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LOS YÁMANAS como apropiadores. Escribe Hernán Genovese.



Damos entidad al comentario realizado por el amigo que resulta a ser a mi criterio el habitante de Buenos Aires que más sabe sobre Tierra del Fuego, en razón de las Evocaciones que presentamos el 29 de noviembre.


En un libro que tuve oportunidad de leer hace un tiempo, se mencionan varios casos de hurtos por parte de los fueguinos, específicamente de los yaganes. El texto en cuestión se llama “La vida material y social de los yámanas” - una obra muy completa sobre los aborígenes del sur fueguino - y en su Capítulo XIV punto 3 Intercambios, apartado 3.1 Hurtos, puede leerse lo siguiente:

“Así como también varias veces se elogió la honradez de los yámanas en la formalización de trueques, también se los acusó reiteradamente de hurtos o intentos de hurtos a los extranjeros.

Como casos documentados, se puede recordar que los indígenas:

- Trataron de hurtar a Weddell y sus hombres - aunque sin conseguirlo - duelas de tonel, un jarro, un pinnípedo e hierros del mástil, al parecer lograron apoderarse de otras cosas (Weddell James.
1825. A voyage towards the South Pole performed in the years 1822-1824 containing ... and a visit to Tierra del Fuego with a particular account of the inhabitants”, Londres, 276 pp).

- Intentaron apropiarse de los pañuelos y zapatos de unos marineros que estaban lavándose (Fitz Roy, Robert. 1839. Proceedings of the second expedition (1831-1836) under the command of Capitan Robert Fitz Roy (R.N.). En Narrative of the surveying voyages of His Majesty’s ships Andventure and Beagle between the years 1826 and 1836 ..., Henry Colburn, Londres, Vol. II, 695 pp).

- Hurtaron y cortaron una vela del barco de Wilkes que había quedado en la costa secándose (Wilkes, Charles: U.S. Exploring Expedition during the years 1838, 1839, 1840, 1841, 1842, under the command of ... C. Sherman, Filadelpfia, Vol. I)”.

Por otra parte, con respecto a la referencia sobre la habilidad para imitar que tenían los fueguinos, el libro antes citado (apartado 3.2 Relaciones Sociales), recuperando opiniones y menciones de misioneros y exploradores como G. P. Despard, Phillips, Lovisato y L. F. Martial entre otros, señala lo siguiente:

“Los yámanas imitaban asimismo gestos y movimientos. Imitaban todo cuantos nos veían hacer. Repetían lo que decían los europeos, reproduciendo palabras e incluso frases con gran corrección” (Orquera, Luis Abel – Piana, Luis Ernesto: “La vida material y social de los yámanas”, Eudeba, 1º Edición, Buenos Aires, 1999).

EVOCACIONES. 29 de Noviembre de 1823. Yamanas que son llevados a bordo de la nave de Weddell, son sorprendidos robando.

En el diario de la expedición aparece esta evidencia: El 29 el tiempo era bueno. Por la mañana llegó el Beaufoy que inmediatamente fue visitado por los fueguinos. En esta oportunidad  robaron una cuantas cositas, de las cuales solo quiero mencionar una para dar una idea del don de imitación. Un marinero le había dado a un fueguino un jarro de estaño lleno de café; este bebió el café y puso en juego toda su habilidad con el fin de robar el objeto. Después de algún tiempo, el marinero recordó que no le habían devuelto el jarro. Lo reclamó pero en lugar de dárselo, el fueguino de devolvió con toda seriedad cada una de sus palabras. Finalmente el marino se enojó, adoptó una postura amenazadora y exclamó en tono violento:-Sinvergüenza, cobrizo,¿dónde está mi jarro de estaño?- El fueguino adoptó exactamente la misma postura y exclamó empleando el mismo tono:-Sinvergüenza cobrizo ¿dónde está mi jarro de estaño?- Todos los presentes rieron estrepitosamente, ya que la imitación había sido muy acertada. Solo el marinero permaneció serio y examinó al ladrón, que había ocultado el jarro debajo del brazo. Debía ser castigado pero el honorable Brisbane lo perdonó y se limitó a enviarlo a su canoa indicándole que no volviera más a bordo.

