Otoño de 1900. Los hijos de Bridges miran al interior de la Isla Grande.




Con el viaje a Río Fuego, Bridges complementó su panorama sociológico con perspectivas económicas, y al ver las praderas del atlántico, “las poblé, en mi imaginación, con vacas y caballos”. En el otoño de 1900, empezó a construir un camino que desde Harberton atravesaría las montañas hasta la costa, en un punto estratégico al sur de la Primera Argentina, “algunas millas al norte de las tierras de caza de Halimink y otros viejos amigos de las montañas, y bien dentro del territorio del grupo de Najmishk”.

El gobernador argentino se interesó y hasta solicitó al ministerio “un sueldo mensual […] para un administrador y el racionamiento de planilla para cada indio” pero el expediente se archivó . Aunque se conservó una carta donde Despard Bridges le informaba que su “hermano Lucas se hará cargo de los indios y emprenderá los trabajos, siempre que lo dejen encaminarlos según su saber y entender y que no desea, ni necesita ni guardia, ni elementos extraños junto a los indios” . El camino recorrería unos ochenta kilómetros que, así como lo independizaba de su familia, lo terminó de vincular a los cazadores fueguinos. Y, sobre todo, fue el movimiento hacia la creación de su propia estancia que llamó “Viamonte” y a dónde se trasladó en 1902

Si bien las diferencias geográficas y culturales entre los grupos canoeros y los cazadores, determinaron distintas trayectorias para Harberton y Viamonte, Lucas, a diferencia de Thomas, no pretendió producir horticultores. Más bien movilizó la fuerza de trabajo necesaria para sus empresas. Durante la construcción del camino, la colaboración de los “diez o doce compañeros voluntarios” tenía que compensarse con la alimentación de “sus familias (viejos, mujeres y niños)”, en total “cincuenta o sesenta personas” para las que no alcanzaban las provisiones. “Por este motivo, estábamos obligados a vivir casi enteramente de la carne de guanaco”.
Mientras Thomas promovía la variedad de recursos en establecimientos que reducirían la dependencia y crearían autonomía –introduciendo así “valores”–, Lucas reproducía la vida nómade y vigilaba la dieta de sus empleados sin más ideal que el de esquivarles el ocio.
Por otra parte, si Thomas imaginaba una forma cívica, que incluía hasta la vestimenta, a Lucas le bastaba con que ésta sirviera para trabajar. Él mismo vestía mocasines y capa de guanaco, pero sabía que ésta no era útil, por ejemplo, “cuando se necesitaban las dos manos para aserrar”. De este modo, les aconsejó que “se quitaran la capa para trabajar y volvieran a vestirla y a pintarse cuando terminara la jornada”.
Éste último hábito era “muy limpio” pues la pintura vieja se quitaba con una “fuerte fregadura”, antes de poner la nueva. Su tolerancia enfrentó críticas “en particular desde la Misión Salesiana de Río Grande” donde “sostenían que devolvía al indio vestido y civilizado a un estado de barbarie desnuda y pintada [to a state of nakedness and painted barbarism]. Un salesiano escribió, de hecho, que Lucas había crecido “injertando en su naturaleza inglesa el alma del indio” y era “indio hasta el fondo de los huesos”.
A diferencia de sus hermanos que, una vez casados, “no estaban interesados en ninguna empresa azarosa (...)
Misionero como los salesianos, el civismo de Thomas fue, además de técnico, moral y combatía la poligamia o la brujería, mientras que Lucas –moralmente salvaje– se ocupó simplemente de los cuerpos y de sus cuidados para el trabajo. Participó en ceremonias nativas, describiendo más tarde las supersticiones que las justificaban y lidió con ellas cuando obstaculizaban el trabajo –como cuando Heuhupen, la montaña, se molestó “con el ruido que hacíamos” y sus empleados quisieron desviar el camino. Declinó iniciarse como chamán, pues la magia “afectaba sólo a quien le temía” y la utilizó, en cambio, para mejorar el clima laboral:





Recordados médicos en el escenario fueguino.



En el mes de diciembre realizamos un requerimiento en Facebook orientado a rescatar en la memoria de los amigos,  médicos que brindaron un servicio encomiable en nuestro ámbito.

Ha llegado el momento de procesar las referencias viendo cómo podemos condensar los dichos, con los dicentes y los decidos.

Para eso comenzaremos con una descripción textual, la que nos entregó Natalia Mazzucchi Hola Mingo! La Dra. Maribel Achaga!! La Doctora de cabecera de la familia mientras fui pequeña y la Psiquiatra que me salvó de todas las formas que se puede salvar una persona, cuando fui más grande.

Alicia Salman recordó a Rubén Alvarez, el médico que la salvó. El Dr que fuera de la Marina hoy todavía se desempeña en el ámbito de la medicina laboral de YSUR.

