdo. Luego se pasa a señalar ciertos nombres que aparecerían invalidados, por conductas públicas y privadas, que no tienen “tan buena nota”, con las que su estirpe.

Entonces no envidiamos el papel que le correspondería a una comisión destinada a aprobar denominaciones en la ciudad, puesto que no es fácil convencer a Montescos y Capuletos.

Cuando conseguimos de alguna medida disminuir los méritos ajenos, aparece la reivindicación de la antigüedad, con el supuesto que antes llegaste más mérito tenés. Criterio que por un lado parece ser militar, pero que en los dichos nostalgiosos van de la mano de las privaciones e incomodidades que se tuvieron que afrontar, de la falta de ayuda, del rigor climático.

Esta última situación medida en fuertes vientos, fríos inviernos, barro por doquier, falta de agua luz y gas, parece ser la exacta medida para dar la categoría de héroes a los que pasaron por semejantes privaciones.

Pero esta baja calidad de vida, tal vez propia de los que conocieron el Río Grande inaugural, también ha sido vivida por otros que llegaron algo más tarde (para la el caso más crítico el de los actuales asentamientos), aunque en respuesta aparece aquello que los de antes debieron esperan más para salir de situaciones desesperantes.

El rigor climático, difícil de afrontar para todo el que no es de este lugar, es el que ha dado primordialmente sentido heroico a las vidas riograndenses.

Claro que ese mismo clima es el que afrontaban los pueblos originarios, pero viene al caso decir entonces que ellos eran distintos, que estaban aclimatados por siglos, y entonces sus méritos disminuyen. Y hay que señalar que entre esos fueguinos existía también un sentido heroico de la vida, que se dibujaba en el paisaje, se instalaba en la topografía que llevaba el nombre de sus héroes y sus predecesores –en la tierra, el cielo y el agua- y que, por ser un pueblo guerrero, estaba fundada en la vida como una lucha. Y podemos agregar algo más: esa lucha luego se planteo contra los que recién vinieron, que activa o pasivamente participaron del exterminio, o el mestizaje, en una brega donde el sentido heroico de vida no parece del todo dibujada en favor de uno o de otro sector social en conflicto. Es decir: No es fácil encontrar a alguien que argumente que su lucha por vivir aquí pasara por eliminar al nativo. Pero que fueron los perdedores, fueron los perdedores...

El sentido heroico de la vida tiene ribetes nacionales. Para el argentino parece haber sido más duro echar raíces en este suelo. Más allá de los muchos que llegaron por obligación, y en que en algunos casos los mejores empleos y algunas prerrogativas beneficiaron a los “hijos del país”, se impuso en la idea de la argentinidad también un principio de sentido heroico de la vida, que incluso vino a lavar pasados no muy claro en el historial de algunos migrantes.

Aparece aquí lo que se ha dado en llamar “el mito pionero”, por el cual en nada se pregunta al recién venido sobre su pasado, en tanto que aquel nada debe pretender saber sobre el pasado de los que vivían antes aquí. Una formulación de fin de la historia que antecedió a la de Fukuyama.

Al extranjero le correspondió otra porción de sentido heroico de la vida: siendo mayoritariamente chilenos les tocó desempeñarse en las tareas más rudas, para las cuales tal vez se los pensó acostumbrados, dada la proximidad geográfica de su origen. Eso de ser “buenos pál zanjeo”, como expresa Walter Buscemi en su Cantata Fueguina, es mérito chilote que puede ser afirmado por cualquier capataz de obra..., argentino. Este inmigrante no ha perdido fácilmente su identidad de origen, y es en sus hijos –que ya son argentinos- donde él ha sentido que estaba haciendo patria. En este renunciamiento está su sentido heroico de la vida.

Un gran número de uniformados han tenido destino en este lugar. Sabían de inmediato, aun antes que se acuñada el término soberanía en el habla cotidiana, que su presencia obedecía a objetivos de defensa nacional, y que la adversidad climática, la lejanía del resto del país, y los riesgos de contiendas los ponía en el plano de ejercer durante su destino el sentido heroico de la vida.