Crecía la fama de ladrones de los fueguinos.

Cuando los anglicanos llevaron familias a Malvinas para instruirlos, hay un rico anecdotario en la materia:

Un día, la Señora Despard echó de menos una pieza del juego de ajedrez de su esposo y como había estado Duthry Weiell Kipa, una mujer de la Casa Roja por unos minutos en la habitación, Phillips la siguió, revisó su bolsa de trastos, halló la pieza extraviada y la retó   merecidamente. Cuando por la noche volvió a visitar a los alumnos, los hombres habían regresado de la búsqueda de mariscos, y el esposo de la ladrona lo recibió con gritos de rabia y gestos más airados por la injuria de que se había hecho objeto a su consorte al descubrir sus pecados secretos. Pero el misionero pudo hacerle comprender su equivocación y todo pareció terminar pacíficamente.

Hay otros incidentes en Keppell, como es el intento de asaltar el depósito de alimentos; y una realidad: era muy difícil hacerles entender a los fueguinos lo que era la propiedad privada.


El mismo catequista Phillips, que tendrá un trágico final en Wulaia dirá: “Consideran una grave ofensa ser imputados de deslealtad, tal como si en realidad no fuera el robo lo reprochable, sino el haber sido atrapado”.

En ese sentido toda una moral Espartana.

¿Y que nos va quedando a los fueguinos de hoy, de los fueguinos de ayer?

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EVOCACIONES++++ Octubre 21, de 1855. Los yámanas vuelven a la desnudez.


El catequista Phillips relata sobre los canoeros que habían sido vestidos por los ingleses:

Aunque estuvieron bien vestidos con la ropa que le dimos ayer, hoy no salieron con ellas.  Un pedazo de piel de foca era lo único que cubría sus cuerpo.

Ya las descripciones de Darwin relataban esa desnudez de manera estremecedora.

Martín Gusinde dirá con el tiempo:

En ese entonces, cuando comenzó la acción misionera, se consideraba en los círculos europeos la mayor o menor cantidad de vestimenta como criterio de mayor o menor grado de cultura de un pueblo, para elevarlo se consideraba ya, más o menos suficiente, el suministro de vestimenta. Aun hoy en día –dirá el antropólogo que escribió estas apreciaciones en la segunda década del siglo XX- existen personas que consideran enraizadas  nuestra civilización europea en  un pueblo que acostumbra a envolverse en nuestros trapos de moda, por feos, mal elegidos e inadecuados que sean.

Entonces podremos leer en el propio Gusinde consideración sobre el daño del cambio de indumentaria.

 Brevemente mencionaremos los perjuicios evidentes producidos por la vestimenta europea. Estos indígenas desconocían una higiene corporal regular, pero el sol, el aire y la lluvia actuaban libremente sobre la piel; la lluvia proporcionaba, a menudo, un intenso lavado. Sin embargo, la piel nunca se mojaba totalmente con las precipitaciones porque era muy grasa o fue mantenida así; la aproximación sin interferencias al fuego abierto permitía hacer desaparecer cualquier rastro de humedad en pocos minutos. El aire y el sol estimulaban fácilmente la piel y provocaba  no sólo la respiración de la misma sino también una viva circulación sanguínea. Todo esto fue impedido con la gruesa vestimenta que envolvía el cuerpo. Además se juntaba mucha suciedad en la piel y en las prendas de vestir, que casi nunca eran cambiadas o lavadas, lo que provocaba erupciones en la piel y eczemas. Finalmente se desarrolló un peligroso debilitamiento de todo el organismo debido a que la vestimenta húmeda no era reemplazada por otra seca, sino que se dejaba secar sobre el cuerpo; para ello el propio cuerpo debía proporcionar el calor que facilitara la evaporación. Pronto hubo en todo esto un buen caldo de cultivo para gérmenes de diferentes enfermedades, que representaron un actor determinante en la extinción prematura de este pueblo. Pero que nadie se engañe dando como excusa que los fueguinos mejoraron en general moralmente desde la introducción de la vestimenta europea. Muy por el contrario algunos fenómenos en la vida de los individuos y de todo el pueblo, durante las últimas décadas, demuestran un nivel tan bajo como no lo había conocido la gente de antaño. La obligación de la vestimenta europea trajo, indiscutiblemente, grandes desventajas para toda la tribu yámana.





