Con el MENCHO OLIVA: Memoriosos recuerdos de antiguos arreos.

El Mencho se identifica con la estancia La Correntina, allá en las inmediaciones de Tolhuin. Ese enclave pastoril es la herencia de trabajo que les dejó su padre: Pedro Nemesio que llegó a la isla por 1925. Venía desempeñándose como gurdiacarcel, y eso fue mientras el Presidio existió. Después pasó a la policía de los Territorios Nacionales. Hombre de a caballo en días más tranquilos don Pedro tuvo destinos por Cullen, San Martín, hasta que lo destinaron en la cabecera del Lago. Allí llegó a cabo en días en que el actual museo del lugar era comisaría.
Encontró un campo conveniente y comenzó a dedicarse a las dos cosas, pero un día de advirtieron que debía optar, y se independizó.
El Mencho pertenece a esta nueva historia. Si su hermano mayor había hecho escuela en la 2 de Río Grande a él le tocó ser alumno en la Misión. Entre los curas estaba internado entre septiembre y mayo, iba y volvía a caballo... la escuela era un espacio de trabajo, y las vacaciones ofreciàn también ¡más trabajo!
Un día, mientras esperábamos en comienzo de una ceremonia, y cuando la señora se entretenía conversando con otras damas, pasó a recordar los arreos que se realizaban para que en Ushuaia no faltara carne ovina.
El tendría 14 años y ha quedado como testigo de aquellas tareas; tal vez habría podido hablar de lo mismo Don Ubaldo Tardón –que se asociaba con su padre para cumplir contratos con comerciantes de la capital territorial- pero el vecino de La Porfiada, que también antes de tener campo había sido policía, ya estaba postrado. Oliva recuerda a la vez a un Pedro Ulloa que por la edad puede estar vivo, pero por el lado de Santa Cruz.
Los grandes piños, los arreos, entre cinco o seis mil animales, y llevarlos a destino ocupaba al menos un mes de lenta travesía.
Por entonces el ganado era llevado para abastecer las carnicerías de Preto  o Pastoriza, trabajano ellos para este último.
Como había un trámite de comprar los mayores se encargaban de juntar los animales en las grandes estancias del norte, y llegados a la cabecera del Lago –entonces Tolhuin no existía- era responsabilidad de los más jóvenes.
Se hacían dos o tres arreos al año, y se cobraba por cabeza de ganado en pie que se ponía en destino.
Había que saber bien donde se podía pastorear, donde hacer noche.

Desde la lejana Cullen se salía cortando campo, pasaban a sumar los animales de San Martín y Flamencos, donde recibían los que partían de El Salvador y San Julio.
Se andaba buscando lo más directo, se abrían y cerraban tranqueras… prudentemente; buscando el ansiado viejo puente colgante. Que por entonces colgaba y no eran tan viejo.


Ya del otro lado del río se buscaba cortar camino para llegar a San Luis, en tanto que Vidal les tenía preparado un amplio corral en Punta María. Ta vez en ese hotel tenían la primer oportunidad de hacer noche, con cama y comida, en una tarea lo menos incómoda de lo que era el resto de la travesía.
El tema venía luego rumbo a Ushuaia, pasando el Lago, enfilar por el paso Garibaldi, el caracol de entonces, y la seguridad la daban los perros. El recuerda que se desenvolvía –como sus compañeros- llevando siete perros a los que debía alimentarse de loa animales para el consumo que se llevaban en la tropa.., destino ineludible a veces para los que quedaban afectados en la travesía.
El retorno se hacía también a caballo, y volando con los pensamientos mucho más allá de los amplios horizontes sobre los que se desarrollaba una vida fueguina.., ¡que ha cambiado tanto!

EN LAS FOTOS, el Mencho, en dos tiempos de su vida.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Mingo!

Buena descripción de los arreos de entonces, en la cual también se intercalan nombres de varios establecimientos rurales de la Isla.

El antiguo poblador Mirko Milosevik nació en Punta Arenas en 1909 y llegó a Río Grande en 1925, es decir en el mismo año en que Pedro Nemesio vino a Tierra del Fuego. En el libro “A hacha, cuña y golpe. Recuerdos de pobladores de Río Grande”, Mirko Milosevic brinda un panorama general de las estancias fueguinas, entre las cuales se encuentran varias de las citadas en el artículo del blog:

“(...) Cuando empezó la subdivisión de tierras empezaron a venir los estancieros de Buenos Aires: el doctor Goytizolo, que era médico, Fernández, Antunovic (...). Por la zona de San Pablo estaba Irigoyen, que era de los Montes (...); la Tepi que era de Goytizolo (...); la Inés y la Policarpo eran de Bilbao. La Estancia Libertad era de la señora Susic. Después estaban las estancias Marina y Laura, que eran de chilenos. La Estancia San Luis era de José Menéndez. La Estancia Cullen es una compañía extranjera grande ... Es una estancia muy antigua (...). Antes por esa zona era todo María Behety, después se vino la repartija y empezaron a cambiar de nombre, como San Martín que antes era de María Behety. Se repartió todo como ser ... Los Flamencos ... Todas esas estancias que están para ese lado eran María Behety; como del puente para aquel lado era todo José Menéndez ... Hasta Viamonte” (Bou, María Luisa; Repetto, Élida: “A hacha, cuña y golpe. Recuerdos de pobladores de Río Grande”, Talleres Gráficos Recali S.A., Argentina,1995).

Natalie Rae Prosser Goodall, en su libro “Tierra del Fuego”, cuenta sobre otra estancia mencionada en el artículo: la Estancia San Julio. Para el año en que se publicaba su obra (1978), la autora planteaba que la estancia era propiedad de La Juciela S.A., siendo administrada por Alberto Paz. Y agrega además lo siguiente:

“En 1954, la Sección San Julio de la Estancia María Behety fue reformada en una nueva estancia, San Julio, por Alejandro Menéndez Préndez. La casa principal data de la Sección Castillo, aunque luego se hicieron modificaciones. El galpón de esquila tiene 18 guías y una capacidad de 2600 ovejas. La Sección Castillo debe su nombre al Cerro Castillo, que está cerca del casco y tiene extrañas formas de piedra” (Prosser Goodall, Rae Natalie: “Tierra del Fuego”, Instituto Salesiano de Artes Gráficas, 3º edición, Buenos Aires, 1978).

Un abrazo Mingo!
Hernán (Bs. As.).

Armando Milosevic dijo...

Asi es, es verdad todo lo que ha detallado Hernan, soy hijo de Mirko Milosevic y conozco obviamente en detalle lo aqui descrito. Hernan no tengo el gusto de conocerte pero te envio un gran saludo y felicitaciones por tu acotación.
Armando Milosevic