Por casa, Patricia Cajal, que trabajó en el ámbito hospitalario, sumó varios nombres: La Dra Viol, en particular, por las razones que en su momento fueron importantes para saber que todavía hay mucho que debo hacer. Luego muchos en su cordialidad, en su charla en ete lugar tan particular, en su risa, Dr. García. Dra. Casco, Dra. Díaz, Dr. Montes, Dr. Balbi, Dra. Vaccaro, Dra D´Alessandro, Dra Ponce, Dr. García Paz, Dr. Marquez, Dr. Aladro, Dra. Iñigo y otros tantos, tantos.

En tanto que Elba Nimer, la asistente social, dijo que su recuerdo era para Muchos, en particular los que acompañaron los embarazos, Gustavo lekander, Alberto Nuñez, también Raul Rauch,el Dr. Scavino, Flavia Iñigo y en este momento especialmente a Gustavo Tello y José Miguel (Pepe) Gonzalez que me hacen tan fácil la tarea.

Esa última referencia es para un profesional que se desempeñó a nivel nacional en la lucha contra la parálisis infinatil –ALPI- y que ahora jubilado vive en Estancia Rolito, el predio productivo de su esposa Ana Luna.


DeSde Río Gallegos Tito Segovia, un fueguino radicado en la capital santacruceña desde que fue a hacer el servicio militar recordó al Dr Banic, uno de esos médicos que encontraron refugio luego de la segunda guerra mundial, en escenarios en los cuales nadie quería venir, como la Patagonia.

Mientras que Osvaldo Decaneo exalta la figura de un amigo “El Chiche” Garraham. Y al queridísimo Cacho Noto.

Carolina Valls tiene miradas de madre al decir a quíen recuerda:Gustavo Lekander que trajo al mundo a dos de mis hijos y Pedro Rocha, mi pediatra y el de mis hijos. Mientras que viviendo en Ushuaia menciona a  a Charo, y Lili Mujica. Corazones grandes


Victor Speranza, también desde Ushuaia, señala: Cuando era chiquito, en Ushuaia, el doctor Longhini, me operó de la garganta a los 4 años...

En tanto que Mariángeles Fernandez, desde España, se incluye con sus referencias, comenzando por sus días argentinos:   En Luis Beltrán el doctor Bordo fue un médico magnífico. También el doctor Ricardo Álvarez y por supuesto el doctor Lizazuain. Médicos humanistas, íntegros. Sabían de todo y curaban desde el afecto también. También debo agregar a Francisco AdroverDora Mosca, Norma Porrino, Santiago Pignataro, aunque queden otros sin nombrar.

Juan Carlos Ariza recuerda desde Colombia a los que conoció aquí: Juan Carlos Landi, Eladio Perez, Eva Barrera al Dr- Dulce....

En tanto que Lily Govetto tiene palabras para  Lily Govetto El Dr Juan Casal, fallecido a muy temprana edad. Excelente pediatra. Hay una plazoleta en Río Grande que lleva su nombre. Un tocayo Domingo Jesús Grao Wilmes, dice;  Cuando llegaron mis hijos, Juan Casal era su Pediatra.....excelente ser humano y profesional...se fué muy joven. De mi época al Dr. Mario Feuillade...lo conocí siendo mi profesor de Botánica, luego nos encontramos siendo Él médico de la empresa en donde trabajaba. ¿Y a quién recuerda Mónica Bucarey? Al Dr Casal , Dr Gonzalez, Dr Feullade, Dr Lofler.

Patricia Bruzzo , recuerda al médico desde otra relación: Al Dr. Feuillade, cuando trabaje en Farmacia, el iba a comprar con su receta y yo lo pedía...que le diga al dr. que por favor escriba con letra mas legible! El se reia y me prometía que la próxima vez,  ¡se lo decía! 


Pedro Alberto hace también votos por Landi,  en Tolhuin centro asistencial año 80, yo lo recuerdo cuando llegó como médico generalista desde San Antonio de los Cobres.

Desde Río Negro, un ex alumno y docente de la Misión: Edgardo Fernández tiene la siguiente mención:  En Río Grande el Dr. Lofler que nos acompañó en el embarazo de nuestra primer hija Un ser humano espectacular y un excelente medico.... Siempre lamentamos su trágica partida!! Agregamos a lo dicho por Estela Gloria Rotbard El doctor Lofler,que en paz descanse,un grande como médico y como director del hospital.

Desde su destino cordobés Alejandro Mihovilovich Lías lo recuerda al Dr Pachedo por haberle salvado a la vida a su hermano, En tanto que desde Misiones, en donde reside desde 1967, una fueguina recuerda también Gloria Kovacic Al Dr Pacheco y al Dr Luraguiz, por haber sido buen medico y amigo personal !!! El doctor Pacheco como pediatra de Jorge Antonio Castrillo.


Ale Fresco , escribió: Al doc Rocha pediatra mio y de mis hijos . Un grande le estoy agradecida…


Cory Savedra, destacó al  DR. RAUCH NUESTRO MEDICO DE FAMILIA DURANTE 30 AÑOS . Carlos A Gongora El Dr. Rauch, quien le salvó la pierna a mi abuela.