Los antiguos fueguinos y sus códigos de convivencia


Chiejaus. Entre los yàmanas rito de iniciación de los jóvenes. Wilhem Koppers en su libro Entre los fueguinos de Tierra del Fuego, describe estos preceptos dados a conocer en Puerto Mejillones, en marzo de 1922, de boca del viejo Witsh.


La foto lo muestra pasivo -era ciego- recibiendo la pintura ceremonial de Mesemikens, otro compañero de tribu.

Si tú te vas a casar pronto y tienes una choza y viene otro, entra y toma de las almejas, peces y camarones que están cocinándose en el fuego, no debes enojarte por ello; al contrario, debes alegrarte pues es un honor para ti si un extraño come contigo en tu casa.
Si tú quieres regalarle algo, podrás pensar que tiene un arpón en mal estado o también una lanza mala, entonces se lo entregarás y estarás convencido de haberle proporcionado con ello una alegría.
Si tú lo haces así, no procedes bien. Pues que el que recibe tu regalo, de inmediato se dará cuenta que ha recibido algo que no vale nada.
Si es malo lo tirará diciendo: eso no me lo deberías haber regalado. No, si tú quieres regalar algo, entonces entrega una cosa buena.
El que la recibe inmediatamente se dará cuenta de tu bondad y contará en todas partes que eres buen hombre.
Si tú caminas afuera y ves un hombre ciego que no encuentra su camino, preocúpate de él y condúcelo al lugar donde quiere ir.
Si escuchas en alguna parte gritar a un niño que ha perdido sus padres, entonces ve para allá, tómalo en los brazos y llévalo de vuelta hasta donde sus padres.
Eso también debes hacerlo si fuera el niño de tu enemigo. Pues el niño no tiene la culpa si existen desavenimientos entre ustedes. Y él te dirá: Sí, no es un mal hombre y pronto hará las paces contigo, tal como debe ser.
No debes matar a ningún otro hombre, pues entonces también te matarán a ti como a un perro. Si no puedes entenderte con tu mujer, no la mates sino aléjate.
Tampoco debes robar, pues quien roba es rechazado por todos.
Si personas de edad hablan contigo, escúchalos con atención, también cuando te aburras. Pues tú mismo algún día serás un viejo, entonces tampoco te gustará si gente joven huyera de tu compañía.
A las niñas se les encarece en especial lo siguiente: En las mañanas siempre debes estar lista y a disposición. Watauinewa kalakauana sakumache (Watauinewua te mira flojonaza). Watauinewa te castigará, te dejará morir temprano si eres una dormilona floja. Tú tienes que estar preparada siempre para traer agua y leña y preocuparte del fuego. También debes estar alerta para servir a los hombres viejos y a las mujeres en caso de que les falte algo.
Cuando estás casada, debes ser para tu marido una esposa obediente y fiel. Y aún entonces, si sucediera que tu esposo te olvide y fuera donde otra mujer, no debes pensar que debes hacer lo mismo yendo donde otro hombre. No, espera primero con paciencia. Tarde o temprano tu marido recapacitará y volverá donde ti y cuando compruebe que le has seguido siendo fiel, él se alegrará y ustedes vivirán en paz.
No grites por una nimiedad. Tampoco cuentes lo que has escuchado sobre otros. Cuando salgas a caminar mantén la cabeza algo inclinada. Cuando tú, y eso está dirigido a los varones y a las niñas no queréis acatar los consejos recibidos en el Chiejaus, no te haremos nada, pues tú serás grande y te valdrás por ti mismo. También es cosa tuya si quieres o no observar los preceptos del secreto. Pero no creas que no tendrás tu castigo, ni en un caso ni en el otro. Pues aquel de arriba (Watauinewa) te ve y te castigará ante todo con una muerte temprana. Y si no te castiga de inmediato, él dejará morir a los niños.