En un tiempo inmemorial los primeros fueguinos establecieron un territorio de caza al norte del lago Khami.
Esa demarcatoria sirvió para que un linaje
recreara en él su vida espiritual y material dándole el nombre de Atpei, y
asignándole a la misma como protector de su cielo a Kemánta, el pequeño delfín
o tonina overa.
Se contó que Kaux, el gran búho magallánico
estableció esta división del espacio fueguino: “Entregaré a cada familia un
pedazo especial de territorio, que le pertenecerá. Cada familia debe quedarse
en su región. ¡Sólo allí los hombres pueden ir de caza y las mujeres a
recolectar!
El reparto de la tierra con el objeto de evitar
que un solo hombre podría concentrar todo el poder se inició con las tierras
del sur –meriadianas al gran lago alargado- y Atpei habría sido el sitio
establecido en el 19no lugar.
En medio de la bosquedad los hombres de aquel
lugar tenían sitios privilegiados para avistar su entorno, y aun las comarcas
vecinas sobre las que no tenían imperio. Sobre el poniente de aquel territorio
se encuentran los cerros Yakush y Atukoyak, desde lo alto de este último
mirador es posible visualizar la subida del Garibaldi y
Pero no todos los hombres podían subir a lo
alto de la pirámide del Atukoyak, su mismo nombre derivado de las voces Atú
(pelota de pasto) y Ojek (funesto), establecía oscuras prevenciones a las que
tal vez podía enfrentar el Xoon, hechicero de la comunidad.
Tal vez alguno de ellos habrá visto desde su
altura las primeras llegadas del hombre blanco.
Los primeros exploradores dibujaron de
En 1896
el sueco Oton Gustav Nordensjol se situó el lugar y bordeando el lago
que ya había comenzado a conocerse con el nombre de Fagnano –el tributo al
misionero salesiano que había dispuesto la fundación misiones religiosas entre
los onas- y en su costa septentrional avanzó
hasta identificar dos lagos menores de encanto, el Jéwin –lugar de canto- al
que llamó Solier en homenaje a un funcionario naval argentino, conservando el
nombre nativo para el situado más al naciente: Chepelmut.
El nombre alude a la abundancia de orugas
–alimento del búho aquel que repartió la tierra, y que por eso construye su
nido en el suelo- y si el viajero hubiera llegado algo más adelante en
Es que los selknam –u onas- los primeros
fueguinos, no tenían siempre un nombre para todas las cosas, ni para todos lo
lugares, o estas denominaciones cambiaban según las estaciones del año, o los
conocimientos aceptados por cada entidad familiar.
Junto al lago de las orugas la crisálida de la
historia comenzó a armar su capullo.
En 1881 argentinos y chilenos repartieron
entre sí
El 10
de marzo de 1910, contagiados por el espíritu del Perito Moreno, desde las
oficinas de Tierras y Colonias se dispuso la creación de un Parque Nacional en
territorio fueguino. Comprendía con límites más extensos el territorio
protegido por Kemánta. Esta fundación no tendría principio de implementación, pero
al este de la misma los salesianos buscarían la instalación de un nuevo
establecimiento misionero, dada la alta concentración aborigen de las
inmediaciones, un lugar que resultaba ser encrucijada para los grandes
caminadores fueguinos. Fue en esas inmediaciones donde se produjo la mayor
tragedia entre los selknam, la muerte de cerca de 300 de ellos por el
sarampión. Los onas ante sus dolencias acudían a brindar o requerir ayudas
recíprocas, incrementando los factores de contagio por proximidad; y la enfermedad,
ante la que no tenían defensas, si no los mató restó fecundidad a su futuro.
Ignotas sepulturas ocultan los estragos de
este tiempo, los zorros contribuyeron a dispersar este silencio, y tan solo
La afoto de la oruga -chepelmut- fue tomada por Titín Vidal.
La de las hielos clamorosos la promoción turística del Corazón de la Isla.
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