En tanto que Any Berbel recordó al Dr. Campos . Me operó de apendicitis en el 79. Un capo total ! También agregará a su lista al Dr. Slavik, me ayudó a curar una profunda herida del corazón. Un maestro!  Y al Dr. Montes. Me salvó la vida tras un grave accidente. Un genio!

 Desde el INTA Susana Aressi destacó al Dr. Filippa: Le salvo la vida a mi marido una eminencia en cardiología!
  
Ana Gutierrez El doctor Ramón Torrea (de Villa Ballester, yo nací allá) era nuestro médico de familia, el doctor Marcelo Max Abel (Ballester) ¡un genio! y Alejandro Ciovini, pediatra de mis hijos y nietos. No nombré al doctor Gonzalez, mastólogo del Roffo! un capo!

Teresa Chiocca Especialmente al Dr Pedro Rocha! Excelente Profesional y persona! Doctores Favaloro, Feuillade, Mangol, Olivera, Monte, Tello, Mansilla entre otros Profesionales dignos de reconocimiento.

Luis Maria Drago Doctor López , Álvarez, Feuillade, Alicia Zecca, y tantos que atendieron con verdadero esmero en el viejo y querido Hospital de Río Grande , también a innumerables enfermeras y enfermeros , en esa época , era preferible ir al Hospital que a cualquier otro lado ya que el material HUMANO era impresionante


Juan Carlos Estevez  lo tiene a Gustavo Marcolín. Se fue muy joven, pero la vivió como quiso. Seguro disfrutó su vida, y muchos seguimos caminando gracias a él.


Bellavilla Ruth Del Rosario, ahora en Ushuaia, lo menciona al Dr. José González.Mas que médico de nuestra flia. Liliana Mirta Fernandez Al Doctor Daminato. también  en Ushuaia.

Marcela Cristina Costa Mi amigo Jorge Mansilla. Un gran médico fueguino. A Juan Casal. A Llekander mis médicos de cabecera con mi hija Guada y Pepo Gonzalez, quien me salvó la vida y quiero muchísimo , y sciovini con mi hija Nazarena. A quien trajo a mis hermanos al mundo, el doctor Löfler....y el inolvidable profe Feullade.... ohhh... y Pedrito Rocha capó total cuando alguna de mis niñas se ha enfermado
  

Carmen Amelia Lepisto Doctor Márquez. Gran profesional y excelente ser humano.

Gustavo Rolando Coppola de Rìo Grande Humberto Novoa que obviamente no me atendìa a mi, pero si tiene que ver con el perìodo de crecimiento de los que nacidos fueron Victoria e Ignacio Coppola y la pediatra .... uhhh que laguna ... del Hospital de Rìo Grande .... Y un saludo al Joaquin KoKy Randon Salgado que de aquel casi bebè hoy es un Sr , Mèdico riograndense ..

Silvia Serravalle yo recuerdo a Raul Raush y a la pediatra Edith scaiola.- Tambien al director del hospital en 1977 Miguel Olmos, que dejó de ir al picnic del domingo para atenderme en el parto de Matias....

 Beatriz Rodríguez Al Dr.de la posta del frigorífico sin su ayuda ni mi madre ni yo habríamos sobrevivido. Dr. Barabino. Luci Gonzalez YO EL DOCTOR BARAVINO EL DOCTOR GUILIOT Y EL DOCTOR ESPONA EL DOCTOR BASANTA EL DOCTOR TRENTIN EL DOCTOR BIDOLEGUY

 El Farma Dominguez Muchos de los nombrados estan presentes en mis recuerdos, me permito agregar al Dr. Crispino y entre los jubilados a la Dra D'alessandro, Dr. Basanta y tantos otros buenos profesionales que marcaron el camino a seguir en Salud.

Cacho Pacheco seria larga la lista,si bien no los he necesitados con suma urgencia,pero recuerdo a Luraguis,Ferra,Feuillade,Pacheco,Segarra,Garcia Cambon,gran jugador de futbol,era dentista,Pablo Herrero medico y profesor,Berstein pediatra de mi hija,Dr. Neñez ginecologo de mi Sra,Dra. Marina Allem oncologa y Esposo Dr. Auzon.

Menendez Aldé Alejandra El matrimonio Olmos, Dra. Barsoti, dr. Sanchez, Bidolegui Giansanti, Pizarro, Correa Calderon, Molina de Marina, Garcia Cambon....
Los recuerdos de maternidad son emotivos:


Patricia Almonacid A la Dra. Pippo que me ayudó en mi fertilización asistida y a la dra. Smith que me cuida en esta etapa de mi vida. Y al Dr. Mancilla con el cual compartí algunas partidas de truco en su paso por la ciudad de La Plata... Al doctor Ciovini que cuida de mis niños. Pero además a todos los pediatras del Hospital Río Grande que siempre han cuidado de Nahuel que es un poquito flojo de salud!

Maria Guzmán El doc que me asistió en mis dos partos el primero de Pablo y el segundo de Manu Dr. Grimberg.

