EVOCACIONES++++ Octubre 21, de 1855. Los yámanas vuelven a la desnudez.


El catequista Phillips relata sobre los canoeros que habían sido vestidos por los ingleses:

Aunque estuvieron bien vestidos con la ropa que le dimos ayer, hoy no salieron con ellas.  Un pedazo de piel de foca era lo único que cubría sus cuerpo.

Ya las descripciones de Darwin relataban esa desnudez de manera estremecedora.

Martín Gusinde dirá con el tiempo:

En ese entonces, cuando comenzó la acción misionera, se consideraba en los círculos europeos la mayor o menor cantidad de vestimenta como criterio de mayor o menor grado de cultura de un pueblo, para elevarlo se consideraba ya, más o menos suficiente, el suministro de vestimenta. Aun hoy en día –dirá el antropólogo que escribió estas apreciaciones en la segunda década del siglo XX- existen personas que consideran enraizadas  nuestra civilización europea en  un pueblo que acostumbra a envolverse en nuestros trapos de moda, por feos, mal elegidos e inadecuados que sean.

Entonces podremos leer en el propio Gusinde consideración sobre el daño del cambio de indumentaria.

 Brevemente mencionaremos los perjuicios evidentes producidos por la vestimenta europea. Estos indígenas desconocían una higiene corporal regular, pero el sol, el aire y la lluvia actuaban libremente sobre la piel; la lluvia proporcionaba, a menudo, un intenso lavado. Sin embargo, la piel nunca se mojaba totalmente con las precipitaciones porque era muy grasa o fue mantenida así; la aproximación sin interferencias al fuego abierto permitía hacer desaparecer cualquier rastro de humedad en pocos minutos. El aire y el sol estimulaban fácilmente la piel y provocaba  no sólo la respiración de la misma sino también una viva circulación sanguínea. Todo esto fue impedido con la gruesa vestimenta que envolvía el cuerpo. Además se juntaba mucha suciedad en la piel y en las prendas de vestir, que casi nunca eran cambiadas o lavadas, lo que provocaba erupciones en la piel y eczemas. Finalmente se desarrolló un peligroso debilitamiento de todo el organismo debido a que la vestimenta húmeda no era reemplazada por otra seca, sino que se dejaba secar sobre el cuerpo; para ello el propio cuerpo debía proporcionar el calor que facilitara la evaporación. Pronto hubo en todo esto un buen caldo de cultivo para gérmenes de diferentes enfermedades, que representaron un actor determinante en la extinción prematura de este pueblo. Pero que nadie se engañe dando como excusa que los fueguinos mejoraron en general moralmente desde la introducción de la vestimenta europea. Muy por el contrario algunos fenómenos en la vida de los individuos y de todo el pueblo, durante las últimas décadas, demuestran un nivel tan bajo como no lo había conocido la gente de antaño. La obligación de la vestimenta europea trajo, indiscutiblemente, grandes desventajas para toda la tribu yámana.