Yo comencé a pensar en todas estas cosas cuando debí salir de aquí para estudiar, dada la falta de posibilidades en el medio, y la circunstancia que no era fácil nos prestó la posibilidad de darle cierta heroicidad a nuestro sacrificio.

El conflicto del 78 expandió esta idea del sector castrense a otros sectores de la comunidad, entre ellos el de los educadores, que en el sentido de transmitir valores de patria, en un área donde esos argumentos eran dispersos –de izar cotidianamente la bandera de Belgrano- los daba a sus didácticas un sentido heroico de la vida que muchos rememoran aún en los lejanos destinos que algunos puedan haber elegido para sus edad jubilatoria.

Este clima de heroicidad ha sido el que justificó amplias vacaciones, zonas remunerativas, y ventajas previcionales para buena parte de la administración pública.

La Defensa Civil, madurada institucionalmente en esos días, dio organicidad a numerosos vecinos, que en el plano simple de un jefe de manzana alimentan hoy recuerdos bélicos que los lleva a mostrarse en un sentido heroico de la vida.

Pero esa “guerra” la del 78 está cercana a la dolorosa contienda del 82, y allí cuando se examina las conductas de los que combatieron, donde la estatura de héroes aparece generalizada, y se valora a la vez la conducta comunitaria, el gran sentido heroico de la vida para los riograndenses parece estar dado por haber vivido el 82 aquí: “porque aquí la guerra se la vivió como no se la vivió en el resto del país”, y en algunos casos el concepto crece para alcanzar a decir que también la dictadura –antes se decía el Proceso- “se vivió de una manera diferente”.

Los trabajadores no saben de grandes reivindicaciones sindicales hasta la caída del último gobierno militar, y los embates para dar continuidad a la ley 19640. Muchos primeros inversores en el plano fabril destacaban que lo suyo acompañaba el proceso de argentinización, y con ellos lo que les daba pingues ganancias pasaba a ser parte también del sentido heroico de sus vidas. Las primeras manifestaciones de las luchas gremiales tienen su perfil heroico, se recuerda las listas negras, la incomprensión desde el sector de antiguos vecinos que rumoreaban sobre sus caravanas de protestas en automóvil. Sindicatos donde apenas había alguna reivindicación salarial, que servía para ilusionar a muchos con un pronto retorno al norte originario; pero que luego se tradujo en la búsqueda con el estado de soluciones asistenciales, dentro de la cual apareció la salud que desde hacía muchos años en algunas circunstancias –como la de dar a luz- marcaba un sentido heroico a la vida, como así también la de muchos de debían confiar en Aerolíneas como el mejor médico posible.

Fue entonces que comenzó a acuñarse la palabra arraigo, una actitud de vida que no reclamara el reconocimiento de heroicidad para lograr una trabazón perdurable entre el hombre y su paisaje.

El Río Grande actual –vigente y emergente- ofrece espacios de vida para cada vez un número mayor de habitantes. Nuestra dirigencia, que ya no es heroica como la del tiempo de las fuerzas vivas, o de los embates del poder central- debe dar respuestas a un número que nos desborda. Los últimos datos censas nos han demostrado que los nativos en la isla no llegan al 40%, en una ecuación que me parece que viene siendo así desde el tiempo de la colonización. Algunos dirigen su mirada hacia los que mandan y advierten que pueden ser considerados como gente que no es de aquí, pero su tarea que no es fácil abarca satisfacer demandas crecidas de un pueblo plural.

El presente tal vez no ofrezca posibilidades de dar masivamente sentidos heroicos de la vida a nuestros contemporáneos, si para el que con su arrojo salva una vida, si para el que pierde en sí lo que pone a disposición de los demás..., pero estos son tan solo algunos pocos. El sentido heroico de la vida parece ser la gran marca de identidad histórica para el riograndense, ahora por suerte abogamos por un presente y un futuro que no nos sorprenda, como no ser más que en la felicidad de formar parte de esta comunidad.