Elisa Beatriz Carossi Jose Rolando Olivera, nunca dilataba ni un milimetro hasta no escuchar su voz. Era magico. Con el me sentia cuidada para ayudar a traer mis bebas. y por supuesto mi chico Dayub siempre al lado.

Voy por la página tres en mi escrito, pero quedan 13 páginas más de testimonios, veremos como lo simplifico, destacando a los que aparecen sin decir quien aporta las distinciones.

La doctora Aguado Casal, oftalmóloga del HRRG. El doctor Edgardo Gonzales excelente persona y me ayudo a tener a mis cuatro hijos. y el doctor feuillades que te atendía tuvieras dinero o no para pagar la consulta. (Aporte de Eve Bontes) La doctora Luna.Pepo González y Bibi Del Giudice.Dr Ferrá (de una época con Pacheco y Luraguiz, las tres clínicas). El doctor de YPF Sánchez Rueda. La doctora Mangold. María Allen, oncóloga. Nelly Penazzo. Dr. Quagliano. Betty Petrochelli. Anita Averaturi. El doctor Balbi, un gran terapista. Viviana Barrera y Adriana Zófoli, pediatras. Los doctores Julio García, y Moreno en “cirujano mental”. Margarita Gayá. Dr Lernoud, Dr De Bello, Dr. Ulloa, Dra Nazarena Puig.  Dra Patricia Mollerach.

Y yo finalmente quiero agregar a la Doctora Dell Aguila, clínica que aun me sigue atendiendo, y a la doctora Roxana Pizzino, del cual soy su paciente fueguino más antiguo, hematóloga.

Se que hay otros médicos que no figuraron en esta lista, lo que no hace su función menos meritoria, sé que están los que han sido buenos para unos y no tanto para otros.


¡Se siguen dando turnos!


En la Foto: Olmos, Crispino, Loffler,  Rosas, y el doctor Szimzac, cirujano de Marina. 

Sepultura de la familia Bridges en el Cementerío Británico de la Chacarita.


Cerca del cosmopolita cementerio de Buenos Aires aparece este otro levantado por la comunidad británica, origen en un tiempo  las limitaciones para sepultar en común a los católicos con los difuntos pertenecientes a otras confesiones religiosas.




Allí se encuentran los restos de Thomas, el niño huérfano que llevara adelante la empresa evangelizadora en el confín de la tierra, su nieto, el naturalista, y su hijo Esteban Lucas, junto a su esposa,, Esteban Lucas autor de un libro emblémámito: EL ULTIMO CONFÍN DE LA TIERRA.

Hernán Genovese, un enamorado de nuestra isla visitó ese lugar y entre sus sombras tomó estas imágenes, para escuchar sus silencios.


EVOCACIONES***Marzo 17, DE 1893. Carta de Fagnano sobre la idea de propiedad de los nativos.

“Los salvajes tienen ideas extrañas sobre la propiedad”


Se publicó en el Boletín Salesiana en columna identificada como NOTICIAS DE NUESTRAS MISIONES - TIERRA DEL FUEGO

Ayer llegué a la Isla de Dawson, en la Tierra del Fuego, después de haber pasado más de un mes de peligros y fatigas. El objeto principal de mi viaje fue el de buscar un lugar á propósito para la fundación de una nueva Misión. Dictados por el R. P. Beauvoir los ejercicios espirituales á nuestros Hermanos y á las Hermanas de María Auxiliadora en la Misión de San Rafael, y hechos los preparativos necesarios, partí en nuestro pequeño barco acompañado del R. P. Beauvoir, de los coadjutores Ferrando é Ibáñez, del joven Cesario Villalobos y de dos indios, uno ya bautizado, Luis, y otro todavía catecúmeno, Octavio. Luis habla bien el español y el yagan, y regularmente el ona. Octavio, que es una ona, entiende, pero no habla el español, y vino como práctico para ponernos en relación con los onas del centro de la Tierra del Fuego.

La mención sobre el tema propiedad aparece al avanzar la crónica exploratoria.

La guardia contra los salvajes. Acampamento- Un cacique.

Hacer la guardia por la noche es acá indispensable, como quiera que es menester tratar de evitar cualquier sorpresa de los indios, quienes podrían robarnos algún caballo ó matarnos con sus flechas por habernos atrevido á llegar á sus dominios. Los salvajes tienen ideas extrañas sobre la propiedad: cazan pájaros, guanacos y zorros en sus campos, donde no puede entrar persona alguna de otra tribu, y el llegar á ellos de improviso es una como declaración de guerra.
Buscábamos los orígenes del Río Grande, andando siempre al sud-este, pero en esta dirección se extendían bosques interminables, de manera que solo después de seis días de marcha á caballo, por valles y colinas minadas por las talpas, llegamos, el 22 de febrero, á su nacimiento, á unos cuarenta kilómetros del mar.
Los humos que el día anterior habíamos visto no lejos del camino nos indicaban los lugares preferidos por los Onas para la caza. Pasamos el río y á las tres de la tarde nos detuvimos en una isla abundante en pasto y algunos robles, que eran los últimos que habíamos de encontrar. Luis distinguió á poca distancia  un grande acampamento de indios, y animado á llegar allí con Octavio y manifestar á los salvajes el objeto de nuestro viaje , le recomendé les advirtieran que no viviesen á nosotros en la noche, porque nuestros perros los podrían dañar, sino hasta la mañana siguiente, que serían muy bien recibidos.
Luis y Octavio vistieron una piel de guanaco y partieron.
Entretanto el R. P. Beauvoir y yo nos pusimos á visitar la isla y á buscar camino por donde continuar viaje al día siguiente.
Llegaron nuestros indios al caer la tarde, acompañados de otro indio, capitán ó cacique de aquella tribu, cubierto con una piel y ensangrentadas las piernas.

Dos días antes había trabado combate con los indios de otra tribu y había perdido dos de los suyos. Ahora al ver nuestro fuego habíase figurado que aquella tribu enemiga hubiera vuelto á librar nueva batalla; pero luego supo por nuestros indios que éramos gente de paz, que nos brindábamos por amigos suyos y estábamos dispuestos á defenderlos de quienesquiera que tratasen de hacerles daño, vino alegre á nuestra tienda. No aceptó la sopa, ni la galleta que le ofrecimos, pero sí un pedazo de pato asado, que comió con mucho gusto. Luego le regalé dos mantas de lana y le puse al cuello una medalla de María Auxiliadora; le prometí pagarle al día siguiente la visita, y se retiró. Con todo no dejamos de estar alerta durante la noche.

Historia de la primera mujer blanca que vivió en la Tierra del Fuego. Los primeros ingleses que poblaron la Patagonia Austral.





El presente artículo escrito por Reynaldo J.C. Ravazzoli, y publicado en  la Revista Argentina Austral, año 1 número 6, del 1 de diciembre de 1929; nos fue enviado desde Navarino por Denis Chavallay.

El que hubiese visitado a Río Gallegos –hasta hace pocos meses- quizás abríase sorprendido, llamándole la atención la inquieta y graciosa silueta de una simpática anciana, menuda de cuerpo y muy ágil de espíritu –a pesar de sus 86 años- que hacía habitualmente sus caminatas matinales acompañada de sus rubios nietecitos, cuya alegría bulliciosa compartía ampliamente y que tenía para todos una clara sonrisa y un amable saludo.
El curioso que hubiera querido conocer su interesante vida, abríase sin duda sorprendido de hallarse de pronto, frente a la primera mujer europea que en misión de paz y cristiana humanidad, se estableciera en la Tierra del Fuego en compañía de su esposo, allá por el año 1870.
Se llamaba Eleonora Britten de Lewis, y decimos se llamaba, por cuanto la venerable anciana falleció en septiembre último y conforme a sus deseos fue sepultada a la vera de su extinto esposo en la estancia “El Toro” (Santa Cruz), propiedad de sus hijos Guillermo y Frank Ushuaia Lewis.
Dos familias salieron de Londres en el año 1869 con destino a Montevideo en el vapor “Druro”, que navegaba a vela y a motor. Formaban dichas familias los esposos Lawrence y Don James Lewis, co su señora Eleonora Elisa Britten y su hijito Guillermo. Emplearon más de un mes en la travesía.
Llegados a Montevideo embarcaron con rumbo a Ushuaia en una goleta a vela.
Al animoso grupo le había sido confiada una división evangélica. Debían cristianizar y educar a los indígenas fueguinos. Constituían –según se ve- un cálido soplo de civilización y de ternura humanitaria para las triste hermandades del remotísimo confín austral; a cuyo ne….loso seno se dirigían. Confiaban poder enseñar a los aborígenes oficios de calidad práctica en el medio ambiente hostil en que movían.
Don James Lewis era especialista en construcción, y el señor Lawrence agricultura. El jefe la Misión, Don Tomás Bridges, los esperaba en  las Islas Malvinas.
Una virtuosa temeridad debió alentar constantemente en las razones de la altruista Misión; que se desprendía así de golpe de un centro civilizado, para allegarse a tan remota como salvaje  en una agreste región. Fácil resulta considerar, qué dosis de voluntad y qué inquebrantable fe evangélica debieron poseer sus  componentes, a poco que se retroceda en el espejo del tiempo, a reflexionar sobre la opinión que debía merecer al mundo europeo las legendarias tierras fueguinas en aquella apartada comarca (60 años atrás)
Agréguese el desastroso fin que habían tenido las dos misiones que la precedieron en aquellas brumosas costas –y cuyos dramas no desconocían los miembros que componían la tercera –y se valorará con más justicia el temple que necesariamente debía ser condición primordial en sus caracteres.
La primera misión pereció de hambre y la segunda fue ultimada por los indios, mientras se hallaba oyendo misa. De esta última solo se salvó un grumete –ayudante de cocina- que fue dejado a bordo de una goleta. El muchacho al contemplar el trágico espectáculo huyó en una canoa, despavorido a ocultarse entre los matorrales de una isla cercana. Fue  visto un tiempo después, por una tribu pacífica, y vivió con ellos desnudo, sometiéndose a sus usos y costumbres. En tal estado fue hallado por la tercera misión.
Luego de dejar provisoriamente en las Malvinas a su señora e hijito. Don James Lewis siguió viaje hasta Ushuaia, acompañado de un mulato llamado Jacobo Resyk, quien fuera para secundarle en la construcción delas dos habitaciones que debían servirles de albergue.
Breve tiempo después empacó la señora Britten y luego de sufrir por espacio de muchos días, continuas borrascas y chubascos bajo la inclemencia de una bajísima temperatura la goleta que la conducía fondeó en el canal Beagle. De los diversos animales embarcados, (aves, caballos, etc.), se murieron todos a excepción de dos cabras blancas. Sorprendidos quedaron los autónomos al contemplar por primera vez los ojos azules y los dorados cabellos de Misses Britten, y continuamente solicitaban permiso para tocarlos. Las cabras fueron también sujeto de alta curiosidad y veneración por parte de los naturales.
Meses después nacía allá el segundo hijo de los esposos Britten-Lewis, a quien bautizaron con el nombre de Ushuaia. El bebé tenía el cabello muy rubio, y al verle un indio  viejo no pudo dejar de exclamar: “parece cabra” (¿??) (El lector juzgará de la mentalidad aborigen a través de esta singularísima metáfora).
El primer invierno que pasaron los tres miembros de la misión (James Lewis, su señora y el mulato Resyk), fue excesivamente riguroso. En poco tiempo se agotaron los víveres que les habían dejado, y se vieron obligados a mantenerse como los fueguinos, a base de mejillones, pescado y  de “fungus” (especie de hongo) que recogían sobre la corteza de los árboles. No eran por cierto muy agradable el sabor de este último “manjar”, pero ante la necesidad, no había otra alternativa que comerlo.
En muchas ocasiones, Mrs. Britten debió quedarse sola en su rancho de dos piezas, mientras iban al bosque su esposo y el mulato a cortar leña. De los árboles hacían tablas; serrándolas a mano. Los indios los ayudaban; pero el trabajo rudo nunca fue de su agrado.
…. Los pormenores de esta interesante historia ha sido gentilmente obtenidos y facilitados por don Carlos Borgialli.

Misses Britten enseñaba a coser a las mujeres; si bien tropezaba con marcadas dificultades por falta de elementos.
A pesar de vivir los fueguinos –tanto hombres como mujeres- enteramente desnudos, no demostraban tener frío en ninguna circunstancia; ni a través de los más crudos inviernos.
La Misión repartió ropas entre ellos. Pero los yaganes tenían sobre la indumentaria ideas enteramente “sui generis”. De un saco hacían tres o más pedazos. Un par de pantalones servía para dos personas (?); cada una se vestía con una pierna del mismo.
Las mujeres trabajaban más que los hombres. Sus tareas consistían especialmente, en cuidar las canoas que amarraban en las algas marinas, para tenerlas constantemente a flote, evitando así su roce sobre la playa que podría deteriorarlas, dada su débil construcción. Entiendo que será de interés saber que estaban hechas con cortezas de árboles, unidas o cosidas con piel de ballenas.
Aseguradas las canoas, las mujeres saltaban al agua y se dirigían a nado hasta la costa, para retornar por la mañana nadando en su busca. Solamente ellas sabían nadar, los hombres no.
Cada familia poseía una embarcación, en cuyo fondo ardía siempre fuego, cuyas brasas se asentaban sobre un “champon” (champa de tierra y pasto). El fuego era cuidadosamente retirado por la noche y se cuidaban de guardarlo constantemente encendido para evitarse la difícil y pesada tarea de procurárselo nuevamente, a través de la conocida frotación de maderos secos.
Las familias de los yaganes eran por lo general cortas, no siendo difícil de observar que algunos indios tenían dos mujeres.
En el segundo año de establecida la Misión, lograron que en Ushuaia se agrupasen alrededor de 300 hogares indígenas. Fue a la razón que llegaron las familias de Lawrence y Bridges. En adelante la vida no fue tan solitaria para los esposos Lewis.
Con el nuevo refuerzo, edificaron una capilla y se intensificó la enseñanza a los indios. Los misioneros aprovecharon también su tiempo aprendiendo el vocabulario indígena. Merced a ello tradujeron al yagan diversos himnos religiosos, que los naturales se complacían en cantar. Demostraron mucho cariño a la música y en poco tiempo asimilaban la entonación de los diversos cánticos enseñados. Su voz era, desde luego, gutural, pero no carecía de gracia.
No tienen fundamento las versiones que ciertos antiguos escritores no titubearon en recoger y propalar, asignando a estos indios el horripilante hábito de la antropología. El señor Lewis hizo sobre el particular un sinnúmero de averiguaciones. Fue él quien recogió los restos de la expedición anterior, cuyos despojos no habían sido violados por los fueguinos.
Los naturales se comportaron siempre bien los misioneros. Cierta vez los miembros de la Misión tuvieron oportunidad de presenciar una batalla campal. No se sabe ni se recuerda por qué motivos empezó. Se formaron dos bandos en dos largas alas, tomando en ella parte toda la indiada. Dando agudos alaridos de guerra se lanzaron los unos contra los otros. No llevaban armas. Los hombres procuraban aferrar con ambas manos la nuca del adversario, y con fuertes tirones trataban recíprocamente de desnucarse. Las mujeres participaron también en la refriega, pues armadas de sus cortos remos golpeaban rudamente al contrincante; cada una defendiendo a su marido.
Era horrible oír la gritería de los hombres y el sordo golpe delos remos al chocar contra los cuerpos desnudos.
En tal emergencia Don James Lewis y el mulato Resyk se pusieron cada uno en una puerta del rancho, el primero armado de una escopeta y con u hacha el segundo; únicas armas que poseían. Pero los indios no los molestaron.
Quedaron tres muertos y muchos heridos sobre el campo. Estos últimos fueron debidamente socorridos por la Misión. Después de esta refriega no hubo entre ellos más luchas de importancia; ya que aprovecharon los misioneros para inculcarles una doctrina de paz.
Muchos delos yaganes aprendieron a su vez el inglés. Fácil resultará imaginar qué sorpresa recibirían las naves de guerra argentinas que llegaban por primera vez a tan remoto rincón patrio, al hallarse con salvajes que poseían el rubio idioma.
El vocabulario yagán es muy rico en palabras, comparado con las otras lenguas fueguinas.
El señor Lewis confeccionó un diccionario yagán, el que prestó al célebre explorador británico Cook, pero nunca le fue devuelto.
Correspondió a Don James Lewis el honor de haber descubierto el lago conocido en la actualidad bajo el nombre de “Fagnano”. Fue el primer hombre blanco que navegó sobre sus aguas en una canoa indígena, que con tal fin fuera transportada en hombros por los naturales.
Cinco años pasó la familia Lewis en Ushuaia, de donde fueron trasladados a la chacra que poseía la Misión en las Islas Malvinas. En ella se enseñaba los cultivos a los indígenas jóvenes, a fin de que reintegrados a sus agrestes lares, sirvieran de maestros a sus congéneres.
Fue precisamente por aquel tiempo, en que empezaron a emigrar de Las Malvinas muchos de sus ganaderos, con destino a la Patagonia argentina; a la sazón punto menos que desierta. Con enormes dificultades y pérdidas, llevaron embarcados en goletas los primeros piños de ovejas, que con el correr de los años constituían la gran riqueza de todo el sur de la República (2).
El priemro fue Tomás Greenshields, que pobló Cabo Vírgenes con su cuñado Guillermo Douglas. Los Rudd, Halliday, Everhard, Felton, Mac George, Scott, Smith, Jamieson, etc., ocuparon los campos de Río Gallegos. Más tarde los Patterson, Frazer, Wallace, Blake, Munroe, Hope, Kyle y otros optaron por la zona de San Julián, y Juan Greenshields pobló Bahía Camarones.
Posteriormente, (convertidos los niños en jóvenes), los hijos de la señora Britten; Guillermo y Frank Ushuaia, se despidieron de sus padres para radicarse a su vez con ganadería en Santa Cruz, siguiendo la fresca huella de los ganaderos malvineros.
Corrieron años aún varios lustros, y ya ancianos, los esposo Britten-Lewis fueron a reunirse con sus hijos en Santa Cruz, de donde pasó la señora a Río Gallegos, lugar en el que –según dijimos- acababa de sorprenderle la muerte a la avanzada edad de 86 años dejando toda su laboriosa descedencia en nuestro país.

Tal habría sido la historia de la virtuosa vida, que el curioso viajero hubiese escuchado de la sonriente anciana, cuyos sacrificios no amargaron por cierto, la clara jovialidad de su espíritu, ni lograron apagar nunca las dulces bondades de su gran corazón. Ella sintetiza para el lejano sud, el estoico emblema del fecundo, abnegado y silencioso aparte inglés, a la civilización de nuestros extensos desiertos australes. 


POLVO DEL VIENTO



En 1995, poco antes de morir, Nelly Iris de Penazzo vio impresos los tres tomos de su libro WOT'N -DOCUMENTOS DEL GENOCIDIO ONA, en el que había volcado con su hijo Guillermo Tercero Penazzo la investigación que le llevó años.

En la contratapa su editor -Pablo Garrido- escribiría

Los personajes, los lugares, la sucesión de hechos, son verdaderos, como así también la presencia devastadora del hombre blanco en el exterminio.
EL PODER y la ambición desmedida como objetivo y explicación de tanta crueldad.
El Wot'n o cuerpo del muerto... el salvajismo del blanco al manipular el insepulto cuerpo.
PERO.., como bien lo explican los autores de esta obra:

"Con el tiempo el insepulto Wot'n se transforma en polvo del viento, el más poderozo JoOnn (hechicero diremos nosotros) de la tierra del ONA, y en lugar del silencio del olvido, el viento con su fuerza-poder renueva los emblemas de la muerte violenta del ona"

FOTO: Alfio Baldovín, marzo de 2016.

TRAS EL ESPÍRITU DE LEONOR MARÍA PIÑEROI Escritos de Hernán Genovese.



El 6 de abril de 1971, Leonor María Piñero fundaba el periódico “La Ciudad Nueva”, de aparición quincenal. En el libro “El periodismo en Tierra del Fuego”, Arnoldo Canclini refiere que este periódico “era mecanografiado y luego mimeografiado (...)”.

Entre sus datos editoriales, como curiosidad puede observarse que si bien se citaba la ciudad y la provincia del diario, también se reforzaba el concepto de ser una publicación elaborada en la isla reiterando su origen “fueguino”. Así, podía leerse lo siguiente: “Periódico quincenal, fueguino, para todo el país, fundado en 6 – IV – 73. Precio: $ 1. Río Grande, Tierra del Fuego. Dirección y redacción: Leonor S. Piñero (*). Colaboración: Susanita. Corresponsales: Venus T. Videla (Bs. As.), Estela Vandoni (Ushuaia): Jefe de Avisos: Guillermo Gavilán”.

Arnoldo Canclini agregaba también: “Siembre se hizo artesanalmente (...) de manera casera, fotocopiado en algunos momentos, hasta que pasó a ser suplemento de Tiempo Fueguino. El alma del periódico era Leonor María Piñero, que llegó a ser una de las figuras más prestigiosas de la cultura provincial. Fue una personalidad muy reconocida como voz del norte fueguino, y creemos que lo mejor es reproducir la imagen que nos transmite una comunicación de su colega (Domingo) Gutiérrez:

‘Leonor Piñero era una mujer de múltiples proyectos. En la gran mayoría de los casos, reunía a un grupo entusiasta que no tardaba en dejarla en soledad, tal vez porque sus proyectos culturales nunca fueron rentables o porque ella ya vivía de sus rentas. Pero en lo periodístico era una trabajadora incansable.

Sobre el mostrador de su quiosco, situado frente a la guardia del hospital, tenía una máquina de escribir y un block de hojas en borrador en el que iba escribiendo las columnas de “Ciudad Nueva” entre cliente y cliente. Muchas veces eran estos visitantes los que le proporcionaban las informaciones de lo que iba pasando, sosteniendo de esa manera el boca a boca del viejo Río Grande.

En cuanto a su pensamiento era esencialmente católica, con una línea editorial que se inclinó más hacia la derecha que al centro. Pero nunca censuró las ideas de sus colaboradores ni esgrimió aquella frase de que la dirección no se hace responsable de las opiniones de los mismos.

Ocupaba mucho de su tiempo en la distribución del diario, a veces en un Citroën color naranja, pero la mayoría de las veces caminando de casa en casa de los suscriptores. Otros recibían el periódico por correo. Con los años el diario “Tiempo fueguino” lo incluyó como suplemento mensual, aliviándole toda esa tarea y multiplicando el universo de sus lectores.

Alguna vez, lamentándose de su soledad, me confesó que, al nacer, eran dos mellizas, y que solo ella había sobrevivido. “Tal vez por eso tenga que hacer tantas cosas por las dos”. Siempre lamentó la pérdida de la estancia familiar, la muerte de su hermana (la pintora Venus Videla) y la de su madre, quien fue la primera mujer en administrar un establecimiento rural en Tierra del Fuego, a partir de la muerte de Esteban, su esposo, el 25 de junio de 1930, congelado en medio de desperfectos automovilísticos, muy cerca del casco de su estancia’.

Indica Canclini que Leonor María Piñero “también fue corresponsal de los grandes diarios porteños y autora de varios libros en prosa y poesía” (Canclini, Arnoldo: “El periodismo en Tierra del Fuego”, Editorial Dunken, Academia Nacional de Periodismo, 1º Edición, Buenos Aires, 2011).


Además de su vocación periodística, Leonor María Piñero escribió varios libros. Entre ellos se encuentran: “Retorno al amor y otros cuentos” (1951), “La estatua viviente” (1957), “Mis palabras” (1969), “Pasitos en la nieve” (1976), “Eluned Morgan, exponente de la mujer galesa” (1981) y “Cuentos para mi niño” (1994). En la publicación “El río. Memorias de la zona” (Año 1, Nº 9, Río Grande, Viernes 14 de noviembre de 2003), en la sección “El Coso”, se indica otro libro de la autora titulado “Chepachen”.

Debe señalarse también que la escritora y periodista fue destacada como ciudadana ilustre de Río Grande. Además, en justo reconocimiento a su acercamiento a las letras, su nombre fue asignado a una biblioteca local. Leonor M. Piñero falleció a los 86 años de edad el 24 de junio de 2010 en Río Grande.